Velázquez en el museo del Prado
EL ARTE EN ESPAÑA BAJO EL PATRONATO DE LA COMISARÍA REGIA DEL TURISMO Y CULTURA ARTÍSTICA
EN EL MUSEO DEL PRADO Cuarenta y ocho ilustraciones con texto de A. de Beruete y Moret
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EL desarrollo progresivo del arte español en los tiempos de Felipe II, debido en parte a las influencias de artistas extranjeros aportadas por las relaciones personales y preferencias de aquel significado monarca, ayudaron poderosamente al brillante apogeo pictórico del siglo XVII. Pero entre aquel período que pudiera denominarse de gestación aun indefinida y borrosa, al del florecimiento nacional castizo, mediaron algunos años, los últimos del siglo XVI y los primeros de la centuria siguiente, que fueron poco afortunados para nuestra pintura. Degenerada la escuela de los retratistas, muerto El Greco, aislada gran parte de su producción en Toledo, sin una sola personalidad pictórica las ciudades más notables y la Corte sin pintores de valía, no era fácil predecir que el momento brillante estaba tan próximo ni que iba a ser tan rico, tan extenso y tan vario.
Por aquellos días tristes para la pintura española empezaba su educación artística un joven, casi un niño, que había nacido en Sevilla en 6 de Junio de 1599: Diego Rodríguez de Silva y Velázquez.
Desde la temprana edad de once años fué alumno de Francisco Pacheco, aquel cultísimo pintor a cuya casa acudía lo más selecto en Letras y Artes de la ciudad andaluza. Las enseñanzas de Pacheco, sus máximas artísticas, trasnochado trasunto del pseudo-clasicismo imperante a la sazón, no consiguieron torcer el temperamento y las inclinaciones de su joven alumno, enderezadas al culto de la interpretación fiel del natural. Nada de convencionalismos de escuela, nada de embellecer la forma ruda que a menudo presenta el modelo vivo a los ojos de un espíritu que anhela un ideal superior. Copiarlo tal y cómo a su vista se presentaba, sin atenuaciones ni falseamientos, fué su eterno propósito, al cual se mantuvo fiel, ayudado por su temperamento reposado y sereno y por el más perfecto órgano visual. Multitud de estudios seriamente realizados, ya al lápiz, ya en color, fueron sus primeros ensayos. Aun adolescente, ejecutó alguna de aquellas obras que asombran por su realismo, por su magistral dibujo (cualidad que le fue ingénita), por su relieve escultural, por su sobriedad, La vieja friendo huevos , de la colección Cook, y El aguador de Sevilla , perteneciente al Duque de Wellington, ambos cuadros en Inglaterra, nos demuestran la forma y resolución que daba el artista en aquellos años a estas obras de carácter popular, a juzgar por su asunto y modelos. En cuanto a las obras de carácter religioso, pueden servir de tipo La Inmaculada Concepción , San Juan en Patmos , Cristo en casa de Marta , todas tres en Inglaterra como las anteriores; San Pedro , en una colección particular de Madrid; La Adoración de los Reyes , en el Museo del Prado, y Cristo y los peregrinos de Emaus , que ha sido adquirido recientemente en los Estados Unidos.