Los valores literarios
AZORÍN
RENACIMIENTO
ES PROPIEDAD
ESTABLECIMIENTO TIPOGRÁFICO EDITORIAL.—PONTEJOS, 3.
En la segunda parte de su libro Racine y Shakespeare , Stendhal pone el siguiente lema, que él titula Diálogo :
«El viejo.— Continuemos. El joven.— Examinemos. He aquí todo el siglo XIX.»
Sí, tiene razón Stendhal: he aquí todo el siglo XIX. El siglo XIX en Francia y en otros países. En España, ¿podríamos decir : he aquí el siglo XX? Todo el espíritu moderno está en ese brevísimo diálogo del escritor francés. Ese es, precisamente, el espíritu que aquí, en España, un grupo de pensadores, catedráticos, literatos—todavía muy reducido—pretende, al fin y dichosamente, crear. «Continuemos», nos dice la generación anterior, nos dicen los partidarios de todo lo viejo, todo lo carcomido, todo lo podrido, en arte, en política, en moral. «Examinemos», comienza á contestar un núcleo de gente nueva. No sigamos admitiendo á ciegas, supersticiosamente, los viejos valores; no cubramos con palabras decorativas y pomposas las seculares máculas; no nos prestemos á que, con la brillante algazara, con el ruido de los discursos grandilocuentes, continúe dominando y prevaleciendo lo viejo nocivo. No ; examinemos . Detengámonos un momento; veamos lo que hay debajo de todas esas oriflamas y alharacas. Examinemos.
Acepte usted, querido Ortega y Gasset, la dedicatoria de este libro. Completa este volumen los dos anteriores titulados Lecturas españolas y Clásicos y modernos . He intentado examinar en él algunos valores literarios. Es usted inspirador de un grupo de gente joven que se moldea en la critica de los valores tradicionales, y á nadie mejor que á usted pueden ir dirigidas estas páginas, trazadas por su cordial amigo.
AZORÍN.
Madrid, noviembre, 1913.
La Lectura ha publicado el tomo VI de su edición del Quijote . Cuida del texto y de las notas—como es sabido—el señor Rodríguez Marín. El texto, puntuado, dispuesto por el señor Rodrígez Marín, merece entera confianza; no le regatearemos nuestros elogios. La labor realizada en las notas no puede ser expedida en cuatro palabras; requiere un examen detenido, especial. Lo haremos otro día. En general, los comentaristas del Quijote adolecen de trabajar en lo abstracto; pecan de aficionados en demasía á los libros, papeles y documentos... y á lo que otros eruditos han dicho antes que ellos. El Quijote es un libro de realidad; la Mancha, principalmente, es el campo de acción de esta novela. En la Mancha hay ahora paisajes, pueblos, aldeas, calles, tipos de labriegos y de hidalgos casi lo mismo (por no decir lo mismo) que en tiempos de Cervantes. La Mancha comienza ahí mismo, á las puertas de Madrid, desde el cerrillo de San Blas para abajo... Sin embargo, los comentaristas del Quijote escriben en Madrid; revuelven mil mamotretos; se fatigan investigando documentos; corren desalados tras de un librejo que pudiera traer un dato interesante; lo hacen todo, en suma, todo menos darse un paseo por la Mancha, que está ahí, á tiro de escopeta, con todas las particularidades vivas y tangibles que figuran en las páginas del Quijote . Nada nos dicen los comentaristas de los tipos—existentes hoy—de Alonso Quijano y de Sancho, ni del ama y la sobrina de Don Quijote, ni de las costumbres manchegas, ni de los yantares y condumios propios de ese país (de los cuales Cervantes habla), ni de la Cueva de Montesinos (que los viajeros nos describen), ni de las lagunas de Ruidera, ni de los famosos batanes, que perduran al presente como en aquella noche infausta de la célebre—y no aromática—aventura. Hablar de todo esto, poner en relación la realidad de hoy con la realidad pintada por Cervantes, sería establecer una armonía de humanidad y cordialidad entre la obra y el lector; sería ligar á sus raíces naturales—la tierra manchega, mejor, española—una planta producida por las dichas raíces. Pero para los comentaristas del Quijote la Mancha no tiene realidad; la Mancha no existe.
Azorín
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SOBRE EL «QUIJOTE»
LEMOS Y CERVANTES
UNA NOBLE INDIGNACIÓN
HEINE Y CERVANTES
I
II
UNA CASA DE MADRID
EL RETRATO DE CERVANTES
UN SENSITIVO
UN LIBRO DE FRAY CANDIL
CEJADOR Y EL ARCIPRESTE
UN LIBRO DE RAMÓN Y CAJAL
D. ESTEBAN MANUEL DE VILLEGAS
«LA CELESTINA»
I
II
LA CELESTINA, LA PELEGRINA...
DEJEMOS AL DIABLO...
LA INTELIGENCIA DE FEIJÓO
LA PATRIA DE DON QUIJOTE
I
II
GLOSARIOS Á XENIUS
EL CONDE LUCANOR
I
II
III
IV
V
DON JUAN VALERA
GABRIEL ALOMAR
UNA ANTOLOGÍA OLVIDADA
PIFERRER Y LOS CLÁSICOS
JUAN R. JIMÉNEZ
LAS IDEAS ANTIDUELISTAS
EL TEATRO Y LA NOVELA
MÁS DEL TEATRO CLÁSICO CASTELLANO
I
II
III
LOS ESPAÑOLES
EUGENIO NOEL
TORITOS, BARBARIE
CARROS
LAS TEMERIDADES DE MARCHENA
VÍCTOR HUGO EN VASCONIA
UN IDEÓLOGO DE 1850
I
II
BAROJA, HISTORIADOR
ARANJUEZ Ó LA SENSIBILIDAD ESPAÑOLA
PROCESO DEL PATRIOTISMO
NOTAS EPILOGALES
ÍNDICE
Notas