Bocetos californianos
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TRADUCIDA POR
RAMÓN VOLART
BUENOS AIRES
1911
Reservados los derechos de traducción.
A principios de 1902 falleció en Londres un americano cuya vida podría parecer singular aun en su país natal, donde por cierto abundan los hombres que se complacen en desafiar las circunstancias de una existencia azarosa y llena de incertidumbre. Fue sucesivamente minero, maestro de escuela, corrector de pruebas, tipógrafo, editor y últimamente cónsul de los Estados Unidos en Glasgow y Londres. Quiso la suerte que le diera por escribir, y entonces este hombre hizo lo que debieran hacer todos los que se sienten con vocación o que creen sentirla: se inspiró en un ambiente donde había vivido por muchos años, y copió, o mejor, idealizó costumbres y figuras de ese ambiente, con tanto arte y tanto talento que dejó admirado al mismo Dickens cuando este gran novelista inglés leyó por primera vez Los Desterrados de Poker Flat .
El lector habrá ya comprendido que aludimos a Francisco Bret Harte, el novelista americano. No será inútil agregar que la muerte le sorprendió a los 62 años, cuando estaba todavía en la plena actividad de su espíritu, habiendo editado el año anterior Under the Redwoods y otro cuento From Sandhill to Pine .
A los catorce años emigraba de Albany, su ciudad natal, para California, en busca de mejor fortuna. Era en la época de la fiebre del oro, y una verdadera corriente humana se precipitaba en los valles de este territorio en busca de Eldorado con su relativo Pactolo. Era por lo general la hez del mundo esta que iba a la conquista del Vellocino. Gente de antecedentes ignorados, pero resuelta y hecha como para el género de vida que iba a emprender. En unos pocos años aquella sociedad, bizarramente cosmopolita, hizo todo lo que en el resto de la tierra se ha organizado poco a poco, a través de los siglos; esto es, se ordenó, se dio una ley y una administración. Pero entretanto, en el comienzo (justamente cuando Bret Harte se hallaba en California), la única ley fue la del más fuerte y las pendencias acababan a tiros, y quien podía imponerse tenía razón. De aquí esa vida errabunda de los placers , esos mineros que jugaban en una noche una fortuna ganada en tres meses, esos juicios sumarios contra los que violaban la ley improvisada de los campamentos, esos aventureros formidables, héroes de garitos y terribles Don Juanes en un país y en una época en que los favores de las pocas mujeres que se aventuraban a vivir en un ambiente como aquél, eran disputados con el revólver. ¡Ay de los débiles y de los cobardes! Así nace ese intrépido Oarkust, de una frialdad temeraria, bello como un héroe griego. Así viven los personajes de Bret Harte en esa sociedad caótica, mitad aventureros y mitad hombres de bien, bandidos y mineros, varones de voluntad indomable, duros, ásperos, acerados, dispuestos a cualquier cosa en cualquier momento, y hasta a acciones generosas y nobles también, en caso de presentárseles la ocasión.