De Sobremesa; crónicas, Primera Parte (de 5)
The Project Gutenberg eBook, De Sobremesa; crónicas, Primera Parte (de 5), by Jacinto Benavente
Jacinto Benavente
CRÓNICAS
MADRID LIBRERÍA DE FERNANDO FÉ Puerta del Sol, 15 1910
ES PROPIEDAD.—DERECHOS RESERVADOS MADRID.—Imprenta Española, calle del Olivar, 8
Muchas y celebres conversaciones de sobremesa pasaron á la Historia ilustradas con grandes nombres, y aún grandes acontecimientos de la Historia se decidieron entre la poir et le fromage . De la panza sale la danza, y esta danza del bien comer, danza de la vida, como aquellas famosas danzas de la muerte, evocadas por poetas y pintores en la Edad Media, á nadie excusa de danzar y todos hacen en ella su mudanza, unos con gentileza y garbo, otros con más presunción que gracia; otros sin una ni otra, tímidos y encogidos; pero todos al mismo son, que es la armonía bien concertada de la vida que nunca pierde el compás, aunque puede parecerlo alguna vez—á los que más atiendan al moverse de los danzantes humanos que al son de la música divina.
Suelen ser mis comensales, muchas veces un periódico, revista ó libro, sostenido entre la copa y el plato, cosa mal vista de los higienistas, pero no se que más pueda perturbar la digestión, una lectura agradable que un impertinente compañero de mesa ó que una orquesta próxima, así sea la banda de alabarderos. Otras veces mis comensales son de las más variadas condiciones y procedencias, y de todo se charla y de todo se opina con la mayor disparidad de criterio, que no soy yo hombre de compromisos políticos ni artísticos, ni mucho menos morales, para no permitir la libre emisión de todos los disparates. Son juicios orales sin reo y sin sentencia: personas y cosas son llamados á el, solo como testigos y al final es siempre la absolución, sin más costas que haber amenizado la sobremesa. Y he aquí, que como al terminar la comida recoge el doméstico las migajas materiales, recojo yo las migajas del alimento espiritual, que son estas charlas de sobremesa en que de todo se habla, de todo se opina y nada se condena. Y para que nunca nos falte qué comer ni de qué hablar, empecemos piadosamente diciendo: el pan nuestro de cada día dánosle hoy ...