Historia de América desde sus tiempos más remotos hasta nuestros días, tomo II
Nota del Transcriptor: Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original. Errores obvios de imprenta han sido corregidos. Páginas en blanco han sido eliminadas. La portada fue diseñada por el transcriptor y se considera dominio público.
POR
D. JUAN ORTEGA RUBIO Catedrático de la Universidad Central.
TOMO II.
MADRID Librería de los Sucesores de Hernando calle del Arenal, núm. 11 1917
La Groenlandia: su situación.—Los dinamarqueses en Groenlandia.—El Canadá: sus límites.—Lucha entre iroqueses y hurones.—Agramunt, Cortereal y Cartier en el Canadá.—La ciudad de Mont-Royal.—Roberval y Cartier.—El comercio de Terranova.—El marqués de la Roche.—Pedro de Monts.—Champlain, Poutrincourt y Pontgravé en aquellas tierras.—Poutrincourt en Port-Royal.—Champlain en Sainte Croix.—La marquesa de Guercheville y los jesuítas.—Los Padres Biard y Masse en América.—Lucha entre iroqueses y hurones.—Fundación de Quebec.—La colonización.—El fuerte Place Royale.—Los franceses en Saint Sauveur.—Los filibusteros.—Los misioneros.—El comercio.—Compañía de Nueva Francia.—Guerra entre Inglaterra y Francia.—Los ingleses en Quebec.—El Canadá en poder de los ingleses.—Muerte de Champlain.—Colonia de Santa María.—Fiereza de los iroqueses.—Florecimiento de Quebec.—La sociedad de Nuestra Señora de Montreal: el capitán Maisonneuve.—Odio de los iroqueses a los jesuítas.
Daremos comienzo a la época que denominamos de conquistas por la del Canadá. Bien será advertir que las conquistas realizadas por los franceses y en particular por los anglo-sajones, difieren notablemente de las que los españoles llevaron a cabo en México, Perú y demás posesiones de la Corona de Castilla. Tanto los franceses como los anglo-sajones buscaron sólo una gran factoría donde ejercitar su comercio; los españoles se fijaron en las minas de oro y de plata, en las arenas auríferas de los ríos y en las pesquerías de madreperlas. Tampoco debemos olvidar que los franceses y anglo-sajones apenas hallaron oposición en los indígenas, y los españoles tuvieron que pelear con enemigos poderosos; aquéllos encontraron en su camino tribus débiles e ignorantes, y los últimos imperios fuertes y civilizados.
Juan Ortega Rubio
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CAPITULO XXIX
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CAPITULO XXXIV
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FOOTNOTES:
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