La alhambra; leyendas árabes
J.J. MARTINEZ, EDITOR. ——— LOS ALCÁZARES DE ESPAÑA. ———
POR DON MANUEL FERNANDEZ Y GONZALEZ.
MADRID: Imprenta y Litografía de J. J. Martinez, Desengaño, 10. 1856.
No se veian las esbeltas torres orladas de puntiagudas almenas, con sus estrechas saeteras y sus bellos ajimeces calados; ni los robustos muros que enlazan estas torres; ni las cúpulas destellando bajo los rayos del sol los cambiantes de sus tejas de colores; ni la torre de la Vela con su campana pendiente de un arco, ni el palacio del Emperador , ni el bellísimo Mirador de la Sultana , ni mucho menos la modesta torre de la iglesia de Santa María: ni siguiendo la ladera del monte de la Silla del moro , el verde y florido Generalife con sus galerías aéreas, y su altísimo ciprés de la Sultana , ni más allá, sobre el Cerro del sol , el famoso y resplandeciente palacio de los Alijares .
Nada de esto existia aun: solo se veía una colina áspera, pedregosa, de color rogizo, cubierta de retamas y espinos; en el estremo occidental, de esta colina se alzaba únicamente una vieja torre, especie de atalaya de origen y antigüedad dudosos; pero que conservaba algunos vestigios de haber andado en su construccion los fenicios; y en la parte media de la colina, en la direccion de Este á Sur, las ruinas de un templo romano consagrado á Diana.
Esta colina se llamaba la Colina Roja.