II
En lontananza, y sobre las rocas de Montagut, vió destacarse la negra silueta de su castillo, sobre el fondo azulado y transparente del cielo de la noche.—Mi castillo está lejos y estoy cansado, murmuró; esperaré el día en un lugar cercano, y se dirigió al lugar.—Llamó á la puerta.—¿Quien sois? le preguntaron.—El barón de Fortcastell, respondió, y se le rieron en sus barbas.—Llamó á otra.—¿Quién sois y que queréis? tornaron á preguntarle.—Vuestro señor, insistió el caballero, sorprendido de que no le conociesen; Teobaldo de Montagut.[1]—¡Teobaldo de Montagut! dijo colérica su interlocutora, que no era una vieja; ¡Teobaldo de Montagut el del cuento!... ¡Bah!... Seguid vuestro camino, y no vengáis á sacar de su sueño á las gentes honradas para decirles chanzonetas insulsas.
[Footnote 1: Teobaldo de Montagut. See p. 140, note 1.]