IV

Teobaldo era hombre de hacer lo que decía. El sacerdote, sin embargo, se limitó á contestarle:—Haz lo que quieras, pero ten presente que hay un Dios que castiga y perdona, y que si muero á tus manos borrará mis culpas del libro de su indignación, para escribir tu nombre y hacerte expiar tu crimen.

—¡Un Dios que castiga y perdona! prorrumpió el sacrílego barón con una carcajada. Vo no creo en Dios, y para darte una prueba voy á cumplirte lo que te he prometido; porque aunque poco rezador, soy amigo de no faltar á mis palabras. ¡Raimundo! ¡Gerardo! ¡Pedro! Azuzad la jauría, dadme el venablo, tocad el alali en vuestras trompas, que vamos á darle caza á este imbécil, aunque se suba á los retablos de sus altares.