V

—¡Aun queda algo que decir!...—(exclamó el mismo
que contó poco antes lo acontecido en Roma.) ¡Óiganme
15 Vds. a mí un momento!

En 1814, cinco años después de la escena referida por el
Capitán, la fuerza de la opinión de toda Francia obligó a Napoleón
Bonaparte a poner en libertad a Pío VII.

Volvió, pues, el Sumo Pontífice a recorrer el mismo camino
20 en que le habían encontrado los prisioneros españoles, y he
aquí cómo describe Chateaubriand[[54-2]] la despedida que hizo
Francia al sucesor de San Pedro:

«Pío VII caminaba en medio de los cánticos y de las lágrimas,
del repique de las campanas y de los gritos de ¡Viva el Papa!
25 ¡Viva el Jefe de la Iglesia!
... En las ciudades sólo quedaban
los que no podían marchar, y los peregrinos pasaban la
noche en los campos, en espera de la llegada del anciano sacerdote.
TAL ES, SOBRE LA FUERZA DEL HACHA[[54-3]] Y DEL CETRO,
LA SUPERIORIDAD DEL PODER DEL DÉBIL SOSTENIDO POR LA
30 RELIGIÓN Y LA DESGRACIA.»

Guadix, 1857.

(p55)