RESPUESTA DEL AUTOR Á SU AMIGO.

Si la estrecha y antigua amistad que entre vuestra merced y mí hay desde los primeros principios de gramática, donde con gran exercicio de las artes liberales aprendidas de unos mesmos maestros y preceptores, venimos despues juntos á estudiar aquella tan alta sabiduría y tan escondida á los entendimientos humanos, cuan bien enseñada de un tan famoso varon, luz de las Españas, no terciára entre nosotros, bien creo que vuestra merced habia dado no pequeña ocasion de enemistad, pues quiso que los varios juicios de los hombres, de hoy más, discanten en mí al són de la liviandad que hace imprimir mucho á mi pesar. Nadie mirará que cuando me ocupé en esa niñería, estaba yo ocupado de una muy trabajosa terciana, la cual no me dejaba emplear en mis principales estudios; y así fué necesario tomar alguna recreacion en cosas de pasatiempo y no fatigar mi ingenio, pues mi cuerpo quedaba tan cansado de frio y calentura. Y no piense vuestra merced que me satisfará con solo el perdon que me pide y con loar tanto esos papeles, que ésa es la nobleza de los buenos, ninguna cosa á sus ojos ser mala, que en la mesma moneda quiero que me la pague. Yo leí el libro de las espantosas hazañas que el esforzado Hector hizo camino de Panonia, que vuestra merced con tan sobrada elocuencia compuso, y me hizo merced de inviar con el mesmo mensajero que recibió mis borradores, y siempre tuve creido ser imposible que el valeroso Hector tan nombrado fuera y tan temido, y tan deseada su muerte de los príncipes griegos, si no hubiera hecho aquellas heroicas hazañas ante del cerco de su ciudad. Y miéntras más lo leia, más necesidad me ponia de lo tornar á pasar; la majestad de las palabras, la grandeza de los hechos de un tan animoso varon, las sotiles imaginaciones, la artificiosa invencion, las sentidas canciones derramadas por esos cuatro libros con tan subida trova y alto estilo, me ponian admiracion, aunque, á la verdad, siempre esperaba de su más divino que humano entendimiento que saldrian obras tan primas como ésas, pues tal era la forma y el dechado donde salian las labores. Así que, por vengarme del atrevimiento que vuestra merced tuvo en sacar á luz esos borradores sin mi licencia, he entregado á Juan de Junta los libros de Hector, en lugar de inviallos á vuestra merced, para que los impriman, que bien creo que, como el sol con su luz escurece la claridad de la luna, así estas obras de vuestra merced, con su gran lumbre, escurecerán esa enojosa recua de libros de caballerías, y no lo tenga vuestra merced á mal, pues la mesma razon me guia á mí para vengarme que á él para atreverse. Vale.


RESPONDE Á LA CARTA DEL AUCTOR DANDO RAZONES QUE LE MOVIERON Á IMPRIMIR SU OBRA.

Aristóteles, summo filósofo, entre otras muchas sentencias y dichos admirables que escribió en su filosofía, así natural como moral, dice, que el bien humano tanto se asemeja al divino cuanto es más comunicado; y si este filósofo en todo ó lo más de su doctrina acertó, no ménos me parece en este dicho como en los demas ser digno de todo crédito; pues juzgamos ser un hombre más malo que otro en la mesma especie, en cuanto á los otros más hace participar de su malicia, y por eso dice Sant Augustin, que Arrio, hereje famoso, tantos grados se le acrecientan en el infierno de pena, cuantos por su ocasion siguieron aquella pestilencial seta, y si de lo malo esto se verifica, mucho más, á mi ver, será verdad de lo bueno, porque tiene mejor objecto esta obra que no malo la otra proporcionablemente, esto en ser bueno y lo otro en ser malo, ca en comunicar lo bueno nos asemejamos á Dios, y en difundir lo malo á Lucifer, y que sea obra de Dios comunicarse, no es menester razon donde la expiriencia está á la mano. Vemos que Dios en tres maneras se comunica á sí mesmo, la una en la creacion y conservacion de todas las criaturas, dándoles sér y despues conservallas, ca de otra manera si Dios no les sustentase el sér que les dió, segun sagrados doctores, todas se anichilarian. La segunda y más particular, en darnos su gracia, con la cual, dice Sant Pedro en su Canónica, nos hacemos particioneros de la divina y beatífica esencia. La tercera y más principal en la encarnacion; aquí se comunicó plenariamente juntando la naturaleza divina con la humana, de tal manera que del verbo divino y del ánima y humanidad resultase una tercera persona, que es el Hijo, como afirma Sant Augustin en el libro XIIJ De Trinidad, y así pudiésemos decir que Dios es hombre y el hombre es Dios, y que el hombre es amigo de Dios; y por eso dice Christo, ya no os diré siervos, sino amigos. Pues para ser verdad lo que el filósofo en su tiempo dixo, baste que nuestro Dios se habia comunicado en la primera manera; á las piedras, dándoles parte del sér que tiene sin perder él nada; á los árbores y plantas, sér y engendrar fructificando; á los brutos, sér, engendrar y sentir; al hombre todo eso y más hacerle á su semejanza en las tres potencias del ánima, la cual es una en esencia y tiene tres potencias, entendimiento, voluntad y memoria, y si éstas se distingan de alma ó no, no es éste lugar de disputarlo, basta que todos conceden haber tres potencias en el alma, en las cuales resplandece la omnipotencia, la sabiduría y bondad de Dios, nuestro señor, más que en otras creaturas. Así que, como diga Lactancio Firmiano, que cuanto más semejantes fuéremos á Dios, tanto más buenos serémos, parece manifiesto lo que el filósofo dice, que si comunicáremos algun bien nuestro, por este respecto será más heroico y divino, pues imitamos en ello á Dios. Pregunto, ¿por qué tenemos por mejores olores el algalia, almizcle, mosquete, ámbar gris, estoraque, menjoy, encienso, pomas compuestas, bálsamo; y de las hierbas los jazmines, clavellinas ó claveles, alhelíses, hierbabuena, artemisa, toronjil, acandalamo, albahacas, azucenas; y de las aguas, el agua de azahar, agua de trébol, agua de ángeles, sino porque más difunden y esparcen por el medio su apacible y suave olor? ¿Por qué dicen los filósofos ser de mejor olfato los brutos que los hombres, y de los brutos los podencos, bueytres, águilas? allende de la razon física, porque tienen las narices más cerca del cerebro, sino porque su virtud olfativa se derrama y extiende por grande espacio. A tanto que se cuenta de los bueytres, que de trescientas leguas sintieron y odoraron los cuerpos muertos que yacian en una dura y áspera batalla, y de ellos dice Plinio en el libro décimo de su Natural historia, capítulo VII, que dos ó tres dias ántes sienten dónde ha de haber matanza de hombres, y así luégo acuden para se hartar; lo mesmo dice Sant Hierónimo de las águilas; de los podencos, claro está que sacan por rastro la caza que de bien léxos huelen. Pues de las siete planetas, ¿por qué tenemos en más el sol, sino porque más comunica su luz á nosotros y á todas las otras planetas y estrellas? y despues la luna, porque más nos alumbra de noche, y de las otras cinco planetas al lucero, que es el tercero planeta Vénus. De manera que vemos en la naturaleza aquellas cosas ser más estimadas que más comunican el bien que tienen. Loamos á Themístocles y á Camilo, porque sus tierras libraron, el uno á Grecia del poderío de Xerxes, el otro á Roma de los franceses. Asimesmo la historia romana nos trae á la memoria la mucha virtud de los dos Scipiones africanos, que con gran ardid echaron por suelo aquella antigua competidora del pueblo romano, Cartago nombrada, y otros muchos varones illustres y esclarecidos en hazañas, que por el pro y bien comun hacian hechos valerosos, como son Curcio, Decio, Mucio, Marco Valerio, Eneo Pompeyo, Marco Caton, Lucio Marco, Cayo Mario, Quinto Catulo y otros muchos, como es la casa de los Fabios, Decios, Metellos, de los cuales Tito Livio y Valerio Máximo hacen mencion, y otros muchos escriptores, porque la virtud y prudencia de que naturaleza les habia dotado, la emplearon con grande animosidad y ardimiento, no mirando su bien particular por el bien de la república. Ansí que la memoria destos está perpetuada, porque bien comunicaron sus fuerzas por el favor y remedio de muchos; y si éstos fueron dignos de loar, no ménos aquéllos que con su estilo elocuente, ó con su doctrina provechosa, dejaron libros para utilidad y provecho de los venideros, como dice Salustio en el Catilinario. De manera que las obras ó hechos ó escripturas de todos éstos, en tanto son más preciadas, en cuanto en ellas se hallan exemplos notables y enseñamientos más aventajados, y aquellos que el deseo del bien comun á escribir ó obrar movió y encitó, merecen mayor gloria y fama que no los que por su pasatiempo y ambicion del propio bien suyo fueron á ello movidos. Por lo cual, con mucha razon Plinio, en el prólogo del libro primero de la Natural historia, reprende á Tito Livio, porque decia que por su pasatiempo escrebia, y pues harta gloria le habia sucedido, que dejára de escrebir si no fuera por la inquietud y desasosiego que su ánimo sintiera si de la obra cesára. Respóndele Plinio cuanto mejor fuera haber escripto por causa de augmentar más, y amplificar la gloria del nombre romano que no por sólo su descanso y gloria. De todo esto se saca una conclusion muy averiguada entre teólogos, que el bien en tanto es bien cuanto á muchos más fuere comunicado; por estos términos pone esta conclusion Sant Dionisio Ariopagita, discípulo de Sant Pablo, en el cuarto libro de los Nombres divinos. Esto he querido decir, generoso señor, no porque piense poner acuerdo de alguna doctrina en su entendimiento, en el cual tan acordadas están todas las cosas y con tan gran majestad resplandecen; pero por excusar mi atrevimiento de haber hecho imprimir esta obra, porque no quedase cosa tan señalada fuera del conocimiento de los hombres, pues ve por mi conclusion que, aunque ella en sí tan heroica y soberana parezca, no fuera bien si no fuera comunicado. Y ésta fué la principal ocasion de mi atrevimiento comunicar á los hombres un bien tan singular como éste, del cual pueden tomar dechado para tomar exemplos y considerar sentencias, y huir vicios y abrazar las virtudes; que en lo que vuestra merced me dice que ha hecho de mis libros, yo lo recibo en paciencia, considerando que dice el refran que el que pide es obligado á dar. Así que, mi señor, yo consiento que mi poco saber de todos sea juzgado, saliendo á luz las hazañas de un tan valeroso príncipe, compuestas por un tan baxo juicio como el mio, pues con esto soy seguro por su carta de ser perdonado de mi atrevimiento, y con esta merced quedo con descanso, tan de vuestra merced como siempre. En cuyo loor sin acabar acabo con estos versos en loor de su obra y persona, que es lo ménos que de sus grandezas puedo cantar. De Madrid, á siete (sic) de Noviembre de mil y quinientos y cuarenta y dos años.

¶ Despierten las musas del monte Helicon,

Recuerden las hadas, recuerde Sileno,

Y todos ayuden con rostro sereno

Aquella gran furia de mi corazon;

Envíeme Febo con su dulce són,

Tal elocuencia cual dió á la Chumea,

Que todo mortal, oyéndome crea

Nacer de los cielos aquesta cancion.

¶ Calor divinal me rija y encienda,

Mandando que mueva mi lengua temprano,

La musa de Orfeo despierte mi mano,

Sacando mi pluma de toda contienda;

Descienda en mi pecho tal dón y tal prenda

Rallada por rallo sotil y divino,

Tú, Clio, si quieres mostrarme el camino,

Nada mi verso tendrá de contienda.

¶ No nazca en mi metro vano decir,

Ni ménos jactancia ni otra osadía,

Muy alto Señor del cielo, me invia

De presto torrente que pueda escrebir.

Chorro de gracia me quiera venir,

Sanando mi lengua de toda torpeza,

Sonando mi voz con grande viveza

Pueda tus dones dar bien á sentir.

¶ Con esta extrañeza que aquí ha parecido,

Bramen y giman los poco prudentes,

Oyendo que vive ya entre las gentes

Tal hombre, que á todos los ha escurecido;

Es así como de nuevo venido

Alcídes al mundo con hechos gloriosos,

Las obras de todos los otros famosos

Delante las suyas se han puesto en olvido.

¶ Los escriptores del tiempo pasado

Con grande razon serán olvidados,

Que sus escripturas y versos limados

La alteza de aquéste los haya privado,

Los entendimientos del siglo dorado,

De plata y de estaño y hierro adornados,

Darán por ningunos los hechos pasados

Delante de aquéste de nuevo mostrado.

¶ Calle la lengua del gran Ciceron

Y calle el orar de Quintiliano,

Callen los versos del Virgiliano

Y la policía de Marco Varron;

Aquel componer de Ovidio Nason

Calle tambien y tenga paciencia,

Pues ve que estas obras y extraña elocuencia

Los ha precedido con grande razon.

¶ Esconda Diana su grande claror,

Tambien las estrellas sus centellear,

Cuando de nuevo comienza á mostrar

Titano la fuerza de su resplandor;

Así desta suerte cualquier escriptor

No tenga sus obras por mucho subidas,

Pues que de nuevo son ya parecidas

Otras más primas y de grande valor.

¶ Los hechos heroicos y grandes hazañas

Del hijo glorioso son honra del padre,

Coronan tambien con gozo á la madre

Viendo tal gozo de las sus entrañas;

Pues ¿qué honra estas muestras darán tan extrañas

Aquel que las hizo y al que le engendró?

¿Qué alteza pondrán en quien le parió?

¿Qué gloria y qué triunfo en nuestras Españas?

¶ Guiado por Dios el rey Salomon,

Dice, con verso de grande elocuencia,

Ser muy mejor saber y prudencia

Que fuerzas y mañas y gran corazon,

Donde parece por esta razon

Quel que esto compuso con su gran saber,

Excede en valor al grande poder

De todos los fuertes que fueron y son.

¶ Aquella ciudad, de Troya nombrada,

No pudo por Hector ser defendida,

Y Ulíxes artero la vió ser perdida,

Tendida por tierra, del todo quemada;

No pudo por fuerza ser amparada,

Ni el gran corazon la pudo guarir.

Saber y cordura bastó á destruir

La fuerte ciudad, que es tan afamada.

¶ Tú, sabio lector, con alto sentido

Verás la elocuencia desta escriptura

Ser muestra y espejo, dechado y figura

De claro juicio y ingenio subido.

Conoce en España de nuevo nacido

Aquel que á los cómicos hace ventaja,

Los trágicos pueden vestirse mortaja

Viviendo varon tan esclarecido.

¶ No quieras mofar, reir ni morder,

Atiende que dice la Summa Verdad

Que aquel que maldice, con riguridad

Allá en los infiernos le hace encender;

Aquello que fuere á tu parecer,

No dulce y honesto, sino desabrido,

Dexa la letra y mira el sentido,

Y nombre de sabio podrás merecer.

¶ Las altas sentencias en el corazon

Las has de poner para las seguir,

Las torpes hazañas para las huir,

Pues toda su gloria, en fin, es pasion.

Los buenos consejos con toda aficion

Toma y abraza, y entiende y remira,

Las feas palabras del alma las tira,

Que leerlas la lengua no es sin razon.

¶ Y en esto te ruego tengas cuidado

Para que seas por sabio tenido,

Y en tu pensamiento lo ten esculpido,

Y así quedes libre de todo pecado;

Mi pobre consejo te quede esmaltado

Glosando lo malo y tomando lo bueno;

Y esté el maldecir de tí muy ajeno,

Con esto en la gloria serás coronado.

Fin.

¶ Si el nombre glorioso quisierdes saber

Del que esto compuso, tomad el trabajo,

Cual suele tomar el escarabajo

Cuando su casa quiere proveer.

Del quinto renglon debeis proceder,

Donde notamos los hechos ufanos

De aquel que por nombre entre los humanos

Vengador de la tierra pudo tener.