CAPITVLO VII.
De los Retos, y Hayas.
Pica tanto el dançado a los que tratan del, que ninguno quisiera que nadie lo murmurasse; y sobre estas murmuraciones, de que vnos saben mas y parecen mejor que otros, se pierden muchas amistades, y se han echado en Escuelas muchos Retos, que suelen venir a parar en cuchilladas; y como he dicho en el capitulo antecedente, por este daño no se debe dar lugar a murmuraciones en la Escuela. Y porque los Retos suelen parar en disgustos, y por otros que se pueden originar, deben los Maestros tener junto a si sus armas, sin que jamas le falten del lado. Echãse estos Retos en esta forma: El que està ofendido, va a la Escuela de donde emanô el enfado; y quando la vee mas plena, pide el Alta, y en dançandola, dize desta manera (puesto su sombrero, capa, y espada:) Reto y desafio a fulano, discípulo de fulano, a dançar y baylar quatro mudanças de Pauana, seis Passeos de Gallarda, dos mudanças de Folias, dos de Rey, dos de Villano, Chacona, Canario y Rastro a mas hazer, y a mejor parecer, debaxo de buẽ tañido; y deposito tãta cantidad en el señor Maestro, cuya Escuela elijo, para que se execute; y señalo tal dia: El dinero la mitad para quien tocáre, y la mitad para quien ganáre: y nõbro por mis padrinos, a Fulano y fulano. Este mismo Reto se à de echar luego en todas las Escuelas; porq̃ de otra suerte no es Reto, ni tampoco lo es, no depositando, ni señalando dia, ni nombrando Padrinos. Ay opiniones que dizen, se ha de retar a cierto y galano. Contradigolo, porque es incompatible lo vno con lo otro, y todo se incluye con dezir a mas hazer, y mejor parecer. Y esta es opinion de Iuan de Pastrana y Alberto de la Cuesta, y me arrimo a ella, porque no ignoran estos lances. El que aceta el Reto, ha de pedir el Alta en la Escuela donde primero le retaron; y en dançandola, dirà estas razones: A mi noticia a venido, que fulano, discipulo del señor Maestro Fulano, me ha retado a dançar y baylar (todo esto con el sombrero en la mano). Y en acabandolo de dezir, ponersele cõ toda la arrogancia que pudiere, y proseguir diziendo: Acepto el Reto, segun y en la forma que le pronuncio, y deposito la mesma cantidad que depositò, y nombro a fulano y fulano por mis Padrinos. Ha de depositar el dinero, y hazer la mesma aceptacion en las demas Escuelas, diziendo en todas, que lo acepta, y sale a el. Llegado el plaço y ora, dancara primero el que retò, empeçando de Escuela, y iran dançando vno en pos de otro hasta acabar el reto. Y luego el Maestro va tomando los votos, y el que tuuiere mas, este gana. Lo que ordinariamente se haze quando la diferencia es poca, es darlos, à ambos por buenos; porque entre los Padrinos y apassionados no aya discordia sobrc si està mal, o bien votado: porque de esto se suelẽ recrecer algunas pesadumbres. Mas tambien se ha visto auer tãto interes en esto, que auiendo dos que dançan retadose, dançaron tã igual, que de justicia no se pudo dar a ninguno la ganancia; y vno de los Padrinos dixo, que su ahijado auia ganado; porque su cõpetidor lleuaua vna cinta de los calcones de las que èl no pudo ver, por no éstar delante, y al passo que dançaua, iua la cinta dando saltos y baybenes: y recibiose a votos, si era fealdad, o no; y todos concordaron, en que no era bien parecido, con que perdio el reto, por no andar bien atado. Y lo que se hizo fue, que pagasse èl solo la parte de el Maestro, por el descuido, porque para salir a vn reto, ha de ir vn hombre muy atildado en todo. Ay tambiẽ Retos particulares, en que no se reta mas de a Cabriolas, o Giradas, o a otra pieça, la que mas bien le parece al que reta. Ay Retos generales, en que se reta por presuaciõ a qualquiera que dixo, o murmuró. Y si la murmuracion es de el Maestro de el que reta, estando ausente, q̃ no lo puede hazer èl; puede el discipulo retar, diziendo estas razones: A qualquiera q̃ dixere mal de la dotrina de mi Maestro fulano, ora sea discipulo, o Maestro el que lo dixo, por estar el mio ausente, lo reto y desafio a tal y tal cosa. Y en otra ocasion serà mal parecido retar vn discipulo a vn Maestro, aunque es cosa que lo he visto en Madrid. Y assi yo, el año de treinta y siete, recien venido de la Corte a esta Ciudad, auiendo dos Escuelas no mas, vna de Luis de Carauallo, y otra de Melchor de Gueuara, auiendo yo dançado en la Escuela de Luis de Carauallo, con mucho auditorio, en que se hallò vn cierto Maestro, despues de auer salido yo de la Escuela, diziendo vnos dicipulos suyos, que les auia parecido bien lo dançado, les respondio por complacerlos, que la dotrina no era buena Esto llegó a mis oidos, y como no lo dixo en mi presencia, no le quise retar a el solo en nombre de mi Maestro, sino echè vn Reto general, a qualquiera que de la dotrina de mi Maestro dixesse mal, ora fuesse Maestro, o discipulo. Esto fue en la mesma Escuela que el tal Maestro hablô, y estando èl presente; que no digo su nombre, porque es de los antiguos, y que tuuo Escuela en Seuilla y otras partes, aunque entonces no la tenia. Llegò el plaço del Reto, a que concurrió mucha gente, despues de auer estado el Reto ocho dias fijado en la Escuela, firmado de mi nombre, y no huuo quien saliesse a el. Lo que no sucediera oy; porque si yo por mi echasse vn Reto, se han criado desde entonces muchos, que puedẽ salir y ganar qualquiera Reto. Mas entonces, ni aora es euidente, que si de mi se cẽsurasse, y se me dixessen en mi rostro todos mis defetos de dançar, ni aunque efectiuamente me retassen, aunque supiera ganar, ni saliera al Reto, ni le echara. Y si de mi Maestro oyera oy, o en qualquier tiempo, dezir cosa que no me sonara biẽ, siendo assi que soy el discipulo que menos sabe de los que tiene, retára a qualquiera por diestro que fuesse. Y esto deben hazer todos los discipulos por sus Maestros; porque el Maestro, como digo en otro capitulo, es segundo padre, y se ha de boluer por él a capa y espada. La noche pues que, como digo, cumplio el plaço del Reto, presentes muchas personas, que a la voz del, acudieron; lleguè a la Escuela con toda la preuencion que a semejante cosa se ha de ir, y despues de auer estado largo rato, como los circunstantes se cansauan de aguardar, se leuantó el Maestro Luis Carauallo, y dixo: Caualleros, aqui està el señor Iuan de Esquiuel; a cumplir con su obligacion, nadie ha acerado el Reto, aunq̃ lo han leido muchos, no me parece que se ha de executar: si ay quien salga a el, ya es ora. Nadie respondio palabra, sino el tal Maestro, que murmuró, y dixo estas razones: Señores mios, de la dotrina de Antonio de Almenda ninguno con razon puede hablar mal. Y lo que el señor Iuã de Esquiuel obra, no à de auer en Seuilla quien diga mal de ello: porque es discipulo de vn gran Maestro, y su dotrina es la que todos seguimos; porque es la misma de Quintana el viejo, Maestro de todos. Entõces respondi yo: Pues señor Maestro, holguemonos nos vn poco esta noche, porque eftos caualleros no se vayã sin ver algo; y le supliquè dançasse el Alta. Y la dançó (que era raçõ, por ser Maestro,) y salieron otros dos amigos, y dançamos de amistad, y con tanto cuydado, como si fuesse en prosecuciõ de el Reto. Y el tal Maestro dãçò aquella noche, al fin como Maestro, y de los que han hecho ruido, y sacado muy excelentes discipulos. Las Hayas suelen echarse las Pasquas, y dias muy festiuos, despues de auer dançado antes que se vaya la gente. Y el que la ha de echar (que siẽpre à de ser vno de los mas diestros) dança el Alta, y ofrece lo que le parece y saca a dançar a otro, el qual haze lo proprio, y ofrece en el sombrero de el que echò el Haya, y este saca a otro, y assi sucessiuamente hasta que no ay a quien sacar. Y si alguno sacandole no quisiere salir, pidiendoselo dos ò tres vezes, no ay que apretar mas la dificultad, sino passar adelante sacando a otro, por euitar algũ disgusto. Hizose el Alta para tres ocasiones, para hazer Escuela lo principal, para Retos, y para Hayas.
Todos los Maestros aborrecen a los de las danças de cascabel, y con mucha razõ, porque es mui distinta a la de quenta, y de muy inferior lugar, y ansi ningun Maestro de reputacion, y coa Escuela abierta se ha hallado jamas en semejantes chapadãças, y si alguno lo ha hecho, no aurà sido teniẽdo Escuela, ni llegado a noticia de sus discipulos; porque el que lo supiere, rehusará serlo de alli adelante: porque la dança de cascabel, es para gẽte que puede salir a dãçar por las calles; y a estas danças llama por gracejo Francisco Ramos la Tararia del día de Dios: y el dançado de cuenta es para Principes, y gente de reputacion, como lo tengo dicho, y probado en este Tratado. Y si mi Maestro perdiera el buen juizio que Dios le dio, y ensayára semejãtes danças, o se hallára en ellas (que es biẽ impossible) no me intitulàra su discipulo, con quererle y estimarle tanto. Y con esto doy fin a mi discurso, por no tener mas molesto al letor, aunque pudiera dezir mas en alabança del dançado de quenta.
No ay Arte, ni oficio, ni abilidad de q̃ se ayan impresso libros, ni tratados, que con ellos, sin voz viua, se pueda aprender todo lo necessario: porque todo esto sin Maestro, no seruirà sino de alumbrar algunas cosas. Y si con algun libro se puede hazer capaz qualquiera de lo mas necessario del arte, es en este, porque en el saber executar vn mouimiento, consiste el dançar bien: y si yò sè dançar vna mudança, dos o mas, y los mouimiẽtos dellos no los hago con todas sus calidades, harè la mudança, pero obrarèla mal; con que me valierà mas no hazerla: y executando la Floreta, Campanela, ò otro mouimiento, como lo tengo explicado, por pocas mudãças que sepa, seràn bien dançadas: y por poco discurso que tenga el que dessea saber, hallarà muy claro el modo, y le seruirà el libro, de acendrar, purificar y perficionar lo q̃ se le ha enseñado, y gastar menos tiempo en ello. Y assi mesmo sabrà por este Tratado, la cortesía, el modo y estilo que debe tener en Escuelas, y lo que en ellas debe hazer, y las excelencias y origen de el dançado.