CANICHANAS.
Esta es la denominacion que se han dado los naturales de la nacion mas guerrera, mas temible y anómala que se encuentra en la provincia de Moxos. Los Españoles que habitan las provincias circunvecinas no los designan bajo otro nombre: los Jesuitas los llamaban Canicianas[1].
[Nota 1: El P. Eguiluz, loc. cit., pág. 35 á 36.]
Si hemos de dar crédito á las tradiciones, la nacion canichana habitaba en las riberas del Mamoré, muy cerca de los raudales que dan orígen al rio Machupo, y tambien sobre el curso de este mismo, estendiéndose hasta el lugar donde hoy se encuentra la mision de San-Joaquin. Todavía se notan en las llanuras del oeste del Machupo, entre San-Joaquin y San-Ramon, las trincheras que estos indios habian construido para resguardarse de sus enemigos. Sus numerosas poblaciones[1] se hallaban comprendidas entre los grados 13 y 14 de latitud sud y los 67 y 68 de longitud oeste de París; y aunque enteremente aislados de todos sus vecinos, se mantenian siempre en guardia contra sus asechanzas: lindaban hácia el este con los Itonamas, al oeste y norte con los Ites, al sud con los Moxos, y al norueste con los Cayuvavas.
[Nota 1: El P. Eguiluz dice (pág. 55) que componian 70 pueblos.]
La tez de los Canichanas, mas morena que la de los Moxos, es poco mas ó ménos como la de los Chapacuras.
Tan altos como los Moxos, su estatura llega por lo regular á cinco piés y dos pulgadas. Las mugeres son pequeñas en proporcion á la altura de los hombres.
Sus formas corporales, idénticas á las de los Moxos, son algo mas rollizas y no tan desvahidas; tienen la espalda ancha, y sus fornidos miembros revelan la fuerza, sin estar espuestos á la obesidad. Las mugeres guardan las mismas proporciones que se advierten entre los Moxos.
Muy léjos están los Canichanas de tener como los antedichos un semblante abierto y revestido de dulzura; su aspecto es feroz y duro; su cabeza muy grande; su cara oblonga como la de los Tobas del Gran-Chaco; tienen los pómulos muy pronunciados; la frente pequeñísima y combada; la nariz ancha, corta y aplastada, y sus ventanas muy abiertas; la boca grande; los labios gruesos; los ojos hundidos, pequeños é inclinados por la parte de arriba á su ángulo estremo; las orejas chicas; las cejas arqueadas; el cabello y la barba lo mismo que los demás indígenas de la provincia de Moxos. Su fisonomía es triste y de una fealdad repugnante; pero en vez de manifestar abatimiento esprime una ferocidad salvage. Las mugeres no tienen el menor atractivo; en ellas se descubren los mismos rasgos característicos que en los hombres: entre los niños tambien se nota la ausencia de la jovialidad y alegría; llevan entre tanto en sus semblantes la enseña de la malignidad é indisciplina.
El idioma de los Canichanas, que no contiene una sola palabra semejante á las de los otros idiomas de la provincia, es musical, muy acentuado, y duro á la audicion algunas veces por los sonidos guturales que resultan de ciertos vocablos compuestos de muchas consonantes juntas, como jl, tz, ts. Casi todas sus palabras terminan en vocal: esceptúanse algunas, cuyas terminaciones en ac, ec, ip, ij y ch son muy ásperas. La j española se emplea frecuentemente y conserva toda su dureza, sobre todo cuando se une con la l, como en la sílaba jla. La u nasal no existe, y los sonidos de la x y de la f son desconocidos, al paso que se hace mucho uso de la ch francesa y de la española. La lengua canichana es acaso la que presenta mas anomalías en cuanto á la manera como principian las palabras. Si en los idiomas de Chiquitos los nombres de las partes del cuerpo empiezan con una letra determinada, nótase la misma singularidad en el lenguage de las Canichanas, como se ve en los nombres eicokena (carrillo), encomete (oreja), culot (ojos), siendo esto comun á todo lo que respecta al físico del hombre. Hay empero una anomalía todavía mas singular, y es que las denominaciones de todos los objetos materiales, pertenecientes á los animales, á las plantas, á los minerales, y tambien á los astros, principian invariablemente por la letra n, como por ejemplo nicolara (mono), nitij (algodon), nisep (lago), nicojli (sol). Las otras consonantes se emplean solamente en los pronombres, verbos, etc. Los adjetivos pertenecen á los dos géneros. El sistema de numeracion solo alcanza al número tres. Finalmente, la pronunciacion se asemeja mucho á la de los Moximas y de los Itonamas.
El carácter de estos indios es tan estraño como sus facciones y su lenguage; léjos de ser sociable y lleno de franqueza como el de los Moxos, ó pusilánime como el de los Itonamas, es atrevido por demás, emprendedor, independiente, frio, disimulado, triste, taciturno, insociable, y sobre todo poco escrupuloso. Inclinados al hurto como los Itonamas, roban con tanta mas osadía cuanto que tienen la conciencia de ser temidos por las otras naciones, hasta el estremo de que se les deje impunemente entrar á saco en sus poblaciones. Debe entretanto hacerseles justicia de una bella prenda, su consecuencia y fidelidad, de que han dado repetidas pruebas. Mas á pesar de esto, no dejará de considerarse como un hecho maravilloso, el que con un tal carácter se hayan sometido tan fácilmente al yugo de los Jesuitas.
Segun los informes que he recogido, sus costumbres debieron ser sumamente guerreras. Tenian fortificaciones rodeadas de fosos, en las que moraba una parte de la nacion, operando de allí sus incursiones en el territorio de sus vecinos, los Itenes, los Cayuvavas y los Itonamas: estos últimos eran sobre todo los mas perseguidos, por ser los que ménos contrarestaban su pujanza. Si hemos de dar crédito á algunas relaciones, los prisioneros que caian en manos de estos indios eran comidos por ellos en solemnes festines. Dedicados principalmente á la pesca y á la caza, descuidaban la agricultura: su industria consistia únicamente en la construccion de canoas y en la fabricacion de armas; eran muy dados á la bebida y hacian uso de licores fermentados. Vestíanse de igual modo que las otras naciones de la provincia.
Nótase de particular en sus costumbres el ayuno riguroso de ocho dias que imponian á las muchachas que entraban en la edad núbil, y el regocijo y las libaciones con que celebraban en seguida este feliz acontecimiento. El temor que les inspiraba un genio maléfico, llamado Yinijama, era la base principal de su religion.
En cuanto á la tez, las formas y la estatura, los Canichanas no se apartan de los Moxos: por lo tocante á las costumbres y á la fisonomía, se parecen mas bien á los Tobas y Mbocobis del Chaco. Las singularidades de su idioma los pone en paralelo con los Moxos y Chiquiteños. Creo, por último, que los Canichanas pertenecen al ramal moxeño, pero que constituyen una anomalía tanto mas estraña, cuanto que se hallan circundados por pueblos que reunen un carácter de notable uniformidad bajo todas sus conexiones físicas.