NACION DE LOS CHAPACURAS[1]

Los Chapacuras vivian dispersos sobre las riberas del rio Blanco ó Baures, no léjos de una grande laguna, y en medio de las selvas que separan á las provincias de Chiquitos y de Moxos, mas allá de las últimas colinas de la primera provincia, y poco mas ó ménos hácia los 15 grados de latitud sud, y entre los 64 y 65 de longitud occidental del meridiano de París. Tenian por vecinos (con los que no se comunicaban por la exesiva distancia) á los Chapacuracas y Paiconecas hácia el sud, y las hordas de la tribu de los Baures hácia el norte.

[Nota 1: He encontrado, bajo el numbre de Chapacuras, una nacion, que en 1794 salió de los bosques de las orillas del rio Blanco á poblar la mision del Cármen, en la provincia de Moxos. Usándose actualmente este nombre para designar la citada mision, he creido deber conservarlo, aunque no es tal la denominacion que se daban los naturales, llamándose en su lengua Huachi. Cuando se condujo á estos indios al Cármen se les llamó impropiamente Guarayos, nombre tomado de una seccion de los Guaraníes, vecina á Chiquitos (bajo tal nombre se halla mencionada esta nacion en la sumaria que sobre la fundacion del Cármen levantó el gobernador Zamora, documento que he visto en los archivos de la mision). Mas tarde el cura y el administrador les dieron el de Chapacuras, originado tal vez de los Tapacuras que se encuentran en los autores antiguos. Por el cotejo de los dialectos he llegado á descubrir que los Chapacuras no hablaban el mismo idioma, sinó que se servian del de los Quitemocas de Concepcion de Chiquitos, que segun mis investigaciones, traen su orígen de los mismos lugares; por consiguiente los Chapacuras ó Tapacuras y los Quitemocas deben componer una sola nacion.]

La tez de los Chapacuras es bronceada ó de un moreno verdoso, idéntica por lo tanto á la de los Chiquitos. Su estatura tiene tambien alguna analogía con la de estos: la mediana es de cinco piés y una y media pulgadas; los mas altos no pasan de cinco piés y cinco pulgadas. Las mugeres guardan en su porte una proporcion relativa.

Sus formas corporales son semejantes á las de los Chiquitos; sin embargo el talle de los hombres parece mas desvahido, y aunque tienen los miembros bien fornidos, y sin músculos visibles, el pecho saliente, las espaldas anchas, y todo su cuerpo en estremo robusto, no son propensos á la obesidad. Las mugeres, mejor formadas y mas graciosas que las Chiquiteñas, tienen las caderas y las espaldas anchas, la cintura mas conforme á las proporciones europeas, y unos piés y unas manos admirables por su pequeñez.

Sus facciones son tambien algun tanto diferentes: en ámbos sexos se encuentran, una cabeza grande, una cara ancha, pero ménos llena que la de los Chiquitos, los juanetes de esta mas pronunciados, una frente escasa y ligeramente combada, una nariz corta, chata aunque poco ancha, y sus ventanas muy abiertas, una boca mediana, labios poco gruesos, ojos pequeños y horizontales, orejas chicas, cejas estrechas y arqueadas, cabellos negros, largos, nada finos y muy tiesos. Su fisonomía es melancólica, y ménos animada que la de los Chiquitos. Por lo general, los hombres son feos, y tienen la barba muy negra, poco poblada y lacia, lo mismo que el bozo: entre las mugeres rara vez se encuentra una cara regular, pero no por esto inspiran aversion: entre tanto, el aspecto general de los dos sexos cautiva la confianza, y todo anuncia en ellos la dulzura.

Su idioma es enteramente distinto de las lenguas de Chiquitos en cuanto á la forma de las palabras, y aunque bastante duro, es agradable al oido: tiene muchas voces terminadas en vocal; el número de las que acaban en las solas consonantes n, m, p, t y j es reducido. El sonido gutural de la j española y el nasal de la u se encuentran á menudo. Muchas consonantes, tales como la b, la f, la c y la x, son al parecer totalmente desconocidas; y miéntras que la ch francesa es rara, la castellana se emplea con frecuencia. En esta lengua se observa como en la de los Chiquiteños, una particularidad relativa á los nombres de las partes del cuerpo, que en lugar de principiar por una letra determinada, acaban en una partícula uniforme, como se ve en urutarachi (carillo) taipatachi (oreja), tucuchi (ojos), objetos que los Quitemocas de Chiquitos designan con las palabras urutaraché, tatiataché y cuché. No he notado distincion alguna entre el masculino y femenino en los adjetivos, ni tampoco una forma especial para los plurales. El sistema de numeracion, que alcanza solamente á diez, está basado sin duda sobre el número de los dedos. La tribu de los Quitemocas posee muchos términos enteramente diferentes de los de la lengua chapacura, lo que acaso proviene de antiguas relaciones con alguna nacion estrangera.

Los Chapacuras, aunque dejados por temperamento, tienen un carácter estremadamente bondadoso, y su docilidad los predispone al servilismo; hospitalarios con los estrangeros, son quizas los indígenas mas sociables de la provincia, aun careciendo de la alegría de los Chiquiteños.

Sus costumbres se parecen á las de estos naturales, y vivian como ellos, desparramados por pequeñas tribus, en el interior de los bosques vecinos á las orillas del Rio Blanco ó Baures, ocupándose ya en la caza, ya en cultivar la tierra, ó en construir las pajizas chozas donde moraban sus familias. Sus armas, ni mas ni ménos que las de los Chiquitos, se componian del arco, de las flechas, y de una macana ó clava de dos filos. Construian ademas, ahuecando los árboles, esas canoas con que recorrian el rio Blanco para ir á la caza y á la pesca, sus ocupaciones favoritas despues de la cosecha del maiz. Estos indígenas gustaban tambien de reunirse para beber licores fermentados, siendo esto un motivo perpetuo de danzas y de juegos, ménos animados por cierto que los de los Chiquiteños. Pacíficos en estremo, rara vez se malquistaban con sus vecinos.

Los hombres andaban enteramente desnudos, y cuando mas, se cubrian la parte superior de las piernas con una piel cualquiera. Las mugeres vestian el tipoy, especie de camisa sin mangas que les caia hasta los tobillos. Ambos sexos se dejaban crecer el cabello, bañándoselo constantemente con aceite de motacú.

Hallábanse entre tanto gobernados por gefes, cuya autoridad se limitaba á dar el consejo, y á colocarse al frente de cada tribu en caso de guerra.

Cuando alguno de los suyos fallecia, tenian la precaucion de enterrarlo junto con sus armas, lo que prueba que creian en otra vida: finalmente, respetaban el fallo y pronósticos de sus médicos, y eran esclavos de un sin fin de supersticiones.