CAPÍTULO VII


ANEXIONES

Las tendencias absorbentes que se han atribuido siempre á los Estados Unidos, se hicieron notar durante el coloniaje con el injustificable ataque á los franceses en el Canadá. Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que tales medidas de violencia eran ordenadas por el gabinete de Lóndres y contra sus enemigos naturales durante siglos: los triunfos y derrotas de unos y otros en el territorio americano repercutían en el viejo mundo como otros tantos triunfos ó derrotas de los belijerantes ingleses y franceses.

El historiador debe desprenderse de estos antecedentes que hacen responsable al gobierno inglés y estudiar con ánimo sereno, qué cúmulo de circunstancias razonables han traido la formacion de la gran nacionalidad que asombra hoy al mundo con su poder, con su riqueza y con su sabiduría.

Cuando fueron contrariadas en Inglaterra las prácticas liberales conquistadas por la laboriosidad, la enerjía y la intelijencia de los colonos, entraron aliados en la lucha de la emancipacion los Estados de Virginia, Nueva Inglaterra, Massachussets, Nueva Hampshire, Maine, Connecticut, Rhode Island, Maryland, Nueva York, Nueva Jersey, Pensilvania, Dellaware, Georgia y las Carolinas del Norte y del Sur.—La índole de la constitucion federal proclamada despues de obtenida la independencia, permitía la composicion y descomposicion de Estados dentro de la nacionalidad fundada.—De ahi la creacion de: Vermont en 1791., Kentucky en 1792., Tennesse en 1796., Ohio en 1802., Indiana en 1816., Illinois en 1818., Missisipi en 1817., Michigan en 1836., Wisconsin en 1848., California en 1850., Minnesota en 1858., Oregon en 1859., Kansas en 1861., Virginia Oeste en 1862., Nevada en 1864., Nebraska en 1870., Colorado en 1875.

Estas divisiones geográficas de la república se formaron, unas dentro de los límites acordados orijinariamente á las secciones coloniales, otras en los territorios obtenidos mas tarde por la Union.

La adquisicion mas importante de los Estados Unidos es la del inmenso país situado entre el antiguo reino de Nueva España y la península de Florida, tierra que fué colonizada por franceses con el nombre de Luisiania y cedida por estos á España en 1763.—Repetidas diferencias entre los súbditos de esta última nacion, los habitantes del país que protestaban contra sus modernas autoridades y los colonos americanos, provocaron un nuevo traspaso á la antigua jurisdiccion. A fines del siglo pasado, Francia negó á los americanos el derecho de depositar sus mercaderias en Nueva Orleans; pero como esa práctica, que habia dado vida á las colonias del Missisipi, estaba garantizada por el tratado concluido con España durante su corta dominacion, la actitud de aquella potencia hacia temer la ruptura de sus buenas relaciones con los Estados Unidos.—El Presidente Jefferson, buscando los medios de solucionar el inminente conflicto, propuso á Napoleon 1º la compra del territorio. Doble interés tenia este monarca en aceptar sus proposiciones: el de percibir una suma respetable, utilísima para continuar sus campañas en Europa y, como lo espresó él mismo, el de dar á la Inglaterra, con el engrandecimiento de los Estados Unidos, una rival marítima que mas tarde ó mas temprano abatiera su orgullo.—Verificóse, pues, la compra de la Luisiania y el cambio consiguiente de dominio.—De este nuevo Estado se desprendieron, el de Alabama en 1819, el de Misouri en 1820 y el de Arkansas en 1836.

La prosperidad de la Nacion asumió proporciones considerables con el dominio del Missisipi y sus afluentes; se sentía, empero, la necesidad de adquirir, á despecho de las dificultades de tal anexion, la hermosa tierra conocida con el nombre de Florida. Vituperable audacia puso en práctica el General Jackson para obtener ese resultado. Achacando á los españoles complicidad con la tribu de los semínolas, enemiga de los americanos, invadió la península, se apoderó de Pensacola su capital, designó nuevos funcionarios para el gobierno y enarboló en los edificios públicos la bandera americana. Como halagan siempre al sentimiento nacional las victorias obtenidas en tierra estraña, la espedicion de Jackson, que acababa de sostener valientamente el sitio de Nueva Orleans derrotando á los ingleses, preparó, puede decirse, su exaltacion á la mas alta majistratura del país; pero en el primer momento condenaron sus actos con enerjía, la gente sensata, el gabinete y hasta el Congreso donde se temia ver triunfante la voluntad de un militar que procedió sin anuencia de los poderes públicos en cuestiones que pudieron suscitar á la pátria los mas sérios conflictos.

Estos sucesos debian producir como consecuencia inevitable una guerra internacional; mas en Washington se atendieron desde su oríjen las reclamaciones de España, si bien, para no desvirtuar la importancia del hecho consumado, se ofreció á esta nacion la suma de cinco millones de pesos fuertes por la Florida. Aceptada la oferta se efectuó el cambio de jurisdiccion del mismo modo que en Luisiania y la península se incorporó á la Union como Estado federal en 1821.

Se acusa á los Estados Unidos, y jeneralmente con dureza, por la anexion de Tejas, sin observar en la historia que esta parte del territorio mejicano se separó de la República, ejerció de hecho su soberanía y solicitó despues su incorporacion.

En varias oportunidades habia demostrado el gobierno americano su desaprobacion á las espediciones piráticas que algunos aventureros llevaban á ese territorio.—Condenó muy particularmente las violencias ejecutadas por Aaron Burr, el matador del virtuoso ciudadano Alejandro Hamilton.—Los planos de Burr no se conocen á ciencia cierta, pero se le acusó de meditar, en compañía de algunos bandidos, la conquista de Méjico para entregar ese rico país á la nacionalidad americana.

En 1818 un Mac Gregor que se titulaba General de las Provincias de la Nueva Granada y Venezuela, se apoderó por sorpresa de la isla Amelia en el territorio de Tejas con la manifiesta intencion de anexionar el territorio á los Estados Unidos.—El Gabinete de Washington no solo rechazó la imputacion de haber promovido tan torpe atentado, sino que envió fuerzas de mar y tierra para desalojar á los piratas.

Estas intervenciones, segun se desprende de los mismos acontecimientos, no tenían otro objeto que el de impedir que se desprestigiara á la República usando de su nombre en atropellos de tal naturaleza.

Los tejanos conquistaron por esfuerzo propio su independencia, proclamándola en la Convencion que se reunió en San Felipe el año 1833 y obteniendo en breve el reconocimiento de su nacionalidad por parte de los Estados Unidos y de varias otras potencias.—Los representantes mejicanos en Washington protestaron contra el proceder del gobierno americano; y llegado el caso de la incorporacion, promovida por los mismos tejanos en la nueva Convencion reunida en Tejas el 4 de Junio de 1845, pidieron sus pasaportes. Al mismo tiempo el gobierno mejicano suspendió sus comunicaciones con el Ministro de Estados Unidos acreditado allí, lo que produjo naturalmente la declaracion de guerra. Los americanos enviaron fuerzas al Rio Grande, que consideraban como límite actual de su territorio; alli se rompieron las hostilidades y los mejicanos fueron repetidas veces derrotados. Algun tiempo despues se envió una espedicion naval al golfo de Méjico con el objeto de precipitar la terminacion de la guerra. Las fuerzas que llevaban á su bordo los buques americanos, operando á las órdenes del General Scott, se apoderaron sucesivamente de los parajes estratéjicos entre la costa y la capital, donde se firmó la paz mediante un tratado que se llamó de paz, amistad y límites.—Este pacto establecía:

Que la línea divisoria de ambos paises comenzaría en el golfo de Méjico á tres leguas de tierra, frente á la embocadura del Rio Grande ó á la de su brazo mas profundo si tuviere mas de uno de desagüe en el mar, continuando desde allí hasta tocar con el límite sur de Nuevo Méjico; luego por el oeste hasta el límite occidental del mismo territorio, siguiendo por el norte hasta interceptarse con el Rio Gila y por él hasta donde desagüa en el Colorado; y continuando la línea divisoria entre la California superior y la inferior termina en el Océano Pacífico.

Que los mejicanos domiciliados en los territorios que se trasfieren á los Estados Unidos pueden optar por una ú otra nacionalidad y hacer libre uso de sus bienes.

Que los Estados Unidos se comprometen á reprimir las agresiones de los salvajes de esos territorios en Méjico como si lo hicieran en territorio de la Union.

Que los Estados Unidos pagan por el territorio que adquieren quince millones de duros.

Concluia el tratado estableciendo algunos principios de comercio y de procedimientos en el improbable caso de una guerra.

Dentro de las divisiones geográficas estipuladas entónces, se formaron algunos de los Estados incorporados á la Union en el curso de este siglo. Opina Restrepo, en sus memorias inéditas, que cuando se celebró este tratado, Méjico perdió los dos quintos de su territorio; pero, agrega, tierras despobladas que se entregarán á la civilizacion por la influencia benéfica de los americanos.

En épocas recientes la anexion de importancia verificada por los Estados Unidos es la del inmenso territorio de Alaska comprado á Rusia en la suma de siete millones de pesos fuertes.

Hemos podido observar en esta breve narracion que los Estados Unidos ensancharon sus dominios á espensas de Francia, España, Méjico y Rusia; y podemos decir lójicamente que su incremento insólito no se debe al abuso de la fuerza sinó mas bien á la influencia invasora de su sistema federal de gobierno, el cual concede á cada nuevo Estado, con su autonomía el goce de las ventajas propias y con el poder central la representacion esterior que acuerda injerencia en los intereses generales de la humanidad.

La América del Sur, por su parte, no ha sido víctima en realidad de anexiones sino mas bien de absorciones. Y hay una distincion evidente entre estas dos palabras: aquella significa la agregacion de una cosa á otra mas importante, la incorporacion de una parte á un todo; esta espresa claramente la accion de arrebatar, de quitar por la fuerza lo que no se puede obtener en justicia.—No trato de clasificar la que ha verificado Chile, quitándole al Perú alguna de sus provincias y á Bolivia su litoral íntegro: el juicio de la América, el del mundo civilizado ha pronunciado ya contra aquella república el anatema de nacion pirática que merece; y no me ocupo del cambio geográfico que el triunfo de Chile ha producido en el Pacífico, porque no debe aceptarse aun como un hecho consumado, ni se puede calcular tampoco el impulso que traerá la reaccion, inevitable despues de tantos vejámenes y de tan injustificada usurpacion.

Del mismo modo debe clasificarse la invasion del Brasil en el territorio de todas las repúblicas limítrofes. Este país heredó de Portugal, asi como la tierra, las ideas; siguió de lleno la política iniciada por los lusitanos en lo relativo á la demarcacion de sus fronteras internacionales, estendiendo paulatinamente su dominacion de hecho y amparándose en la posecion para señalar los caprichosos límites que forman hoy el vasto Imperio.

La importancia de este asunto me induce á reproducir aqui un fragmento de mi trabajo sobre los límites de Venezuela á que me he referido anteriormente.

La bula de Alejandro VI, estendida un año después de descubierto el nuevo mundo, concedía á los reyes de España el dominio de todas las tierras que se descubriesen al otro lado de una línea imajinaria que uniese polo á polo cien leguas al occidente de las Islas Azores.

Un año despues, las coronas de España y Portugal estipularon por el tratado de Tordesillas que la línea divisoria de las tierras que pudieran conquistarse por una y otra potencia, se fijaría doscientas leguas al occidente de lo que determinaba la bula del Papa. En presencia de insuperables dificultades para señalar debidamente la demarcacion convenida y en vista de las violencias que durante dos siglos produjo la ignorancia ó la mala voluntad de los encargados de ajustar esos límites, los reinos de España y Portugal concluyeron otro pacto el año 1750, que comenzaba por declarar abolido cualquier derecho ú accion que pudiera, por una ú otra parte, alegarse con motivo de la bula pontificia, del tratado de Tordesillas ó de otros celebrados en fecha anterior. Portugal renunciaba á cualquier pretension sobre las islas Filipinas y adyacentes que poseía España en Oceanía y esta á gestionar la entrega de las tierras que en el Rio Amazonas y distrito de Mato Grosso ocupaba aquella fuera de la línea de demarcacion estipulada en los convenios vijentes.

En 1765 se firmó un nuevo tratado anulando el anterior y dejando el de Tordesillas en accion.

Tantos pactos contradictorios debian, como es natural, ofrecer motivo continuo de desavenencias, invasiones y atropellos recíprocos entre portugueses y españoles. Espresa el deseo de cortar definitivamente ese mal el tratado concluido el 1º. de Octubre de 1777, en el cual se fijaron de un modo esplícito los límites de una y otra nacion.—Para dirimir toda cuestion moderna sobre la materia debe tomarse por base este tratado, vijente cuando el Imperio del Brasil se formó y las repúblicas hispano-americanas adquirieron su independencia.

La línea divisoria debia comenzar por la parte del mar en el arroyo Chui y fuerte de San Miguel, seguir las orillas de la laguna Merim, buscar por las alturas las cabeceras ó vertientes del Rio Negro y otros que van á desembocar al Plata y al Uruguay, hasta la entrada en este último del Pepirí Guazú por la ribera occidental.—Remontando el Pepirí la línea buscaba el Rio San Antonio que desemboca en el Iguazú y seguía por este último hasta encontrar al Paraná, luego por este hasta su interseccion con el Iguarey y por el Iguarey hasta encontrar un rio, tal vez el Corrientes, que desemboca en el Paraguay. Por este rio remontaba la frontera hasta los Xarayes y desde la desembocadura del Jaurú buscaba por tierras desconocidas la formacion del Guaporé, siguiendo por este aguas abajo hasta donde en union del Mamoré forma el de Madera, afluente del Amazonas; una línea recta de este á oeste buscaba el Rio Javarí, por cuyas aguas y las del Amazonas bajaba la frontera hasta encontrar la boca occidental del Japurá, remontaba este hasta el canal de que se servian los portugueses para pasar al Rio Negro y seguia por la parte mas elevada de los montes hasta donde terminaban los dominios de ambas monarquias en los límites de la Guayana Holandesa.

Estos límites se han modificado despues y, á la verdad, nunca en beneficio de los españoles ó de sus legatarios.—Parece inconducente señalar los cambios efectuados en el mapa político de América durante el siglo trascurrido.—El Estado Oriental del Uruguay, el Paraguay, Bolivia, el Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela han sufrido absorciones del Imperio y los estadistas arjentinos debaten hoy sosteniendo, con entera razon y justicia, que los límites deben trazarse por los verdaderos rios Pepirí Guazú y San Antonio Guazú, en tanto que el gabinete imperial pretende trazarlos por los rios Pepiri Miní y San Antonio Miní.—Los documentos impresos en Buenos Aires prueban de una manera irrefutable que aquellos son los rios de que habla el tratado de 1777, reconocidos por los geógrafos Santos Chagras y Oyarvide. Para comprender como, con ciertos visos de legalidad, las repúblicas de oríjen español han perdido el dominío de territorios considerables, es necesario tener en cuenta que el Brasil se apoya para dirimir sus cuestiones en el Uti possidetis; pero no el Uti possidetis tal como lo entendemos los hispano-americanos, es decir, como la consagracion con arreglo á derecho de los límites reconocidos en una fecha dada, sino como la accion que da el hecho, la posesion con títulos ó sin ellos. El tratado de 1777 y las reales cédulas sobre division territorial en América, constituyen los títulos de propiedad del Imperio del Brasil y de las naciones limítrofes. El principio sostenido por aquella potencia es á todas luces injusto é ineficaz.—Y en todo caso, me parece difícil, si aun se encuentran en el corazon de la América tierras inesploradas, que los brasileros llevaran en 1810 sus fronteras hasta donde pretenden llevarlas hoy.

Es oportuno observar que el gabinete imperial hace una escepcion á su regla de conducta, en las jestiones que sostiene con la República Argentina respecto del territorio de Misiones. ¿Por qué? En mi humilde concepto, porque no debe perderse la oportunidad de dar una favorable interpretacion al tratado, ya que la naturaleza ha tenido el capricho de formar varios rios paralelos que, además de ciertas semejanzas, tienen la no despreciable ventaja de encerrar las tierras tal vez mas rícas y feraces de la América.

Veamos por lo que hace á Venezuela, cual es el estado de la cuestion. Posteriormente á la celebracion del tratado se hicieron reconocimientos prácticos, aunque incompletos, por comisiones esploradoras de ambos paises, que debian señalar graficamente la línea de demarcacion estipulada.—En la parte lindera al Vireinato de Santa Fé y á la Capitanía General de Carácas figuraron al frente de esas comisiones el Ingeniero Don Francisco Requena y el Señor Chermon, comisarios respectivamente de S. M. C. y S. M. F. Debian comenzar por reconocer la boca occidental de rio Japurá ó Caqueta, para lo cual navegaron aguas abajo el rio Amazonas.—Al llegar al caño Abatí parana pretendió el portugues que aquel era el rio buscado, error que se comprobó en seguida porque, lejos de ser afluente, aquel caño recibe sus aguas del Amazonas.—No obstante la disputa, siguió la espedicion su camino hasta llegar á la boca del Japurá, cuyas aguas remontaron con el fin de señalar el punto en que pudieran quedar cubiertos los establecimientos portugueses de las orillas del mismo rio Japurá y del Negro segun el testo del tratado.—El comisario español propuso que la línea continuase por el rio Apaporis que á su juicio reunia las condiciones espresadas; mas el portugues pretendió que un rio arriba del salto de Chupati se encontraba en situacion mas adecuada.—Fué necesario consentir en la esploracion que se practicó con sérias dificultades y pérdida de espedicionarios.—Llevar la frontera por el rio de los Engaños (verdadero engaño por cierto) como pretendia uno de los portugueses ó por el mismo Japurá como deseaba otro, hasta encontrar la cordillera de montañas donde nacen los afluentes del Amazonas y del Orinoco, importaba internarla hasta los Andes y al Vireinato de Santa Fé secularmente poseido por España.—Esta espedicion fué, pues, infructuosa, tanto mas habiéndose negado Chermon á declarar cual era el canal de que se servian los portugueses para pasar al Rio Negro.

Desde este punto la demarcacion no ofrecía dificultades de importancia, pues debia seguir por la parte mas elevada de los montes hasta donde terminaban los dominios de ambas monarquías, quedando privativos de España los rios cuyas aguas caen el Orinoco y del Portugal los que dirijen las suyas al Amazonas.

En 1837 fué nombrado el Coronel Agustin Codazzi jefe de una comision corográfica encargada de levantar el mapa de la República. Segun este ilustre geógrafo la línea divisoria de Venezuela comienza en las cabeceras del rio Memachi y, siguiendo al oriente por las alturas, pasa junto á las vertientes de Aquío y del Tomo, atraviesa el rio Negro por la isla de San José frente á la piedra del Cucuy y sigue por las crestas de la serranía de Parima y Pacaraima, de manera que las aguas que van al Amazonas queden en dominios brasileros y en venezolanos las que bajan al Orinoco.

Fueron adoptados los límites de Codazzi en el tratado no ratificado de 1852 entre el Emperador del Brasil y la República de Venezuela. El artículo 2º del referido pacto dice: «La República de Venezuela y el Emperador del Brasil convienen en reconocer como base para la determinacion de la frontera entre sus respectivos territorios el Uti possidetis.» Sabemos ya que para el Brasil este principio significa la posesion de hecho; y como ni siquiera se menciona una fecha á que el Uti possidetis corresponda, toda demora importaba entónces para Venezuela el peligro de tener que soportar exijencias mayores. No obstante eso, los lejisladores negaron su aprobacion al tratado por creer que afectaba á la integridad territorial de la nacion.

Desde aquella época se ha procurado repetidas veces arribar á un arreglo definitivo, sosteniendo Venezuela los límites señalados por Requena y el Brasil los del mapa de Codazzi.—La cuestion parecía á punto de tener un resultado satisfactorio para la república cuando Colombia manifestó sus pretensiones á las mismas tierras.—El Imperio habia reconocido tácitamente á Venezuela los territorios situados en la márjen superior de Japurá ó Caqueta, desde la caida en este del Apaporis, los que están al otro lado de una línea entre este último rio y el Cuyari y los que se encuentran en la parte oriental del curso del mismo Cuyari hasta encontrar los montes en que está señalada la línea de Codazzi; pero ante la interposicion de Colombia, se negó á firmar el tratado, reservándose hacerlo una vez terminado el conflicto entre las dos repúblicas.

La solucion del litijio está, pues, resuelta de antemano y solo falta saber si corresponde á Venezuela ó á Colombia la soberanía de las tierras limítrofes con el Imperio.

El Uti possidetis de 1810, como lo observa con justicia el Doctor Don Vicente Quesada en la revista de Buenos Aires, es el principio conservador de las nacionalidades americanas.—El derecho que de él emana y sirve para demarcar las fronteras internacionales en América, debe buscarse, si se trata de las repúblicas de orijen español, en las últimas cédulas reales sobre organizacion geográfica de los vireinatos y en los tratados celebrados entre España y Portugal, vijentes en esa fecha, tratándose de los límites entre el Imperio del Brasil y los paises limítrofes. Eso de oponer al uti possidetis de derecho el de hecho, tal vez con la mira de prestijiar el res nullius, es algo que no puede apreciarse con seriedad y que el buen sentido condena.

La historia, al señalar las ventajas considerables obtenidas por el Imperio con la aplicacion de su falso principio, hace resaltar la enorme diferencia que hay entre las anexiones de los Estados Unidos y las absorciones del Brasil. Deben repudiarse con enerjía los medios que puso en planta esta última nacion para obtener mayor ensanche territorial; pero pueden imitarse sin escrúpulo los procedimientos de aquella, por todas las naciones que tengan dentro de sí mismas una fuerza espansiva semejante.