NOTAS.
[1] La edición in-folio contendrá además el Análisis razonado de los materiales de que me he valido para construir los mapas y los perfiles hipsométricos.
[2] Præ lætitia prosiliisse te, vixque á lachrymis præ gandio temperasse, quando literas adspexisti meas, quibus de antipodum orbe latenti hactenus, te certiorem feci, mi suavissime Pomponi, insinuasti. Ex tuis ipsis literis colligo, quid senseris. Sensisti autem, tantique rem fecisti, quanti virum summa doctrina insignitum decuit. Quis namque cibus sublimibus præstari potest ingeniis isto suavior? quod condimentum gratius? A me facio conjeturam. Beari sentio spiritus meos, quando accitos alloquor prudentes aliquos ex his qui ab ea redeant provincia (Hispaniola insula). Implicent animos pecuniarum cumulis augendis miseri avari: nostras nos mentes, postquam Deo pleni aliquandiu fuerimus, contemplando, huyuscemodi rerum notitia demulceamus.—Esta carta, que con tanto acierto pinta los placeres de la inteligencia, ha sido escrita, conforme á la común opinión, á fines de Diciembre de 1493. (Opus Epistolarum Petri Martyris Anglerii Mediolanensis, Protonotarii Apostolici, Prioris Archiepiscopatus Gratanensis, atque á consiliis rerum Iudicarum Hispanicis). Amstelodami, 1670; Epíst. CLII, página 84.
[3] Acerca de los trabajos científicos de este hombre extraordinario, véase Capmany, Memorias históricas del comercio de Barcelona. Quæst. II, pág. 68.
[4] La suposición de que Asia se extendía hacia el Oriente más allá de los 180 grados de longitud. Véase también Rennel, Geography of Horodotus, pág. 685.
[5] Navarrete, Viajes de los españoles, t. I, pág. LXXIV.
[6] Capítulos V al IX. No ha sido posible descubrir hasta ahora el original español de esta biografía, cuyo manuscrito puso el nieto de Cristóbal Colón, D. Luis, Duque de Veragua, en manos de un patricio genovés llamado Fornari. De una copia que sin duda era bastante defectuosa fué traducido en 1571 al italiano por Alfonso de Ulloa, y retraducido del italiano al español en 1749, para insertarlo en la colección de Historiadores primitivos de Indias, de González Barcia (t. I, pág. 128). Compárese también Antonio de León, Epitome de la Biblioteca Oriental y Occidental náutica y geográfica, 1629, pág. 62; y Spotorno, Códice diplomático Colombo Americano, 1823, página LXIII.
[7] Es la que llegó á ser célebre por la reimpresión italiana que hizo Morelli, bibliotecario de Venecia, en Bassano en 1810. Había sido ya impresa en español en los primeros años del siglo XVI. (Antonio de León Pinelo, Biblioteca Occidental, 1738, t. II, pág. 566), y aun en italiano, según Bossi, en Venecia en 1505.
[8] Documentos diplomáticos, n. CXL. Libro de las Profecías que juntó el almirante D. Cristóbal Colón, de la recuperación de la santa ciudad de Hierusalem, y del descubrimiento de las Indias. (Navarrete, t. II, páginas 260, 265, 272). En Septiembre de 1501 envió Colón este manuscrito teológico que, á pesar de la diferencia de países y de siglos, recuerda involuntariamente las graves discusiones del inmortal Newton, sobre el undécimo cuerno de la cuarta fiera de Daniel (Brewster, Life of Newton, 1831, pág. 279), á un cartujo, el P. Gaspar Gorricio, para que lo perfeccionara y adornara con sabias citas. Sitúo este suceso diez y ocho meses antes de la muerte del Almirante, ocurrida en 20 de Mayo de 1506, porque al final del manuscrito de las Profecías se trata del eclipse de luna que observó Colón cerca del cabo oriental de la isla de Haití el 14 de Septiembre de 1504. Pero hay otra parte de las Profecías, por ejemplo, la que trata del peligro del próximo fin del mundo, anterior á 1501. «San Agustin, dice Colón, diz que la fin deste mundo ha de ser en el sétimo millenar de los años de la creacion dél: los sacros Teologos le siguen, en especial el cardenal Pedro de Ailiaco (Pedro d’Ailly, nacido en Compiegne en 1350). De la criacion del mundo ó de Adam fasta el avenimiento de Nuestro Señor Jesucristo son cinco mil é trescientos y cuarenta é tres años y trescientos y diez y ocho dias, por la cuenta del rey D. Alonso, la cual se tiene por la más cierta, con los cuales, poniendo mil y quingentos y uno imperfeto, son por todos seis mil ochocientos cuarenta y cinco imperfetos. Segund esta cuenta no falta salvo ciento é cincuenta y cinco años para complimiento de siete mil, en los cuales digo arriba, por las autoridades dichas, que habrá de fenecer el mundo.»
[9] Poco antes, sin embargo, en la misma carta á sus Soberanos explícase Colón con la mayor ingenuidad acerca de su propia erudición, cuya importancia, al parecer, desconoce. «De muy pequeña edad entre en la mar navegando, é lo he continuado fasta hoy. La mesma arte inclina á quien le prosigue á desear de saber los secretos deste mundo. Ya pasan de cuarenta años que yo voy en este uso. Todo lo que fasta hoy se navega, todo lo he andado. Trato y conversación he tenido con gente sabia, eclesiásticos é seglares, latinos y griegos, judios y moros, y con otros muchos de otras setas.
»A este mi deseo (conocer los secretos de este mundo) fallé á Nuestro Señor muy propicio, y hobe dél para ello espirito de inteligencia. En la marinería me fizo abondoso; de astrología me dió lo que abastaba, y así de geometría y arismética; y engenio en el ánima y manos para debujar esferas y en ellas las cibdades, rios y montañas, islas y puertos, todo en su propio sitio.
»En este tiempo (en su juventud) he yo visto y puesto estudio en ver de todas escrituras, cosmografía, historias, corónicas y filosofía, y de otras artes ansí que me abrió Nuestro Señor el entendimiento con mano palpable, á que era hacedero navegar de aquí á las Indias, y me abrió la voluntad para la ejecucion dello; y con este fuego vine á V. A. Todos aquellos que supieron de mi impresa con risa la negaron burlando: todas las ciencias de que dije arriba no me aprovecharon ni las antoridades de ellas: en solo V. A. quedó la fe y constancia, ¿quién dubda que esta lumbre que fué del Espíritu Santo, así como de mí, el cual con rayos de claridad maravillosos consoló con su santa y sacra Escritura á Vos muy alta y clara con cuarenta y cuatro libros del viejo Testamento, y cuatro evangelios con veinte é tres epístolas de aquellos bienaventurados Apóstoles, avivándome que yo prosiguiese, y de contino, sin cesar un momento me avivan con gran priesa?» Fol. IV de las Profecías. Leyendo estas líneas llenas de candorosa ingenuidad, se comprende la dificultad de traducir con la energía propia de la antigua lengua castellana los escritos de un hombre que con excesiva modestia se llama á sí mismo: lego marinero, non doto en letras y hombre mundanal.
[10] Muñoz, Historia del Nuevo Mundo, lib. II, párrafo 21. Navarrete, t. I, páginas LXXIX-LXXXI. Remesal, dice en su Historia de Chiapa (lib. II, cap. VII), que desde 1486 estaba Colón al servicio de España, y que á fines de dicho año se verificaron las disputas cosmográficas de Salamanca en el convento de San Esteban, durante las cuales los monjes dominicos se mostraron más tratables é instruídos que los profesores de la Universidad.
[11] Las Casas estudió derecho en Salamanca y pasó con Ovando á Haití. Poseía muchas cartas del Almirante y hasta un escrito autógrafo, «sobre indicios de tierras occidentales, reunidos por pilotos y marineros portugueses y españoles». Fernando Colón contaba catorce años de edad cuando acompañó á su padre en el cuarto y último viaje, y aunque en general es mejor crítico y más juicioso historiador que Bartolomé de Las Casas, muéstrase muy reservado y de un laconismo que á veces desespera en todo lo que se relaciona con el origen genealógico y las aventuras del Almirante antes de 1492.
[12] Herrera, Historia de Las Indias Occidentales, dec. I, lib. I, cap. VI.
[13] Primera y segunda carta de Pablo Toscanelli á Cristóbal Colón. (Colección diplomática, núm. 1.º, en Navarrete, t. II, páginas 1 y 3.)
[14] Bernáldez, Historia de los Reyes Católicos, cap. VII. El motivo de visitar las tierras del Gran Khan, para enseñarle, conforme á su deseo, la fe cristiana, se expresa en la carta al Rey y á la Reina, puesta al frente del Diario del primer viaje de Colón, según la copia de Las Casas. Vuestras Altezas ordenaron que no fuese por tierra al Oriente (á la India y á los pueblos del Gran Kan), por donde se acostumbra de andar, salvo por el camino de Occidente, por donde hasta hoy no sabemos por cierta fe que haya pasado nadie. La instrucción Real dada á Amerigo Vespucci el 15 de Septiembre de 1506, copiada por Muñoz en los Archivos de la Contratación de Sevilla, habla también de la armada que el Sr. D. Fernando mandó hacer para ir á descubrir el nacimiento de la especería. (Navarrete, t. I, pág. 2; Códice diplomático, núm. CL, t. II, página 317.)
[15] También Las Casas, Historia de las Indias, lib. I, capítulo CII, dice que iba vestido como fraile franciscano.
Herrera refiere que el famoso navegante Alonso de Ojeda, que acompañó á Colón en su segundo viaje, se hizo fraile franciscano. Este aserto carece de fundamento. (Navarrete, t. III, página 176.)
[16] Memoir on Sebastian Cabot, illustrated by documents of the rolls, now first published, 1831, pág. 10.
[17] Navarrete, t. I, pág. 2. Véase también la relación del viaje en el miércoles y en al sábado (páginas 16 y 17), donde Colón dice «que no se quiso detener, pues su fin era pasar á las Indias, y si se detuviera no fuera buen seso.» Y más adelante (haciendo distinción entre el continente de Asia y las islas que lo rodean), añade, «que si erraban la isla de Cipango no pudieran tan presto tomar tierra, y que era mejor una vez ir á tierra firme y después á las islas.»
[18] Véase el Diario del Almirante, en Navarette, t. I, página 58. En el Diario copiado por Las Casas se lee: «Miércoles, 14 de Noviembre de 1492. Dice el Almirante que cree que estas islas son aquellas inumerabiles que en los mapamundos en fin del Oriente se ponen.» Dice también Colón que creía que el grupo de estas islas se extendería y ensancharía hacia el Sud, y que en ellas encontraría «grandísimas riquezas y piedras preciosas y especería.» El Atlas de mapas catalanes de la Biblioteca Real de París, que data del año 1374, y del que poseemos minucioso estudio debido á la sagacidad de Mr. Buchon, tiene una leyenda relativa al mar de la India, que indica la existencia en él de 7.548 islas, «ricas en piedras finas y metales preciosos.» En el mapamundi de Martín Behaim, terminado en 1492, se encuentra una cita de Marco Polo (lib. III, cap. 42), de 12.700 islas, «con montañas de oro, de perlas y doce clases de especias» (mit vil Edelgestain, Perleim und Golt Peragen, 12 lei Spezerey und wunderlichem Volck, davon lang zu schreiben), dice Behaim en su antiguo y enérgico lenguaje. Gottl. von Murr, Diplom. Gesch, von Martin Behaim, 1778, pág 37. La cita de Marco Polo no es exacta. El viajero veneciano habla de 12.700 islas (lib. III, cap. 38), aludiendo á las Maldivas (ed. de Marsden, pág. 717), Behaim transporta este grupo de islas al Nordeste, lo cual influyó en las opiniones de los navegantes al fin del siglo XV.
[19] Malte Brun, Geographie Universelle, 1831, t. I, página 616.
[20] Dec. I, lib. I, cap. 1 al 6.
[21] Almagrurim significa mejor engañados en sus esperanzas, y la raíz de esta palabra es meghrur.
[22] Plutarco, De plac. phil., III, 12. Pasaje repetido por Galieno, De Phil. Historia, cap. 21, ed. Kühn, 1830, t. XIX, pág. 294. Esta es una de las causas indicadas por Demócrito y que recuerda la falta de equilibrio que, según un mito javanés, Batara Guru, el Ser Supremo, observaba en la tierra inclinada al Oeste, al cual puso remedio trasladando algunas montañas.
[23] «Lo que hay más bello en la tierra habitada se encuentra en las extremidades», dice Herodoto, lib. III, cap. 107; quien, como Thales y Anaximenes, no cree en la forma esférica de la tierra (lib. V, cap. 92).
[24] Bredow, Untersuch. über alte Geschichte und Geographie, 1800, pág. 78. Ukert, Geographie der Griechen und Römer, vol. II, parte 1.ª, páginas 234-243.
[25] En la época mítica de la expedición de los argonautas todavía se sospechaba que el mar interior tenía también comunicación por el Nordeste con el gran río Océano.
[26] Strabón, lib. III, pág. 224. En el pasaje del lib. I, página 82, la restricción «poco después de la época del sitio de Troya» refiérese á la fundación de las colonias.
[27] La primera expedición griega más allá de las columnas de Hércules es la de Colæus, posterior sin duda á la época de Homero; sería, pues, posible que los fenicios hubiesen transmitido á los helenos la noción del mar exterior y la frase que la designa.
[28] Lib. IV, cap. 152. Fundándose Voss en la época de la colonización de Cyrene, sitúa la expedición de Colæus antes de la diez y ocho Olimpiada, más de 708 años antes de nuestra era. Según las recientes investigaciones de Mr. Letronne, la expedición de los de Samos corresponde al primer año de la Olimpiada treinta y cinco.
[29] Sobre Scylax y la verdadera época de la redacción del Periplo que ha llegado hasta nosotros, véanse Niebuhr (Kleine Schr., J. I, 1810, pág. 105); Ukert (Geographie der Griechen und Römer, 1816, t. I, Abth. 2, páginas 285-297); M. Letronne, Journal des Savants, Febrero-Mayo, 1825.
[30] Scyl. Caryand, Peripl. (Hudson, t. II, págs. 53 y 54); Aristot., De mirabil. auscultat., pág. 1157.—Aristot., græce, ex recensione Bekkeri, 1831, pág. 844, párrafo 136. En este último pasaje, del cual me ocuparé también más adelante al examinar la posición del Mar de Sargazo de los navegantes portugueses, háblase de la abundancia de atunes que la mar arroja con el sargazo, y que salados y puestos en toneles eran llevados á Cartago. Paréceme que esta indicación confirma lo que dice M. de Köhler (Tarichos ó Recherches sur l’Histoire et les Antiquités des pécheries de la, Russie Meridionale, 1832, pág. 22), sobre el comercio en tarichos (pescados salados) de la ciudad de Turdetania y sobre las pesquerías fuera de las columnas de Hércules.
[31] Relation historique, t. III, pág. 236. Las divisiones que especifica Aristóteles (De Mundo, cap. III; Bekk., pág. 393) sólo se refieren á los golfos y sinuosidades del Mar Interior comparados á un puerto en que, entrando por el estrecho las aguas del Océano, llegan á estar más tranquilas.
[32] Véase una Memoria de Mr. Letronne, llena de elevadas consideraciones acerca de la historia de la geografía antigua (Essai sur les idees cosmographiques qui se rattachent au nom d’Atlas, pág. 9 y 10; en Mr. de Ferussac, Bulletin Universel des Sciences, Marzo 1831, sección VII). Prueba el autor que la expedición de Colæus, realizada en una época en que los helenos de Thera ignoraban hasta la posición de la Libia, sólo precedió en setenta años á la composición del poema mítico-político de Solón sobre la Atlántida que ocasionó la transformación del personaje de Atlas, el Titán, en Atlas montaña, situada fuera del estrecho, y sosteniendo el cielo. Acerca de este Atlas montaña, he hecho algunas conjeturas en mis Tableaux de la Nature, t. II, pág. 150.
[33] Copérnico, en la dedicatoria á Paulo III del tratado de Revolutionibus orbium cœlestium, atribuye, quizá menos por falta de erudición que por ocultar su audacia, su propio sistema de la revolución de los planetas alrededor del sol á los Pitagóricos, ora á Hicetas y á Heraclides del Puente, ora á Philolao y á Ecphanto. Pero en la antigüedad sólo fueron verdaderos copernicanos Aristarco de Samos y Seleuco de Erythrea, no empleando ni Hestia ni Autichthon.
[34] De Cœlo, lib. II, cap. XIV, págs. 297 y 298 (ed. Bekk.).
[35] Strabón, lib. I, pág. 103, y lib. II, pág. 162 Alm.
[36] En el Periplo de Hannón háblase de existencia de elefantes á media jornada de navegación al Sur del cabo Espartel (Véase Bredow, Untersuch. über alte Geschichte und Geographie. St. I, pág. 33, y mi Relation historique, t. I, pág. 172), Á menos de extender considerablemente hacia el Sur el conocimiento que los antiguos tenían de la costa occidental de África, y de que el gran río Chremestes (Meteor., lib. I, cap. 13, pág. 150) sea el Senegal, no podría aceptarse la idea de que Aristóteles conocía el Oeste de África hasta el paralelo de Agisymba, al Norte del cual no admite Ptolomeo, acaso sin haber visto el diario de Hannón, ni elefantes, ni rinocerontes, ni negros de cabello rizado (Véase Ptolomeo, Geogr., lib. I, cap. 9. y las discusiones de Mr. Letronne sobre la tradición de Halma en el Journal des Savans, Abril, 1831, pág. 274). Refiérome sólo en esta nota á los elefantes, al Norte del Sahara, en las costas oceánicas occidentales de África ó en el reino de Fez. Estrabón (lib. XVII, pág. 1.183 Alm., pág. 827 Cas.) nombra también los cocodrilos, completamente iguales á los del Nilo, y nada dice de la antigua existencia de elefantes en el Atlas mediterráneo oriental, reconocida por Eliano (VII, 2), y acerca de la cual Mr. Cuvier (Ossemens fossiles, ed. 2.ª, t. I, pág. 74) ha presentado interesantes observaciones. Todo esto pertenece á la Historia de los animales, es decir, á los cambios sufridos por consecuencia del transcurso de los siglos en la distribución geográfica de los animales en el globo; historia muy distinta de la parte descriptiva, vulgarmente llamada Historia natural de los animales.
[37] Aristot., De Mundo, cap. 3, pág. 392, Bekker, y Meteor., lib. II, cap. 5, pág. 362.
[38] Cosmas, Chistianorum opinio de mundo, en Montfaucon, Collectio nova Patr. et Script. græc., 1706, t. II, páginas 113-315 (el mapa, pág. 189), William Vincent, Commerce and navigation of the ancients, t. II, páginas 533, 537, 567. Bredow, St. 2, páginas 786 y 797. Mannert, Einleit. in die Geographie der Alten, 1829, páginas 188-192. Atribuíase al mismo Cosmas una obra menos teórica (Cosmographia universalis), en la que debía haber tratado especialmente de la tierra situada más allá del Océano. Más adelante hablaré de las analogías que presenta la circunvalación de montañas que suponían los Padres de la Iglesia más allá del Océano homérico, con los mitos de la India, el mundo Kaf de los árabes, y algunas opiniones helénicas antiquísimas.
[39] Strabón, II, pág. 182 Alm., pág. 121 Cas.
[40] Gomara, Hist. General, cap. 8, pág. 110. Véase sobre los fundamentos de esta hipótesis y las censuras que ocasionó á Colón aun durante su vida, mi Relation historique, t. I, pág. 506.
[41] Dante, Purgatorio, canto I, v. 22; canto IV, v. 139, Infierno, canto XXVI, v. 100-127 (Divina Comedia, col comento de G. Biagioli, 1818, t. I, páginas 484-487).
[42] Herodoto, lib. V, cap. 49.
[43] Montfaucon, l.c., pág. 37 (Tzinistam Oceanas ad orientem ambit. Cosm., lib. XI). En la geografía de Tolomeo, el Sinarum Sinus (parte del mar de Sin de Edrisi), era la embocadura del Sinus Magnus, y Thinæ estaba situada en la costa occidental del extremo del continente asiático, que, reuniendo al Oeste el Prasum Promontorium de África, formaba la costa meridional del mar interior de la India. Al contrario, en el sistema más antiguo de Eratosthenes, Thinæ estaba situada en el mismo paralelo de Rodas en la costa oriental de Asia, y la embocadura del Ganges se encontraba en esta misma costa figurada, inclinándose de Nordeste á Sudoeste.
[44] También en Cosmas cree advertir Montfaucon la primera indicación del Malabar, «región muy comercial en la que se cría la pimienta y donde hay cristianos como en Sieledivar (Ceylan).» Es la Malé del Indicopleustes (lib. III, pág. 178; lib. XI, pág. 337).
[45] Edrisi, Geogr. Nub., París, 1619, pág 148. Es probable que en esta fábula del canal abierto por Dhoulcarnaïn (que tiene dos cuernos), y de Kheder, ó más bien Chidr (el personaje verde), que, según Djevhari, fué uno de los compañeros de Moisés, estén mezcladas y confundidas, como en otras tradiciones antiguas populares de Arabia, ideas semíticas (fenicias) é ideas griegas, y que esta fábula sea resultado de observaciones náuticas y geológicas sobre la dirección constante de la corriente oceánica del Oeste al Este, y de la continuidad de una cordillera calcárea. Gabriel Sionita, el traductor latino de Edrisi, dice: «Is enim ad populos Andalusiæ cum pervonisset et continuas eorum quas cum incolis. Sus (terræ Barbarorum metropolis, Hartmann) habebant pugnas audivisset, operariis atque geometris ad se convocatis suum de arida illa terra fodienda et canali aperiendo animum explicuit, precipitque illis, ut terræ solum cum utriusque maris æquore metirentur; quod ubi præstitere, deprehenderunt á Mari magno (tenebroso) parum superari altitudinem Damascenum. Viene después la descripción de los diques artificiales construídos por Dhoulcarnaïn «cuyos restos vió Edrisi en las épocas de aguas bajas». Acerca del personaje principal de este mito, véase Herbelot, Bibl. Orient. (art. Escander Dhoulcarnaïn y Kheder ó Khedber), y Edrisi, África, ed. de J. M. Hartmann, 1796, pág. 313.
[46] Páginas 6, 39, 147 (Hartmann, pág. 7). M. Kurtzmann, en una Memoria premiada por la Facultad filosófica de Gottinga (Comment. de Africa geograph. Nub., 1791, pág. 8), explica el nombre de Mare Tenebrosum por la tradición de una nube vista al Oeste de Porto Santo, que descansaba en la superficie del mar, visión análoga á la de la fabulosa isla de San Borondón ó Brendan que los habitantes de Madera y de la Gomera veían todos los años al Oeste, y que llamó singularmente la atención de Colón, cuando antes de 1492 buscaba por todas partes argumentos en que apoyar su sistema.
[47] Edrisi, páginas 36 y 37. Este es el notable pasaje en que se menciona la grande isla Malai (Malaca?), muy extensa de Este á Oeste, y Soborma ó Sumatra, que es la Java minor de Marco Polo. Edrisi terminó su obra el año 1153, unos ciento sesenta años antes que Abulfeda. Así, pues, las islas Vac-vac, mejor dicho Uac-uac, eran en el siglo XII la última tierra conocida al Oriente, y por tanto, envuelta en fabulosas tradiciones, como al Oeste lo estaban, en los tiempos de Homero y Hesiodo, el Elíseo, las Hespérides y las Gorgonias. No deben confundirse las islas Vac-vac del mar de Sin con una isla del mismo nombre, cerca de Sofala, en la costa oriental de África (Hartmann, páginas 104-109). Las primeras, según Bakui y Ebn Tophaïli, comentado por Eichhorn, son «tan ricas de oro, que los monos llevan collares de este metal, y el árbol que grita uak uak á los que desembarcan (sin duda cuando algunos grandes Psittaceas anidaban en ellos), tienen en la extremidad de sus ramas, primero abundantes flores, y después, en vez de frutos, bellas muchachas que llegaron á ser objeto de exportación, y que Masudi Khothbeddin llama puellas vasvaskienses».
[48] El final de este pasaje (Edrisi, pág. 3) casi recuerda la imagen cosmogónica que empleaba la escuela de Thales; sin embargo, Edrisi construyó para el rey Roger II de Sicilia un globo terrestre de plata, según d’Herbelot y Pococke, de 800 marcos de peso (William Vincent, Commerce and navigation, t. II, pág. 568), y en las primeras páginas de sus Relaxationes animi curiosi, admite: Terram esse rotundam globi instar, ac non habere perfectam rotunditatem quia sunt in illa declivitates, et aqua fluit ab acclivi ad declive. La circunferencia de la tierra está indicada en Edrisi conforme al cálculo de los indios, expresión que aumenta el número de testimonios dados por los Sres. Colebrooke, Guillermo de Schlegel, y recientemente Federico Rosen (en su traducción y comentario del álgebra, de Mohamed Ben Musa), de lo cosechado por los árabes en la literatura más antigua de los indios.
[49] Creaturæ omnes sunt septemtrionali terræ parte, etc. (Edrisi, pág. 2).
[50] Alberti Magni Germani, Philosoph. principis, Liber cosmographicus de natura locorum, Argentor, 1515, fol. 14 b y 23 a.
[51] Los razonamientos de Alberto el Grande sobre el calor más ó menos grande producido por el ángulo de incidencia de los rayos solares, variable con las latitudes y las estaciones, como sobre los efectos frigoríficos y caloríficos de las montañas (loc. cit., lib. III, fol. 23 b.) son muy exactos y parecen no pertenecer á la época en que vivía este hombre eruditísimo.
[52] Esta fe en la erudición astronómica de los indios en un provincial de los dominicos, que ignoraba hasta el nombre de sanscrito, es muy notable.
[53] Su muerte, como lo ha comprobado Muñoz con documentos auténticos, ocurrió en Sevilla el 22 de Febrero de 1512, y no como pretende el biógrafo de Vespucci, Bandini, en 1516, en Terceira. Si es cierto que Vespucci vió, como él asegura, en su tercer viaje (desde Mayo de 1501 á Septiembre de 1502) la constelación de la Osa Mayor en el horizonte, llegó en las costas orientales de América hasta el grado 26 de latitud austral, y no hasta el 32 como él mismo afirma. Más cierto es que Juan Díaz de Solís navegó en 1508 hasta el grado 40 Sur, sin ver, no obstante, la embocadura del Río de la Plata, que descubrió en un segundo viaje, partiendo del puerto de Lepe en Octubre de 1515.
[54] Fratris Rogeri Bacon, Ord. Minorum, Opus majus, Londini, 1733, páginas 445, 447. Al hablar de este grande hombre del siglo XIII, no necesito recordar que la libertad de espíritu de Roger Bacon no le emancipaba completamente de las quimeras de la química de las transformaciones y de la afición á la astrología. Esperaba, sin embargo, hacer ésta «menos engañosa por el perfeccionamiento de las tablas astronómicas.»
[55] Obispo de Cambray desde 1396, y citado frecuentemente en tiempo de Colón con la denominación de Cardenalis Camaracensis. El Almirante le llama Pedro de Ailiaco, y su hijo don Fernando, en la Vida de su padre, Pedro de Heliaco.
[56] Después de su tercer viaje llegó Colón á Haití el 30 de Agosto de 1493. Los buques que trajeron la carta á que aquí me refiero, partieron el 18 de Octubre del mismo año. (Muñoz, libro VI, § 43).
[57] Este volumen en folio, que he estudiado cuidadosamente y comparado con las grandes ediciones de Alberto el Grande y de Roger Bacon, ni está paginado, ni contiene indicación del lugar donde vió la luz; pero se sabe, con bastante exactitud, que el tratado De Imagine Mundi ha sido escrito en 1410 é impreso por primera vez en 1490 (Joannis Launoii Constantantiensis, Regii Navarræ Gymnasii Parisiensis Historia, 1677, tomo II, pág. 478). Existe también, de Pedro de Ailly, Quæstiones in sphærum mundi Joannis de Sacrobosco, y Tractatus super librum Meteororum (impreso en Strasburgo en 1504, y en Viena en 1509). Las cinco memorias: De Concordantia astronomicæ veritatis cum theologia, recuerdan algunos trabajos modernísimos de Teología hebraizante, publicados cuatrocientos años después del cardenal d’Ailly.
[58] Toscanelli, en su carta al canónigo Martínez (escrita en 1474), no cita el nombre de Marco Polo, ni se le encuentra en los escritos de Cristóbal y de Fernando Colón. Tengo algunas dudas acerca de las nociones que, según Ximénez, Muñoz y Navarrete, debe haber sacado de los capítulos 68 y 77 del lib. II de Marco Polo, relativamente al Quinsay y á Zaitun. Más adelante veremos lo que puede corresponder á este viajero ó á Nicolás de Conti, de quien nos ha dejado Pogge algunos fragmentos, por desgracia muy incompletos. No negaré que el uso de las copias manuscritas fuese bastante común en la época en que preocupaban á Colón sus proyectos de descubrimientos, es decir, entre 1471 y 1492. La impresión más antigua de Marco Polo es la traducción alemana. Publicóse en Viena en 1477, tres años después que la carta de Toscanelli, y sin duda quedó desconocida é ininteligible para el sabio florentino. También es poco probable que Colón pudiera sacar partido de esta versión alemana; y si no vió la versión latina de Marco Polo, sin fecha ni lugar de impresión, conservada en el Museo Británico (versión que se supone ser de 1484 ó de 1490), debe creerse que antes de su primer viaje sólo pudo aprovechar copias manuscritas de Marco Polo, probablemente de la traducción latina del monje Pepino ó Pepuri de Bolonia, hecha en 1320, que circulaba unida á antiquísimas versiones manuscritas italianas. Las impresiones más antiguas del viajero veneciano son: en alemán de 1477; en latín de 1490 (Marco Polo translated by Marsden, páginas 57, 62, 70, 74, 75). Respecto á Aristóteles y á Strabón, que cita Colón con tanta frecuencia, pudo ver ediciones latinas del libro De Cœlo (Padua, 1473) y de la Geografía de Strabón (Venecia, 1472); pero es más verosímil, según he dicho, que el Almirante citara los autores antiguos por los extractos que de ellos encontró en Alliaco y otros cosmógrafos italianos, españoles ó árabes que habitualmente consultaba.
[59] Esta frase de monte Sopora á donde Salomón envió sus exploradores al fin del Oriente, es bastante singular. Sin embargo, Colón, al nombrar el monte Sopora, se refiere sin duda á Ophir, nombre que los Setenta escriben Sophira, Sophir, Sophara. La última forma ha hecho que se relacionara con la Sofara de Edrisi, célebre por su abundancia de oro.
[60] Son las propias palabras de Roger Bacon en el Opus majus, páginas 190, 231, 233.
[61] Según las investigaciones de Klaproth (Journal Asiatique, 1822, t. I, pág. 264), los primeros asignados de los tártaros, grabados en madera, y las primeras cajas de descuento para el papel moneda datan del año 1155 (un siglo antes de la misión de Rubruquis á Asia). El papel moneda existía ya en China desde fines del siglo X. Los primeros naipes grabados en madera son del año 1120. La imprenta china (con caracteres no móviles) publicó el primer libro impreso sobre letras grabadas en madera en 952. Esta editio princeps precedió 484 años al descubrimiento del ingenioso artífice de Guttenberg, descubrimiento que pudo hacerse á fines del siglo XIII, á la vuelta de Marco Polo si este viajero, en su Millione, hubiera llamado seriamente la atención del lector acerca de la imprenta en la China. Pero no menciona lo que llegó á serle muy familiar, y en este caso están la imprenta y el uso del té. Además, al nombrar Marco Polo el papel moneda chino, indica indirectamente el procedimiento de la impresión en caracteres no móviles. Josaphat Bárbaro, que recorrió la Persia en 1436, el mismo año que se cree ser el del descubrimiento de nuestra imprenta, y que conoció esta moneda, introducida en China por los mogoles, dice expresamente: «In quel luogo si spende moneta di carta laquale ogn’anno si muta con nuova stampa; é la moneta vecchia, in capo del anno, si porta alla zecca dove gli é data altra tanta di nova é bella, pagando tutta via due per centi di moneta d’argento buona.»
[62] Parece que el Cardenal tenía á la vista el pasaje de Strabón, t. II, pág. 161.
[63] L. C. Mapa Mundi, sección VIII, de quantitate terræ.
La prueba de que Colón medía la distancia recorrida en millas italianas encuéntrase en el diario de su primer viaje, viernes 3 de Agosto de 1492, donde dice «sesenta millas que son quince leguas». Las leguas marinas españolas son de tres millas. Tomás Parcacchi (Isole più famose del Mundo), cuya segunda edición es de 1576 recuerda que diez y siete y media leguas ó 70 millas de Italia forman un grado. No se usaban por tanto en los siglos XV y XVI las antiguas millas romanas que en número de 75 formaban un grado ecuatorial.
[64] «Memoria ó anotación que hizo el Almirante, mostrando ser habitables todas las cinco zonas con la experiencia de la navegación.» Barcia, Historiadores primitivos de Indias, tomo I, páginas 4, 6.
[65] «Estando el Almirante en Portugal, empezó á conjeturar que del mismo modo que los portugueses navegaron tan lejos al Mediodía, podría navegarse la vuelta de Occidente y hallar tierra en aquel viaje; y para confirmarse más en este dictamen, empezó de nuevo á ver los autores cosmógrafos que había leído antes, y á considerar las razones astrológicas que podían corroborar su intento, y consiguientemente notaba todos los indicios de que oía hablar á algunas personas y marineros por si en alguna manera podría ayudarse de ellos. De todas estas cosas supo también valerse el Almirante, que vino á creer por sin duda que al Occidente de Canarias y de las islas de Cabo Verde había muchas islas, que era posible navegar á ellas y descubrirlas; y para que se vea de cuán débiles argumentos llegó á fabricarse ó salir á luz una máquina tan grande, y para satisfacer á muchos que desean saber distintamente los motivos que tuvo para venir en conocimiento de estas tierras y tomar á su cargo esta empresa, referiré lo que he hallado en sus escritos sobre esta materia.»
[66] ¿Por qué medios? Sin duda comparando las altitudes obtenidas á los resultados de la estima, y considerando los rumbos en los cuales se singlaba. Inútil es recordar aquí de cuántos elementos inciertos dependía este cálculo, sobre todo añadiendo á estas incertidumbres la imperfección de la medida del surco por la corredera ó cadena de la popa, y el efecto de la influencia de las corrientes y de la declinación variable de la brújula. En la carta á los Monarcas Católicos donde hace la relación del tercer viaje de descubrimiento, vemos al Almirante practicar la valuación del valor de un grado equinoccial, según Alfragan. Aplica esta valuación aunque confusamente á la longitud del Golfo de las Perlas (Golfo de Paria) y á la distancia de este golfo á las islas Canarias. Navarrete, t. I, página 258.
[67] Dos páginas extraordinariamente raras que publicó por primera vez Muratori conforme á un manuscrito conservado en Génova (Rerum Italicarum Scriptores, 1733, t. XXIII, página 302). El mismo Antonio Gallo ha escrito De Rebus Genuensium, 1466-1478. Se vanagloria de haber redactado el breve comentario De Navigatione Columbi conforme á las cartas firmadas por el Almirante (epistolas quas vidimus manu propria Columbis subscriptas).
[68] El verso 5.º, que contiene las siguientes palabras: Et in omnem terram exibit senus eorum et in fines orbis terræ verba eorum, dió ocasión á este raro episodio, que no se esperaba por cierto encontrar en un salterio.
[69] Vida de D. Cristóbal Colón, cap. X. Al fin de este capítulo se trata del mapamundi que Bartolomé Colón dibujó en Londres en 1488 para el rey Enrique VII, y de los versos exámetros que el dibujante se atribuye haber compuesto:
Pingitur hic etiam nuper sulcata carinis
Hispanis, zona illa, prius incognita genti,
Torrida, quæ tandem nunc est ab nottisima multis.
La exactitud histórica exigiría en estos versos el elogio de los portugueses, quienes visitaban entonces más que los españoles las costas tropicales de África.
[70] Vida de D. Cristóbal Colón, cap. II. Aunque D. Fernando muestra generalmente altivez de sentimientos y declara que el hijo de Cristóbal Colón no necesita más gloria hereditaria que la que puede legar un grande hombre, su ira contra el obispo Giustiniano la exitó, según parece, un motivo poco filosófico. El Obispo había dicho en el salterio «que la familia del Almirante ejercía pobremente un oficio manual».
[71] Navarrete. Viajes y descubrimientos de los españoles, tomo III. Colección diplomática, págs. 539, 583, 586 y 587. «Estándo cerca de Paria, el Almirante demandó á los pilotos el punto de viaje que llevaban, é unos decian que estaban en la mar de España, é otros en la mar de Escocia» (sin duda á causa del mar alto y agitado que se encuentra en las inmediaciones de la isla de la Trinidad). «El Almirante (dice el testigo Bernardo de Ibarra) envió á España en una carta de de marear los rumbos y vientos por donde había llegado á Paria. Por aquella carta se habian hecho otras é por ellas habian venido Pedro Alonso Merino (Niño) e Ojeda.» Era más que la pintura de la tierra firme; era una carta de navegar. De igual suerte creo que lo dicho en una carta de la reina Isabel, recibida por Colón en Septiembre de 1493 en el Puerto de Santa María, respecto á la carta de marear que el Almirante había prometido á la Reina, y cuyo envío exige ésta con tantas instancias, no era más que el trazado de los descubrimientos del primer viaje. (Navarrete, t. II, pág. 107, núm. LXX.) Sería muy interesante encontrar estos diseños de mano de Colón, sobre todo los correspondientes á las tierras vistas el viernes 12 de Octubre de 1492.
[72] Plinio II, 68. Es el elocuente párrafo sobre la extrema pequeñez de los continentes que termina con estas palabras: «Hæc est materia gloriæ nostræ, hæc sedes; hic tumultuatur humanum genus, hic instauramus bella civilia mutuisque cadibus laxiorem facimus terram.»
[73] Colón, en la carta de 7 de Julio de 1503; Navarrete, tomo I, pág. 300; Barcia, t. I, pág. 6. La lectura de ciertos libros de filósofos (dice también su hijo D. Fernando) enseñó al Almirante que la mayor parte de nuestro globo estaba en seco.
[74] Es muy difícil clasificar, según sus épocas, los acontecimientos de la vida de Colón antes de que llegara á España. Con pocas excepciones, acepto el resultado de las investigaciones de Muñoz y de Navarrete. Fernando Colón, en la Vida del Almirante, cap. XIII, dice que el viaje á Thulé lo hizo en Febrero de 1477, citando una anotación de puño y letra de su padre; y Spotorno fija la fecha de una expedición á Túnez en 1478. (Códice diplomático Colombo-Americano, 1823, página XIII.) Si estos datos no son dudosos, porque Spotorno quiere también que el nacimiento de Cristóbal Colón fuera en 1447 en vez de 1436, los viajes á Thulé y á Tunez, como también los que hizo á la costa de Guinea, se habrían verificado después de la llegada del Almirante á Lisboa. Discutiremos en otro sitio la cuestión de si la isla que Colón llama Thyle ó Tile, cuyas costas meridionales se encuentran á 73 grados de latitud, y donde «tantos negociantes de Brístol llevan sus mercancías», puede ser la Islandia. No cito entre las aventuras de Colón la más extraordinaria, la que, fiando en la autoridad de Fernando Colón, repiten tantos biógrafos modernos, como si ignoraran las observaciones críticas del abate Ximénez y del historiógrafo D. Juan Bautista Muñoz. Preténdese que Colón, después de navegar largo tiempo con su pariente, el famoso corsario genovés llamado Colombo el Mozo, para no confundirle con su abuelo el Almirante que había vencido á los musulmanes, arrojóse al mar cuando el incendio de dos barcos sujetos con garfios de abordaje en un combate contra las galeras venecianas, verificado entre Lisboa y el Cabo de San Vicente. Fernando Colón dice que este suceso fué causa de que su padre fijase la residencia en Portugal, y que se refiere en la décima década del Tito Livio de su época, Marco Antonio Sabellico, bibliotecario de San Marcos. Pero Cristóbal Colón llegó á Lisboa en 1470, y Sabellico (Rhapsod. hist. en., dec. X, lib. 8; é Hist. ver. Venet., dec. IV, lib. 3) dice que el suceso ocurrió en 1485. (León Ximénez, Del Gnomone fiorentino, 1756, página XLVII; Muñoz, Intr., pág. VI.) Ahora bien: en 1485 encontrábase Colón hacía más de un año en España ganándose la vida con dibujos de cartas de marear y la venta de libros de estampas; probablemente habitaba en el Puerto de Santa María, en casa de su protector el Duque de Medinaceli.
Paréceme que esta última circunstancia resulta probada por una carta del Duque de Medinaceli, fechada el 19 de Marzo de 1493, en la que reclama de la corte algún privilegio de comercio, «por ser el primero que dió á conocer al Gobierno español este Colomo (El Duque transforma el apellido Colón casi en el de uno de los hombres más influyentes en aquella época, Juan de Coloma) (Códice diplomático Colombo-Americano, página 55) que ha hallado tan grande cosa». En 20 de Enero de 1486 encontramos ya al Almirante al servicio de los Reyes Católicos. (Navarrete, t. I, pág. XLII, t. II, Documentos dipl., núm. 14, pág. 20.)
En cuanto á los estudios, parece que Colón los continuó celosamente, viviendo en intimidad durante su permanencia en España con algunos religiosos muy instruídos como el franciscano Juan Pérez, guardián del convento de la Rábida, cerca de Palos, convento en el que Colón pidió un pedazo de pan para su hijo, durante la para él triste época en que, al exponer sus proyectos, se le respondía que todo era un poco de aire. Consultó también al padre dominico Diego Deza, profesor de Teología de la Universidad de Salamanca, que tenía á su cargo la educación del infante D. Juan, y fué después arzobispo de Sevilla; y finalmente, al cartujo Fr. Gaspar Gorricio, que trabajó con el Almirante en el libro de las Profecías. (Manipulus de auctoritaribus, dictis ac sententiis et prophetiis circa materiam recuperandæ Sanctæ Civitatis et montis Dei Sion; ad Ferd. et Helisab. reges nostros).
Estos religiosos ayudaron á Colón á aplicar las citas de los profetas á su empresa del descubrimiento del Nuevo Mundo. Colón dice, al principio de la relación de su tercer viaje, que cuando todos se burlaban de él, sólo dos frailes fueron constantes amigos suyos. Las Casas en su Historia cree que el Almirante alude á Diego de Deza y á Fr. Antonio de Marchena, que acaso sea el guardián del convento de la Rábida Juan Pérez. El Almirante debió nombrar también al médico García Hernández (de Palos), que asistió á las primeras conferencias de la Rábida, y que, como testigo en el pleito con el fiscal del Rey, prestó tan señalados servicios á D. Diego Colón y á sus herederos. (Navarrete, t. III; Colección dipl., páginas 561, 596 y 604.)
[75] Las versiones latinas de los libros de Aristóteles De Cœlo, De Meteorología y De Animalibus, hechas sobre las de Averroës, se publicaron en 1473, 1474 y 1476. Circulaban además en la Edad Media muchas traducciones manuscritas de los libros de física de Aristóteles, entre ellas la versión de Miguel Scott. Strabón no fué publicado en griego hasta diez años después de la muerte de Colón, pero pudo éste aprovechar las traducciones latinas de Roma (1467) y de Venecia (1472). Los clásicos latinos eran los de más circulación, especialmente Séneca, que tanto animaba al paso desde España á la India, cuyas obras fueron impresas en 1475; Solino, que vió la luz en 1473; Pomponio Mela en 1471, y Plinio desde 1469.
[76] Encuéntrase en Joannis Schoneri Carolostad, Opusculum Geographicum, 1533, parte II, cap. I, gran número de citas falsas de autores clásicos aplicadas «á la América que no es una parte de la India superior.» Esta «India superior», denominación de la Edad Media, designaba las tierras al Nordeste de la India, extra Gangem; y como de muy antiguo y hasta los tiempos de Cosmas, por la confusión homérica de la Etiopía y de la India, la India exterior abarcaba al Oeste la Arabia y la Troglodítica (Letronne, Christ. de Nub., 1832, páginas 33 y 130), de igual manera en tiempos posteriores fué aplicado el nombre de India á las tierras más orientales. Esta extensión del mismo nombre influyó en las denominaciones dadas á América. De las tres Indias de Marco Polo (II, 77; III, 39 y 43; Africa, Edrisi, pág. 81, Hartm.), la segunda ó media (la Albisinia) era la India interior de Philostorgo y de muchos escritores eclesiásticos; pero no de Cosmas, cuya otra India ó India interior es el país de la seda, es decir, la India superior de los geógrafos de los siglos XV y XVI. El conocimiento de estas diferencias es indispensable para el estudio de los escritos geográficos é históricos de la Edad Media.
[77] Los resultados de esta misión más allá de Méroë pueden verse en Plinio, VI, 29.
[78] Navarrete, t. II, páginas 264 y 272. El Almirante añade: «Seneca in VII tragetide Medeæ in Choro audax nimium.» Es el final del acto segundo.
[79] Navarrete, t. I, páginas 303, 309 y 312.
[80] Historia de las Indias Occidentales, Dec. I, lib. I, capítulo I, pág. 2.
[81] En muchos manuscritos de Pomponio Mela se le llama Tile y Tyle.
[82] Vida del Almirante, cap. IV. Más adelante trataré este asunto.
[83] Fray Hernando de Talavera, que después fué primer Arzobispo de Granada, y que no debe ser confundido con el Arzobispo de Sevilla, antes Obispo de Palencia, D. Diego de Deza, dominicano, sin el cual (carta del Almirante á su hijo D. Diego fechada el 21 de Diciembre) «Sus Altezas no hubieran adquirido las Indias». En efecto, después del franciscano Fr. Juan Pérez de Marchena, guardián del convento de la Rábida, Deza fué el amigo más fiel é íntimo de Colón.
Se cree con fundamento que la disputa de Salamanca ocurrió durante el invierno de 1487, porque el sitio de Málaga terminó el 18 de Agosto de 1487, y la época de la disputa está indicada, por la estancia de los Monarcas en Salamanca durante el invierno, después del sitio citado. Según asegura el historiógrafo Muñoz, Colón, favorecido por los dominicos, habitaba en Salamanca en el convento mismo de San Esteban con el citado profesor de Teología Fr. Diego de Deza. Vemos también que las primeras remuneraciones concedidas á Colón son de 1487 y 1488 por cédula del Obispo de Palencia; sin embargo, el favor singular, pero comodísimo para un viajero, de alojarse gratis él y los suyos en todos los dominios de España, procede del decreto de Córdoba de 12 de Mayo de 1489.
Al hablar de estos hechos anteriores al primer viaje, debo recordar uno curioso que Navarrete, relacionando fechas con sagacidad, ha puesto en claro, á saber, que no fueron tanto las persuasiones y buena amistad del Obispo de Palencia, D. Diego de Deza, las que impidieron á Cristóbal Colón volver á Lisboa y aceptar los nuevos ofrecimientos del Rey de Portugal, contenidos en una carta de 20 de Marzo de 1488, como los amores y el avanzado estado de preñez de una bella dama cordobesa, doña Beatriz Enríquez, madre de D. Fernando Colón, hijo natural del Almirante, nacido el 15 de Agosto de 1488. Esta dama sobrevivió á Colón, quien en el testamento puso una cláusula en su favor, añadiendo ingenuamente: «la razon dello non es licito de la escrebir aqui.» Los biógrafos del grande hombre, como de costumbre, no han mostrado tan virtuosa discrección.
[84] «En fin, esta isla Atlántica podría ser la isla de que Séneca hace mención en el sexto libro de Las Cosas Naturales (el pasaje Quæstiones Nat., VI, 24) dice, según el pensamiento de Tucídides, que, pendiente la guerra de Morea, fué sumergida enteramente ó en parte una isla llamada Atlántica, de que habla Platón en el Timeo.»
[85] Estacio y Seboso que dicen..... En cuanto á las islas Hespérides de Seboso, «el Almirante tuvo por cierto que fuesen las de las Indias». Yo ignoro lo que sea un Tratado Cosmográfico de los lugares habitables del (historiador?) Julio Capitolino, que cita Fernando Colón, cap. VII.
[86] De este error participan casi todos los hombres instruídos del siglo XVI. Anghiera dice también (epíst. 769): «In Cassiteridibus insulis quas Portugalensis, earum possessor, Azorum insulas nuncupat, quæ acciderunt, audito.»
[87] Prueba esta influencia la rapidez con que se repitieron las ediciones de la Enciclopedia de Reisch en los primeros veinte años. Me he valido de la edición de 1503, que Panzer y Ebert consideran la más antigua; pero después demostraré que esta obra fué escrita antes de 1496.
[88] Tertuliano, De Pallio, cap. II. «Viderit Anaximander si plures (mundos) putat: viderit si quis uspiam alius ad Meropas, ut Silenus penes aures Midæ blatit, aptas sane grandioribus fabulis, &c. (Véase también Tertuliano, adversus Hermog. cap. XXV). «Silenum illum de alio orbe abseverantem.»
[89] Según Theopompo, el mismo Saturno es entre los occidentales una encarnación del invierno.
[90] «Quod si est alter orbis suntque opositi nobis á meridie Antichthones; ne illud quidem á vero nimium abscesserit, in illis terris ortum amnen (Nilum) ubi subter maria cæco alveo penetraverit, in nostris rursus emergere et hac re solstitio accrescere, quod tunc hiems sit unde oritur.» (Tzschucke, ad Mel., vol. II, p. I, páginas 226 y 334). Lo de la oposición de la estación de las lluvias en el trópico de Cáncer y en el de Capricornio, es la teoría de los sacerdotes egipcios expuesta por Eudoxio (Plutarco, De plac. phil., IV, I). La hipótesis del Océano llenando la región ecuatorial, hacía indispensable el subterfugio del paso submarino del Nilo. Esta idea, adoptada por Philostorges en el siglo V para unirla á las ilusiones teológicas, no era opuesta á la física de los antiguos, que con el mayor atrevimiento suponían comunicaciones fluviales entre el Peloponeso y Sicilia; y Cosmas Indicopleustes hace también que nazcan los cuatro ríos del Paraíso en su continente transoceánico, y lleguen por canales subterráneos á nuestra tierra habitada.
[91] «Duo (cinguli) sunt habitabiles; quorum australis ille, in quo qui insistunt, adversa nobis urgent vestigia, nihil ad vestrum genus. Hic autem alter subjectus Aquiloni, quem in colitis-parva quædam est insula, circumfusa illo mari quod Oceanum appelatis.» (Cicer., Opp. edit. Schutz. t. XVI, p. II, página 98.)
[92] «Antichtones alteram (terræ partem) non alteram incolimus.» (Mela, I, 1, 2). Ya hemos visto antes que estos Antichtones de Mela, habitantes del hemisferio austral, están separados de nuestra masa continental por el Océano, que cubre el centro de la zona tórrida.
[93] La cita de Hipparco resulta dudosa (Tzschucke, ad Mela, vol. II, parte III, pág. 251) cuando se recuerda que más de ciento ciencuenta años antes de Hipparco, en la expedición macedónica, Onesicrito y Megasthenes habían reconocido Trabobana como isla (Strabón, XV, pág. 1.011; Alm. pág. 689 Cas.); opinión expresada hasta en el pseudo Aristóteles (De Mundo, cap. III), donde Trabobana, como isla, es comparada á Albión y á Jerne. El texto de Mela (III, 7, 7), está probablemente corrompido, como lo prueban las siguientes palabras: Sed quia habitatur.....
[94] Joannis Schoneri Carolostadii. Opusculum Geographicum (40 páginas en 4.º) Noricæ, anno XXXIII (sic), lib. II, cap. 20. En cuanto á Plisæus (Plisacus) Sinus de Juan Ruysch, en el cual desemboca el Policacus fluvius, parece á primera vista reconocer en él algún rastro de geografía antigua; pero estos nombres son sencillamente alteraciones viciosas de Pouli Sagam, de Marco Polo, puente del río Sagan (el Sangkanho de los chinos), cerca de la ciudad de Khanbalon ó Tatu (Klaproth, Tableaux historiques n.º 22). Latinizando se ha convertido Pulisangam en Pulisica, y Pulisica en Polisacus. Mas adelante hablaré de los nombres de las ciudades comerciales de China, tal y como los altera Colón.
[95] Mannert, Einleit. in die Geogr. der Alten., 1829, página 79.
[96] Lud Ideler, Proleg., 1832, pág. 6. El pasaje de Strabón, I, pág. 115 Alm., páginas 64 y 65 Cas, presenta, en efecto, una opinión de Eratósthenes y no de Pythéas, como pretende Mr. Mannert. Véase también Ruhkopf ad Senecam, t. V, pág. 11.
[97] Strabón, II, pág. 161 Alm., pág. 102 Cas.
[98] Cito conforme á la traducción de Léander de Cozco, por haberse perdido para nosotros el original español, á excepción de algunos fragmentos que Muñoz encontró en los manuscritos de Bernáldez, el cura de Los Palacios.
[99] «Ese gran corazón que se muestra en las grandes cosas». (Hermosa frase contenida en la misma carta de 1498.)
[100] Habiéndose perdido el texto original, solo conocemos la traducción española. Vida del Almirante, cap. VII; Leonardo Ximénez Del vecchio e nuovo gnomone fiorentino, 1757, LXXIX y XCVII (Las investigaciones de este sabio jesuíta sirvieron de fundamento al excelente artículo Toscanelli, redactado por M. de Angelis en el vol. XLVI de la Biographie universelle); Journal des Savans, Enero 1758. Navarrete, t. II, páginas 1 y 4. (Véanse tambien Bossi, Vita di Christ. Colombo, páginas 105 y 153; Canovaí, Viaggi di Amer. Vespucci, páginas 355 y 370; Baldelli, Il Milione, t. I, páginas 60 y 62).
[101] Humboldt traduce la palabra físico por médico, y da la siguiente explicación. Aunque Toscanelli fuese sin duda uno de los astrónomos y de los físicos más célebres de su época, y aunque en Italia se le llamaba con frecuencia Pablo el físico (Paulus phisicus), traduzco la palabra española físico por médico. Dicha palabra en los siglos XV y XVI se tomaba exclusivamente en este sentido, y fué aplicada por ejemplo á Maestro Bernal, físico de la carabela Capitana en 1502; al amigo de Colón, García Hernández, físico de Palos, etc. Podría sorprender también el encontrar en la Vida del Almirante donde no se pone el apellido Toscanelli, la extraña adición, «Maestro Paulo, físico del Maestro Domingo florentin»; pero esta es la manera casi helénica y árabe de indicar la filiación. Pablo era hijo de Domingo, y en el testamento de Nicolás Nicoli, hecho en 1428, encuéntrase también nombrado entre los conservadores de la célebre biblioteca del convento degli Angeli de Monaci Camaldolesi: Magister Paulus Magistri Domenici medicus. Leonardo Ximénez, pág. LXXIV.
[102] «El gran obstáculo para el comercio de la India por el interior de Asia, dice un escritor del siglo XVI, consiste en la barbarie de los pueblos tártaros que, no pudiendo atacar la India por mar, hacen invasiones por tierra y la saquean y arruinan, como sucede á la pobre Italia, convertida en presa de alemanes, franceses y españoles.» (Ramusio, t. I, pág. 338.)
[103] Georgicon ed. (Londinus, Venet., 1520, pág. 48).
[104] La mejor prueba de la impresión profunda que esta correspondencia con Toscanelli hizo en el ánimo de Colón, es la introducción del Diario de ruta de su primer viaje, donde casi repite las palabras empleadas por el geómetra florentino.
| COLÓN. | TOSCANELLI. | |
| «La información que yo había dado á VV. AA. de las tierras de India y de un príncipe que es llamado Gran Can, que quiere decir en nuestro romance Rey de los reyes, como muchas veces él y sus antecesores habían enviado á Roma á pedir doctores en nuestra santa fe, porque les enseñasen en ella.» | «Las partes de Indias donde se podrá ir el dominio de un príncipe llamado Gran Can, que es lo mismo que Rey de los reyes; sus predecesores enviaron embajadores al Papa pidiéndole maestros que les instruyesen en nuestra fe.» |
Pudo sin duda Colón tomar estas nociones del Millione de Marco Polo, á quien no nombra, como tampoco á Toscanelli; pero la serie de las ideas y las palabras paréceme que indican una reminiscencia de la carta de Toscanelli al canónigo Martínez.
[105] No ignoro que todos los comentadores de las cartas de Toscanelli creen poder citar los capítulos del viaje de Marco Polo, donde el astrónomo florentino aprendió las nociones sobre el comercio de pimienta de Zaithun (lib. II, cap. 77), y la magnificencia de la gran ciudad de Quisai (lib. II, capitulo 68); pero aquí debo observar que existen dudas acerca de lo que con preferencia pudo saber por Nicolás de Conti ó por las conversaciones con viajeros recientemente llegados del Asia Oriental, ó por el manuscrito de Poggio. No encuentro la traducción de Gran Can (Rey de los reyes); (Conti traduce Emperador) y de Quinsay (Ciudad del cielo), más que en Marco Polo; pero los 12.000 puentes de Quisay en la relación de Marco Polo, los reduce Toscanelli (y esto me llama mucho la atención) á diez, y el circuito de Quisay es casi igual al que refiere Nicolás de Conti. (Ramusio, t. I, pág. 340 b.)
[106] Nicolás de Conti tuvo que renegar de la fe para salvar la vida. Ramusio, según la edición de Venecia de 1613, dice que esta absolución fué en 1449; pero el papa Eugenio IV murió dos años antes. La redacción latina del viaje de Conti, hecha por ese mismo Poggio á quien se debe el descubrimiento de tantos preciosos manuscritos de clásicos latinos en Suiza y en Alemania, no ha llegado hasta nosotros. Lo que poseemos en italiano del viaje de Conti es una traducción hecha de la versión portuguesa de Valentín Fernández, y desgraciadamente no pasa de ser un fragmento incorrectísimo. En la Giava maggiore (Borneo?) Conti vió pájaros del paraíso, ucelli senza piedi (Ram., t. I, pág. 341 b). Son los mismos pájaros del sol (passares da sol), de los primeros navegantes portugueses. (Reinh Forster, Zool. ind., 1795, pág. 30). He aquí las palabras de Conti, que sin duda no vió más que los pájaros preparados por los indígenas y transportados de isla en isla como objetos de adorno: «Nella Giava maggiore trovansi uccelli molte volte che sono senza piedi, grandi come colombi, di penne molto sottili e con la coda lunga, i quali sempre si posano sopra gli arbori; le carne di quali non si mangiano, ma la pelle e la coda sono in grande stima perche s’usano per ornamento del capo» (Nicolás de Conti en Ramusio, t. I, pág. 345). Este pasaje, muy notable, no ha llamado la atención de los zoólogos modernos. Pigafetta cree también que se refiere á aves muertas y disecadas, pero que afortunadamente tienen patas. «Il re di Tidore mandó duoi uccelli bellisimi della grandezza d’una tortola, la testa piccola col becco lungo é lunghe le gambe uno palmo e sottili: non hanno ali, ma, in luogo di quelle, penne lunghe di diversi colori.» Pigafetta observó bien que no son las plumas de las alas, sino las de los costados las que se prolongan formando penachos más largos que el cuerpo. No vió las alas, cuya existencia niega, porque generalmente los indígenas, al disecar el ave para el comercio, le arrancan las patas y las alas. «Hanno opinione i Mori, añade el historiador del viaje de Magallanes, che questo ucello venga del Paradiso terrestre é chiamanlo manucodiata, cio é, ucello di Dio.» (Ramusio, t. I, página 367 b.) Esta palabra, repetida en la relación del viaje de Magallanes, hecha por un secretario del emperador Carlos V en una carta al Cardenal-Obispo de Salzburgo (l.c., pág. 351 b), es, según observación de mi hermano, que consta en su gran obra sobre la lengua Kavi ó Javanesa, una alteración de la palabra malaya manuk-devata formada de manu, en malayo pájaro, y devata, en malayo y sanscrito divino. La palabra manuk-devata convirtióla el viajero italiano en manuco-diata.
[107] Acaso la misma obra de Marco Polo inspiró al papa Eugenio IV tanta desconfianza en la veracidad de los viajeros. Sabemos por el testimonio de F. Jacopo di Aqui que se burlaron de Marco Polo hasta el punto de haber siempre, en las mascaradas en Venecia, largo tiempo después de su muerte, algunos que tomaban su nombre y le imitaban para divertir al pueblo, refiriéndole cosas extraordinarias. Lo mismo se hizo después con Pigafetta. Amoretti, Voyage de Maldonado, pág. 67.
[108] Khogatal se separó de los viajeros á 20 jornadas del camino de Bokhara «Il Barone s’ammaló gravemente per volontà del quale e per consiglio di molti lasciandolo, seguitorno il loro viaggio (dell Armenia Minore al porto di Giazza)» Traducción de Ramusio (t. II, pág. 3, a.) Nicolai y Maffeo Poli volvieron á Venecia en 1271, porque la noticia de la muerte del papa Clemente IV les detuvo largo tiempo en Acre. Ahora bien; como la carta de Toscanelli es de 25 de Junio de 1474, la expresión ha doscientos años es suficientemente exacta.
[109] Título que podía aplicárseles con tanta más razón, cuanto que ellos mismos se lo dieron, según la relación de Marco, y traían una carta para el Papa: «Il Grand Can proponendo nell’animo suo di volerli (idetti due fratelli) mandar ambasciatori al Papa, volle haver prima il consiglio de’suoi baroni».
[110] El jesuíta Ximénez, en su comentario á las cartas de Toscanelli, encuentra alguna obscuridad en esta designación del tiempo, algunos días ha, y la frase que le sigue inmediatamente, antes de las guerras de Castilla. Opino que, por ligero error de puntuación, se ha separado con una coma esta última frase de la palabra doméstico. La carta anuncia sencillamente que el canónigo estaba al servicio de Portugal largo tiempo antes de las perturbaciones del reino de Castilla, suscitadas por el destronamiento del rey Enrique IV en 1465, y su reposición en el trono en 1468. Otro error de mayor importancia, por referirse al descubrimiento del cabo de Buena Esperanza, se deslizó en el comentario de Ximénez. Toscanelli escribió al canónigo Martínez que el camino que propone para llegar por el Océano Occidental al país de las especias, es cortísimo, más corto que el que necesitaban hacer los portugueses para ir á la costa de Guinea (el camino por la vía del mar es brevísimo: lo tengo por más corto que el que hacéis á Guinea). El abate Ximénez dice il camino que voi fate per Guinea, lo que tiene muy distinto sentido, pues permitiría preguntar si los negociantes atravesaban la Guinea. Gnom. Fior., páginas LXXXII y LXXXIV.
[111] Garcilaso. Coment. Reales, lib. I, cap. 3; Gomara, Historia de las Indias, cap. 13; Acosta, lib. I, cap. 19.
[112] Navarrete, t. I, pág. 2. La frase saber de cierta fe es notable por lo modesta.
[113] Aunque al escribir estos párrafos (Febrero de 1834) no ha desembocado ningún buque por el canal de Barrow en el mar de Kamtchatka, ó costeado América desde la península de Melville y el Príncipe Regent-Inlet hasta la bahía de Kotzebue, los brillantes descubrimientos de Parry, Franklin y Beechey no dejan, al parecer, duda acerca de la comunicación entre el mar de Baffin y el estrecho de Behring.
[114] Pedreio de Covilham y Alonso de Payva se embarcaron en Barcelona en 1487 para saber noticias del Preste Juan. Los dos judíos se unieron á Covilham en el Cairo á su vuelta de Sofala y de Adem.
[115] Según d’Herbelot, la isla Seranda de Edrisi (Hartmann rechaza este sinónimo, Africa, pág. 115); Magastar ó Madaigascar (corrupción de la palabra Madagache) de Marco Polo, llamada después, á principios del siglo XVI, isla de San Lorenzo de los Portugueses. Con esta última denominación encuentro la isla de Madagascar en un mapa-mundi dibujado en Sevilla en 1527, y por tanto, anterior en dos años al célebre mapa de Diego Rivero, conservado también en la Biblioteca de Weimar Ambos mapas presentan ya también la posición de las islas de Francia y de Borbón con los nombres de Mascarhenas y de Santa Apollonia.
[116] Gama partió de Portugal el 8 de Julio de 1497, y llegó á la bahía de Santa Elena en Noviembre de 1497 á la desembocadura del Río de Buenos Señalis, donde tuvo la primera noticia de la proximidad de hombres blancos y de barcos de construcción europea, el 25 de Enero de 1498; á Calicut el 18 de Mayo de 1498, y volvió á Portugal el 19 de Julio de 1499. Duró esta expedición memorable, según datos exactos, dos años y nueve días; el viaje de Portugal á las Indias á (Calicut) 314 días, mientras hoy (en 1834) la duración media de esta travesía en los buques de Liverpool es de 95 días.
[117] Dec. I, lib. III, cap. 4, pág. 190. Como Toscanelli aconsejó á los portugueses buscar el camino de la India, no por la ruta de Guinea, sino por la del Oeste, es muy extraño error atribuir á este astrónomo el conocimiento del Cabo de Buena Esperanza desde 1474 y la creencia de que pudo comunicarlo á los venecianos. Le Bret. Gesch. von Venedig, t. II, pág. 226; Sprengel Gegch. der geogr. Eutd., 1792, pág. 390.
[118] «Os envío otra carta de marear, semejante á la que yo le envié al Canónigo.» Me ha parecido extraordinario que en la frase que indica la distancia de Lisboa á Quisai, diga Toscanelli «hallaréis en un mapa», en vez de «en mi mapa ó carta de marear».
[119] El mapa de Martín Behaim, que expresa las creencias geográficas del siglo XV, da una diferencia de longitud de 13 grados.
[120] Diario de 1492: «Viernes 5 de Agosto. Anduvimos (desde la barra de Saltes) con fuerte virazón 60 millas, que son 15 leguas (Navarrete, t. I, pág. 13).
[121] Comparando atentamente la carta que publica el abate Ximénez en su Gnomone Fiorentino, con la que Fernando Colón encontró entre los papeles de su padre, y era conocida de Las Casas, encuentro muchas adiciones y alteraciones del texto. Sabemos por la Vida del Almirante, que la célebre carta de Toscanelli estaba escrita en latín, conforme á la costumbre que prevalecía entonces entre los sabios. Puede esto causar sorpresa al recordar que se trata de un italiano de Florencia, el cual escribe cartas á un italiano de Génova, que habitaba en Lisboa desde 1470, y que esta correspondencia pasaba por manos de Lorenzo Giraldo, indudablemente de la familia de los Giraldi, originaria de Florencia (Barcia, t. I, págs. 5-6); pero Toscanelli recordaba tan poco la nacionalidad italiana de Colón, que á juzgar por la frase con que termina su segunda carta pudiera presumirse que en Florencia se tenía á Colón por portugués. «Estad seguro de ver (en el Cathay) reinos poderosos, cantidad de ciudades pobladas y ricas provincias que abundan de toda suerte de pedrerías, y causará grande alegría al Rey (el Gran Can) y á los Príncipes que reinan en estas tierras lejanas, abrirles el camino para comunicar con los cristianos á fin de hacerse instruir en la Religión Católica y en todas las ciencias que tenemos. Por lo cual, y otras muchas cosas que podrían decirse, no me admiro tengáis tan gran corazón como toda la nación portuguesa, en que siempre ha habido hombres señalados en todas empresas.» No teniendo á la vista en este momento la traducción italiana de la Vida del Almirante, publicada en Venecia, en 1571, por Alfonso de Ulloa con el título de Istoria del Sr. D. Fernando Colombo nelle quali si ha particolare e vera relazione della vita de’fatti dell’Ammiraglio, no puedo comprobar si las alteraciones del texto en la carta italiana que presenta el Gnomone de Ximénez, son efecto de la negligencia del Abate ó de la de Ulloa. Se ha hecho decir al astrónomo florentino, que los 26 espacios de distancia que hay desde Lisboa á Quinsay tienen cada uno 250 (en vez de 150) millas; se han añadido palabras sin sentido, por ejemplo, los 10 espacios de distancia de Cipango á Antilia hacen «2.500 millas», ó 225 leguas. Más adelante (y en contradicción notoria con las cifras que preceden) la gran ciudad de Quinsay tiene «100 millas» ó 35 leguas de ámbito. En fin, y como glosa puesta por acaso en medio de la descripción de Quinsay, «este espacio es casi la tercera parte de la esfera.» Las frases puestas entre comillas son variantes lectiones, ó mejor dicho, falsificaciones del texto. Conforme á estos datos falsos, la longitud de una legua sería unas veces de once y un décimo millas, y otras de dos y ocho décimas. El abate Ximénez deduce del modo más arbitrario (páginas 92-94) que un espacio equivale á cinco grados de longitud; que cincuenta millas ó veintidós y media leguas de Toscanelli forman un grado, y que la distancia desde Lisboa á Quinsay es de 130 grados. Fúndanse estas conclusiones, en parte, en la analogía de las proyecciones de Ptolomeo (Geogr., I, 23), que dividía el cuarto de la circunferencia ecuatorial en 18 partes, como Eudoxio dividía (Geminus, Elem. Astr., capítulo 15) toda la circunferencia polar en 60 partes iguales, lo cual da diferencias de cinco grados de longitud y seis de latitud. Pero aunque Toscanelli valúa «un espacio de su mapa en veintidós y media leguas», la suposición de cinco grados de longitud daría, para el paralelo de 38 grados y 42 minutos al que se refiere este cálculo, tres y media leguas por grado de longitud, resultado absurdo, porque no concuerda con ninguna extension que en cualquier tiempo se haya llamado legua. Termino esta larga disertación numérica haciendo observar que si Toscanelli tomó la descripción de Quisai (Kinsai) de Marco Polo (lib. II, cap. 68), encontró el circuito de los muros valuado solamente en 100 li chinos, y que estos 100 li, llamados millas chinas en los manuscritos del viajero veneciano, los tradujo vagamente por 35 leguas, ignorando que 192 li forman un grado ecuatorial.
[122] Digo en el texto: tres días después que Colón creyó haber observado por primera vez la declinación magnética, porque Peregrini había observado ya esta declinación en Europa en 1269.
[123] Este suceso es extraordinario, y lo refiere el Diario con una ingenuidad que no deja lugar á duda. El barco se encontraba entonces en medio del Océano Atlántico, á 290 leguas marinas (de 20 al grado) de distancia de la tierra más próxima, la isla de Flores, y los pájaros cantores no habían sido arrastrados por las tormentas. En su segundo viaje, el 24 de Octubre de 1493, vió Colón golondrinas cuando su punto de estima le situaba á 340 leguas al ONO. de las islas del Cabo Verde. (Vida del Almirante, pág. 43). Comparando Navarrete los puntos de estima tomados, los rumbos y las distancias, cree que desde el 19 al 22 de Septiembre, época en que el Almirante observó tantas señales de proximidad de tierra, se aproximaba á las rompientes que los marinos españoles aseguran haber descubierto hacia el gran banco de fuco ó algas flotantes el año de 1802.
El teniente de navío D. Manuel Moreno, que acompañó á Churruca en su expedición cronométrica en las Antillas, sitúa estas rompientes en la latitud 28° 0′ longitud, 43° 22′ al Occidente de París. En la noche del 21 de Septiembre, Colón se encontraba, pues, á cuatro millas marinas al NE. de este peligro que hubiese podido retardar el descubrimiento del Nuevo Mundo hasta el 22 de Abril de 1500, día en que Pedro Alvarez Cabral, en su viaje á la India, fué llevado por las corrientes á las costas del Brasil. No encuentro estas rompientes en los mapas ingleses recién publicados, y su existencia merece ser comprobada, tanto á causa de la seguridad de la navegación, como por el interés histórico que inspira.
[124] Navarrete, t. I, páginas 9, 11, 13, 16 y 17. Dice así literalmente, conservando la irregularidad de las frases, por la costumbre de Las Casas de embrollar el estilo de Colón copiando á veces sus palabras y extractando otras el texto. El pasaje relativo á Cipango paréceme ininteligible tal como lo escribe («Esta noche dijo Martín Alonso que sería bien navegar á la parte del Sudueste: y al Almirante pareció que no decía esto Martín Alonso por la isla de Cipango, y el Almirante via que si la erraban que no pudieran tan presto tomar tierra»), si no se cambia la puntuación y se pone un punto entre las palabras no y decía.
Examinando en el Diario de Colón los días en que Oviedo y Herrera señalan grandes indicios de motín en las tripulaciones, sorprende no encontrar rastros de estos sucesos. Como á los historiadores gustan los efectos dramáticos que resultan de la oposición de los caracteres, han creído engrandecer al marino genovés exagerando los peligros á que sucesivamente le exponían la malicia, el miedo ó la ignorancia de sus marineros. Olvídase que los marinos españoles, especialmente los catalanes, los vascos y los andaluces de Palos, desde hacía siglo y medio frecuentaban las costas de Guinea y de Escocia; que la vista de una erupción en el Pico de Tenerife no podía dar espanto, como pretende Fernando Colón, á hombres habituados á visitar las Canarias, Nápoles y Mesina. (Navarrete, t. III, páginas 605 y 607); y que la travesía del Golfo de las Damas, favorecida por el tiempo más bonancible y un mar generalmente tranquilo, no podía consternar por modo tan extravagante á hombres avezados al mar. Entre el 22 y el 25 de Septiembre los compañeros de Colón, según testimonio de su hijo y de Herrera (Vida del Almirante, cap. 19; Herrera, dec. I, lib. I, cap. 10), querían arrojar al mar á su capitán mientras estuviese embebido en el estudio de las estrellas. En el Diario no se pinta el descontento con tan vivos colores; dice únicamente Colón que el viento contrario ONO. que sopló el 22 de Septiembre, «mucho me fué necesario, porque mi gente andaba muy estimulados, que pensaba que no ventaban estos mares vientos para volver á España».
El 23 de Septiembre dice: «Y como la mar estuviese mansa y llana, murmuraba la gente, diciendo: que pues por allí no había mar grande, que nunca ventaría para volver á España.»
El cuento de Oviedo, sobre los tres días que concedieron á Colón para continuar avanzando hacia el Oeste, copiado por todos los biógrafos y poetas modernos, ya lo ha refutado Muñoz (lib. III, § 7). D. Fernando Colón, que quería tan mal á Alonso Pinzón, como Las Casas á D. Fernando, no refiere el hecho mencionado, y se limita á decir «que la gente estuvo para amotinarse, perseverando en las murmuraciones y conjuraciones» (Vida del Almirante, cap. 20). Además, el día 7 de Octubre el único suceso apuntado en el Diario es un cambio de ruta. Desde el 30 de Septiembre había seguido el Almirante el camino directamente hacia el Oeste en una extensión de 250 leguas marinas, siguiendo el paralelo de 25 grados y medio; el 7 de Octubre (en la mañana siguiente á la conferencia con Martín Alonso Pinzón sobre la proximidad de Cipango) en la Niña creyeron ver tierra. Al ponerse el sol se reconoció que no era verdad; pero como las bandadas de aves dirigíanse al SO., «sin duda para dormir en tierra, el Almirante, siguiendo la experiencia de los portugueses que habían descubierto la mayoría de las islas que poseen (las Azores?), siguiendo el vuelo de las aves, permitió abandonar la ruta hacia el Oeste, y dirigirse al OSO. con el propósito de continuar en esta dirección durante dos días. No se habla ni una palabra de revuelta ni sublevación: la frase, acordó dejar el camino del Oueste, es la única que parece indicar que Colón cedió á las instancias. Esta nueva dirección le fué provechosa. Por lo demás, sin que pueda sospecharse motivo alguno que le obligara á ello, el Almirante había ya cambiado el rumbo de igual manera el 24 de Septiembre. Después de haber seguido escrupulosamente el paralelo de Gomera (latitud 28 grados) durante 390 leguas marinas, gobernó de pronto al SO. para seguir el paralelo de 25 grados y medio. El 8 de Octubre, que debía ser el día tan peligroso por la sedición, según Oviedo, está señalado en el Diario de Colón como día muy favorable para el progreso de la navegación. «La mar, dice el Almirante, está como el río de Sevilla, gracias á Dios; los aires muy dulces, como en Abril en Sevilla, que es placer estar en ellos, tan olorosos son.» Estas líneas escritas bajo la impresión de aquellos momentos no anuncian ciertamente los terrores de un espíritu alarmado.
[125] Sin embargo, en el Diario de la primera navegación (jueves 9 de Agosto de 1492) habla Colón de estas islas que, parecidas á las ilusiones del espejismo, se creía ver todos los años al Oeste de las Azores, de las Canarias y de Madera. En su carta al papa Alejandro VI (Febrero de 1502) no da el nombre de Antillas á ningún grupo de las 1.400 islas que se vanagloria, no sin alguna exageración, haber descubierto. (Navarrete, Documentos dipl., t. I, pág. 5; t. II, pág. 280). No fué, pues, Cristóbal Colón quien introdujo el nombre de Antillas en la geografía moderna. En su sistema Haïtí (la Española) era Ophir ó Cipango. «Les había dicho muchas veces, dice su hijo, que no esperaba ver tierra hasta haber navegado 750 leguas hacia el Occidente de Canarias, en cuyo término había también dicho que hallaría la Española, llamada entonces Cipango» (Vida del Alm., cap. 20). La primera aplicación del nombre Antiliæ insulæ á las islas de América, es un rasgo de erudición de Pedro Mártir de Anghiera. Volvió Cristóbal Colón de su primer viaje el 15 de Marzo de 1493, y en la primera década de la Oceanica, dedicada al cardenal Ascanio Sforza en Noviembre de 1493, encuentro ya: «In Hispaniola Ophiram Insulam sese reperise refert (Colunus), sed cosmographicorum tractu diligenter considerato, Antiliæ insulæ illæ et adjacentes aliæ.....» Dec. I, lib. I, pág. 1. Posteriormente Vespucci en su pretendida segunda navegación de 1499, llama Antiglia «la isla que Colón ha descubierto pocos años há», es decir, Haïtí. En el siglo XVI, las islas Caribes, al SE. de Puerto Rico (Borrinquen), tenían en los cuadros de posiciones geográficas que se procuraba añadir á los tratados de geografía la denominación de Antigliæ insulæ. Uno de los ejemplos más antiguos que conozzo de estos cuadros de posiciones está en una obra de Juan Schoner (Opusculum geogr. ex diversorum libris et cartis collectum), publicado en 1533. Véanse los curiosos capítulos (sect. II, capítulos 20 y 21) De regionibus extra Ptolomæum deque insulis circa Asiam et Indiam et novas regiones hujus tertiæ ortos partis.
[126] Relación de 1504. (Navarrete, t. I., pág. 282; Vida del Alm., cap. 100.)
[127] «Los hombres de esta isla tienen los cabellos no crespos, salvo corredíos y gruesos, como sedas de caballo, y todos de la frente y cabeza muy ancha, más que otra generacion que fasta aqui haya visto, y los ojos muy fermosos y no pequeños, y ellos ninguno prieto, salvo de la color de los canarios, ni se debe esperar otra cosa, pues está deste oueste con la isla del Hierro en Canarias so una línea.» (En el mismo paralelo.) (Diario de Colón en 13 de Octubre de 1492.)
[128] Oviedo, Hist. nat. y gen. de las Indias, cap. 3.
[129] Barcia, pág. 7, a; Herrera, t. I, pág. 4.
[130] Academia dei Dubbiosi, anterior á la de los Stabili y de los Gelosi.
[131] El historiador Herrera no conoció el nombre de Toscanelli, ni tampoco el sabio autor del Commerce and Navigation of the Ancients, M. Vincent, que en su Dissertation sur les Seres (t. II, págs. 613-618) discute con gran sagacidad las diferentes causas de la empresa de Colón.
[132] Wagenseil, Sacra parentalia B. Georgio Frid. Behaimo dicata, pág. 16. Postel dice ya terminantemente en la página 22 de su Cosmografía: «Ad 54 grad. (lat. mer.) ubi est Martini Bohemi fretum á Magaglianeso alias nuncupatum.»
[133] «Y cuanto más se extienda la parte oriental de la India al Oriente hacia las islas del cabo Verde, más fácil será llegar á ella en pocos días: esta opinión se la confirmó á Colón su amigo Martin de Bohemia, portugués, natural de la isla de Fayal, gran cosmógrafo» (Herrera, déc. I, lib. I, cap. 2). Sorprende que Robertson (Hist. of Amer., 1777, t. II, pág. 434), á pesar de las luminosas disertaciones de un profesor de Gottinga, M. Tozen, publicadas en 1761 (Der wahre und erite Entdecker deruen Welt gegen die ungegründeten Ansprüche von Vespucci und Behaim, págs. 87, 113), y la obra aun más antigua de Doppelmayr (Hist. Nachr. von Nürnberger Mathem, und Künstlern, pág. 30), haya caído en el mismo error de creer portugués á Martín Behaim. El título de gran cosmógrafo que le da Herrera prueba que no le confundía con el canónigo portugués Martínez, encargado por su Gobierno de la correspondencia con Toscanelli sobre el camino más corto para ir á las Indias.
[134] Es la semilla del Amomum Granum Paradisi de Afzelius, objeto de muy importante comercio (sobre todo para la ciudad de Amberes) antes de la expedición de Gama. Esta semilla de una Drymirhisea, poco conocida hasta hoy, llegaba entonces á las costas septentrionales de Berbería por medio de las caravanas de Guinea que atravesaban el desierto de Sahara. La malagueta rivalizaba con la verdadera pimienta (Piper nigrum et Piper longum) que Dioscórides conocía ya (capítulo 189) con el nombre indio πέπερι (del sanscrito pippali), que Edrisi describe (Geogr. Nub., 1619, pág. 61) con notable exactitud, y que por su largo transporte á través del Asia se encarecía mucho en los mercados de Italia.
Como las producciones vegetales análogas y que se reemplazan mutuamente en el comercio toman siempre el mismo nombre, el de malagueta, tan célebre en el siglo XV, y que nuestros farmacéuticos han transformado en meleguetta, maniguette y cardamonum piperatum, paréceme que se deriva de la palabra india pimiento, tal y como se usa en la lengua de Sumatra. Encuentro en la Cosmografía de Sebastian Münster (edición de 1550, pág. 1.093): «lingua patria Sumatrenses piper, molaga dicunt.» El sabio autor de la Materia médica of Hindoostan, M. Ainslie, da también (edición de Madrás, 1813, pág. 34) al Piper nigrum en tamul la denominación de mellaghoo. En sanscrito, mallaja y maricha son sinónimos de pippali; la primera palabra designa, según Wilson, más especialmente el Piper nigrum, la segunda el Piper longum. Creo que el nombre de Molucas (las Malucos) se deriva de Molaga ó Mallaja, nombre de la pimienta.
El gran mérito «de haber llegado hasta las regiones de África donde se cría la planta de la malagueta», ha sido negado á Behaim y á Diego Cam y atribuído á Alfonso de Aveiro (Sprengel, Gesch. der geogr. Entd., págs. 376, 386). Pero Aveiro llegó al reino de Benin en 1486, dos años después de la expedición de Cam (Barros, dec. I, lib. 3, cap. 3, pág. 178, edición de Lisboa, 1778); Navarrete, t. I, páginas XXXIX y XL. Examinando las notas que Martín Behaim añadió á su globo al lado de las tierras cuyas costas delineó, encuentro que distingue los granos del paraíso, la verdadera pimienta y la canela. «La primera de estas especias (Paradieskörner) se cría en el reino de Gambia; la segunda en el Furfur, á 1.200 leguas de distancia de Portugal; la tercera á 2.300 leguas, desde donde regresamos para volver al lado de nuestro Rey, después de diez y nueve meses de ausencia.» Por tanto, en 1485 da Behaim en el mismo globo preciosas nociones acerca del transporte de las especias de Java y de Ceylan (Seilan) á Venecia y á Francfort, nociones debidas en parte á maese (mister) Bartoloméi, florentino, que refirió en Venecia al papa Eugenio IV lo que durante veinticuatro años (hasta 1424) había visto en Oriente (Murr., Dipl. Gesch., páginas 25 y 36). Véase, pues, de nuevo á este papa Eugenio IV, que Toscanelli cita en su primera carta á Colón y que llegó al Pontificado en 1431, en relaciones con los viajeros de Asia Finalmente, recuerdo también que Cristóbal Colón llama á toda la costa de Guinea Costa de Maneguetta (costa del grano del paraíso), cerca de la cual vió «algunas sirenas, aunque no eran tan semejantes á las mujeres como las pintan» (Vida del Alm., cap. IV). Hoy se da este nombre especialmente á la costa situada en dirección del NO. al SE., entre el cabo Mesurado y el cabo Palma, de 6° 26′ á 4° 3′ de latitud boreal.
[135] Diss. de vero Novi Orbis inventore. Francfort, 1714.
[136] Trans. of the Amer. Phil. soc. held at Philadelphia, t. II (1786), pág. 120. La Noticia histórica, de Doppelmayr, sobre los matemáticos y los artistas de Nuremberg, contiene preciosos detalles acerca de la vida de Behaim y del primer grabado del globo conservado en la familia del cosmógrafo; mientras la Disertación de Stüven, y sobre todo la Memoria de Mr. Otto, prueban profunda ignorancia de la geografía del siglo XV.
[137] Der whar und erste Entdecker der neuen Welt, Christoph Colón, Gott., 1761. Pero antes de Tozen, el autor de una excelente historia de Portugal, M. Gebauer, había refutado ya á Stüven (Port. Gesch., t. I, pág. 124). Compárese también al sabio bibliógrafo Francisco Cancellieri. Notizie di Colombo di Cuccaro. Roma, 1809, pág. 39.
[138] Opusculi scelti di Milano, t. XV, pág. 72.
[139] Dip. Gesch. des Portug. berühmten. Ritters Martin Behaim; dos ediciones, la primera de 1778, la segunda de 1801. De las obras relativas á Behaim, que acabo de citar, sólo esta última ha sido traducida al francés y por un traductor habilísimo, M. Jansen.
[140] En una época en que la geografía se estudiaba en Francia con menos celo que en la actualidad, el inventor de una bomba pneumática, Otton de Gericke, que frecuentemente firmaba Consul Magdeburgensis y publicaba sus Experimenta Magdeburgica, fué citado con el nombre de Señor Magdeburgo.
[141] En una de las inscripciones puestas en memoria de Behaim («Miles auratus qui Africanos Mauros fortiter debellavit et ultra finem orbis terræ uxoravit») háblase también de su esposa (Martini Bohemi uxor), hija del gobernador de las Azores ó Catherides por Cassiterides; es una falsa erudición copiada del globo de Behaim.
[142] La primera traducción alemana de la Biblia, que quedó manuscrita y conservada en la biblioteca Paulina de Leipzig, fué hecha en 1343 por Mathias Behaim, y en 1421 Miguel Behaim de Weinsberg estaba reputado como uno de los más célebres poetas del ciclo de los Meistersänger.
[143] Déc. I, lib. I, cap. 2. Déc. II, lib. II, cap. 19. El segundo párrafo está copiado del Diario italiano de Pigafetta, donde se encuentra la expresión «Martino di Boemia, uomo eccellentissimo», sin añadir nacido en Fayal. Este diario, del cual dió Ramusio un extracto, ha sido publicado por N. Amoretti con el título de Primo viaggio intorno al globo terracqueo en 1800, según el manuscrito conservado en la biblioteca Ambrosiana. Pero la compilación de Herrera es mucho más completa, sobre todo en lo que se refiere á la astronomía (véase, por ejemplo), el cálculo de las diferencias de altura de la luna y de Júpiter, observados el 17 de Diciembre de 1519. (Herrera, Déc. II, lib. IV, cap. 10). El historiador español, no sólo ha tomado datos en Castañeda, Barros y Antonio Pigafetta, sino también en otros documentos manuscritos que desconocemos.
[144] Barros, Asia, Déc. I, lib. 4. cap. 2.
[145] Edrisi, pág. 147. En la Vida do Infante D. Henrique, por el padre Freire (Lisboa, 1758, pág. 335), Hürter es llamado Jorge de Utra. Barros escribe Jos Dutra (Dec. I, lib. III, capítulo 11). Por una permutación de consonantes igualmente viciosa, los escritores de la conquista llaman al guerrero Felipe de Huten, célebre por su expedición al Dorado, de la que dí un comentario geográfico en la Relación de mi viaje (t. II, capítulo 33, pág. 454), Felipe de Uten, Urre y hasta Utre. Por esta última transformación, los nombres de dos ilustres familias, los Hürter y Huten, se transforman en portugués y en español, casi á su terminación, en el mismo grupo de letras Utra y Utre.
[146] Nacimiento de Behaim hacia el año de 1430, (probablemente en 1436) Navarrete cree lo más probable que Colón naciera también en este año de 1436. Viajes de Behaim comerciando en paños en 1457 á Venecia, desde 1477 á 1479 á Malinas, Amberes y Viena (Regiomontanus permaneció en Nuremberg desde 1471 á 1475, y partió en 1475 para Italia. Ya en un viaje anterior, en 1461, había descubierto en Venecia el manuscrito de los seis primeros libros de Diophantes). Permanencia de Behaim en Portugal desde 1480 á 1484. (Colón habitó en la misma nación desde 1470 á 1484, á menos que no interrumpieran su estancia algunas navegaciones entre 1471 y 1481). Behaim se casa en Fayal en 1486 con la hija del gobernador Iobst de Hürter, enviado con una colonia flamenca á Fayal y á Pico á causa de la donación que hizo el rey Alfonso V de Portugal en 1466 de la primera de estas islas á su tía Isabel de Borgoña, madre de Carlos el Temerario. En el globo de Behaim contienen un error estas palabras: «La isla ha sido dada en 1466 por el Rey de Portugal á su hermana madama Isabel, duquesa de Borgoña.» (El rey hermano de Isabel era Eduardo, muerto en 1438). Permanencia de Behaim en Fayal desde 1486 á 1490; en Nuremberg desde 1491 á 1493; en Flandes y en Francia en 1494; de nuevo en Fayal desde 1494 á 1506. Vuelve á Lisboa y muere el 29 de Julio de 1506, según opinión de M. de Murr. (Muerte de Colón en Valladolid el 20 de Mayo de 1506.)
La fecha de la muerte de Martín Behaim no carece de importancia para el examen de los conocimientos adquiridos en esta época relativamente á la configuración de la América del Sur, y sobre la posibilidad de que el cosmógrafo de Nuremberg haya podido entrever la existencia de un paso del Océano Atlántico al mar del Sur.
Sabemos que el Rey Católico, desde su vuelta de Nápoles, en 1506 ocupóse de una gran expedición destinada á las Indias Orientales y al descubrimiento de un estrecho en el continente americano, y que sobre este asunto fué consultado Vespucci (Navarrete, t. II, Cód. dipl., núm. 160, pág. 317; t. III, páginas 47 y 294). Dos años después (1508) se verificó la expedición de Solís y de Yáñez Pinzón, en la cual estos intrépidos marinos llegaron hasta cerca del grado 40 de latitud meridional, sin reconocer, no obstante, la desembocadura del Río de la Plata.
Se ve, pues, que el principio del siglo XVI, es decir, en la vejez de Behaim, era una época extraordinariamente fértil en proyectos de grandes descubrimientos. Me he ocupado recientemente en determinar la fecha de la muerte de nuestro cosmógrafo, y los datos que á ruego mío ha tomado una persona digna de la mayor confianza en casa del barón Segismundo Federico Carlos de Behaim, jefe actual de la familia y propietario del globo de 1492, no son favorables al cálculo de M. de Murr. Este sabio estimó como prueba decisiva la carta de un primo de Martín Behaim, fechada en 30 de Enero de 1507, que manifiesta deseo de saber «lo que ha sido de la esposa, el hijo y los parientes de Martín, dónde están y qué hacen». M. de Murr cree, por tanto, errónea la fecha de 29 de Julio de 1507, indicada en un monumento funerario (Scutum trifolinum) en la iglesia de Santa Catalina de Nuremberg, y supone que el retrato del cosmógrafo existente en los archivos de la familia Behaim tiene la fecha de 1506. (Dipl. Gesch., páginas 117, 127 y 136). Como el monumento funerario fué construído en 1519 á costa de su hijo, parece extraño que se hayan equivocado en la fecha de la inscripción.
Un vandalismo muy común en la época en que vivimos ha destruído todas las inscripciones y todos los monumentos de la iglesia de Santa Catalina, transformada en 1806 en almacén de heno y de leña; pero en la parte superior del gran retrato que se conserva en la casa donde está el globo se lee: Obiit a MDVII, Lisabonæ, y no 1506 como dice M. de Murr. Además, un álbum genealógico que data de 1732, pero que contiene la descendencia de los Behaim de Schawarzbach desde 1207 contiene figuradas las armas del caballero Martín Behaim, y una noticia biográfica que termina en alemán con estas palabras: Murió el 29 de Julio de 1507.
[147] «Yo estuve en la fortaleza de San Jorge de la Mina (Vida del Alm., cap. IV). Lo terminante de la afirmación no deja lugar á duda. Según la crónica de Ruy de Pina, el fortín de Mina ó d’Elmina fué construído en 1481; por consiguiente, el viaje de Colón á la costa de Africa no pudo ser anterior á este año.»
[148] Barros, Asia, Déc. I, lib. III, cap. 2; Vida del Almirante, cap. X; Herrera, Déc. I, lib. I, cap. 7. El Obispo de Ceuta, que los historiadores de aquel tiempo llaman doctor Calcadilla, porque había nacido en Calcadilla, en Galicia, aconsejó al rey Juan II aprovecharse secretamente del proyecto de Colón que los médicos calificaron de negocio fabuloso.
[149] Amoretti, en la introducción al Trattato de Navigazione del Cav. Antonio Pigafetta. (Véase Primo Viaggio intorno al globo, 1800, pág. 208). No he encontrado en las cartas de Vespucci la conjunción de Marte y la Luna que este marino debe haber observado en 1499.
[150] Barros, Da Asia, nova ediçao, Lisboa, 1778; Déc. I, libro IV, cap. 2, pág. 282; M. de Murr (Dipl. Gesch., pág. 94), pretende, sin embargo, que ningún escritor portugués, á excepción de Manuel Téllez de Sylva, conoció el nombre de Martín Behaim. Véanse las sabias y juiciosas investigaciones de M. Lichtenstein acerca de los primeros descubrimientos portugueses en el Vaterländische Museum, 1810, B. I, páginas 376 y 387.
[151] Barrow, Voyages intho de Artic Regions, 1818, página 28. De los dos médicos portugueses que estaban con Behaim en la «Junta del Astrolabio», no se indica como de origen judío más que maese Josepe (Joseph). El otro, maese Rodrigo, ¿sería acaso el mismo personaje que aparece después, en 1517, como astrónomo á quien consultaba Magallanes? Me refiero al bachiller Ruy, ó Rodrigo Faleiro, «que decían los portugueses, era un gran cosmógrafo porque tenía un demonio familiar, pues él nada sabia»; Herrera, Década II, lib. II, cap. 19; t. I, pág. 293. Este Faleiro ó Falero enseñaba á Magallanes métodos de longitudes; pero no quiso embarcarse con él, por haber leído en los astros que el astrónomo moriría durante la expedición (Amoretti, página 28), lo que efectivamente sucedió en la persona del astrónomo y célebre piloto mayor de Sevilla, Andrés de San Martín, que le reemplazó y fué asesinado en la isla de Cebú (Ramusio, t. I, página 361 b).
[152] Navarrete, Disc. histórica sobre las Cruzadas, 1816, página 100; M. Vicent cometió el extraño error de confundir el astrolabio de Behaim con una carta marina.
[153] Londres, 1831, páginas 56, 78 y 288 (the Londe). En la célebre patente Real de 3 de Febrero de 1498 encontrada en Rolls Chapel, se distingue la tierra firme y las islas descubiertas por John Cabot. El autor del Memoir of Seb. Cabot procura demostrar que Prima Vista, Terra primum visa, First sight. Terra Nova ó Newland de John Cabot no designa la isla que llamamos hoy Terranova; son denominaciones generales que comprenden gran extensión del continente.
[154] Descubrimiento continental, anterior sin duda al de la costa de Paria por Colón, pero no al de los normandos-escandinavos. Parece que Las Casas, al referir en su Historia de las Indias la tradición que existía entre los naturales de la isla de Haïtí, «de una aparición súbita (pero anterior á Colón) de hombres blancos y barbudos, tenía tambien noticia de un antiguo descubrimiento de la tierra de los Bacallaos, vista por un marino de Galicia en una travesía á las costas de Irlanda.» (Navarrete, t. I, pág. XLVIII.)
[155] Déc. I, lib. III, cap. 3, pág. 173.
[156] Murr, Dipl., Gesch., páginas 23, 25, 26 y 78; Tozen, Erste Entd., pág. 99.
[157] Cristóbal Cladera, Investigaciones históricas sobre los principales descubrimientos de los españoles, 1794, pág. X.
[158] Salazar, Discurso sobre los progresos de la Hydrografia.
[159] Según las sabias y curiosas investigaciones inéditas de M. Buchon en un Atlas catalán de 1374, conservado en la Biblioteca Real de París, y dibujado treinta y un años antes de la fundación de la Academia náutica de Sagres (Malte Brun, Geogr. Univ., ed. de M. Huot, t. I, pág. 524).
[160] Estancelin, Recherches sur les voyages des navigateurs normands en Afrique, aux Indes Orientales et en Amerique, 1832, pág. 72. Cada Mosto, como ha observado M. de Rossel, no encuentra señales del establecimiento francés. Juan de Betancourt navegó también por la costa africana desde Cabo Cantín á Río do Ouro, mucho tiempo antes que los portugueses (Viera, Historia de Canarias, lib. III, párrafo 30; libro IV, § 4).
[161] «Ilhas de Papuas quer dizer Negros, á que muitos por esta ida de D. Jorge (de Menezes) en 1526, chamam Ilhas de D. Jorge, que estam á leste das Ilhas de Maluco distancia de 200 leguas.» (Barros, Da Asia, Déc. IV, lib. I, cap. 16, ed. Lisboa, 1777; t. IV, párrafo 1, páginas 101 y 104.) Menos certidumbre hay respecto á la expedición tan citada de Antonio Abreu y de Francisco Serrano «en outro Novo Mundo», t. III, p. 1, pág. 600 (Diego de Conto, lib. VII, cap. 3). Las dos Islas Infortunadas, Isole Sfortunate (lat. austr. 9° y 15° y alejadas una de otra 200 leguas), descubiertas al Este de las islas de la Sociedad por Magallanes en Enero de 1521, y no olvidadas por Ortelius en el Atlas de 1570 (Pigafetta, Primo Viaggio intorno al globo, ed. de Carlos Amoretti, 1800, pág. 45), parecen ser «las isletas pequeñas deshabitadas,» llamadas por Magallanes Islas desventuradas (Herrera, Déc. II, lib. IX, capítulo 15; t. I, pág. 453). Gaetano descubrió en 1542 las islas Sandwich; Quirós y Mendaña en 1595 y 1605 el Archipiélago del Espíritu Santo (las Nuevas Hébridas de Cook), Malicolo y probablemente Otahiti (la Sagitaria de Quirós), Humboldt, Essai politique sur la Nouvelle Espagne, t. IV, páginas 111 y 113.
Acerca de los primeros descubrimientos de las costas de Nueva Holanda, reconocidas por los portugueses desde 1530 á 1542, véanse los mapas del Museo Británico núm. 5413: la hidrografía del Atlas de Juan Rotz ó Roty, dedicada al rey de Inglaterra Enrique VIII; el Atlas de Guillermo le Testu, piloto provenzal, y el de Juan Valard de Dieppe (1552), examinado por M. Coquebet Mombret. Cuando la gloria del capitán Cook, llegada á su mayor esplendor, cansó á las medianías y excitó la envidia de los que habían cesado de navegar, se hizo tardía justicia á los portugueses, á Gómez de Sequeira, á Mendaña, á Luis Váez de Torres y á Saavedra Cedrón. Otros motivos menos personales y más nobles han obligado á seguir el mismo camino y conducido á ingeniosas y sabias investigaciones.
[162] Epist. 769 (edic. Par, 1670, pág. 447). Las Catherides del globo de Behaim (Murr., Dipl. Gesch., 1801, pág. 27, y Binnet, Verhandeling over de Nederld. Ontd., 1829, pág. 17), Las Azores figuran con el nombre de islas de Bracir desde 1367 en el célebre mapamundi de Picigano.
[163] Un mapa de Portulano Mediceo de 1351, otro de la antigua biblioteca Pinelli, dibujado en 1384 y conservado hoy en la preciosa colección geográfica de M. Walckenaer, en París, y Baldelli (Marco Polo, t. I, pág. CLXVIII), indican ya con el nombre igualmente significativo de Isola di Legname, medio siglo antes de la expedición y colonización de Juan González Zarco, de Tristán Vas y de ese Bartolomé Muñiz Perestrelo (Barros, déc. I, lib. I, cap. 2), que Fernando Colón llama Pedro Moñes Perestrelo y que Spotorno cree italiano, como el célebre almirante de la familia Palastrello, de Plasencia (Storia letter. de la Liguria, t. II, pág. 246).
[164] Barros, déc. I, lib. I, capítulos 2 y 16 (t. I, p. I, páginas 21 y 133). El cabo Non, más temido que lo fué en el siglo pasado el de Hornos, encuéntrase, sin embargo, 23′ al Norte del paralelo de Tenerife á pocos días de navegación de Cádiz. El proverbio portugués, Quem passa ó cabo de Nam, ou tornara ou náo, debía desacreditarlo fácilmente la voluntad de un príncipe que, como el infante D. Enrique, había adoptado la bella divisa francesa: Talent de bien faire. Barros, déc. I, libro I, capítulos 2, 4 y 16; lib. II, cap. 2 (t. I, p. I, págs. 19, 36, 134, 148).
Acerca del cabo Buzedor, véase Formaleoni, páginas 20 y 24. Paréceme, además, bastante dudoso que el nombre de cabo de Non sea de origen portugués. Ptolomeo, lib. IV, capítulo VI, indica ya en esta costa el río Nuius, y la traducción latina de la frase griega dice Nunii ostia. Es probablemente el Bambotum de Polibio (Plinio, V. I). Véase, sobre la latitud de este punto, Gossellin, Rech., t. I, pág. 132.
Edrisi conocía también, un poco más al Sur, á tres jornadas en el interior, la población de Nul ó Wada Nun, lo que recuerda la costa de Nul ó Belad de Non de Leo el Africano (Edrisi, edición de Hartmann, pág. 131). La geografía de ambos continentes está llena de estas tentativas de pueblos de la Europa latina para adoptar las denominaciones indígenas y suponerlas una etimología sacada de las lenguas romanas. Estos esfuerzos y alardes de ingenio datan de los griegos y los romanos.
[165] Parece que los portugueses, antes que Gilianez hubiese doblado los cabos Non y Bojador (Barros, déc. I, lib. I, capítulos 4 y 5, t. I, p. I, páginas 42 y 43), habían realizado afortunadas tentativas en el mismo sentido en 1418, 1419 y 1423 (Navarrete, t. I, pág. XXVII. Vincent, Periple of the Erythr. sea, p. I, pág. 192).
[166] Parece que los portugueses, antes que Gilianez hubiese doblado los cabos Non y Bojador (Barros, déc. I, lib. I, capítulos 4 y 5, t. I, p. I, páginas 42 y 43), habían realizado afortunadas tentativas en el mismo sentido en 1418, 1419 y 1423 (Navarrete, t. I, pág. XXVII. Vincent, Periple of the Erythr. sea, p. I, pág. 192).
[167] No es en manera alguna probable que en el mapamundi circular, que se atribuye generalmente á Andres Bianco y que acaso contiene á la vez (Formaleoni, pág. 55) nociones del siglo XIII y de otros que datan, como las cartas costeñas de Bianco, del año de 1436, el inmenso golfo designado con el nombre fantástico de Nidus Abimalson ó Abimalion (Abimelek?) sea el golfo de Guinea (Chinoia de Vivaldi en 1281; Ganuya del Portulano Mediceo, atribuído á un piloto genovés; Guinauha, según Barros, en la lengua de los indígenas). Como antes del Portulam de Benincasa las cartas más antiguas catalanas é italianas no presentaban graduación en latitud, sería muy aventurado decir cuáles fueron los límites de este golfo; pero la orientación del mapamundi de Bianco más bien prueba que el Nidus Abimalson representa la extremidad austral de África.
Una carta árabe conservada en Oxford, que data del año 906 de la Hegira y que acompaña la geografía de Edrisi (del siglo XII de nuestra era), presenta en el Belad Mufrada y Al Lamlam, el Senegal, comunicando á la vez con el Níger y el Nilo. Pero estos conocimientos del África occidental fueron adquiridos por informaciones del comercio terrestre, no por viajes marítimos (Vincent, Periple of the Erythr. sea, pár. I. App., página. 86). En el texto de Edrisi, las nociones sobre el litoral de la Senegambia son casi nulas (Hartmann, África, páginas 4, 35, 37 y 114). El golfo de Guinea, con el nombre de Sinus Æthiopicus, y el Senegal comunicando con el Nilo, como en el mapa ó carta de Edrisi, se encuentran en el mapamundi de Fra Mauro de 1457 y 1459. Barros conocía también Tungubutu (Tombuctu), el río y la ciudad de Genna ó Janni (Djenne, Jinnie), no el Dafur de Fra Mauro, pero sí la hipótesis de la unión del Senegal (Çanaga ó Senhaga de Edrisi) con el Nilo (tomo I, p. I, pág. 221).
[168] Barros, déc. I, lib. II, cap. 2 (t. I, p. I, páginas 143, 145 y 146), según un pasaje del mismo autor, que desgraciadamente no une la cronología á los acontecimientos como Herrera, podría creerse el descubrimiento de la isla Formosa más próximo al año de 1484 (déc. I, lib. III, cap. 3, t. I, p. I, página 178).
[169] Padrâo de pedra. Hasta la expedición de Cam, las señales de los portugueses eran cruces de madera, y esta denominación de Padrâo, dada algunas veces á los cabos y desembocaduras de los ríos, sin añadir alguna indicación particular del sitio, ha causado mucha confusión en la geografía del Africa occidental. El cabo de Santa Catalina, donde comenzaron los descubrimientos de Cam, era el último punto á que se había llegado antes de la muerte del rey Alfonso V; por consecuencia, antes de 1480 (Barros, t. I, p. I, pág. 172).
[170] Barros, déc. I, lib. III, capítulos 3 y 4 (t. I, páginas 171, 173, 175, 176, 178, 185 y 192).
[171] Murr, páginas 4, 23, 24, 26, 80, 82, 104, 106, 108 y 111.
[172] Murr, pág. 110; Barros, t. I, p. I, pág. 178.
[173] Behaim le llama Organ, (pág. 112); denominación que podría relacionarse con la de la provincia de Organón de Rubriquis; pero el verdadero nombre del santón, según Barros (t. I, p. 1, pág. 181), es Ogan, acaso O-Khan, como reminiscencia del Ung ó Un-Khan, de Marco Polo (cap. 42. Baldelli, tomo II, pág. 100). Es el nieto del Preste Juan, Nestoriano Kéraïte, muerto por Gengiskhan en 1203, transportado en el siglo XV del Este al Oeste á Caracorum, en Abisinia, según los informes dados por Covilham y Juan Alfonso de Aveiro. No debe confundirse con Ogan (Vang-khan) de África, otro personaje misterioso cuyas costumbres asiáticas, según Marco Polo (lib. I, cap. 21; Baldelli, t. II, páginas 62 y 65), eran mucho menos severas, y que como Viejo de la Montaña (Alaudin ó Veglio de la Montagna) figura también en el Mediodía de África en el mapamundi de Bianco.
M. Lichtenstein, en un trabajo que se distingue por la excelente crítica histórica, ha demostrado que hay error de fecha en el globo de Nuremberg, cuando Behaim sitúa cerca del cabo de Buena Esperanza, que llama Terra Fragosa, la siguiente nota: «Aquí las columnas (señales) del Rey de Portugal fueron colocadas el 18 de Enero de 1485» (Murr, páginas 24 y 110). Cam no llegó al Sur del Padrâo de Manga de Areas, á los 22 grados de latitud austral; fué Bartolomé Díaz quien descubrió, probablemente en Mayo de 1487, el cabo de Buena Esperanza (cabo tormentoso), viniendo del Este, de la señal de la isla de Santa Cruz en la bahía de Algoa (latitud austral 33° 50′; longitud, 7° 15′ al E. del cabo de Buena Esperanza), y que puso la señal de San Felipe en la bahía de la Tabla (Lichtenstein, en Vaterl. Museum. Hamburgo, 1810, páginas 372-389; Vincent, Periple of the Erythr. sea, p. I, pág. 208; Barros, t. I, p. I, páginas 188, 190, 192 y 288). Confundiendo Behaim, sea la fecha, sea el sitio, sea los viajes de Cam y de Bartolomé Díaz, no dice «pusimos», sino «las columnas fueron puestas», lo cual deja su veracidad en menos peligro. No era el célebre Bartolomé Díaz, que había doblado el cabo de Buena Esperanza y costeado la extremidad austral de África, dirigida de Este á Oeste, sino su hermano Diego Díaz, que fué en la expedición de Gama. Bartolomé pereció en un naufragio en 1500, cuando con Cabral vino del Brasil al cabo de Buena Esperanza, y murió muy cerca de esa señal (Padrâo) de la isla de Santa Cruz, en la bahía de Algoa, de la cual se despidió en 1487 (como se leixara hum filho desterrado pera sempre). No debe sorprender que este naufragio fuera atribuído á un gran cometa que se vió entonces en el hemisferio austral durante once días, desde el 12 al 23 de Mayo de 1500, sin que cambiara de posición». (Barros, t. I, p. I, páginas 382 y 392.)
[174] Pedro Mártir, lib. XXXV, ep. 767 (ed. Par. 1670, página 446). La carta al Arzobispo está fechada en Valladolid, III cal. Sept. MDXXII, y hay un error de cifra en esta indicación. El buque Victoria no tocó en parte alguna desde las islas de Cabo Verde, y la fecha de la llegada á la bahía de Sanlúcar, el 6 de Septiembre, es exacta. Pigafetta, Primo viaggio interno al globo, pág. 183; Herrera, Déc. III, lib. IV, capítulo I (ed. de Amberes, 1728, t. II, pág. 95). No debe sorprender el corto número de compañeros de Magallanes (18) que cuenta Pigafetta, mientras Herrera habla de «los 30 marinos que á las órdenes de Juan Sebastián Elcano (natural de Guetaria, en la provincia de Guipúzcoa, embarcado en 1519 como patrón de la nave la Concepción, hombre intrépido cuyo nombre no debe ser olvidado, y á quien ni la antigüedad ni la Edad Media pueden oponer rival alguno) volvieron en la nao Victoria». Herrera, Déc. II, lib. IV, cap. IX (t. I, pág. 339); Década III, lib. IV, capítulos 2 y 4 (t. II, páginas 98 y 100). El historiógrafo de la India no comprende á Pigafetta, que, siendo caballero de Rodas y agregado á la legación apostólica de monseñor Francisco Chiericato en España, sólo se embarcó como voluntario y curioso, en el número de los 30 «que fueron vestidos á costa de la corte», y los 18 de que habla Pigafetta forman con los 13 que retuvieron prisioneros los portugueses en la isla de Cabo Verde, y fueron reclamados con insistencia desde la llegada de Juan Sebastián Elcano á la bahía de Sanlúcar «las 30 personas» salvadas en el buque Victoria, excluyendo á Pigafetta.
[175] Pigafetta Primo viaggio, pág. 182. Los marineros del Victoria advirtieron con espanto «que durante el viaje alrededor del globo habían comido de carne el viernes y celebrado las Pascuas el lunes». (Herrera, t. II, pág. 95.) Anghiera, que era algo inclinado á burlarse, da á entender en su correspondencia que el problema de el día perdido, como con más razón se le llama, mortificó largo tiempo á los compañeros de Magallanes «quonam vero pacto classicula, de qua puto vos non ignorare, parallellum circuerit integrum, proras ad Occidentem solem vertens semper, donec ad Orientem illarum una, garyophyllis onusta, redierit et in eo discursu unum sibi defuisse repererit, quæ stomachis exilibus impossibilia videbuntur, per ejus rei ad unguem discussam narrationem in Decade mea quarta videbitis». (Pedro Mártir, ep. 770, pág. 448.)
[176] «La longitudine s’argomenta de la latitudine de la Luna.» Pigafetta, Trasunto del Trattato di Navigazione, página 219.
[177] Herrera presenta el tipo de este cálculo, déc. II, libro IV, cap. 10 (t. I, pág. 338). Comparando atentamente Herrera y Pigafetta, me he convencido de que no eran idénticos los materiales que cada uno empleaba. Citaré sólo el 13 y el 17 de Diciembre de 1519, el 7 de Febrero y el 11 de Octubre de 1520, el de la trágica historia de la traición en el Río de San Julián. Pigafetta atribuye al Cabo de las Vírgenes la latitud de 52° 3′, mientras los elementos numéricos de la observación de 28 de Octubre de 1520, referida por Herrera, arrojan 52° 56′ (véase Pigafetta, páginas 16, 24, 33, 35, y Herrera, t. I, páginas 339, 447, 449 y 451). Acerca de la coincidencia de la llegada de la Victoria y de Contarini, véase Ranke, Päpste, t. I, página 153.
[178] Barros, déc. III, lib. V, cap. 10 (t. III, párrafo 1.º, página 657). El historiógrafo portugués no cita, como Herrera, los elementos numéricos; pero con amargas quejas, y bien injustas por cierto, contra las Efemérides de Regiomontanus, da las fechas de cuatro observaciones de longitud, sacadas de un libro que Duarte de Rezende (Feitor de Maluco) se procuró furtivamente en la India y le envió á Lisboa. De igual procedencia poseía también Barros el cuarto capítulo de los treinta que forman un tratado de longitudes («vulgarmente llamadas distancia de meridiano fijadas por la altura de leste oeste»), compuesto por Ruy Faleiro para el uso particular de Magallanes (t. III, p. 1.ª, páginas 660 y 661). Barros, que nació en 1496, encontrábase en África, en el fortín de la Mina, cuando llegaron á España los restos de la expedición de Magallanes, en 1522 (t. III, p. 1.ª, pág. 235).
[179] Déc. II, lib. II, capítulos 20 y 21; lib. IV, cap. 10 (t. I, páginas 103, 195 y 338).
[180] «Hombre hablador y de poca sustancia.» Parece que la diplomacia fué más activa cuando vino un embajador á Zaragoza á negociar el matrimonio de la hermana de Carlos V (doña Leonor) con el rey D. Manuel. «Se avisó á Magallanes que él y su amigo, el astrónomo Ruy Falero, serían asesinados (diplomáticamente), lo cual obligó al obispo de Burgos á ocultarles todas las noches en su palacio.
[181] Primo viaggio, pág. 36, y la Introduzione del señor Amoretti, páginas XX-XXVI.
[182] Antes hemos visto que estos testimonios contemporáneos nada nos enseñan acerca del lugar donde se encontraba el mapa. Pigafetta cita solamente los archivos (el tesoro) del Rey de Portugal. Gozaba de tan grande reputación un mapa veneciano, traído de Italia en 1428 por el infante D. Pedro, duque de Coimbra, hermano del famoso infante D. Enrique, duque de Viseo, y colocado en el convento de Alcobaça, que Francisco de Souza Tavares suponía haber visto indicado en él, como cola del dragón occidental de las Hespérides, el estrecho de Magallanes. (Antonio Galvano, Trat. dos descubr., página XV; Manuel di Faria y Sousa, Europa Portuguesa, tomo III, cap. I, pág. 554; Zurla, il Mappamondo di Fra Mauro, páginas 7, 86, 87 y 143; Vincent, Periplus of the Erythr., páginas 197 y 199.) Además, se creyó que era en el convento de Alcobaça donde Magallanes debió haber visto un mapa de Behaim. (Stuven, De vero Nov. Orbis inv., pág. 41; Tosen, Der wahre Entd., pág. 14). Aunque Behaim nació en 1430 y hasta 1479 ocupóse en comerciar en Alemania, no se temió atribuirle, sea el mapa veneciano de 1428, sea la copia del gran mapamundi del convento de los Camaldulenses de San Miguel de Murano, que el rey Alfonso V había hecho dibujar en 1459 en el taller de mapas de Fra Mauro y de Andrés Bianco (Zurla, pág. 85).
[183] Cosmographica disciplina, cap. II, pág. 22; De Universitate liber, pág. 37. Este hombre raro, perseguido por los teólogos, nació en 1510 y murió en 1581. Es uno de los pocos que antes de Bochart se ocuparon de la lingüística comparada, ciencia que, gracias á la filosofía y á los conocimientos más extensos en nuestro siglo, ha llegado á ser tan importante para la historia de los pueblos y su mutua filiación.
[184] Los cambios que ha sufrido la nomenclatura de los diferentes cabos de la isla de la Trinidad y la supuesta identidad de las partes del continente americano que Colón, en su tercer viaje, designó con el nombre de Isla Santa y de Tierra ó Isla de Gracia, han hecho dudosa la cuestión de saber si fué la parte de tierra firme vista por primera vez. He discutido este problema antes de la publicación de los documentos de Navarrete en la Relation historique, t. II, pág. 72, nota 3.ª La costa primeramente descubierta fué la oriental de la provincia de Cumaná, al este de Caño Macareo, cerca de Punta Redonda, parte baja llamada Isla Santa, y no la parte montañosa de la costa de Paria, que forma la costa NO. del golfo de las Perlas ó de la Ballena, paraje que Colón designaba con el nombre de Isla de Gracia. Cuando su primer viaje, en Noviembre de 1492, á las costas de Cuba, estaba persuadido el Almirante de que se encontraba en un continente («es cierto, dice, que ésta es la tierra firme», Diario, 1.º de Noviembre). Esta opinión, confirmada en el segundo viaje y solemnizada por el juramento de toda la tripulación el 12 de Junio de 1494, la conservó Colón hasta su vuelta de Paria á Haïti en 1498. Dice terminantemente: «En el viaje que yo fuí á descubrir la tierra firme estuve treinta y tres días sin concebir sueño, pero no se me dañaron los ojos ni se me rompieron de sangre y con tantos dolores como agora.» (Carta á los Reyes Católicos, conservada en el archivo del Infantado.) (Navarrete, t. I, páginas 46 y 252.)
Este convencimiento de Colón de no haber descubierto en 1498 sino un punto más meridional y más oriental del continente de Asia visto en 1492 y 1494, ha contribuído quizá á privarnos de una relación más detallada escrita por el mismo Almirante.
El martes 31 de Julio de 1498, un marinero de Huelva, Alonso Pérez, descubrió desde lo alto de un mástil una tierra de tres mogotes. Era el cabo SE. de la isla de la Trinidad, hoy Punta Galeota, llamada entonces Punta Galea según la carta del Almirante, y Punta Galera según su hijo D. Fernando. La Punta Galera de los hidrógrafos modernos, el cabo NE. de la Trinidad, nunca llegó á verla el Almirante.
El miércoles 1.º de Agosto, después de haber hecho aguada en la Punta de la Playa, en la costa meridional de la isla de la Trinidad, al este de la Punta del Arenal (cabo SE. de la isla, acaso en la embocadura de los arroyos Erin y Moruga) «vieron sobre la mano izquierda (la proa al oeste) la Tierra Firme á 25 leguas de distancia (esta valuación, como las siguientes, están aumentadas en la mitad), aunque pensaron que era otra isla, y creyéndolo así el Almirante, la puso por nombre Isla Santa.» Así lo dice el hijo de Colón (Vida del Almirante, cap. 67. Herrera, déc. I, lib. III, cap. 10, t. I, pág. 67. Véanse también los testimonios en el pleito del Fisco contra los herederos de Colón, Navarrete, doc. LXIX, t. III, págs. 539-551 y 579-583, entre los cuales se descubre la existencia de un manuscrito, en el que un marinero, Pedro Mateos, de la villa de Higuey, marcó en 1498 todas las montañas y los ríos, y se lo quitó Cristóbal Colón.)
No habla Colón en su carta á los Reyes Católicos de esta vista de Tierra Firme hacia el Sur, ni siquiera se encuentra en ella nombrada la Isla Santa, sin duda porque en el viaje desde la Margarita á Haïti había tenido tiempo de reflexionar acerca de la semejanza y probable unión de las costas continentales de la tierra baja más meridional de la Isla Santa y de la tierra montañosa y más septentrional de la Isla de Gracia. «Creyendo que era otra isla (dice Herrera siguiendo á Las Casas) distinta de Isla Santa, le puso nombre de Gracia, y le pareció altísima tierra.»
El 2 de Agosto se pasó por la Boca de la Sierpe hoy Canal del Soldado, por cuya abertura comunica el pequeño golfo de Paria ó de la Ballena, al Sur, con la mar. El día 5 de Agosto fué cuando por primera vez se puso el pie en el continente de América, á 5 leguas de distancia de cabo de Lapa, donde Pedro de Terreros hizo la risible ceremonia, tan repetida en nuestros dias, de una toma de posesión. La oftalmía impidió al Almirante desembarcar, pero no el hacer la «pintura de la tierra», que envió á los Monarcas, y que después guió á Alonso de Ojeda cuando, desde las costas de Surinam, vino al golfo de Paria (Segunda pregunta del Pleyto del fiscal, 1513-1515, Navarrete, t. III, páginas 5 y 359). Cabe sospechar que la circunstancia de no haber desembarcado indujo al piloto de la expedición, Pedro de Ledesma, quince años después, á decir en el pleito malignamente, y contra todos los demás testimonios, «que Colón descubrió la Punta de la Galea de la Trinidad, pero no la Tierra Firme que se dice ser Asia».
La expedición salió el 15 de Agosto por la abertura septentrional del golfo de Paria, y á ésta es á la que únicamente llama el Almirante Boca del Dragón. He juzgado conveniente poner en claro estos hechos, por el conocimiento detallado que adquirí de las localidades durante mi estancia en las montañas de Paria y en las misiones de Caribe.
[185] Los historiadores contemporáneos describen en los siguientes términos el carácter de este hombre valeroso: «Tenía favor por ser gran cortesano y de buenos dichos, hombre hijodalgo, modesto y de blanda condicion, hombre de á cavallo, tañedor de vihuela y trinchante á Don Enrique Enriquez, tio del Rey Católico.» Herrera, déc. I lib. VII, capítulos 7 y 16.
[186] Doy aquí los verdaderos límites de la Castilla del Oro en la época en que la Tierra Firme estaba explotada como en arrendamiento en provecho de los conquistadores que la habían descubierto (Navarrete, t. III, docs. núms. 1, 2 y 28, páginas 116, 170, 337 y 343; Humbolt, Relat. hist., t. III, página 538). En el mapamundi de Ribero, de 1529, la denominación de Castilla de Oro, que sólo corresponde á Uraba y al Darien, se aplica á toda la parte septentrional de Tierra Firme, mientras hasta 1508, como antes he demostrado, la denominada Nueva Andalucía (provincia de Cumaná) comprendía desde el cabo de la Vela al golfo de Uraba. Cuando el rey Fernando encargó en 1513 á su embajador en Roma, Mosen Jerónimo de Vich, negociar con el Papa la creación de un nuevo obispado en Nuestra Señora de Antigua (de la provincia de Darien), la Castilla de Oro fué llamada, en la jerarquía eclesiástica, Bætica aurea.
[187] Véase mi Relation historique, t. I, páginas 699-713, y tomo II, pág. 224.
[188] Geogr., lib. IV, cap. 9; lib. II, cap. 5, donde á «la tierra desconocida» que rodea el mar de la India al Mediodía se la nombra dos veces, mientras á mitad del mismo cap. 5 al mismo mar de la India se le compara, como mar cerrado, al Caspio. M. Gossellin (Rech., t. I, pág. 45), atribuye á Hipparco esta hipótesis de una división del Océano en muchas cuencas y la prolongación oriental del África. Hasta ha publicado dos mapas del sistema de Hipparco, presentando la tierra desconocida que une África y Asia. El único pasaje que se puede alegar en justificación de esta identidad de la geografía sistemática de Ptolomeo y de Hipparco (la era del primero de estos geógrafos está separada de la del segundo por Strabón y Posidonio, que, como Eratosthenes, eran de opinión contraria), encuéntrase en Strabón, lib. I, pág. 10. Alm., pág. 5, Cas. Trátase en este sitio de la división del Océano en muchas cuencas separadas por istmos y de la influencia probable de estos istmos en la desigualdad de los fenómenos de las mareas. No se nombra á Hipparco sino por haber combatido, conforme al testimonio de Seleuco el Babilonio, la identidad general de los fenómenos de flujo y reflujo; y aunque por inducción, estas opiniones ponen á Hipparco en oposición con Cratés, que admite la posibilidad de una circunnavegación, confieso, sin embargo, que el pasaje citado no me convence completamente de la desigualdad de configuración que, á la extensión en latitud, deben haber dado al África Ptolomeo é Hipparco, cerca del mar Erythreo.
[189] Antes dije la poderosa influencia que en la dirección de las ideas de Cristóbal Colón ejercieron los pasajes de Strabón, repetidos por el cardenal d’Ailly. He aquí un pasaje de Solino que, por sus afirmaciones positivas, produjo grande efecto en la Edad Media. «Omne illud mare ab India ad usque Gades voluit (Juba) intelligi navigabile, cori tantum flatibus.» Llámase también fastuosamente «loca stationum et spatiorum modum» (Solino, Ex. Plin., págs. 874-879). San Isidoro era de la misma opinión de Cratés, de Eratosthenes y de Solino (Orígenes, libro XIV, cap. V). El pasaje de Solino está tomado de Plinio (VI, 29), que comienza el Atlántico en el cabo Mosylon de Etiopía y reune en un mismo capítulo (II, 67) cuanto podía excitar el ardimiento de los marinos portugueses del siglo XV. El viento NO. (caurus ó argestes de los griegos) no está acertadamente elegido para explicar una navegación desde la India ó del mar Rojo á Cádiz; es, sin duda, una reminiscencia de la expedición de Eudoxio, en la cual Posidonio (Strabón, lib. II, página 157 Alm., pág. 99 Cas.) hace intervenir «continuos vientos del Oeste»; pero también Eudoxio procuraba dar la vuelta al África del Oeste al Este.
[190] Gesta Dei per francos, ed. 1611, t. II, páginas 281, 296; Marino Sanuto, á quien no se debe confundir con Livio Sanuto, geógrafo del siglo XVI, y que se llama á sí mismo en un manuscrito de la Biblioteca Laurentina de 1321 «Marinus Sanuto dictus Torxellus, de Venecciis», predicó acertadamente una cruzada en interés del comercio, deseando destruir la prosperidad de Egipto y dirigir todas las mercancías de la India por Bagdad, Bassora y Tauris (Tebriz) á Kaffa, Tana (Azov) y á las costas asiáticas del Mediterráneo. Nacido en 1260, compatriota y contemporáneo de Marco Polo, el viajero de Oriente, Sanuto no conoció el Milione, pero sí, probablemente, la geografía de Abu Rihan (Albiruni), de la que tomó datos Abulfeda. De carácter elevado, expone grandes miras de política comercial. (Antonio de Capmany, Memorias históricas sobre la marina de Barcelona, 1779, t. I, pág 40.) Es el Raynal de la Edad Media, sin la incredulidad de un abate filósofo del siglo XVIII.
[191] Il Milione, 1827, t. I, pág. CLV.
[192] Dissert., t. II, pág. 397.
[193] Il Mappamondo di Fra Mauro Camaldolese, descritto de lacido Zurla, 1806, párrafo 54.
[194] Zurla, párrafos 38, 39, 116-118.
[195] Ed. de Marco Polo, nota 1.419. Behaim ha figurado también estos islotes en el globo de Nuremberg, y pretende que no empezaron á ser habitados hasta 1285. (Murr, pág. 34.) La situación cerca del cabo de Guardafui no conviene en manera alguna con el dicho de Polo «verso mezzodi di Chesmacoran», que es la parte más occidental de l’India maggiore, á 500 millas de distancia.
[196] Diario del primer viaje, 13 y 15 de Enero (Navarrete, t. I, páginas 134 y 138); y cuarto viaje ( Nav., t. I, página 282). Matinino es Santa Lucía; Borodoni, Isolario, edición de 1547, pág. 15. La isla Matitina de Procacchi, Isole più famose, 1576, pág. 106, y del mapa de las Antillas de Wytfliet en las Descriptionis Ptolemaicæ argumentum sive Occidentis notitia (1597), paréceme que coincide mejor con la posición de la Martinica.
[197] Este archipiélago contiene Socotra (Socotora), Serendiv (Ceylán) y Kemr (Madagascar), situada al E. de Ceylán, según el mapa árabe que acompaña al hermoso manuscrito de Edrisi, de la Biblioteca Bodleyana, en Oxford. Por esta configuración extraordinaria dada al África oriental, á la costa de Zengis y á la de Sofala, Asia y África formaban un golfo inmenso (mar de Sind ó Hind), que en dirección, como el archipiélago, de O. al E. se extendía desde la desembocadura del mar Rojo hasta las extremidades orientales del mundo desconocido.
El globo de Behaim presenta la parte de esta serie de islas que traspasa el meridiano de Cathay, de Gog y de Magog, siendo la más próxima á las costas de España. Socotora y Zipangu son los puntos extremos de este archipiélago por el lado de la India. Antes de 1492 creíase que continuaba hacia el Este por medio de jalones apartados que formaban la Antilia, San Borondón y las Azores. Tal era la opinión de Toscanelli y de Colón, y puede formarse exacta idea de la esperanza de dichos grandes hombres de entrar por el Atlántico en esta zona continua de islas, cuando se conoce el tipo imaginario de la geografía árabe é italiana del siglo XV.
En el mapa de Edrisi queda abierto el mar de Hind hacia el Este; pero como reminiscencia del sistema de Ptolomeo, se prolonga la costa de Sofala hasta el meridiano de Cathay. Es verdaderamente extraordinario que, en oposición directa con el mapa del manuscrito de Oxford y de muchos textos de Edrisi, el sabio maronita Gabriel Sionita, en su comentario marginal del geógrafo nubiano, haya atribuído á éste la misma opinión de Ptolomeo, según la cual el mar de la India sería una cuenca cerrada (Edrisi, ed. de 1619, pág. 3, nota b). Esta falsa interpretación á que ha podido contribuir un pasaje algo obscuro de Edrisi (pág. 37) acerca de una tierra que está unida á la costa de Zengis (¿ó cercana?), ha sido copiada en otras obras, por lo demás, muy estimables (Sprengel, Gesch. der geogr. Entd., página 156). Hay siete mares, dice el Nubiano, de los cuales seis son como golfos del Océano Homerico (mare ambiens), y uno completamente separado, nulli parti prædictorum marium juncta. Ahora bien; como este solo mar, separado de los otros (Edrisi, pág. 243, repite las mismas palabras) es el Caspio ó mar de Tabarestán, y que, comparado al antiguo estado del Mediterráneo, es el mismo al cual llama (pág. 147) Stagnum undique clausum, no puede quedar duda alguna de que Edrisi creía el mar de la India abierto hacia el Este y en comunicación libre con el Océano. Lo dice claramente en la pág. 36, donde habla del enlace del mare piceum, la parte más oriental del mar de la India, con el mar de las Tinieblas, ó sea el Océano Atlántico, que baña (páginas 6, 39) las costas occidentales de África, la extremidad oriental (Vac-Vac) de dicho continente y las tierras septentrionales de Gog y de Magog.
[198] Baldelli, Milione, t. I, pág. 33. La sospecha de las adiciones fúndase en datos, al parecer, debidos á un monje, Talián, que recorrió la Etiopía. La conjetura de Ramusio y de tantos geógrafos modernos, de que Fra Mauro había copiado un mapa traído por Marco Polo del Catay, ha sido, en mi opinión, victoriosamente refutada por el cardenal Zurla (párrafos 136-143). La orientación del mapamundi de Mauro, en el cual el Mediodía, como en el planisferio de Velefri (del siglo XV), publicado por el sobrino del cardenal Borgia, está situado en la parte superior del mapa (cayendo, por tanto, el Oriente á la izquierda), choca, sin duda, cuando se recuerda que en China, donde, según las nuevas é ingeniosas investigaciones de M. Kalproth, los marinos se guiaban por medio de la brújula desde el siglo III de nuestra era, la aguja imantada lleva el nombre de aguja que muestra el Sur, Tchinantchin.
La dirección del comercio del Norte al Sur y al Suroeste daba especial importancia á la región meridional; pero las orientaciones de los mapas fueron, al parecer, por largo tiempo bastante arbitrarias. En el mapamundi circular de Andrés Bianco, mucho más antiguo que su Portulán de 1436, y hasta quizá copiado de un mapa del siglo XIII, el Sud está á la derecha, como también en el mapamundi de la Biblioteca de Turín, anejo á un comentario del Apocalipsis compuesto en el año 787 y transcrito en el siglo XII (Cod. manuscripti. Bibl. Taurín, 1749, t. II, página 29, Col. XCIII). El mapa fragmentario del monje Cosmas Indicopleustes, lo mismo que el mapa general de Edrisi, de la Biblioteca Boldeyana, que con frecuencia he citado, están orientados como acostumbramos á orientar nuestros mapas, el Oriente á la derecha. La antigüedad siguió generalmente el ejemplo de Homero (Iliada, XXII, 239; Strabón, lib. I, página 34 Cas.), que hace volar el águila á la derecha hacia la aurora y á la izquierda hacía la estancia de la noche (el Poniente). Sólo Empedocles trastorna, por decirlo así, los puntos cardinales en sentido diametralmente opuesto al método de Bianco, nombrando «la derecha del mundo el Norte y la izquierda el Sur (Plutarco, Plac. phil., II, 10; Stob., Ecl. phys., XVI, pág. 358). Esto es, como observa M. Lommatzsch, un reflejo de la doctrina egipcia (Plutarco, de Isid., c. 32), que considera el Oriente como «la cara del mundo»; lo cual, no para quien mira al Oriente, sino para quien vuelve el rostro al Occidente, sitúa (como dice Empedocles) el trópico del invierno, ó sea el Sur, á la izquierda. (Lomm., Weisch. des Emp., 1830, página 200.)
[199] Rennel, Inv. on Current., páginas 98, 138.
[200] Vies de personnages célebres, t. I, pág. 336. Recordaré, que en la punta austral de África abunda una especie particular de lobo, el chacal mesomelas; pero no es probable que el Junco de la India tocara en el cabo Diab.
[201] Dvipa (contraído en dip y div) es en sanscrito, según M. Bopp, hablando con propiedad, un compuesto posesivo, teniendo dos aguas, rodeado de agua por dos lados. Dvis pierde fácilmente la v, como lo prueba el adverbio numeral griego δὶς, en el cual el epiceno vau queda suprimido. En la explicación del nombre griego de Socotora (Dioscoridis Insula) fué donde Bochard procuró por primera vez, hace doscientos años, encontrar las palabras sanscritas Diu Socotra, impulsado quizá á ello por la palabra Iabadiu (isla de la Cebada) de Ptolomeo (VII, 2). No insistiré en la transformación de Diu Socotra en Dioscoridis Insula, conforme en rigor á la tendencia de los Helenos de formar mitos históricos por la alteración de nombres geográficos; pero cuéstame trabajo participar de la opinión de un sabio ilustre, cuyas opiniones causan generalmente profunda convicción en el ánimo del lector, de que Socotra sea una corrupción del apócope de Dioscórides. (Letronne, Materiaux pour l’histoire du Christianisme en Abyssinie, 1832, pág. 138.)
La isla de Socotora, habitada desde antiguos tiempos por colonos árabes é indios, era, no sólo por su posición á la entrada del mar Erythreo, importante para el comercio, sino también porque se la creía fértil en aloes, cuya especie, muy buscada en la antigüedad, se la llama aún en las farmacias Socotrina, adjetivo de Socotra, como se ve claramente en García, ab Horto Aromata, t. I, 2, pág. 14, ed. de 1567. «Insula Socotra (dice el geógrafo de la Nubia, pág. 23) nitida tellure, ferax arborum et pleraque ipsius germina sunt arbores aloës. Atque hæc aloë superat bonitate reliquas omnes, ut illam quæ colligitur in Hadhramut terræ Yemen.» Esta descripción recuerda la fábula árabe de que Aristóteles indujo á Alejandro á descubrir la isla de los Aloes, y el consejo de que, cuando el rey macedonio fuera personalmente á Socotora «telluris præstantia et aëris temperiem approbans», expulsara á los antiguos colonos y les reemplazara con griegos que cuidarían las plantaciones de aloes.
Creo que una isla que tanta celebridad gozó durante largo tiempo, muy bien podía merecer el nombre (sanscrito) de Sukhadhara, sitio de la felicidad ó isla felicísima, dvipa Sukhatara, que los Sres. Bopp y Bohlden reconocen casi sin ninguna alteración en Socotora. (Das alte Indien, t. II, pág. 139; Patt., Etym. Forsch. aus dem Gebiete der Indo German. Sprachen, 1833, pág. 80.) Al aloe, al jugo purgante, llámasele en sanscrito tarani. (Wilson, Lex., y Ainslie, Mat. med. Indica, t. I, pág. 10.) Creo encontrar esta palabra en el tarum de Plinio (XII, 20), sustancia aromática que se recibía por medio del comercio con los Nabatheos (García, ab Horto, lib. I, capítulo 16), sin haber conocido esta analogía con un nombre sanscrito, conjetura ya que el tarum de Plinio es la madera odorífica del aloes, el agallochon de Dioscórides, que el botánico de Anazarbe no confunde con ἀλόη. Mi sabio amigo M. Letronne recuerda que cerca de Suaken, en Abisinia, hay una montaña, Dyab, y ha hecho derivar este nombre como el de la isla Diabus y el de Dibus (probablemente la isla Dahlak), patria de Teófilo el Ariano, según Philostorgos, de una raíz árabe que significa oro (Christ. d’Abyssinie, pág. 139). Esta raíz es dseheb.
[202] «Parece que estas tierras de Ciguare, que son á diez jornadas de Río Gangues, están con Veragua como Tortosa con Fuenterrabía.» Estas palabras, bien expresivas para pintar dos mares opuestos uno á otro, sólo se encuentran en la carta rarísima de 7 de Julio de 1503 (Morelli, páginas 11 y 30; Navarrete, t. I, páginas 299 y 309), y no en la biografía escrita por el hijo de Colón.
[203] Déc. II, lib. I, cap. 7. En los despachos diplomáticos del embajador de Portugal Juan Méndez de Vasconcelos, correspondientes á los meses de Agosto y Septiembre de 1512, encontrados en los archivos de Lisboa (en la Torre do Tombo), las islas de las especias (Melucos) reconocidas desde 1511 por Antonio de Abreu, se confunden siempre con la península de Malaca. Háblase en ellos de la herejía de Solís, «que mostrara que Malaca está no demarcaçao de Castela».
[204] Reales cédulas de 28 de Julio de 1500 y de 8 de Junio de 1501 (Navarrete, t. III, páginas 41, 86, 88, 543 y 590). Parece probado que los ingleses, que llamaban la atención de la corte de España, no formaron parte de una expedición á Maracaybo que se cree realizada en 1499 y que se atribuye á Sebastián Cabot (Mem. Seb. Cabot, 1831, pág. 91-96 y 307-310). La península de Chichivacoa, que en el pleito con los herederos de Colón nómbrase generalmente Coquibacoa, y aun Quinquibacoa, está frente á la península de San Román, á la entrada del golfo (y no del lago) de Maracaibo. Es hoy un terreno casi completamente despoblado que, por su posición, gozaba de alguna celebridad política al principio del siglo XVI. El obispo Fonseca recomienda especialmente á Ojeda que le traiga «en cuanto pueda» piedras verdes, de las cuales tenía ya el prelado algunas muestras. Como sé por propia experiencia la gran distancia á que los indios del Orinoco y del Amazonas hacen pasar los productos que estiman de mucho precio, no me atrevo á resolver si estas piedras verdes eran esmeraldas de Muzo (de la meseta de Nueva Granada) ó las sassuritas (piedras del Amazonas), que Diego de Ordaz llama «esmeraldas gruesas como el puño» (Rel. hist., t. II, páginas 481-485, 571 y 689).
[205] Navarrete, t. III, páginas 24, 320.
[206] Docum. dipl. núm. 139; Navarrete, t. II, pág. 257.
[207] Informes del 20 de Enero de 1513 y del 16 de Octubre de 1515 (Navarrete, páginas 367, 379 y 380).
[208] Vida del Almirante, cap. 88, pág. 101; Herrera, t. I, página 104.
[209] (Navarrete, t. I, pág. 285.) Colón alude al primer viaje que realizó Ojeda con el sabio piloto Juan de la Cosa y con Vespucci (20 de Mayo de 1499; Junio de 1500) desde el río Essequivo hasta el cabo de la Vela, recorriendo, por tanto, toda la costa de Venezuela, más acá del meridiano del lago Maracaybo. La expedición de Rodrigo de Bastidas y de Juan de la Cosa fué la que continuó estos descubrimientos hacia el Oeste hasta el Puerto del Retrete. Ambos marinos salieron del puerto de Cádiz en Octubre de 1500. La expedición volvió á Haïti á fines de 1501 ó á principios de 1502, y á Cádiz (después de muchas peripecias) en Septiembre de 1502, cuatro meses después que Colón emprendió su cuarto viaje (Navarrete, t. III, páginas 26, 28 y 592).
[210] Herrera (déc. I, lib. 4, cap. 11.) y después de él Muñoz, se han equivocado en un año en la época del segundo viaje de Ojeda, el que hizo con Vergara, sin Juan de la Cosa y sin Vespucci, y que se verificó de Enero á Mayo de 1502 (Navarrete, t. III, páginas 29-37, 68, 170 y 593). Antes del primer viaje, en el que Ojeda mandaba sólo (1499-1500), sirvió en unión de Juan de la Cosa en la segunda expedición de Colón (1493 y 1496), y por tanto, á las órdenes del Almirante.
[211] Segunda pregunta del Fiscal. Colón había escrito á los Reyes Católicos en 1498: «Enviaré á Vuestras Altezas la pintura de la tierra (de Paria), y tengo asentado en el ánima que allí es el Paraíso terrenal.» Según Colón, á la extremidad del Este es donde el mapa y la cosmografía cristiana de Cosmas sitúan, en un continente separado del nuestro por el Océano, el origen del género humano.
[212] Véase mi Relation hist., t. II, pág. 706.
[213] La fecha de la edición es cierta, y posterior sólo en dos años á la muerte de Colón. Reidel, en su Coment. crítico-litteraria de Claudii Ptolomæi geographia ejusque codicibus (Norimb, 1737, pág. 52) pretende que sea de 1507, á causa «de una indicación in calce Planisphærii», que no he encontrado en ninguno de los ejemplares que he visto en Francia y Alemania. El privilegio del papa Julio II, de la edición de 1508, es de 1506; pero se encuentra literalmente repetido de la edición de 1507, notable por las primeras cartas modernas que presenta junto á los mapas de Agathodæmon.
[214] El monje Celestino de Benevento, sin nombrar á Vespucci, atribuye, al parecer, más bien á los portugueses que á los españoles el descubrimiento de la América meridional. En el antes citado cap. 14 escribe: «De tellure quam tum Lusitani, tum Columbus observavere, et Mundum appellant Novum vel terram Sanctæ Crucis.»
[215] Zurla, páginas 61, 62, 137 y 139.
[216] Á este célebre geógrafo preocupa la idea de que el estrecho fué descubierto antes de Magallanes. «Per fretum Magellanis fertur mare ab oriente in occidentem motu incitatissimo ut inde Magellanes (vel qui ante Magellanem id detexit, ut volunt) conjecerit fretum, per quod ex Atlantico in Pacificum Occanum pervenitur (Geogr. gen., Cant., 1681, pág. 119). Fretum Magellanes primus invenit et navigavit, 1520, etsi Vascus Nunnius de Valboa prius, nempe anno 1513, illud animadvertisse dicitur, cum ad australem regionem lustrandam isthic navigaret» (pág. 85). Sorprende encontrar en un autor instruído esta confusión de ideas y sucesos; el descubrimiento del istmo de Panamá, que es un estrecho terrestre, mezclado al descubrimiento de un estrecho oceánico.
[217] Nota del mapa original de Cruz Olmedilla, cuyos ejemplares han llegado á ser tan raros porque el Gobierno español ordenó en tiempo de Carlos III romper las planchas.
[218] El capitán Sarmiento de Gamboa (Viaje al estrecho de Magallanes, 1768, páginas VI y LXIII) es el primero que en 1579 entró en este archipiélago. Compárese tambien Agueros (Descripción hist. de la Prov. y del Archip. de Chiloe, 1791, página 128). Más al Sur, hacia el cabo Victoria, al archipiélago que limita la parte Noroeste del estrecho de Magallanes, ha dado recientemente el capitán King el nombre de Queen Adelaide’s Archipelago.
[219] Véase mi Essai politique (edic. de 1825, t. I, pág. 239).
[220] Herrera, déc. I, lib. X, cap. 3. Entre las cartas marinas conservadas en Hudson’s Bay House, hay un dibujo de las costas desde la bahía de Hudson hasta el Copperine River trazado rudamente por los indios (Barrow, Voyages into the Polar Regions, 1818, pág. 376).
[221] Por ejemplo, un marinero de la expedición de Bastidas á la costa de Santa Marta permaneció trece meses entre los indios, y fué recogido por Ojeda en 1502.
[222] Magallanes fondeó muy cerca de Port Desiré, en la isla de los Pinguinos, ó más bien de los Mancos (Aptenodytes, Forster), que los españoles llaman Pájaros Niños, porque andan vacilantes como los niños pequeños (Pigafetta, pág. 23; Sarmiento, pág. LIV). En el mismo pasaje de Pigafetta encuentro la primera descripción de un otario (foca de orejas exteriores); dice: «Lupi marini grossi come vitelli con orechie piccole é ronde.» El manco lo describió por primera vez Vasco de Gama, que le vió en una ensenada llamada Mossel-bay, 4° al E. del cabo de Buena Esperanza (Lichtenstein, en Vaterl. Mus., tomo I, pág. 394). Yo no he visto en las costas americanas del mar del Sur ni otarios ni mancos al norte de la isla de San Lorenzo, frente al Callao de Lima (latitud 12° 3′). Allí existen dos nuevas especies, que M. Meyen ha figurado recientemente en la parte zoológica de su Viaje alrededor del mundo, pl. 14 y 31. Á mayor distancia al O., los otarios se acercan mucho más al Ecuador, por ejemplo, en Nueva Guinea.
[223] No se ha explorado el río Santa Cruz más que hasta Weddels Bluff.
[224] La anchura de la América meridional, por los 52° 22′ de altitud austral, entre el cabo Pilares y el cabo de las Vírgenes, es, de O. á E., de 80 leguas marinas, mientras el desarrollo de las sinuosidades del estrecho de Magallanes, cuya mitad oriental tiene la dirección de SSO.-NNO., y la occidental ESE.-ONO., es de 108 leguas marinas de 20 al grado ecuatorial. La forma triangular de la extremidad austral de la América meridional es tan poco regular al S. de los 40° de latitud, que por dos veces, en el paralelo del golfo de San Jorge (latitud 45½°) y en el de la bahía de los Nodales hasta río Gallegos (latitud 51° 40′), la anchura del continente es menor que en el estrecho de Magallanes. Esta configuración de las costas, tan distinta de la que tienen en la extremidad del África, merecería ser fijada con más precisión por medio de buenas observaciones de longitud.
En la latitud del cabo de Buena Esperanza, la extremidad del continente africano presenta una costa de 150 leguas, casi enteramente dirigida de E. á O. Esta forma truncada desaparecería si el banco de las Agujas (Agulhas banc) se uniera al continente por un levantamiento submarino; entonces África terminaría en punta á los 36° 47′ de latitud austral, es decir, á 2° 52′ al S. de la ciudad del Cabo y 2° al S. del cabo Agulhas, que es hoy el punto más meridional de África. Estas extremidades meridionales de los continentes tienen especial interés geológico, y de esperar es que algún día se descubrirá si en la opuesta dirección de las partes orientales y occidentales del estrecho de Magallanes influye la dirección de las corrientes pelásgicas ó el yacimiento de las aristas de las rocas. Mr. King ha hecho ya la interesante observación que las islas sólo abundan en el estrecho, donde los grüstein son más frecuentes (Journ. of the Royal Geogr. Soc., 1832 vol. I, pág. 166). Además, esta nueva expedición inglesa, más aún que las de Córdova, Churruca y Galiano, ha probado la gran exactitud de la opinión de un navegante del siglo XVI, D. Ricardo Aquines (Herrera, descr. de las Ind. occ. pág. 49), según la cual, hasta los 56° de latitud (la del cabo de Hornos es efectivamente 55° 58′ 41″), toda la banda del Sur del estrecho, es decir, la Tierra de los Fuegos, como entonces se decía, «es un grupo de islas de distintos tamaños».
Según las investigaciones del capitán King, comandante del Acenture y del Beagle durante los años 1826 y 1830, la Tierra del Fuego la forman tres grandes islas, King Charles South Land (rodeada al Este por el estrecho de Le Maire), Clarence Island y South Desolation, cuya punta occidental es el cabo Pilares. El cabo de Hornos forma un islote de roca anfibolítica al SE. de la isla La Hermite, que en pequeño tiene la forma de Sicilia, y se encuentra, como las islas de Wollaston y Navarino, un poco al O. del meridíano del volcán de Basil Hall. En un viaje hacia el O., rasando el cabo de Hornos, se pasa entre las rocas de Diego Ramírez (latitud 56° 26′ 35″) y de San Ildefonso. Estos dos grupos de escollos están separados uno de otro más de 32 millas.
[225] Viaje al estr., p. IV. El mismo Magallanes llamó al estrecho por él descubierto Estrecho Patagónico, nombre que pronto cambió por el de Estrecho de la (nave) Victoria (Pigafetta, pág. 40).
[226] Herrera, déc. II, lib. 9, cap. 11. En las hermosas cartas que acompañan á la obra del mayor Rennell sobre las corrientes á la vasta bahía (latitud 41° 8′-42° 2′), que termina al Sur por la Península de San José, y que tiene una configuración tan extraordinaria, se la llama bahía de San Matías. Las cartas de la expedición de Malaspina, publicadas por el Depósito hidrográfico de Madrid, la dejan sin nombre. Comparando las latitudes de Magallanes y de su hábil compañero de fortuna Andrés de San Martín, á las latitudes determinadas en nuestros días, se ve que la suposición de un error de 1½° no puede admitirse, y que el nombre de San Matías conviene mejor á la bahía de Todos los Santos (latitud 39° 52′-40° 40′), entre el río Colorado y el río Negro de la costa patagónica. Tal es, al menos, el resultado de mis investigaciones.
[227] Primo viaggio, pág. 40.
[228] Aquí fué donde Serrano creyó observar, el 11 de Octubre de 1502, un eclipse de sol, «que en el meridiano debía verificarse á 10 h. 8 m. de la mañana»; pero según el extracto que Herrera (déc. II, lib. 9, cap. 14) nos da del Diario de Serrano, «el disco del sol no se obscureció ni totalmente ni en parte, y sólo se vió que al empezar el eclipse, estando el astro á 42½° de altura, cambió su color en rojo obscuro, tal como se ve en Castilla al través del humo de rastrojos ardiendo». Cesó este fenómeno cuando estuvo el sol á 44½° de altura. Esta observación, que Pigafetta no menciona y de que habla Herrera por manera tan ininteligible, no está hecha, ciertamente, para dar un resultado de longitud; sin embargo, Castañada (Hist. delle Indie, lib. VI, pág. 103) pretende que Magallanes determinó, «por el eclipse de sol de 17 de Abril de 1520, y conforme á las reglas que le había dado Faleiro, que había 61° de diferencia de longitud entre Sevilla y el río de Santa Cruz». Esta valuación sólo tiene el error de 1½° de menos, exactitud muy notable para el año de 1520 si se recuerda que Barros (déc. III, libro 5.º, cap. 9) presenta resultados extraordinariamente contradictorios que se obtenían conforme á las mismas reglas de Faleiro. Además, ni Magallanes ni Serrano fueron en Abril á la desembocadura del río Santa Cruz, y Castañada confunde probablemente el eclipse de sol de 11 de Octubre con uno de los ensayos de observaciones de conjunción que hizo el cosmógrafo Andrés de San Martín, durante la estancia de la expedición en Río San Julián, «según la industria de Ruy Faleiro», como dicen los documentos reunidos por Herrera. Magallanes partió de Sanlúcar el 21 de Septiembre de 1519, tocó en el Río de la Plata á principios de Enero de 1520, en la bahía de San Matías el 15 de Febrero, en Río San Julián el 2 de Abril, en río Santa Cruz el 14 de Septiembre, y en el cabo de las Vírgenes el 21 de Octubre de 1520.
[229] El globo de Behaim, construído en Nuremberg en 1492, no presenta más que la isla de San Brandán, que, como se sabe, ya figuraba en los mapas del siglo XIV. La absoluta ignorancia de Behaim en 1492 sobre la existencia de los Bacalaos (Terranova), confirma los argumentos con que el autor del Memoir of Sebastián Cabot (1831, páginas 286-289) combate la existencia de un viaje de descubrimientos á la costa Noroeste de América, hecho en 1484 por Juan Vas Cortereal. Sabemos, por la historia de las islas portuguesas de Cordeyro, que este personaje era gobernador de Tercera, y sería raro que viviendo Behaim en las Azores no hubiera tenido conocimiento de tierras occidentales vistas por Juan Vas Cortereal.
[230] Murr, pág. 47; Mannert, Einl. in die Geogr. der Alten, pág. 173. Cuando Schoner, natural de Carlstadt, en Franconia, fué llamado por Melanchthon de Bamberg á Nuremberg para desempeñar la cátedra de matemáticas, llevó consigo el globo. Este globo, de 2 pies, 10 pulgadas y 6 líneas de diámetro, encuéntrase colocado en la biblioteca de la Municipalidad (Stadtbibliothek). El tratado de Circulis Sphæræ (Tiguri, 1546), que también contiene una carta con el istmo de Panamá atravesado por un estrecho, no es, sin embargo, de Schoner, porque se ve en su obra Optisculum Geographicum ex diversorum libris et cartis collectum que en 1533 conocía (capítulo XX) la expedición de Magallanes («ducis navium invictissimi Cæsaris divi Caroli»). El paso del Noroeste, buscado recientemente por Parry y Ross, figura como abierto al Norte de un vasto continente llamado Terra Baccalearum en el mapamundi del Opusculum Geographicum Joannis Myritii Melitensis (Ingolstadt, 1590), pág. 60.
[231] Klaproth, Notice d’une Mappemonde et d’une Cosmographie chinoises, 1833, pág. 85. Véase también Nov. Journ. Asiat., t. XI, pág. 66.
[232] M. Letronne, en su edición de Dicuil, página 12. De igual manera κέρας significa geográficamente, ó un promontorio, ó, en sentido negativo, la desembocadura de un río ó de un golfo (Strabón, lib. X, pág. 458 Cas.; Hesiodo, Theog., 789, y los Fragmentos de Hannon).
[233] Véase en los dos primeros capítulos de esta obra la influencia que en el ánimo de Colón ejerció la erudición clásica.
[234] Malpaghino, propiamente Juan Malpighi de Ravena (Heeren, Gesh. der Classiker. Einl., pár. 162).
[235] Estas denominaciones, tomadas de una ciencia que aun no existía, la geografía de las plantas, las aplica ya Ptolomeo á Africa y Asia á la vez. La Myrrhifera regio está situada (Geogr., lib. IV, cap. 9, pág. 114) cerca del Coloë Palus, en las fuentes del Astapus, y (lib. VI, cap. 7, pág. 154) junto al golfo Sachalites, al E. del Hadramaüt, en un país montañoso, fértil en smyrna y en libanotos. Confundiéronse durante largo tiempo las comarcas que producían los aromas y las especias, con las en que se hacía el comercio de almacenaje de estas mercancías; y aunque Herodoto ya oyó decir que el cinamomum nacía en el país donde fué criado Baco, aludiendo sin duda á la India (Heeren, II, 1, pág. 101), y no á Arabia (Herodoto, III, 107), costaba trabajo, aun en los tiempos modernos de la escuela de Alejandría, no buscar la cinnamomifera regio en África, más allá de la costa de los Trogloditas. El rey Juba, único autor que reunió el conocimiento de la literatura de Cartago (Amm. Marcell, XXXII, 15) al de la literatura romana, esclareció mucho, en la época de Augusto, todo lo relativo al comercio de los aromas de Oriente y á los caminos de las caravanas (Plinio, VI, 28, 29; XII, 14) que conducían estos preciosos productos; pero una antigua preocupación influía siempre para confundir la India con las costas á donde se podía llegar yendo por el estrecho de Bab el Mandeb al mar Erythreo.
[236] Dión, Perieg, V, 589; Mela, III, cap. 7, pár. 70, el cual añade ingeniosamente: «Aurei soli (ita veteres tradidere) aut ex re nomen aut ex vocabulo fabula»; Plinio, VI, 21; Ptolomeo, Geogr., VII, cap. 2, pág. 176 (no está nombrado Argyré). Peudo-Arriano, maris Erythr., compuesto, según Letronne (Christianisne d’Abyssinie, pág. 47), en tiempo de Séptimo Severo ó de Caracalla.
[237] Véase mi Essai politique sur la Nouvelle Espagne, t. III, página 457, segunda edición.
[238] Este delicado procedimiento está descrito en la carta fechada en Jamaica el 7 de Julio de 1503. Recuerda casi involuntariamente un rasgo de franqueza de otro grande hombre de la misma época, Hernán Cortes, que no habiendo recibido todavía á los embajadores de Moctezuma, asegura á su soberano, en carta escrita en la Rica villa de la Frontera, «que este rico y poderoso señor» (mejicano) preso ó muerto, debe caer en sus manos. Cartas publicadas por el Arzobispo de Mexico (después cardenal) Lorenzana, pág. 39.
[239] Carta del tercer viaje, de letra de Fray Bartolomé de las Casas, conservada en los archivos del Duque del Infantado (Navarrete, t. I, pág. 244). El nombre de Sophira que los Setenta dan al Ophir, recuerda, en Ptolomeo, más aún que la metrópoli Sappara de Arabia (lib VI, cap. 7, pág. 156) el Soupara de la India (lib. VII, cap. 1, pág. 168), en el golfo de Cambaye (Barygazenus Sinus), que Hésychio llama «región célebre en oro». Es el Upara (mal expresado) del Periplo del mar Erythreo (Geogr. minor., t. I, pág. 30). Véase también Gosselin, Rech., t. III, pág. 208 y las nuevas y curiosas disertaciones de M. Federico Keil, Ueber die Hiram Salomonische Schiffahrt, Dorpat, 1834, páginas 40-455.
[240] Behaim pone á continuación de estas tierras (desde los 40° de latitud austral á los 38 de latitud boreal), Java minor, Angama (Angaman de Marco Polo, sin duda una corrupción de Andaman, los Maniola de Ptolomeo), Java minor, Insula Candyn, Argyré, Crisis, Thilis y Zipangut en el Oceanus Indiæ superioris; finalmente, las islas Cathai en el Oceanus Indiæ orientalis, que se extiende al Norte hasta los 50°.
[241] Barros (déc. I, lib. III, cap. 11) llama á Colón «eloquente e bon latino, o qual decia que venha de l’isla Cypango e trazia muito ouro». En la Vida del Almirante, publicada por su hijo (cap. 40), háblase largamente de la visita que hizo á la Corte en el palacio de Valdeparaíso, cerca de Lisboa, y en el Diario de la primera navegación, conservado por Las Casas, se menciona la vuelta de la India y los Indios que mostraba. Muñoz se inclina á creer (lib. IV, § 12), que el Almirante citaba engañosamente á Zipangu, para desvanecer toda sospecha de que venía de una tierra comprendida en la capitulación ajustada entre Portugal y España, por ejemplo de las costas de África, ó, como se decía entonces, de la Mina de Portugal y de Guinea. Pero examinando atentamente el Diario de Colón y los escritos de su hijo, comprendo que el supuesto engaño era íntima persuasión. Comprometido el Almirante á decir dónde había estado, optaba por la isla de Zipangu (Cipango), que le había dado á conocer el itinerario proyectado por Toscanelli en 1574 y que preocupaba tanto su imaginación, que cinco días antes del descubrimiento de Guanahaní declaró á Martín Alonso Pinzón deseaba más ir primero á tierra firme (al Asia) y después á las islas, entre las cuales se encontraba Cipango (Navarrete, t. I, pág. 17).
El hijo de Colón (cap. 20) dice positivamente «que su padre esperaba ver tierra á 750 leguas al Oeste de Canarias; y que hubiera hallado la Española, llamada entonces Cipango, de no saber que se decía estar á lo largo de Tramontana á medio día, y por eso quedaba á la izquierda».
Después del descubrimiento de Guanahaní el 13 de Octubre, aun expresa Colón en su Diario el deseo «de topar á la isla de Cipango»; pero antes de llegar á ella, costea por el NO. la isla de Cuba, cree que es un continente y que se encuentra á más de cien leguas de distancia de las grandes ciudades del Cathay (Zaitum y Quinsai), que por las narraciones de Marco Polo le había ponderado Toscanelli. «Y es cierto, dice el Almirante, questa es la tierra firme, y que estoy ante Zayto y Guinsay»; Diario, 1.º de Noviembre de 1492.
Posteriormente, según veremos en una carta al contador Santángel (á bordo de la carabela, cerca de las islas Canarias, el 15 de Febrero de 1493), llama de nuevo á Cuba una isla, pero extraordinariamente atento á la analogía de las denominaciones geográficas, consigna con interés en su Diario que el Rey de la Española, llamada por los indígenas la isla Bohio, aseguraba que muy cerca de allí, en Cipango, á que ellos llamaban Civao (era una comarca de la Española que aun se llama así), había mucho oro. Una semejanza accidental de sonido favoreció, pues, tal idea en la viva imaginación del Almirante.
El secretario del Senado de Bruselas, Wytfliet, en una Geografía americana aneja á la edición de la Geografía de Ptolomeo de 1597, nos recuerda que los habitantes (caribes) de Matitina tenían en su isla montañas llamadas Cipangi y que por analogía designaban con el mismo nombre los países montañosos de la Hispaniola (Descriptionis Ptolemaicæ argumentum sive occidentis notitia, studio Cornelli Wytfliet. Lovaina, 1597, páginas 146 y 166).
Como complemento de las opiniones sistemáticas que guiaban á Colón, observaré al terminar esta nota que, según su hijo (capítulos 7 y 29), tomaba las Azores por la Atlántida, las islas de Cabo Verde por las Gorgonas, y el Este de la India, á cuarenta días de navegación, por las Hespérides.
[242] Strabón (lib. II, pág. 127). En el admirable pasaje acerca de las ventajas de Europa.
[243] En la expedición que hice por orden del emperador Nicolás á la Rusia asiática, cuando dos de mis compañeros de viaje, el Sr. Schmidt y el Conde de Polier, descubrieron en la pendiente occidental del Ural, casi á los 60 grados de latitud Norte, los primeros diamantes hallados en Europa, dudóse al pronto de la realidad del descubrimiento, «porque los verdaderos diamantes corresponden al clima de las Indias».
[244] Al País del Oro, Chavilán, el antiguo Dorado del Phase se le daba, á causa de su misma riqueza y á pesar de su posición boreal, el nombre de India Póntica (Rosenmuller, Bibl. de Alterh, t. I, pág. 204).
[245] «Americus Vespucius maritima loca Indiæ superioris perlustrans cam partem quæ superioris Indæ est, credidit esse insulam: alii vero nunc recentiores hydographi (V. C. Magellanus, 1519) cam terram ulterius ex ulla parte invenerunt esse continentem Asiæ.» Tal es la opinión emitida en 1533 por Schoner, Op. geogr., p. II, cap. 1 y 20.
[246] Dirección casi paralela á las costas occidentales del antiguo continente (SSN.-NE.), desde los cabos Blanco y Bojador al cabo Norte en Noruega.
[247] Á quien objetara acerca de la incertidumbre de esta posición, recordaría que el capitán Sabine, en su animoso viaje para la determinación de la figura de la tierra por la observación del pendulo, llegó en 1823 en esta costa hasta los 76° de latitud, al Norte de Roseneath-Inlet, estando ya á 1½° de la tierra de Edam, en la longitud de 21° 23′. Mapas anteriores avanzan la Groenlandia más al Este, de suerte que la parte más oriental caía bajo el meridiano de Edimburgo.
[248] Desde la extremidad septentrional de Escocia á Islandia hay 162 leguas marinas; desde Islandia á la extremidad suroeste de la Groenlandia, 240; desde esta extremidad á las costas del Labrador, 140; á la embocadura del San Lorenzo, 260, Desde Islandia directamente al Labrador, 380 leguas. Desde Portugal (desembocadura del Tajo) á las Azores (San Miguel), 247 leguas; desde las Azores (Corvo) á Nueva Escocia, 412; desde Canarias (Tenerife) al continente de la América meridional (á la desembocadura del Oyapok, en la Guayana francesa, suponiendo el fuerte de Cayena, como lo determina M. Givry, á 3° 38′ 35″), 320 leguas marinas.
[249] La diferencia de longitud de 148½° arroja unos 59½° menos que el máximum de anchura del antiguo continente entre los meridianos del cabo Oriental (estrecho de Behring) y el cabo Verde de África. Esta diferencia se funda en las observaciones de los Sres. Beechey y Sabine. Si se limita la masa verdaderamente continental, desde el cabo del Príncipe de Gales (estrecho de Behring) hasta el cabo de San Luis (Labrador), se obtendrán 112° 35′.
[250] Conforme á las observaciones hechas durante la expedición del Blossom (Beechey, t. II, pág. 673), la anchura del estrecho de Behring esta determinada por la posición del cabo Est (de Asia), latitud 66° 3′ 10″; longitud de París, 172° 4′ 14″, y por la del cabo (de América) del Príncipe de Gales, latitud 65° 33′ 30″; longitud 170° 19′ 34″. La distancia entre los dos cabos es, por tanto, haciendo el cálculo en la suposición de ser la tierra perfectamente esférica, de 52° 9′ 2″. Cook creía que el estrecho sólo tenía de ancho 44 millas. Casi en medio del canal se encuentran las islas de San Diomedes (islas de Krusenstern, Ratmanoff y Fairway-Rock).
[251] Adelbert von Chamisso, Bemerkungen auf der Entdeckungs Reise des Rurik, 1821, páginas 166 y 177. La altura á que llegan los pinos, agrupados en pequeños bosques en la bahía de Norton, frente al promontorio pedregoso Tchukotzkoy-Noss y del golfo de Anadyr, prueba especialmente esta diferencia de temperatura entre las dos costas, oriental y occidental.
[252] Empleo la nomenclatura hidrográfica de M. de Fleurieu.
[253] Humboldt, Tableaux de la Nature (2.ª edición), t. I, página 169.
[254] Al fervoroso celo de estos religiosos viajeros débense los más preciados conocimientos del estado del Asia central desde el siglo V hasta el VII. Baste nombrar aquí al viajero budhista Fahian, que partió de Tchhangan para ir á las montañas Tsungling el año 399, y cuyo libro, titulado Foe Koué Ki, Relación de los reinos Búdhicos, traducido por Abel Remusat y comentado por este sabio y por Klaproth, es una relación circunstanciada del viaje. Otro descubrimiento reciente hecho por este célebre sinólogo, el viaje de Hiuan-Thsang, en la Transoxiana, los alrededores del lago Temurtu, el Candahar, el valle de Pamilo (Pamir) y la India (desde Palibothra ó Pataliputra á Ceylan), hacia los años 630 á 650, ofrecerá mucho mayor interés.
[255] Recherches sur le pays de Fusang mentionné dans les livres chinois et pris mal à propos pour una partie de l’Amérique (Nouv. Anales des voyages, t. XXI, 2.ª serie).
[256] Es una analogía curiosa que presenta el país de las viñas de Fusang (la América china de Deguignes) con el Vinland de los primeros descubrimientos scandinavos en las costas orientales de América.
[257] He aquí cómo M. Klaproth explica este error geográfico, propagado con obstinación en los mapas más modernos. Cuando los mapas formados por orden de Khang-hi se publicaron en Pekín, los jesuítas enviaron á Francia un ejemplar, acompañado de calcos, en los que solamente se habían transcrito algunos nombres chinos en caracteres romanos. En estos calcos, que d’Anville redujo para la obra del P. Duhalde, y que se conservan en París, había cerca de la desembocadura del río Amur ó Sakhalian-ula (río negro) estas palabras, escritas en mandchu: Sakhalian angga khada, que significan «Rocas de la desembocadura negra». Esta designación de algunos peñascos situados en el cauce del Amur, la tomó d’Anville por el nombre de la grande isla que los indígenas llaman Taaïkaï y los japoneses Karafto, del nombre de uno de los cabos que avanzan en el mar hacia la parte septentrional del Yeso. El nombre de Tchoka, que La Perouse da á Taraïkaï, pertenece á la costa occidental. Los sucesores de d’Anville han abreviado el Sakhalian angga khada en Sakhalien ó Saghalien. Véase Notice des travaux executés en Chine pour dreser la carte de cet empire, pág. 26.
[258] Nouvelle Journal asiatique, 1832, pág. 335.
[259] El Wenchin es la punta meridional de la isla de Yeso, ocupada por los Aïnos (velludos), que todavía tienen en nuestros días la costumbre de pintarse en el rostro y cuerpo diferentes figuras (Klaproth, Sur le Fousang, pág. 10, y Annales des Empereurs du Japon, 1834, p. VIII).
[260] Historia general de las Indias, pág. 117.
[261] Historical Researches on the conquest of Peru, Mexico, and Bogotá in the thirteenth century by the Mongols, 1827, páginas 34-45. Esta obra está íntimamente relacionada con otra que lleva por titulo Researches on the wars and sports of the Mongols and Romans, 1826.
[262] El espacio de 20° de longitud entre la isla de Pascuas y las islas de San Félix, San Ambrosio y Juan Fernández está ocupado por las Sporadas de Salas y Gómez, de Pilgrín, de Warehams Rocks y de Masafuera. Desde la isla de Pascuas conducen á las islas de la Sociedad (á través de un espacio de 40° de longitud) las Sporadas de Ducies, Elisabeth, Pitcairn (donde reside la familia anglo-polinesia del viejo marinero Adams, de la insurrección del Bounty), Crescent, Gambier y Hood. La gran serie de islas que con más continuidad se extiende desde Nueva Holanda á la América del Sur, encuéntrase casi completamente encerrada entre los 15° y 28° de latitud austral. Se desvía en dirección SE. de la isla de Pascuas á la Juan Fernández y se une al O. con un sistema de islas completamente distinto (dirigido S. N.) por medio de las islas Scarboroug y Radak en las Carolinas, como por éstas y las islas Pelew al gran archipiélago de las Filipinas.
[263] Carte du mouvement des eaux á la surface de la mer dans le Grand Ocean austral, par le capitaine Duperrey, 1831. La corriente que se dirige hacia las costas de Concepción y de Valdivia divídese, siguiendo las costas de Chile hacia el Sur y hacia el Norte á la vez. Es un punto de partida análogo á los conocidos en la costa occidental de África entre la bahía de Biafra y el cabo López, y en las costas del Brasil al Sur del cabo San Roque. (Rennell, Invest. of the Currents of the Atlant. Ocean, 1832, páginas 136 y 228.) El brazo septentrional de la corriente de Chile es el que he dado á conocer por su baja temperatura. El termómetro centígrado marca en la corriente 15°, 7 y fuera de la corriente 26°,4 á 29°, 7. (Relat. hist., t. III, página 508). Como el movimiento parcial de las aguas ha ejercido una influencia notable en la distribución de una misma raza de hombres y en la filiación de los idiomas (dialectos), debo también recordar aquí la existencia de corrientes hacia el NE., observadas algunas veces en la región tropical, aun dentro del límite de los vientos alisios del SE. y del NE. (Beechey, t. II, página 676; Meyen, Reise um die Erde auf der Prinzessin Luise, 1835, t. II, páginas 84-88).
[264] Calculando en la hipótesis de la tierra esférica, hay desde el cabo San Roque (lat. aust., 5° 28′ 17″; long. 37° 37′ 26″) al cabo Roxo (lat. bor., 12° 20′, long. 19° 14′), 1.531,2 millas marinas. Desde el cabo San Roque á Sierra Leona (lat. 8° 29′ 55″, long. 15° 39′ 24″), 1.558,7 millas.
[265] Del promontorio de Irlanda al Sur de Tralee (lat. 52° 20′, long. 12° 40′) al cabo Charles de Labrador (lat. 52° 11′, longitud 57° 40′), 1625,7 millas.
[266] Cabo Wrath (extremidad NO. de Escocia), lat. 58° 39′, long. 7° 18′. Cabo Barclay (al Sur de la bahía Scoresby) latitud 69° 10′, long. 26° 4′, distancia 807 millas marinas.
[267] Los brezos, que se creía faltaban en toda América como al NE. de Siberia, se han encontrado recientemente en el interior de la isla de Terranova.
[268] Humboldt, De dist. geogr. plant. secundum cœli temperiem et alt. montium, 1817, páginas 61-67.
[269] Como las Avicennia tomentosa, Suriana maritima, Jassiena erecta, etc., etc.
[270] Otros ejemplos de dicotiledóneas comunes á las costas equinocciales de África y de América, son Sida juncea, Pterocarpus lunatus, Æschinomene sensiviva, Scoparia dulcis y el Dodonœa viscosa, que yo he recogido en Méjico en la meseta de Guanajuato y en las colinas de lavas aglomeradas cerca de Río Mayo, en el camino de Popayán á Pasto, mientras el Sr. Perrottet la ha encontrado en el Senegal (Robert Brown, Rem. on the botany of the Congo River, pág. 57. Perrottet, Guillemin y Richard, Flore de la Senegambie, 1831, páginas 18, 41 y 73).
[271] Forma ó derivación notable de las palabras Calina y Callinago (que es el nombre que se daba á sí mismo el pueblo caribe), del cual los eruditos (propter rabiem caninam anthropophagorum gentis) han hecho canibales para latinizarlos más. García en sus fantasías semíticas (Origen de los Americanos, pág. 68), deriva la palabra canibal de Anníbal y de la lengua fenicia (Relat. hist., t. II, pág. 503; t. III, páginas 10 y 537).
[272] Déc. I, lib. III, cap. 9.
[273] Pedro Mártir, Ocean., páginas 22 y 65. Acaso el indígena á que se refiere lo que conocía eran los libros de jeroglificos de los pueblos mejicanos y del alto Perú.
[274] Las traquitas sólo asoman al través de las rocas en Islandia, donde el centro de la isla está cortado por un valle longitudinal traquítico en dirección del SO. al NE., valle descrito recientemente, sobre el terreno, en una interesante memoria geognóstica de M. Krug de Nidda (Karsten, Archiv. der Mineralogie, t. I, VII, páginas 425 y 455). Mr. Leopoldo de Buch había señalado ya la conformidad de esta dirección con la de la costa oriental de la Groenlandia (Canar. Inseln, pág. 335).
Acerca de los runos en el León de Venecia véase Grimm, Deutsche Runen, p. 209.
[275] Herrera no ha tenido para nada en cuenta las piezas del pleito que el fisco promovió contra D. Diego Colón, hijo del Almirante (déc. II, lib. I, cap. 7). Sólo las conocemos desde hace cuatro años por los extractos de Muñoz y de Navarrete (tomo III, páginas 559, 560 y 595). Entre las veinticuatro preguntas interrogatorias de la información fiscal, terminada en 1515, la once y doce refiérense á dicho libro ó escrito misterioso que permitió á Martín Alonso Pinzón «dar noticia á Colón de la existencia de tierras al Oeste». Este Pinzón es el mismo que mandaba la Pinta en el primer viaje y que murió pocas semanas después de su vuelta á España, mortificado porque la reina Isabel no quiso recibirle solo y antes que al Almirante en Barcelona. Arias Pérez, hijo de Martín Alonso Pinzón, acompañó á su padre á Roma para asuntos comerciales, y vió las escrituras que un bibliotecario «gran cosmógrafo» les enseñó y cuya vista tan viva impresión dejó en el ánimo de su padre que, desde su vuelta á Palos, sin conocer aún los proyectos de Colón, «resolvió armar dos carabelas para descubrir las cosas que vió en Roma en el mapamundo. El fiscal añade á este cargo un cuento verdaderamente fabuloso, cual es, que Martín Alonso Pinzón comunicó á Colón una fórmula atribuida al rey Salomón, y que consistía en la indicación del camino á la tierra de Campanso, la cual decía así: «Navegarás por el mar Mediterráneo hasta el fin Despaña, é allí al poniente del sol, entre el norte é el medio día por vía temperada fasta 95 grados del camino, é fallarás una tierra de Campanso, la cual es tan fértil y abundosa, é con su grandeza sojuzgarás á África é á Uropa.» No entiendo lo que quiere decir ese «camino de 95 grados», que sin duda no son grados de longitud, ni ese Ophir del Occidente llamado Campanso (Cipango?); pero creo muy probable que la anécdota del bibliotecario cosmógrafo sea en el fondo verdadera. Natural es que se apresuraran á mostrar á un marino tan grande é intrépido como Alonso Pinzón algunas cartas ó mapamundi que los bibliotecarios de Italia poseían entonces en gran número. La vista de la isla de Brazir en un mapa de Picigano (1367), ó de la Antilia, de Andrés Bianco (1436), podía muy bien excitar la imaginación del marino español. No fué ciertamente él quien ocasionó la expedición de Colón, que mucho antes de su correspondencia con Toscanelli, el año de 1474, cuando vivía en Portugal, alimentaba ya el proyecto de ir á la India por Occidente; pero la relación de lo que Alonso pretendía haber sabido en Roma, pudo muy bien influir para que el Almirante se relacionara con esta familia rica y poderosa de los Pinzones, que facilitó la primera empresa. Arias Pérez Pinzón heredó, al parecer, el odio que su padre Alonso había concebido contra el Almirante á la vuelta del primer viaje, y amplificaría sin duda el relato, pretendiendo (para perjudicar los intereses de don Diego Colón) que el célebre marino de Palos hubiera podido hacer el descubrimiento del Nuevo Mundo sin más que los indicios que el manuscrito de Roma le había proporcionado.
[276] Recherches geogr. et crit. sur le livre de Mens. Orbis terræ, 1814, páginas 129-146.
[277] Véase la historia de Islandia en el Islendenga Sögur, y la historia de las islas Færoes en el Færcyinga Saga.
[278] Letronne, Additions, páginas 90-93.
[279] Olafsen y Povelsen afirman (Reise durch. Island, tomo II, pág. 124) que el Bygde Papyle, en el Hornefiord, se llama así por haber habitado allí los Papar, primeros sacerdotes irlandeses.
[280] Olafsen, t. I, pág. 40; t. II, pág. 132. En el intervalo entre Naddoc é Ingulf se realizan las expediciones pasajeras de Gardar, Suaffarson y de Flocco.
[281] Véase Undersögelses Reise til Ostkysten of Grönland, 1832. El yacimiento de la costa oriental de Groenlandia no está reconocido entre los paralelos de 65°¾ y 69¼. Éste es el intervalo entre los límites boreales y australes de los estudios de las costas hechos por Mr. Graah y por Scoresby. La distancia de las costas opuestas sólo está indicada por aproximación.
[282] Véase el excelente informe de M. Magnus Stephenson en Hooker’s Tour in Iceland, pág. 423. La suposición de una distancia de 156 millas daría á este fenómeno luminoso, situada la vista en el horizonte, una elevación de 20.000 pies. En la Groenlandia, recorrida por M. Giseke y otros naturalistas, se han encontrado basaltos y doleritas, pero no traquitas y volcanes en actividad. Acaso la erupción luminosa fué en el mar, y, por tanto, más cerca de Islandia; sin embargo, los fuegos que se elevaron en tres inmensas columnas el 11 de Junio de 1783, cerca de los ríos Skapta y Hwerfisfliôt, fueron también vistos, según M. Magnus Stephenson, á distancia de 56 leguas marinas (Hooker’s Tour, pág. 409).
[283] Mem. de la Société Econom. de Copenhague, t. IV, página 239.
[284] La desgraciada Misión de Uppernavik fué quemada, en las últimas guerras, por los balleneros ingleses.
[285] Mr. Graah marca la dirección de las corrientes entre los paralelos de 64½° y del cabo Farewell, hacia el ONO., y á lo largo de la costa occidental desde el cabo Farewell hasta la isla Disco, hacia el NNE., lo que está en contradicción completa con el mapa general de las corrientes del mayor Rennell.
[286] Vudersög Reise, páginas 3, 169, 185, 188 y 190.
[287] Antigvariske Annaler, t. V (1827), páginas 309, 324, 368 y 377.
[288] Los caracteres rúnicos de la famosa piedra de la Isla de las Mujeres, en la parte oriental del mar de Baffin, en una latitud donde no se esperaba ver estos restos de cultura europea, han sido grabados muchas veces en Dinamarca y Alemania. He creído que debía dar la interpretación, por decirlo así, oficial, publicada por la Sociedad de Anticuarios de Copenhague, que tan grandes servicios ha prestado á la historia y á la geografía de las regiones boreales. Esta interpretación difiere algo de las versiones publicadas anteriormente. La primera noticia de la piedra del misionero Kragh me la dió el capitán Sabine. Mr. de la Roquette, cónsul de Francia en Dinamarca, procuró desde el año de 1832 proporcionarme un dibujo. Ocupándome de los signos numéricos de los diferentes pueblos, y creyendo reconocer, por la igualdad de algunos runos, en el grupo entero, á la vez el valor de posición y el de agregación, sometí á M. Rafn, de Copenhague, y á M. Mohnike, de Stralsund, las dudas que á M. Klaproth le inspiraba la interpretación de la fecha. He sabido por este último, á quien debemos la traducción alemana del Saga de Fridthjof, que Rask y el sabio Finn Magnusen han declarado espontáneamente que la interpretación de la fecha (1135) sólo era verosímil, pero que el valor numérico de los caracteres rúnicos empleados en el monumento de Kingiktorsoak no está suficientemente confirmado por los ejemplos sacados de otras inscripciones análogas. M. Rafn añade que los diez y seis runos del calendario, que son á la vez letras y cifras, no bastan para interpretar con alguna seguridad grandes cifras. Finalmente, y para decirlo todo, los Sres. Brynjulfsen y Mohnike se muestran inclinados á considerar el grupo de los seis runos que terminan la inscripción, no como una indicación de año, sino simplemente como un adorno. La piedra con caracteres rúnicos más antigua que hay en Islandia está en Borg en el Myre-Syssel; es la tumba de Kartan Olafsen, á quien durante su permanencia en Noruega, convirtió al cristianismo el rey Oluf Tryggesen y fué asesinado en 1004 por orden de una bella dama islandesa cuyo amor desdeñaba (Olafsen, t. I, pág. 137).
[289] Thormod Torfæus, Hist. Vinlandiæ antiquæ, 1705, página 5. Con la viña había también una gran gramínea de granos gruesos, que se ha creído fuese el maíz. Véase Schröder, Om Skandinavernes, Fordna upptacktsresor till Nordamerika en Swea (1818). H. I., pág. 211.
[290] Pontanus, Hist. Dan., lib. VII, pág. 476. Aunque la serie de los obispos groenlandeses no llega más que hasta 1406, parece, sin embargo, que el papa Eugenio IV nombró alguno en 1433. Se ha encontrado también una carta de Nicolás V á un obispo groenlandés, fechada en el año de 1448. (Véase Graah, páginas 5 y 7.)
[291] Relazione dello scoprimento dell’isole Frislanda, Eslanda, Engroveland, Estotilanda é Scaria, fatto da due fratelli Zeni, M. Niccolo il cavaliere e M. Antonio. Venecia, 1558 (edición de Franc. Marcolini).
[292] El sabio D. Fernando Colón, nacido en 1488, hízose sacerdote pocos años antes de su muerte, ocurrida en 1540, y legó su excelente biblioteca, que aun lleva el nombre de Colombina á la ciudad de Sevilla. Su obra (Historia del Almirante D. Cristóbal Colón) publicóse por primera vez en 1571 en Venecia; por tanto, trece años después de la edición de los viajes de los Zeni, por Marcolini; pero esta edición de 1571 es la traducción italiana, hecha por Alfonso de Ulloa, del manuscrito español que Luis Colón, hijo de D. Diego y persona mal reputada, llevó en 1568 á Génova (Códice Colombo-Americano, p. LXIII). Laméntase con razón Muñoz de que el original español no se haya encontrado hasta ahora, porque Ulloa hizo la traducción valiéndose, al parecer, de una copia muy incorrecta.
[293] Igual incertidumbre existe en el mapa de Fra Mauro, aunque es veintitrés años posterior. Zurla, Viaggi, t. II, páginas 48 y 335.
[294] Spotorno, autor del Códice diplomático Colombo-Americano (p. XXII), sostiene que la negativa de la República Serenísima fué á fines de 1477. Muñoz la pone en 1485, poco antes de la llegada de Colón á España (lib. II, § 21). Los ofrecimientos que el Almirante tuvo intención de hacer á Francia están probados por una carta del duque de Medinaceli (19 de Marzo de 1493), dirigida al gran Cardenal de España, «Ignoro si sabéis, dice, que he tenido á ese Cristóbal Colomo en mi casa cuando vino de Portugal, con intencion de ir al Rey de Francia, para buscar apoyo.» El Duque se alaba de haber impedido el viaje.
[295] Vida del Almirante, cap. V: «Para decir la verdad, yo no sé si, durante el matrimonio, fué el Almirante á la Mina.»
[296] Navarrete, t. I, p. LXXXII. Si, al contrario, se admite la opinión de Muñoz, de que Colón nació en 1446 (lib. II, § 12), debe suponerse que hasta 1483 estuvo de continuo en el mar, lo cual es contrario á hechos bien comprobados, á no ser que, no habiendo navegado desde 1484 á 1492, el párrafo citado en el texto fuera escrito muy posteriormente al primer viaje á América. Además, los recuerdos de épocas de la vida de Colón son con frecuencia muy erróneos. En la famosa carta dirigida á los monarcas, fechada en Jamaica el 7 de Julio de 1503, se dice: «Yo vine á servir (á España) de veintiocho años, y agora no tengo cabello en mi persona que no sea cano, y el cuerpo enfermo y gastado cuanto me quedó.» Como es indudable que Colón vino á España en 1484 ó 1485, debió nacer, según este dato, en 1456 ó 1457, lo cual no es cierto, y prueba que en la carta de Jamaica debe leerse, en vez de veintiocho años, treinta y ocho ó cuarenta y ocho. Hubo, sin duda, error de cifra en el documento impreso en 1505, ó Colón se equivocó.
[297] Cod. Col. Amer., p. XIII.
[298] Evidentemente hay error en la fecha, y debe decir 1494. Es la carta que Antonio Torres trajo á España, y fué expedida en el puerto de Navidad de Haïti el 2 de Febrero de 1494. De esta carta sólo conocemos el fragmento copiado en la Vida del Almirante. El Dr. Chanca, que escribió por el mismo conducto, fecha su carta en 1493 (Navarrete, t. I, pág. 224). Señalo estos errores tan frecuentes de cifras, nacidos en parte del uso simultáneo de números romanos y árabes (indios), porque las equivocaciones de esta índole tienen alguna importancia en los debates á que dan ocasión las fechas problemáticas de las primeras cartas de Amerigo Vespucci.
[299] Cod. Col., loc. cit.
[300] Hist. del Nuevo Mundo (lib. II, § 12); Barrow (Voy. into the Arct. Regions, páginas 23 y 26), cree que en la Vida del Almirante, cap. IV, debe leerse 1467, en vez de 1477.
[301] Spotorno, Códice Col. Amer., p. XV.
[302] Véanse los ejemplos reunidos en el Dicuil de M. Letronne, páginas 37 y 38. La traducción latina de Ptolomeo, de Θούλη, en Thyle, fué la que indudablemente guió á los geógrafos de la Edad Media. Es singular que Colón no emplee el nombre de Islandia, que debía haber oído en el Norte, y que se cree encontrar ya en Edrisi, pág. 275.
[303] Gosselin, t. IV, páginas 171 y 174. Al nombrar la isla de Mainland, sigo la opinión de d’Anville, de Gosselin y de Mannert (Einl. in die Geogr. der Alten, pág. 157). Malte Brun cree que la Thulé de Pytheas es la extremidad de Jutlandia, y se funda en los antiguos nombres escandinavos de Thy ó Thyland (Geogr. Univ., t. I, pág. 120); y mucho antes que él, Rudbeck (Atlantica, t. I, pág. 514), muy afecto á interpretaciones etimológicas, encontró solamente en las palabras Tiel y Tiulé la significación general de límite ó extremidad de una tierra. Ya Ortelio, en 1570, tomó el Thyle de Pytheas por la península de Escandinavia (Theatr. Orbis, p. 103). Las mismas ideas se han expresado en distintas épocas.
[304] De situ Daniæ, c. 224 (Torf, Hist. Univ., cap. 15). La muerte de Adam de Misnie, canónigo del cabildo de Brema, es algo posterior al año de 1076. El curioso fragmento del antiguo poema alemán del siglo XI, descubierto en la biblioteca del príncipe de Fürstenberg, en Praga, demuestra también de qué modo la propagación del cristianismo en las regiones boreales dió celebridad al nombre de Islandia. Este poema (que es una especie de cosmografía calcada en la enciclopedia de Isidoro de Sevilla) menciona el viaje de un obispo, Reginprecht, hacia la isla recientemente visitada por los misioneros sajones (Hoffmann, Von Fallersben, Merigarto, 1834, páginas 5, 12 y 18). La geografía árabe de Edrisi (Liber Relax., pág. 274), compuesta en el año de 1153, cita la Islandia en la cuarta parte del séptimo Clima, según la traducción latina de Gabriel Sionita; pero el texto original dice primero Lislandeh, después Itshlandeh, que también puede pronunciarse Esthlandeh. Llamado este país una tierra como Magog, y no una isla, queda la duda de si las ciudades problemáticas Deghvateh y Belouri pertenecen á Islandia ó á una parte del continente escandinavo. En los extractos de Ebn-al-Uardi y de Bakoui, que debemos á M. de Guignes, padre (Not. et Extr. des man., t. II, páginas 19 y 389), y que son posteriores en muchos siglos al geógrafo de Nubia, nada encuentro acerca de la última Thulè, más allá de Youra, en el mar de las Tinieblas.
[305] Las Casas murió á la edad de noventa y dos años en Madrid, en Julio de 1566.
[306] Theatr. Orbis terr. (edic. de 1601), páginas 5 y 6.
[307] La publicación de los Zeni por Marcolini (Venecia, 1558) excitó tan vivo interés, que la carta marina de esta expedición fué repetida en 1561 en la Geographia di Tolomeo, de Ruscelli, y en la Geographia Ptolomei, de Josephus Moletti. Sebastián Münster y Ramusio murieron antes de que apareciera la edición de Marcolini; Ramusio en Padua en 1152, y Sebastián Münster, uno de los hombres más eminentes de su siglo, en Basilea en 1552, á causa de la peste. Sólo el segundo volumen de la Raccolta de Ramusio, publicada en 1583, presenta el extracto del viaje de los Zeni, viaje que no nombran las cosmografías de Münster de 1544 y 1550. La minuciosa comparación de estos datos tiene alguna importancia, porque prueban que, á pesar de la indicación del nombre de Frieslanda ó Thulé meridional en la biografía de Cristóbal Colón, en 1558 nada se sabía acerca de estos descubrimientos de los venecianos en el Norte. Advierto que la isla de Frislanda falta también en el mapa de Rivero (1529), que prolonga la Groenlandia (Engrolant) al Oeste y al Este para unirla á Suecia, y falta en Grynæus (1532) y en el Opusculum Geographicum de Juan Schoner (1533).
[308] Zurla, Diss. intorno ai viaggi e scoperte settentr. di Nicolo e d’Antonio fratelli Zeni, en el segundo volumen de la obra di Marco Polo e di altri viaggiatore Veneziani, 1809, páginas 6-94; Malte Brun, Ann. des Voyages, t. X, pág. 69; y Precis de la geogr., edic. de 1831, páginas 489-499; Dezos de la Roquette, en la Biogr. Univ., t. LII, pág. 236, donde se encuentra indicada, aunque como simple recurso de investigaciones, la hipótesis de M. Walckenaer de que la Frislanda es el norte Drogeo (Drogio, Droceo); el sur de Irlanda, Estotiland, que Ortelius llama Novi Orbis pars y Malte Brun la isla de Tierra Nueva, el norte de Escocia y el Engroveland (Grolandia del mapa de los Zeni) el mediodía de Islandia. Un marino muy instruído, el capitán dinamarqués M. Zahrtmann, que, ocupado en trabajos astronómicos, ha vivido en París largo tiempo, acaba de publicar también en las Memorias de la Sociedad de Anticuarios del Norte en Copenhague, una disertación acerca de los supuestos viajes de los Zeni, que aun no he estudiado.
[309] No ignoro que Zurla creyó ver en la isla Ixilandia de Fra Mauro, la Frislanda de los Zeni (Il Mappamondo di Fra Mauro, § 74, di Marco Polo e degli altre viaggiatori veneziani, t. II. pág. 29); pero esta interpretación es menos probable que la que convierte el Vinland en la parte más austral de la Groenlandia. La colonización de esta península no avanzó de Norte á Sur (Bancroft, Hist. of the United States, 1834. t. I, página 6: Leslie, Discov. in the Pol. Reg., pág. 87).
[310] Eric Christ Werlant, Symb., ad Geogr. me dii ævi ex monum Island., 1821, pág. 28. El testimonio de Lorenzo de Anania (Fabrica del Mondo, 1576, pág. 154), que habla de Frislanda, «molto ricca di pescagio e assai frecuentata da Scozzesi», no lo creo fehaciente por fundarse en una relación muy vaga de un sobrino de Jacobo Cartier y estar escrito diez y ocho años después de publicados los manuscritos de los Zeni por Marcolini; por tanto, bajo la influencia de ideas tomadas de esta publicación. Las mismas dudas han sido expresadas, y con sobrada razón, por M. de Hoff, respecto á los testimonios de Juan Scolvo, de Frobisher y de Maldonado, posteriores todos á Marcolini (Gesch. der nat. Ver., des Erdbod, t. I, pág. 184).
[311] Tal es la configuración de la Groenlandia en el mapa de los Zeni, que en la costa Sureste está situado el famoso convento de Santo Tomás, cuyas habitaciones calentaba una fuente de agua hirviendo que salía de la tierra al pie de un volcán (Zurla, Viaggiatori Venez., t. II, páginas 63-69). Actualmente no se conocen en la Groenlandia occidental otras fuentes termales que las de la isla de Onartok (Egede, Tagebuch, p. LXIV, y Gieseke, Brewster’s Encyclop., vol. X, p. II, pág. 489). Su temperatura no pasa de 47° centígrados; pero en la Groenlandia, como en la parte de Siberia que acabo de recorrer, las aguas á esta temperatura parecen muy calientes comparadas con otros manantiales, cuyo calor medio es inferior á 2°. Más al Norte, entre los 69 y 76° de latitud, la Groenlandia occidental es casi completamente basáltica, pero tan desprovista de aguas termales como toda la Escandinavia ó la inmensa cordillera del Ural. Ese monasterio de Santo Tomás, calentado por medio de fuentes termales; esos jardines, libres de nieve y de hielos por la influencia de las aguas subterráneas, al parecer corresponden mejor á Islandia, tan abundante en fuentes termales, que á Groenlandia. Podría decirse que el convento, tan minuciosamente descrito por los hermanos Zeni, ha servido de tipo á los grandes establecimientos de calefacción ejecutados en el pueblo de Chaudes Aigues, en el departamento de Cantal, donde la fuente del Par (de 80° centígrados) distribuye el calor en muchos centenares de casas á la vez y sirve para las necesidades de la vida doméstica. En los baños de Tœplitz, en Bohemia, la jardinería comienza también á aprovechar la influencia de las aguas subterráneas, que tienen de 40° á 47° de calor.
[312] Vues des Cordilleres y Monumens des peuples indigenes, tomo I, pág. 40.
[313] Relat. hist., t. II, páginas 155-161; Hakluyt, t. III, páginas 363-397; Juarros, Compendio de la historia de Guatemala, acerca de Utatlán, t. I, pág. 66; t. II, pág. 11; acerca de Petén del Yucatan (Maya), t. I, pág. 33; t. II, páginas 142 y 146; acerca de Palenques de la antigua provincia de los Tzendales, t. I, pág. 14; t. II, pág. 55. También acaso pertenecen al centro de la antigua civilización del reino de Quiche (civilización probablemente anterior á la llegada de los aztecas al Anahuac) los monumentos de la república de Honduras, donde aun se ve, cerca de Copan, un gran circo, los hypogeos de Tibulco y estatuas cuyos paños tienen un carácter rarísimo (Torquemada, lib. IV, cap. 4; Juarros, t. I, pág. 43; t. II, pág. 153).
[314] «Homines colore rufi cum quadam cutis albitudine», traduce Hartmann, corrigiendo á menudo la versión de Gabriel Sionita. Ebn-al-Uardi dice, según Guignes, «hombres rojos». Notices et Extr. du manuscrits de la Bibl. du Roi, t. II, página 25.
[315] El mismo sabio sospecha, y no á causa de su denominación, que las islas Raka y Laka de Edrisi pueden ser muy bien las islas Azores (Insulæ Accipitrum), que conocieron los árabes (Africa Edr., páginas 317-319). Acerca de la isla Mostachiin, véase Buache, en las Mem. de l’Inst., t. VI, pág. 27.
[316] Voyages and Nuv., t. III, pág. 1. (Véase también el artículo del sabio é ingenioso geógrafo M. Eyries en la Biogr. univ., t. XXVI, pág. 95.)
[317] La isla de Cozumel, descubierta por Grijalva en 1518.
[318] Dict. de sciences nat., t. XXI, pág. 392; Revue encyclop. número 4, pág. 162.
[319] Leidenfrost, Hist. biogr. Wörterb., t. III, pág. 553. El candor y la buena fe de Ricardo Hakluyt ha tenido recientemente un hábil y juicioso defensor en el historiador escocés Mr. Patrick Fraser y Tytler. Véase su Vindication of Hakluyt en Progress of Discovery of the Northern coast of America, 1832, páginas 417-444.
[320] Digo las dos Américas, porque once años después de la expedición que Ralegh envió á Roanoke, cerca de Albemarle, en Virginia, ocupáronle desde 1595 á 1617 sus proyectos quiméricos de el Dorado y la restauración de los Incas en el Perú. «I further remember, dice, that Berreo confessed (refiérese al gobernador español de Trinidad, Antonio de Berreo, que cayó en manos de Ralegh) to me and others that there was found among the prophecies in Peru, that from Inglatierra those Ingas should be again in time to come restored.» (Véase la excelente biografía de Ralegh, por Mr. Cayley, paginas 7, 17, 51 y 100.) Los medios de restauración eran sumamente sencillos, á saber: 1.º, poner guarniciones de tres á cuatro mil ingleses en las poblaciones del Inca, con pretexto de defender el territorio contra los enemigos exteriores; 2.º, que el príncipe restaurado pagara anualmente á la reina Isabel una contribución de 300.000 libras esterlinas. «It seemed to me, ajoute Ralegh, that this Empyre of Guiana is reserved for the english nation.»
[321] Colón y Oviedo en su Historia natural y general de las Indias, lib. II, cap. 3 (Ramusio, edic. de 1606, t. III, pág. 65, 6), fúndanse uno y otro en el pasaje de Plinio, VI, 31, en donde las palabras præ navigatione Atlantis (á lo largo del Atlas), tienen, al parecer, un sentido muy distinto del que se ha creído encontrar en ellas. (Véase Gossellín, Geogr., t. I, pág. 148.) D. Fernando Colón no se atreve á negar que su padre hubiera tomado las Hespérides por el Nuevo Continente. Sin duda fué éste uno de los argumentos de erudición que empleó el grande hombre en las disputas académicas de Salamanca. Su hijo dice terminantemente (cap. 7), al citar á Plinio y á Solino, «que las islas Hespérides las tuvo por cierto el Almirante que fuesen las de las Indias»; pero él mismo no considera probable esta opinión de Seboso, y se burla en otro sitio (cap. 9) de los Cartagineses que encontraron á Cuba y Haïtí inhabitadas y de ese rey Hesperus, en cuyo reinado dominaron los españoles las Indias. Observo que Dicuil no copia el pasaje de Plinio, y limítase á decir que las Hespérides están más lejos de la costa de África que las Gorgonias (Gorgodes).
[322] «Nel viaggio di Madoc tutto si riduce ad una diceria non so quando inventata, ma senza dubio non molto anticamente, perché per poco que si volese andar avanti ne secoli si troverebbero i Gallesi, con tutta la loro antica genealogia celtica, non solo senza muse, ma senza alfabeto» (Formaleoni, Illustr. di duc carte ant., 1783, pág. 47). Por lo menos la censura senza muse es injustísima.
[323] Precis de Geogr. (2.ª edic.), pág. 521.
[324] Antoniotto dice: «Las caravelas perdidas hace 170 años»; lo que supone que los hermanos Vivaldi hicieron en 1285 su expedición, mencionada ya por el místico Pedro d’Abano, que murió en 1312 (Spotorno, t. II, pág. 305; Tiraboschi, tomo V, lib. I, cap. 5, § 15; Jacobo Graberg, Annali di Geogr. e di Statist., t. II, pág. 285; t. VI, pág. 170; Zurla, Viaggi, t. I, páginas 155-158; Baldelli, t. I, páginas XL, y CLXVII). Usodimare no es un nombre propio, sino palabra que indica un oficio, como aun se dice en la marina francesa capitán buen praticien, ó práctico de la costa de Guinea; por esto en el Novus Orbis de Grinæus encuéntranse estas palabras: Navis Antonieti cujusdam Liguris, qui maria sulcare probe noverat.
[325] Véase el Atlas catalán de la Biblioteca del Rey. M. Buchon fija la fecha en el año de 1374. El documento publicado por M. Graberg (Baldelli, pág. CLXV) llama, según parece, á D. Jaime Ferrer «Joannem Ferne Catalanum», que partió el día de San Lorenzo de 1346 para Rujaura (Río de Oro). No creo dudosa la identidad de la persona.
[326] Joachima Lelewela, Pisma pomiejsze geogr. historyzne, 1814, p. 58.
[327] Georgí Horni, Ulyssea, 1671, pág. 279; Zurla, Viaggi, tomo II, pág. 26; Malte Brun, pág. 532; Wytfliet, Descript. Ptol. augmentum, 1597, pág. 188, y Pontano (De situ Daniæ, 1631, pág. 763), escriben por error Scolvus.
[328] Historia de las Indias, fol. XX. El nombre de Tierra de Labrador fué inventado, según la juiciosa observación del autor de Memoir of Seb. Cabot (pág. 246), por Cortereal y los portugueses comerciantes de esclavos, como indicación que en esta costa septentrional hombres eran singularmente á propósito para el trabajo (la labor). Gomara dice, efectivamente (folio XX), que los habitantes son «hombres dispuestos, aunque morenos, y trabajadores» (el embajador de Venecia en Lisboa, Pedro Pasqueligi, escribía once días después de la vuelta de Cortereal, y de ver los indios, comparando á éstos, por el color de la piel, con los bohemios ó cingani). La corta estatura de los esquimales de la verdadera Tierra del Labrador no justifica mucho este elogio; pero se lee en el mismo capítulo de Gomara que Cortereal tomó estos indios en las islas del golfo cuadrado, es decir, en el golfo del río San Lorenzo. Acaso el nombre de Tierra de los Labradores se tomaba en un sentido más general y vago, comprendiendo las raza indígenas no esquimales, casi como Newfundlans ó Tierras Nuevas designan á veces en el siglo XV otras costas que las de la grande isla frontera á Anticosti. (Mem. of Cabot, pág. 57.)
[329] No nos admiremos de nuestra ignorancia en las cosas antiguas, pues no sabemos quién, de poco acá, halló las Indias, que tan señalada y nueva cosa es (Gomara, fol. X). Esta duda se funda en la historia obscurísima del piloto que, después de haber visto las tierras al Oeste, murió en casa de Colón, historia que no figuró en el pleito del fiscal y que Oviedo (lib. II, capítulo 3) recuerda por primera vez en 1535. Garcilaso de la Vega, en 1609, da nombre á este piloto (Alonso Sánchez de Huelva), y fija una fecha, 1484 (el año en que Colón se ausentó de Portugal), al acontecimiento cuya importancia procuran exagerar los enemigos de la gloria de Italia.
Termino esta nota recordando que Gomara confirma, del modo más explícito, lo que hemos expuesto antes acerca de la idea correctísima que Colón se había formado (Vida del Almirante, cap. IV) de la posición de la Thylé de Solino. «Algunos piensan, dice Gomara, que Islandia es la Thilé, isla final de lo que los romanos supieron hacia el Norte; mas no es, que Islandia ha poco tiempo que se descubrió, y es mayor y más septentrional.» (La coloca, como Cristóbal Colón, á los 73° de latitud.) Thilé, propiamente es una isleta que cae entre las Orcades (Orkney Islands) y las Far (Færoer, Far Isles), algo salida al Occidente y en 67°, bien que Tolomeo no la sitúa tan alto. Está Islandia 40 leguas de las islas Fare, 60 de Thylé y más de 100 de las Orcadesa» (Gomara, p. VII, b).
Como Gomara cuenta el grado de latitud de 17½ leguas castellanas (fol. VI), este cálculo de distancias parciales está tan embrollado como el de latitudes; pero resulta claro que Gomara, largo tiempo antes que Camden (Tzschucke, ad Melam, vol. III, p. 3, pág. 227), antes que d’Anville (Mem. de la Acad. des Inscr., t. XXXVII, pág. 438) colocó la Thylé habitada la de Solino y de Tácito (Agricola, cap. X) entre las Færoë y las Orcades; por tanto, en el grupo de las islas Shetland. Ésta es la Thylé donde los Hérulos, saliendo de Dinamarca, arribaron, según Procopio (De Bello Gothico, II, 15). Adán de Brema (De situ Daniæ, Helmst., 1670, pág. 158) fué el primero que aplicó el nombre de Thylé á la Islandia descubierta por los escandinavos.—Antes del comentario de Tszchucke, que acabo de citar, la compilación más completa sobre la Thylé de los antiguos encuéntrase en Pontano, Rerum Danicarum hist., 1631, páginas 741 y 755.
[330] Camden, Brit., pág. 813; Zurla, Viaggi, t. II, pág. 307. En el mapa célebre de Fra Mauro (1457) encuéntranse también las «insule de Hibernia dite Fortunate». Gracioso Beníncasa (1471) presenta á la vez, y por doble empleo del mismo nombre, las islas Afortunadas al Oeste de África y al Oeste de Irlanda, de la Insula Sacra de Avieno.
[331] De esta suerte, en el siglo IX se imaginaba que la Grande Irlanda del normando Gudlekur estaba situada al Oeste de nuestra Irlanda (Thorkelin, Fragm. of Engl. and Irish hist., página 80). En tiempo de Procopio se situaba una isla Brittia entre la verdadera Britannia y Thulé.
[332] No se olvide que esta obra está publicada en 1834.
[333] El autor de la obra De Mensura Orbis terræ, probablemente Dichullus, abate de Pahlacht (Letronne, páginas 25 y 139).
[334] De situ Daniæ, pág. 159. El Lebersee, Kleber-Meer, el mar viscoso es una de las maravillas de las regiones boreales celebradas en el Titurel de Eschenbach y por todos los poetas del ciclo de los Minnesinger (Von der Hagen, Mus. der altdeutschen Litter, t. I, páginas 294-300). Es el reflejo del pulmón marino de Pythéas, «á través del cual no se podía ni navegar ni andar (Strabón, II, pág. 104, Cas.), una reminiscencia del Mare Morimarusa de Philemón» (Plinio, IV, 13).
[335] Horn, Orig. Amer., pág. 26.
[336] Plinio, VI, 31.
[337] Esta identidad la ha supuesto también en nuestros días el conde Carli (Opere, t. XII, pág. 188).
[338] Isidoro Hisp., Orig., pág. 172.
[339] Mapamundi de Juan Purdy, 1834.
[340] Varían mucho los nombres con que se designan este santo personaje y su isla. En las lenguas de la Europa latina se escribe Brandón, Brandano, Blandín (cambiando la r en l), Borondón y Brandamis.
[341] Tradiciones recogidas por M. de Murr en su Diplom. Gesch. von Martin Behaim, pág. 33.
[342] Acerca del pasaje de los muertos y de las islas Afortunadas, véanse Procopio, De Bello Goth., IV, 20; Tzetz, ad Lycophr., V, 1204. Consúltese también la Memoria sobre los Argonautas en Ukert, Geogr. der Griechen, t. II, I, pág. 343, á Welker’s, Homerische Phæaken und Inseln der Seligen, ya Khein, Mus. für Philol., B. I, páginas 237-241.
[343] «Peregratis Orcadibus cæterisque aquilonensibus insulis ad patriam redeunt» (Bosco, Bibl. Floriac., pág. 602). «Insula S. Brandani e regione Terræ Cortereali sive Novæ Franciæ Americæ septentrionalis sita, in Oceano boreali» (Honor. Philiponi, Navig. Patrum Ord. S. Bened., 1621, pág. 14).
[344] Este hecho está, al parecer, en contradicción con la época que Murray asigna á la primera población de las Shetland; pero Mr. Letronne lo hace probable por la interpretación de un pasaje de Solino, favorable á que dicho grupo de islas estuvo habitado desde el tiempo de los romanos (Dicuil, página 134, y en las Adiciones, pág. 90). Es extraordinario que Æneas Silvio Piccolomini, en su Geografía del NO. de Europa, nada diga de los viajes de San Brandón y de su isla. El sabio italiano estuvo, sin embargo, en Escocia, y describió con gracejo su primera impresión al ver alguna distribución de hulla hecha á los mendigos escoceses. «In Scotia pauperes pæne nudos ad templa meridicantes aceptis lapidibus eleemosyne gratia datis lætos abiise conspeximus. Id genus lapidis sive sulphurea, sive pingui materia præditum pro ligno, quo regio nuda est, comburitur.» Æn. Syll., Op. geogr. et hist., 1691 (Europa, capítulo 47, pág. 319).
[345] Plutarco, in Sert., cap. 8.
[346] Tomo IV, Dist. X, § 10.
[347] Es la expresión que emplea Barros, déc. I, lib. I, cap. (Vida de D. Enrique, pág. 156). Madera la encontraron despoblada, y también las Azores. Si en el texto empleo la palabra descubierta, es para indicar la época en que los portugueses llegaron por primera vez á estas islas. Instruído el infante D. Enrique por mapas antiguos, anunció de antemano á Velho Cabral, en 1432, que «cerca del escollo de las Hormigas encontraría pronto otra isla» (loc. cit., pág. 320).
[348] Navarrete, t. I, pág. 5. Este testimonio no se encuentra ni en la Vida del Almirante ni en Las Décadas de Herrera.
[349] García, Origen de los Indios, lib. I, cap. 9; Wulfer, De major. Oceani Ins., 1691, pág. 120; Muñoz, lib. II, § 9; Baldelli, Mil., pág. LX; Washington Irving, t. IV, páginas 316-332.
[350] Voss, ad Mel., pág. 604; Tzschucke, ad Mel., t. III, parte III, pág. 412. El descubrimiento de la isla de Madera, cuya existencia sospecharon Gonzálves y Tristán Vaz, porque desde Porto Santo aparecía como una sombra en el horizonte, contribuyó, sin duda, á la convicción de la realidad de estas apariciones. «Tinhaõ por vezes observado no mar huma como sombra, que a distancia naõ deixava distinguir o que fosse» (Vida do Inf., pág. 161).
[351] El nombre de Meropis aplicado á un continente no designa, por cierto, una tierra de mortales (de voz articulada). Theopompo le da un sentido especial, porque dice que los hombres de esta tierra se llaman Méropes.—Ælian, Var. Hist., III, 18 (edic. Kühn, t. I, pág. 187).
[352] M. Buache ha omitido las palabras que siguen sancti Brandani é isole Ponzele. Su isola Capricia es la Caprazia de Pizigano, la más meridional de las tres. El nombre de Isola dello Legname del Portulano Mediceo, que es anterior en diez y seis años al mapa de Pizigano, falta en éste. Sin embargo, dicho nombre sirvió de origen al de Madeira, cuando medio siglo después se verificó el supuesto descubrimiento de Tristán Vaz.
[353] Zurla, Viaggi, t. II, pág. 322.
[354] Tal es la tradición de Behaim, en cuyo globo se dice, Insula Antilia genaunt Septe citade. Fija la emigración del «arzobispo de Porto Portigal» á la Antillia en el año 734 (Murr., página 30), pero Fernando Colón indica el año 714 (Vida del Alm., cap. 8). La última de estas fechas es la de la victoria ganada por Muza en las orillas del Guadalete. Los historiadores portugueses refieren que la emigración se efectuó después de la toma de Mérida, con el propósito de ir al archipiélago de las Canarias, donde los emigrantes no llegaron (Faria y Sousa., Hist. del Reyno de Port., p. II, cap. 7, pág. 138).
[355] En la biografía de Toscanelli, hecha por el abate Ximénez (Del Gnome. Fior., 1757, páginas LXXIX y XCIV), publícase la carta del astrónomo florentino conforme á la primera traducción veneciana de la Vida del Almirante, hecha en 1571 por Alfonso de Ulloa. He aquí sus palabras: «Dall’Isola di Antilia, che voi chiamate di Sette Città, della quale havete notitia, fino á Cipango, sono dicci spatii.» Lo dicho en italiano falta en la traducción española de Navarrete (t. II, pág. 3) y también en la que González Barcia (Historiadores primitivos de las Indias occidentales, t. I, pág. 6) debió hacer del texto italiano de Ulloa. Ya hemos observado antes que el verdadero original latino, del que Fernando Colón hizo la primera traducción española de la carta de Toscanelli, no ha parecido hasta ahora. Por el conocimiento íntimo de la lengua española pueden adivinarse con facilidad los errores de la traducción italiana, que equivocadamente he atribuído en la nota 17 del capítulo V, al abate Ximénez.
[356] Buache, Mem. de l’Inst., t. VI, páginas 22 y 25; Zurla, Viaggi, t. II, pág. 324.
[357] Primero en la traducción italiana de la colección de los viajes de La Harpe (Compendio della Storia de’ Viaggi, tomos VI y XX); después en el Saggio sulla Nautica antica d’ Veneziani con una illustr. d’alcune carte della Bibl. di San Marco, parte II, páginas 11-33.
[358] Hassel, Erdb. des Brittischen und Russ. Amerika’s, 1822, pág. 6.
[359] Deseo llamar la atención de los viajeros acerca de los cinco monumentos de la geografía de los siglos XV y XVI que contiene esta rica colección, llamada vulgarmente Biblioteca militar:
1.º La carta marina de 1424, notable por el nombre de Antillia. Está trazada en pergamino y pegada en tabla, teniendo 34 pulgadas y 6 líneas de larga, por 21 pulgadas y 9 líneas de ancha. Se extiende en latitud desde 26¾° hasta 62°, y en longitud desde el meridiano de Mingrelia y de Colcos (Cólchida), esto es, á 2° al Este de la orilla más oriental del mar Negro hasta el meridiano, que atraviesa el Atlántico 5° al Oeste del cabo Bojador (Bucedor). Como el mapa no tiene escala graduada, valúo la distancia por la que existe desde el cabo San Vicente hasta el cabo Finisterre. No tiene más título que una estrecha banda dirigida de Sur á Norte, que separa la Antilia de las islas Azores, donde apenas se advierten las palabras: Contest..... compa..... ancon MCCCCXXIV; lo demás, borrado por la vetustez, está ilegible. La cifra 1424 se encuentra repetida al margen del mapa hacia el Este, pero con tinta menos antigua. Como adorno en el interior de las tierras, donde la indicación de las ciudades es bastante rara, se ven el Rex Rossiæ, el Soldano di Babillonia, el convento de Santa Catalina del Monte Sinaí y las armas de las repúblicas de Génova y Venecia.
Estas figuras de príncipes, sentados en sus tronos, encuéntranse también en mapas más recientes; en el de Fra Mauro y en el planisferio de Andrés Bianco. La bandera de los caballelleros de San Juan flota sobre la isla de Rodas. En memoria de la cruzada de San Luis, el punto de embarque (25 de Agosto de 1248) está indicado en Aquæmorto (Aguas Muertas), señalando el sitio con un inmenso brazo de río (sin duda el de Arlés) que sale del Ródano. En el Asia menor, «quæ nunc vero dicitur Turchia», está sentado el Sultán Baixit, que sin duda es el gran Bayaceto Ildirim. Como este príncipe murió en 1403, después de caer prisionero de Timour en la batalla de Ancyra, la imagen de Baixit debe haber sido copiada de un mapa anterior á 1424, porque en esta época el sultán de los otomanos era Amurates II.
La imagen del Soldano di Babillonia (con un loro en el brazo izquierdo) está puesta al Oeste del Nilo, y no debe sorprender dicha posición de la figura, porque la antigua Memphis, á causa de su proximidad á la fortaleza de Βαβυλών, acantonamiento de las legiones romanas en tiempo de Strabón (Geogr., libro XVII, pág. 807 Cas), llevaba en la Edad Media el nombre de Babylonia (Wilken, Gesch. der Krenzzüge, t. I, pág. 28), y desde el tiempo de Saladino hasta la conquista de Egipto por Selim I en 1517, á los sultanes de Egipto se les llamaba Soldani di Babyloniæ (Véase Marini Sanuti, Secreta fidelium Crucis, en Bongars, Gesta Dei per Francos, t. II, páginas 23, 25 y 91).
Es, sobre todo, notable en este mapa de 1424 que (por simple reminiscencia) está en él trazado el canal de comunicación entre el Nilo y el mar Rojo, abierto por Ptolomeo Philadelphio, restablecido después por Adriano, después por los árabes y usado hasta el año de 767, según lo demostró M. Letronne, discutiendo la época del viaje á Tierra Santa del monje Fidelis y un pasaje de Gregorio de Tours (Dicuil, 1814, páginas 14-22). El canal del Nilo está representado en el mapa de Weimar en comunicación con un río que nace en Armenia, y corre primero de Norte á Sur, al Este del Líbano, volviendo después al Oeste en el paralelo de Babylon Ægypti. Este mismo río tiene un brazo que desemboca en el Mediterráneo, cerca de Alejandretta. Difícil es adivinar la hipótesis geográfica á que da lugar un concepto tan extraordinario. ¿Es el Eufrates, cuyos afluentes se aproximan á los del Oronte, cerca de Alejandretta? ¿Cómo creer que en el siglo XV se ignoraba que el Eufrates desemboca en el golfo Pérsico? No es una prolongación del Jordán por el valle que une el mar Muerto al golfo de Acaba, porque el Jordán está figurado separadamente y con bastante precisión, mientras el río anónimo que comunica con el canal de Ptolomeo en el mismo istmo de Suez nace en las montañas de Erzerum, montañas donde, según el mismo mapa, tiene sus fuentes un río (el Turak ó Boas de la antigüedad) que corre al NNO. hacia el mar Negro, y otro (el Tigris?) que se dirige al SE.
Doy estos detalles para facilitar el examen de las analogías ó de las diferencias que presenta este monumento curioso de la geografía de la Edad Media con otros mapas sepultados en los archivos de las bibliotecas de Italia. Toda la cuenca del Mediterráneo, las costas de Grecia y del mar Negro están representadas con un detalle topográfico notabilísimo, pero el yacimiento relativo ó la orientación de las costas es muy erróneo. Si se trazan meridianos al Oeste de la península Ibérica, al Este de Sicilia y al Oeste del Asia Menor, encuéntrase el Atica algunos grados al Norte de la desembocadura del Ebro, y la dirección media de la costa meridional del mar Negro coincidiendo, no con el paralelo de Oporto, sino con el de Lorient en Bretaña. Las partes orientales están colocadas demasiado al Norte, como en las cartas marinas de los genoveses (por ejemplo, la de Pedro Visconti, conservada en la Biblioteca Imperial de Viena), que remontan hasta principios del siglo XIV (Spotorno, Storia litt. della Liguria, t. I, pág. 313) y han proporcionado excelentes materiales á los portulanos del gran siglo, del infante D. Enrique, de Colón y de Gama.
2.º Un mapa que se asemeja bastante al célebre de Diego Rivero, pero anterior en dos años. Titúlase Carta universal en que se contiene todo lo que del Mundo se ha descubierto fasta aora; hizola un cosmographo de Su Magestad; anno MDXXVII en Sevilla. Está trazada en pergamino, y tiene 6 pies y 8 pulgadas de larga por 2 pies y 8 pulgadas de ancha. Perteneció á la biblioteca del sabio Ebner, en Nuremberg, y de allí pasó sucesivamente á Gotha á la biblioteca de M. Becker, y por fin á Weimar, á la colección del Gran Duque. Cítala Murr. en las Memorabilia, Bib. Norimb., t. II, pág. 97, y la ha discutido con mucho discernimiento M. de Lindenau (Zach., Mon. Corresp., October 1810). Es probable que este mapa y el de Rivero fueran traídos á Alemania con motivo de los frecuentes viajes del emperador Carlos V desde España á las orillas del Rhin y del Danubio. En Nuremberg se creyó que había pertenecido á la Biblioteca Colombina legada por Fernando Colón al Municipio de Sevilla. M. Sprengel (Muñoz Gesch. der Neuen Welt., t. I, página 429) lo confunde con el mapamundi de Diego Rivero; pero difiere de él completamente, según demostraremos en el curso de esta obra. Basta observar aquí que el mapa de Rivero presenta la costa occidental de América al Sur desde Panamá, hasta los 10° de latitud austral; en el mapa de 1527 no se ven más costas del Océano Pacífico que la meridional del istmo; nada del Choco y del litoral de Quito.
No entraré aquí en pormenores acerca de la configuración de Africa para mostrar cómo, según los portulanos portugueses, extremadamente detallados, está representado este continente en dos mapas de 1527 y 1529. Nada tan notable, por ejemplo, como el detalle de las costas de Madagascar (Isola de San Lorenzo).
Los mapas de la América del Sur, por ejemplo los de Cruz Olmedilla, Faden, Arrowsmith y Brué, parecen á primera vista copiados unos de otros; pero con atento examen se han descubierto las diferencias. Lo mismo sucede con dos mapas de África que se han querido confundir. En los dos se ven figurados buques con la inscripción: Vengo de Maluco (vengo de las Molucas). Jerusalén está situada á NO. de Suez, y la diferencia de meridianos del Cairo y Suez es de 20°, cuando en el mapa de 1424 sólo es de 2°. Este ensanche del Egipto oriental es tanto más inconcebible, cuanto que el resto del África septentrional está bastante bien figurado. Á la Etiopía de Rivero se la llama en el mapamundi de 1527 Arabia sub Ægypto. En estos mapas graduados al margen, Alejandría y toda la costa septentrional de África, hasta la Pequeña Syrte, está de 3 á 4° más al Sur de su verdadera situación.
3.º El mapamundi de Diego Rivero de 1529, del cual sólo publicó Sprengel la parte americana.
4.º Un globo, probablemente del siglo XVI, que señala el istmo de Panamá atravesado por un estrecho.
5.º Un globo de 1534.
Yo ofreceré á M. Walckenaer, para su rica colección geográfica, calcos de África de 1527 y 1529, de igual suerte que el calco del mapa de 1424.
[360] Giornale di Padora, 1806, Febrero, pág. 138.
[361] Viaggi, t. II, pág. 333.
[362] Sprengel, pág. 54. El célebre mapa de Fra Mauro no tiene la Antillia, aunque Bianco contribuyó á ejecutarlo.
[363] Compárese Formaleoni, páginas 43 y 45, con Zurla, Mappamondo di Fra Mauro, pág. 102, y Viaggi, t. II, pag. 353. El nombre de Stochfis aparece, sin embargo, también en el mapa de Bianco (1436) cerca de una isla al NO. de Irlanda; pero en la segunda mitad del siglo XV era el bacalao objeto de la pesca en las Orcades y en Islandia. También se figuran islas al O. de las Azores en una carta marina del mallorquín Pedro Roselli (1466), que poseyó hace tiempo la familia Mörl en Nuremberg, y que se ha supuesto fuera un mapamundi del siglo XIV (Muñoz, I, pág. 428).
[364] Es inútil discutir la longitud, dependiente de las confusas ideas que se habían formado de la distancia de Quinsaï y de Cipango á las costas de Portugal. Ya hemos hecho ver antes, al analizar la carta de Toscanelli, que el astrónomo florentino sitúa la Antillia á un cuarto de la distancia total. Beahim (tomando á Zipangut ó Cipango por término extremo), á 12,7.
[365] Viaggi, t. II, pág. 334.
[366] Critias, páginas 113 y 118 Steph.
[367] Timæns, pág. 25 Steph.
[368] Lyell, Principles of Geology., t. III, pág. 284.
[369] La ciudadela (el Fuerte Koyal de la Atlántida) está situada en una llanura cuadrada, á 50 estadios de la costa meridional; rodéanla tres anillos de agua salobre separados del Océano, y alternando con dos anillos ó lenguas de tierra circulares. Un canal, abierto detrás del anillo exterior, lo pone en comunicación con el mar. Este sistema hidráulico, que recuerda los siete mares circulares rodeando el disco terrestre indio (más acá del Lôkâlôkâ), completa la ordenación regular que preside las ficciones geográfico-políticas de Platón, ficciones que sólo pueden entretener, dice irrespetuosamente el padre Acosta (lib. I. cap. XXII), á niños y viejas.
[370] Déc., lib. I, pág. 11 (edic. Bas., 1583). Esta Década, dedicada al cardenal Ascanio Sforza, tiene una fecha cierta. Fué terminada en Noviembre de 1493, dos meses después de la vuelta de Colón de su primer viaje.
[371] Navarrete, t. III, pág. 261. Cito con preferencia el texto latino, conforme á la Cosmographiæ Introductio de Martín Ylacomylus, cuya edición de 1507 tengo á la vista, si bien respecto al idioma en que escribió Vespucci hay casi tanta incertidumbre como al que usó Marco Polo, siendo muy probable que las dos primeras cartas fueran redactadas en español y las dos últimas en portugués. Navarrete, t. III, pág. 185. El texto original de las cartas de Vespucci no ha llegado á nosotros, y la edición latina de 1507 es, como en ella se dice, en el cap. V (folio 9 de la edición que empleo) ex italico sermone in gallicum et ex gallico in latinum versa.
[372] «Vidimus ibidem quem maximum gentis acervum, qui insulam illam Ites nuncuparent.» Ilacomyl., fol. 36. (La edición de 1507 no está paginada.) Canovai, Elogio del Vespucci, página 80; Franc. Bartolozzi, Ricerche circa alle scop. di Vesp., pág. 98.
[373] Hist. gen. de las Indias, lib. I, cap. 164 (Navarrete, tomo III, pág. 333).
[374] Opusculum geogr., 1533, Pars. 11, cap. 9. «De regionibus extra Ptolomæum (es decir, que Ptolomeo no menciona), Bachalaos dicta á novo genere piscium; desertum Lop; Tangut, et Mexico regio in qua urbs permaxima in magno lacu sita Temistita, sed apud vetustiores Quinsay erat vocata.» Sin duda á causa de la proximidad de un gran lago y de la multitud de canales indicados en la descripción de Quisaï, «Citá del Cielo» de Marco Polo (cap. LXVIII), se confundieron dos ciudades, una de Asia y otra de América.
[375] Historia de las Indias, 1553, fol. 119. Guillermo Postel intentó cambiar las denominaciones de los continentes, llamando atrevidamente á América Atlantis, á Africa Chamesia, etc. Véase Cosmographicæ disciplinæ Compend. (Bas. 1561, páginas 13 y 57).
[376] Gomara, fol. 20.
[377] Acosta, lib. I, cap. 14; lib. III, cap. 4. Roberto Regnauld (Cauxois), en su ingenua traducción dedicada al gran Enrique en 1597, llama «la Guadalupe, la Martinica y Marigalante, los faubourgs de l’Inde.»
[378] Vida del Almirante, capítulos 45 y 77.
[379] Isolario nel qual si ragiona di tutte l’Isole del Mondo. Venegia, per Nicolo d’Aristotile (alias de Ristotele) detto Zapino, 1533.
[380] Tomaso Porcacchi da Castiglione, Arretino, Delle Isole più famose del Mondo. Venecia, 1576.
[381] La Cosmographie universelle, 1575.
[382] Cap. 7 (edic. de 1728, t. IV, p. 12).
[383] Maurile de Saint-Michel, religioso carmelita, Voyage des iles Camerçanes en l’Amerique, París, 1652. Dícese en él, pág. 41: «La Guadalupe es une des moindres des iles qu’on apelle Camerçanes.» En Bertii, Breviarium totius orbis, 1624, pág. 13, encuentro el nombre de Insulæ Camercanæ vel Antilliæ aut Caribes. (¿Será acaso un nombre caribe?) Entre los nombres caribes de las Pequeñas Antillas, coleccionados por el padre Raymond Bretón (Dict. caribe-français, Auxerre, 1665, pág. 409), ninguno hay análogo al de Camercana. Las islas Santas llamáronse Caárucaera, la Granada, Camalogue; pero Lorenzo de Anania (Fabrica del Mondo, pág. 319) sitúa cerca de Cuba y lejos de las regiones habitadas por los Caribes á fines del siglo XV la isla Camarco. García (Origen de los Indios, pág. 234) supone que caracteriza los nombres geográficos caribes la sílaba inicial car, como en Caripe, Carupano, Caroni, Cariaco, y en la denominación del pueblo entero Carina ó Carinago. ¿Es preciso entender por Antillas, Islas Camerianas? (Relat. hist., t. I, pág. 692). Mi hermano, que conoce fundamentalmente la estructura de las lenguas americanas, encuentra que en Carinago, ó mejor, Callinago, según el lenguaje de los hombres, y Calliponam, según el lenguaje de las mujeres, Cali ó Cal contiene todo el nombre del pueblo. Calina (Dic. Galibi., París, 1763, pág. 84) es tan sólo una abreviación de Callinago. He buscado inútilmente las islas Camercanas en las detalladas cartas de ruta del siglo XVI de las Pequeñas Antillas, que presenta Hakluyt (t. III, páginas 603-627, edición de 1600).
[384] Con el nombre de Antillas figuran las islas Caribes en el mapa de América de 1587; pero el texto de Ortelio no cita el nombre de Antillas ni siquiera en la edición de 1601, que es treinta y un años posterior á la edición princeps (Wytfliet, Descr. Ptol. augmentum, 1597, pág. 96).
[385] Mem. de l’Instituto, 1806, t. VI, páginas 13, 17 y 21. Sprengel decía en 1792 (Gesch. der Entd., pág. 373), hablando de las Azores, que «se las creyó primero (en el siglo XV) las Antillas de la India, célebres por el viaje de Marco Polo», M. Boyd, en su interesante obra Description of the Azores, 1835, pág. 192, hace la observación siguiente: «En 1445 formóse un pequeño lago en la isla de San Miguel, por impedir una corriente de lava la salida de las aguas; este lago lleva aún hoy el nombre de Algoa da Sete Citades. En sus inmediaciones hay algunas cabañas á las cuales se las llama, sin saber por qué, las Sete Citades.»
[386] Historia de las Indias, fol. 29. Herrera (déc. II, lib. III, capítulo 1) relaciona la adoración de estas cruces, que se encuentran en Palenque y en el Chiapa, con la profecía de un santón mejicano llamado Chilam Cambal.
[387] Gomara, folios 115 y 117; Ramusio, t. I, páginas 298-302; Herrera, déc. IV, lib. VII, cap. 7. Yo he relacionado además (Rel. hist., t. III, pág. 159, y Essai politique, t. II, página 153) las huellas de antigua civilización que el P. Garcés encontró en 1773 en el Moqui, con las tradiciones de 1539, y á la vez he discutido la posición de Quivira y Cibola (Civora) que Wytfliet sitúa al Sur de su fabuloso reino de Anián, en la región inmediata al estrecho de Berhing.
[388] Behaim, que habitó en distintas ocasiones en la isla de Fayal, no sólo sitúa la Antillia lejos del archipiélago de las Azores, que llama Insulen der Habiche, sino también asegura que un barco procedente de España fué arrojado á las costas de Antillia en 1414 (Murr., pág. 32).
[389] Sigo la cronología de la Vida do Infante D. Henrique, escrita per Cándido Lusitano, el historiador portugués José Freire, Padre del Oratorio, que (páginas 319 y 338) toma los datos de documentos oficiales. La fecha de la primera tentativa hecha por Gonzalo Velho Cabral en 1431, está confirmada por una nota escrita en el globo de Behaim (Murr., página 29). La isla de Jesu, señalada en este globo y cuyo nombre no se encuentra en el mapamundi de Rivero, singularmente exacto para el archipiélago entero, ¿era idéntica á la isla de San Jorge?
El infante D. Enrique cedió en 1460 las islas de Jesu y Graciosa á su sobrino Fernando, hermano del rey Alfonso V (Barros, déc. I, lib. II, cap. 1). En el Asia de Barros nada se dice del descubrimiento sucesivo de las islas Azores, sin duda porque este gran historiador trató el asunto en una geografía universal, que cita con frecuencia en las Décadas y que nunca ha parecido.
[390] M. Buache, en una Memoria, que por otros conceptos es muy digna de elogio, ha sido inducido á error por la Relación del segundo viaje de Cook, cuando supone «el descubrimiento de las Azores (de las Hormigas?) en 1439 y el de la isla de Santa María en 1447.» (Loc. cit., pág. 14.)
[391] Esta es la verdadera acepción, según las investigaciones de Formaleoni y de Zurla. Buache leyó Bentusia para convertirla en Venusta, y la isla Graciosa (pág. 21), Tufla, puede derivarse de la raíz árabe Tefele, crepúsculos de la tarde. Tefel significa también, según Golio, la obscuridad, y Bentufla designa acaso un hijo de las tinieblas, denominación que conviene bastante á un islote del Mare Tenebrosum de Edrisi. Quanden, en el Enchiridion cosmographicum (Col. 1599), sitúa entre las Azores, además de la isla de las Siete Ciudades, la de Satap. Véase Joan. Myritius, Opusc. geogr., 1590, pág. 123.
[392] No quiero detenerme más en esta investigación, ni discutir aquí el origen de las monedas cartaginesas y cirenaicas que se asegura haber sido encontradas en 1449 en la isla de Corvo. Véase Götheborgske Wetenskaps og Witterhets Samlingar, 1778, St. I, pág. 106.
[393] Murr., pág. 55.
[394] Edrisi (Interpr. Gabriele Sionita), 1619, pág. 64; Hartmann, páginas 317 y 319. Bianco tiene también entre las Azores una Isola di Colombi, que no debe ser confundida con la de Edrisi, pág. 85.
[395] De Guignes, en los Extraits des Manuscrits du Roi, tomo II, pág. 56.
[396] Zurla, Viaggi, t. II, pág. 324.
[397] Bianco aplica el nombre de Brasile sólo á la isla Terceira ó á un promontorio al Oeste de la bahía de Angra, que aun lleva el nombre de Punta del Brasil (Fleuriew, Voyage fait per ordre du roi en 1768 y 1769, vol. I, pág. 548).
[398] L. c., pág. 27. M. Sprengel cree que la isla Terceira no tiene nombre de origen portugués, aunque parezca indicar la tercera isla descubierta por orden del infante D. Enrique (Descript. de la carte de Rivero dans Muñoz Gesch., t. I, página 443). Á veces hay afición de latinizar palabras pertenecientes á lenguas bárbaras, suponiéndolas una significación sacada del latín ó de las palabras que de él se derivan. De esta suerte los zoólogos, olvidando que manatí es una palabra de los indígenas de Haïti, la explican por el nombre de las aletas de este anfibio, suponiendo que le sirven de manecitas (Cuvier, Regne animal, t. I, pág. 238).
[399] Extraits, t. II, pág. 55. En esta isla de Tinnin ó Mostaschin se figura una serpiente muerta por Alejandro, quien, según los orientales, había recorrido una parte del Atlántico. El mismo geógrafo árabe cita en estos parajes la isla de Laca ó Aca, infestada de prodigiosas serpientes.
[400] Acerca de la isola dei Dragoni del mapamundi de Fra Mauro, situada al Oeste de África, véase Zurla, pág. 143.
[401] Se lee también Darmar, habitación de las serpientes, por Danmar. Tal es el espíritu conservador de los geógrafos que temen olvidar que el mapamundi de Ortelio, trazado en 1587, presenta, no sólo las tres islas de San Brandón, las Siete Ciudades y el Brasil, sino también, al Norte de las Azores, la isla Demar.
[402] Ptolomeo, lib. IV, cap. 8, pág. 114.
[403] Tales son también las explicaciones dadas por Ménage y Bluteau. Este último dice, en su gran Diccionario portugués: «ilhas oppostas ou frontrairas as grandes ilhas da America». Formaleoni (pág. 28) considera arriesgadísima esta etimología. Véase también Giovanni Andres, en las Memorias de la Academia Ercolanese Archeologica, 1822, pág. 132, y Tiraboschi, Storia della litteratura italiana, t. VI, p. I, pág. 189.
[404] Tomo I, pág. 127, Aristóteles, De Mundo, cap. 3, páginas 392, 20; Bekk, Proclus in Tim., pág. 54; Felipe Cluvier ha visto en ella «Americam y Magellamcam». Animadv. in Apul., pág. 414.
[405] Appuleii, Opp. ed. Geverk. Elmenhorst, 1621, pág. 59.
[406] Véase, en el pasaje sobre los volcanes: Vesuvius noster; y la intercalación de una observación curiosa respecto á una caverna llena de ácido carbónico en Hiérapolis, en Frigia, «gas que por su peso (específico) permanece en los sitios bajos». (Compárese Apuleyo, páginas 64 y 65, con Aristóteles, De Mundo, cap. 4, páginas 395, 20 y 30.) Se refiere al Plutonium ó cueva Charoniena de Hiérapolis, descrita por Strabón, XIII, página 629, Cas., y por Dion Cassio, lib. LXVIII, cap. 27.
[407] En Pizigano (Zurla, Viaggi, t. II, pág. 323). Mr. Buache creyó leer en su calco Bracir.
[408] En el Portulano Mediceo de 1351, y en el notable mapa de la Biblioteca Pinelli que posee Mr. Walckenaer, cuya redacción según el almanaque que contiene, se hizo entre los años de 1384 y 1434 (Baldelli, t. I, pág. XXX; Walckenaer, en la traducción de la Geographie de Pinkerton, t. VI).
[409] En Bianco (Zurla, t. II, pág. 334) y en Fra-Mauro, cuyo planisferio es de 1459. No se encuentra isla de este nombre, ni en el mapa de Marino Sanuto, que parece ser, al menos, cuarenta y cinco años anterior á Pizigano, y que no omite las 358 Isolle beate et fortunate, próximas á Irlanda, y muchas otras bonæ insulæ del Atlántico; ni en el globo de Behaim (1492). Sin embargo, siglo y medio después de la colonización de las Azores por los portugueses siguióse poniendo una isla del Brasil al oeste ó noroeste de Corvo. Jobst Ruchamer, en la colección de Viajes publicada en Nuremberg en 1508 (Sammlung von Reisen, cap. 76), llama á la isla Berzil, isla Brisilge.
[410] Rel. hist., t. II, páginas 676 y 703. Ralegh convierte en la Guayana el Guarapo ó Río Europa; y Malte Brun, á pesar de ser tan juicioso, hace de las palabras españolas se ignora el origen la frase «río Oregán ú Origán».
[411] Antiquit. ital., t. II, déc. XXX, páginas 894-899. En la tarifa de los Ferrareses de 1193, la frase grana de Brasill, puesta delante de pipere, zucaro y zafrano, podría engendrar alguna duda; pero en la tarifa de los Modeneses de 1376 la palabra grana no existe, estando en cambio la de carga (soma) di Braxilis. La palabra grana, aplicada después á la cochinilla de América, designaba en la Edad Media el Coccus polonicus y el Coccus lacca de la India, mezclado al producto del Croton lacciferum (en sanscrito, lakcha). Ignoro el origen de la denominación de grana de Brasile, de rojo ó laca de Brasile.
[412] Memorias sobre la antigua marina, comercio y artes de Barcelona, t. II, páginas 4, 17 y 20. En la tarifa de Collioure, en el Rosellón de 1252 encuentro canquas de brazil, laca y grana, como tres objetos distintos.
[413] Renaudot, Anciennes relations des Indes, pág. 5; Edrisi, pág. 33. Alrami es probablemente una corrupción de Ramani (Ramni, Lamery), que designa la isla de Sumatra (Sprengel, pág. 176). Edrisi describe el carcaddan ó rinoceronte de la isla Alrami, pero le atribuye un cuerno solo, lo mismo que hace Marco Polo al hablar del rinoceronte ó Leoncorni de la Gavia Minore (lib. III, cap. 12; Bald., t. I, pág. 240; tomo II, pág. 393). Seguramente el rinoceronte de Sumatra es bicornio como el de África, del cual, por lo demás, difiere mucho; mientras el rinoceronte javanés es unicornio, como el rinoceronte del continente de la India.
Este dato de geografía zoológica no debe, sin embargo, obligarnos á admitir que los nombres de Alrami, Ramani ó Java Minor designan más bien la isla holandesa de Java que la de Sumatra, porque se oponen á ello otras muchas razones discutidas por Mr. Marsden. Los marinos árabes observaron muy poco, sin duda alguna, el animal vivo y, conociendo más á fondo el rinoceronte del continente de Asia, ó, por mejor decir, su gran cuerno, que se usaba como vaso apropiado para descubrir el veneno en un licor, sus descripciones no pueden ser minuciosamente exactas. El mismo Mr. Marsden, en su excelente obra relativa á Sumatra, publicada en 1783, habla también (página 140) del único cuerno del rinoceronte de Java, y en la tercera edición (pág. 116) supone que en Sumatra hay dos rinocerontes, uno unicornio y otro bicornio. Por lo demás, los elefantes que faltan en la isla de Java, y que el viajero árabe, traducido por Renaudot encontró el año 851 en Ramni, son un dato zoológico más incontestable aún de la identidad de Ramni y de Sumatra (Samantara).
[414] Encuentro el nombre bakkam (lignum rubrum), cuya raiz probablemente no es semítica (porque bakama, morbum contraxit, no tiene sentido), en el geógrafo Yakuti, que pertenece al siglo XV y que habla de la madera del bresil de Ceylán, ya mencionada por el viajero árabe que tradujo Renaudot (De Guignes, en Notice et Extr. des man., t. II, pág. 411).
[415] Il Milione, lib. III, capítulos 8, 14 y 35 (Baldelli, tomo I, pág. 164; t. II, páginas 384, 398 y 454). Marco Polo, ed. de Marsden, pág. 612.
[416] Sumatra, pág. 95. Ainslie, pág. 196. El sapang es muy buscado en el archipiélago de la India para el tinte rojo.
[417] L. c., pág. 42. García, ab Horto (Aromatum hist., 1590, libro I, cap. 17, pág. 69), conocía ya el nombre sanscrito chandana, y lo distingue de la madera de bresil (sin duda el de las Indias occidentales), del Lignum santali rubri. Al chandana Cæsalpinia sapan se le llama también en la India (Roxb. Flor. Corom., t. I, pág. 18) Bukkan-Chitto de los Telingas.
[418] Véase acerca de este Portulano veneciano, muy raro, á Morelli, Lettera rarissima de Christoforo Colombo, pág. 63. La isla Colombo de Pedro Coppo da Isola, terra dell’Istria, es la ixola di Colombi de Bianco; según Buache, Fayal. En cuanto á la isla Ventura, que el Portulano de los Médicis considera también como sinónima de su isola di Colombis, véase Baldelli, páginas XXX y CLXX.
[419] Quizá provenga de brand y brennen (alemán), y de βράζω, hervir con violencia. En el latín de la Edad Media empléase braza por pruna, carbón encendido.
[420] La raíz sanscrita bhrâdsch (bhrâg), dice Mr. Boppo, significa lucir, resplandecer, y la rakta, rojo; randsch, colorear, teñir. Como anita, viento, procede del verbo an, soplar, brâdchita, será el adjetivo de bradsch, indicando lo que es reluciente. Wilson, sin embargo, no acepta esta última derivación.
[421] Navarrete, t. III, pág. 288: «In eo portu, dit Americ Vespuce, bresilico puppes nostras onustas efficiendo, quinque persistimus mensibus.» De igual suerte encontramos en Anghiera (Ocean., déc. III, lib. 10, pág. 66), hablando del viaje de Solís á la desembocadura del Río de la Plata en 1515: «Navigia coccineis truncis onerat: diximus vocari ab Hispanis brasilum, lignigenus id ad lanas fucandas aptum.»
[422] Ordenanzas hechas en 15 de Julio de 1516 (Navarrete, Doc. diplom., t. II, pág. 339). Es muy posible que algunas especies idénticas á la Cæsalpinia brasiliensis produjeran en tan gran extensión de costas la madera tintórea roja. Yo he cogido con Mr. Bompland en la América del Sur la Culteria tinctoria, que es la Cæsalpinia pectinata de Cavanilles, empleada por los indígenas como materia colorante.
[423] Déc. I, lib. V, cap. 3.
[424] Recuerdo que la Punta del Brasil de la isla Tercera, cuyo nombre ha subsistido hasta nuestros días, está señalada en la carta de Ortelio de 1578. El nombre que en el siglo XIV tenía toda la isla, lo conservó un solo punto de ella.
[425] Edición de Anveres de 1730, pág. 258. El párrafo empieza así: «En la cumbre de un monte que llaman del Cuervo fué hallada una estatua de un hombre puesta á caballo en pelo.» Este monte del Cuervo es la misma isla de Corvo.
[426] Confundiendo las palabras losa y loza, se ha dicho erróneamente que la estatua era de una especie de tierra cocida. (Mem. de l’Inst., t. VI, pág. 26.)
[427] Freyre (Vida do Infante Dom Henrique, páginas 319-338) dice «antes de 1447»; Boid (Description of the Azores, 1835, pág. 317) «hacia 1460».
[428] Boid, l.c., páginas 316-318. Antes hemos dicho que ya en 1436 el mapa de Andrés Bianco presenta la isla de Corvos marinos, nombre debido, sin duda, á las muchísimas aves que vuelan alrededor de la isla y no al aspecto sombrío de una montaña. No se tiene noticia de erupción volcánica reciente en Corvo, pero en la isla Flores hay un pico con crater.
[429] Mapa de Tofino, corregido con arreglo á las observaciones cronométricas de Mr. Degenes: Corvo, 33° 31′ 4″. Flores, 33° 36′ 34″.
[430] Eust., Comm., 64, 10 (Bernhardy, Geogr. græci min., tomo I, pág. 96). Estas estatuas del Hércules Tirio no estaban en el interior del templo de Gades, según dice Philostrato, quien, no reconociendo los caracteres púnicos de las columnas metálicas del templo, añade (y la observación me parece muy notable) que estos caracteres no eran ni indios, ni egipcios. Phil., in Vita Apoll. Tyan., V, 5. (Opp. ed. Olear., pág. 190.)
[431] Memorant autem in qualibet ex dictis insulis (Perennibus) cerni statuam lapidibus constructam et unamquamque statuam esse longitudinis centum cubiterum, et super quamlibet statuam haberi simulacrum æneum retro manu innuens. Hæ statuæ sunt sex: et una illarum, uti fertur, est idolum Cades quæ est ad occidentalem partem Andalusiæ, et nemo novit ullam habitationem ultra illas.» Edrisi, pág. 6.—«Ab insula Majed orientem versus, ad insulam Saha est iter trium brevium dierum. In hac autem insula conspiciuntur simulacra aliquot at litus maris, erectæ dexteræ, quasi innuant aspicienti, ac dicant: Revertere illuc unde venisti, quoniam nulla est a tergo nostro tellus quam adire possis.» Edrisi, pág. 37. El Sionita traduce estas islas Khalidât por Insulæ perennes, pero el derivado Khuld, aplicado á Paraíso (jardín de la eternidad), prueba bien que se debería traducir como lo hace Mr. Freitag, Insulæ fortunatæ. El primer pasaje de Edrisi me inspira alguna duda acerca del simulacrum de bronce que sirve de base á una estatua. He consultado á mi colega de la Academia de Berlín, el sabio orientalista Mr. Wilken, y examinando el texto original, opina que debe traducirse de este modo: Además del ídolo (sanam) de cien codos, hay en estas islas una figura de bronce.» Fauka, no significa sólo encima, sino también pretær. Malte Brun (Precis. de la Geogr., t. I, pág. 531) ha confundido las Canarias y las Azores. Las comunicaciones con las primeras nunca quedaron interrumpidas en los siglos XIII y XIV. (Albertus Magnus, De nat. locor., lib. II, cap. 5; Bocage, Coment. de la Divina Comedia, II, 331.)
[432] L. c., pág. 55. Véase Edrisi, pág, 71, donde habla de los compañeros de Dhulcarnaïn, muertos por los habitantes del mar Tenebroso.
[433] M. Buache ha creído descifrar lo siguiente, en latín bárbaro y en parte ininteligible: «Hæ sunt statuæ quæ stant ad ripas Antilliæ; quarum quæ in fundo ad securandos homines navigantes, quaræ est fusum ad ista maria quosque possint navigare et foras porrecta statua est mare sorde quo non possunt intrare nautæ.....» Zurla rechaza lo impreso en cursiva, no lee el nombre Antillia y cree reconocer en las últimas líneas: «est mare sotile (paréceme mejor subtile, para aqua tenuis ó mare breve) quo no poxit tenebant naves.» El exterior del medallón, tras del cual se ve de medio cuerpo la persona, presenta dos figuritas que están, al parecer, dentro del mar con agua hasta las rodillas.
Digno es de llamar la atención que los geógrafos árabes, consecuentes con el principio de determinar los límites de la navegación, admitieran también hacia el Norte de Europa estatuas parecidas á las de Canarias. En Bakui (Extr. des Man., tomo II, pág. 529) encuentro lo siguiente: «En una isla próxima á Bardmila hay una elevada montaña, y sobre ella una estatua anunciando que no se puede ir más lejos en la mar.» Bardmila, país de los Francos (cristianos), lo sitúa Bakui entre Irlanda y el país de Khozar, bañado por el Athel (Volga). «El árbol mauca, que se cría en la isla de Bardmila, y cuya sustancia encerrada entre el centro del tronco y la corteza, es comestible», me parece ser el pino, cuya parte blanca comen por necesidad, y á guisa de pan, algunas veces los escandinavos.
[434] Precis. de Geogr., t. I, pág. 596. En el siglo XVI hablóse también mucho de una moneda con la efigie de Julio César, encontrada, según se decía, en una mina de América, y que Juan Rufo, obispo de Cosenza, envió al Papa (Horn., De Orig. Americanorum, pág. 23). Ya el grave Ortelio dijo satíricamente que «la moneda la había perdido el mismo que la encontró».
Respecto á las monedas púnicas de la isla de Corvo que Mr. Podolyn cree fueron dejadas allí por cartagineses náufragos, puestos después en comunicación con la Metrópoli, es sensible que se ignore en absoluto cuál era la época y el estilo de la construcción del edificio de piedra donde estuvo la vasija que contenía las monedas, porque al destruir este edificio las olas embravecidas fué descubierta la vasija en 1749. Creo la verdad del hecho por la sinceridad con que lo refiere el padre Flores, de Madrid.
[435] He aquí el curioso pasaje de la Cosmografía de Thevet, libro XXIII, cap. 7 (edic. de 1575, pág. 1.022): «Estas islas del Atlántico han sido llamadas Essores; también essorer es palabra francesa que significa lo mismo que enjugar ó secar ó poner al aire alguna cosa. Son nueve islas. En la de San Miguel, hacia la parte del Septentrión y en la orilla del mar, registrando entre las rocas los primeros que la descubrieron hallaron un agujero de diez pies de alto y otro tanto de ancho; después de llegar hasta él, atreviéronse algunos á entrar dentro con hachones, creyendo encontrar grandes tesoros; pero vieron tan sólo dos monumentos de piedra; cada uno tenía lo menos doce pies y medio de largo y cuatro y medio de ancho. Los que han visto estos monumentos, trabajados bastante toscamente, me aseguraron no tener rastros de inscripciones, ni otra señal de antigüedad sino el retrato de dos grandes culebras que rodeaban los dichos monumentos y con ellas algunas letras hebraicas de tamaño de cuatro dedos, y tan antiguas que apenas se podían leer; pero un moro, natural de España, hijo de judío, hombre versado en las lenguas, las pinta tales y como aquí las presento, dejando la interpretación de las mismas á los que profesan la lengua de los hebreos. Y por esto puede juzgarse que dicho pueblo hebreo habitó, no sólo en el país de Judea, sino en todo el universo.»
Á esta relación sigue la de la muerte de muchas personas que «por filosofar y visitar las cosas más raras de la isla, entraron en esta profunda gruta y no salieron de ella, de modo que, por miedo á accidentes idénticos, fué cerrada con un muro la entrada».
[436] Las inscripciones de Thevet que me mandáis, me escribe el sabio orientalista, no carecen de interés, y parece que hasta ahora han llamado poco la atención. Sensible es que no tengamos una copia exacta de los caracteres para juzgar su antigüedad y su origen. No resulta claro si la inscripción estaba en hebreo puro, lo que es poco probable, ó si el moro, hijo de judío, la hizo pasar de una escritura á otra. La frase de Thevet, «los caracteres eran tan antiguos que apenas se podían leer», es muy vaga. Aunque algunas letras del alfabeto fenicio tienen semejanza con el hebreo puro, por ejemplo, en la leyenda Karat khadaschath d’Ekhel (Doctr. nummorum, vet. p. CLV, t. II, número 5), no debe suponerse que el moro pudo descifrar la frase entera. Si la inscripción era árabe, en caracteres cúficos, debía ser fácil á un hombre de sangre africana trasladar éstos á caracteres hebraicos. Lo mismo en fenicio que en árabe se encuentra Makhtsal, que por la terminación en sal recuerda los nombres propios numídicos, por ejemplo, el de Hiempsal. Lo mismo podría leerse Taal ó Baal ben; Martharbaal ó Mathtadbaal, nombres púnicos bien conocidos (Tito Livio, XXI, 12, 45; Polybio, III, 84; Appiano, Bellum Annibal, cap. 10); pero convengo en que, dada la escasa confianza que inspira la exactitud de la copia inserta en la Cosmografía de Thevet, cualquier interpretación es arriesgada. Añadiré á estas observaciones que en las piedras esculpidas de origen oriental, las inscripciones fenicias se encuentran á veces escritas con letras griegas, y que el famoso pasaje púnico de la comedia de Plauto (el Pænulus), aunque constantemente escrito con caracteres latinos en todos los manuscritos de Plauto, sin embargo, lo imprimieron á principios del siglo XVII en letras hebraicas Felipe Parens y Samuel Petit. La transformación de un carácter en otro es sin duda fácil, pero convengo con Mr. Wilken en que es muy poco verosímil que el moro pudiera leer toda la inscripción púnica.
[437] Benedicto Bordone (Isolario, 1533, pág. 18) pone muchas islas Asmeïdes y Lorenzo Anania (Fábrica del Mundo, pág. 303); sitúa Granozzo y Maïda un poco al Oriente de Terranova, casi en el punto donde en el mapa de Juan de la Cosa está la Isla Verde, porque la gran isla de Trinidad de Cosa, no parece idéntica á Terranova. Hacia estas regiones boreales hicieron los geógrafos del siglo XVI avanzar progresivamente la fabulosa isla de los Demonios, situada al principio frente á las costas de África. Andrés Thevet ha dado «el retrato» de esta isla, donde fué desterrada una señorita bretona, Margarita de Roberval, y donde, según parece, tuvo desagradables aventuras (Cosm. univ., pág. 1019). Á fines del siglo XVI considerábase la isla de Terranova dividida en dos partes por un brazo de mar. Comparando la isla de los Bacalaos del mapa de la Nueva Francia de Wytfliet (Descr. Ptolm. Augm., pág. 158) con el mapa «de un gran capitán de Dieppe» (Ramusio, t. II, pág. 353), se ve que, á la parte septentrional, le llama este capitán isla de los Demonios. La opinión de Malte Brun, de que la isla de la Mano de Satán (el Satanaxio de Andrés Bianco, Sarastagio de Bedrazio) es esta isla de los Demonios de los mapas españoles y franceses, no me parece probable (Precis. de Geogr., t. I, pág. 531). La aparición de islotes volcánicos, tan frecuente en 1638 y 1811 alrededor de las islas de San Miguel y de San Jorge en las Azores, pudo muy bien originar aquel nombre.
[438] Es el libro primero (pág. 17, Mercat) donde Ptolomeo habla de la región de los Seres, más allá de los Sines, donde los pantanos están llenos de grandes cañaverales por medio de los cuales los habitantes pueden pasar algunos ríos. Es un pasaje que está casi imitado de Plinio (VII, 2): «In India hæc facit ubertas soli, temperies cœli, aquarum abundantia, ut sub una ficu (Banian tree, en sanscrito nyakrôdha. Ficus religiosa. Linn.), turmæ condantur equitum. Arundines vero tantæ proceritatis, ut singula internodia alveo navigabili ternos interdum homines ferant.»
[439] Sin duda un cabo de las islas Azores, porque Herrera dice «que estas almadías con casa movediza que nunca se hunden, venían á parar á las islas Azores».
[440] Empleo la nomenclatura de Rennell, y echando una ojeada al mapa general anejo á la Investigation of the Currents of the Atlantic Ocean, se comprende lo que digo en el texto acerca de la mezcla de las aguas de distintas corrientes.
[441] En Noviembre de 1834 llegó á las playas de Southport una botella arrojada al mar, al E S E. del cabo Codd á los 40½° de latitud y á los 70° 20′ de longitud, en Marzo de 1833. La falsa persuasión, muy generalizada entre los pilotos, de que el Gulf Stream no ejerce acción al este de las Azores, ocasiona muchos naufragios en las costas occidentales de Irlanda. Los barcos que no se valen de cronómetros, ó de distancias lunares, llegan á tierra, por error de estima, más pronto de lo que esperaban. (Mechanic’s Mag., 1834, pág. 208).
[442] Véase el testimonio reciente de M. Boid (Descrip. of the Azores, 1835 pág. 96).
[443] «Colon, dice Las Casas en el extracto del Diario del primer viaje (domingo 25 de Noviembre de 1492), vido pinales tan grandes y maravillosos, que no podia encarecer su altura y derechura como husos gordos y delgados, donde conosció que se podian hacer navios é infinita tablazon y masteles para las mayores naos de España.» He manifestado ya en otro sitio que los primeros conquistadores designaban también con el nombre genérico de pino el Podocarpus. Herrera (déc. I, lib. II, cap. 12) lo dice claramente, describiendo el fruto de los pinos del Cibao de Santo Domingo, que parezen azeytunos del Axarafe de Sevilla. Si el verdadero pino de la isla de Santo Domingo y de la Isla de Pinos al Sur de Cuba, donde se hallan reunidos, como dice Anghiera, pineta y palmeta, es el Pinus occidentalis y de la misma especie que el pino de Méjico, es extraordinario que este último no descienda, según mis medidas barométricas, entre Méjico y Veracruz más que á 935 tæesas, y entre Méjico y Acapulco á 580 tæesas sobre el nivel del mar. (Relat. hist., t. III, páginas 376 y 470.) Conviene que los viajeros fijen la atención en estos hechos para resolver un problema que por igual interesa á la geografía botánica y á la climatología.
[444] No carece de interés para la historia de la geografía física recordar la sagacidad con que los marinos del siglo XVI reconocieron ya las relaciones de determinados movimientos del Atlántico desde el cabo de Buena Esperanza hasta las islas Azores. Colón no había navegado al Norte de la isla de Cuba, al Oeste del meridiano de la Providencia de la Grande Abaco; pero conocía la corriente ecuatorial, á la cual atribuía los utensilios «de nuestras costas de España» arrojados á la costa de Guadalupe (Vida del Almirante, cap 46; Anghiera, Ocean., pág. 27); había experimentado también la fuerza de las corrientes de Honduras y del canal Viejo, sin haber pasado nunca por el canal de Bahama ó de la Florida. La impetuosidad del movimiento de las aguas que salen del golfo de Méjico no fué reconocida hasta 1512, cuando la expedición de Juan Ponce de León (Herrera, déc. I, lib. IX, cap. 10); y como hasta principios del siglo XVII, época del viaje de Bartolomé Gosnold, que fué directamente (1603) desde Falmouth al cabo Cod, los buques destinados á la América del Norte pasaron constantemente por el canal de Bahama, se advirtió pronto la conexidad de los movimientos pelásgicos en las costas de Méjico y de la Florida con los de las costas de Terranova y del golfo de San Lorenzo, visitados desde 1497 y 1500 por Sebastián Cabot y por Cortereal. El historiador de Felipe II, Herrera, cuyas cuatro primeras Décadas se publicaron en 1601, describe el Gulf Stream tal y como lo conocemos (déc. I, lib. IX, cap. 12). «Las aguas de los mares de África y del Atlántico, dice, corren perpetuamente hacia la América meridional, y, no encontrando salida, pasan furiosamente, primero entre el Yucatán y Cuba, después entre Cuba, la Florida y las islas Lucayas, hasta que, saliendo de un paso tan estrecho como lo es el canal de Bahama, pueden ocupar un espacio más extenso.» Hay más; el punto de vista expuesto en la reciente obra del mayor Rennell, de que el Gulf Stream recibe su primer impulso en la punta meridional de África, en el banco de las Agujas (Agulhas banc), dirigiéndose hacia el golfo de Guinea al Norte, y después, con la corriente equinoccial del Este al Oeste hacia el cabo de San Roque y las costas de la Guayana (Investig. of the currents of the Atl. Ocean., 1832, pág. 20), encuéntrase claramente indicado en la sabia Memoria de Sir Humphrey Gilbert «sobre la posibilidad de un paso por el NO. al Cathay y las Indias orientales», Memoria que, por mencionar el mapamundi de Ortelio, debe haber sido redactada en 1567 y 1576. «Como las aguas del mar corren circularmente de Este á Oeste, obedeciendo al movimiento diurno del primum movile (el sol), los portugueses encontraron muchas dificultades para avanzar hacia el Este en su trayecto desde el cabo de Buena Esperanza á Calicut: también, á causa de la poca anchura del estrecho de Magallanes, las aguas (que vienen del mar de las Indias al Sur de África) vense obligadas á subir á lo largo de las costas orientales de América hasta el cabo Freddo, distancia de más de 4.800 leguas.» (Hakluyt, Voyages, t. III, pág. 14).
El nombre de este cabo data sin duda de la expedición de Sebastián Cabot, hecha en 1517, en cuya expedición llegó hasta los 67½° de latitud y descubrió la bahía de Hudson (Mem. of Seb. Cabot, páginas 29 y 118); P. Fraser Tyler (Disc. of the Northen Coasts of Am., pág. 41). Sir Humphrey Gilbert nombra por segunda vez este Cabo Frío, y le coloca en latitud de 62° opuesto á Groenlandia. (Hakluyt, t. III, pág. 23).
Al citar este notable pasaje, es casi inútil la observación de que la corriente, «que sube por las costas orientales de América», no abarca todo el espacio desde el estrecho de Magallanes hasta el paralelo 62° Norte. La corriente del Brasil, entre Bahía y Río de la Plata, se dirige al Sur, y esta misma dirección de las aguas se encuentra al Norte de Terranova, en las costas de Labrador.
En la travesía que en 1526 hizo Diego García desde las islas de Cabo Verde al cabo de San Agustín, atribuyóse la corriente dirigida al NO. (el North West equatorial Stream de Rennell) entre los 5° de latitud meridional y los 10° de latitud boreal, al impulso de inmensos ríos de la costa de Guinea (Herrera, déc. III, lib. 10, cap. 1.º); explicación errónea que en nuestros días ha sido aplicada á las corrientes próximas á la desembocadura de los ríos de la Plata, Amazonas y Orinoco, porque las causas son más lejanas y más generales.
[445] Glas, Hist. of the disc. and conquest of the Canary Islands, p. V; Viera, Historia general de las islas Canarias, tomo II, pág. 167.
[446] Gumilla, Orinoco ilustrado, cap. 31.
[447] El historiógrafo de Canarias, Viera (t. I, parte III), refiere que en muchas ocasiones ha arrojado el mar á las costas de las islas de Hierro y Gomera frutos y semillas procedentes de árboles indígenas de América. Antes del descubrimiento del Nuevo Continente, suponían los Canarios que estos frutos eran procedentes de la isla de San Brandón. La mejor prueba de las ramificaciones temporales de los ríos pelásgicos es el fenómeno de transporte de producciones vegetales de las Antillas á las costas de Noruega, de las Hébridas, de Irlanda y de las Canarias.
[448] Wallace dice que los esquimales llegaban en canoas de cuero; pero Mr. Giseke, que ha vivido largo tiempo en Groenlandia, me asegura que estas canoas se reblandecen cuando están muchos días en agua del mar. Asegura, además, que los esquimales del Labrador jamás atraviesan el canal entre el Labrador y Groenlandia.
[449] «Non me piget inter hæc ejusdem temporis rem dignam propter novitatem, quæ legentibus nota sit, scribere. Navis gallica dum in Oceano iter non longe à Britannia faceret, naviculam ex mediis abscissis viminibus arborum que libro solido contectis ædificatam cepit; in qua homines erant septem mediocri statura, colore subobscuro, lato è patente vultu, cicatriceque una violacea signato: hi vestem habetant è piscium corio, maculis eam variantibus. Coronam è culmo pictam septem quasi auriculis intextam gerebant. Carne vescebantur cruda, sanguinemque, uti non vinum, bibebant. Eorum sermo intelligi non poterat: ex iis sex mortem obierunt, unus adolescens in Aulercos, ubi rex (Galliæ) erat, vivus est perductus.» Bembo, Hist. Ven., lib. VII, pág. 257 (edic. 1718). En este cuadro, un poco recargado, fácil es conocer la raza de los esquimales, más extendida acaso hacia el Sur que en nuestros días. Á medida que la población indígena ha ido disminuyendo en el litoral, la navegación costera, ocasionada á aventuras extraordinarias, fué menos frecuente. En la narración de Bembo nada se dice de barcas de cuero.
[450] Gumilla (edic. franc.), t. II, pág. 211.
[451] Bosius, In Corn. Nep. Fragm., t. II, pág. 356; Plinio, II, 67: «Idem Nepos de septentrionali circuitu tradit, Quinto Metello Celeri, L. Afranii (sic Iul. Sillig. C. Afranii, Salmant) in consultatu collegæ, sed tum Galliæ proconsuli, Indos à rege Suevorum (ita omnes Plinii Codd) dono datos, qui ex India commercii causa navigantes tempestatibus essent in Germaniam abrepti.» (Consúltese también Car. Ferd. Rankii de Corn. Nepotis vita et scriptis Coment., 1827, pág. 27); Pomponio Mela, lib. III, cap. V, § 8.º: «Ultra Caspium sinum quidnam esset, ambiguum aliquandiu fuit: idemne Occeanus, an Tellus infesta frigoribus, sine ambitu ac sine fine proiecta. Sed præter Physicos Homerumque, qui universum orben mari circumfusum ese dixerunt, Cornelius Nepos, ut recentior, ita auctoritate certior; testem autem rei Q. Metellum Celerem adjicit, eumque ita retulise commemorat: Cum Galliæ pro consule præesset, Indos quosdam à rege Boiorum (Botorum, Bætorum, Getorum, inepte Lydorum, Codd) dono sibi datos; unde in eas terras devenissens, requirendo cogosse, vi tempestatum ex Indicis æquoribus abreptos, emensosque, quæ intererant, tandem in Germaniæ litora exiisse.» (Véase Eneas Sylvio, De Asia, 1551, pág. 283; Acosta, lib. I, cap. 19.)
[452] Las nociones adquiridas por Herodoto en las comarcas próximas á la extremidad boreal del mar Caspio, y confirmadas por los Scytas y otros pueblos nómadas que erraban entre la cordillera meridional del Ural y la desembocadura del Volga, eran más exactas que las ilusiones sistemáticas que prevalecían al Sur y Sureste del Caspio entre los compañeros de Alejandro y de Patroclo, el almirante de Seleuco Nicator y el gobernador de los Cadusienos en tiempo de Antioco. El mismo Aristóteles conserva la idea (Met. I. c. 14, 29; II, c. 1, 10) del aislamiento del Caspio, y este opinión viene en apoyo, como ha observado muy bien M. de Sante Croix, de las razones que se tienen para creer que Aristóteles escribió la Meteorología en Atenas, antes de ir á la corte de Filipo (Examen crit. des historiens d’Alexandre, pág. 703, y Jul. Lud. Ideler, in Arist. Met., IX). El pasaje del Pseudo Aristóteles. De Mundo, c. 3, no puede ser citado en contradicción de lo dicho, á causa de la compilación tardía de este tratado, posterior á la expedición de Alejandro á la India.
[453] Juxta vero ab ortu ex Indico mari, sub eodem sidere pars tota vergens in Caspium mare, pernavigata est Macedonum armis, Seleuco et Anthioco regnantibus, qui et Seleucida atque Antiochida ab ipsis appellari voluere. Circa Caspium quoque multa Oceani litora explorata, parvoque brevius, quam totus, hic aut illine septentrio eremigatus (Plinio, II, 67). En este mismo capítulo, que contiene el cuento de los indios arrojados en la costa de Germania, se hace á Cornelio Nepote contemporáneo de Eudoxio de Cyzico, célebre por una supuesta circunnavegación de África, en la cual conoció, como Pigafetta, nombres de lenguas bárbaras (Strabón, II, pág. 99). Ahora bien; Cornelio Nepote nació hacia el año 690 de la fundación de Roma, y el rey Lathuro, á quien Plinio nombra, murió en el año 673 (Ranke, pág. 15). Strabón, según Posidonio, supone el suceso en el reinado de Evergetes II ó Physcon, muerto el año 637 de la fundación de Roma (Posidonii Rhodii, Rel. collegit Bake, 1810, pág. 102).
[454] Hist. du Commerce des Anciens, pág. 352.
[455] Plinio, II, 69; Strabón, XI, pág. 509 Cas. En el curioso manuscrito de: los viajeros árabes de los siglo IX y X, publicado primero por el abate Renaudot y examinado después por M. de Guignes, padre, háblase también «de un buque de Siraph en el golfo Pérsico, que la fuerza de las corrientes lo llevó, dando la vuelta al Asia oriental ó septentrional, al mar Caspio (mar de Khozar) y desde allí, por un canal, á las costas de Siria» (Notice des Manuser. du Roi, t. I, pág. 161). Este mito geográfico recuerda el extraordinario suceso de la punta de una proa que Eudoxio de Cyzico (Strabón, II, pág. 99) encontró en la costa de los Etiopes, y que se decía llegó, por la fuerza de las corrientes, desde el río Lixus ó de Gades.
[456] Descriptionis Ptolemaicæ Augmentum sive Occidentis Notitia. Lovan, 1597, pág. 190. «Indos quondam tempestatibus in Suevorum et Germaniæ litora ejectos et Quinto Metello Celeri dono datos, non ex ultimis Orientis et Occidentis partibus, uti quibusdam visum est, sed ex hac Laboratoris et Estolandiæ aut vicinis terris venise constanter teneo, mecumque sentient quicumque climatis rationem expenderit.» Este pasaje alude también á otra vaga suposición indicada por Wytfliet en el artículo Quivira y Anián, según la cual los Indios de Metelo Celer pudieron ser acaso verdaderos Indios, que llegaron á Europa por el Noroeste, pasando por los estrechos de Anián y del Labrador (pág. 170). Conviene recordar, con tal motivo, que estos dos nombres se aplicaban á dos distintos estrechos, creyéndose que había comunicación entre ellos; uno es nuestro estrecho de Behring, y el otro un canal que se suponía á lo largo de las costas septentrionales de América, desde los estrechos de Davis y de Frobisher hasta Bergi Regio y Aniani Regnum, según la nomenclatura del siglo XVI. Más aún; en la célebre y problemática Memoria de Lorenzo Ferrer Maldonado, de 1588, dícese que el estrecho de Labrador no termina hasta los 75° de latitud, y «que hay 790 leguas desde el estrecho del Labrador al de Anián.» El nombre de este último estrecho encuéntrase por primera vez en un mapa del atlas de Ortelio de 1570, y aunque Rivero no le conoce en 1529 (Sprengel, en las Adiciones á la traducción alemana de Muñoz, Historia del Nuevo Mundo, pág. 493), no prueba esto de ningún modo que haya sido inventado en el intervalo de 1529 á 1570. Por otra parte, su posición occidental hace improbable que Cortereal, en su viaje á la embocadura del San Lorenzo y al Labrador, le diera en 1500 el nombre de Anián en honor de dos hermanos que le acompañaban, como supone Forter (Nord. Entd. B. III, capítulo 5, § 1). Hasta hoy nada se ha encontrado que explique la denominación de Anián. El nombre de Fretum trium fratrum que emplea Gemma Frisius (Hakluyt, t. III, página 16), indica vagamente una comunicación del Atlántico con el mar del Sur, al Norte de América, y si Ani (Barrow, Voyages into the Polar Regions, pág. 45) significa en japonés hermanos, no causaría extrañeza ver aplicado al estrecho de Behring un nombre asiático, á pesar de las dudas que tan gran distancia de navegación para los japoneses pueda engendrar. ¿Qué crédito merece, en tal caso, la explicación de Fretum trium fratrum, fundada en las desgracias de Gaspar y Miguel Cortereal en las costas orientales del Nuevo Continente?
[457] Pontano (Rerum Danicarum Historia, 1631, pág. 764) discutió esta opinión.
[458] Gomara, fol. VII. Horn., (De orig. Amer., pág. 24) repite el hecho, pero diciendo llegaron por sí mismos á Lubeck. «Similis casus in temporibus Frederici Barbarossæ narratur, Indos scapha Lubecam appulise.»
[459] En la Memoria acerca de la posibidad de un viaje al Cathay por el Noroeste (Hakluyt, t. III, pág. 17), estaba en el interés del autor probar que los Indios de Metelo Céler vinieron por el Norte de América rodeando el Promontorium Corterealis, que está inmediato al Polissacus fiuvius (pág. 19). Este mismo razonamiento fué, al parecer, empleado para motivar el proyecto de Sebastián Cabot, que, según Gomara (fol. XX), «prometió al rey Enrique VII ir por el Norte al Cathay y al país de las especias», en 1498 (Mem. of. Seb. Cabot., pág. 87). «Il primo motivo, dice el cardenal Zurla (Viaggi, t. II, página 284) deducevano dal Cornelio Nepote é parimente del sapersi che á tempi di Ottone, imperatore fu trasportatata daventi nel Mare Germanico una nave de Levante.»
Ocasión tendré más adelante, al hablar del mapa de una edición de Ptolomeo de 1508, de discutir la denominación del río Polisacus (el Pulisangha) ó río de Cambalu en China.
Á causa de la cita de los Othones y de Federico Barbarroja he examinado cuidadosamente, pero sin fruto, la célebre crónica de Ditmar, conde de Walembek (Cronogr. Ditmari, episcopi Merspurgensis, libri VIII, Helmst, 1667, páginas 17-88) y la Crónica de Othón de Freising, continuada por Othón de San Blaise y el canónigo Radevicus (Murat, Script Rerum Ital., tomo VI, páginas 610-736 y 742-758). Á ruego mío ha examinado Mr. Deecke en Lubeck, y también infructuosamente, la rarísima edición de Othón de Freising, impresa conforme á los manuscritos de la Biblioteca de Viena en 1515. ¿Quiso hablar acaso Eneas Silvio de una Crónica de Austria del obispo Freising, que no ha llegado á nosotros?
[460] Grantoff. Chron. des Franciscaner-Lesemeisters Ditmar, 1829, t. I, p. XXIX, 4 y 413. Ditmar alcanza en su Crónica hasta 1101; Alberto de Bandervik solamente á 1298. La fundación de la ciudad antigua de Lubeck, situada á orillas del riachuelo de Schwartow (Helmoldi Chronica Slavorum, Lubeck, 1139, lib. I, cap. 20 y 57, p. 61 y 137), corresponde á la época que media entre los años 795 y 823. Los Rugienos la incendiaron y destruyeron en 1139, y este suceso ocasionó la fundación de la nueva ciudad de Lubeck en 1140. No habían transcurrido veinte años desde su reedificación en la época en que, según dice Gomara, llevaron allí los indios. Como esta ciudad nueva fué también destruída completamente por un incendio en 1157 (Grantoff, t. II, p. 581), la suposición de que fueran conducidos á esta ciudad comercial para mostrarlos al pueblo, náufragos llegados de las costas de Escocia ó Noruega, no me parece probable, porque hasta repugna á las costumbres de aquellos tiempos. El silencio de Helmod, que era cura de una aldea á orillas del lago de Plœn en el Holstein, es tanto más importante cuanto que en 1164 vivía aún, como su propia Crónica lo indica claramente (cap. 94, p. 213).
Consulté á un sabio, profundamente versado en la historia de estas comarcas y que habita en el mismo Lubeck, Mr. Deecke, y he recibido confirmación de las dudas que acabo de exponer. «Examinando de nuevo todas nuestras Crónicas, me escribió Mr. Deecke en Enero de 1835, nada encuentro, absolutamente nada, que permita adivinar lo que ha dado motivo á las extrañas noticias adquiridas por Eneas Silvio, Gomara y Sir Humphrey Gilbert, cuyas investigaciones sobre el paso del Noroeste nos ha conservado Hakluyt. Debo, sin embargo, deciros que en la casa donde se reunía el gremio de los marinos (Schiffergesellschaft de Lubeck), se conserva una canoa groenlandesa con una figura de madera, representando un esquimal, figura que estuvo antes cubierta con el traje propio de los esquimales. La canoa ha sido recompuesta muchas veces, y su inscripción más antigua es de 1607, pero según una tradición muy vaga, debió capturar un barco de Lubeck á este pescador esquimal en los mares del Oeste hace trescientos años. Las relaciones comerciales de Lubeck con las regiones del Oeste y del Noroeste datan de mediados del siglo XIII. Acaso Gilbert quiso decir en el reinado de Federico III. No entiendo, como vos no entendéis, lo que significan las palabras del papa Eneas Silvio: Nos apud Othonem legimus; ni la cita de Gilbert: Othon in the storie of the Gothes affirmeth. No ha existido ningún Othón que escribiera una historia de los Godos, y entre los historiadores de este pueblo, que por largo tiempo y cuidadosamente he estudiado, no hay rastro de ningún suceso parecido.»
En muchas ciudades marítimas se conservan canoas groenlandesas, y esta conservación no prueba nada por sí misma, como sucede con el cocodrilo que me enseñaron colgado en una capilla de los alrededores de Verona, y que, según la tradición popular, vino derechamente al Brenta desde la desembocadura del Nilo.» La historia de la canoa de Lubeck, según los indicios dados por los autores que acabo de citar, podría referirse muy bien á la captura de un pescador esquimal arrastrado por alguna tempestad lejos de las costas de su patria.
[461] Navarrete, Documentos diplom., t. II, páginas 262-269.