VIII.

Primeros descubrimientos en la costa oriental de América.

Cristóbal Colón[184] comenzó su tercer viaje el 30 de Mayo de 1498, partiendo de Sanlúcar. El 1.º de Agosto del mismo año descubrió la Tierra Firme del delta del Orinoco (isla Santa), y cuatro días después hizo desembarcar su tripulación por primera vez en el continente americano equinoccial, en el golfo de Paria (en la costa de la isla de Gracia).

El descubrimiento que hizo Sebastián Cabot de la América septentrional, desde la bahía de Hudson hasta el sur de Virginia, con un barco de Brístol (the Matthew) data del verano de 1497.

Alonso de Ojeda, acompañado de Juan de la Cosa y de Amerigo Vespucci (Ojeda nombra á este último, Morigo Vespuche, en el pleito del Fiscal contra los herederos de Colón, según se ve en la 5.ª pregunta del mismo), partió el 19 de Mayo de 1499, y tocó tierra á fin de Junio del mismo año en las costas de Surinam hacia el 6° de latitud boreal. A su vuelta vió las desembocaduras de río Esequibo y del Orinoco.

Vicente Yáñez Pinzón, el mismo que mandaba la Niña en el primer viaje de Colón, salió de Palos á principios de Diciembre de 1499, atravesó por primera vez el Ecuador en la región americana del Océano Atlántico, y el 20 de Enero de 1500 descubrió el cabo de San Agustín, llamado por Pinzón (Pleito, preg. 7.ª; Navarrete, t. III, páginas 547 y 552) cabo de Santa María de la Consolación, latitud austral 8° 19′. Vió, por tanto, una parte del Brasil, la provincia de Pernambuco, cuarenta y ocho días antes de la partida de Cabral, á quien generalmente se atribuye el descubrimiento del Brasil. Favorecido por las corrientes de ESE. al ONO. (porque hacia la parte más convexa y más oriental de la América meridional, como hacia la parte cóncava del Africa en la bahía de Biafra, que parece corresponderle, las corrientes se dividen y cambian de dirección), Vicente Yáñez Pinzón siguió la costa al Oeste del Cabo de San Roque (lat. aust. 5° 28′), y descubrió la desembocadura del Amazonas, que llamó Paricura.

Del mismo puerto de Palos, y poco después de la partida de Vicente Yáñez Pinzón, probablemente en los últimos días del año 1499, salió Diego Lepe. Siguió la misma ruta y tocó también en el Cabo de San Agustín (Cabo de Santa María de la Consolación; después Cabo de Santa Cruz, según Manuel de Valdovinos). Fué el primero que en la desembocadura del Iviapare ú Orinoco, por medio de un artificio improvisado (escalfador de barbero), que sólo podía abrirse en el fondo del agua, reconoció que en una profundidad de ocho brazas y media, las primeras dos brazas del fondo eran de agua salada, cubierta hacia la superficie de agua dulce (testimonio del médico García Hernández en el pleito: Navarrete, t. III, pág. 549).

Desde la desembocadura del río de las Amazonas volvió á la costa de Paria.

Tiene de notable la expedición de Lepe que dobló el cabo de San Agustín, llamado por él Rostro Hermoso (Pleito del Fiscal, 8.ª pregunta; Navarrete, t. III, páginas 319 y 553), y observó que más allá de este cabo continúa la costa del Brasil en dirección SO., como así es (véanse las hermosas cartas hidrográficas del almirante Roussin), entre los 8° y los 13° de latitud austral. Esta observación pudo generalizar desde 1500 la idea de la configuración piramidal de la América del Sur.

No cito después de Lepe, ó como formando parte de esta expedición, al comendador Alonso Vélez de Mendoza, cuyo viaje, á pesar del testimonio oficial del piloto Juan Rodríguez Serrano, es dudoso. (Navarrete, t. III, páginas 319 y 594).

Pedro Alvarez Cabral, enviado por el rey D. Manuel de Portugal a las Indias orientales (á Calicut), por el camino de Vasco de Gama, queriendo evitar (Barros, década I, lib. V, cap. I, t. I, pág. 386) las calmas del golfo de Guinea y los vientos de SO. que soplan entre los cabos Palma y López, impensadamente llegó á tierra el 24 de Abril de 1500 en las costas del Brasil, hacia el décimo grado de latitud austral; por consecuencia, entre Porto Francés y la desembocadura del río San Francisco (probablemente cerca del río Liquia), á la extremidad meridional de la provincia de Pernambuco, á 15 ó 20 leguas marinas de los parajes que los españoles Vicente Yáñez Pinzón y Diego de Lepe habían reconocido tres meses antes.

Compréndese por la curiosa carta que el rey D. Manuel escribió á los Reyes Católicos el 29 de Julio de 1501 (Navarrete, t. III, Doc. núm. 13, pág. 94), que en Portugal no se adivinó la posibilidad de estar unida esta tierra, llamada Terra Santa Cruz, y habitada por una raza cobriza de cabellos lacios, á la tierra de Paria, cuyo descubrimiento era conocido en España desde el mes de Diciembre de 1498; pero se preveía desde entonces (lo cual es muy notable), la importancia que una tierra situada, por decirlo así, en el camino del Cabo de Buena Esperanza debía tener para la navegación de la India («La qual tierra parece que milagrosamente quiso nuestro Señor que hallase, porque es muy conveniente y necesaria para la navegacion de la India, porque allí Pedro Alvarez reparó sus navíos y tomó agua»).

El exacto conocimiento que hoy tenemos de la multiplicidad de estas corrientes ó ríos pelásgicos de distintas temperaturas que atraviesan el gran valle longitudinal del Atlántico, explica fácilmente la derivación extraordinaria hacia el O. que sufrió la escuadrilla de Cabral. Cometióse la imprudencia de atravesar el Ecuador en una longitud demasiado occidental, y por efecto de la corriente ecuatorial media (empleo la nomenclatura del mayor Rennell), entróse en la corriente del Brasil, que sólo es la continuación de la corriente equinoccial, modificada por la configuración del continente americano.

Desde el décimo grado de latitud austral costeó aún Cabral durante algunos días la costa americana hacia el Sur hasta Puerto Seguro, y desde allí dirigió el rumbo, favorecido quizá por la corriente (southern connecting current), que impulsa al ESE. en dirección del banco Agulhas, al Cabo de Buena Esperanza, donde pereció Bartolomé Díaz en un naufragio, al Sur de la bahía de Algoa, según antes dije.

Durante los años de 1505 á 1507 ocupóse con preferencia la corte de España en que se buscara un camino directo hacia el Oeste para llegar «al nacimiento de la especería», descubriendo al efecto algún estrecho en las costas meridionales del Brasil. Vespucci, á quien Colón había recomendado eficazmente (carta de Sevilla de 15 de Febrero de 1505), Vicente Yáñez Pinzón, Juan de la Cosa y Solis, fueron consultados para una grande expedición que debía partir en Febrero de 1507; pero que, por las influencias portuguesas y la escasa armonía que reinaba entre Fernando el Católico, á su vuelta de Nápoles, y su yerno el rey Felipe I, fracasó. Esta fué la época en que estuvo favorecido Vespucci (Herrera, déc. I, lib. VI, cap. 16; lib. VII, cap. 1, t. I, páginas 142 y 148; Navarrete, t. III, páginas 47, 294, 302 y 321).

Vicente Yáñez Pinzón y Juan Díaz de Solís partieron de Sanlúcar el 29 de Junio de 1508, y reconocieron la costa desde el cabo de San Agustín hasta el paralelo de 40° Sur, cerca del río Colorado, pero sin ver la desembocadura del Río de la Plata, que está 5° más al Norte.

Vasco Núñez de Balboa vió el mar del Sur el 25 de Septiembre de 1513, desde lo alto de la Sierra de Quarequa (Pedro Mártir, ep. 540, pág. 296), y algunos días después, cuando Alonso Martín, de Don Benito, encontró una bajada al golfo de San Miguel, y en una canoa fué el primero en navegar por dicho mar, Balboa, siguiendo por el camino que los indígenas abrieron, entró espada en mano en el agua hasta llegarle á las rodillas para tomar posesión del Océano nuevamente descubierto. Los éxitos de Balboa sólo duraron cuatro años, porque en 1517 le decapitaron por orden de su mortal enemigo Pedrarias Dávila (ó con más exactitud Pedro Arias de Avila) y del licenciado Espinosa. Había escrito poco tiempo antes al rey Fernando, en carta encontrada en los archivos de Sevilla, «que V. A. mande que ningund bachiller en leyes y otro ninguno, si no fuere de medicina, pase á estas partes de la tierra firme, porque ningund bachiller acá pasa que no sea diablo y tienen vida de diablos» (Navarrete, t. III, doc. 4.º de la sec. 3.ª).

Juan Díaz de Solís fué el encargado «de pasar al mar del Sur á espaldas de Castilla de Oro (parte NO. de la América meridional) y avanzar 1.700 leguas más allá de la línea de demarcación; de reconocer si Castilla de Oro es una isla, y de enviar á la isla de Cuba la figura de la costa, si algún estrecho ó abertura hacía posible este envío» (Navarrete, t. III, docs. 35 y 36). No se ejecutó ninguno de estos vastos proyectos de descubrimiento de un estrecho ó de circunnavegación de la América del Sur para llegar á la costa occidental del gobierno de Pedro Arias de Avila, parte de la Tierra Firme, situada entre Veragua (gobierno de Diego de Nicuesa)[185] y el golfo de Uraba, donde principiaba el gobierno de Ojeda, y oficialmente embellecida en las cédulas reales de 27 de Julio y 2 de Agosto de 1513 con el hermoso nombre de Castilla de Oro[186] y Castilla de Aurifia (sin duda aurífera).

Juan Díaz de Solís murió durante sus éxitos, después de llegar en el reconocimiento de las costas occidentales de América hasta los 36° de latitud austral. Salió del puerto de Lepe el 8 de Octubre de 1515; llegó al cabo de San Roque del Brasil (lat. 5° 28′ 17″ Sur); diseñó el yacimiento de la costa, doblando, como lo hicieron Vicente Yáñez Pinzón y Diego de Lepe, el cabo de San Agustín (cabo de Santa María de la Consolación ó de Rostro Hermoso), hasta la bahía de Río Janeiro; tocó, favorecido siempre por las corrientes que se dirigen al SSO. en el cabo de la Cananea (lat. 25° 10′), en la isla de la Plata (hoy Santa Catalina) (lat. 27° 36′), en las islas de los Lobos, cerca de Maldonado, y, en fin, en el puerto de Nuestra Señora de la Candelaria, que se creyó estaba á los 35° de latitud austral, probablemente entre Maldonado (lat. 34° 53′ 27″) y Montevideo (latitud 34° 54′ 8″). Allí descubrieron los españoles esa gran abertura de la mar dulce que llamaron río de Solís. Después de anclar en el interior del río, cerca de una isla (islote de Martín García), cuya latitud austral se fijaba en 34° 40′, los indígenas asesinaron á Solís y á ocho de los que le acompañaban; probablemente en Agosto de 1516. Herrera (déc. II, lib. I, cap. 17; déc. IV, lib. I, cap. 1; Mem. of Seb. Cabot, 1831, pág. 104) nos ha conservado una parte del Diario de la expedición, al menos los detalles de las posiciones, que demuestran notable progreso desde Colón en la precisión de las observaciones de las alturas meridianas del sol.

Aunque Gomara lo niega, parece que la denominación de Río de Solís fué cambiada por la de Río de la Plata, cuando la expedición de Diego García en 1527, quien encontró allí placas de plata, que probablemente procedían de las minas de Potosí, en manos de los indios guaranís. «Fueron las primeras muestras americanas de este metal que se recibieron en España», según asegura Herrera; pero dudo de la exactitud de esta noticia.

Los reyes aztecas hacían explotar las minas argentíferas de Tasco (Tlachco, en la provincia mejicana de Cohuixco), que yo he visitado (Essai pol., t. III, pág. 115, segunda edición). Cortés dice en sus cartas á Carlos V que eran comunes los vasos de plata en Tenochtitlán, y Herrera olvida que el conquistador de Méjico desembarcó el 19 de Septiembre en la playa de Veracruz (Chalchicuecan), y que, llegado á la capital, mandó fabricar á los plateros indígenas (aztecas) desde los primeros días, conforme á los modelos españoles, no sólo cuchillos y cucharas de plata, sino también figurillas de santos para enviarlas á Europa; por tanto, las muestras de plata americana debieron ser vistas siete ú ocho años antes que Diego García y Sebastián Cabot se encontraran en el Río de Solís, en la costa perteneciente hoy á la República Argentina.

En vista de los datos cronológicos expuestos en este resumen de descubrimientos, superfluo sería refutar la opinión de los que atribuyen á Cabot el descubrimiento del Río de la Plata.

En Valladolid, en 1517, fué donde Magallanes manifestó sus proyectos de descubrir un estrecho que pretendía haber visto trazado en un mapa de Behaim.