VIII.
Cuál fué la primera tierra que descubrió Colón.
Según los trabajos realizados por el teniente de fragata D. Miguel Moreno[93] acerca de las rutas del gran marino genovés, la carabela Santa María, que Oviedo llama equivocadamente la Gallega, encontrábase el 7 de Octubre en latitud de 25° ½ y longitud de 65° ½. Pronto veremos que la latitud marcada parece ser exacta, pero la longitud era más occidental. De continuar la carabela el camino hacia el Oeste que seguía constantemente desde el 30 de Septiembre, hubiese llegado á la isla Eleuthera en el gran banco de Bahama, y en vez de hallar en estos parajes el Gulf Stream, hubiera encontrado una corriente bastante rápida que, desde los 68° á los 78° de longitud, va á lo largo del límite oriental del banco hacia el Sudeste. Esta corriente es, según las observaciones hechas en el buque inglés Europa en 1787, é indicadas en la carta del Atlas de las corrientes del mayor Rennell, una contracorriente del Gulf Stream. El movimiento de las aguas hacia el Oeste no se hace sentir sino cuando se ha atravesado esta contracorriente de NO.-SE. y se llega al mismo banco de Bahama. De esta consideración resulta que para entrar Colón en el Gulf Stream hubiera debido pasar al Norte de Eleuthera por el canal de la Providencia, abierto hacia el Oeste, al canal de Bahama ó de la Florida. Á pesar del poco calado de las carabelas del viaje, esta navegación por el banco de Bahama, en un mar desconocido, podía ser muy peligrosa.
Como al cambio de rumbo verificado[94] el domingo por la tarde siguió el viernes á las dos de la madrugada el feliz descubrimiento de la isla Guanahaní, los enemigos de Colón, en el pleito contra sus herederos desde 1513 á 1515, insistieron mucho en el mérito de Martín Alonso Pinzón, el comandante de la Pinta, por haber aconsejado el 7 de Octubre dirigir el rumbo al Sudoeste. Los testigos Manuel de Valdovinos y Francisco García Vallejo cuentan que Alonso Pinzón, hombre muy sabido en cuanto concierne á la mar, hacía observar á Colón que habían caminado hacia el Oeste doscientas leguas más de las ochocientas que éste, sin duda por las instrucciones que tenía de Toscanelli[95], pronosticó como término del descubrimiento.
Uno de los testigos dice que Colón ofreció que le cortara la cabeza Pinzón si en un día y una noche no veían tierra; otro, al contrario, habla de la pusilanimidad del Almirante, y asegura que Vicente Yáñez Pinzón, tercer hermano de Alonso y capitán de la Niña, no quería volver sino después de caminar dos mil millas al Oeste. Alonso, según el mismo testimonio de Vallejo, exclamó que sería una vergüenza abandonar el proyecto con la armada de tan gran rey, y que su corazón le decía que para encontrar tierra necesitaban dirigirse al Sudoeste.
Rodeado el Almirante por los tres hermanos Pinzón, hombres ricos, de mucha consideración y que no le amaban, debía ceder á sus consejos. Además, la inspiración de Alonso Pinzón era menos misteriosa de lo que parecía á primera vista. Vallejo, marinero natural de Moguer, declara ingenuamente en el pleito, que Pinzón vió por la tarde pasar loros, y sabía que estas aves no volaban sin motivo hacia el Sur.
Nunca ha tenido el vuelo de las aves en los tiempos modernos más graves consecuencias, porque el cambio de rumbo efectuado el 7 de Octubre[96] decidió la dirección en que se hicieron los primeros establecimientos de los españoles en América.
La posición de la carabela Santa María el día 7 de Octubre de 1492 (que ya he indicado, era lat. 25° ½, long. 65° ½) fúndase en la hipótesis enunciada por los Sres. Navarrete y Moreno, de que la primera isla de América vista por Colón, y llamada en su Diario Guanahaní[97] ó San Salvador, no es San Salvador el Grande (una de las islas Bahamas, Cat Island) de nuestros mapas modernos, en el meridiano de Nipe, puerto de la isla de Cuba, sino la isla de la Gran Salina, del archipiélago de las Turcas, casi en el meridiano de la punta Isabelica, en la isla de Santo Domingo. Ahora bien; según las bellas cartas marinas de M. de Mayne, cuyas posiciones he comparado frecuentemente con las obtenidas por mí, empleando medios astronómicos, hay de Cat Island á las islas Turcas una diferencia de longitud de 4° 9′; y aunque hubiera sido hecha toda la travesía entre los paralelos 26° y 28° y no en la misma región tropical, la diferencia de 83 leguas marinas hacia el Este debe parecer tanto más extraordinaria cuanto que las corrientes, llevando generalmente al Oeste, debieron situar el barco más allá del punto de estima.
Estas dudas acerca de la longitud del punto donde se llegó á tierra en nada debilitan las reflexiones que antes hemos expuesto acerca de la influencia más ó menos grande que, sin el cambio de rumbo del 7 de Octubre, pudo ejercer el Gulf Stream en la suerte y condición de la América septentrional; pero tales dudas hay que examinarlas aquí concienzudamente por lo que interesan á la geografía histórica, y el deber de hacerlo es tanto más imperioso, cuanto que la hipótesis de Navarrete, identificando la isla Guanahaní con una de las islas Turcas, al Norte de Santo Domingo, fué acogida con sobrada precipitación; y existe un nuevo documento, el Mapamundi de Juan de la Cosa del año de 1500, cuya grande importancia hemos descubierto Mr. Valckenaer y yo, en 1832, que aumenta el valor de las objeciones consignadas en la Vida de Cristóbal Colón por Washington Irving.
Puede decirse que hasta donde llega la civilización europea, los más dulces recuerdos de la infancia van unidos á las impresiones que ha producido la primera lectura del descubrimiento de Guanahaní. Aquellas luces movibles que el Almirante mostró á Pedro Gutiérrez en la obscuridad de la noche; aquella playa arenosa iluminada por la luna[98] que vió Juan Rodríguez Bermejo, han impresionado nuestra imaginación. Consérvanse minuciosamente los nombres y apellidos de los marinos que pretendieron ser los primeros en ver un pedazo de un nuevo mundo, y ¿nos veremos precisados á no poder relacionar estos recuerdos con una localidad determinada; á mirar como vago é incierto el lugar de la escena?
Afortunadamente estoy en situación de acabar con estas incertidumbres por medio de un documente geográfico tan antiguo como desconocido, documento que confirma irrevocablemente el resultado de los argumentos que consignó en su obra Mr. Washington Irving contra la hipótesis de las islas Turcas. Un marino americano muy experto, que conocía por autopsia las localidades de Cat Island y del islote de la Gran Salina, probó ya la falta de semejanza entre el aspecto de este último y su posición relativa y la descripción que el Almirante hace de Guanahaní ó de San Salvador. Según dice Colón, Guanahaní es una isla bien grande y abundante en aguas dulces; sus árboles demuestran una vigorosa vegetación (toda verde, que es placer de mirarla, y huertas de árboles las más hermosas). Tiene un puerto donde caben los navíos de toda la cristiandad. En cambio la isla de la Gran Salina (Turk’s Island) apenas cuenta dos leguas de extensión, carece de agua dulce, no teniendola más que de cisterna y charcos de agua salada; carece de puerto, y su rada es peligrosa hasta el punto de ser indispensable ponerse á la vela cuando cesa la brisa de NO.
Fernando Colón dice terminantemente en la Vida del Almirante que la isla Isabela, distante sólo ocho leguas de Guanahaní, según el Diario de navegación de Cristóbal Colón, está situada 25 leguas al norte de Puerto Príncipe en la isla de Cuba[99]. Ahora bien; según la carta del Sr. Moreno, hay entre Puerto Príncipe y las islas Turcas una diferencia de 4° ½ de longitud, que, conforme á las medidas itinerarias empleadas en el Diario de Colón, forma una distancia de 76 leguas. No se puede alegar en favor de la hipótesis de Navarrete ni la segunda pregunta del Pleito, porque está refutada por la pregunta anterior[100], ni los mapas que acompañan la carta de Colón traducida en 1493 por Leandro Cozco en Roma, ni el Tratado de navegación de Medina[101]; á aquellos les falta orientación fija, y son como fantasías de dibujante; éste, publicado á mediados del siglo XVI, es, por tanto, posterior en 26 y 45 años á los mapas de Diego Rivero y de Juan de la Cosa, que, por la posición y el carácter de sus autores, deben tener autoridad de testigos irrecusables.
Como el mapamundi de 1500 que lleva el nombre del piloto Juan de la Cosa, compañero de Colón y de Ojeda en sus viajes, es un documento completamente desconocido hasta ahora, y como ni Navarrete, ni Washington Irving, ni los que han discutido el problema del primer desembarco conocieron el mapamundi de Diego Rivero, cosmógrafo del emperador Carlos V, terminado en 1529, aunque la parte americana la publicaron Güssefeld y Sprengel en 1795, reuniré aquí los hechos apropiados, para sustituirlos á las simples conjeturas.
Un análisis sucinto de ambos documentos gráficos comprenderá toda la parte oriental de las islas Bahamas (Lucayas, islas de la nación de los Yucayos). El Diario de la navegación de Juan Ponce de León, emprendida en 1512 para descubrir la famosa fuente que rejuvenecía de la isla Bimini y que ocasionó el descubrimiento de la Florida (el país de Cautio, según le llamaban los indígenas), confirma además, del modo más convincente, lo que nos enseñan los mapamundi de La Cosa y de Rivero. En investigaciones de esta índole conviene distinguir, respecto á los diferentes grados de certidumbre que presentan, lo que se refiere á Guanahaní, punto capital del debate en la historia de los descubrimientos, y lo relacionado con las demás islas del mismo archipiélago, cuya identidad de nombre y posiciones es menos cierta. Este es, en mi opinión, el método, conveniente en todo trabajo relativo á los mapas de la Edad Media, método igual al que los filólogos aplican, como único posible, en el examen de los mapas que contienen los manuscritos de Ptolomeo. Antes de disponerse á adivinar cuáles son las posiciones de los mapas modernos que responden á las de los mapas de la antigüedad clásica, deben ser examinadas las opiniones que los geógrafos antiguos se formaron de la situación relativa de los lugares. Los ensayos gráficos de Agathodæmon de Alejandría, ó de los dibujantes menos sabios que posteriormente hicieron adiciones á los supuestos mapas de Ptolomeo, sólo expresan las opiniones más ó menos erróneas de su tiempo. De igual modo, respecto á la época de Colón y de Ponce de León, se procura encontrar indicaciones de este acuerdo entre los mapas y los diarios de navegación, limitándose estrictamente al examen de las obras anteriores á 1529 y á reconocer, á pesar de su disfraz, á veces bastante raro, los nombres antiguos é indígenas, en las denominaciones y recuerdos modernos.
Aunque el número de posiciones de que se puede tener alguna certidumbre es bastante considerable, quedan, sin embargo, en la descripción de la India insular de Marco Polo, como en los documentos gráficos de América, muchas islas repetidas que han continuado como estereotipadas en todos los mapas hasta el siglo XVII; islas cuyo emplazamiento real no puede fijarse, y á veces ni aun probar su existencia. No pocas cartas marinas y portulanos de la Edad Media no han sido aún más descifrados que el undécimo mapa de Asia de Ptolomeo, el cual representa el Archipiélago al sur del Sinus magnus y al oeste de Cattigara, estación de los Sines.
En las investigaciones geográficas es preciso comenzar, cuando se entra en terreno dudoso, por la identidad de los nombres. Después de reconocer en los mapas las denominaciones conservadas por los viajeros, preciso es ver si la posición relativa de los lugares está también de acuerdo con los itinerarios, y si esta posición, ó más bien, orden de sucesión de los lugares, es como los viajeros, con razón ó sin ella, la han supuesto. Estos se equivocan con frecuencia, porque en las comarcas donde las corrientes tienen gran fuerza, la posición relativa de las islas, considerando éstas bajo el doble punto de vista de la relación que entre ellas tienen ó de su yacimiento respecto á una costa próxima, debía ser muy insegura, y el atraso del arte náutico de entonces nos priva de toda determinación absoluta.
El Almirante en su Diario de navegación y en su carta al tesorero Rafael Sánchez, fechada en Lisboa el 14 de Marzo de 1493, insiste en el orden en que hizo los descubrimientos, y nombra las primeras islas entre las Lucayas. «La primera, dice, es San Salvador ó Guanahaní; la segunda Santa María de la Concepción; la tercera Fernandina; la cuarta Isabela ó Saometo; la quinta Juana ó Cuba.» Por lo que dice una carta de Anghiera (lib. VI, ep. 134), el sexto lugar corresponde á Haïti ó la Española; pero, si no resulta probado en el pleito contra Diego Colón, es bastante probable que esta última isla la vió, por primera vez, Martín Alonso Pinzón, mientras el Almirante se encontraba en las costas de Cuba[102].
Adivinó tan bien Anghiera, desde el mes de Noviembre de 1493, la importancia de estas seis islas, que, mientras Colón continuaba en la firme creencia de haber estado ó en las tierras sometidas al gran Khan ó en la isla de Zipango (el Japón), proclamó ya el descubrimiento de Novi orbis repertorem. (Lib. VI, ep. 138.)
Comenzaré por presentar, en forma de cuadro sinóptico, las distintas aplicaciones que se han hecho de los nombres que puso el Almirante á sus cuatro primeros descubrimientos.
| COLÓN. (Diario de su primer viaje.) | MUÑOZ. (Historia del Nuevo Mundo, lib. III, § 12.) | NAVARRETE. (Colección de viajes y descubrimientos, p. CIV.) | WASHINGTON IRVING. (Life of Colon.Appendix, número 16.) |
| GUANAHANÍ. Ó SAN SALVADOR EL GRANDE. | WATLING. (Cabo SO., lat. 23° 56′, long. 76° 54′.) | GRAN TURCA. (Cabo N., lat. 21° 31′, long. 73° 24′.) | CAT ISLAND. (Cabo Columbus, lat. 24° 9′, long. 77° 37′.) |
| SANTA MARÍA DE LA CONCEPCIÓN. | . . . . . . . . . . . . . | LOS CAICOS. (Cabo Cometa, lat. 21° 42′, long. 73° 45′.) | LA CONCEPCIÓN. (Centro, lat. 23° 51′, long. 77° 27′.) |
| FERNANDINA. | CAT ISLAND. (Cabo Columbus, lat. 24° 9′, long. 77° 37′.) | PEQUEÑA INAGUA. (Cabo E., lat. 21° 30′, long. 75° 15′.) | GRANDE EXUMA. (Cabo N., lat. 23° 42′, long. 78° 22′.) |
| SAOMETO Ó ISABELA. | ISLA LARGA. (Cabo N., lat. 23° 40′, long. 77° 40′.) | GRANDE INAGUA. (Cabo NE., lat. 21° 20′, long. 75° 24′.) | ISLA LARGA. (Cabo N., lat. 23° 40′, long. 77° 40′.) |
| Nota. Las posiciones se fundan en las cartas del capitán Mayne y de Ricardo Owen, ed. de 1833, suponiendo para la isla de Cuba la Punta de las Mulas, long. 78° 14′, y la Punta Maysi, long. 76° 27′; para la isla de Haïtí, el Cabo San Nicolás, longitud 75° 43′; el Cabo Isabelica, long. 73° 15′, y el cabo Samaná, long. 71° 25′. | |||
Para apreciar el valor de las interpretaciones expresadas en el cuadro precedente, las comprobaré, comparándolas con los dos documentos más antiguos que poseemos: los mapas de Juan de la Cosa y de Diego Rivero. La gran autoridad de estos documentos consiste, no sólo en la fecha incontestable de su redacción, sino también en la importancia y posición individual de sus autores. Uno de estos mapas ha sido dibujado en el Puerto de Santa María, cerca de Cádiz, dos años antes de que Colón emprendiese su cuarto y último viaje; el otro, completamente idéntico respecto á las posiciones que aquí discutimos, es diez y siete años posterior á la muerte de Amerigo Vespucci.
No anticiparé los amplios informes que he de dar de Juan de la Cosa al describir el mapamundi del célebre navegante[103]; baste recordar aquí que La Cosa acompañó á Colón en el segundo, y acaso también en el tercer viaje, y que, en otras expediciones, fué varias veces, hasta el año de 1509, á las costas de las Grandes Antillas; que Anghiera elogia su talento para dibujar cartas marinas, y que Las Casas (lib. II, cap. 2), al hablar de los consejos dados por La Cosa á Bastidas en el mismo año de 1500, en que dibujó el mapamundi, dice que el vizcaíno Juan de la Cosa era entonces el mejor piloto que pudiera hallarse para los mares de las islas occidentales.
El autor del segundo mapa, Diego Rivero, cosmógrafo é ingeniero de instrumentos de navegación del emperador Carlos V, desde el 10 de Junio de 1523 (cosmógrafo de S. M. y maestre de hacer cartas, astrolabios y otros instrumentos), no fué á América; pero, llamado con el segundo hijo del Almirante, Fernando Colón, con Sebastián Cabot y Juan Vespucci, sobrino de Amerigo (Pedro Mártir, Oceánica, Déc. II, lib. VII, página 179; Déc. III, lib. V, pág. 258, y Documento número 12, en Navarrete, t. III, pág. 306), al célebre congreso de Puente de Caya, entre Yelves y Badajoz, para discutir la aplicación de los grados de longitud que debían limitar los descubrimientos españoles y portugueses, tuvo á su disposición, por la índole del cargo, todos los materiales que existían en el grandioso establecimiento de la Casa de Contratación, fundada en Sevilla en 1503, y el depósito de cartas del Piloto mayor, encargado desde 1508 (Docum. núm. 9, en Navarrete, t. III, página 300) de extender y rectificar anualmente el Padrón Real, es decir, el catálogo de las posiciones «de las tierras firmes é islas ultramarinas».
El mapamundi de Diego Rivero, trazado en 1529, y que se conserva hoy en la biblioteca pública de Weimar, demuestra cuán numerosos é importantes eran los materiales que indico. La parte de las Antillas, de Méjico y de las costas septentrionales y orientales de la América meridional, sin exceptuar el litoral del mar del Sur, desde el grado 12 N. al 10 S., es tan semejante á los mapas modernos, que maravillan los progresos de la geografía desde fines del siglo XV. La información acerca del invento de bombas de achicar, hecha por este hábil cosmógrafo, bombas que mantenían á flote un barco, haciendo tanta agua, que pudiera moler un molino (Navarrete, Docum. núm. 4, t. I, pág. CXXIV), es una prueba oficial de que no sobrevivió al año de 1533. Los sabios españoles conocían el nombre y mérito de Diego Rivero, pero no su mapamundi, que se cree fué traído á Alemania en uno de los frecuentes viajes de los señores de la Corte de Carlos V desde Sevilla y Toledo á Augsburgo y Nuremberg.
La Cosa, que había seguido en unión de Cristóbal Colón, en Noviembre y Diciembre de 1493, la costa boreal de Haïti, la que está frente á las islas Turcas y á los Caicos, debió saber de boca del mismo Almirante dónde estaba situada la isla Guanahaní, descubierta trece meses antes. Á primera vista se nota en el mapa de La Cosa que la posición de Guanahaní no es entre los bajos é islotes que se encuentran frente á Haïti, al Este de la isla de la Tortuga, sino más lejos, hacia el Oeste, entre Samaná é Isla Larga (Long Island), que llama Yumay, próxima á esa gran tierra de Habacao que Rivero indica claramente como un banco de arena, con el nombre de Cabocos. Estos dos nombres, idénticos por la sustitución tan frecuente de la c y la h, designan el banco de Bahama, sobre el cual, y más al Norte, conocemos hoy la isla Gran Albaco, que es la isla Lucayo Grande de Rivero. En la carta de este cosmógrafo figura al oeste de Lucayo Grande el nombre de la isla Bahama (la Gran Bahama de los mapas modernos), y une las dos islas por un banco de arena, que es el Pequeño Banco de Bahama, mientras Cabocos R.[104], separado por un canal (nuestro canal de la Providencia), indica el Gran Banco de Bahama.
Para orientarse en la carta de La Cosa es indispensable relacionar las islas y cayos del norte de Haïti con posiciones de la costa septentrional de esta isla, cuya identidad con las denominaciones modernas está probada. Estos puntos que presenta el trabajo de La Cosa son de Este á Oeste: el cabo Estrella (Nav., t. I, pág. 79); la isla Tortuga, que llamó mucho la atención de Colón en su primer viaje (I, 80 y 85); Vega Real (Herrera, I, 2 y 11, y Muñoz, lib. V, § 6); Isabela, diez leguas al este de Monte Cristi, fundada en Enero de 1494, después de la destrucción del fortín de Navidad (I, 219, Vida del Almirante, cap. L; Muñoz, lib. IV, § 42), Cabo de Plata (I, 131), al este de Cabo Francés de Colón[105] (Cabo Franco, C.); finalmente, la península de Samaná, perteneciente á la provincia haïtiana de Xamana (I, 132 y 209). Ahora bien; las islas Turcas, que Navarrete cree ser Guanahaní, están situadas en el meridiano de la Punta Isabelica (Isabela de Juan de la Cosa y de las cartas inglesas); es el segundo de los cuatro pequeños grupos de islotes y de cayos frente á la costa septentrional de Haïti, entre los meridianos de la Tortuga y de Samaná. Estos cuatro grupos llevan hoy los nombres de Caicos, Turks Islands (islas Turcas), el Mouchoir carré (Abre los ojos) y los Cayos de Plata (Bajo de la Plata). Esta banda de islotes y bajos también la indica La Cosa de E. á O. con las denominaciones de Maguana, Iucayo y Caiocmon, y casi á su verdadera distancia de la costa. El islote Iucayo, situado en el meridiano de Isabela, representa, por tanto, al parecer, el pequeño archipiélago de las islas Turcas, compuesto, de Norte á Sur, del Gran Kay (Gran Turco), de Hawk’s Nest, de Salt Kay, Sand Kay y Endymion’s Rock; pero en la carta de La Cosa, en vez de estar Guanahaní entre los islotes al E. del meridiano de la Tortuga, se encuentra situada al O.
La longitud que Juan de la Cosa asigna al primer punto de desembarco de Colón es, sin duda, demasiado oriental todavía. Tomando por escala la diferencia de longitud que presenta la carta de Juan de la Cosa, desde el cabo San Nicolás (cabo Estrella, C.) al cabo Samaná[106], encuentro desde Iucayo, C. (Gran Turco, M.) á Guanahaní sólo 2° 50′, en vez de 4° 12′. El error de La Cosa proviene de haber aproximado mucho Guanahaní á su isla Samaná, nombre que ha quedado á Atwoods Kay en los mapas franceses é ingleses. Es, sin embargo, notable que esta isla de Samaná está muy bien situada en la carta de 1500, pues según las buenas observaciones cronométricas, su situación es á 11° al E. del meridiano del cabo Maysi de Cuba, y según La Cosa, sólo algunos minutos menos. ¿Es posible creer que éste, que conocía la existencia de una serie de islotes ó cayos casi paralela á las costas septentrionales de Haïti, que había navegado dos veces con Colón y debió hablar varias con él del acontecimiento más importante de su vida, la primera tierra que descubrió; es posible creer, repito, que Juan de la Cosa hubiera situado Guanahaní al NO. de la Tortuga, si Colón le había indicado una isla frente á Punta Isabela?
El mapa de Rivero de 1529 confirma plenamente lo que sabíamos por el de La Cosa. Verdad es que carece de nombres en la costa septentrional de Haïti, nombres que pudieran servir para orientarse y estar seguro acerca del yacimiento de los varios islotes y bajos opuestos; pero los figura y nombra, siendo de E. á O. los Bajos de Babueco de forma cuadrada (acaso[107] Silver Bank, M.) las islas Cayaca y Canacán, que creo sean los Caicos de Ponce de León (Herrera, Dec. I, lib. IX, capítulo 10) Amuana é Inagua. Al NO. de la Tortuga indica Rivero Guanahaní, opuesta á la extremidad oriental de Cuba en el meridiano del punto donde se encuentra el nombre de Baracoa[108], que es el Puerto Santo del Diario de Colón (I, 68, 69, 72, 74), unos 45′ al Oeste del cabo Maysi, llamado antes Bayatiquiri (Herrera, Dec. I, lib. II, cap. 13) por los indígenas.
Resulta, pues, que en el mapa de Rivero está Guanahaní algo más cerca del Gran Banco de Bahama que en el de La Cosa. En general, nótase en dicho mapa lo mucho que había ganado la geografía de estos parajes con la expedición de descubrimiento de Ponce de León y el nuevo sistema de navegación inaugurado por Anton de Alaminos[109]. Ya he dicho que el Grande y el Pequeño Banco de Bahama se distinguen en él con perfecta claridad. Una isla llamada Cabocos, reflejo de la palabra Abaco, forma el centro del Gran Banco, terminado del SE. al NO. por Curaceo (Curateo de Herrera, Descripción de las Indias occid., cap. VII, acaso Hetera[110] de los mapas modernos), y la famosa tierra de Bimini (islas Biminis, M.), donde Ponce de León buscó aquella fuente que devolvía la juventud, cuyo elogio creyeron deber hacer al Pontífice romano Anghiera[111] y el ingenioso y maligno Jerónimo Benzoni.
Rivero figura la isla de Guanahaní completamente rodeada de arrecifes, siendo la única de las Lucayas donde ha creído necesario indicarlos. Estos arrecifes son la grande restinga de piedras (cinta de bajas) que cerca toda la isla de San Salvador, según el Diario de Colón (I, 24). La forma de la cruz dada á la isla es imaginaria y la distingue de todas las demás, pero es difícil adivinar en qué relato erróneo se funda.
Aunque Rivero ponga á Guanahaní frente á la costa de Cuba, donde también se dice que está situada la única vez que se la nombra en el pleito de D. Diego Colón, debió sin embargo colocarla un quinto de grado más al Oeste. Según el mapa de Ricardo Owen, que añade sus propias observaciones á un plano español de las costas orientales de Cuba, los dos cabos SE. y SO. de Guanahaní corresponden á los meridianos de los puertos Tanamo y Cananova. Ahora bien; la primera edición de la bella carta del capitán Mayne, que sólo es ocho años anterior (data de 1824) sitúa Guanahaní (el cabo SO.) al Norte de la bahía de Nipe. La posición de la citada isla ha cambiado, pues, en estos últimos tiempos en un cuarto de grado y, según los mapas franceses[112], hasta 35′. Estos ejemplos de rectificaciones modernas, tan considerables á pesar de la perfección de los instrumentos y de los métodos, deben inducir, no sólo á no censurar, sino á contemplar con sorpresa los resultados obtenidos á fines del siglo XV en un mar surcado por las corrientes.
Guanahaní está alejado más de 3° ½ en latitud de las costas de Cuba. Colón no fué directamente de Guanahaní á estas costas, sino navegó de Guanahaní á Concepción, de Concepción á Fernandina y de Fernandina á Isabela. Empleó además tres ó cuatro días para venir de Isabela al puerto de San Salvador de la isla de Cuba. El Diario del Almirante indica minuciosamente los frecuentes cambios de rumbos y las distancias recorridas en algunas de las rutas, pero no cita todas. Según Rennell y Owen, las corrientes se dirigen, 2° de Guanahaní al SE., cerca de Guanahaní, hacia el Sur de la Punta Columbus, al OSO. y al occidente de Guanahaní, en el canal entre Guanahaní y la Grande Exuma, al NNO. Más lejos, al Sur de Yuma ó Isla Larga, sobre todo en el Viejo Canal de Bahama, hacia las costas de Cuba, la dirección de las corrientes es de ONO. Singlando con frecuencia contra la corriente de las aguas y casi del viento, debió experimentar el Almirante el doble efecto de las corrientes y de la desviación; pero á pesar de estas incertidumbres, me parece que el Diario del gran navegante en los días 18 al 28 de Octubre de 1492 prueba, cuando se le examina atentamente, que Guanahaní está próximamente un grado al Oeste del meridiano de Punta Maysi.
He aquí los datos parciales que inducen al mismo tiempo á reconocer en la carta de Juan de la Cosa las cuatro primeras islas descubiertas por Colón.
El 15 de Octubre fué el Almirante de Guanahaní á Concepción, pasando cerca de otra isla situada al Este de Concepción. No dice el Diario cuál fué el rumbo desde Guanahaní á esta segunda isla; y la frase la marea me detuvo, podría hacer creer, como observa muy bien Mr. Washington Irving, ó mejor dicho, el oficial de la marina de los Estados Unidos que le proporcionó el excelente artículo sobre el lugar del primer desembarco, que la ruta fué á SE. Confirma esta opinión la posición de la isla, que aun hoy día se llama Concepción, y que probablemente es la misma á la cual puso el Almirante el nombre de Santa María de la Concepción. Don Fernando (Vida del Alm., cap. 24) da como distancia total de Guanahaní á Concepción siete leguas, y según nuestras mejores cartas es, en efecto, de 20 millas marinas, siendo el rumbo SSE. desde la Punta Columbus. Estando esta Punta unos 10′ en arco más occidental que el centro de Concepción, la incertidumbre en que deja el Diario de navegación del Almirante no es de grande importancia para la diferencia de longitud de Guanahaní y de un punto cualquiera de la costa septentrional de Cuba.
Desde la isla Santa María de la Concepción navegó Colón al Oeste, para arribar á una isla mucho más grande, que llamó Fernandina en honor del rey Fernando el Católico. Distaba de Santa María de ocho á nueve leguas. Á mitad del camino encontró Colón una canoa (almadia) de Guanahaní, que había tocado en Concepción para ir á Fernandina, y esta circunstancia pudo hacer creer á los tripulantes de los barcos de Colón que la isla de la Concepción estaba situada al Oeste de Guanahaní.
En todas estas islas Lucayas la fuerza de la vegetación respondía entonces á la frecuencia de las lluvias. Esta relación entre la humedad del aire y la sombra de los grandes árboles llamaba especialmente la atención del Almirante en las costas de Jamaica, que los indígenas llaman Yamaye. Admirado al ver la extensión de los bosques que cubren las Montañas azules, dice juiciosamente (Vida del Alm., cap. 58), que cuando se descubrió Madera, las Canarias y las Azores llovía mucho en aquellas islas, y que, en su tiempo, sufrían ya la sequía por haber talado gran parte de los bosques.
La cuarta isla que descubrió Colón fué Saometo (Saomet, Saometro) ó Isabela, nombrada así en honor de Isabel de Castilla, la isla adonde es el oro. Claramente dice en el Diario (17 de Octubre) que Saometo está al Sur ó Sureste de Fernandina. Dos días después, el 19 de Octubre, encuéntrase también indicado el rumbo de SE., y después de tres horas de ruta en esta dirección, se navega unas dos horas hacia el E. La dirección SE., ó más bien ESE., de Fernandina á Isabela paréceme, pues, cierta[113], aunque Muñoz (lib. III, § 13), fundándose en los mismos documentos, dice ser SO.
Réstanos el examen de la travesía de Isabela á Cuba, por la cual la primera de dichas islas se relaciona con un punto fácil de conocer en la segunda. Escuchemos primero á Colón, que, en su Diario, anuncia con toda solemnidad su salida para la gran isla de Cipango (Zipangu, no Zipangrí, como dicen las malas ediciones de Marco Polo), que los indios llaman Colba (Cuba). «De allí tengo determinado ir á la tierra firme y á la ciudad de Guisay (Quinsaï ó Hangtcheufu[114], en China) y dar las cartas de Vuestras Altezas al Gran Khan, y pedir respuesta y venir con ella.» Estas cándidas ilusiones las originaban las relaciones de los viajeros venecianos: son recuerdos del siglo XIII, de la época en que la dinastía de los Tchinghis llegó al máximum de su poder, cuando Khubilaï-Khan, hermano del Khan Manggu, intentó la expedición al Japón. Ya he dicho que Colón jamás cita el nombre de Marco Polo; pero conocía, por su correspondencia con Toscanelli y por las noticias propaladas en las ciudades comerciantes de Italia, lo que desde Marco Polo hasta Conti se supo de la riqueza y poderío del Khatay. «Esta noche á media noche (el 24 de Octubre), continúa diciendo Colón, levanté las anclas de la isla Isabela, de cabo del Isleo, ques de la parte del Norte adonde yo estaba posado, para ir á la isla de Cuba, adonde oí de esta gente que era muy grande y de gran trato y había en ella oro y especerías y naos grandes y mercaderes; y me amostró que al Ouesudueste iría á ella, y yo así lo tengo, porque creo que si es así, como por señas que me hicieron todos los indios de estas islas (las Lucayas) y aquellos que yo llevo en los navíos, porque por lengua no los entiendo, es la isla de Cipango, de que se cuentan cosas maravillosas, y en las esperas (¿esferas?) que yo vi y en las pinturas de mapamundos es ella en esta comarca (Cipango, el Japón, donde reinaba entonces un daïrio tan pobre, que no se le pudo enterrar[115] decentemente), y así navegué fasta el día al Ouesudueste, y amaneciendo calmó el viento y llovió, y así casi toda la noche, y estuve así con poco viento fasta que pasaba de mediodía, y entonces tornó á ventar muy amoroso. Así anduve el camino fasta que anocheció, y entonces me quedaba el Cabo Verde de la isla de Fernandina, el cual es de la parte de Sur á la parte del Oueste; me quedaba al Norueste y hacía de mí á él siete leguas.» También en los días siguientes del 25 al 28 de Octubre el Diario de ruta marca los rumbos OSO., O. y SSO., con los cuales se reconoció primero las Islas de Arena y después la desembocadura de un río, un hermoso puerto rodeado de palmeras, que Colón llamó el Puerto de San Salvador, y que Navarrete cree ser el puerto de Nipe. Dominado constantemente Colón por sus ilusiones de geografía sistemática, creyó oir de boca de los indígenas que á este puerto de San Salvador llegaban los barcos del Gran Khan.
La isla de Cuba, la quinta de las primeras islas descubiertas por los españoles, recibió entonces el nombre de Juana, en honor del infante D. Juan, hijo mayor de Fernando el Católico, que falleció á los diez y nueve años, y cuya precoz muerte tan grande influencia ejerció en los destinos del género humano. El hijo del Almirante dice que su padre, para satisfacer igualmente la memoria espiritual y temporal, observa, en la serie de los nombres puestos á sus primeros descubrimientos, riguroso orden de preferencia, empezando por las personas celestiales, el Salvador y la Santa Virgen, y después el Rey, la Reina y el infante D. Juan, á quienes correspondió la parte más importante. La posteridad sólo ha respetado los dos primeros de estos nombres, correspondientes á islotes sin importancia y casi sin población. Diez y siete años después de la muerte del hermano de Juana la Loca, en 1514, ordenóse por una Real cédula que Cuba, en vez de Juana, se llamara Fernandina, y Jamaica Santiago (Herr. Dec. I, lib. X, c. 16).
La gran probabilidad de la opinión de Muñoz, para quien la isla Isabela es la Isla Larga, y la indicación de algunos islotes (Islas de Arena) que Colón vió la víspera de su llegada á Cuba, hacen creer que el desembarco se verificó, no en la bahía de Nipe, sino á 1° 42′ más distante, al Oeste de la punta de Maternillos, acaso á la entrada de Carabelas grandes, que en mi mapa de Cuba (edición de 1826) se llama Boca de las Carabelas del Príncipe, cerca de la isla Guajaba. Este es el resultado obtenido por el oficial de marina de los Estados Unidos, cuyas juiciosas observaciones consignó Washington Irving. Por medio de una sencilla construcción gráfica se prueba que con los rumbos y las distancias antes indicadas, según el Diario de Colón, el punto de estima del arribo no corresponde al puerto de Nipe, y que las Islas de Arena no son los cayos de Santo Domingo, á la extremidad SE. del Gran Banco de Bahama, sino los peligrosos islotes Mucaras, en el meridiano de la Punta Maternillos. Para ver primero la tierra de Nipe al SSE. de la Punta de Mulas, hubiera sido preciso navegar desde la Isla Larga hacia el SSO. (distancia casi de 2° ¼ de latitud), mientras la construcción gráfica prueba que la dirección media era casi OSO., y la acción de la corriente debía impulsar el rumbo aun más hacia el O. ¼ SO. Ahora bien; si el puerto de San Salvador y las Islas de Arena son las Carabelas grandes y los islotes Mucaras, resultará, conforme á las indicaciones del mismo Colón, que Guanahaní estará algo más de un grado al Oeste del cabo Maysi, lo que no dista mucho de su verdadera posición, porque Guanahaní (cabo SE.) se encuentra á 77° 37′, y el cabo Maysi á 76° 27′.
El resultado de la posición que hemos deducido de los itinerarios del 20 al 28 de Octubre, lo confirma otra indicación del yacimiento de las islas Isabela y Guanahaní con relación á Puerto Príncipe, que accidentalmente contiene el Diario de navegación en los días 29 de Octubre y 20 de Noviembre. Colón navega primero siete leguas[116] al NNE., después diez y ocho al NE. ¼ N. Desde allí no quiso ir (según dice el extracto de Las Casas) á la isla Isabela, que sólo distaba doce leguas, porque temió la deserción de los intérpretes indios de Guanahaní, quienes, desde Isabela, sólo distaban ocho leguas de su patria. Conforme á estos datos, la distancia desde Puerto Príncipe, llamado con frecuencia Puerto de Nuevitas[117] ó de las Nuevitas del Príncipe (long. 79° 30′), para distinguirla de la Boca de las Carabelas del Príncipe (long. 79° 49′), á la isla Isabela es 37 leguas, y á Guanahaní 45, ó reduciendo las leguas de Colón á verdaderas millas marinas, 127 y 154. El error es, por tanto, según el mapa de Owen, para Isabela de 18 millas y para Guanahaní de 30[118], es decir, de 1⁄7 y 1⁄5, y cartas marinas modernas hay que difieren respecto á la isla Guanahaní ó San Salvador casi en una cantidad tan considerable. La dirección de la ruta que da Colón por punto de estima en la mañana del 20 de Noviembre (los rumbos hacia la Isabela y Guanahaní no los menciona en este momento) es también satisfactoria. La ruta seguida desde Puerto Príncipe á la Isla Larga era, como acabamos de ver, entre NE. ¼ N. y NNE. El verdadero rumbo sería, pues, NE. Cuando se reflexiona sobre el efecto de las corrientes y sobre la perfecta ignorancia de la variación magnética en los tiempos de Colón, sorprende una concordancia debida en parte á felices compensaciones de errores.
Expuestos ya los argumentos que hemos deducido de los mapas de Juan de la Cosa y de Rivero y del análisis del Diario de Colón, debemos mencionar el itinerario de Juan Ponce de León y el testimonio de Anghiera. Ambos son anteriores á 1514, y pertenecen á una época en que el recuerdo de los primeros descubrimientos estaba aún fresco en la memoria.
Juan Ponce de León, que desde 1508 empezó á colonizar la isla Borriquen[119] (San Juan), hizo en 1512 una expedición aventurera á costa suya, á las islas Lucayas y á la Florida, para buscar entre aquéllas la fuente que rejuvenecía[120] de Bimini y, en ésta, un río que tenía la misma virtud de rejuvenecer. Como la expedición salió de Puerto Rico[121] el diario de Ponce de León, que se conserva completo, tiene la ventaja de señalar por sus nombres los islotes y bajos opuestos á Haïti y á Cuba, tal y como se encuentran situados al Suroeste y Noroeste. Basta citar aquí estos nombres, para probar que la isla Guanahaní de Ponce es Cat Island de nuestros mapas, y no un islote al Oeste de los Caicos. He aquí el orden de la serie: los bajos de Babueca, indicados con igual nombre en el mapa de Diego Rivero de 1529, probablemente los Cayos de la Plata[122] (Silver Bank); el islote de las Lucayas, llamado Los Caicos[123]; la Yaguna, el primer Mayagon de Rivero (¿la isla Inagua?); Amaguayo (¿el segundo Mayagon de Rivero?); Manegua (Manigua de Rivero; ¿Mariguana de los mapas modernos?); Guanahaní, á la cual sitúa Ponce en latitud de 25° 40′. Parece que el famoso piloto de esta expedición, Antonio de Alaminos, determinaba todas las posiciones cerca de un grado más boreal, de suerte que su itinerario presenta próximamente la verdadera diferencia de latitud (3° 10′) entre las islas Turcas, cerca de los Caicos, y San Salvador ó Guanahaní.
La última autoridad, muy importante y completamente desatendida hasta ahora en el debate sobre el lugar del primer desembarco en América, es Anghiera.
El noveno libro de la tercera década, escrito probablemente después de 1514, contiene grandes detalles geográficos relativos á Haïti y Cuba, detalles que Anghiera debía á los relatos, á los mapas y á los cuadros de posiciones (indice et tabellæ quibus præbetur fides à naucleris, en español padrón) del célebre piloto Andrés Morales (Oceánica, Dec. II, lib. X, pág. 200; Dec. III, lib. VII, página 277; lib. VIII, pág. 298). Ahora bien; Anghiera, que había dado hospitalidad en su casa, como lo dice él mismo, á Cristóbal Colón, á Sebastián Cabot, á Juan Vespucci y á Andrés Morales, «distingue, por el conocimiento íntimo que tenía de las localidades, entre Guanahaní que llama Guanaheini[124] insulam Cubæ vicinam, y las islas que rodean Haïti, hacia el Norte (insulæ quæ Hispaniolæ latus septentrionale custodiunt), y que, á pesar de ser favorables á la pesca y al cultivo, las desdeñaron los españoles como pobres y poco dignas de interés.» (Oceánica, Dec. I, lib. III, pág. 37; Dec. III, lib. IX, página 308.)
Antes de terminar estos minuciosos detalles, relativos á la geografía de los primeros descubrimientos, debo echar la última ojeada al mapa de Juan de la Cosa. Se ven en él las cuatro islas nombradas por Colón antes de llegar á Cuba, pero sólo tres tienen las denominaciones indígenas. La isla sin nombre, situada al Suroeste de Guanahaní es probablemente Santa María de la Concepción. Debería estar situada al Sureste; pero como los indios de Guanahaní que Colón encontró en la isla de Fernandina, habían pasado por la isla de Santa María, se la podía creer en esta misma dirección. La Fernandina está en el mapa de Cosa como Yumai (Exuma ó Ejuma), al OSO. de Guanahaní, en vez de ser al SO. Al Sur de Yumai se ve Someto; es la Isabela de Colón, que también llama Saomete, Samaot y Saomet; finalmente, al Este de Someto (Long Island) y al Sureste de Guanahaní, por tanto, en su verdadera posición, se encuentra la isla Samaná, nombre que ha conservado hasta hoy día.
El mapa de Juan de la Cosa, veintinueve años anterior al de Rivero, presenta estas posiciones de Yumai, Someto y Samaná que Rivero no conocía, y reaparecen en el mapa del siglo XVII del veronés Pablo de Forlani[125]. Juan de la Cosa sitúa al Norte de la Tortuga, una islilla Baaruco, y después una grande con el nombre de Haïti. ¿Será ésta la grande Inagua[126] que en el orden de extensión relativa de las Islas Antillas está situada entre los 12° y 23°, inmediatamente después de Puerto Rico?
La verdadera Haïti tiene por nombre, en el mapa de Juan de la Cosa, Española, que es el que Colón le dió el 9 de Diciembre de 1492. Por regla general no emplea éste el nombre de Haïti en el Diario de su primer viaje de navegación, aunque Manuel Valdovinos, uno de los testigos en el pleito de D. Diego Colón, declara que los habitantes de Guanahaní lo dieron á conocer á los españoles cuando el primer desembarco, el viernes 11 de Octubre de 1492. Cristóbal Colón, Anghiera y todos los escritores contemporáneos sólo emplean las palabras Española ó Hispaniola; Colón sólo menciona Haïti (Hayti) en su segundo viaje, y para aplicar esta denominación á una provincia de la Española, la más oriental y la más próxima á la provincia de Xamana (Samaná). Acaso una islilla próxima á la Española tuviera el mismo nombre que una de las provincias de ésta, porque en el mapa de La Cosa encuentro algo á Sureste de la islilla de Haïti, á que aludimos, otra isla llamada Maguana, nombre que igualmente corresponde á una de las provincias de la Española. (Pedro Mártir, Oceán., Déc. III, lib. VII, pág. 286.)
Cuando las denominaciones geográficas son significativas, indicando, por ejemplo, producciones naturales, determinados objetos de comercio[127] ó una propiedad de la superficie del terreno, pueden repetirse muchas veces donde existe el mismo idioma ó lenguas que se diferencien poco[128]. Desgraciadamente la palabra Haïti en la lengua de esta comarca indica lo que es áspero y montañoso[129], y no puede aplicarse á la isla de la Grande Inagua, cuyas colinas, según las últimas medidas de M. Owen, apenas tienen de 15 á 20 toesas de altura.
No resuelve la dificultad convertir en Iti la islilla de Haïti, de La Cosa; porque el curioso itinerario del obispo Alejandro Geraldini[130], escrito en 1516, dice expresamente que Iti ha recibido el nombre de Española (la Hispana[131], como dice la traducción latina de la carta de Colón al tesorero Sánchez); Iti y Ha-iti son indudablemente sinónimos. Los comentadores de las cartas de Vespucci, para poner á salvo su veracidad en la de 1497, admiten que el navegante florentino estuvo en una isla de Iti, que no es la Española, ó la Iti de Geraldini; sostienen también que Antilia, quam paucis nuper ab annis Christophorus Columbus discooperuit (son las propias palabras de Vespucci en la relación de su segundo viaje), es una tercer isla distinta de las que acabamos de nombrar[132]. Esta hipótesis de la pluralidad de las islas Hiti ó Haïti creo que arroja alguna luz sobre la rareza que advertimos en el mapamundi de Juan de la Cosa; pero el razonamiento en que la hipótesis se funda es tan poco sólido como todo lo demás que se alega en favor de la opinión de que Vespucci hizo su primer viaje en 1497.
Tampoco puedo explicarme las dos banderas con las armas de Castilla y de León que Juan de la Cosa ha colocado con preferencia, no sobre la isla Guanahaní, como debía esperarse á causa de la importancia histórica del primer desembarco y de la primera toma de posesión, sino sobre Yumai (la Fernandina) y sobre la pequeña isla de Haïti. Ninguna otra isla de todo el archipiélago de las Antillas tiene pabellones ó banderas de colores; y en las costas del continente inmediato hacia el Sur y el Norte la distribución de estas banderas parece también puramente accidental. Su verdadero objeto es sin duda impedir que se confundan los descubrimientos españoles de Colón, Ojeda y Vicente Yáñez Pinzón, con los descubrimientos ingleses de Sebastián Cabot.
Nada más añadiré á esta disertación relativa á la geografía del siglo XV y principios del XVI. Distinguiendo las explicaciones conjeturales de lo que es incontestable y positivo, y evitando la confusión de los diversos órdenes de pruebas, queda establecido que la antigua opinión conforme á la cual el sitio del primer desembarco de los españoles está cerca de la orilla oriental del Gran Banco de Bahama, se conforma con las relaciones de los navegantes y con documentos que hasta ahora no habían sido consultados. Indispensable era fijar este punto recientemente controvertido, con tanto más motivo cuanto que, desde la misma época del gran descubrimiento, la dirección de la ruta seguida por los barcos en los primeros días del mes de Octubre (1492) parece haber influído en la distribución de las razas europeas en el nuevo continente y en los inmensos efectos á que ha dado lugar esta distribución, bajo el doble punto de vista de la vida religiosa y política de los pueblos.
El detalle minucioso de los hechos, elemento indispensable de toda discusión científica, fatiga siempre al lector, y sólo despierta interés cuando se relacionan los resultados obtenidos con un orden de ideas generales.
Al abarcar con el pensamiento el período histórico al cual imprimió Cristóbal Colón un carácter individual, y dió tanto esplendor, hemos procurado poner de relieve el talento de observación y la penetración de este grande hombre al examinar los fenómenos del mundo exterior. Hemos visto cómo el que revelaba al antiguo continente un nuevo mundo no se limitó á determinar la configuración exterior de las tierras y las sinuosidades de las costas, sino que hizo además los mayores esfuerzos, privado como estaba de instrumentos y del auxilio de conocimientos físicos, para sondar las profundidades de la naturaleza y para ver con los ojos del espíritu[133] lo que parecía deber ser resultado de muchas vigilias y largas meditaciones. Las variaciones del magnetismo terrestre, la dirección de las corrientes, la agrupación de plantas marinas, fijando una de las grandes divisiones climatéricas del Océano; las temperaturas cambiando, no sólo por la distancia respecto del Ecuador, sino también por la diferencia de meridianos; las observaciones geológicas acerca de las formas de las tierras y de las causas que las determinan, fueron los puntos en que principalmente ejerció afortunada influencia la sagacidad de Colón y la admirable exactitud de su juicio.
Pero por notables que sean estos dispersos elementos de geografía física, estas bases de una ciencia que empieza á fines del siglo XV, su verdadera importancia está en más elevada esfera; está en los efectos intelectuales y morales que un engrandecimiento súbito de la masa total de las ideas que poseían hasta entonces los pueblos de Occidente ha ejercido en los progresos de la razón y en el mejoramiento del estado social.
Hemos hecho ver cómo, desde entonces, penetró poco á poco en todos los rangos sociales nueva vida intelectual, nuevos sentimientos, esperanzas atrevidas y temerarias ilusiones; cómo la despoblación de la mitad del globo ha favorecido, sobre todo á lo largo de las costas opuestas á Europa, el establecimiento de colonias que por su posición y extensión debían transformarse en Estados independientes y libres de escoger la forma de su gobierno; cómo, en fin, la reforma religiosa de Lutero, preludiando las reformas políticas, debía recorrer las diversas fases de su desarrollo en una región convertida en refugio de todas las creencias y de todas las opiniones.
En este complicado encadenamiento de las cosas humanas, el primer anillo es la idea ó, mejor dicho, la enérgica voluntad del marino genovés. En él comienza la influencia inmensa que el descubrimiento de América, de un continente poco habitado desde los tiempos históricos y acercado á Europa por el perfeccionamiento de la navegación, ha ejercido en las instituciones sociales y en los destinos de los pueblos que habitan las márgenes de la gran cuenca del Atlántico.