OPIUM
§ I.—Historia[14].
Esta sustancia es el jugo seco de las cabezas verdes de la amapola somnífera de la familia de la papaveráceas, Juss.—De la poliandria monogínea, Linn.—El opio, en las obras de terapéutica moderna, tiene un capítulo de sus efectos fisiológicos, pero que casi únicamente se refieren á los tóxicos, perturbadores, eliminadores, y no á los realmente fisiológicos y especiales, que se estienden á todos los aparatos, á todo el organismo por una continuidad de efectos tranquilos, que, desde la primera impresion en la economía, se eleva hasta la plenitud de su accion, á la cronicidad y la discrasia. Ya hemos consignado varias veces los débiles resultados de estos estudios incompletos, por lo cual no insistirémos, permitiéndonos tan solo manifestar que el opio es uno de los medicamentos menos conocido, ó mas incompletamente estudiado, lo cual confesará todo hombre instruido, si conoce las estrañas divergencias en las opiniones que los autores han emitido sobre este medicamento.
El opio á dósis grandes calma ciertos dolores, estingue el sentimiento de otros, y algunas veces alivia el insomnio; muchos prácticos se han concretado á esto, y como el dolor y el insomnio son síntomas comunes á la mayor parte de las enfermedades, el opio ha sido empleado en casi todas ellas. Se le da en la tisis para calmar la tos; en el período prodrómico de las fiebres eruptivas, para producir el sueño, y en otros muchos casos agudos en los que solo puede conseguirse con su uso la agravacion del malestar, el aumento de la fiebre, del eretismo y el peligro.
Se le ha administrado sucesivamente con mas ó menos éxito, en las neuralgias, neuroses, epilepsia y otras varias afecciones convulsivas, en el asma, la corea, el delirium tremens, el tétanos, la demencia, la diarrea, la disentería, las hemorragias uterinas..... No debemos pasar en silencio la incalificable práctica de dar el opio mezclado con otros medicamentos en la creencia de hacer tolerables las dósis fuertes y administrar este enemigo de todo movimiento espansivo en las fiebres eruptivas y otras enfermedades indicadas anteriormente.
§ II.—Efectos fisiológicos.
El opio es entre todos los medicamentos el que con mas claridad presenta sus efectos especiales como procedentes de la escitacion de los sistemas nervioso y sanguíneo, escitacion que conduce á la inercia de uno y otro sistema, á las congestiones pasivas, á la insensibilidad. En su accion aguda, se exalta la sensibilidad, y se debilita en la crónica. La sangre está mas oxigenada y escitada en la accion aguda, y menos en la crónica; y la lentitud del curso de este líquido contribuye á realzar su cualidad venosa, cualidad que la hace impropia para la escitacion normal de los órganos.
El opio no es un narcótico; pues si obra electivamente sobre el cerebro y los nervios de relacion, lo hace por la mediacion del sistema ganglionar á el que se dirige primeramente, y tan solo al parecer para influir sobre el cerebro. Los efectos de este medicamento y la especialidad de su accion se pueden resumir en los síntomas siguientes:
Sensacion de fuerza y de vigor, insomnio, calofríos seguidos de calor, irritabilidad escesiva de los músculos que están bajo el imperio de la voluntad, pulso lleno y frecuente, chispas delante de los ojos, tintineo en los oidos, aturdimiento, pesadez de cabeza, alegría, grande afluencia de ideas, descaro, sequedad de la boca, exaltacion del apetito venéreo, calor y constriccion en el pecho, agilidad de los miembros. Estos síntomas de escitacion privativos del opio son de mas ó menos duracion y aumentan segun las dósis; así es que se observa: inquietudes en los miembros, cara encendida ó que cambia rápidamente de color, calor quemante y prurito en todo el cuerpo, pulso duro y acelerado, somnolencia, tranquilidad de espíritu, divagacion ó delirio, vértigos con calor, congestion en la cabeza y fuertes pulsaciones, alteracion de la vista, pesadez en el estómago y en el vientre con latido, estreñimiento, disuria, escitacion de los órganos génito-urinarios y poluciones con erecciones, dificultad en la respiracion, presion en el pecho.
A estos síntomas siguen los siguientes: indiferencia, delirio, pérdida de los sentidos, sueño comatoso, cara rubicunda, ardorosa y como abotagada, sequedad en la piel y aumento de las orinas ó deposiciones diarréicas, sudor caliente algunas veces y supresion de las escreciones, cargazon de la cabeza con necesidad de cerrar los ojos, oscurecimiento de la vista, palabra difícil y lenta, náuseas, vómitos, dolores en el estómago, éstasis amorosos é impotencia, opresion con angustia ó respiracion lenta y ruidosa, tumefaccion de las venas. Estos mismos síntomas, si las dósis son grandes, se hacen más y más narcóticos: insensibilidad general, temblores, sacudidas, accesos de sofocacion, hinchazon azulada de todo el cuerpo, sueño comatoso con ronquido, ojos abiertos y convulsivos, cara encendida y tumefacta, labios azulados é hinchados, pulso lento é intermitente, pérdida de los sentidos, relajacion de los músculos de la cara y del cuerpo, movimientos convulsivos, frio general, timpanitis, deposiciones involuntarias, párpados y labios péndulos, parálisis de la lengua y de las estremidades.
A dósis bastante pequeñas para poder continuar en su uso por mucho tiempo, los síntomas espresan la alteracion de la sensibilidad y de la contractilidad, la lesion de las fuerzas digestivas, el incremento del sistema venoso y la alteracion de la sangre, como se ve por los siguientes: cefalalgia, tenesmo, vértigos y pinchazos dolorosos en la cabeza, neuralgias vivas y rápidas que pasan de un punto á otro, tirones dolorosos en los miembros, sacudidas espasmódicas, calor quemante en el abdómen, en el pecho, en la region precordial, dolores calambróides en las estremidades, gastralgias, calambres en el estómago y la matriz, accesos de sofocacion, constriccion dolorosa en el pecho, agitaciones musculares, grande debilidad y relajacion de la fibra. Al negar Hahnemann al opio la propiedad de escitar dolores, procedió así sin duda por haberle esperimentado á dósis muy débiles ó muy fuertes; pues la facilidad con que hemos producido el síntoma dolor ya mencionado, y las observaciones que hemos hecho sobre dos personas saturadas de opio, nos hacen temer que otros esperimentadores no hayan dirigido sus investigaciones hácia este punto.
La accion crónica del opio ofrece síntomas notables: enflaquecimiento general, sensibilidad escesiva al frio, piel y cara pálida y terrosa, hinchazon de las venas, infiltracion serosa de todo el cuerpo, prurito de la piel, hinchazon azulada de los dedos de piés y manos, y especialmente del dedo gordo del pié, sueño angustioso, inconstancia moral, carácter asustadizo, debilidad de las facultades intelectuales, errores de imaginacion, turbacion de la cabeza, escitabilidad nerviosa, zumbido de oidos, dientes vacilantes, encías tumefactas y que sangran con facilidad, salivacion, gusto amargo, repugnancia á los alimentos, lentitud y debilidad de la digestion, gastralgia, facilidad á vomitar, flatulencia, estreñimiento tenaz, orinas escasas y oscuras, poluciones sin ereccion, tos seca por accesos.
Los que abusan del opio están flacos; sus movimientos nutritivos y escretorios son lentos, los nervios ganglionares no animan al parecer á los órganos de la nutricion y de las secreciones, y tampoco influyen activamente en los nervios de relacion. Pero de que al lado de esta inercia se observe cierta irritabilidad nerviosa del cerebro y de la médula oblongada, no se puede deducir que el opio ejerce una accion opuesta en las dos vidas, orgánica y de relacion, como quieren algunos médicos. Esta opinion no tiene en su apoyo razon alguna fundada; pues la diversidad de fenómenos que dejamos indicados y que corresponden á las dos vidas, puede muy bien depender de que la influencia de la voluntad en los órganos sometidos á la misma no esté en armonía con la fuerza que les anima; y en todo caso, puede esplicarse por las contracciones automáticas y por la lesion asténica de la contractilidad; la inervacion cérebro-espinal está tan debilitada como la inervacion ganglionar. La irritabilidad moral y la de la fibra, en el opio, son puramente asténicas y de la misma naturaleza que la de la manzanilla.
§ III.—Efectos terapéuticos.
A. Afecciones nerviosas.—Los resultados clínicos sancionan completamente los datos que sobre la accion del opio hemos recogido y espuesto, y bastará por lo tanto que nos limitemos al estudio de los hechos, con abstraccion de todas las teorías muy eruditas á veces, pero mucho menos sencillas que los procedimientos de la naturaleza.
El opio es el medicamento mas apto para combatir el ataque brusco y como fulminante de la actividad vital producido por la indignacion; pero de la indignacion pasiva, es decir, cuando el organismo sufre el espanto sin que el moral se reaccione, no de la indignacion que despierta la cólera ó un sentimiento afectivo como exige el acónito. El opio sobreescita la fibra para sumirla en la inercia é insensibilidad; la indignacion produce los mismos efectos, predominando á veces el último hasta el punto de ser el único que puede apreciarse, como sucede cuando el espanto parece que paraliza, que produce deposiciones ú orinas involuntarias, que tiende al aborto, que suprime los loquios, las reglas. Aquí no hay ni efecto primitivo, ni secundario, sino tan solo un efecto simple y progresivo de la tension á la inercia por una misma accion. Por la astenia final que caracteriza su accion, corresponde el opio exactamente á las congestiones producidas por la concentracion del susto ó miedo en las diversas vísceras, impidiendo de este modo el desarrollo de una reaccion febril muchas veces terrible, y en la que es preciso usarle, sin olvidar el acónito ó el árnica por lo mismo.
La epilepsia nocturna, el insomnio, la hemicránea, las personas pletóricas con sentidos obtusos y afectados de incomodidades, de ardores en las cavidades viscerales, son propias del opio, así como el delirium tremens de los borrachos en el segundo período, secundado con el estramonio y despues el árnica ó café. El cólico de plomo halla en el opio su mejor remedio; el platino es con frecuencia útil despues de él.
No queremos omitir el indicar los escelentes resultados del opio en los espasmos de los niños con respiracion difícil y éstasis sanguíneo en los capilares, ó cuando se presentan simplemente por accesos, precedidos de gritos, y que la manzanilla, la belladona y la ignacia no han sido suficientes. Se debe recurrir al opio en ciertas neuroses con temblor de las estremidades, insomnio, agitacion, ansiedad en los miembros, estreñimiento, y en la manía ó enajenacion mental caracterizadas por el cambio frecuente de calor en la cara, por la alternacion de postracion y estilacion, con inyeccion venosa de los ojos muchas veces, movimientos convulsivos, estreñimiento.
En sugetos debilitados por largas y frecuentes escitaciones cerebrales con marasmo, piel seca y terrosa ó amarilla, apetito pervertido ó nulo, atonía digestiva, abultamiento de las venas, escasez de las secreciones, se usará con buenos resultados el opio en las neuralgias de los aparatos sensoriales, ya sean puramente nerviosas ó que tengan un carácter congestivo, ó bien calambróides, lancinantes, fijas, ó que tengan un curso irregular, constante, intermitente. El opio combate igualmente las neuralgias de las personas pletóricas, y de los viejos en los que la receptividad medicinal está debilitada y la influencia cerebral disminuida. El opio, en fin, está indicado en las neuralgias que se desarrollan sobre un fondo de eretismo con exaltacion de la irritabilidad é impresionabilidad de los sentidos, con la condicion de que se le administre á las dósis mas atenuadas y pequeñas. Si la práctica de los médicos antiguos no confirma este dato, y si prácticos modernos desprecian esta propiedad del opio, es porque su masiva posologia es casi la misma en todos los casos, y porque no varian las dósis.
Este medicamento en general es apto á despertar la sensibilidad en personas refractarias á la accion medicamentosa, aun en las enfermedades agudas, si bien estas solo corresponden á la insensibilidad debida al estado de plétora ó de congestion cerebral. El mercurio tiene, como el opio y el azufre, el privilegio de escitar la vitalidad; pero el opio obra mejor en la insensibilidad, y los otros en la inercia, y los tres, en los dos estados reunidos.
Entre los casos que reclaman mas justamente el opio, se halla el asma pletórico ó por congestion pulmonal, y sobre todo el estreñimiento crónico sin tenesmo y esfuerzos espulsivos, aun en los niños y las mujeres embarazadas. En los casos rebeldes es preciso insistir en su uso y ayudar á veces su accion con varias dósis intercurrentes de nuez vómica, de plomo, de cantárida. Hay pocas afecciones, que, como en este estreñimiento, sea necesario emplear mas medios curativos y con mas perseverancia, especialmente si se ha abusado de las lavativas y de los baños tibios.
No indicarémos los efectos del opio en algunos casos de hernia estrangulada y de vólvulo, porque este medicamento es absolutamente inferior á la nuez vómica, á la belladona sobre todo, y aun al plomo; pero harémos mencion de su uso en el cólico saturnino en el que tiene una importancia esencial, é indicarémos su eficacia en algunos flujos pasivos por inercia y falta de inervacion ganglionar, tales como cierta diarrea acuosa, reciente ó antigua, la salivacion, hasta la mercurial, el tialismo de los viejos, el esceso de orinas poco elaboradas y acuosas, la leucorrea de la misma naturaleza y unida á algun principio especial de enfermedades crónicas.
B. Afecciones del sistema sanguíneo.—Ya hemos indicado que la astenia nerviosa propia del opio no carece de alguna irritabilidad de la fibra, ó mejor aun, que no está exenta de cierta alteracion de la contractilidad. La astenia es la tendencia y el fondo de todos los efectos del opio, es el resultado final y directo: es esencial á su accion, y en esto se diferencia de la de la nuez vómica, que es indirecta. Hé aquí los caractéres diferenciales de la astenia del opio: espasmos clónicos, automáticos, postracion general, insensibilidad; los éstasis venosos que resultan, no se limitan al sistema capilar, la congestion se estiende á los grandes vasos y hasta el corazon, cuyos movimientos paraliza.
Sin embargo, corresponde al opio toda estancacion venosa con color azulado, sin aumento de calor, y limitada á una parte dada, aunque sea crónica: esta es la única afeccion en que este medicamento se adapta á la forma crónica; tales son los sabañones con hinchazon roja oscura sin prurito ni dolor, ciertas gangrenas seniles en el período de congestion pasiva, afecciones en las que el opio auxiliado del centeno de cornezuelo es de innegable eficacia.
Pero los casos en que el opio está con mas frecuencia y mas directamente indicado, es en las congestiones pasivas, venosas, sin sensacion de ardor, y desarrolladas en un órgano cualquiera por la indignacion ú otra emocion pronta, triste y enervante, especialmente si hay espasmos, como en las mujeres paridas y en los niños, y en los movimientos convulsivos con estancacion en los capilares cutáneos, frio y azulamiento de la piel, ojos fijos, pupilas dilatadas, congestion cerebral y relajacion de las fuerzas. El opio juega en el coma soporoso, si hay sacudidas convulsivas ó movimientos espasmódicos, agilidad de los miembros con rigideces parciales y momentáneas, hinchazones azuladas ó negruzcas de la cara, lividez de las estremidades, labios péndulos, pulso pequeño ó intermitente, respiracion suspirosa.
Está contraindicado por el estado cataléptico con pupilas contraidas, sin grande cambio en la calorificacion y coloracion de la piel: pero está indicado en la asfixia de los recien nacidos con cianosis, y en la asfixia por submersion con éstasis sanguíneo en la periferia ó apoplegía capilar, en la apoplegía cerebral con insensibilidad y otros síntomas referidos anteriormente, particularmente si la congestion es debida á la emocion paralizante de una grande indignacion, ó á una costumbre de las congestiones que dispone á la postracion y á la congestion pasiva propias de este medicamento.
C. Afecciones febriles.—Hay fiebres cuyos prodromos son notables por el frio, las sugilaciones, el azulamiento de los dedos de las manos, por temblores musculares ó espasmos, por la somnolencia, por la detencion y postracion que precede al desarrollo del calor y de la reaccion: estas fiebres, intermitentes ó continuas, exigen el uso del opio, que en dósis débiles decide la reaccion, la regulariza y disipa el estado de congestion pasiva de los centros nerviosos. No titubeamos en manifestar que el opio transforma así desde el principio las fiebres nerviosas y llenas de peligros en fiebres simples y de ninguna gravedad; es uno de los mas satisfactorios triunfos del médico, si bien las circunstancias no permiten á los que son profanos á su arte el apreciar sus actos y sus resultados.
El delirio con temblor de los músculos, relajacion de las fuerzas, ojos fijos, en la fiebre tifoídea y nerviosa pútrida, cede al opio que disipa la astenia nerviosa á la par que el éstasis sanguíneo del cerebro. Los accesos comatosos de las fiebres perniciosas están en este caso, cuando empiezan por la aberracion de los sentidos, la agitacion, la divagacion de la imaginacion ó el menosprecio á los objetos mas usuales; el coma se apodera poco á poco del sugeto; hay inmovilidad completa, calor vivo, sudor abundante y caliente; el calor va desapareciendo, el sudor se hace frio y la muerte sucede irremediablemente en medio de una insensibidad completa. El opio solo obra en los prodromos de un acceso semejante y en los primeros momentos del coma; pero es mas seguro, y á veces el único medio salvador, el provocar grandes perturbaciones para trasportar á otras actividades las sinergias morbosas.
El predominio de los espasmos y del delirio, es decir, de la afeccion cerebral, en las fiebres puerperales, reclama tambien el opio, cuando la postracion y la inercia se sobreponen á la escitacion. Este medicamento tiene otras distintas indicaciones que la ipecacuana, la manzanilla, el beleño, la belladona, la nuez vómica..... en las fiebres: estas indicaciones son: la postracion general, la dureza, rareza é intermitencia del pulso, el delirio pasivo, el enfriamiento de la piel, la cara mas bien violada que roja, el calor en la cabeza, las convulsiones pasivas. En los casos en que coincida la supresion de los loquios con este estado indicante del opio, pero con palidez de la cara, es preferible el beleño.
Arnica puede tener aquí una influencia importante en la salvacion del enfermo, si hay irritabilidad manifiesta de la fibra, rigidez de los tejidos, menos espasmo, grande pérdida y estremada sensibilidad al ruido del dia al través del delirio y el desórden de las facultades intelectuales. El opio por fin se adapta muy bien á la inercia que suspende los dolores de parto en algunas circunstancias, y en ese estado puerperal en que la congestion uterina comprime todas las simpatías orgánicas y termina por la muerte en pocos dias, en medio de la inercia, de la insensibilidad, del subdelirium, de la timpanitis, de la estincion sucesiva del pulso y del calor.
Dósis.—Segun la mayor ó menor postracion, se prescribe el opio á la dósis de 5 ó 6 y 20 gotas de la tintura, hasta la de algunos glóbulos de la tercera atenuacion, procurando dar las mas débiles en los casos mas análogos á los síntomas del medicamento. Pero cuando se necesita obrar en un sentido contrario, se puede elevar mas las dósis de las trituraciones ó de la tintura. Estos casos son mucho mas raros de lo que se cree, y el conocimiento cada vez mejor de los datos de la materia médica ofrece al práctico medios semejantes mas directos. Es preciso prevenirse contra las dósis algun tanto elevadas de un medicamento que tiene el funesto privilegio, fuera de la ley de los semejantes, de alterar la marcha de una enfermedad, agravar la fiebre, suspender un exantema, un movimiento crítico, de oponerse á la relajacion y de complicar ó desnaturalizar la afeccion primitiva.