SULPHUR (Azufre).
§ I.—Historia.
El azufre es uno de los medicamentos conocidos desde los mas remotos tiempos y cuyo uso está mas generalizado, y por consiguiente del que mas se ha abusado. Lo que mas admira desde luego en el exámen de los trabajos á que ha dado lugar, es la incertidumbre que reina sobre su accion electiva y sus verdaderas propiedades dinámicas. Se le ha convertido en espectorante, estomacal, sudorífico, tónico, escitante, fundente, resolutivo, laxante; cada autor, en fin, ha creido ver una faz de curabilidad, cuando no se ha atenido á su accion mecánica y química. Basta considerar las indicaciones que hoy llena en ciertas aguas minerales sulfurosas, para convencerse de la oscuridad que reina, no solo en cuanto á sus propiedades, sino en su posologia, puesto que es raro el autor que indica las dósis con las que se obtienen los efectos discrásicos, y que confunden generalmente el retroceso de un herpe bajo la influencia del azufre á ciertas dósis con su curacion ó su metástasis por dósis sumamente débiles.
Debemos á los trabajos de Hahnemann y á los de varios médicos que tambien se han dedicado al progreso de la materia médica, el conocer la grande esfera de accion del azufre. Aun les debemos más, pues al describir los efectos fisiológicos han trazado la patologia de las enfermedades crónicas, como Hahnemann lo ha hecho de la diátesis herpética, universalmente reconocida hoy[24] como la mas comun, la mas general, y que poseemos en el azufre el medicamento que mejor corresponde á la misma en todas sus manifestaciones.
Siendo tan numerosos los hechos y tantos los documentos que debemos analizar, esperimentamos cierto embarazo, mas principalmente en el estudio del azufre que en el de otros medicamentos, para dar á esta obra el órden y claridad que la parte práctica de nuestra esposicion exige, y para no faltar á la concision que nos hemos propuesto observar.
Antes de pasar adelante creemos conveniente sentar un principio mas ó menos esplícitamente admitido hoy, que está basado en la mas rigorosa observacion de los hechos. Este principio consiste en que así como se ha reconocido en la sífilis tres y aun cuatro períodos, que constituyen la série de sus evoluciones en el organismo, del mismo modo es preciso establecer para el herpetismo los períodos primario, secundario, terciario y aun cuaternario, segun que la afeccion herpética se fija en la piel (herpes primario), que invade las membranas mucosas (herpes secundario), que se estiende á los vasos y gánglios linfáticos (terciario), ó que ataca á los órganos parenquimatosos y constituye las lesiones orgánicas (herpes cuaternario): estas diversas manifestaciones del herpetismo corresponden á la electividad del azufre y á la evolucion completa de su accion en el organismo.
§ II.—Efectos fisiológicos.
Los efectos del azufre se espresan en toda la economía y tienen algo, en cierto modo, de todas las enfermedades. Su accion electiva afecta al sistema capilar arterial y venoso, lo cual le da una esfera de accion universal y bastante precisa sin embargo, con un carácter de eretismo en el que domina la irritabilidad del árbol circulatorio.
Bajo la influencia del azufre parece que el organismo está sometido á un trabajo de descomposicion lenta, en el que, acelerado el processus plástico por la irritabilidad del sistema nervioso y de la circulacion arterial, gasta las fuerzas de la vida orgánica. Este movimiento molecular exagerado lleva á la esfera nutritiva materiales alterados que aceleran la marcha de la caquexia.
Todos los síntomas, así físicos como morales, espresan el modo de obrar del azufre, en lo cual difiere muy poco de otros medicamentos, como el mercurio por ejemplo. Pero así como este obra con preferencia en el sistema linfático y la plasticidad, dando lugar á los derrames serosos, infartos pasivos, erosion de los tejidos y la disolucion de los elementos orgánicos, el azufre ataca directamente los fenómenos de la vida vegetativa por la irritabilidad nerviosa y sanguínea, resultando el eretismo y la persistencia de la plasticidad y de la nutricion aun en medio de las mas grandes desorganizaciones.
El azufre es á las afecciones crónicas lo que el acónito á las agudas, y en los límites de esta comparacion es preciso armonizar el eretismo y la inflamacion. La cronicidad y la profundidad de la afeccion forman la síntesis del azufre; la agudeza, la menor estension del mal y la corta duracion de accion constituyen la del acónito. Pero ni este ni aquel tienen el carácter deletéreo del arsénico, ni la versatilidad de la manzanilla.
El azufre conviene á todas las constituciones, á todos los temperamentos, á todas las edades, con la circunstancia, que ejerce tanta mayor influencia en el organismo, cuanto mas manifiesta es la diátesis herpética en uno de sus períodos primario, secundario..., y que es mas análogo á las constituciones escrofulosas irritables, á los temperamentos bilioso, venoso ó linfático-nervioso, sometidos á enfermedades rebeldes, en personas sanguíneas ó linfáticas aniquiladas ó marasmódicas. Tambien corresponde comunmente á afecciones que se agravan por la tarde y por la noche, al aire libre y con el calor de la cama, aliviándose con el de la habitacion y con el movimiento; pero en las lesiones de la sensibilidad influyen menos estas circunstancias.
Este medicamento es el que mas prudencia exige para emplearle en el tratamiento de las afecciones crónicas inflamatorias con eretismo, sobre todo en la lesion del pulmon. Nunca serán bastante débiles las dósis en casos de esta especie, puesto que se trata de obtener un efecto especial y electivo, desprovisto cuanto sea posible de la accion irritativa sobre el sistema arterial. El azufre, mejor que ningun otro medicamento, puede despertar la receptividad medicinal en el organismo, apagada al parecer por la frecuente repeticion de las dósis; ninguno mejor que él escita el sistema sanguíneo y la sensibilidad, y desarrolla, en el curso de una enfermedad crónica estacionaria y asténica, una recrudescencia de los fenómenos de reaccion, ó algun síntoma antiguo que la dé mas importancia á fin de establecer un tratamiento sobre bases mas seguras, y poder elegir medicamentos que se adapten mejor, tanto al fondo como á la forma de la afeccion. Esta particularidad del azufre le hace aplicable á las enfermedades crónicas poco conocidas y mal determinadas, porque generalmente reproduce algunos síntomas de la afeccion primitiva latente, cuya aparicion facilita la eleccion de un medicamento mas apropiado.
El mercurio y el opio tienen, como el azufre, el privilegio de escitar la vitalidad; pero este es mas apto que aquellos para despertar la irritabilidad fibrilar en los vasos capilares absorbentes y exhalantes. El opio desenvuelve mas particularmente la actividad del sistema nervioso de la vida de relacion, mientras que el azufre estimula la accion del sistema circulatorio arterial y venoso.
La accion directa del azufre sobre este sistema es escitante; pero en la discrásica, la escitacion se fija en algun órgano cuya testura está alterada, ó por lo menos mas particularmente afectado, y la astenia que se desenvuelve en el organismo, se oscurece de cuando en cuando por la escitacion local que tiende á generalizarse, resultando recrudescencias, movimientos febriles ó fluxionarios, neuralgias de forma intermitente.
El azufre corresponde por su accion electiva é irritativa sobre el sistema capilar arterial y venoso, al herpetismo cutáneo, mucoso, linfático y parenquimatoso, y esta indicacion se comprueba aun mejor: 1.º por su accion alternativa de dentro afuera, ó del esterior al interior, es decir, de la piel á las mucosas y otros órganos y vice-versa; 2.º por su influencia directa en los órganos provistos de vasos capilares sanguíneos, ó lo que es lo mismo, en todos los órganos, esceptuando los tejidos óseo y fibroso, sobre los cuales, en efecto, su accion es nula ó muy poco pronunciada; 3.º por sus manifestaciones cutáneas constituyendo una diátesis aguda y aun crónica, análoga á la herpética por sus vesículas, sus granos, su prurito, sus rubicundeces y sus diversas erupciones acompañadas siempre de síntomas de irritacion sanguínea.
Todo esto da al azufre el carácter de medicamento por escelencia de la diátesis herpética y del herpes, tanto en sus diversas formas, como en su existencia in potentia ó latente, y en las trasformaciones mas remotas; de suerte que rara es la enfermedad crónica en cuyo tratamiento no preste el azufre su poderoso auxilio, ya como medicamento que se adapta á los síntomas de estas enfermedades, ya considerado como antiherpético.
Para presentar el cuadro de los síntomas esenciales del azufre, seria menester reproducir los que caracterizan una multitud de enfermedades crónicas; son, pues, muy numerosos y representan afecciones asmáticas, tisiformes, flegmorrágicas, hemotóicas, hemorrágicas, mucosas, nerviosas, linfáticas, escrofulosas, venosas, lesiones orgánicas, enfermedades cutáneas, caquexias, fiebres; pero todas tienen el carácter irritativo debido á la sobreescitacion de los capilares arteriales y venosos; la mayor parte, por no decir todas, esperimentan recrudescencias febriles, y aun cuando se fijen en el sistema linfático ó venoso, hay dolor, rubicundez, eretismo local por lo menos. Los infartos escrofulosos no corresponden por lo mismo á este medicamento, si no presentan estos caractéres y aun la ulceracion; en fin, las afecciones puras de los huesos, de los ligamentos y tejidos blancos corresponderán á su esfera de accion, siempre que haya inflamacion crónica con eretismo, y cuando la sangre arterial se estienda á los capilares linfáticos ó venosos.
Para evitar repeticiones, completarémos los detalles relativos á la accion fisiológica del azufre con sus efectos terapéuticos.
§ III.—Efectos terapéuticos.
A. Afecciones febriles.—Los efectos curativos del azufre en las afecciones febriles son análogos á sus efectos fisiológicos. Estas afecciones dependen siempre, ya de una lesion orgánica, de una fluxion herpética, ó de un exantema, ya de una alteracion de los líquidos ó sólidos que sobreviene en el curso de una fiebre esencial. En todos estos casos la fiebre es mas bien insidiosa que intensa. La fiebre héctica ó subaguda de este género es erética, generalmente remitente, alguna vez intermitente, siempre irregular en sus estadios; el frio es angustioso, el enfermo muy sensible á la impresion del aire esterior, el calor acre y seco. El sudor se presenta generalmente en el momento en que el sueño produce la laxitud, y calma la irritabilidad de la fibra. Esta calma y este sudor son sin embargo, por regla general, parciales ó desigualmente repartidos por lo menos. El sudor es ácido y de olor agrio y acre. Sucede asimismo que tanto los calofríos como el calor y el sudor existen simultáneamente, pero en distintas partes del cuerpo. Las exacerbaciones nocturnas se presentan con calor incómodo y con alternativas de frio, calor y sudores parciales. El calor está acompañado de rubicundeces, especialmente en la cara y partes provistas de muchos nervios, ó en relacion simpática con los órganos esenciales. Las palmas de las manos y plantas de los piés son, bajo este punto de vista, las partes en las que el frio, calor y sudor se espresan con mas intensidad, prueba evidente de que existe una lesion profunda y una grande irritabilidad.
El azufre interviene en una fiebre subaguda cualquiera, cuando el enfermo padece ó ha tenido alguna flogosis subaguda, una neuralgia, una congestion, aunque solo sea hemorroidal, una erupcion, siempre que estos accidentes se presenten con frecuencia bajo una ú otra forma, ó cambiando de sitio, segun las estaciones y las evoluciones de la actividad vital en los diversos órganos, en las grandes épocas fisiológicas de la existencia, como por ejemplo cuando á las costras serpiginosas, las adenitis... de la infancia, suceden los dartros, las oftalmías... de una edad avanzada; y cuando mas tarde aun, las laringitis, las hemicráneas... reemplazan á las gastritis, las hemorróides, las leucorreas... á los infartos del hígado y catarros de la vejiga..... en fin, cuando, en todas las edades, pero en diversas estaciones, se manifiestan fluxiones, forúnculos, epistaxis, neurosis, erisipelas...
Toda fiebre, aunque sea grave, exantemática ó no, que en el período eruptivo ó de decrecimiento se hace estacionaria con un eretismo y sequedad que aniquilan las fuerzas del enfermo, reclama el uso del azufre, que para mayor seguridad puede alternarse con el acónito. Se administra igualmente el azufre en el curso de una fiebre para escitar la reaccion ó reanimar una erupcion que languidece y para impedir la insensibilidad del organismo á la accion de los medicamentos mas apropiados, lo cual ocurre especialmente en ciertas fiebres mucosas ó catarrales subagudas, y en aquellas en que el sistema nervioso ha sufrido un violento ataque que le mantiene sumido en la astenia, como sucede en las fiebres nerviosas y algunas eruptivas; en estos casos, pues, el azufre es apto para moderar la violencia de la erupcion, sobre todo en la viruela, en el período de supuracion, en cuyo caso el azufre dispone al organismo para la accion del mercurio. Tambien se le ha usado como preservativo del sarampion, y sus síntomas no contrarian ciertamente esta medicacion.
B. Afecciones de los bronquios, del pulmon y de las pleuras.—El azufre está indicado en las afecciones del pulmon y de los bronquios por muchos de sus síntomas. En la neumonía de curso no muy agudo, el azufre guarda un término medio entre la brionia y el fósforo. Corresponde además por su accion, cuando la hepatizacion y exudacion serosa y aun plástica han llegado á su apogeo y empiezan á perder el carácter de agudeza. La indicacion del azufre exige un eretismo, un resto de irritacion sanguínea que no requiere el fósforo y que es insuficiente para brionia. El azufre es tanto mas útil cuanto mas se dirige su accion al tejido celular y á la red capilar de los órganos parenquimatosos y de los tejidos de estensa superficie, y cuanto mas altera esta accion el processus plástico y mas escita á los vasos capilares en el sentido de las trasformaciones orgánicas que tienden á la reabsorcion de la exudacion y á la desinfartacion de los tejidos.
Es tambien muy conveniente en la pleuresía, en la que se presentan los calofríos en la época en que la fiebre parece estacionarse, y cuando el organismo empieza á reaccionar sobre los productos de la inflamacion. En general, todos los derrames en las pleuras, en el peritóneo y otras membranas serosas, ya líquidos, ya seudo-membranosos, reclaman por un momento el uso del azufre antes que haya desaparecido la agudeza, y generalmente á la vez ó antes que el sulfuro de cal.
C. Afecciones flegmásicas, congestiones venosas.—La accion especial del azufre en los folículos sebáceos de las mucosas le constituye en un medicamento utilísimo y frecuentemente indicado en las flogosis subagudas de las membranas mucosas con irritacion ó eretismo; tales son, segun lo hemos observado, las bronquitis subagudas ó crónicas con exacerbacion, la tisis mucosa, el catarro vesical... No es menos eficaz en las flegmasías del tejido celular y de los órganos parenquimatosos, cuando la irritabilidad local y la hiperemia han aglomerado la sangre arterial en vasos capilares contiguos y continuos, de los que está escluida en el estado fisiológico, precisándose para esto que la inflamacion prolongue su duracion, pero conservando, sin embargo, parte de la agudeza y de la irritabilidad.
El azufre, en fin, conviene en toda afeccion flegmásica y febril de carácter erético, ya tenga una marcha lenta, ó que no conduzca francamente á una erupcion, á una fluxion, ó ya que cuando la afeccion llegue al período de supuracion, de exudacion ó secrecion, termine por induracion ó por flujo de pus, por derrames serosos ó abundantes secreciones mucosas, pero conservando siempre en estos casos cierta irritacion sanguínea general ó local.
Segun los datos que dejamos sentados, fácilmente se puede deducir que el azufre está indicado: 1.º en la diarrea crónica irritativa y con atonía profunda,—doble indicacion que puede llenarse con dósis mas ó menos débiles,—así como en la lientería, en el estreñimiento sobre todo hemorroidal, en la uretritis antigua ó gota militar con flujo seroso y sin dolor; la thuya es muy útil despues del azufre;
2.º En todos los flujos mucosos y moco-purulentos, sea cual quiera el sitio;
3.º En muchas hipersecreciones ó secreciones alteradas ó anormales, cuya etiología es oscura y su causa indeterminada; en el sudor de los piés y de las axilas, en la capa grasienta de los cabellos, de las palmas de las manos ó de la piel de la barba, y aun en la secrecion oleaginosa de todo el cuerpo, ó simplemente en el sudor general ó local con aumento de calor y marasmo;
4.º En la irritacion de las hemorróides, despues de la nuez vómica, y en la mayor parte de las hemorragias con eretismo, tales como la hematuria, epistaxis... y aun la misma menstruacion escesiva ó anticipada, así como tambien en la supresion de la misma por atonía anémica ó escrofulosa;
5.º En las congestiones cefálicas, pulmonales, abdominales, hepáticas... cuando las hemorróides son la pars mandans, en personas irritables ó sanguíneas.
D. Caquexias.—La diátesis herpética juega en todas las indicaciones del azufre, ya en sus transformaciones ó en sus períodos secundario ó terciario, ya cuando es evidente, visible, esterna, con formas irrecusables ó síntomas claramente indicadores. Estas afecciones son crónicas, y en su estado general se percibe un deterioro debido al predominio del movimiento eliminador sobre el constitutivo de los órganos, lo cual esplica la indicacion del azufre en la diátesis clorótica, anémica, para la cual es análoga la sal marina; en la diátesis escrofulosa con toda clase de afecciones, como oftalmía, tabes mesentérica, raquitismo, erupciones, úlceras, diarrea y otros flujos mucosos y purulentos, y en todas las diátesis en que se observe lo siguiente: 1.º enflaquecimiento con eretismo general y flojedad en las mucosas con abundante secrecion de mucosidades ó de pus, y algunas veces edema y derrames serosos con sequedad y eretismo de las superficies mucosas; 2.º grande susceptibilidad al aire frio y al viento, y facilidad á acatarrarse y contraer dolores reumáticos; 3.º erupciones, manchas rojas, afecciones glandulares; 4.º apetito pronunciado y reparacion insuficiente de los elementos orgánicos.
El azufre basta por si solo para curar á veces las afecciones que se desarrollan en estas circunstancias con un carácter herpético: por ejemplo, inflamaciones subirritativas del ojo, cuyas partes todas están alteradas por su accion profunda y duradera. Pero ya en las oftalmías, ya en cualquiera afeccion de este género, se le alterna frecuentemente con el acónito, la manzanilla, y administrándose antes que el azufre, el carbonato de cal, el sílice...; pero insistiendo despues cuanto convenga en el medicamento de que tratamos, y repitiendo las dósis tanto mas, cuanto mas diste el enfermo de la primera edad.
El azufre, en fin, cuando se le usa con constancia y á dósis convenientes á la edad del enfermo, temperamento é índole de la dolencia que se trata de combatir, produce curaciones que inútilmente se trataria de obtener con muchos medicamentos. ¿No es el azufre el medicamento mas apto para estimular el sistema capilar, aumentar el movimiento nutritivo y escitar la eliminacion de los elementos constitutivos de los tejidos y de los jugos nutritivos? En esto consiste el predominio de su influencia en el corazon y capilares sanguíneos; de que pueda disipar los éstasis y la inercia venosa y linfática, siempre que la existencia de lesiones orgánicas graves no contraindiquen su uso é inspiren temores fundados de que se estiendan y agraven.
Ya lo hemos dicho; pero la importancia del objeto merece que repitamos que se cambia en general muy pronto de medicamento en el curso de un tratamiento. Pero volviendo á nuestro asunto, hubiéramos debido indicar el gran número de afecciones crónicas, desde la catarata hasta la cáries, para llenar cumplidamente la esposicion de las que exigen el uso del azufre, ya por su electividad, como por la analogía de sus efectos con el herpetismo. Mas proseguirémos tan solo la enumeracion de las mas cardinales y que sirven como de tipo para el uso del azufre en otras del mismo género.
E. Afecciones nerviosas y neurálgicas.—Las neuroses, las neuralgias y las parálisis propias del azufre reconocen por causa el herpetismo, una metástasis dartrosa, una erupcion abortada, una diátesis herpética hereditaria. Siempre que los antecedentes ó los síntomas existentes conduzcan al médico á formar este diagnóstico etiológico, es necesario administrar el azufre, aparte de los medicamentos mas especialmente indicados: 1.º en las afecciones convulsivas crónicas, en la coqueluche rebelde, en el histerismo y los accesos epileptiformes; 2.º en la hipocondría, en diversas manías religiosas y filosóficas, en la enajenacion mental á consecuencia de falsas crísis de las fiebres nerviosas, ó de los escesos en el estudio; 3.º en la gota crónica, sobre todo irregular, con violento eretismo local, rubicundez y tension, ó atonía profunda y sobreescitacion nerviosa cerebral ó general; 4.º en los dolores reumáticos de la cabeza, de los dientes, de los miembros; en las afecciones reumáticas de las articulaciones de las vísceras y de las membranas serosas; 5.º en el asma y toda afeccion asmática; 6.º en enfermedades neuro-asténicas y en ciertos casos de atrofia muscular, especialmente en los niños. La ciencia reconoce hoy y la clínica há ya mucho tiempo que tiene establecidas las relaciones de todas las afecciones de este género con las erupciones cutáneas y el herpes mucoso ó secundario.
F. Afecciones cutáneas.—Si se divide á los exantemas crónicos en tres clases segun la parte de los tegumentos que afectan, ó sea el epidérmis, el dérmis y el cuerpo mucoso de Malpigio, el azufre está indicado en todas, porque reune en sus efectos sobre el sistema cutáneo los de todos los medicamentos, ya consistan en el reblandecimiento, esfoliacion ó pérdida de sustancia, ya en la induracion, granulacion, hipertrofia, nueva formacion. Muchos medicamentos son, sin embargo, sus mejores auxiliares, no solo para preparar las lesiones y los tejidos á su accion, sino tambien para completarla ó especializarla más.
En las divisiones ordinarias de las afecciones cutáneas, el azufre corresponde á las formas vesiculosas y papulosas, á las erupciones psóricas ó sarnosas, miliares ó costrosas, en las manchas rojas, hepáticas y furfuráceas, cuando en estas afecciones hay prurito desagradable, con calor despues de rascarse. Este prurito ardiente, si existe solo, mas violento por la noche y en la cama que por el dia, reclama igualmente el azufre.
Entre las particularidades de los efectos del azufre sobresalen algunos que le hacen útil: en la miliar y la urticaria, que afectan completamente á un miembro con prurito y escoriaciones; en las costras herpéticas sobre una base inflamatoria, pruritosa y caliente, ó que se abren fácilmente; en las erupciones secas de la cabeza y del cuero cabelludo; en la costra láctea serpiginosa, en las escoriaciones epidérmicas de las palmas de las manos; en la pityriasis con alopecia; en los herpes furfuráceos con flíctenas, en las grietas del pezon despues de árnica, haya ó no auréola eritematosa, y en las que tambien juega el grafito; en el intertrigo, en los sabañones inflamados, en la rubicundez de la nariz y otros éstasis sanguíneos cutáneos con prurito y calor; en las úlceras con pus sanguinolento y seroso; en los empeines ó paños, obstruccion de los folículos sebáceos en los que se acumula una materia caseiforme y cuya inflamacion produce un acné propio del grafito; en los casos de sarna trasformada ó inveterada con grande prurito, cuando las vesículas aparecen en todas partes menos en las manos, que se presentan en estaciones y en regiones orgánicas dadas, que se ulceran frecuentemente, se cubren de costras y se complican con forúnculos saniosos; en el panadizo y otras inflamaciones tambien erisipelatosas que se reproducen con frecuencia y alternan con orzuelos, irritacion en la laringe, dolores reumáticos.
Hé aquí, pues, el medicamento que ha podido considerársele como una panacea y un bálsamo: espuestas quedan sus indicaciones, que con sentimiento hemos reducido á tan corta estension. Aliéntanos la idea de haber auxiliado al lector á fin de determinar su electividad y sus propiedades, y de haberle puesto en disposicion de aprovechar su patogenesia y los análisis de sus efectos clínicos.
Dósis.—Las observaciones que dejamos ya hechas sobre las dósis, tienen ahora una esplicacion particular. En general no existen razones bastante satisfactorias para optar con preferencia por las pequeñas ó las grandes. Es por consiguiente lógico y natural el recurrir á dósis tanto mas débiles cuanto mas apropiado sea el medicamento, puesto que tiende á escitar la reaccion curativa en el sentido de las sinergias morbosas. Las dósis mas fuertes deben reservarse para los casos en que las indicaciones sean menos precisas, basadas mas bien en un conjunto de fenómenos discrásicos ó racionales, que, como espresion sintética del estado morboso, no se adaptan exactamente á los síntomas especiales capaces de caracterizar mejor el diagnóstico de la enfermedad y del medicamento. La accion, pues, del azufre, caracterizada por el eretismo en los fenómenos propios de su esfera activa, determinaria especialmente, si coexistiese una lesion orgánica interna, un incremento de irritabilidad insidiosa, funesta por lo mismo, si en estas circunstancias no se le administrase á las dósis mas débiles. No hay el mismo peligro en los estados diatésicos sin lesion orgánica interna, ya convenga tan solo al fondo herpético de la afeccion, ya se pretenda estimular el sistema sanguíneo, disipar la inercia y despertar alguna manifestacion herpética.
Las tres primeras trituraciones y la tintura del azufre, hechas segun lo preceptuado en la farmacopea hahnemanniana, son dósis suficientes para muchas afecciones esternas, tales como dartros, úlceras, irritaciones eritematosas crónicas, y en la misma sarna; se administran 2 ó 3 decígramos de la primera á la tercera trituracion, en tres ó cuatro dósis al dia, ó bien de 2 á 20 gotas de la tintura por fracciones de la misma manera. Las aplicaciones esteriores, aun en la sarna, no deben pasar nunca de estas cantidades, ya en pomada con dos partes de la tintura ó de la primera trituracion para quince de manteca, ya en lociones con dos partes de la tintura para diez ó quince de agua pura. Estas lociones repetidas tres ó cuatro veces al dia, constituyen quizá el mejor modo de tratar la sarna, dando al interior dósis como las que se acaban de designar, y continuando el tratamiento por una decena de dias. No ignoramos que se puede suprimir una erupcion sarnosa en menos tiempo; pero la esperiencia prueba que estas supresiones no son ordinariamente verdaderas curaciones. Se puede, en fin, espolvorear ventajosamente las úlceras sórdidas, varicosas y ciertas lesiones cutáneas exudantes, con la segunda ó tercera trituracion.
Las afecciones orgánicas internas del pulmon, del hígado..., con fiebre héctica, exigen dósis mas débiles; bastan algunos glóbulos de la trigésima atenuacion; y no es por lo general lo mejor repetirlas sin que hayan pasado bastantes dias y aun semanas á veces, porque la accion del azufre se prolonga además bastante en estos casos para permitir intercalar algun otro medicamento durante el tiempo de su accion. El organismo se escita algunas veces peligrosamente con la influencia de las dósis fuertes; y lesiones, como las del pulmon por ejemplo, pueden agravarse insidiosamente, mientras que con las débiles se calma la irritabilidad y la fiebre, obrando favorablemente en los tejidos alterados. Las dósis medias de la sesta á la trigésima atenuacion son preferibles en casos en que la irritabilidad es menor, y en las afecciones cutáneas, lesiones esternas, escrófulas, etc.
Insistiendo aun sobre este asunto, dirémos que no hay medicamento que mas precise adaptar bien sus dósis al género de enfermedad, á su intensidad y al temperamento del enfermo: todos los grados de la escala posológica son necesarios en el azufre, y todos tienen su oportunidad. Solo deben usarse las dósis miasmáticas, si así podemos espresarnos, para no conmover el organismo y dar lugar á frecuentes agravaciones. El azufre, en fin, es el mas relacionado con un gran número de enfermedades y medicamentos, y el que tiene antídotos mas numerosos, siéndolo él á su vez de muchos medicamentos. Concluirémos con indicar el abuso que se hace de ciertas aguas sulfurosas como antídoto del mercurio, en casos de sífilis tratados por grandes dósis del mismo, pues seria mas racional el limitarse á dósis suficientes, pero no escesivas y perjudiciales.