IV
Tras de la persiana
Do la castellana
Yace pensativa
Como una cautiva,
Se oye un gran gemido,
¡Se oye un alarido!
Corren los arqueros
Con pasos ligeros;
Giran los soportes
Sobre sus resortes;
Bajan estridentes
Los ferrados puentes;
Y ella misma—¡ella!—
Toda blanca y bella,
Mujer y caudillo
Sale del castillo;
Pues la noble maga
Quiere decidida,
Salvar una vida,
Que tal vez se apaga.