TRÉMOLO

Señor. ¿Cuándo dejarás de ser silencioso como el capataz de un ingenio de azúcar o de una cuadrilla de camineros?


¿Por qué permites que los hombres hagan aquello mismo que repudian?


¿Por qué pusiste en mis manos esta mala bujía, nada más que para darme cuenta de mis propias tinieblas?


Dios adusto, Dios frío, Dios con libro de entrada y salida, como un carcelero, Dios que necesita del Dolor, Dios que inventó las lágrimas ¡Vete a tu Olimpo!


Aquí está mi pecado más funesto;
Aquí está, de mis manchas, la peor,
Aquí estoy a tus pies... ¡De un solo gesto
Fulmíname, Señor!

¿Quién nos puso el horror a lo Deforme?
¿Quién dictó las pragmáticas del Bien?
¿Y qué mano brutal, qué brazo enorme
Nos hunde en lo Soez?

Negras son las cien fauces del infierno;
Negras las almas que al infierno van:
Negra la Eternidad... ¡Negro y eterno
Un minuto del Mal!

Tengo una luz en mí, que no se apaga;
Tengo la claridad de lo Mejor...
¡Y tengo el corazón hecho una llaga.
Como el cuerpo de Job!

Brillan sobre la Noche las estrellas,
Brillan como pupilas de rubí;
Brillan desde el Principio, todas ellas...
¡No me miran a mí!

Yo no puedo ceñirme en lo Inefable,
Yo no puedo ser más de lo que soy;
Yo no puedo evitar lo Inevitable...
¡Porque yo no soy Dios!

¿Dónde están tus Olímpicos Pesebres?
¿Dónde está el manantial de tu Virtud?
¿Dónde se han refugiado, como liebres,
Tus Genios de la luz?

Gimen los gemebundos algarrobos;
Gimen bajo la fusta de Aquilón;
Gimen en las tinieblas como lobos...
¡No gimen como yo!

Yo he de ser el que cae, el que gravita;
Yo he de ser el Satán, ¡el no feliz!
Yo he de ser el rosal que se marchita...
¡Porque te place a ti!

Guarda para tus buenos tus Edenes;
Guarda para tus vírgenes tu amor;
Guárdate para Ti todos tus bienes...
¡Tirano sin control!

Aquí está mi pecado más funesto;
Aquí está, toda entera, mi maldad;
No hagas, solemne Dios, un solo gesto...
¡Te acuso de crueldad!

Braman en el desierto los leones;
Braman, como una gran lamentación;
Braman, porque maldicen las prisiones
De su instinto feroz.

Pesa la Cruz sobre Israel deicida;
Pesa la Rebelión sobre Satán;
Pesa sobre Caín la primer Vida...
¡Mi carga pesa más!

Buscan los ángeles placeres,
Buscan las aves el espacio azul;
Buscan la Libertad todos los seres...
¡Yo busco el ataúd!

Sueña con retoñar el triste leño;
Sueñan los pobres ciegos con que ven;
Sueña la recua enorme... ¡yo no sueño!
¡Jamás retoñaré!

Piensan los mismos necios en la gloria;
Piensan los incurables en vivir;
Piensa en la perfección la vil escoria...
¡Yo me río de mí!

Yo sé que hay una luz que no se apaga;
Yo sé que hay que llegar alguna vez...
Yo sé que están hechas una llaga
Las plantas de mis pies.

Guarda para tus Santos tus Edenes;
Guarda para tus vírgenes tu Amor;
Guárdate para Ti todos tus Bienes...
¡Valen mucho, Señor!

Me impusiste la cruz de un gran destino;
Me pusiste el afán de un Más Allá,
Y pusiste la Noche en mi camino...
¡No doy un paso más!

Aquí está mi pecado más funesto;
Aquí está, de mis lacras, la peor;
Aquí estoy ante Ti... ¡Ni un solo gesto!...
¡Págame mi dolor!

¿Qué te cuesta evitar las amarguras?
¿Qué te cuesta radiar toda tu luz?
¿Qué te cuesta dotar a tus criaturas
De tu misma salud?

¿Quién reduce tus fuerzas infinitas?
¿Quién te obliga a crear ni un pecho vil?
¿Quién te impone la ley de los jesuítas
Para llenar tu fin?

¿Dónde está tu potencia soberana?
¿Dónde están tus ejércitos del Bien?
¿Y dónde está la perfección humana,
Para tenerte fe?

Eras un viejo Buda milenario;
Eras un comodín y nada más;
Eras un espantajo innecesario...
¡Ya no habría otro igual!

Eras sin filiación, como un gitano;
Eras como un error que ya no es;
Eras un epigrama, un dicho vano...
¡Una sombra que fué!

Todos te maldecían, Iscariote,
Todos te declaraban maniquí,
Todos, ¡¡hasta tus propios sacerdotes
Se reían de ti!!

Estabas derrotado por la Ciencia;
Estabas sin arraigo en lo Vulgar;
Estabas como Duda en la Conciencia...
¡No tenías altar!

Y yo arrimé mis hombros a tu carro;
Yo te puse mis versos por pavés;
Yo te alcé como a un mísero del barro
Con mi profunda fe.

Yo te soñé la Madre y el Abuelo;
Yo te soñé más próvido que el sol;
Yo te pensé mejor... ¡Vete a tu cielo!
¡No mereces ser Dios!

Aquí está mi pecado más funesto;
Aquí está, de mis lacras, la peor;
Aquí estoy ante Ti... ¡Ni un solo gesto!
¡Págame mi dolor!