CAPITULO XXXVI Y ULTIMO

De como nuestro buen caballero don Quixote de la Mancha fue llevado á Toledo por don Alvaro Tarfe, y puesto alli en prisiones en la casa del Nuncio, para que se procurase su cura.

Cuando tuvo aprestada su vuelta para Cordoba don Alvaro, y estuvo despedido de todos los señores de quienes tenia obligacion hazello en la corte, traçó la noche antes de la partida, que, para arrancar della á don Quixote, entrase un criado del Archipampano en casa cuando acabasen de cenar, vestido de camino y con galas, como que venia de Toledo en nombre de la infanta Burlerina á buscarle, para que fuese en su compañia luego con toda diligencia á decercar la ciudad, y libralla de las molestias que le hazia el alevoso principe de Cordoba. Tuvole tan bien instruido, asi de lo que habia de hazer y dezir á don Quixote cuando le diese el recado, como por el camino y en Toledo (donde por orden del Archipampano le habia de acompañar, para mayor encubrir el engaño, y traerle nuevas dél y del modo que quedaba), que llegando la señalada noche y hora, á la que acababan de cenar en casa del principe Perianeo con él en su mesa don Carlos, don Quixote y don Alvaro, apenas él hubo dado aviso á don Quixote de como se partia el dia siguiente para Cordoba, diziendole si mandaba algo para Toledo, donde habia de pasar, cuando entró por la sala el dicho paje del Archipampano, gallardamente adereçado, el cual, despues de haber saludado cortesmente á todos los circunstantes, se volvió á don Quixote y le dixo: Caballero Desamorado, la infanta Burlerina de Toledo, cuyo paje soy, te besa las manos humildemente y suplica cuan encarecidamente puede, que te sirvas de partir mañana sin falta conmigo, á la ligera y sin ruido, á la gran ciudad de Toledo, donde ella y su afligido padre y lo mejor y más lucido del reino te está por momentos aguardando, pues no faltan más de tres dias para cumplirse los cuarenta que el enemigo principe de Cordoba les tiene dado de plaço para deliberar ó la entrega de la ciudad, ó el rendimiento de las inhumanas parias que les tiene pedido; y si tú con tu valeroso braço no los socorres, sin duda seran miserablemente todos muertos, la ciudad saqueada, quemados los templos, y los cimientos de torres y las almenas ocuparan las alegres calles, sirviendoles sus piedras de calçada y empedrado. La infanta mi señora, y el Rey, por cierto postigo que el enemigo no sabe, te estan esperando con todos los mejores caballeros de su corte, para que otro dia antes que amanezca, tocando de repente al arma, con la voz y favor de Santiago les demos, cogiendolos descuidados, un asalto tal que quede el enemigo, como sin duda lo quedará, vencido, y tú vencedor; tras lo cual serás, si te pareciere, aunque sea corto premio de tus inauditas grandezas, casado con la hermosisima infanta Burlerina, la cual ha desechado á otros muchos hijos de reyes y principes, solo por casar contigo: por tanto, valeroso caballero, vete luego á reposar para que, tomando la mañana, lleguemos á buena hora á la imperial ciudad de Toledo, que espera tu favor por momentos. Don Quixote con mucha pausa le respondió, diziendo: A muy buen tiempo habeis llegado, venturoso paje, pues podré ir en esta ocasion acompañando al señor don Alvaro, que me acaba de dezir que tambien por la mañana ha de partir para Toledo: por tanto no hay sino que adereceis todo lo necesario para que en amaneciendo partamos juntos, y pueda yo llegar con tan honrada compañia á socorrer al Rey vuestro señor y á la infanta Burlerina, sobrina del sabio Alquife, mi buen amigo. Verdad es que no soy de parecer de que se me trate de eso que dezis, de casarme con dicha infanta despues de vencido y muerto el alevoso principe de Cordoba, su contrario, y saqueado su campo; que en efecto, siendo conocido en el mundo por Caballero Desamorado, no será razon que ande en amores hasta pasar primero algunas dozenas de años, pues podria suceder, como ha sucedido muchas vezes á otros caballeros andantes, que andando yo por tanta y tan varia multitud de reinos y provincias, me encontrase y aun enamorase de alguna infanta de Babilonia, Transilvania, Trapisonda, Tolomaida, Grecia ó Constantinopla; y si esto me sucede, cual confio, desde aquel dia me tengo de llamar el Caballero del Amor, pues pasaré notables trabajos, peligros y dificultades por el que á dicha infanta tendré, hasta que despues de haber librado su reino ó imperio del fortisimo enemigo que le tendrá cercado, le descubriré mi amor á dicha infanta en su mismo aposento, do entraré bien armado con atentados pasos por un jardin, guiado por una sabia camarera suya, una noche obscura; y si bien al principio, por ser pagana, se açorará de oirme soy cristiano todavia, prendada de mis partes y obligada de las razones con que le persuadiré la verdad de nuestra santa religion, se casará conmigo con publicas fiestas, bautizada ella y todo su reino; pero sucederme han tales y tan notables guerras por ciertos motines de invidiosos vasallos, que daran bien que contar á los historiadores venideros. Viendo don Alvaro que ya començaba á disparatar, se levantó diziendo: Vamonos á reposar, señor don Quixote, porque hemos de madrugar mucho para llegar con tiempo á Toledo, por lo que hay de peligro en la tardanza. Y dicho esto, se volvió al paje diziendole: Y vos, discreto embaxador de la noble infanta Burlerina, idos luego á cenar, y despues á acostar en la cama que el mayordomo os señalare. Saliose el paje de la sala, y con él los demas, yendose todos á sus camas sin reparar don Quixote más en Sancho que si nunca le hubiera visto, que fue particular permision de Dios: verdad es que la mañana, en levantandose, á la que ensillaban los criados de don Alvaro y paje del Archipampano, preguntó por el escudero; mas divirtiole el humor don Alvaro diziendole que no cuidase dél; porque ya se aprestaba para seguirles, y que poco á poco se vernia detras, como otras vezes solia. Tras esto y tras almorzar bien y despedirse del principe Perianeo y de don Carlos, se salieron de la corte y caminaron para Toledo, ofreciendoseles por el camino graciosisimas ocasiones de reir, particularmente en Getafe y Illescas. Llegados á la vista de Toledo dixo don Quixote al paje de la infanta Burlerina: Pareceme, amigo, que seria bien antes de entrar en la ciudad, dar una gentil rociada al campo del enemigo, pues vengo yo bien armado, y él muestra estar descuidado del açote que tan cerca tienen sobre sí sus arrogancias en mi esfuerço, pues seria empezar á hazerle baxar la cresta, que tan engreida tiene. El paje le respondió: El orden, señor, que del Rey é Infanta traigo es que sin rumor alguno vamos adonde nos estan esperando. Discretisimo es ese orden, añadió don Alvaro, pues no hay duda sino que seria poner en contingencia la vitoria, si les diese v. m. la menor ocasion del mundo para prevenirse, y tendrian la grande de hazello con el rumor que hariamos, pues es cierto que en sintiendonos, darian aviso las despiertas centinelas de que hay enemigos. Digo, dixo don Quixote, que quiero seguir ese parecer como más acertado, pues por lo menos me asegura de que los cogeré de repente; y asi vos, paje de la infanta Burlerina, guiad por donde habemos de entrar sin ser sentidos; pero id prevenido de que si solos somos, tengo de hazer antes que entre en la ciudad una sanguinolenta riça destos andaluzes paganos que se han atrevido á llegar á los sacros muros de Toledo. El paje fue caminando un poco adelante, guiando derecho hazia la puerta que llaman del Cambron, dexando á la mano izquierda la de Visagra. Mas como don Quixote no viese rumor de gente de guerra al rededor de la ciudad, y viese por otra parte entrar y salir libremente por la puerta de Visagra todos cuantos querian, dixo maravillado al paje: Dezidme, amigo, el principe de Cordoba ¿donde tiene asentado su campo, que no veo por aqui ningun aparato de guerra? Señor, respondió él, es astuto el enemigo, y asi se ha alojado á la otra parte del rio, adonde nuestra artilleria no le puede hazer mal ni ofender. Por cierto, dixo don Quixote, que él sabe poco del arte militar, pues no echa de ver el necio que dexando estas dos puertas libres y desembaraçadas, pueden los de adentro meter facilmente los socorros y provisiones que les pareciere, como en efeto lo meten todo hoy con sola mi entrada; pero en fin, no todos saben todas las cosas. Entraron por la puerta del Cambron, como digo, y don Quixote iba por las calles mirando á todas partes cuando y por donde le saldrian á recebir el Rey, Infanta y grandes de la corte. Don Alvaro fingió á la entrada del lugar que se queria quedar á aguardar á Sancho, por poderse entrar libremente y sin el acompañamiento de muchachos que don Quixote llevaba, en la posada do habia de aposentarse, como en efeto lo hizo, enviando dos ó tres criados suyos en compañia del paje del Archipampano y de don Quixote, con los cuales, y con una multitud increible de niños que le seguian viendole armado, llegó el triste sin pensar á las puertas de la casa del Nuncio, y quedandose en ellas para su guarda los criados de don Alvaro, se entró solo con él y un moço de mulas que le tuvo á Rocinante. El paje del Archipampano, en apeandose, dixo á don Quixote: V. m., señor caballero, se esté aqui mientras subo arriba á dar cuenta á la señora Infanta de su secreta y deseada venida. Y subiendose una escalera arriba, se quedó solo en medio del patio don Quixote, y mirando á una parte y á otra, vió cuatro ó seis aposentos con rejas de hierro, y dentro dellos muchos hombres, de los cuales unos tenian cadenas, otros grillos, y otros esposas, y dellos cantaban unos, lloraban otros, reian muchos y predicaban no pocos, y estaba en fin alli cada loco con su tema. Maravillado don Quixote de verlos, preguntó al moço de mulas: Amigo, ¿que casa es esta? O dime ¿por que estan aqui estos hombres presos, y algunos con tanta alegria? El moço de mulas, á quien ya habian instruido don Alvaro y el paje del Archipampano de cómo se habia de haber con él, le respondió: Señor caballero, v. m. ha de saber que todos estos que estan aqui son espias del enemigo, á los cuales habemos cogido de noche dentro de la ciudad, y los tenemos presos para castigarlos cuando nos diere gusto. Prosiguió don Quixote preguntandole: ¿Pues como estan tan alegres? Respondiole el moço: Estanlo tanto porque les han dicho que de aqui á tres dias se entrega la ciudad al enemigo, y asi la esperada vitoria y libertad les haze no sentir los trabajos presentes. Estando en esto, salió de un aposento con un caldero en la mano un moço, el cual era de los locos que iban ya cobrando un poco de juizio, y cuando oyó lo que el moço de mulas habia dicho á don Quixote, dió una grandisima risada, diziendo: Señor armado, este moço le engaña, y sepa que esta casa es la de los locos, que llaman del Nuncio, y todos los que estan en ella estan tan faltos de juizio como v. m.; y si no, aguardese un poco, y verá como bien presto le meten con ellos; que su figura y talle y el venir armado no prometen otra cosa sino que le traen engañado estos ladrones de guardianes, para echalle una muy buena cadena y dalle muy gentiles tundas hasta que tenga seso, aunque le pese, pues lo mismo han hecho conmigo. El moço le dixo que callase, que era un borracho y que mentia. En buena fe, replicó el loco, que si vos no creeis que yo digo la verdad, tambien apostaré que venis á lo mesmo que este pobre armado. Con esto don Quixote se apartó dél riendo, y se llegó bien á una de aquellas rejas, y mirando con atencion quien estaba dentro, vió á un hombre puesto en tierra en cuclillas, vestido de negro, con un bonete lleno de mugre en la cabeça, el cual tenia una gruesa cadena al pie, y en las dos manos unos sutiles grillos que le servian de esposas: estaba mirando de hito en hito al suelo, tan sin pestañear, que parecia estaba en una profundisima imaginacion, al cual como viese don Quixote, dixo: ¡Ah buen hombre! ¿que hazeis aqui? Y levantando el encarcelado con gran pausa la cabeça, y viendo á don Quixote armado de todas pieças, se fue poco á poco llegando á la reja y arrimado á ella se estaba sin hablar palabra mirandole atentisimamente, de lo cual el buen caballero estaba maravillado, y más viendo que á más de veinte preguntas que le hizo, á ninguna respondia, ni hazia otra cosa más que miralle de arriba abaxo; pero al cabo de un gran rato se puso en seco á reir con muestras de grande gusto, y luego començó á llorar amarguisimamente, diziendo: ¡Ah señor caballero, y si supieses quien soy! Sin duda os moveria á grandisima lastima, porque habeis de saber que en profesion soy teologo, en ordenes sacerdote, en filosofia Aristoteles, en medicina Galeno, en canones Ezpilcueta, en astrologia Ptolomeo, en leyes Curcio, en retorica Tulio, en poesia Homero, en musica Enfion; finalmente, en sangre noble, en valor unico, en amores raro, en armas sin segundo, y en todo el primero; soy principio de desdichados y fin de venturosos. Los medicos me persiguen porque les digo con Mantuano:

His etsi tenebras palpent, est data potestas

Excrutiandi aegros hominesque impune necandi.

Los poderosos me atormentan porque con Casaneo les digo:

Omnia sunt hominum, tenui pendentia fila,

Et subito casu quae valuere ruunt.

Los temerosos, odiosos y avaros me querrian ver abrasado porque siempre traigo en la boca:

Quatuor ista, timor, odium, dilectio, sensus,

Saepe solent hominum rectos pervertire sensus.

Los detractores no me dexan vivir porque les digo ha de restituir la fama cualquier que dice cosa que la tizna:

Imponens, augens, manifestans, in malum vertens

Qui negat aut minuit, tacuit, laudetve remisse.

Los poetas me tienen por hereje porque les digo del afecto con que leen sus versos, lo de Horacio:

Indoctum, doctumque fugat recitator acerbus,

Quem vero arripuit tenet, occiditque legendo,

Non missura cutem nisi plena cruoris hirudo.

Y con ellos me aborrecen los historiadores porque les digo:

Exit in inmensum fecunda licentia vatum,

Obligat historica nec sua verba fide.

Los soldados no pueden llevar que les anteponga las letras y les diga lo de Alciato:

Cedant arma togae, et quamvis durissima corda,

Eloquio pollens ad sua vota trahit.

Los letrados no pueden tolerar les dé en rostro, viendolos hablar en cosas de leyes tan sin guardar la de Dios, con el recato de sus predecesores sabios, que dezian:

Erubescimus dum sine lege loquimur.

Las damas me arman mil çancadillas porque publico dellas:

Sidera non tot habet coelum, nec flumina pisces

Quot scelerata gerit faemina mente dolos.

Las casadas reniegan de que haya quien diga de ellas:

Pessima res uxor, poterit tamen utilis esse

Si propere moriens det tibi quidquid habet.

Las niñas no toleran oir:

Verba puellarum foliis leviora caducis

Irritaque ut visum est ventus, et aura ferunt;

y tambien:

Ut corpus teneris, sic mens infirma puellis.

Las hermosas fisgan de oir que

Formosis levitas semper amica fuit;

Con ser verdad que de todas se puede dezir:

Quid sinet inausum faeminae praeceps furor?

Los ociosos amantes querrian se desterrase del mundo mi lengua, que les repite:

Otio si tollas periere cupidinis artes,

Contemptaeque jacent, et sine luve faces.

Los sacerdotes se avergüençan de que les repita lo que dixo Judit á los de su vieja ley: Et nunc, fratres, quoniam vos estis presbiteri in populo Dei, et ex vobis pendet anima illorum ad eloquium vestrum, corda eorum erigite. La real potencia que, como el amor, no admite compañia,

Non bene cum sociis regna venusque manet,

es tal, que se verifica bien de ella lo que dixo Ovidio en cierta epistola, respondió una reina recuestada á su galan:

Sic meus hinc vir abest ut me custodiat absens,

An nescis longas regibus esse manus?

Esas pues ¡oh valerosisimo principe! son las que me tienen aqui, porque reprendo la razon de Estado, fundada en conservacion de bienes de fortuna, á los cuales llama el Apostol estiercol con quebrantamiento de la ley de Dios, como si guardandola, de humildes principios no hubiera subido á ser David poderoso rey, y capitan invicto el gran Macabeo Judas, ó como si no supieramos que todos los reinos, naciones y provincias que con prudencia de carne y de hijos deste siglo han tratado de ensanchar los estados, los han destruido miserablemente. Proseguia el loco su tema con tan grande asombro de don Quixote, que viendo no le dexaba hablar, le dixo á gritos: Amigo sabio, yo no os conozco ni he visto en mi vida; pero hame dado tanta pena la prision de persona tan dota, que no pienso salir de aqui hasta daros la preciosa libertad aunque sea contra la voluntad del Rey y de la Infanta Burlerina su hija, que este real palacio ocupan; por tanto traedme vos, que estais con ese caldero en la mano, las llaves luego aqui deste aposento, y dexad salir libre, sano y salvo dél á este gran sabio, porque asi es mi voluntad. Luego que esto oyó el loco del caldero, començó á dezir riendo: Ea, que ciertos son los toros: á fe que habeis venido á purgar vuestros pecados en buena parte: en mala hora acá entrasteis. Y dichas estas razones, se subió la escalera arriba, y el loco clerigo dixo á don Quixote: No crea, señor, á persona desta casa; porque no hay más verdad en ninguno della que en impresion de Ginebra; pero si quiere que le diga la buena ventura en pago de la buena obra que me ha de hazer con darme la libertad que me ofrece, deme la mano por esta reja; que le diré cuanto le ha sucedido y le ha de suceder, porque sé mucho de quiromancia. Quitose don Quixote la manopla, creyendole sencillamente, y metió la mano por entre la reja; pero apenas lo hubo hecho, cuando sobreviniendole al loco una repentina furia, le dió tres ó cuatro bocados crueles en ella, asiendole á la postre el dedo pulgar con los dientes, de suerte que faltó harto poco para cortasele á cercen. Començó con el dolor á dar vozes, á las cuales acudieron el moço de mulas y otros tres ó cuatro de la casa, y tiraron dél tan recio, que hizieron que el loco le soltase, quedandose riendo muy á su placer en la gavia. Don Quixote en sentirse herido y suelto se hizo un poco afuera, y metiendo mano á su espada dixo: Yo te juro ¡oh falso encantador! que si no fuera porque es mengua mia poner manos en semejante gente cual vosotros sois, que me tomara bien presto vengança de tamaño atrevimiento y locura. A esta razon baxaron con el paje del Archipampano cinco ó seis de los que tenian cuenta de la casa; y como vieron á don Quixote con la espada en la mano, y que le corria mucha sangre della, sospechando lo que podia ser, se llegaron á él diziendole: No muera más gente señor caballero armado. Tras lo cual uno le asió de la espada, y otros de los braços, y los demas començaron á desarmarle, haziendo él toda la resistencia que podia; pero aprovechole poco; con que en breve rato le metieron en uno de aquellos aposentos muy bien atado, do habia una limpia cama con su servicio; y estando algo sosegado, despues de haberle encomendado el paje del Archipampano á los mayordomos de la casa con notables veras, y dicholes su especie de locura, y las calidades de su persona, y de donde y quien era, habiendoles dado para más obligarles alguna cantidad de reales, le dixo á don Quixote: Señor Martin Quijada, en parte está v. m. adonde miraran por su salud y persona con el cuidado y caridad posible; y advierta que á esta casa llegan otros tan buenos como v. m., y tan enfermos de su proprio mal, y quiere Dios que en breves dias salgan curados y con el juizio entero que al entrar les faltaba: lo mismo confio será de v. m., como vuelva sobre sí y olvide las leturas y quimeras de los vanos libros de caballerias que á tal extremo le han reducido; mire por su alma, y reconozca la merced que Dios le ha hecho en no permitir muriese por esos caminos á manos de las desastradas ocasiones en que sus locuras le han puesto tantas vezes. Dicho esto, se salió, y fue con los criados de don Alvaro á la posada en que estaba, á quien dió cuenta de todo, como hizo al Archipampano, vuelto á la corte. Detuvose don Alvaro algunos dias en Toledo, y aun visitó y regaló á don Quixote, y le procuró sosegar cuanto le fue posible, y obligó con no pocas dadivas á que hiciesen lo mesmo á los sobrestantes de la casa, y encomendó cuanto le fue posible á los amigos graves que tenia en Toledo el mirar por aquel enfermo, pues en ello harian grandisimo servicio á Dios, y á él particularisima merced; tras lo cual dió la vuelta felizmente á su patria y casa.

Estas relaciones se han podido solo recoger, con no poco trabajo, de los archivos manchegos, acerca de la tercera salida de don Quixote, tan verdades ellas, como las que recogió el autor de las primeras partes que andan impresas. Lo que toca al fin de esta prision y de su vida, y de los trabajos que hasta que llegó á él tuvo, no se sabe de cierto; pero barruntos hay, y tradiciones de viejisimos manchegos, de que sanó y salió de dicha casa del Nuncio; y pasando por la corte, vió á Sancho, el cual, como estaba en prosperidad, le dió algunos dineros para que se volviese á su tierra, viendole ya al parecer asentado; y lo mismo hizieron el Archipampano y el principe Perianeo, para que mercase alguna cabalgadura, con fin de que se fuese con más comodidad; porque Rocinante dexolo don Alvaro en la casa del Nuncio, en servicio de la cual acabó sus honrados dias, por más que otros digan lo contrario. Pero como tarde la locura se cura, dizen que en saliendo de la corte, volvió á su tema, y que comprando otro mejor caballo, se fue la vuelta de Castilla la Vieja, en la cual le sucedieron estupendas y jamas oidas aventuras, llevando por escudero á una moça de soldada que halló junto á Torre de Lodones, vestida de hombre, la cual iba huyendo de su amo porque en su casa se hizo ó la hizieron preñada sin pensarlo ella, si bien no sin dar cumplida causa para ello; y con el temor se iba por el mundo. Llevola el buen caballero sin saber que fuese muger, hasta que vino á parir en medio de un camino, en presencia suya, dexandole sumamente maravillado el parto, y haziendo grandisimas quimeras sobre él: la encomendó, hasta que volviese, á un mesonero de Valdestillas; y él sin escudero pasó por Salamanca, Avila y Valladolid, llamandose el Caballero de los Trabajos, los cuales no faltará mejor pluma que los celebre.

AQUI DA FIN LA SEGUNDA PARTE
DE LA HISTORIA DEL INGENIOSO HIDALGO
DON QUIXOTE DE LA MANCHA


TABLA
DE LOS
CAPÍTULOS DEL PRESENTE LIBRO


QUINTA PARTE DEL INGENIOSO
HIDALGO DON QUIXOTE DE LA MANCHA Y DE SU
TERCERA SALIDA EN PROSECUCION DE SU
ANDANTESCA CABALLERIA

[CAPITVLO Primero], de como don Quixote de la Mancha volvió á sus desvanecimientos de caballero andante, y de la venida á su lugar del Argamesilla ciertos caballeros granadinos.[8]
[Capitulo segundo], de las razones que pasaron entre don Alvaro Tarfe y don Quixote sobre cena, y como le descubre los amores que tiene con Dulcinea del Toboso, comunicandole dos cartas ridiculas: por todo lo cual el caballero cae en la cuenta de lo que es don Quixote.[15]
[Capitulo tercero], de como el Cura y don Quixote se despidieron de aquellos caballeros, y de lo que á él le sucedió con Sancho Pança despues de ellos idos.[25]
[Capitulo cuarto], como don Quixote de la Mancha y Sancho Pança su escudero salieron tercera vez del Argamesilla, de noche; y de lo que en el camino desta tercera y famosa salida les sucedió.[31]
[Capitulo quinto], de la repentina pendencia que á nuestro don Quixote se le ofrecio con el huesped al salir de la venta.[41]
[Capitulo sexto], de la no menos estraña que peligrosa batalla que nuestro caballero tuvo con un guarda de un melonar, que él pensaba ser Roldan el Furioso.[45]
[Capitulo setimo], como don Quixote y Sancho Pança llegaron á Ateca, y como un caritativo clerigo llamado Mosen Valentin los recogió en su casa, haziendoles todo buen acogimiento.[54]
[Capitulo octavo], de como el buen hidalgo don Quixote llegó á la ciudad de Çaragoça, y de la estraña aventura que á la entrada della le sucedió con un hombre que llevaban açotando.[62]
[Capitulo nono], de como don Quixote, por una estraña aventura, fué libre de la carcel y de la vergüença á que estaba condenado.[69]
[Capitulo dezimo], como don Alvaro Tarfe convidó ciertos amigos suyos á comer para dar con ellos orden que libreas habian de sacar en la sortija.[73]
[Capitulo undezimo], de como don Alvaro Tarfe y otros caballeros çaragoçanos y granadinos jugaron la sortija en la calle del Coso, y de lo que en ella sucedió á don Quixote.[79]
[Capitulo duodezimo], como don Quixote y don Alvaro Tarfe fueron convidados á cenar con el juez que en la sortija les convidó, y de la estraña y jamas pensada aventura que en la sala se ofreció aquella noche á nuestro valeroso hidalgo.[89]

SEXTA PARTE DEL INGENIOSO
HIDALGO DON QUIXOTE DE LA MANCHA

[Capitulo treze], como don Quixote salió de Çaragoça para ir á la corte del rey Catolico de España á hazer la batalla con el rey de Chipre.[99]
[Capitulo catorze], de la repentina pendencia que tuvo Sancho Pança con un soldado que, de vuelta de Flandes, iba destroçado á Castilla en compañia de un pobre ermitaño.[108]
[Capitulo quinze], en que el soldado Antonio de Bracamonte da principio á su cuento del Rico desesperado.[116]
[Capitulo deciseys], en que Bracamonte da fin al cuento del Rico desesperado.[127]
[Capitulo decisiete], en que el ermitaño da principio á su cuento de los Felizes Amantes.[135]
[Capitulo deciocho], en que el ermitaño cuenta la baxa que dieron los Felizes Amantes en Lisboa por la poca moderacion que tuvieron en su trato.[146]
[Capitulo decinueve], del suceso que tuvieron los Felizes Amantes hasta llegar á su amada patria.[153]
[Capitulo veynte], en que se da fin al cuento de los Felizes Amantes.[163]
[Capitulo veyntiuno], de como los canonigos y jurados se despidieron de don Quixote y su compañia, y de lo que á él y á Sancho les pasó con ella.[169]
[Capitulo veyntidos], como prosiguiendo su camino don Quixote con toda su compañia, toparon una estraña y peligrosa aventura en un bosque, la cual Sancho quiso ir á probar como buen escudero.[174]
[Capitulo veyntitres], en que Barbara da cuenta de su vida á don Quixote y sus compañeros hasta el lugar, y de lo que les sucedió desde que entraron hasta que salieron dél.[182]
[Capitulo veynticuatro], de como don Quixote, Barbara y Sancho llegaron á Sigüença, y de los sucesos que alli todos tuvieron, particularmente Sancho que se vió apretado en la carcel.[190]

SEPTIMA PARTE DEL INGENIOSO
HIDALGO DON QUIXOTE DE LA MANCHA

[Capitulo veynticinco], de como al salir nuestro caballero de Sigüença encontro con dos estudiantes, y de las graciosas cosas que con ellos pasaron hasta Alcala.[203]
[Capitulo veyntiseys], de las graciosas cosas que pasaron entre don Quixote y una compañia de representantes, con quien se encontró en una venta cerca de Alcala.[211]
[Capitulo veyntisiete], donde se prosiguen los sucesos de don Quixote con los representantes.[222]
[Capitulo veyntiocho], de como don Quixote y su compañia llegaron á Alcala, do fue libre de la muerte por un estraño caso, y del peligro en que alli se vió por querer probar una peligrosa aventura.[231]
[Capitulo veyntinueve], como el valeroso don Quixote llegó á Madrid con Sancho y Barbara y de lo que á la entrada le sucedió con un titular.[242]
[Capitulo treynta], de la peligrosa y dudosa batalla que nuestro caballero tuvo con un paje del titular y un alguazil.[247]
[Capitulo treynta y uno], de lo que le sucedió á nuestro invencible caballero en casa del titular y de la llegada que hizo en ella su cuñado don Carlos en compañia de don Alvaro Tarfe.[252]
[Capitulo treynta y dos], en que se prosiguen las graciosas demostraciones que nuestro hidalgo don Quixote y su fidelisimo escudero Sancho hizieron de su valor en la corte.[260]
[Capitulo treynta y tres], en que se continuan las hazañas de nuestro don Quixote, y la batalla que su animoso Sancho tuvo con el escudero negro del rey de Chipre, y juntamente la visita que Barbara hizo al Archipampano.[268]
[Capitulo treynta y cuatro], del fin que tuvo la batalla aplaçada entre don Quixote y Bramidan de Tajayunque, rey de Chipre, y de como Barbara fue recogida en las arrepentidas.[277]
[Capitulo treynta y cinco], de las razones que entre don Carlos y Sancho Pança corrieron acerca de que él se queria volver á su tierra ó escribir una carta á su muger.[285]
[Capitulo treynta y seis y ultimo], de como nuestro buen caballero don Quixote de la Mancha fue llevado á Toledo por don Alvaro Tarfe, y puesto alli en prisiones en la casa del Nuncio, para que se procurase su cura.[293]

LAUS DEO


NOTAS

[1] Tanto en la edición de Tarragona como en la hecha en Madrid en 1732 se lee aludio.

[2] En la primera edición, hierros.

[3] El primer volumen del Quijote de Cervantes, se publicó dividido en cuatro partes, de extensión muy desigual. Estas divisiones desaparecieron cuando estuvo la obra completa. Avellaneda se ajusta al plan primitivo de Cervantes y divide el libro en tres partes.

[4] En la edición de 1614 y en la de 1732 dice Mazas.

[5] Falta el verbo hacía, ú otro análogo.

[6] En la primera edición: haze las cosas pequeñas que las grandes. Lo mismo se lee en la edición de 1732.

[7] Endrigos en la primera edición.

[8] En la edición de Tarragona, Pueblo.

[9] En la edición de Tarragona, Catalina.

[10] Quiero, en la primera edición, pero es evidente errata.

[11] Dixo, por errata, en la primera edición.

[12] Falta el si en la primera edición.

[13] Iremos en la edición original, pero es errata evidente.

[14] En la edición primera falta la preposición de.

[15] En la primera edición, por judiciales.

[16] Probablemente debe leerse el lugar en vez de mi lugar.

[17] Quitaba, dice, por errata, la primera edición.

[18] En la primera edición dice, por errata, huerto.

[19] Falta el más en la primera edición.

[20] En la primera edición dice porcia.

[21] Falta el verbo merecía, ú otro análogo.

[22] Estos cuatro versos de romance están escritos como prosa en la edición original.

[23] Como prosa, en el original.

[24] Así en la edición original. Pero creemos que debe leerse rasguño.

[25] Falta el sujeto de esta oración, que es «el representante.»

[26] Sangre, en la primera edición.


Nota de transcripción