PROLOGO
Como casi es comedia la historia de Don Quixote de la Mancha, no puede ni debe ir sin prologo; y asi sale al principio desta segunda parte de sus hazañas este, menos cacareado y agresor de sus lectores que el que á su primera parte puso Miguel de Cervantes Saavedra y más humilde que el que segundó en sus novelas, más satíricas que exemplares, si bien no poco ingeniosas. No le pareceran á él lo son las razones desta historia, que se prosigue con la autoridad que él la començó, y con la copia de fieles relaciones que á su mano llegaron (y digo mano, pues confiesa de sí que tiene sola una; y hablando tanto de todos, hemos de dezir del que, como soldado tan viejo en años cuanto moço en brios, tiene más lengua que manos) pero quexese de mi trabajo por la ganancia que le quito de su segunda parte; pues no podrá, por lo menos, dexar de confesar tenemos ambos un fin, que es desterrar la perniciosa licion de los vanos libros de caballerias, tan ordinaria en gente rustica y ociosa; si bien en los medios diferenciamos; pues él tomó por tales el ofender á mí; y particularmente á quien tan justamente celebran las naciones más extrangeras, y la nuestra debe tanto, por haber entretenido honestisima y fecundamente tantos años los teatros de España con estupendas é inumerables comedias, con el rigor del arte que pide el mundo, y con la seguridad y limpieza que de un ministro del Santo Ofizio se debe esperar.
No solo he tomado por medio entremesar la presente comedia con las simplicidades de Sancho Pança, huyendo de ofender á nadie ni de hazer ostentacion de sinonomos voluntarios, si bien supiera hazer lo segundo, y mal lo primero; solo digo que nadie se espante de que salga de diferente autor esta segunda parte, pues no es nuevo el proseguir una historia diferentes sugetos. ¿Cuantos han hablado de los amores de Angelica y de sus sucesos? Las Arcadias, diferentes las han escrito, la Diana no es toda de una mano. Y pues Miguel de Cervantes es ya de viejo como el castillo de San Cervantes, y por los años tan mal contentadizo, que todo y todos le enfadan, y por ello está tan falto de amigos, que cuando quisiera adornar sus libros con sonetos campanudos, habia de ahijarlos (como él dize) al Preste Juan de las Indias ó al emperador de Trapisonda, por no hallar titulo quiças en España que no se ofendiera de que tomara su nombre en la boca, con permitir tantos vayan los suyos en los principios de los libros del autor de quien murmura, y plegue á Dios aun dexe, ahora que se ha acogido á la Iglesia y sagrado: Contentese con su Galatea y comedias en prosa; que eso son las más de sus novelas: no nos canse. Santo Thomas, en la 2, 2, q. 36, enseña que la invidia es tristeza del bien y aumento ageno, dotrina que la tomó de san Juan Damasceno: á este vicio da por hijos S. Gregorio, en el libr. 31, capit. 31 de la exposicion moral que hizo á la historia del santo Job, al odio,[1] susurracion y detraccion del proximo, gozo de sus pesares, y pesar de sus buenas dichas; y bien se llama este pecado invidia a non videndo, quia invidus non potest videre bona aliorum: efectos todos tan infernales como su causa, tan contrarios á los de la caridad cristiana, de quien dixo san Pablo, I. Corint., 13. Charitas patiens est, benigna est, non emulatur, non agit perperam, non inflatur, non est ambitiosa, congaudet veritati, etc. Pero disculpa los yerros[2] de su Primera Parte, en esta materia, el haberse escrito entre los de una carcel; y asi no pudo dexar de salir tiznada dellos, ni salir menos que quexosa, murmuradora, impaciente y colerica, cual lo estan los encarcelados. En algo diferencia esta parte, de la primera suya; porque tengo opuesto humor tambien al suyo; y en materia de opiniones en cosas de historia, y tan autentica como esta, cada cual puede echar por donde le pareciere; y más dando para ello tan dilatado campo la cafila de los papeles que para componerla he leido, que son tantos como los que he dexado de leer.
No me murmure nadie de que se permitan impresiones de semejantes libros, pues este no enseña á ser deshonesto, sino á no ser loco; y permitiendose tantas Celestinas, que ya andan madre y hija por las plaças, bien se puede permitir por los campos un Don Quixote y un Sancho Pança, á quienes jamas se les conoció vicio; antes bien buenos deseos de desagraviar huerfanas y deshazer tuertos, etc.
DE PERO FERNANDEZ
SONETO
Maguer que las mas altas fechorias
homes requieren doctos e sesudos,
e yo soy el menguado entre los rudos,
de buen talante escribo á mas porfias.
Puesto que habia una sin fin de dias
que la fama escondia en libros mudos
los fechos mas sin tino y cabeçudos
que se han visto de Illescas hasta Olias;
yo vos endono, nobles leyenderos,
las segundas sandeces sin medida
del manchego fidalgo Don Quixote,
para que escarmenteis en sus aceros;
que el que correr quisiere tan al trote,
non puede haber mejor solaz de vida.
QUINTA PARTE DEL INGENIOSO
HIDALGO DON QUIXOTE DE LA MANCHA
Y DE SU ANDANTESCA
CABALLERIA[3]