DISCURSO SOBRE EL USO DE LA LOGICA EN LA RELIGION.
[1] El Chanciller BACON DE VERULAMIO decia, que la poca Filosofía natural inclina á los hombres al ateismo, pero la ciencia mas elevada los lleva á la Religion. Añade, que los siglos eruditos, especialmente si se goza de la paz y de las cosas prósperas, suelen ser causa del ateismo, porque las tribulaciones y adversidades llevan con mas fuerza los ánimos de los hombres á la Religion[a]. Lo que este Escritor dice de la Filosofía natural, se verifica tambien en la Lógica, Metafísica, y demas partes de la Filosofía, porque por experiencia se ve, que los grandes Filósofos, si han tenido la fortuna de ser educados en la verdadera Religion, son los mas pios: los que con poca Filosofía quieren hablar de todo, como si todo lo entendiesen, dado que no caygan en el ateismo, casi siempre son de poca piedad. Es cierto, que los siglos eruditos engendran una casta de semisabios, que introduciéndose en lo mas íntimo de la Religion sin el estudio, é inteligencia competente, quieren dar su voto, y aun reglas para gobernar lo mas sacrosanto de ella. Su instruccion consiste en unos libritos escritos con estilo brillante, con agudeza, y con pasages de erudicion antigua que los sorprenden, y faltándoles los fundamentos científicos se dexan llevar de vanas apariencias. Estos libritos convencen el entendimiento de los sabios aparentes, y les ganan el ánimo, porque con estos atractivos les ganan el gusto, con lo que facilmente son llevados á estimarlos y á seguirlos. Mr. de VOLTAIRE, ROSEAU, L'AMETRIE, HELVETIUS, y otros tales son testimonios calificados de lo que proponemos. Como estoy persuadido, que estos sectarios, y otros del tiempo presente persiguen la Religion Christiana con mala Lógica, quiero mostrar primero, que segun la buena Lógica es preciso admitir la revelacion, como que todas las luces del entendimiento humano, ya naturales, ya adquiridas, le dictan, que hay verdades de orden superior á quanto se puede alcanzar con la Lógica natural, y artificial mas perfecta, las quales se contienen en la revelacion: despues intento hacer ver, que los principales argumentos con que combaten la revelacion son sofismas muy distantes de la buena Lógica. No es mi ánimo tratar esta materia, como lo hiciera un Teólogo, dándole toda la extension que ella pide, así porque no es de mi instituto, como porque entre tantos, y tan insignes Teólogos como tiene nuestra España, espero no ha de faltar alguno que dé á conocer á nuestras gentes los engaños, falta de fundamentos, y mala voluntad, con que los sobredichos sectarios intentan introducir sus errores por todo el Orbe Christiano: me ceñiré solo á mostrar la mala Lógica de que usan, y al mismo tiempo daré un exemplo práctico de las reglas que he propuesto en este escrito. Evitaré los sylogismos, porque qualquiera se los podrá formar facilmente.
[Nota a: Verum est tamen parùm Philosophiae naturalis homines inclinare in atheismum; at altiorem scientiam eos ad Religionem circumagere … postremò ponuntur (inter causas) saecula erudita, praesertim cum pace & rebus prosperis conjuncta: etenim calamitates & adversa animos hominum ad Religionem fortius flectent. Verulamius sermones fideles, §. 16. pag. 1165. edicion de Lipsia del año de 1694.]
[2] Por revelacion entiendo la voz de Dios comunicada por sí misma á los hombres. Dos son las luces que Dios ha dado al hombre: la una natural, la otra sobrenatural. Natural es la que exercita el entendimiento por sus propias fuerzas, con la qual adquiere las verdades de las Artes y Ciencias humanas: y esta misma es la que hemos manifestado en esta Lógica, mostrando los caminos por donde ha de andar para proceder con acierto. Luz sobrenatural es la que no pudiéndose alcanzar con las fuerzas propias del entendimiento, se logra por la voz de Dios, que se ha dignado hablar por sí mismo á los hombres para instruirlos en lo que concierne á su completa y verdadera felicidad. Las verdades de la luz natural en gran parte se hallan entre los Filósofos (bien que si se mira con cuidado es mucho mas lo que ignoran que lo que saben) que se han dedicado con el estudio á ilustrar el fondo que hay en la naturaleza. Las verdades sobrenaturales están incluidas en las Sagradas Escrituras, así del Viejo, como del Nuevo Testamento, y en las tradiciones de los Apóstoles propagadas hasta nosotros. La Iglesia Católica solamente es la fiel depositaria de las verdades reveladas; y las divinas Letras junto con las tradiciones Apostólicas no se han de recibir por otro conducto, estando hoy demostrado con tanta claridad como las proposiciones de la Geometría, que solo la Iglesia Católica es la verdadera Iglesia de Jesu-Christo, y que á ella sola pertenece manifestar las verdades sobrenaturales reveladas. Así como contra la buena Lógica hay sofistas, y embrolladores que la corrompen, lo mismo sucede en la Religion verdadera. Unos manteniendo el ser fundamental de ella, la vician y destruyen en sus partes. Así lo hacen los hereges, que, sin negar el adorable nombre de Jesu-Christo, no se conforman en algunos artículos con la Iglesia Católica, en quien este Divino Legislador depositó su doctrina. Otros, como quien corta el arbol por el tronco, ó le arranca de raiz, niegan de todo punto la Religion Christiana, porque niegan la Fe á las santas Escrituras y á las tradiciones Apostólicas. Los Socinianos, Ateistas, Deistas, Materialistas, Naturalistas, y otros sectarios de esta naturaleza, que hoy cunden mucho, pertenecen á esta clase. Los Padres antiguos, unos con escritos polémicos, otros con apologías rechazaron eficacísimamente esta casta de enemigos del nombre Christiano, puesto que ya entonces los habia como ahora, y no hacen los del tiempo presente otra cosa que renovar los errores envejecidos y olvidados; y siendo tanta la abundancia de escritos con que los Padres, y Doctores de la Iglesia han impugnado á toda suerte de sectarios, sería del caso que algun Teólogo, valiéndose de ellos, y adornando sus máxîmas con los atractivos del siglo presente, los publicase, para que viese todo el mundo que estos modernos quieren lucirse entre los incautos con pensamientos viejos, rechazados con invencibles argumentos. Los hombres son tales, que aun la doctrina mas sólida no la reciben si no les da gusto, y por eso conviene de tiempo en tiempo vestirla con los adornos del siglo, pues que de ellos solos gustan los que no aman la verdad por ella misma, sino por los atractivos con que anda vestida. El exemplo de SANTO THOMAS, que lo hizo así, puede ser norma á todo Teólogo.
[3] En nuestros tiempos no han faltado escritores excelentes que han demostrado las verdades de la Religion Christiana, probando la necesidad de la revelacion, y satisfaciendo plenamente los argumentos que contra ella proponen los Sectarios. PEDRO DANIEL HUECIO, Obispo de Avranches, BOSUET, Obispo de Meaux, BELARMINO, PETAVIO, NATAL ALEXANDRO, y algunos otros han ilustrado admirablemente este asunto. Entre nuestros Españoles hay muchos, y muy buenos que han tratado estas materias. Es singular por la doctrina, y por la fuerza de argumentos filosóficos, de que usa para defender la Fe Christiana de las impugnaciones de los sectarios, el tratado de nuestro LUIS VIVES de Veritate fidei christianae, dividido en cinco libros preciosísimos, pues en ellos comprehendió en la substancia quanto en este género han dicho los posteriores. ALFONSO DE CASTRO es otro Español, que con el motivo de tratar de las heregías, impugna toda suerte de errores, aun los de los sectarios presentes, que como he dicho son antiguos, con muy apreciables fundamentos. Estos dos Escritores se diferencian en el modo de escribir de esta manera. CASTRO convence su asunto con argumentos Teológico-Dogmáticos: VIVES, al paso que se vale de las Sagradas Escrituras, y doctrina de los Padres, se aprovecha tambien de la erudicion filosófica con una crisis exâctísima.
[4] Sentados estos presupuestos voy á mostrar por la Lógica la necesidad de la revelacion. Dos suertes de conocimientos tiene el hombre para alcanzar las cosas: uno por los sentidos: otro por la razon. Conocemos á Dios por los sentidos de esta manera: vemos que en todo lo corporeo que se presenta á ellos no hay cosa ninguna que exîsta por sí sin venir de otra, de modo que á la que de nuevo exîste llamamos efecto, y á aquella de donde este dimana, llamamos causa. De esta observacion sensible, perpetua é invariable, nace la verdad fundamental del juicio: no hay efecto sin causa, ó lo que es lo mismo, todo efecto supone causa. Como el todo encierra todas sus partes, de manera que no es el todo otra cosa que el conjunto de todas ellas, de ahí nace otra proposicion del juicio: el mundo tiene su causa, porque no es el mundo otra cosa que el conjunto de todas las partes que le componen. Como por los sentidos se alcanza que todo lo corporeo viene de causas corporeas, y el juicio no puede admitir ningun infinito, porque es superior, y opuesto á su capacidad; de aquí deduce muy bien, que no pudiendo ser infinita la serie de las causas corporeas, es preciso que la causa del mundo no sea corporea, y por consiguiente sea puro espíritu, puesto que se da este nombre á la substancia activa, que en su ser no contenga nada de material y corporeo. Los hombres de ahora nacen de otros hombres: los trigos de otros trigos: y así de las demas cosas naturales que se engendran y destruyen. Si un hombre no engendrase á otro, ó una semilla no produxese otra, se acabaría la propagacion. Subiendo, pues, de siglo en siglo hasta el origen, y viendo que nunca una cosa ha nacido de sí misma, es preciso llegar á la primera, la qual haya sido producida de otro Ser, y este es Dios, Hacedor de todas las cosas. Así llega el entendimiento por grados á conocer la causa del mundo y á su Criador; y así como en la produccion de las partes del Universo anda de causa en causa, buscando las que son origen de las partes que le componen, quando llega á la causa del mundo entero, descansa, y se para, como quien está satisfecho de haber encontrado el último término de sus conocimientos. Esta Causa del mundo, que le ha hecho de la nada, es la que llamaron los Griegos Theos, los Latinos Deus, nosotros Dios.
[5] Por la razon alcanzamos á Dios de esta manera. El entendimiento en todos sus conocimientos busca la verdad: ninguna verdad de este mundo, por muchas que recoja, le llega á satisfacer, porque queda siempre con deseos y ahinco de averiguar mas verdades. Esta inclinacion, que no puede saciarse en este mundo, le hace entender que hay una Verdad suprema, por la qual suspira, y con la qual sola se puede satisfacer. Esta Verdad es Dios. Conoce el hombre el bien, va en busca de él, y todos los bienes de este mundo no pueden llenar sus deseos: de aquí infiere que hay un Bien sumo distinto de este mundo, que en sí encierra todos los bienes, que á este se enderezan sus inclinaciones, y que en su posesion consiste su felicidad, pues que en ella consiste el poseer todos los bienes que apetece. Este sumo Bien es Dios. Tiene el hombre dentro de sí mismo las nociones de lo justo, é injusto, con estímulos de seguir lo justo, y con remordimientos y temores de algun daño, si sigue lo injusto. Como en este mundo halla mil estorbos para la justicia, naturalmente infiere que hay un Autor de la Justicia universal para llenar los deseos de lo justo, que el hombre tiene. El Autor de la Justicia universal es Dios. Por la recta razon conocen los hombres que lo justo es digno de premio, y así todos los justos lo solicitan: que lo injusto es digno de castigo: y los injustos, aunque se huyan y escondan, sienten interiormente remordimientos, que los acusan y convencen ser merecedores de pena. De aquí nace la obligacion que cada uno conoce tener á seguir lo justo; y no habiendo en este mundo premios, ni castigos suficientes, que sirvan á contentar al justo, y enmendar al injusto, deduce el entendimiento que ha de haber precisamente un Juez Supremo, dueño de todos los premios debidos á la justicia y dispensador de todas las penas que á la injusticia le corresponden, y este Juez es Dios. Hasta aquí camina el hombre con las luces naturales, y conoce á Dios, sin que en esto puedan tener excusa alguna los Ateistas; pues, ó han de negar su propio sér, ó han des confesar que todas estas verdades están dentro de sí mismos; y fomentadas por una buena Lógica toman mas vigor, y se radican con mas fundamento.
[6] Pero quán poco es todo esto si el hombre no estuviese ayudado de la revelacion! El entendimiento conoce la suprema Verdad, el sumo Bien, la soberana Justicia; mas deseando penetrar su sér íntimo, y sintiéndose movido á buscarle, amarle, y adorarle, le faltan para esto luces naturales, y lo suple todo cumplidamente con las reveladas. Así que decia el Apostol, que los Filósofos Gentiles conocieron á Dios; pero ni le reverenciaron, ni dieron gracias como era debido, porque se gobernaron solo por sus luces naturales, que no alcanzan á conocer íntimamente la Divinidad, ni á venerarla como corresponde á su grandeza. Hay que considerar cierta relacion ó respeto entre Dios y el hombre. Dios es causa, el hombre efecto: Dios es el sumo Bien, el hombre desea gozar este complemento de todos los bienes: Dios es la suprema Verdad, el hombre está en continuos deseos de alcanzarla: Dios es la soberana Justicia, el hombre se siente incitado á seguirla. Por la justicia es preciso que el hombre reciba de Dios las leyes por la verdad el conocimiento recto: por el bien su felicidad: por el poder de causa su sér y subsistencia.
[7] Es preciso, pues, que haya cierta relacion y respeto entre Dios y el hombre, de manera, que este ha de conseguir sus bien fundados deseos con la posesion de Dios, porque así poseerá todo lo que apetece; y Dios le dá al hombre el conocimiento que necesita para ir ácia él, y le mueve la voluntad; y como todos los conocimientos, que para estos fines se requieren, no puedan tenerse por la luz natural del entendimiento, ya porque esta no excede ciertos límites, ya tambien porque en saliendo de ellos para las demas averiguaciones que necesita, facilmente cae en el error, por eso es preciso que las luces naturales las fortalezca con las de la revelacion. Los estímulos con que se siente el hombre movido á buscar á Dios, si solo se gobernasen por la luz natural de la razon, le llevarian á Dios del modo que estas luces le llevan al amor de las criaturas; pero como sea preciso que el amor de Dios sea mas puro, mas perfecto, y como que no se endereza á cosa caduca, sino á la posesion de un bien inmenso, lo qual descubre con toda certeza la revelacion; por eso es esta precisa para ilustrar el entendimiento, y subministrarle las luces que le faltan.
[8] Alcanza el hombre por la razon bien gobernada algunas verdades en este mundo, que si bien se mira, demas de ser pocas, son imperfectas, porque sobre una misma materia le quedan innumerables que alcanzar. Estas luces, hechas á descubrir verdades mundanas, ¿cómo han de ser suficientes para percibir la Verdad soberana, perfectísima, complemento de todas las verdades, y sola capaz de dexar satisfecho el entendimiento? Esta misma eterna Verdad, comunicada á los hombres, es la que puede instruirlos con luces sobrenaturales de lo que ella es, y cómo ha de buscarse. Con las luces naturales conoce el hombre lo justo de este mundo, y los bienes que en él se hallan; pero para conocer la suma Justicia, sin mezcla de injusticia ninguna, y entender el Sumo Bien, sin que se pueda confundir con los bienes falsos y aparentes, es necesaria la luz de las verdades reveladas. En conclusion todos los conocimientos específicos del hombre para conocer á Dios como Criador, amarle como sumo Bien, seguirle como soberana Justicia, entenderle como Verdad suprema, adorarle como Dueño de todas las criaturas, y lleno de infinitas perfecciones, si se fían solo á la luz natural, son mundanos, imperfectos, con mezcla de sensibles, expuestos á las preocupaciones y toda suerte de errores, que hemos notado en esta Lógica; y así se ve que los sectarios que han querido fiarse de estas luces naturales, con una verdad han mezclado mil falsedades y desvíos.
[9] La revelacion unida con la razon es la que da reglas y máxîmas indefectibles, para que en este asunto gobierne el hombre sus conocimientos con acierto. Si llegásemos á entender, que en tierras muy distantes de las nuestras habia un Príncipe que tuviese virtudes muy superiores á las de otros, tesoros de inestimable valor comunicables á qualquiera que le buscase, y poseyese un Reyno felicísimo en todo para sus habitadores, nos vendrian deseos de vivir con él para ser poseedores de tantos bienes. Pero para ir á buscarle ¿nos fiaríamos de las luces comunes, capaces de ser inciertas, ó en sí mismas, ó por los conductos por donde nos venian? Cierto es que no; antes bien procuraríamos asegurarnos por relaciones firmes, comunicadas por medios ciertos, y que dimanasen de la misma voz del Príncipe, con la qual quedásemos asegurados de sus promesas. Quien haga reflexîon sobre la flaqueza del entendimiento humano, lo poco que se sabe, y lo mucho que se ignora, la facilidad con que caemos en el error: los extravíos á que venimos por los sentidos, por la imaginacion, por el ingenio, por los falsos raciocinios, por la precipitacion del juicio, por falta de método, cosas todas que cada uno de nosotros tiene cada dia ocasion de experimentar en sí mismo, será preciso que confiese, que las luces naturales del hombre no le subministran noticias bastante seguras, fieles y constantes para llevarle al supremo Príncipe de todo lo criado; para lo qual las noticias que él se ha dignado dar de sí mismo por medio de la revelacion, hacen la total certeza con que se ha de caminar á buscarle.
[10] Considerémos las miserias del hombre y el fin á que es criado. Por los sentidos comprehendemos, que no hay animal mas lleno de desdichas y trabajos. Nace desnudo entre la basura y la inmundicia: llora, gime, siente calor y frio, dolores é incomodidades acabado de nacer: si los padres no le cuidasen se moriria de hambre, porque por sí no se puede buscar el alimento. Al paso que va creciendo con la edad, va padeciendo innumerables enfermedades, continuos sobresaltos, incomodidades sin límites, de suerte que los bienes físicos que llega á gozar son pocos, los males innumerables, no debiéndose tener por feliz por la posesion de algunos bienes mundanos, sino por el apartamiento de muchos males. Mirando al hombre por la razon natural, y exâminando por ella su ánimo, hallamos, que como fin de todos sus conocimientos y deseos, busca su felicidad, su bien estar, su sosiego, su complacencia, y entero contentamiento. No hay ninguno, si quiere confesar lo que pasa dentro de sí mismo, que no conozca que no es criado para un mundo donde es imposible que logre el fin á que aspira. El nuevo estado donde el hombre ha de vivir sin temor á la muerte, gozando del sumo Bien por quien suspira, entendiendo la suprema Verdad que busca, poseyendo una justicia perfectísima, y logrando un contento y satisfaccion, puros, capaces de llenar sus bien fundados deseos, solo se alcanza por la revelacion, que nos descubre los inefables bienes y el complemento de todas las felicidades, que Dios tiene preparadas á los Justos en su Reyno. Los Filósofos Gentiles cultivaron mucho la razon natural: alcanzaron por ella algunas verdades concernientes á los usos de este mundo: conocian que esta habitacion de la tierra no llenaba el fin á que eran nacidos, y á que les empujaba su propia naturaleza. Pero qué errores no mezclaron con esto? Quien quiera que los lea en sí mismos, conocerá que son mas sin comparacion los desvaríos que los aciertos. Faltóles la luz divina de la revelacion, con la qual pudieran haber disipado todos sus errores y tinieblas.
[11] Hemos visto en el primer punto de este Discurso, que la razon alcanza un Sér infinito inmaterial, Hacedor de todas las cosas, Verdad eterna, Bien sumo, Justicia inefable, centro de nuestra felicidad, y complemento de todos los bienes: tambien hemos visto, que segun es la razon humana fragil, endeble, propensa al engaño, movible por las pasiones, arrebatada de los apetitos, obscurecida por la ignorancia, trastrocada por las preocupaciones, engañada de los sofismas, de los sentidos, de la imaginacion, del ingenio, y de otras mil maneras sujeta al error y á las equivocaciones, no es de suyo suficiente para conocer á Dios, amarle, adorarle, invocarle, como conviene á su ser, grandeza, y perfecciones, y como es necesario para, en virtud de sus promesas, poseerle y gozarle, y que para esto son necesarias las luces de la revelacion. Puesta esta necesidad, queremos mostrar, que la voz de Dios por la revelacion se halla en las Santas Escrituras del Viejo y Nuevo Testamento, contra los Sectarios modernos, que el primer paso que dan para establecer su impiedad es negar la Divinidad de las Sagradas Letras. En los Escritores Gentiles anteriores á la Ley de Gracia no se trata este punto, porque no tuvieron noticia de las Santas Escrituras, salvo PLATON, de quien se dice que tomó de ellas lo mejor de su Filosofía, de manera que NUMENIO le llama Moses atticissans, esto es, Moyses en griego.
[12] El Abad CALMET, que trató de propósito este punto, no adhiere al dictamen comun de los antiguos Escritores, que suponian haber tomado Platon las noticias de los libros de MOYSES, por haber tratado con los Judíos en Egipto. Mas esta controversia nada hace á nuestro asunto, puesto que solo intentamos manifestar, que los Filósofos Gentiles anteriores á Jesu-Christo no se metieron en estas averiguaciones. En los primeros siglos de la Iglesia sí que hubo muchos impugnadores, y contradictores de la Divinidad de las Escrituras Sagradas. Bien sabidos son los conatos de FAUSTO Maniqueo, á quien respondió S. AGUSTIN: las artes, la malignidad, la potencia de JULIANO el Apóstata, contra quien escribieron S. CIRILO ALEXADRINO, y S. GREGORIO NACIANCENO: los argumentos del Filósofo CELSO, á quien satisfizo ORIGENES. Las Apologías de S. JUSTINO, de TERTULIANO, MINUCIO FELIX, ARNOBIO, LACTANCIO, y otros antiguos Padres á favor de la Religion Christiana, son testimonios ciertos de las contradicciones que esta tuvo en su establecimiento, y por ellas se ve la oposicion que hacian algunos á la Divinidad de las Santas Escrituras. Estos errores envejecidos, desechados, olvidados, y envilecidos, se han renovado y se renuevan cada dia, y salen al público vestidos de nuevo á la moda del siglo, con agudezas, eloqüencia, versitos de Poetas Latinos, y pedacitos de erudicion halagüeña, para captar á los incautos en un tiempo en que son muchos los Filósofos, y muy poca la Filosofía. Los Socinianos, dando á la razon del hombre un imperio muy superior á sus fuerzas, volvieron á abrir el caminos, que desde la antigüedad estaba cerrado, exâgerando que no ha de haber otra norma que la de la razon, y que los Sacrosantos Misterios de la Religion Christiana han de desecharse por no poderlos alcanzar la razon humana, sin hacer caso ninguno de lo que en esto enseñan las Divinas Letras. Los Sectarios del tiempo presente se recalcan en lo mismo, y no pierden ocasion en sus escritos varios para despreciar la revelacion.
[13] He dicho varios, porque hoy dominan una suerte de escritos donde se habla de todo sin probar nada, parecidos á aquellas ferias donde se proponen infinitos géneros de poco valor, todos confundidos entre sí, sin otro fin que el de embelesar á los compradores, incapaces de distinguir lo sólido de lo aparente, lo superficial de lo fundado, el oropel del oro. Piezas sueltas, pensamientos vagos, reflexîones volantes, mezclas de todas las cosas, discursillos de quanto hay en el mundo, hacen el caudal de estos Escritores. MIGUEL DE MONTAÑA, entre los Franceses, dió auge á esta costumbre de escribir á los principios del siglo pasado. Despues Mr. de S. EUREMONT, La BRUYERE, y otros muchos la han adoptado. Ultimamente la practican Mr. de VOLTAIRE, y ROSEAUX. El Autor del Arte de pensar y el P. MALLEBRANCHE han mostrado los errores de MONTAGNE. No faltan ahora impugnadores sólidos de los sectarios presentes, que con esta casta de escritos persiguen la Religion. La desgracia es, que los libritos perniciosos se leen y se celebran; los de los contradictores ni aun noticia se tiene de ellos. Lo mismo sucede con los del tiempo pasado. S. AGUSTIN trató de propósito de la Divinidad de las Santas Escrituras en varias partes impugnando á Fausto, y de intento en los libros de la Ciudad de Dios, demostrando los desvaríos de los Filósofos Gentiles, y la verdad de las Divinas Letras, como dictadas de Dios. Cerca de nuestros tiempos trató BELARMINO este punto al principio de sus contraversias: despues NATAL ALEXANDRO en el tomo segundo de su Historia Eclesiástica. Son tan admirables y tan sólidas las pruebas con que estos Escritores muestran que las Sagradas Escrituras del Viejo y Nuevo Testamento son la voz de Dios, que se ha dignado revelar á los hombres lo que no podian estos alcanzar con sus luces, que no hay mas que desear. Mi intento aquí es no salir de la Lógica, y mostrar que, segun sus reglas, las Divinas Escrituras son reveladas por Dios, y que las contradicciones de los Sectarios modernos no se pueden componer con una Lógica atinada.
[14]Quando se exâmina si las Sagradas Escrituras del Viejo Testamento son reveladas por Dios, se trata de averiguar una cosa de hecho. Las cosas de hecho sensible en su raiz, solo se saben por la aplicacion de los sentidos; si la cosa es insensible, por la razon. Las dos concurren aquí iguales á probar que Dios ha revelado las Sagradas Letras. Los sentidos, quando uno no puede aplicar los suyos, porque se trata de cosas pasadas ó ausentes, hacen fe siendo agenos, con tal que en su uso se haya evitado el engaño. Cómo sabríamos que hubo JULIO CESAR, que fué muerto en el Senado: que hubo CICERON, y que fué asesinado en una Granja: que hubo AUGUSTO y otros Emperadores Romanos, si no creyésemos á los que nos lo aseguran, porque los vieron, conocieron, y trataron? La fe de las Historias, y la noticia de los tiempos pasados nos viene de esa manera. Sentemos ahora un hecho asegurado sin contradiccion por todo el mundo, es á saber, que hubo un Pueblo Hebreo reducido á pequeño recinto, si se compara con la extension de los demas Reynos: que este Pueblo es el mas antiguo que se conoce: que por una tradiccion constante antiquísima, perpetua, y general creia que solo habia un Dios, el qual habia hablado á sus Padres, á ADAM, que fué el primer hombre criado en el Paraiso, despues á NOE, ABRAHAM, MOYSES: que hizo con ellos el pacto de enviarles un Mesías reparador del género humano, miserable por la culpa del primer hombre: que comunicó á MOYSES la Ley, haciendo claros los mandatos que la torpeza del entendimiento y el desorden de la voluntad habian obscurecido: que envió á los Profetas, inspirándoles lo que debian decir á su Pueblo escogido para que caminase por las Vias del Señor: que señaló el tiempo en que habia de venir el Salvador del mundo á enseñarles el camino de su suma felicidad: que todas sus promesas y avisos los autorizaba con milagros estupendos, con que se manifestaba su gloria y la seguridad de sus inspiraciones: que todo esto lo tenian escrito en el Viejo Testamento, cuyos libros guardaban como venidos del Cielo, los miraban con sumo respeto, los tenian por regla indefectible de su conducta ácia Dios, y por cosa sagrada, que era delito profanar. Esta tradicion es digna de fe inviolable por quantos títulos prescribe la mejor Lógica.
[15] La antigüedad, la perpetuidad, la sucesion de tiempos no interrumpida, la condicion de los poseedores de esta tradicion, que fueron los Patriarcas y Profetas, varones santos, ilustrados, veracísimos, sumamente conformes entre sí, sin haberse opuesto los unos á los otros en la diversidad de tiempos, costumbres y países, los milagros confirmatorios de ella, y el exâcto cumplimiento de las promesas, son pruebas relevantes de su verdad divina, puesto que el conjunto de todas estas prerrogativas no cabe en la potencia humana. Júntense todas las Historias seculares, que comunmente llamamos profanas: véanse sus tradiciones las mas acreditadas y tales, que todos les dén fe sin disputa: cotéjense sus circunstancias con las del Pueblo Hebreo, y se hallará que apenas llegan aquellas á tener una parte de las pruebas que califican á estas. La doctrina de los Libros Sagrados, así en asuntos Históricos, como en Morales, es la mas pura y perfecta. Todos saben que los mas exâctos Historiadores Gentiles han escrito innumerables patrañas, de modo que PLINIO, haciéndose cargo de esto dice, que DIODORO dexó entre los Griegos de escribir cosas frívolas[a]. Pero quántos defectos halló nuestro VIVES en Diodoro? El Abad CALMET, en la Disertacion que puso al principio de su Historia del Viejo Testamento, probó concluyentemente, que todas las Historias profanas están llenas de faltas y contradicciones, de manera que lo mas fixo de ellas es lo que han tomado de la Escritura Sagrada. En lo Moral, quien haya leido á LAERCIO, SEXTO, EMPÍRICO, PLUTARCO, CICERON, SENECA, donde se hallan los sentimientos de los Filósofos antiguos, verá, no Moral arreglada en ellos, sino monstruosidades y errores enormísimos. Digna es de leerse sobre esto la obra del P. BALTO, y la que escribió últimamente el P. CEILIER contra BARBEYRAC, en las quales podrán todos ver que los Santos Padres, como fieles seguidores de las Divinas Escrituras, son los Maestros de la Moral mas pura, y que los Sectarios modernos en sus escritos no hacen otra cosa que copiar á los Gentiles.
[Nota a: Apud Graecos desiit nugari Diodorus. Plin. Hist. Nat. l. 1. praef. p. 5.]
[Nota b: Vives de Caus. corruptar. art. lib. 2. pag. 370.]
[16] Es tambien conseqüente á la pureza de la doctrina, y prueba de su Divino origen el culto, adoracion y respeto á Dios, que se prescribe en las Sagradas Letras. No se puede ver mayor humiliacion del ánimo delante del Señor: qué súplicas y oraciones tan fervorosas, qué lágrimas, qué esperanzas y sumisiones, qué reconocimiento del supremo dominio de Dios sobre las criaturas no se descubren en el culto y adoraciones del templo. Si bien se mira, no pueden los hombres con mas pureza manifestar su pequeñéz, su miseria, su esperanza, sus votos, sus ánimos, enderezándolo todo á reconocer la grandeza, magestad, clemencia y misericordia del Todo-Poderoso. El culto Gentílico á los Dioses era inmundo, vano, sacrílego, y mezclado de mil impurezas, como consta de las historias de ellos. Se sacrificaban los hombres: se llenaban los Altares de sangre: no acompañaba la humildad á las súplicas, ni iban conformes el corazon y la lengua.
[17] No hay Nacion, por bárbara que sea, que no tenga Religion, porque están plantadas en el corazon de todos los hombres las semillas de ella. El Padre ACOSTA, en su Historia Natural de las Indias, pinta los antiguos Moradores de la Nueva España, como gente sin Religion alguna[a]; mas creo que se engaña, y que es fundada la impugnacion que en esto le hace CUMBERLAND, á quien siguen otros Ingleses. Ni hay que fiarse de las relaciones de los Viageros, pues no siempre averiguan las cosas de espacio, ni las dicen como ellas son, sino segun las entendieron, como lo han notado con sagaz advertencia los que no se dexan sorprender de las novedades[c]. Júntense todas las maneras gentílicas y bárbaras de adorar la Divinidad, y cotéjense con la dignidad y pureza del culto que prescriben las Sagradas Letras, y se verá que aquellas vienen de los hombres, estas de Dios. No es de poca consideracion el empeño con que las Santas Escrituras condenan la idolatría, y enseñan á reconocer y adorar un solo Dios, para entender que así como el culto de muchos Dioses nació de la ignorancia y malicia de los hombres, el conocimiento y adoracion de un solo Dios verdadero, Hacedor de todas las cosas, viene del Cielo.
[Nota a: Acost. Hist. de las Ind. lib. 7. cap. 2. pag. 453.]
[Nota b: Cumberl. Ley Natur. Discurs. prelimin. §. 2. pag. 3. y 4.]
[Nota c: Vease Valsecchi lib I. cap. 9. §. 2. y sig. pag. 122.]
[18] Todas estas consideraciones hacen, no una demostracion, sino un cúmulo de demostraciones, claras, evidentes, y certísimas, de la Divina inspiracion de los Libros Sagrados. En efecto, PEDRO BAYLE, sin embargo de su Pyrrhonismo, no se atrevió á negar que las Santas Escrituras llevan consigo los caractéres de la Divinidad[a]. A todo esto debe añadirse la creencia y autoridad de la Iglesia, que es indefectible. La Iglesia Christiana empezó con el mundo. En el Viejo Testamento estuvo en figura. Cumplióse todo en Jesu-Christo, á quien se enderezaban las promesas de Dios, los votos de los Patriarcas, las predicciones de los Profetas, y la creencia del Pueblo encubierta en las ceremonias legales. Esta Iglesia, continuada desde el principio del mundo hasta nuestros dias, sin interrupcion, con una misma creencia, reconociendo un mismo Reparador del género humano, un mismo Mesías libertador de su Pueblo, mirándolo en la Ley antigua como prometido y venidero: adorándolo en la Ley nueva como el Autor de la salud y Redentor, en quien se han cumplido todas las promesas y vaticinios, es un cuerpo sin igual en todo el Orbe; cuyo nacimiento, continuacion, perpetuidad, duracion, verdad, y permanencia, propuestas y explicadas en las Escrituras del Viejo Testamento, y confirmadas en el Nuevo con tan relevantes pruebas de conexîon, enlace, orden y credibilidad, que no hacen mas certeza las de la Geometría, arguyen evidentemente un origen divino, una sabiduría infinita, y una mano sumamente poderosa que la sostiene. ¿Qué Nacion hay, ó Provincia, ó Reyno, que por grandes que hayan sido sus aumentos, no haya venido á la decadencia? ¿Qué Gobierno, República, ó Monarquía podrá señalar y probar origen tan antiguo con unas mismas leyes, creencia, y costumbres en lo substancial? Un poco de letura de Historia hará ver á qualquiera la inconstancia de los Reynos, la caida de los Imperios mas poderosos, la mutabilidad de las Monarquías mas florecientes, porque así lo trae consigo la condicion humana. Quando á vista de estas mutaciones observamos, que la Iglesia Christiana permanece desde el principio del mundo, siempre la misma en sus fundamentales leyes, doctrina, y ordenamientos propuestos en los Libros Sagrados, sin variedad en la creencia, y sin que la hayan alterado la succesion de tantos siglos, tantas persecuciones como en todos tiempos ha experimentado; quando al mismo tiempo vemos, que quanto han establecido los Filósofos por el uso de la razon, está lleno de dificultades, contiendas, contradicciones, mudanzas, instabilidad, y errores, ¿quién habrá que no conozca que la Religion publicada en las Sagradas Escrituras no puede venir de los hombres establecedores de cosas caducas, sino de un Dios eterno, é inmutable? La Iglesia, pues, que nos asegura la Divinidad de las Escrituras, es un testimonio irrefragable de las revelaciones de ellas. Guarda la Iglesia estos santos Libros, los conserva, los sigue, cree su doctrina con uniformidad, y es fiel depositaria de sus verdades. Si todos los hombres se convienen en un principio de razon, no pueden engañarse, porque aquello en que todos concuerdan es preciso que sea verdadero. Dios es Autor de la revelacion como de la razon; su Iglesia, este Pueblo escogido, que se conviene sin discordia en la creencia de las Divinas Letras, no puede padecer engaño, ni puede decirse de ella que en esto puede errar, sin ofender la infinita veracidad de Dios, que ni puede engañarse, ni engañarnos.
[Nota a: Bayl. Diccion. Crític. artícul. Acosta tom. I. pag. 71 y artícul. Beaulieau tom. I. pag. 522. artícul. Manichees tom. 2. pag. 2026.]
[19] Hemos probado hasta aquí la necesidad de la revelacion y su exîstencia: resta ahora satisfacer algunos reparos de los Sectarios. Dicen que MOYSES en sus leyes no señala otras penas á los transgresores que las temporales, sin hablar de la pena eterna en los Libros sagrados, que salieron de su mano, cuyo silencio arguye que no tuvo conocimiento, ni revelacion de ella. Este reparo ya es antiguo, pues le satisfizo S. AGUSTIN escribiendo contra PELAGIO. Es así que Moyses en sus leyes al Pueblo Hebreo no habló del castigo de la otra vida; pero no se arguye bien por eso, que ni él, ni su Pueblo lo creian. Este es argumento negativo, tomado del silencio de Moyses. En buena Lógica el argumento negativo para hacer prueba, entre otras cosas pide, que el sugeto que calló la cosa pudiese y tuviese necesidad de decirla. El Pueblo se gobierna mas por los sentidos que por la razon: los bienes sensibles le atrahen, y los moles sensibles le hacen temer, y le contienen. Moyses, que era Legislador, y conocia muy bien estas cosas, no hallaba necesario obligar á su Pueblo á la observancia de sus Leyes por unas penas, como las de la otra vida, que este miraba como de lejos, y que no le harian viva impresion, aunque las creyese. Aun en los que tenemos la dicha de recibir la Fe con el Bautismo, suelen hacer mas impresion las penas temporales que las eternas. Fuera de esto débese el Pueblo Hebreo mirar con dos respetos, ó como una Nacion particular gobernada por sus propias Leyes, ó como un Pueblo en quien estaba depositada la verdadera, Religion. como que era el que conocia y adoraba á un solo Dios. Quando Moyses establecia las Leyes de su gobierno temporal, no imponia otras penas que las mundanas; pero por lo que tocaba la Religion tenia este Pueblo creencia del premio y castigo eternos por la tradicion de sus mayores, y no era necesario acordarlas, al modo que sucede entre nosotros; pues las leyes patrias solo nos amenazan con penas y castigos de este mundo, aunque creemos las que Dios tiene reservadas para el otro. Este conocimiento del Pueblo Hebreo se manifestó despues mas claramente por los Profetas, y aun antes por lo que dice JOB; bien que su total luz se reservaba para Jesu-Christo, que como hijo de Dios, puso en claro el Reyno de los Cielos, entendido con algunas sombras por los antiguos Judíos, é ignorado enteramente de los Filósofos. Este punto le han satisfecho plenamente algunos Escritores Católicos, que lo tratan de propósito, entre los quales es muy señalado LUIS VIVES[a]. Un resumen de sus pruebas se puede ver en VALSECCHI, Dominicano; y en el Diccionario Antifilosófico, escrito para responder al Diccionario Filosófico de Mr. de VOLTAIRE, que tomando de otros Sectarios este argumento, ha tirado á promoverle[c]. JUAN SPENCERO, Ingles, Escritor moderno de las Leyes y Ritus de los Hebreos, trata este punto muy de propósito, y pone razones y pruebas eficaces de los motivos que tuvo Moyses para no proponer á su Pueblo otras penas que las temporales, aunque era cierta en ellos la noticia de las eternas[d]. Debiera Mr. VOLTAIRE, si impugnase con buena fe, hacerse cargo de las pruebas de un Escritor tan célebre contra sus aserciones; mas visto es, que en esto siguió su estilo de decir las cosas, de no probarlas, y de asegurarlas con los mismos extremos, que si las hubiera probado.
[Nota a: Vives de Veritat. Fidei Christ. lib. 3. pag. 414.]
[Nota b: Valsecchi de Fundament. Relig. lib. 2. cap. 10. §. 5. pag. 214.]
[Nota c: Dictionair. Antiphilos. articl. Moys. tom. 2. p. 43.]
[Nota d: Spencer. de Legib. Hebraeor. lib. 1, cap. 4. tom. 1. pag. 41.]
[20] Otro argumento contra la Divinidad de las Sagradas Escrituras hacen los Sectarios, sacado del culto divino prescrito en ellas, y practicado por la Iglesia; pues todas las ceremonias del templo las tienen por gentílicas y profanas, muy distantes de poder venir de Dios. Fuera increible el furor, que subministra las armas á estos impugnadores de la verdadera Fe, si no lo viésemos en tantos libros como esparcen, y no respiran otra cosa que odio y aversion á la Religion Christiana. Faltan aquí á una máxîma fundamental de Lógica, pues hablan decisivamente de lo que no estan bastantemente instruidos. Quieren gobernarlo todo por su Filosofía, y les falta la Teología, sin la qual no pueden dar un paso asegurado en estas materias; y ya que no quieran la Escolástica, debieran á lo menos estar versados en la Polémica. ¿Cómo han de impugnar lo que no saben? ¿Cómo han ver claramente la conexîon de lo que aseguran con los principios fundamentales del juicio, si los ignoran? Las ceremonias que usa la Iglesia, unas sacadas de los Libros Sagrados, otras instituidas por ella para mayor culto de Dios, son exâctísimas, y las mas á propósito para una casta y sincera adoracion de la Divinidad. Si se introducen abusos, se han de condenar estos, mas no el buen uso.
[21] La Iglesia solo sale fiadora de sus establecimientos santos, y arreglados á la razon y á la Religion: si estos establecimientos los practicaran los Angeles, todo sería puro; pero como son los hombres los que los exercitan, se mezcla alguna vez en ellos lo humano. La Iglesia tolera muchas cosas, que no las aprueba. Quando son opuestas á la Fe, ó las buenas costumbres, no calla, antes bien corrige, é increpa con toda paciencia y doctrina. En lo demas corrige los abusos, segun lo permiten los tiempos, la oportunidad, y la prudencia. Si por estos abusos se hubiera de hacer juicio de las cosas, fuera menester arrancar todas las viñas para que no hubiera beodos, quitar el comercio para evitar las fraudes, abolir los juzgados para que no hubiera injusticias. Esto es lo que enseña la buena razon gobernada de la Lógica: lo demas son extravíos del furor y de las pasiones. Las ceremonias judaicas son en dos maneras: unas se enderezan á manifestar la sumision, humildad, amor, y reverencia, con que el hombre ha de adorar á Dios: otras son significativas del Mesías, que esperaban, y estas le representaban en figura. Las primeras han quedado en la Iglesia Christiana, porque son puras y santísimas: las otras se han extinguido, porque su uso fuera falso, y su significacion engañosa, por haberse cumplido en Jesu-Christo con toda realidad lo que ellas manifestaban en imagen y en sombras.
[22] Sobre el tiempo en que se acabaron y se declararon mortíferas estas últimas ceremonias judaicas, si fué quando Jesu-Christo dixo en la Cruz: Consummatum est[a], ó fué quando los Apóstoles juntos en Concilio en Jerusalen dixeron: Visum est Spiritui Sancto & nobis ut abstineatis à sanguine & suffocato, hubo una gran contienda entre S. GERÓNIMO y S. AGUSTIN, defendiendo cada uno su parte, sobre lo qual se escribieron algunas Cartas muy dignas de ser leidas; pues se puede aprender en ellas la disciplina del primer siglo de la Iglesia, y la moderacion con que se han de tratar los Escritores quando son de opiniones y pareceres contrarios. Los Christianos, ademas de las ceremonias, que hemos dicho, que conservaban de los Hebreos, tomaron algunas de los Gentiles donde predicaban el Evangelio, y eran aquellas que miraban á Dios y no tenian mezcla de idolatría, error, ni supersticion. Las tomaban santificándolas, christianizándolas, y haciendo que con buen uso se enderezasen al verdadero Dios las mismas, que con abusos se dirigian á los ídolos, al modo que nos aprovechamos de algunas máxîmas de los Filósofos Gentiles, christianizándolas, y haciéndolas servir á la verdadera Religion, como que las sacamos de injustos poseedores para hacerlas justamente nuestras. ¿No tomamos cada dia estilos y costumbres de las naciones extrañas, haciéndolas propias? Oxalá que en esto imitásemos la prudente conducta de la Iglesia, que solo ha tomado lo mas puro, y lo que puede servir á mayor gloria y culto del Dios que veneramos.
[Nota a: Joann. cap. 19. vers. 30.]
[Nota b: Act. cap. 15. vers. 28. & 29.]
[23] Nuestro PEDRO CIRUELO compuso una Obra excelente sobre el uso y significacion de los ritus y ceremonias Eclesiásticas. Despues trató este punto el Cardenal BARONIO. El Autor del precioso libro: Methodus legendorum Ecclesiae Patrum, explicó muy bien este asunto, y últimamente el Papa Benedicto Decimoquarto en su Obra de Sacrificio Missae. MIDLETON hizo un viage á Roma para impugnar mas á su gusto las ceremonias de la Iglesia Católica. Iba bien preocupado de las turbulentas prevenciones de su País en materias de Religion. La Filosofía gentílica era su guia, y en lugar de librarse de las preocupaciones, se arraigó mas en ellas, y disparó un escrito contra las ceremonias lleno de agitacion y de amargura. Si antes de tomar la pluma hubiera leido de espacio los Autores citados, que han profundado esta materia, y hubiera pesado las razones con buenas noticias de la Teología, se hubiera hallado mas bien dispuesto á tratar este punto, y pudiera haberse gobernado con mejor Lógica.
[24] El mayor argumento que creen hacer los Sectarios contra las Sagradas Escrituras es la contrariedad, que ellos hallan entre los Misterios Sagrados y los milagros con la razon; pues siendo esta de Dios, y no pudiéndose contradecir, no se han de tener por reveladas las cosas que se oponen á ella: de aquí deducen, que no ha de haber mas que la Religion natural; es decir, la que alcanza el hombre por la naturaleza gobernada de la razon, y que lo demas es fingido y arbitrario. Este es el sistema dominante de nuestros dias, explicado con el nombre de Naturalismo, y el mas pernicioso, porque el Atheismo, Deismo, y Materialismo caminan con sus errores á cara descubierta: los Naturalistas los siguen con disimulo. No se les cae de la boca el adorable nombre de Dios: explican algunos de sus soberanos atributos: aprueban muchas de sus divinas perfecciones, que es todo lo que alcanza la flaca razon; pero lo demas, que se sabe por pura revelacion, lo niegan todo, que es lo mismo que destruir de todo punto la Religion[a]. Ya hemos visto que la razon no basta para conocer, amar y adorar á Dios dignamente: que la revelacion es necesaria para acompañar y dirigir la razon á fin de caminar con acierto: resta mostrar ahora que los mysterios y milagros que las Sagradas Escrituras nos proponen no son contrarios á la razon. Confesamos que los sacrosantos Mysterios de la Trinidad y Encarnacion, como otras verdades reveladas, son superiores á toda razon, pero negamos que sean contrarias á ella.
[Nota a: Inde enim est quod qui Naturalistae vocantur ita studeant Theologiae naturali ut revelatam prorsus contemnant, aut saltem insuper habeant…. Naturalistae, enim sunt qui Theologia naturali contenti revelatam vel rejiciunt, vel saltem cognitu minus necessariam judicant. Wolf. Theolog. natur. proleg, §. 19. & 20. pag. 11.]
[25] Tiene la Religion sus principios y máxîmas fundamentales, como los tiene cada una de las Artes. Estos principios son superiores á la comprehension natural; pero se conforman muy bien con ella, porque se fundan en la omnipotencia, bondad y misericordia de Dios, que no se oponen á la razon. Conoce el juicio, que Dios puede infinitamente mas de lo que el hombre puede alcanzar. Con este principio de luz natural se compone muy bien lo prodigioso de los mysterios y de los milagros, de modo que no se puede dudar racionalmente que Dios los pueda hacer, sino si los ha hecho, y esto lo tenemos probado ya en los argumentos antecedentes. El pecado original y sus resultas, la reparacion del género humano por Jesu-Christo, la vida eterna con premio de los buenos y castigo de los malos, junto con los mysterios, institucion de Sacramentos, y otros dogmas conexôs con estos, son las verdades fundamentales de la Religion Christiana. Son superiores á la razon, porque esta por sí sola no las puede alcanzar, por ser de orden sobrenatural; pero no la destruyen ni se oponen á ella, antes bien la fortalecen, ilustran, y sosiegan. Si el hombre considera las miserias y penalidades que le afligen, y sabe que son resultas del pecado original que contaminó á todo el género humano, queda satisfecho, porque alcanza con la luz de la revelacion lo que su debil razon no podia penetrar.
[26] PEDRO BAYLE, renovando los errores de los Manicheos, quiere averiguar el origen de los males físicos y morales de los hombres por las luces naturales; mas sus conatos fueron vanos como lo demostró LEIBNITZ en su Teodicea, compuesta principalmente para tratar este asunto. Otros, que despues han querido recalcarse en esto sin añadir cosa nueva, andan buscando en los Filósofos Gentiles el apoyo de sus opiniones; pero en vano, porque estos conocieron el mal, mas su origen le ignoraron. Considerando PLINIO, que los demas animales quando nacen, ya están provistos de lo necesario para la vida, menos el hombre, que entre el llanto y la inmundicia pereceria si no le ayudasen, trató á la naturaleza de madre de las bestias, y madrastra de los hombres[a]. Si hubiera tenido noticia del pecado original, y que por él nos vienen, ademas de la ignorancia y concupiscencia, todas las penalidades de que inevitablemente estamos cercados, hubiera discurrido con mas acierto. Si contemplamos, que esta triste habitacion del mundo no es correspondiente al fin á que somos criados y á que continuamente nos sentimos movidos, nos parecerá muy bien el dogma de la vida eterna, donde los malos serán castigados, y los buenos gozarán la inmensidad de bienes que Dios les tiene preparados en su Reyno. Si atentamente reflexîonamos sobre nuestra flaqueza, que somos inclinados al vicio, y que si podemos con nuestras fuerzas exercitar una, ú otra virtud, es imposible practicarlas todas, entenderémos que la asistencia del Ser supremo nos es necesaria para obrar conforme á sus soberanos ordenamientos. Finalmente, haciendo reflexîon, que una culpa en que se ofendió á un Dios inmenso, pedia una reparacion y satisfaccion igual, que la suma Bondad y Misericordia Divina querian salvar al hombre, y para esto prometió Dios enviar un Mesías, facilmente creerémos, que Jesu-Christo, hijo del eterno Padre, hecho hombre, es nuestro Salvador, y entenderémos que su encarnacion, nacimiento, vida, muerte, resurreccion, y milagros, ademas de no desdecir de la Omnipotencia y Magestad Divina, no habian de ser como las cosas de los hombres, sino correspondientes á la dignidad y grandeza de un hombre Dios, todo mysterioso y sobrenatural, como que se enderezaba á fines muy superiores á toda la naturaleza.
[Nota a: Plin. Praefat. in lib. 7. Hist. Natur.]
[27] En ninguno de estos puntos fundamentales de la Religion Christiana encuentra la razon cosa que la destruya ni se le oponga, antes con estas sobrenaturales luces entiende lo que desea saber, y sin ellas nunca lo podria alcanzar. Tantos hombres ilustrados como creen y profesan esta santa Religion: tanta sangre derramada en su defensa: tanta sumision con que se practíca, ¿eran compatibles con una creencia opuesta á la razon? ¿No estaría esta luchando continuamente por desasirse de ella, como sucede en todo lo que el entendimiento percibe y no se acomoda con sus luces? El célebre LOCK decia, que, si la revelacion propusiese máxîmas evidentemente opuestas á la razon y destructivas de ella, no se debiera recibir; pero á favor de la Religion añade, que lo que ella enseña se ha de creer, aunque sea superior á la razon, y pone el exemplo de la caida de los Angeles malos, la Resurreccion de los muertos, y otros Artículos, con los quales nada, dice, tiene que ver directamente la razon[a]. LEIBNITZ compuso un tratado de la Concordia de la Fe y de la razon, que hace parte de la Teodicea; y, entre otras cosas señaladas con que prueba, que los mysterios de la Religion Christiana son superiores á la razon, mas no contrarios á ella, dice, que para impugnar esta Religion santísima eran menester demostraciones evidentes, que no puede haber[c]; pues las razoncillas, discursillos, y agudezas saltantes, no son para apartarnos de una creencia divina, que es enteramente conforme con la razon.
[Nota a: Lock Esai del entendiment humain, lib. 4. chap. 8. pag. 578. 588. y sig.]
[Nota b: Oper. tom. I. pag. 60.]
[Nota c: Leibnitz Theodicea Oper. tom. I. pag. 85.]
[28] Siempre me he maravillado, que los Sectarios, teniéndose por ilustrados con tanta Filosofía, nieguen los milagros. El Arte de pensar probó muy bien que la creencia de los milagros es conforme á la buena Lógica[a]. Por milagro entendemos una obra superior á las fuerzas de la naturaleza. Si lo consideramos de parte de Dios, único Autor de los milagros, ¿qué cosa mas racional que el pensar, que no se agotó su potencia con fabricar el Mundo, sujetando sus partes á ciertas y determinadas leyes con que se mueven y exercitan sus operaciones; y que es propio de su poder alterarlas y mudarlas, segun los fines correspondientes é su inefable sabiduría? Si el que fabríca un relox suele hacer esto con su máquina, mudando con su arte el orden de ella, segun sus intenciones, sin destruir la obra, ¿cómo se ha de negar al supremo Hacedor de todas las cosas? Tan correspondiente es á la divinidad y á su poder suspender, alterar, y mudar el orden físico del Universo, como fabricarle; y lo contrario es disminuir la dignidad y grandeza del Todo Poderoso. De parte de la naturaleza física no hay dificultad ninguna, porque siendo esta criada con ciertas y determinadas leyes, con que obedece la voz de su Criador, sigue y executa sus ordenamientos: tan propio es de su constitucion obrar por las leyes del milagro, como por los comunes; pues en entrambas hace y executa la ley que se le ha impuesto.
[Nota a: Arte de pensar, part. 4. cap. 14. pag. 518.]
[29] De parte de la razon no hay repugnancia, porque del modo que alcanzamos, que el mundo ha sido hecho por Dios, comprehendemos que le hizo libremente, y libremente le puede gobernar; ademas que á las nociones que tenemos de la Omnipotencia corresponden las facultades de mudar el orden establecido en el Universo; y no hay razon alguna que nos dicte, que no puede Dios dar á las partes del mundo otro orden y otras leyes de las que les impuso en su formacion. Resta, pues, ver si los milagros que conocemos como posibles han llegado á la execucion, ó, como se dice comunmente, á la actualidad. En este punto la fe de unos pocos Sectarios no puede contrarestar á la de los Patriarcas y Profetas del Viejo Testamento, á la de los Apóstoles, á la de los Padres, á la de tantos varones santos y sabios que los aseguran, y mucho menos á la autoridad de la Iglesia. Entre estos hay conformidad en admitirlos: los Sectarios están tantos á tantos, afirmando los unos y negando los otros.
[30] Digna es de verse la Disertacion de VARBURTHON sobre el milagro que estorbó á JULIANO el Apóstata reedificar el Templo de Jerusalén, donde prueba concluyentemente este milagro y otros contra MIDLETON. Dicen: ¿quién sabe hasta dónde llegan las fuerzas de la naturaleza para conocer que el prodigio sale mas allá de ellas? Yo repongo: ¿quién sabe las fuerzas de la naturaleza para conocer que el prodigio no sale de la esfera de ellas? Tanto ignoran los Sectarios hasta donde llegan las fuerzas naturales, como nosotros. A nuestro favor hay los testimonios mas auténticos, á quienes no se puede de negar la fe sin faltar al rubor. No somos fáciles como el vulgo en tener qualquiera novedad por milagro. Caminamos con las precauciones que muestran el estudio de la Física y la buena Lógica, á las quales siguen en esto los sabios advertimientos de la Iglesia; pero alcanzamos con la razon la posibilidad de los milagros, y creemos todos los que se refieren en las Santas Escrituras, los que aprueba la Iglesia, y los que, siendo exâminados debidamente, y aprobados por varones inteligentes en la Física y en la Religion, hallamos conformes á la buena Lógica, y verdadera crítica.
[31] Otro argumento hacen los Sectarios contra la divinidad de las Sagradas Letras. Dicen, que nosotros probamos la revelacion de las Divinas Escrituras por la autoridad de la Iglesia, y la infalibilidad de la Iglesia por las Escrituras lo qual es peticion de principio y círculo vicioso. Es cierto, que una de las pruebas de la revelacion de las Escrituras Santas es la autoridad de la Iglesia, y al contrario; pero no lo es que en esto se cometa círculo vicioso ni peticion de principio. Quando las cosas son entre sí conexâs, de modo, que haya atadura y enlace necesario entre ellas, se prueban una por otra sin círculo vicioso. Las causas se prueban bien por los efectos, y estos por las causas. Los signos se prueban por los significados, y estos por los signos: así el fuego, aunque esté oculto, se prueba por el humo, y este descubre el fuego. La caida de las hojas de los árboles prueba la venida del Invierno; esta hace inferir la caida de las hojas. En los adjuntos se ve esto mas claramente, quando un mismo efecto procede de una misma causa que obra en distintos sugetos. La venida del Sol despues del solsticio hiemal causa en los árboles una alteracion considerable, y lo mismo hace en la sangre de los animales: el buen Físico prueba la conmocion de la sangre, aunque sea oculta, quando ve la mutacion en los árboles; y al contrario los hombres delicados, por la alteracion que en sí mismos sienten, prueban que va en los árboles á hacerse mutacion.
[32] Lo mismo sucede en las alteraciones del ayre, que á un mismo tiempo alteran la atmósfera y á los animales, y por unos se prueba la conmocion de otros, como lo hizo VIRGILIO[a], mostrando por la mudanza del ayre sereno en lluvioso la mutacion de los ánimos; por cuya mutacion los que padecen achaques habituales prueban la mudanza del tiempo. Así se dan la mano estas cosas, y conspiran unas con otras con admirable enlace, sirviéndose de pruebas con recíproca correspondencia. La causa de la revelacion de las Divinas Escrituras y de la infalibilidad de la Iglesia es una misma, que es Dios. El efecto que es la divina inspiracion es uno mismo en distintos sugetos, de suerte que uno, como cosas adjuntas, puede servir de prueba para el otro; al modo que sucede en las piedras de un arco, que una sostiene á la otra, y las dos mutuamente se fortalecen por un mismo principio, que es la gravedad, ó peso, y el orden con que estan colocadas. Los mismos que hacen este argumento usan de esta prueba en su Filosofía. Como ven que de la materia con varias combinaciones se forman algunas cosas, por la generacion de los cuerpos quieren probar que sus principios son la materia y combinaciones: quando hacen analysis de estos cuerpos, por la materia y las combinaciones que descubren, deducen su generacion, sin que por esto crean cometer círculo vicioso. Este punto puede leerse en FACCIOLATO. Otras objeciones de poco momento, que hacen los Sectarios contra la necesidad de la revelacion, se pueden satisfacer cumplidamente con lo que hasta aquí llevamos propuesto, así en la Lógica, como en el presente Discurso, porque todas ellas, ó envuelven algun sofisma, ó error nacido del mal uso de los sentidos, vehemencia de las pasiones, ó preocupacion del juicio. Las artes, con que encubren estos defectos, ya ocultando el designio, ya usando de autoridades truncadas, ó ilegítimas, ó ya de otras mil maneras de atraher á su partido los ánimos, son fáciles de descubrir y probar, si se pone la debida atencion y se usa de una buena Lógica, y por eso las dexo á la advertencia, é integridad de los lectores.
[Nota a: Virgil. Georgic I. vers. 417. y siguient.]
[Nota b: Facciolat. de Pistil. versat. acroas. 6. pag. 72. y sig.]
[33] Servirá de exemplo que confirme esto, lo que sucede con los escritos de Mr. Roseaux, uno de los mas famosos Sectarios de estos tiempos. Mr. ROSEAUX, nacido en Francia y criado en Ginebra, es uno de aquellos Escritores heteróclitos es decir, vagos inciertos, que se andan de cosa en cosa, sin fixarse en nada, que sin haber hecho profesion fundamental de las Ciencias, las quiere manejar todas, gobernado por las solas luces de su comprehension. Muestra este Escritor ingenio perspicaz y vivo, imaginacion abundante y acalorada, el juicio desigual; pues dado que en algunas cosas es firme, en muchas otras y mas principales es floxo y sin fuerza. Así como no hay hombre tan malo en quien no se halle alguna cosa buena, del mismo modo no hay Escritor por disparatado que sea, que no haya dicho alguna verdad, y esto le sucede á Mr. Roseaux, como sucedió tambien á los mas de los Filósofos de la Grecia. Entregado este Escritor todo á sus propias luces para filosofar, se ha formado sistemas, como es propio de los que tienen ingenio sin juicio, y ha hecho en el mundo Literario-político lo mismo que CARTESIO en el Filosófico.
[34] He dicho en el mundo Literario-político, porque la literatura de Mr. Roseaux no se extiende á tratar de puntos particulares de las Artes y Ciencias; y acaso esto no pudiera hacerlo, pues se echa de ver que no está impuesto en los fundamentos de ellas: empléase su talento en asuntos comunes, mas políticos que filosóficos, queriendo siempre hacer una mezcla de ellos. Su Emilio, ó tratado de la educacion es un sistema tan fingido y arbitrario para la formacion de un nuevo mundo civil, como el de Cartesio para la fábrica de un nuevo mundo físico. La instruccion de Mr. Roseaux se reduce á haberse versado en algunos puntos de los Escritores Griegos y Romanos, cuyos pensamientos vierte despues, unas veces como suyos, otras refiriéndose á su original. Como ha procurado publicar sus pensamientos con un estilo brillante, interpolado de máxîmas saltantes; esto es, desencadenadas, pero metidas para agradar, y con el agrado introducirse mas bien en el corazon de los lectores incautos; de ahí ha nacido el que no le hayan faltado alabadores. Discretamente se compara este Escritor al Alquimista, que buscando vanamente el remedio universal, halla con sus maniobras otros remedios, que se le ofrecen sin pensar en ello, los quales, sin tener conexîon con el objeto principal, si se aplican debidamente, pueden ser de alguna utilidad. Mr. Roseaux, preocupado con sus vanos sistemas, y caminando en ellos con suma preocupacion, ha dexado en el camino caer algunas cosas, que pueden ser útiles. En su Emilio ha impugnado á los Materialistas, cosa que por venir de esta mano puede servir para hacer frente á esta casta de Sectarios.
[35] Haciendo poco caso de la Religion revelada, que no podia componer con su imaginario sistema de la educacion, la fuerza de la verdad le obligó á explicarse de esta manera: "Yo os confieso (le dice á su Emilio) que la magestad de las Escrituras me tiene admirado, la santidad del Evangelio habla á mi corazon. Verás los libres de los Filósofos con toda su pompa ¡quán pequeños son al lado de este! ¿Puede ser que un libro que al mismo tiempo es tan sublime y tan simple, sea obra de los hombres? ¿Puede suceder que aquel de quien habla esta Historia no sea mas que un hombre? ¿Es este el lenguage de un entusiasta, ó de un ambicioso sectario? ¡Quánta dulzura, quánta pureza en sus costumbres! ¡quánta gracia penetrante en sus instrucciones! ¡quánta elevacion en sus máxîmas! ¡quán profunda es la sabiduría de sus discursos! ¡qué juicio tan firme, qué delicadeza, qué exâctitud en sus respuestas! ¡quánto dominio sobre sus pasiones! Dónde está el hombre, dónde está el sabio que sabe obrar, padecer, y morir sin flaqueza y sin ostentacion…. Mas ¿dónde Jesus habia tomado de los suyos esta moral elevada y pura, de que él solo ha dado las liciones y el exemplo? Desde el seno del fanatismo mas furioso se hizo entender la sabiduría mas alta, y la simplicidad de las virtudes mas heróycas honró el mas vil de todos los Pueblos…. Jesus, espirando en los tormentos, injuriado, mofado, maldecido de todo un Pueblo, sufrió la muerte mas horrible que se pueda temer, y padeciendo un suplicio espantoso ruega por sus Sayones irritados. En verdad que la vida y la muerte de Jesus son de un Dios. ¿Diremos que la Historia del Evangelio es intentada adrede? Mi amigo, no se puede inventar de este modo … y sería mas difícil de creer, que muchos hombres convenidos hubieran fabricado este libro, que el que sea uno solo el que ha dado motivo á su formacion. Nunca los Autores Judios hubieran hallado ni semejante elevacion, ni semejante moral; y el Evangelio lleva los caractéres de la verdad tan grandes, tan chocantes, tan perfectamente inimitables, que el inventor habria de ser mas digno de admiracion que el Heroe[a]." ¿Quién creyera que el que habla así del Evangelio no habia de cautivar su entendimiento en obsequio de Jesu-Christo? pues no lo hizo Mr. Roseaux, que fué enemigo declarado de las verdades divinas de las Escrituras. Lo que conviene siempre es tener en medio del corazon, como lo proponemos en la Lógica, el consejo del Apostol, que dice: Videte ne quis vos decipiat per Philosophiam, & inanem fallaciam.
[Nota a: Roseaux Emil. lib. 4. tom. 3. págin. 165. y siguient. edicion de Leipsick de 1762.]
[Nota b: Colosens. cap. 2. vers. 8.]