XX.
"Luego que salí del hospital, fuí á dar las gracias á mi protector, diciéndole que ya no recibiría lo que me daba porque tenía con qué vivir, lo cual no era cierto, pero me avergonzaba de aceptar aquel socorro, pues no me había inutilizado en su servicio, sino por la embriaguez y la malignidad."
"Solo, enfermo y mutilado, no me quedó más recurso que tomar este oficio de limosnero en que voy acabando mi pobre vida."
"Al encontrarme entre los grupos de mendigos que ciertos días se apiñaban en las puertas de los ricos, recordaba la época en que mi amo era un niño y yo iba con él á repartir la limosna."
"Entonces me entristecía mucho, deseando con todo mi corazón llegar á Oaxaca, siquiera para ver á D. Carlos y morir."
"A efecto de obtener lo que debiera gastar en el viaje, me resolví á pedir mucho, comer poco y guardar todo lo que me dieran en monedas."
"Sentía frío y temblor de cuerpo cuando pasaba por la casa de María y de pronto no quise tomar informes de su situación; mas para poder dar á D. Carlos alguna noticia, si me la pedía, me atreví á preguntar en la cárcel por la prisionera, diciendo ser su tío."
"El alcaide me dijo que había salido en libertad, pero estaba muy enferma; entonces una de las presas oyendo mis preguntas, gritó tras de la reja:—¿Quién? ¿La matona? Buena alhaja de sobrina tiene Ud.; después que quiso darse importancia con nosotras, porque somos pobres, como todo se paga en esta vida, cuando se le acabó su riqueza y tuvo tal enfermedad que ni se puede decir, nos pedía por amor de Dios que le pasáramos un vaso de agua."
"Yo estaba confundido y el alcaide agregó:—En efecto, se fué muy enferma y pobre, pues una de sus casas la dejó á la familia del difunto para que retirara su acusación y la otra tuvo que venderla para pagar las costas del juicio. Además, ella dijo que lo restante se lo tomó no sé quién; el caso es que ahora tiene que andar pidiendo limosna."