XXIX.

En aquella época el ilustre poeta Lamartine pintaba el estado político y social de la Francia en estos términos:

"...... Al principio no fué más que un combate; bien pronto siguió una ruina; el polvo de esta lucha y de esta ruina lo ha obscurecido todo y no se ha sabido ni por qué, ni en qué terreno, ni bajo qué bandera se combatía. Se ha hecho fuego como en la obscuridad de la noche, contra los amigos y contra los hermanos; las reacciones han seguido á la acción; los excesos y los crímenes han mancillado á los partidos de todos colores; los hombres han abandonado con horror la causa que el crimen suponía servir y que la perdía como las pierde todas; se ha pasado de un exceso á otro y los movimientos tumultuosos no se han comprendido mejor que las vicisitudes de la batalla. Todo era confusión y desorden; todo era triunfo y derrota, entusiasmo y desaliento."

Esta era también la situación convulsiva y tumultuaria de México.

El pueblo que había obtenido su libertad improvisando héroes y ofreciendo mártires, ansioso de luz y de progreso, se levantó en actitud revolucionaria sin saber cómo constituirse.

Lleno de odio por lo antiguo y amor á lo desconocido, pidiendo derechos y olvidando deberes, llegó á los límites del despotismo después de haber desgarrado sus libertades.