XVII

Por el val de las Estacas

el buen Cid pasado había;

á la mano izquierda deja

la villa de Constantina.

En su caballo Babieca

muy gruesa lanza traía;

va buscando al moro Abdalla,

que enojado le tenía.

Travesando un antepecho,

y por una cuesta arriba,

dábale el sol en las armas

¡oh qué bien que parecía!

Vido ir al moro Abdalla

por un llano que allí había,

armado de fuertes armas,

muy ricas tropas traía

dábale voces el Cid,

d’esta manera decía:

—Espérame, moro Abdalla,

no demuestres cobardía.—

Á las voces que el Cid daba

el moro le respondía:

—Muchos tiempos há, buen Cid,

que esperaba yo este día,

porque no hay hombre nacido

de quien yo me escondería;

porque desde mi niñez

siempre huí cobardía.—

—Alabarte, moro Abdalla,

poco te aprovecharía;

mas si tú eres lo que dices

en esfuerzo y valentía,

sé que á tiempo eres venido

que menester te sería.—

Estas palabras diciendo

contra el moro arremetía;

encontróle con la lanza,

en el suelo le derriba;

cortárale la cabeza,

sin le hacer descortesía.