XXXIV

Junto al muro de Zamora

vide un caballero erguido,

armado de todas piezas,

sobre un caballo morcillo,

á grandes voces diciendo:

—Vélese bien el castillo,

que al que hallaré velando

ayudaré con mi grito,

y al que hallaré durmiendo

echarle he de arriba vivo;

pues por la honra de Zamora

yo soy llamado y venido.

Si hubiera algún caballero

venga á hacer armas conmigo

con tal que no sea el Cid

ni Bermudo su sobrino.—

Las palabras que decía

el buen Cid las ha oído:

—¿Quién es aquel caballero

que hace el tal desafío?

—Ortuño me llamo, Cid,

Ortuño es mi apellido.

—Acordársete debría,

de la pasada del río,

cuando yo vencí á los moros

y Babieca iba conmigo;

en aquestos tiempos tales

no eras tan atrevido.—

Ortuño de que esto oyera

de esta suerte ha respondido:

—Entonces era novel,

ahora soy más crecido

y usando, buen Cid, las armas

me he hecho tan atrevido.

Mas no desafío á ti

ni á Bermudo tu sobrino,

porque os tengo por señores

y me tenéis por amigo;

mas si hay otro caballero

salga hacer armas conmigo,

que aquí en el campo le espero

con mis armas y rocino.