Nota del Transcriptor:
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HISTORIA
DE
LA DECADENCIA DE ESPAÑA

desde el advenimiento de Felipe III al Trono

HASTA LA MUERTE DE CARLOS II

Don Federico de Madrazo pintó, Kaulak reprodujo

EL RETRATO DE CÁNOVAS

POR MADRAZO

Deseando avalorar la presente reimpresión, publicamos el retrato, verdaderamente magistral, de Cánovas, que empezó á dibujar el eminente pintor don Federico de Madrazo; pues aun no siendo, como no es, sino un ligero esbozo, hecho á dos tintas, resulta, sin disputa, el mejor, más parecido y más completo de todos los del autor, por reproducir y contener, no sólo sus más genuinos rasgos fisionómicos, sino la expresión completa de su espíritu y de su carácter.

El original, de tamaño natural, lo posee y conserva como preciada reliquia el único hermano sobreviviente de Cánovas, y, con el tiempo, pasará, en calidad de donativo, al Museo Moderno.

HISTORIA

DE

LA DECADENCIA DE ESPAÑA

desde el advenimiento de Felipe III al Trono

HASTA LA MUERTE DE CARLOS II

POR EL EXCMO. SEÑOR

D. Antonio Cánovas del Castillo

Director de la Real Academia de la Historia, individuo de número de la Española, de la de Bellas Artes de San Fernando, de la de Ciencias Morales y Políticas, etc., etc., etc.

CABALLERO DE LA INSIGNE ORDEN DEL TOISÓN DE ORO

SEGUNDA EDICIÓN, CON PRÓLOGO

DEL EXCMO. SEÑOR

D. JUAN PÉREZ DE GUZMÁN Y GALLO

de la Real Academia de la Historia,
CABALLERO GRAN CRUZ DEL MÉRITO MILITAR

MADRID
LIBRERÍA GUTENBERG DE JOSÉ RUIZ, EDITOR
Plaza de Santa Ana, 13

1910

Madrid.—Imprenta de Fortanet, Libertad, 29.—Teléf.º 991.

Al Excmo. é Ilmo. Señor
D. Serafín Estébanez Calderón,

Caballero Gran Cruz de la Real Orden Americana de Isabel la Católica, Comendador de la Real y distinguida de Carlos III, Académico de número de la Real Academia de la Historia, condecorado con la cruz de San Fernando de primera clase y otras varias de distinción, Ministro togado del Tribunal Supremo de Guerra y Marina, Senador del Reino, etc.

Dedicar á Ud. la primera obra de alguna importancia que lleve mi nombre es en mí obligación de tal naturaleza, que, con desconocerla, daría sobrada ocasión á la censura de los buenos. No parece que cumpla dedicándole la presente, porque es tal que más consigue con eso autorizarse que declarar mi agradecimiento. Pero todo se remediará con que usted ponga á cuenta de lo pequeño de la obra lo grande de la voluntad mía; de ella por encarecimiento basta decir que es tanta cuanta me cumple para que se iguale con mi obligación. Débole á Ud. los principios, que será deberle los fines; débole cariño de padre más bien que no de deudo; débole el tal cual acierto que haya en mi estilo, si lo hay, ó si no harta lección y enseñanza para que lo hubiese, pues sólo ha de achacarse á mi torpeza la falta. Y singularmente he de confesar por de Ud. el amor á las cosas de España que en mí hay, fruto de sus palabras y ejemplos, y que, después de haber llenado mi fantasía de ilusiones dulcísimas durante los primeros años, aguardo que me acompañe y aliente por todos los de mi vida. Tales cosas no exigen menor paga que eterno agradecimiento, y bien puede servir en muestra del mío el que haya aguardado para decirlo tan pública ocasión como esta, porque los tramposos y escatimadores de beneficios antes los reconocen en tiempo y lugar donde puedan ser lisonja que dañe y lastime que no donde puedan ser cimiento de irrevocables deberes. Acepte, pues, la ofrenda esta, aunque tan humilde, y apúntela en la cuenta de la gratitud, que es cuenta que nunca se cierra en el concepto de su afectuoso sobrino

Antonio Cánovas del Castillo