CAPITULO XIII
Intentan los Mexicanos asaltar el quartel, y son rechazados: hace dos salidas contra ellos Hernan Cortés; y aunque ambas veces fueron vencidos y desbaratados, queda con alguna desconfianza de reducirlos.
Persiguieron los Mexicanos á Diego de Ordaz, tratando como fuga su retirada, y siguiendo con ímpetu desordenado el alcance, hasta que los detuvo, á su despecho, la artillería del quartel, cuyo estrago los obligó á retroceder lo que tuvieron por necesario para desviarse del peligro; pero hicieron alto á la vista, y se conoció del silencio y diligencia con que se andaban convocando y disponiendo, que trataban de pasar á nuevo designio.
Era su intento asaltar á viva fuerza el quartel por todas partes; y á breve rato se vieron cubiertas de gente las calles del contorno. Hicieron poco despues la seña de acometer atabales y bocinas: avanzaron todos á un tiempo con igual precipitacion. Traian de vanguardia tropas de Flecheros, para que barriendo la muralla, pudiesen acercarse los demas. Fueron tan cerradas y tan repetidas las cargas que despidieron, haciendo lugar á los que iban señalados para el asalto, que se hallaron los defensores en confusion, acudiendo con dificultad á los dos tiempos de reparar y ofender. Vióse casi anegado en flechas el quartel: y no parezca locucion sobradamente animosa; pues se llegó á señalar gente que las apartáse, porque ofendian segunda vez cerrando el paso á la defensa. Las piezas de artillería, y demas bocas de fuego hacian horrible destrozo en los enemigos; pero venian tan resueltos á morir ó vencer, que se adelantaban de tropel á ocupar el vacío de los que iban cayendo, y se volvian á cerrar animosamente, pisando los muertos, y atropellando los heridos.
Llegaron muchos á ponerse debaxo del cañon, y á intentar el asalto con increible determinacion: valianse de sus instrumentos de pedernal para romper las puertas, y picar las paredes: unos trepaban sobre sus compañeros para suplir el alcance de sus armas: otros hacian escalas de sus mismas picas para ganar las ventanas ó terrados; y todos se arrojaban al hierro y al fuego como fieras irritadas. Notable repeticion de temeridades, que pudieran celebrarse como hazañas, si obrara en ellos el valor algo de lo que obraba la ferocidad.
Pero últimamente fueron rechazados, y se retiraron, para cubrirse, á las travesías de las calles, donde se mantuvieron hasta que los dividió la noche, mas por la costumbre que tenian de no pelear en ausencia del sol, que porque diesen esperanzas de haberse decidido la qüestion. Antes se atrevieron poco despues á turbar el sosiego de los Españoles, poniendo por diferentes partes fuego al quartel: ó ya lo consiguiesen arrimándose á las puertas y ventanas con el amparo de la obscuridad; ó ya le arrojasen á mayor distancia con las flechas de fuego artificial: que pareció mas verisímil, porque la llama creció subitamente á tomar posesion del edificio con tanto vigor, que fué necesario atajarla derribando algunas paredes, y trabajar despues en cerrar y poner en defensa los portillos que se hicieron para impedir la comunicacion del incendio: fatiga que duró la mayor parte de la noche.
Pero apénas se declaró la primera luz de la mañana, quando se dexaron ver los enemigos, escarmentados, al parecer, de acercarse á la muralla, porque solo provocaban á los Españoles para que saliesen de sus reparos: llamabanlos á la batalla con grandes injurias: tratabanlos de cobardes porque se defendian encerrados: y Hernan Cortés, que habia resuelto salir contra ellos aquel dia, tuvo por oportuna esta provocacion para encender los suyos. Dispusolos con una breve oracion al desagravio de su ofensa, y formó, sin mas dilacion, tres esquadrones del grueso que pareció conveniente, dando á cada uno mas Españoles que Tlascaltécas: los dos para que fuesen desembarazando las calles vecinas ó colaterales; y el tercero, donde iba su persona y la fuerza principal de su exército, para que acometiese por la calle de Tacuba, donde habia cargado el mayor grueso del enemigo. Dispuso las hileras, y distribuyó las armas segun la necesidad que habia de pelear por la frente y por los lados, acomodándose á lo que observó Diego de Ordaz en su retirada, y teniendo por digno de su imitacion lo que poco ántes mereció su alabanza: en que mostró la ingenuidad de su ánimo, y que no ignoraba quanto aventuran los superiores que se dedignan de caminar por las huellas de los que fueron delante, quando hay tan poca distancia entre el errar, y él diferenciarse de los que acertaron.
Embistieron todos á un tiempo y los enemigos dieron y recibieron las primeras cargas sin perder tierra ni conocer el peligro, esperando unas veces, y otras acometiendo, hasta llegar á lo estrecho de las armas y los brazos. Esgrimian los chuzos y los montantes con desesperada intrepidez. Entrabanse por las picas y las espadas para lograr el golpe á precio de la vida. Las bocas de fuego, que iban señaladas al opósito de las azuteas y ventanas, no podian atajar la lluvia de las piedras, porque las arrojaban sin descubrirse, y fué necesario poner fuego en algunas casas para que cesáse aquella prolixa hostilidad.
Cedieron finalmente al esfuerzo de los Españoles; pero iban rompiendo los puentes de las calles, y hacian rostro de la otra parte, obligándolos á que cegasen, peleando, las acequias, para seguir el alcance. Los que partieron á desembarazar las calles de los lados cargaron la multitud que las ocupaba con tanta resolucion, que se consiguió por su medio el asegurar la retaguardia, y el llevar siempre al enemigo por la frente, hasta que saliendo á lo ancho de una plaza, se unieron los tres esquadrones, y á su primer ataque desmayaron los Indios, y volvieron las espaldas atropelladamente, dando á la fuga el mismo ímpetu que dieron á la batalla.
No permitió Hernan Cortés que se pasáse á destruir enteramente aquellos vasallos de Motezuma, fugitivos ya y desordenados, ó no le sufrió su ánimo que se hiciese mas sangrienta la victoria, pareciéndole que dexaba castigado con bastante rigor su atrevimiento. Recogió su gente, y se retiró sin hallar oposicion que le obligáse á pelear. Faltaron de su exército diez ó doce soldados, y hubo muchos heridos, los mas de piedra ó flecha, y ninguno de cuidado. En el exército de los Mexicanos murió innumerable gente: los cuerpos que no pudieron retirar llenaban de horror las calles, despues de haber teñido en su sangre las acequias. Duró toda la mañana el combate, y se llegaron á ver en conflicto algunas veces los Españoles; pero se debió á su valor el suceso, y le hizo posible su experiencia y buena disciplina. No hubo quien sobresaliese, porque obraron todos con igual bizarría, señalándose los soldados como los Capitanes, y quitando unas hazañas el nombre de las otras. Hizo la imitacion valientes sin precipicio á los Tlascaltécas: y Hernan Cortés gobernó la faccion como valeroso y prudente Capitan, acudiendo á todas partes, y mas diligente á los peligros: siempre la espada en el enemigo, la vista en los suyos, y el consejo en su lugar: dexando en duda si se debió mas á su ardimiento que á su pericia militar. Virtudes ambas que poseyó en grado eminente, y que se desean sin distincion, ó concurren sin preferencia en los grandes Capitanes.
Fué necesario dexar algun tiempo al descanso de la gente, y á la cura de los heridos, cuya suspension duró tres dias, ó poco mas, en que se atendió solamente á la defensa del quartel, que tuvo siempre á la vista el exército de los amotinados, y fué algunas veces combatido con ligeras escaramuzas, en que andaba mezclado el huir y el acometer. En este mediotiempo volvió Cortés á las pláticas de la paz, y fueron saliendo con diferentes partidos algunos Mexicanos de los que asistian al servicio de Motezuma; pero no se descuidó mientras duraba la negociacion en las demas prevenciones. Hizo fabricar al mismo tiempo quatro castillos de madera, que se movian sobre ruedas con poca dificultad, por si llegáse la ocasion de hacer nueva salida. Era capaz cada uno de veinte ó treinta hombres, guarnecido el techo de gruesos tablones contra las piedras que venian de lo alto; frente y lados con sus troneras para dar la carga sin descubrir el pecho: imitacion de las mantas que usa la milicia para echar gente á picar las murallas: cuyo reparo tuvo entónces por conveniente para que se pudiesen arrimar sus soldados á poner fuego en las casas, y á romper las trincheras con que iban atajando las calles; si ya no fué para que al embestir aquellas máquinas portátiles, peleáse tambien la novedad asombrando al enemigo.
De los Mexicanos que salieron á proponer la paz, volvieron unos mal despachados, y otros se quedaron entre los rebeldes, no sin grande irritacion de Motezuma, que deseaba con empeño la reduccion de sus vasallos, y recataba con artificio, fácil de penetrar, el rezelo de que acabasen de perder el miedo á su autoridad. Hacianse á este tiempo nuevas prevenciones de guerra en la ciudad. Los Señores de vasallos, que andaban en la sedicion, iban llamando la gente de sus lugares; crecia por instantes la fuerza del enemigo; y no cesaba la provocacion en el quartel de los Españoles, cansados ya de sufrir la embarazosa repeticion de voces y flechas, que, aunque se perdian en el viento, no dexaban de ofender en la paciencia.
Con esta buena disposicion de su gente, con el parecer de sus Capitanes, y aprobacion de Motezuma, executa Cortés la segunda salida contra los Mexicanos. Llevó consigo la mayor parte de los Españoles, y hasta dos mil Tlascaltécas, algunas piezas de artillería, las máquinas de madera con guarnicion proporcionada, y algunos caballos á la mano para usar de ellos quando lo permitiesen las quiebras del terreno. Estaba entónces el tumulto en un profundo silencio, y apénas se dió principio á la marcha, quando se conoció la primera dificultad de la empresa en lo que abultaron subitamente los gritos de la multitud, alternados con el estruendo pavoroso de los atabales y caracoles. No esperaron á ser acometidos; ántes se vinieron á los Españoles con notable resolucion y movimiento ménos atropellado que solian. Dieron y recibieron las primeras cargas sin descomponerse ni precipitarse; pero á breve rato conocieron el daño que recibian, y se fueron retirando poco á poco, sin volver las espaldas, al primero de los reparos con que tenian atajadas las calles: en cuya defensa volvieron á pelear con tanta obstinacion, que fué necesario adelantar algunas piezas de artillería para desalojarlos. Tenian cerca las retiradas, y en algunas levantados los puentes de las acequias, con que se repetia importunamente la dificultad, y no se hallaba la sazon de poderlos combatir en descubierto. Vieronse aquel dia en sus operaciones algunas advertencias, que parecian de guerra mas que popular. Disparaban á tiempo, y baxa la puntería para no malograr el tiro en la resistencia de las armas. Los puestos se defendian con desahogo, y se abandonaban sin desórden. Echaron gente á las acequias para que ofendiesen nadando con el bote de las picas. Hicieron subir grandes peñascos á las azuteas para destruir los castillos de madera, y lo consiguieron haciéndolos pedazos. Todas las señas daban á entender que habia quien gobernase, porque se animaban y socorrian tempestivamente, y se dexaba conocer alguna obediencia entre los mismos desconciertos de la multitud.
Duró el combate la mayor parte del dia, reducidos los Españoles y sus aliados á ganar terreno de trinchera en trinchera; hizose gran daño en la ciudad, quemaronse muchas casas, y costó mas sangre á los Mexicanos esta ocasion que las dos antecedentes, porque anduvieron mas cerca de las balas, ó porque no pudieron huir como solian con el impedimento de sus mismos reparos.
Ibase acercando la noche, y Hernan Cortés viéndose obligado, no sin alguna desazon, á la disputa inútil de ganar puestos, que no se habian de mantener, se volvió á su alojamiento, dexando, en la verdad, ménos corregida que hostigada la sedicion. Perdió hasta quarenta soldados, los mas Tlascaltécas: salieron heridos y maltratados mas de cincuenta Españoles, y él con un flechazo en la mano izquierda: pero mas herido interiormente de haber conocido en esta ocasion que no era posible continuar aquella guerra tan desigual, sin riesgo de perder el exército y la reputacion. Primer desaliento suyo, cuya novedad extrañó su corazon, y padeció su constancia. Encerróse con pretexto de la herida, y con deseo de alargar las riendas al discurso. Tuvo mucho que hacer consigo la mayor parte de la noche. Sentia el retirarse de México, y no hallaba camino de mantenerse. Procuraba esforzarse contra la dificultad, y se ponia la razon de parte del rezelo. No se conformaban su entendimiento y su valor, y todo era batallar sin resolver: impaciente y desabrido con los dictámenes de la prudencia, ó mal hallado con lo que duele, ántes de aprovechar el desengaño.
INDICE
DE LOS CAPÍTULOS QUE SE CONTIENEN EN EL TOMO II.
| LIBRO III. | |
| PAG. | |
| Cap. I. Dáse noticia del viage que hicieron á España los Enviados de Cortés; y de las contradiciones y embarazos que retardaron su despacho | [1] |
| Cap. II. Procura Motezuma desviar la paz de Tlascála: vienen los de aquella república á continuar su instancia; y Hernan Cortés executa su marcha, y hace su entrada en la ciudad | [10] |
| Cap. III. Describese la ciudad de Tlascála: quejanse los Senadores de que anduviesen armados los Españoles, sintiendo su desconfianza; y Cortés los satisface, y procura reducir á que dexen la idolatría | [18] |
| Cap. IV. Despacha Hernan Cortés los Embaxadores de Motezuma. Reconoce Diego de Ordaz el volcan de Popocatepec, y se resuelve la jornada para Cholúla | [28] |
| Cap. V. Hallanse nuevos indicios del trato doble de Cholúla: marcha el exército la vuelta de aquella ciudad, reforzado con algunas Capitanías de Tlascála | [36] |
| Cap. VI. Entran los Españoles de Cholúla, donde procuran engañarlos con hacerles en lo exterior buena acogida: descubrese la traycion que tenian prevenida, y se dispone su castigo | [45] |
| Cap. VII. Castígase la traycion de Cholúla: vuelvese á reducir y pacificar la ciudad, y se hacen amigos los de esta nacion con los Tlascaltécas | [54] |
| Cap. VIII. Parten los Españoles de Cholúla: ofreceseles nueva dificultad en la montaña de Chalco; y Motezuma procura detenerlos por medio de sus nigrománticos | [63] |
| Cap. IX. Viene al quartel á visitar á Cortés de parte de Motezuma el Señor de Tezcúco su sobrino; continuase la marcha, y se hace alto en Quitlavaca, dentro ya de la laguna de México | [72] |
| Cap. X. Pasa el exército á Iztapalápa, donde se dispone la entrada de México. Refierese la grandeza con que salió Motezuma á recibir á los Españoles | [80] |
| Cap. XI. Viene Motezuma el mismo dia por la tarde á visitar á Cortés en su alojamiento. Refierese la oracion que hizo ántes de oir la embaxada: y la respuesta de Cortés | [89] |
| Cap. XII. Visita Cortés á Motezuma en su palacio, cuya grandeza y aparato se describe: y se da noticia de lo que pasó en esta conferencia, y en otras que se tuvieron despues sobre la Religion | [98] |
| Cap. XIII. Describese la ciudad de México, su temperamento y situacion, el mercado del Tlatelúlco, y el mayor de sus templos dedicado al Dios de la guerra | [106] |
| Cap. XIV. Describense diferentes casas que tenia Motezuma para su divertimiento, sus armerías, sus jardines y sus quintas, con otros edificios notables que habia dentro y fuera de la ciudad | [116] |
| Cap. XV. Dáse noticia de la ostentacion y puntualidad con que se hacia servir Motezuma en su palacio, del gasto de su mesa, de sus audiencias, y otras particularidades de su economía y divertimientos | [124] |
| Cap. XVI. Dáse noticia de las grandes riquezas de Motezuma, del estilo con que se administraba la hacienda, y se cuidaba de la justicia: con otras particularidades del gobierno político y militar de los Mexicanos | [134] |
| Cap. XVII. Dáse noticia del estilo con que se medían y computaban en aquella tierra los meses y los años; de sus festividades, matrimonios, y otros ritos y costumbres dignas de consideracion | [143] |
| Cap. XVIII. Continua Motezuma sus agasajos y dádivas á los Españoles. Llegan cartas de la Vera Cruz con noticia de la batalla en que murió Juan de Escalante; y con este motivo se resuelve la prision de Motezuma | [154] |
| Cap. XIX. Execútase la prision de Motezuma; dáse noticia del modo como se dispuso, y como se recibió entre sus vasallos | [165] |
| Cap. XX. Como se portaba en la prision Motezuma con los suyos y con los Españoles. Traen preso á Qualpopóca, y Cortés le hace castigar con pena de muerte, mandando echar unos grillos á Motezuma mientras se executaba la sentencia | [175] |
| LIBRO IV. | |
| Cap. I. Permitese á Motezuma que se dexe ver en público, saliendo á sus templos y recreaciones. Trata Cortés de algunas prevenciones que tuvo por necesarias; y se duda que intentasen los Españoles en esta sazon derribar los ídolos de México | [185] |
| Cap. II. Descubrese una conjuracion que se iba disponiendo contra los Españoles, ordenada por el Rey de Tezcúco: y Motezuma, parte con su industria, y parte por las advertencias de Cortés, la sosiega castigando al que la fomentaba | [196] |
| Cap. III. Resuelve Motezuma despachar á Cortés respondiendo á su embaxada: junta sus nobles, y dispone que sea reconocido el Rey de España por sucesor de aquel Imperio: determinando que se le dé la obediencia, y pague tributo como á descendiente de su Conquistador | [207] |
| Cap. IV. Entra en poder de Hernan Cortés el oro y joyas que se juntaron de aquellos presentes. Dicele Motezuma con resolucion que trate de su jornada: y él procura dilatarla sin replicarle, al mismo tiempo que se tiene aviso de que han llegado navios Españoles á la costa | [217] |
| Cap. V. Refierense las muchas prevenciones que hizo Diego Velazquez para destruir á Hernan Cortés: el exército y armada que envió contra él á cargo de Pámphilo de Narbáez: su arribo á las costas de Nueva España; y su primer intento de reducir á los Españoles de la Vera Cruz | [226] |
| Cap. VI. Discursos y prevenciones de Hernan Cortés en órden á excusar el rompimiento: introduce tratados de paz; no los admite Narbáez; ántes publica la guerra, y prende al Licenciado Lucas Vasquez de Ayllon | [236] |
| Cap. VII. Persevera Motezuma en su buen ánimo para con los Españoles de Cortés, y se tiene por improbable la mudanza que atribuyen algunos á diligencias de Narbáez. Resuelve Cortés su jornada, y la executa, dexando en México parte de su gente | [248] |
| Cap. VIII. Marcha Hernan Cortés la vuelta de Zempoala, y sin conseguir la gente que tenia prevenida en Tlascála. Continúa su viage hasta Motalequita, donde vuelve á las pláticas de paz, y con nueva irritacion rompe la guerra | [259] |
| Cap. IX. Prosigue su marcha Hernan Cortés hasta una legua de Zempoala: sale con su exército en campaña Pámphilo de Narbáez: sobreviene una tempestad, y se retira: con cuya noticia resuelve Cortés acometerle en su alojamiento | [269] |
| Cap. X. Llega Hernan Cortés á Zempoala, donde halla resistencia: consigue con las armas la victoria: prende á Narbáez, cuyo exército se reduce á servir debaxo de su mano | [279] |
| Cap. XI. Pone Cortés en obediencia la caballería de Narbáez, que andaba en la campaña: recibe noticia de que habian tomado las armas los Mexicanos contra los Españoles que dexó en aquella corte: marcha luego con su exército, y entra en ella sin oposicion | [289] |
| Cap. XII. Dáse noticia de los motivos que tuvieron los Mexicanos para tomar las armas. Sale Diego de Ordaz con algunas compañías á reconocer la ciudad: da en una zelada que tenian prevenida; y Hernan Cortés resuelve la guerra | [300] |
| Cap. XIII. Intentan los Mexicanos asaltar el quartel, y son rechazados: hace dos salidas contra ellos Hernan Cortés; y aunque ambas veces fueron vencidos y desbaratados, queda con alguna desconfianza de reducirlos | [310] |
R. Juigné, Impresor, 17, Margaret Street, Cavendish Square.
Notas
Se corrigieron errores obvios de puntuación e la ortografia.