I

Es la tierra de Soria árida y fría.

Por las colinas y las sierras calvas,

verdes pradillos, cerros cenicientos,

la primavera pasa,

dejando entre las hierbas olorosas

sus diminutas margaritas blancas.

La tierra no revive; el campo sueña.

Al empezar Abril está nevada

la espalda del Moncayo;

el caminante lleva en su bufanda

envueltos cuello y boca, y los pastores

pasan cubiertos con sus luengas capas.