II
A quien nos justifica nuestra desconfianza
llamamos enemigo, ladrón de una esperanza.
Jamás perdona el necio si ve la nuez vacía
que dió a cascar al diente de la sabiduría.
III
¡Ojos que a la luz se abrieron
un día, para, después,
ciegos tornar a la tierra,
hartos de mirar sin ver!
IV
Es el mejor de los buenos
quien sabe que en esta vida
todo es cuestión de medida:
un poco más, algo menos...