V.
Cómo Psique fue a sus hermanas a quejarse de su desdicha mala, y del castigo que sus hermanas recibieron.
Hablando de esta manera el dios Pan a Psique, ella, sin responderle palabra, comenzó a caminar por una senda que allí vio, y tanto anduvo, hasta que llegó a una ciudad, adonde era el reino de una de sus hermanas. La cual hermana, como supo que estaba allí Psique, mandola entrar. Y después que se hubieron abrazado ambas a dos, preguntole qué era la causa de su venida. Psique le respondió:
—¿No te recuerdas tú, señora hermana, el consejo que me disteis ambas a dos, que matase aquella grande bestia que conmigo se acostaba, antes que me tragase, para lo cual me diste una navaja? Y como yo quisiese poner por obra vuestro consejo, saqué el candil, y luego que miré su gesto y cara, veo una cosa divina y maravillosa, al hijo de la diosa Venus, digo al dios Cupido, aquel dios de amor que estaba hermosamente durmiendo, y como yo estaba pasmada de ver un dios tan hermoso y tan resplandeciente, acaso cayó una gota de aceite hirviendo del candil sobre su hombro, y con el dolor despertó; y como me vio armada con hierro y fuego, díjome:
—¿Cómo has hecho tan gran maldad y traición? Anda, vete luego de mi casa, que yo casaré con una de tus hermanas, y la dotaré de más ricas piezas que a ti.
Y diciendo esto, mandó al viento cierzo que me pusiese muy lejos de su casa.
No había acabado Psique de hablar estas palabras, cuando la hermana, incitada de envidia inmortal, compuesta una mentira para engañar a su marido, diciendo que había sabido de cómo su padre estaba a la muerte metiose en una nao, y fue navegando hasta que llegó a aquel risco, en el cual subida, dijo:
—¡Oh, Cupido! Recíbeme, que soy perteneciente para ser tu mujer, y tú, viento cierzo, recibe a tu señora.
Con estas palabras dio un salto grande del risco abajo, pero ella ni viva ni muerta pudo llegar al lugar que deseaba, porque se hizo por aquellas peñas pedazos, como merecía.
Tras de esta no tardó mucho la pena y venganza de la otra hermana, porque yendo Psique por su camino más adelante llegó a otra ciudad, en la cual moraba la otra su hermana, a la cual asimismo engañó con decirle lo que había dicho a la otra. Y queriendo el casamiento que no le cumplía, fuese a aquel risco, de donde fue despeñada.
Entretanto Psique andaba muy congojosa en busca de su marido Cupido por todos los pueblos y ciudades; pero él, herido de la llaga que le hizo la gota de aceite del candil, estaba echado enfermo, gimiendo, en la cámara de su madre.
Entonces un ave blanca que se llama gaviota, zambullose dentro en la mar, y halló allí a la diosa Venus, que se estaba lavando, nadando y holgando, a la cual se llegó y le dijo cómo su hijo Cupido estaba malo de una llaga de fuego que le daba mucho dolor: diciéndole más: que él se había estado apartado de las gentes, metido en una sierra con una doncella muy hermosa, la cual le había hecho la llaga, y que en el mundo ya no había amor ni policía alguna, ni nadie se casaba, ni se amaban los casados, sino todo andaba al contrario, feo y enojoso para todos.
Cuando aquella ave parlera dijo estas cosas a Venus, llena de ira y enojo contra su hijo Cupido, exclamó diciendo estas palabras:
—Paréceme que ya aquel bueno de mi hijo tiene alguna amiga; hazme tanto placer tú, que me sirves con más amor que ninguna, que me digas el nombre de aquella que engañó a este muchacho sin barbas y de poca edad, ahora sea alguna de las ninfas o del número de las diosas, ahora sea del coro de las musas o del ministerio de mis gracias.
Aquella ave parlera no calló lo que sabía, diciendo:
—Por cierto, señora, no sé bien cómo se llama, mas pienso, si bien me recuerdo, que la que tu hijo ama se llama Psique.
Entonces Venus, indignada, comenzó a dar voces, diciendo:
—Ciertamente, él debe amar a aquella Psique, que pensaba tener mi gesto y era envidiosa de mi nombre; de lo que más tengo enojo en este negocio, es que me hizo a mí alcahueta, porque yo le mostré y enseñé por dónde conociese a aquella moza.
De esta manera, riñendo y gritando, prestamente se salió de la mar y fuese luego a su cámara, a donde halló a su hijo malo, según lo había oído, y desde la puerta comenzó a dar voces, diciendo de esta manera:
—Honesta cosa es, y que cumple mucho a nuestra honra y fama, lo que tú has hecho parecerte buena cosa, menospreciar y tener en poco los mandamientos de tu madre, dándome pena con los amores de mi enemiga que tenía robada en el mundo mi honra y honor. ¿Piensas tú que tengo yo de sufrir, por amor de ti, nuera que sea mi enemiga? Pero tú, mentiroso y corrompedor de costumbres, presumes que tú solo eres engendrado para los amores, y que yo no podré parir otro Cupido; pues quiero ahora que sepas que yo podré engendrar otro hijo mucho mejor que tú; y aun porque más sientas la injuria, adoptaré por hijo a alguno de mis esclavos y servidores, y darle he alas y llamas de amores, con el arco y las saetas y todo lo otro que a ti di.
Después que Venus hubo dicho esto, saliose fuera muy enojada diciendo palabras de enojo; pero la diosa Ceres y Juno, como la vieron enojada, la fueron a acompañar, y la preguntaron qué era la causa por que traía el gesto tan turbado, y los ojos, que resplandecían (de tanta hermosura), traía tan revueltos mostrando su enojo.
Ella respondió:
—A buen tiempo venís para preguntarme la causa de este enojo que traigo, aunque no por mi voluntad, sino porque otro me lo ha dado; por ende, yo os ruego que con todas vuestras fuerzas busquéis a aquella huidora de Psique doquier que la hallareis, porque yo bien sé que vosotras sabéis toda la historia de lo que ha acontecido en mi casa con este hijo que no oso decir que es mío.
Ellas, sabiendo las cosas que habían pasado, deseando amansar la ira de Venus, comenzáronle a hablar de esta manera:
—Qué, ¿tan gran delito pudo hacer tu hijo, que tú, señora, estés contra él enojada con tan gran pertinacia y melancolía, y que a aquella que él mucho ama tú la desees destruir? Rogámoste que mires bien si es crimen para tu hijo que le pareciese bien una doncella; ¿no sabes tú que es hombre? ¿Hásete ya olvidado cuántos años tiene tu hijo, o porque es mancebo y hermoso tú piensas que es todavía muchacho? Tú eres su madre y mujer de seso, y siempre has experimentado los placeres y juegos de tu hijo, ¿y tú culpas en él y reprendes sus artes y amores, y quieres cerrar la tienda pública de los placeres de las mujeres?
De esta manera ellas querían satisfacer por el dios Cupido, por miedo de sus amorosas saetas. Mas Venus, viendo que burlaban de ella, las dejó con la palabra en la boca y se volvió a la mar, de donde había salido.