ESCENA IV.

[El interior de la torre.]

MANFREDO solo.

Las estrellas se ponen en orden en el firmamento; la luna se manifiesta sobre la cumbre de las montanas coronadas de nieve: iadmirable espectaculo! conozco que amo todavia a la naturaleza, porque el aspecto de la noche me es mas familiar que el de los hombres, y es en sus tinieblas silenciosas y solitarias, bajo la boveda estrellada de los cielos, en donde he aprendido el idioma de otro universo.

Me acuerdo que cuando viajaba en tiempo de mi juventud, me encontre en una noche semejante en el recinto del Coliseo en medio de todo lo que nos queda de mas grande de la ciudad de Romulo. Un viso sombrio oscurecia el ramage de los arboles que crecen sobre los arcos arruinados, y las estrellas brillaban al traves de las grietas que presentaban aquellas ruinas. A lo lejos los ladridos de los perros resonaban en la otra margen del Tiber; mas cerca de mi, el grito lugubre de los buhos salia del palacio de Cesar, y el viento me traia los sonidos moribundos del canto nocturno de las centinelas. Por la parte de la brecha, que el tiempo ha abierto al circo, parecia que los cipreses adornaban el horizonte y solo estaban a la distancia de un tiro; en estos mismos lugares, que fueron la morada de los Cesares, y que en el dia estan habitados por los pajaros nocturnos que hacen oir sus cantos aciagos, se elevan sobre las murallas demolidas los arboles cuyas raices se entrelazan bajo el domicilio imperial, y la hiedra rastrera se apodera del terreno destinado a criar el laurel; pero el circo sangriento de los gladiadores, ruina noble e imponente, esta todavia de pie, mientras que los palacios de marmol de Cesar y de Augusto no presentan sobre la tierra sino escombros ignorados. Tu alumbrabas con tus rayos a la antigua reina del mundo, astro pacifico de las noches, tu dejabas caer una luz palida y melancolica que suavizaba el aspecto austero y doloroso de sus antiguos escombros, y llenaba en algun modo el vacio de los siglos. Todo lo que subsiste todavia de hermoso y de grande recibia de ti un nuevo esplendor, y lo que ya no existe parecia que habia vuelto a tomar su antigua brillantez; en estos lugares todo inspiro mi entusiasmo, y mi corazon conmovido adoro silenciosamente a los grandes hombres de otros tiempos. Crei ver a todos los heroes que ya han pasado y a todos los soberanos coronados que todavia gobiernan nuestras almas desde el fondo de sus sepulcros….

Era una noche semejante a esta. iEs una cosa particular que me la recuerde en este momento! pero he esperimentado muchas veces que nuestros pensamientos se nos escapan y se pierden lejos de nosotros, en el momento en que quisieramos concentrarlos en una meditacion solitaria.

[Entra el Abad de San Mauricio.]

EL ABAD.

Debo pediros perdon de esta segunda visita; pero dignaos no mirar como una ofensa la indiscreta importunidad de mi celo. iRecibo con gusto contra mi lo que tiene de culpable, y que lo que tenga de bueno pueda ilustrar vuestro espiritu! ique no pueda yo decir vuestro corazon! Si consiguiese ablandarlo por medio de mis exhortaciones y de mis oraciones, pondria en el buen camino a un corazon noble que se encuentra escarriado, pero que todavia no esta perdido.

MANFREDO.

Tu no me conoces. Mis dias estan ya contados, y mis acciones estan escritas en el libro del cielo. Retirate, tu permanencia aqui te seria perjudicial; retirate.

EL ABAD.

?Es una amenaza la que me anunciais?

MANFREDO.

No, te advierto sencillamente que hay peligro para ti, y yo quisiera preservarte de el.

EL ABAD.

?Que quereis decir?

MANFREDO.

Mira, ?no ves nada?

EL ABAD.

Nada.

MANFREDO.

Mira bien, te digo y sin temblar.
?Que ves ahora?

EL ABAD.

Veo lo que es muy capaz de hacerme temblar, pero no temo nada, veo un espectro sombrio y terrible que sale de la tierra como una divinidad infernal. Su frente esta cubierta con un velo negro, y su cuerpo parece que se halla rodeado de nubes aciagas; pero yo no le temo.

MANFREDO.

Tu no tienes que temer, es cierto; pero su aspecto puede paralizar tus miembros cargados de anos. Lo repito, retirate.

EL ABAD.

Y yo repito que no me retirare sin que haya hecho desaparecer este espectro… ?Que hace aqui?

MANFREDO.

Lo ignoro: no le he llamado, el ha venido por su voluntad.

EL ABAD.

iAyi hombre perdido! ?que teneis que tratar con semejantes huespedes? tiemblo por vos, ?porque os mira fijamente y vos a el? iAh! vedle que descubre su rostro, las cicatrices del rayo vengador estan grabadas sobre su frente, y en sus ojos brilla la inmortalidad del infierno. iLejos de aqui!…

MANFREDO [al Espiritu].

?Cual es tu mision?

EL ESPIRITU.

Ven.

EL ABAD

?Quien eres, espiritu desconocido? habla, responde.

EL ESPIRITU.

El genio de este hombre. [A Manfredo.]
Ven, ya es tiempo.

MANFREDO.

Estoy pronto a todo, pero no reconozco el poder que me llama, ?quien te envia aqui?

EL espiritu.

Tu lo sabras despues.iVen! iven!

MANFREDO.

He mandado a seres de una esencia superior a la tuya, he resistido a sus superiores: alejate de estos lugares.

EL ESPIRITU.

iMortal! tu hora ha llegado. Ven te digo.

MANFREDO.

Ya se que mi hora ha llegado, pero no sera a un ser tal como tu a quien entregare mi alma.

EL ESPIRITU.

?Llamare pues a mis hermanos?…
Apareced.

[Aparecen los otros Espiritus.]

EL ABAD.

Alejaos, espiritus malignos, huid os digo; vosotros no teneis poder en los parages en donde se encuentra la piedad. Huid, os lo ordeno en nombre de….

EL ESPIRITU.

Anciano, nosotros conocemos nuestra mision y tu ministerio, no pierdas tus palabras sagradas; serian inutiles. Este hombre esta condenado, y por la ultima vez le intimo que venga.

MANFREDO.

Yo os desafio a todos; aunque sienta que mi alma se me ausenta, os desafio a todos. No os seguire mientras que me quede un soplo de vida para luchar aunque sea con los demonios: si quereis arrancarme de aqui no lo conseguireis sino miembro por miembro.

EL ESPIRITU.

iMortal rebelde! ?eres tu el magico que se atrevio a arrojarse al mundo invisible y hacerte casi nuestro igual? ?eres tu el que quieres conservar una vida que te ha sido tan funesta?

MANFREDO.

Espiritu impostor, mientes; se que ha llegado la ultima hora de mi vida y no quisiera retardarla un momento. No lucho contra la muerte y si contra ti y contra los angeles de tu sequito. No fue por medio de un pacto contigo y con tus companeros por lo que adquiri un poder sobrenatural; fue mi ciencia superior, mis privaciones, mi audacia, mis dilatados desvelos, mi fuerza de alma y mi habilidad en descubrir los secretos de los tiempos antiguos en los que se veia a los hombres y a los espiritus marchar juntamente e ignorar injustos privilegios. Me encuentro satisfecho de mis propias fuerzas, os desafio, y os desprecio.

EL ESPIRITU.

Tus crimenes te han hecho….

MANFREDO.

?Que te importan mis crimenes? ?Seran castigados por otros crimenes o por otros mayores criminales? Vuelve a sumergirte en el infierno, yo permanezco aqui; tu no tienes ningun poder sobre mi, y se que nunca me poseeras. Lo que he hecho, esta ya hecho; llevo en mi pecho un tormento al cual no anadira nada el que puedes causarme; un alma inmortal se recompensa o se castiga a si misma; independiente de los lugares y de los tiempos, lleva consigo el origen y el termino de de sus males; una vez despojada de su cubierta mortal, su sentimiento interno no presta ningun color a los vagos objetos que la rodean, pero se encuentra absorbida en las penas o en la dicha que nacen del conocimiento de sus crimenes o de sus virtudes. Tu no has podido tentarme ni enganarme un momento: ?porque vienes a buscar una presa que jamas te pertenecera? Me he perdido a mi mismo, y sere mi propio verdugo. (A todos.) Huid, demonios impotentes; la mano de la muerte esta sobre mi, pero no la vuestra.

[Los demonios desaparecen.]

EL ABAD.

iAy! vuestra frente se pone palida, vuestros labios pierden el color, vuestro corazon esta oprimido, y vuestros acentos salen con un sonido ronco de vuestro pecho palpitante. Dirigid vuestras oraciones al cielo, suplicad a lo menos con el pensamiento … pero no os entregueis a la muerte de este modo.

MANFREDO.

Esto es hecho, mis ojos no pueden mirarte, todo se mueve a mi rededor, y la tierra parece que se hunde bajo mis pasos. A Dios padre mio; dadme la mano.

EL ABAD.

Esta fria … tambien lo esta su corazon. Una sola suplica… iAy! ?que es lo que va a sucederle?

MANFREDO.

Anciano, el morir no es dificil.

[Espira.]

EL ABAD.

Ya no existe; su alma ha tomado vuelo: ?a donde ira?… Temo el pensarlo … murio[5]….