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| Advertencia preliminar | [v] |
| Dedicatoria | [1] |
| Prólogo de la historia.—En el cual trata el autor difusamente
los diversos motivos y fines que los que historias escriben
suelen tener.—Toca la utilidad grande que trae la noticia de
las cosas pasadas.—Alega muchos autores y escritores antiguos.—Pone
muy largo la causa final é intincion suya que le
movió á escribir esta Crónica de las Indias.—Asigna los
grandes errores que en muchos, cerca de estas naciones indianas,
ha habido, y las causas de donde procedieron.—Señala
tambien las otras causas, formal y material y eficiente,
que en toda obra suelen concurrir. | [3] |
| Libro Primero.—Capítulo I.—En este capítulo se toca la creacion
del cielo y de la tierra.—Como Dios la concedió, con
todas las criaturas inferiores, al señorío del hombre.—Como
este señorío se amenguó por el pecado.—El discurso que tuvieron
los hombres para se derramar por las tierras.—Cuán
singular cuidado tiene de los hombres la Providencia divina.—Como
Dios mueve y inclina los hombres á las cosas que determina
hacer aquello para que los toma por ministros.—Como
tiene sus tiempos y sazon determinados para el llamamiento
y salud de sus predestinados.—Como nadie debe murmurar
por qué ántes ó por qué despues llamó á unas y dejó
á otras naciones, y cómo siempre acostumbró enviar el remedio
de las ánimas, cuando más corruptas y más inficionadas
en pecados y más olvidadas parecia que estaban del divino
favor, puesto que nunca dejó, por diversas vías, con sus influencias
generales, de socorrer en todos los tiempos y estados
á todos los hombres del mundo. | [35] |
| Cap. II.—Donde se tracta como el descubrimiento destas Indias
fué obra maravillosa de Dios.—Como para este efecto parece
haber la Providencia divina elegido al Almirante que las
descubrió, la cual suele, á los que elige para alguna obra,
conceder las virtudes y cualidades necesarias, que han menester.—De
la patria, linaje, orígen, padres, nombre y
sobrenombre, persona, gesto, aspecto y corporal dispusicion,
costumbres, habla, conversacion, religion y cristiandad de
Cristóbal Colon. | [41] |
| Cap. III.—En el cual se trata de las gracias que tuvo adquisitas
Cristóbal Colon.—Como estudió y alcanzó las ciencias, gramática,
aritmética, geometría, historia, cosmografía y astrología.—Cuánto
dellas le fué necesario para el ministerio que
Dios le elegía, y sobre todo que fué peritísimo en el arte de
navegar sobre todos los de su tiempo.—Como en esto se ocupó
toda su vida ántes que descubriese las Indias, y no en alguna
arte mecánica como quiso decir un Agustin Justiniano. | [46] |
| Cap. IV.—En el cual se trata de la ocasion que se ofreció á
Cristóbal Colon para venir á España y cómo se casó en Portugal,
y del primer principio del descubrimiento destas Indias,
é, incidentemente, de cómo y cuando fueron descubiertas la
isla de la Madera y la del Puerto Santo, que está cabe ella, y
cómo las descubrió ó ayudó á descubrir el suegro del dicho
Cristóbal Colon. | [51] |
| Cap. V.—En el cual se ponen cinco razones que movieron á
Cristóbal Colon para intentar su descubrimiento destas
Indias, las cuales asignó D. Hernando Colon, hijo del mismo
D. Cristóbal Colon. | [55] |
| Cap. VI.—En el cual se contienen autoridades de grandes y famosos
filósofos, que afirmaron ser habitable la tórrida zona, y
la cuarta que á ella dista hácia el polo austral y el hemisferio
inferior que algunos negaban.—De como hobo noticia de haber
en el mundo dos géneros de etiopes, los cuales agora
cognoscemos y experimentamos; y otras muchas cosas contiene
este capítulo notables. | [58] |
| Cap. VII—En el cual se ponen otras dos razones naturales y
autoridades de Avicena y Aristóteles, y San Anselmo, y de
Plinio y Marciano, y de Pedro de Aliaco, Cardenal doctísimo,
que prueban haber tierra y poblada en el mar Océano,
y en las tierras que están debajo de los polos, y en ellas, diz
que, vive gente beatísima, que no muere sino harta de vivir,
y ellos se despeñan para matarse por no vivir. | [67] |
| Cap. VIII.—En el cual se hace mención de una isla grandísima,
que pone Platon, mayor que Asia y Europa, riquísima y felicísima,
y de cuya prosperidad y felicidad dice Platon cosas
increibles, pero verdaderas, y apruébanlo otros autores y San
Anselmo entre ellos; la cual está cerca de la boca del estrecho
de Gibraltar, y, de un terremotu de una noche y un dia,
fué hundida.—De como muchas tierras se han perdido, y
hecho islas de tierra firme, y otras haber parecido que ántes
no eran, y de como muchos Reyes, los tiempos antiguos, enviaron
flotas á descubrir, etc. | [73] |
| Cap. IX.—En el cual se ponen algunas auctoridades de Ptolomeo
y de Strabo y de Plinio y de Solino, y señaladamente
de Aristóteles, que refiere haber los Cartaginenses descubierto
cierta tierra, que no parece poder ser otra sino parte de
la tierra firme que hoy tenemos hácia el cabo de San Agustin,
y de otros navíos de Cáliz que hallaron las hierbas que, en la
mar, cuando venimos á estas, Indias hallamos. | [80] |
| Cap. X.—En el cual se tracta de como la Providencia divina
nunca consiente venir cosas señaladas para bien del mundo,
ni permite para castigo dél, sin que primero, ó por sus
siervos los Sanctos, ó por otras personas, aunque sean infieles
y malas, y algunas veces por los demonios, las prenuncien
y antedigan que ellas acaezcan.—Pónense una autoridad de
Séneca que parece verdadera y expresa profecía, y otra de
Sant Ambrosio del descubrimiento destas Indias.—Quién fué
Tiphis, el que inventó la primera nao. | [85] |
| Cap. XI.—En el cual se trae auctoridad de Pedro de Aliaco,
Cardenal, gran teólogo, filósofo, matemático, astrólogo, cosmógrapho,
la cual mucho movió con eficacia á Cristóbal Colon
y lo confirmó en todo lo pasado.—Donde incidentemente
se toca que España se extendia hasta lo que agora se dice
África, y llegaba al monte Atlántico, porque antiguamente
era todo tierra contínua, y no habia estrecho de agua donde
ahora es el de Gibraltar. | [89] |
| Cap. XII.—El cual contiene dos cartas muy notables que escribió
un maestre Paulo, florentin, á Cristóbal Colon, informándole
de las otras cosas admirables que habia en Oriente,
y como por el Occidente podia llegarse allá y descubrir los
reinos felicísimos del Gran Khan, que quiere decir Rey de los
Reyes, y de una carta de marear que le invió de la provincia
de Cipango, etc. | [92] |
| Cap. XIII.—En el cual se contienen muchos y diversos indicios
y señales, que por diversas personas Cristóbal Colon era informado,
que le hicieron certísimo de haber tierra en aqueste
mar Océano, hácia esta parte del Poniente, y entre ellos fué
haber visto en los Azores algunos palos labrados, y una canoa,
y dos cuerpos de hombres, que los traia la mar y viento de
hácia Poniente.—Hácese mencion de la tierra de los Bacallaos
y de la isla de Antilla y Siete Ciudades, etc. | [97] |
| Cap. XIV.—El cual contiene una opinion, que á los principios
en esta isla Española teniamos, que Cristóbal Colon fué avisado
de un piloto, que con gran tormenta vino á parar forzado
á esta isla; para prueba de lo cual se ponen dos argumentos
que hacen la dicha opinion aparente, aunque se concluye
como cosa dudosa.—Pónense tambien ejemplos antiguos de
haberse descubierto tierras, acaso, por la fuerza de las tormentas. | [103] |
| Cap. XV.—En el cual se impugna cierta nueva opinion que
dice, que afirma questas Indias ó parte dellas, en tiempo del
rey Hespero XII de España, estuvieron subiectas ó fueron
del señorio de España; pónense cuatro razones por las cuales se
prueba ser vana y frívola, y lisonjera, y dañosa tal opinion.—Refiérense
muchos descubrimientos que antiguamente se
hicieron por diversas gentes y por mandados de Reyes diversos.—Contiene
cosas antiguas y notables. | [107] |
| Cap. XVI.—En él se responde á los motivos de los que afirman
ser estas Indias las Hespérides, con razones y muchas auctoridades,
que no es regla general que todos los reinos, ni tampoco
España, se denominasen de los Reyes.—Tráense muchas
cosas antiguas y dulces.—Hácese mencion de aquel cabo, nominatísimo
por los antiguos, de Buena Esperanza.—Tráense
razones muy probables y, suficiente divisione, se concluye
que las Hespérides fueron las islas que ahora llamamos de
cabo Verde, que son siete, que están 300 leguas de las Canarias,
hácia el Austro ó el Sur.—Tambien cuales fueron las
islas Gorgonas ó Gorgades.—Que las Hespérides fueron hijas
de Hespero, Rey de África, ó de Atlante, su hermano.—Que
hobo muchos Hércules y muchos Atlantes.—Qué fueron los
puertos y las manzanas de oro, que dellos cogian las nimphas
Hespérides, y cuál el dragon que las guardaba de dia y de
noche, al cual mató Hércules.—La interpretacion desta fábula,
y cómo se reduce á historia, y al cabo que todo lo que
se dice de las Hespérides fué dudoso é incierto, y otras cosas
agradables para oir, etc. | [118] |
| Cap. XVII. | [131] |
| Cap. XVIII. | [137] |
| Cap. XIX. | [152] |
| Cap. XX. | [161] |
| Cap. XXI. | [169] |
| Cap. XXII. | [172] |
| Cap. XXIII. | [180] |
| Cap. XXIV. | [185] |
| Cap. XXV. | [195] |
| Cap. XXVI. | [201] |
| Cap. XXVII. | [207] |
| Cap. XXVIII.—En el cual se torna á la historia de como Cristóbal
Colon deliberó de ofrecerse á descubrir otro mundo,
cuasi como certificado que lo habia de hallar.—Ofreció al rey
de Portugal primero la empresa.—Las cosas que proponia
hacer é riquezas descubrir; las mercedes que pedia por
ello.—Mofaron, el Rey y sus consejeros, dél, teniendo por
burla lo que prometia; estuvo catorce años en esto con el
rey de Portugal.—Por la informacion que el Rey le oia envió
una carabela, secretamente, que tornó medio perdida; sabida la
burla determinó dejar á Portugal y venir á los reyes de Castilla.—Asígnanse
algunas causas, por qué el Rey de Portugal
dejarla de aceptar esta negociacion. | [217] |
| Cap. XXIX.—Como determinó Cristóbal Colon que su hermano
Bartolomé Colon fuese á ofrecer la empresa al rey de Inglaterra.—De
las condiciones deste Bartolomé Colon.—Como
hizo ciertos versos en latin al rey de Inglaterra, y una figura.—Salió
Cristóbal Colon secretamente de Portugal, vino á
la villa de Palos.—Dejó su hijo chiquito, Diego Colon, en el
monesterio de la Rábida.—Fuése á la corte.—Comenzó á informar
á personas grandes.—Fué oido de los Reyes; cometieron
el negocio al Prior de Prado y á otros.—Pusieron muchos
argumentos, segun entónces podian poner, harto débiles.—No
fué creido, ántes juzgadas sus promesas por vanas
é imposibles.—Asígnanse algunas razones desto.—Padeció
grandes trabajos por cinco años, y en fin fué despedido sin
nada. | [224] |
| Cap. XXX.—En el cual se contiene, como Cristóbal Colon
vino á la ciudad de Sevilla y propuso su demanda al Duque
de Medina Sidonia, el cual, puesto que muy magnánimo y
que habia mostrado su generosidad en grandes hechos, ó
porque no la creyó, ó porque no la entendió, no quiso acetarla.—Como
de allí se fué al Duque de Medinaceli, que al
presente residia en el Puerto de Santa María; entendido el
negocio lo aceptó y se dispuso para favorecerlo, y, sabido por
la reina Doña Isabel, mandó al Duque que no entendiese en
ello que ella lo queria hacer, etc. | [235] |
| Cap. XXXI.—En el cual se contiene otra vía, diversa de la del
precedente capítulo, que algunos tuvieron para quel Cristóbal
Colon fuese de los reyes de Castilla admitido y favorecido,
conviene á saber, que visto que el Duque de Medina Sidonia
no le favorecia, que se fué á la Rábida de Palos, donde habia
dejado su hijo, con determinacion de irse al rey de Francia, y
que un guardian del dicho monesterio de La Rábida, que se
llamaba fray Juan Perez, le rogó que no se fuese hasta que
él escribiese á la Reina; envió la Reina á llamar al guardian
y despues á Cristóbal Colon y envióle dineros.—Llegado,
hobo muchas disputas.—Tórnase á tener por locura.—Despiden
totalmente á Cristóbal Colon.—Nótase la gran constancia
y fortaleza de ánimo de Cristóbal Colon, etc.—Da el
autor, ántes desto, alguna conformidad de tres vías, que parecen
diversas, como esto al cabo se concluyó. | [240] |
| Cap. XXXII.—En el cual se trata como segunda vez absolutamente
fué Cristóbal Colon de los Reyes despedido y se partió
de Granada desconsolado, y como un Luis de Santangel,
escribano de las raciones, privado de los Reyes, á quien pesaba
gravemente no aceptar la Reina la empresa de Cristóbal
Colon, entró á la Reina y le hizo una notable habla, tanto,
que la persuadió eficazmente, y prestó un cuento de maravedís
á la Reina para el negocio, y la Reina envió luego á
hacer volver á Cristóbal Colon, y otras cosas notables que
aquí se contienen. | [245] |
| Cap. XXXIII.—En el cual se trata como se hicieron los despachos
de Cristóbal Colon, segun él supo y quiso pedir, con
la capitulacion de las mercedes que los Reyes le hacian, de
lo cual luego en Granada se le dió privilegio real.—Ésta se
pone á la letra porque se vea la forma y estilo de aquellos
tiempos; como, despachado, se fué á la villa de Palos á se
despachar. | [251] |
| Cap. XXXIV.—Vínose despachado Cristóbal Colon á la villa de
Palos; entendió con gran presteza en su despacho y puso medio
cuento de maravedís que fueron necesarios.—Un Martin
Alonso y sus hermanos Pinzones ayudaron mucho á se despachar,
y fueron con él á descubrir.—Tócase del pleito que
hobo entre el Fiscal y el Almirante.—Detráese de cosas no
dignas que el Fiscal movió en favor del Martin Alonso, deshaciendo
los grandes servicios del Almirante, porque los hermanos
del Martin Alonso decian que ellos habian sido causa
principal del descubrimiento destas Indias.—Pónense razones
por las cuales se convencen de la falsedad.—Armó tres
navíos, dos pequeños y otro mayor.—Juntó noventa personas.—Hizo
Capitanes á Martin Alonso y á su hermano Vicente
Yañez, y al tercero Maestre del uno; él tomó la nao ó navío
grande, etc. | [255] |
| Cap. XXXV.—Embarcóse, jueves, á 2 de Agosto, y hízose á la
vela viernes, á 3, año de 1492.—Pónese aquí un prólogo notable
que hizo á los Reyes, Cristóbal Colon, puesto en el principio
del libro desta su primera navegacion.—Determinó de
hacer dos cuentas de las leguas que andaba, una secreta
para sí, que contaba verdad de lo que andaba, y otra pública
para con la gente, que decia ménos de lo que andaba, porque, si
se dilatase el viaje, la gente no desmayase.—Hobo revés y trabajos
hasta llegar á las Canarias, saltando el gobernario de
una carabela ó vela de adobar; en gran Canaria.—La sierra
desta isla de Tenerife echó de sí gran fuego.—Comenzaba la
gente de los navíos á se arrepentir y á murmurar, etc. | [261] |
| Cap. XXXVI.—Fué avisado Cristóbal Colon que andaban ciertos
navíos del rey de Portugal por prenderle.—Dióse priesa para
salir del Puerto de la Gomera; salió jueves á seis dias de Setiembre
del dicho año.—Va contando las leguas, que, cada dia
con su noche, conforme á las dos cuentas dichas, andaba,
etc. | [266] |
| Cap. XXXVII.—En el cual se tracta como es ley universal que
Dios tiene en su mundo, que las cosas grandes, mayormente
las de la fe, tengan muchos contrarios y dificultades,
y de la razon desto.—Como la gente desmayaba de ver tan
largo viaje sin ver tierra, murmuraban y echaban maldiciones
á Cristóbal Colon, diciéndole en la cara injurias porque se
tornase, amenazándole que le habian de echar á la mar; y
tomaban más recias ocasiones cuanto mejor tiempo llevaban.—Como
Cristóbal Colon los consolaba y cumplia con ellos
con buenas palabras, y gran modestia y paciencia.—Como
Dios le favorecia, vieron algunas aves en señal de estar cerca
de tierra.—De los corrillos y pláticas que entre sí tenian
contra él.—Como él lo disimulaba, y de las razones que les
decia para que perseverasen, y de las esperanzas que les
daba. | [272] |
| Cap. XXXVIII.—En el cual se contiene una carta de marear
que llevaba Cristóbal Colon, donde tenia pintadas estas Indias
é islas, mayormente esta Española que llamó Cipango, y esta
carta dice el autor que la tiene, á lo que cree, en su poder.—Como
vieron ciertos celajes que todos afirmaron ser
tierra, y hobieron grande alegría, y al cabo no fué.—Como
vieron muchas señales, adelante, de tierra.—Como se le quisieron
amotinar de no poder ya mas sufrir la dilacion.—Como
descubrió Colon ciertos secretos de las alturas.—Como confirieron
los puntos de la navegacion. | [278] |
| Cap. XXXIX.—En el cual se trata de algunos alegrones que tuvieron
diciendo algunos que vian tierra, los cuales se les
tornaban luego en tristezas y en murmuraciones y desacatos
de Cristóbal Colon, y á querérsele amotinar.—Como mudó el
camino más al Austro, por las señales de las aves que vian.—Como
vieron muchas y ciertas señales de estar cerca de tierra.—Como
vieron un junco verde y otras cosas de tierra.—Como
jueves, 11 de Octubre, conociendo Cristóbal Colon que
estaban cerca de tierra, hizo una habla á todos aquella noche,
á primera noche, que velasen bien porque ántes de muchas
horas la verian.—Como á las diez de la noche vido él
mismo lumbre, y á las dos, despues de media noche, vido
tierra.—Y como por haber visto la lumbre, primero, le adjudicaron
los Reyes los 10.000 maravedises, aunque otro vido
la tierra. | [284] |
| Cap. XL. En el cual se trata de la cualidad de la isla que tenian
delante, y de la gente della.—Como salió en tierra el Almirante
y sus Capitanes de los otros dos navíos, con la bandera
real y otras banderas de la cruz verde.—Como dieron todos
gracias á Dios con gozo inestimable.—Como tomaron posesion
solemne y jurídica de aquella tierra por los reyes de
Castilla.—Como pedian perdon al Almirante los cristianos
de los desacatos que le habian hecho.—De la bondad, humildad,
mansedumbre, simplicidad y hospitalidad, disposicion,
color, hermosura de los indios.—Como se admiraban
de ver los cristianos.—Como se llegaban tan confiadamente
á ellos.—Como les dió el Almirante de las cosas de Castilla
y ellos dieron de lo que tenian. | [291] |
| Cap. XLI.—En el cual se contiene como vinieron muchos indios
á los navíos, en sus barquillos, que llaman canoas, y otros
nadando.—La estimacion que tenian de los cristianos, creyendo
por cierto que habian descendido del cielo, y por esto
cualquiera cosa que podian haber dellos, aunque fuese un pedazo
de una escudilla ó plato, la tenian por reliquias y daban
por ello cuanto tenian.—Hincábanse de rodillas y alzaban las
manos al cielo, dando gracias á Dios, y convidábanse unos á
otros que viniesen á ver los hombres del cielo.—Apúntanse
algunas cosas notables, para advertir á los lectores de la simiente
y ponzoña de donde procedió la destruicion destas Indias.—Y
cómo detuvo el Almirante siete hombres de aquella
isla. | [299] |
| Cap. XLII.—En el cual se tracta de una isla que parecia grande, á
la cual puso nombre la Fernandina, y, viniendo á ella, toparon
un indio en una canoa; tomáronlo en la nao, y, contento,
enviáronlo delante y dió las nuevas en la Fernandina, y como
surgieron los navíos ya de noche.—Nunca cesaron en toda la
noche de venir canoas y gentes á ver los cristianos y traerles
de lo que tenian.—Saltaron en tierra los marineros con barriles
por agua.—Con gran alegría se la mostraban los indios
y los ayudaban.—La gente era como la pasada, pero, diz que,
más doméstica, y más aguda, y más dispuesta.—No les cognoscieron
secta alguna.—Tenian paños de algodon, las mujeres
casadas cubrian sus vergüenzas, las doncellas no.—La
manera de las camas.—De un árbol que contiene diversidad
de árboles en sí.—Dáse la razon dél, maravillosa.—De
las culebras y perros de aquella isla.—Vieron más gente.—La
manera de sus casas, etc. | [306] |
| Cap. XLIII.—En el cual se trata como el Almirante dió vuelta
al leste ó Levante, porque le informaron los indios que la
isla de Samoeto era más grande que la Fernandina, y quedaba
atras, y esto parece que Dios le tornaba porque viese á
Cuba y á la Española.—Llegados á Samoeto, sintieron suavísimos
olores, y vieron la isla ser graciosísima.—Mataron dos
sierpes, que son las iguanas y qué cosa es.—Huyeron los
indios sentidos los cristianos.—Tornaron á venir sin miedo.—Estimaron
que habian descendido del cielo.—Tuvo relacion,
segun él creia que lo entendia, que habia allí minas
de oro, y estuvo esperando que el Rey de la isla viniese allí.—Halló
lignaloe y mandó cortar dello.—Aquí supo nuevas de la
isla de Cuba y de la Española.—Creyó que era la isla de Cipango,
donde pensó que hallaria gran suma de oro, y perlas
y especería.—Las razones por donde con razon se movió
á lo creer y que allí venian naos grandes del Gran Khan.—Puso
por nombre á esta isla la Isabela.—Fuese della en demanda
de Cuba, etc. | [312] |
| Cap. XLIV.—En el cual se tracta, como se llegó el Almirante á
la tierra de la isla de Cuba y le puso por nombre Juana.—De
la órden que tuvo hasta allí en poner los nombres á las tierras
que descubria.—Como entró en un rio y puerto muy hermoso.—Saltó
en tierra.—Huyeron los indios de dos casas
que por allí hallaron.—Loa la hermosura de aquella isla.—Decíanle
los indios, que llevaba consigo, que habia minas de
oro.—Juzgó que estaba de allí cerca tierra firme.—Llamó
aquel rio Sant Salvador.—Salió de allí é descubrió otro rio
que llamó de la Luna.—Despues otro que nombró de Mares;
maravilloso puerto.—Vido poblaciones y huyeron dellas todos
los indios, vistos los navíos.—Saltó en tierra y de las cosas
que vido en las casas, las cuales casas eran muy más hermosas
que las que habia visto.—De la hermosura de los árboles
y templanza de los aires y frescura.—Como Martin Alonso
entendia de los indios que llevaba, que estaban en tierra del
Gran Khan.—Como se engañaban en no entender los indios.—De
la provincia de Cubanacan que está en medio de la
isla de Cuba, donde habia minas de oro.—Como tuvo el Almirante
á Cuba por tierra firme y por tierra del Gran Khan.—Como
salió del rio de Mares en busca de otros rios y pueblos
del Gran Khan.—Y, al cabo, como se tornó al rio y puerto de
Mares. | [318] |
| Cap. XLV.—Tracta como, surto en el puerto de Mares, envió
las barcas en tierra; no hallaron gente, que era huida.—Invió
un indio de los que traia.—Dió voces diciendo que la
gente que venia era buena gente, que no hacia mal á nadie.—Asegúranse
todos.—Vienen seguramente en los navíos.—Nótase
la mansedumbre de los indios, y como con facilidad
fueran traidos á la fe y á buenas costumbres, si por
amor y mansedumbre fueran tratados y traidos.—Vido el
Almirante tener á un indio un poco de plata.—Da testimonio
el Almirante muchas veces de la mansa condicion de los indios.—Tiene
á Cuba por tierra firme y por los reinos del Gran
Khan.—Envió dos cristianos y dos indios la tierra dentro, á
saber nuevas.—Dijo hallarse 1.142 leguas de la isla del Hierro.—Alaba
mucho el puerto y la tierra.—Puso los navios á
monte.—Entendió de algunos indios que el mucho oro estaba
en la isla Española.—Halló almástiga, algodon, ajes, batatas
y frísoles, etc. | [325] |
| Cap. XLVI.—En el cual se tracta como tornaron los dos cristianos
que habian ido la tierra adentro.—De los recibimentos
y reverencia que los indios les hicieron como á venidos del
cielo.—De la mansedumbre y bondad natural y simplicidad de
los indios.—De los sahumerios que por las narices tomaban,
que llamaban tabacos.—De las palabras del Almirante en loa
de los indios, diciendo cuán fácilmente le parece que se convertirán.—Determinó
de llevar de allí para Castilla algunos
indios, y como los tomó.—Como fué y hizo en ello muy culpable
hecho.—Aféase mucho y dánse razones de su fealdad,
y de como por sola aquella obra mereció que Dios le castigase
y aparejase muchas adversidades en lo porvenir, aunque
tuviese buena intencion.—Repítense tambien muchas cosas
de la bondad y docilidad natural de los indios. | [331] |
| Cap. XLVII.—De como tuvo el Almirante relacion de cierta tierra
riquísima de oro, hácia el Levante.—Por esto y por otras
causas dió la vuelta hácia el Levante.—Descubrió maravillosos
rios y puertos con muchas poblaciones.—Halló una mar
de islas dignas de admiracion.—Vido las sierras de la isla
Española.—Halló almástiga y lignaloe.—Vido cañas.—Vido
pescados y animales diversos.—Halló piedras con manchas
doradas, otras que parecian de minas de plata, otras de hierro.—Apartóse
de su compañía y obediencia, con su carabela,
Martin Alonso Pinzon. | [339] |
| Cap. XLVIII.—En el cual se contiene como el Almirante salió del
puerto de Sancta Catalina y fué descubriendo por la costa arriba.—Vido
muchos y maravillosos rios y puertos, unos mejores
que otros, y tierras fertilísimas y temperatísimas.—Da testimonio
de la bondad y docilidad de los indios.—Confiesa
quel fin de su descubrimiento es la gloria y ampliacion de
la religion cristiana.—Hallaron poblaciones y un pan de
cera.—Dícese que aquella cera vino de Yucatan.—Cuenta el
auctor que halló él otro pan de cera en aquella isla, el año
de 1514.—Hallaron tambien unas cabezas de hombres, antiguas,
guardadas en un cestillo, y lo que dice el Almirante
cerca desto. | [348] |
| Cap. XLIX.—En el cual cuenta las condiciones del Puerto Sancto
y de un rio.—Vido en él grandes canoas como fustas.—Salió
á tierra el Almirante con ciertos hombres armados.—Subió
una montaña, encima llana, tierra muy hermosa.—Halló una
poblacion.—Dió de súpito sobre la gente della.—Huyóla toda.—Aseguróla
el indio que llevaba.—Dióles cascabeles.—Certificó
á los Reyes que 10 hombres hagan huir á 10.000.—Júntase
despues mucha gente.—Vienen á las barcas.—Adelántase
uno y hace una gran plática, alzando las manos al
cielo.—Vino gente como de guerra.—Finalmente se aseguraron
todos y daban las azagayas y cuanto tenian.—Creian
que los cristianos venian del cielo.—Dice el Almirante que
esta gente es de la misma creencia que la otra.—Vido una
casa de maravillosa hechura. | [355] |
| Cap. L.—Salió del Puerto Sancto y fué descubriendo rios grandes,
y vido desde léjos la felice isla Española, miércoles, á 5
de Diciembre.—Creyó el Almirante que era Cipango, de que
traia relacion, isla riquísima, é creyó tambien que la punta ó
cabo de Cuba era tierra y cabo de la tierra del Gran Khan, y
tuvo razones para ello en aquellos dias, y créese, que si no
hallara atravesadas en el mar estas Indias, que por el camino
que llevaba descubriera los reinos del Gran Khan.—Puso al
cabo de Cuba, Alpha, y al de Sant Vicente que está en Portogal,
Omega, que quiere decir principio y fin.—Tambien convenia
este nombre al cabo de Cuba, por respecto del cabo de
la Española, que se miran el uno al otro.—Dice que los de
Cuba tenian mucho miedo á los indios de la Española.—Los
indios de la Española nunca comieron carne humana. | [358] |
| Cap. LI.—Determinó dejar á la isla de Cuba y ir á la Española.—Puso
nombres á ciertos Cabos de la Española que le
parecian léjos.—Vido la isla de la Tortuga.—Descubrió ciertos
Cabos de léjos á que puso nombres.—Parecia la isla Española,
de altísimas sierras, de grandes campiñas, y sembradas
como de trigo en la campiña de Córdoba.—Vieron muchos
fuegos de noche, y de dia muchos humos.—Vido un puerto,
entró en él, Jueves, á 6 de Diciembre, púsole puerto de
Sant Nicolás, por honra del Sancto que era aquel dia.—Dice
dél maravillas, de su bondad y de la tierra.—Vido grandes
almadías ó canoas con mucha gente.—Huian todos viendo los
navíos.—Creia, por esto, haber por allí grandes poblaciones.—Creia
que las frutas de los árboles debian ser especerías. | [362] |
| Cap. LII.—Partió del puerto de Sant Nicolás, y, yendo por la
costa arriba, via maravillosas tierras sembradas como de cebadas,
grandes valles y campiñas, y, á las espaldas dellas,
sierras escombradas, altísimas; parecia haber grandes poblaciones.—Halló
un puerto grande y hondo, al cual puso nombre
de la Concepcion.—Salió á tierra en un rio que viene por
unas vegas hermosísimas.—Hizo sacar redes, pescaron muchas
lizas y otros pescados de Castilla.—Oyeron cantar el ruiseñor.—Vieron
cinco indios que les huyeron.—Halló arrayan.—Puso
nombre á la isla, Española.—Envió gente la tierra dentro.—Trajeron
almástiga y vieron muchos árboles della.—Hallaron,
diz que, las mejores tierras del mundo. | [365] |
| Cap. LIII.—Dábanle á entender los indios, que traia consigo,
que la tierra que él creia de Babeque ser isla, que era tierra
firme; y torna á rectificarse en su opinion que la gente de
Caniba, que oia decir á los indios que debia ser la del Gran
Khan.—Hizo poner una gran cruz á la boca del puerto, en
señal que la tierra era de los reyes de Castilla.—Tres marineros
entráronse por el monte adentro.—Sintieron mucha
gente.—Huyó toda.—Alcanzaron una mujer que traia un pedazo
de oro en las narices.—Vistióla el Almirante y dióle
joyas; tornáronla á enviar.—Envió otro dia nueve cristianos
á tierra con un indio de los que traia.—Cuatro leguas hallaron
una poblacion de 1.000 casas, y habria 3.000 hombres.—Huyen
todos.—Da voces el indio que no teman que
es gente buena.—Vuelven todos.—Admíranse de los cristianos.—Lléganles
las manos, temblando, á las caras.—Hácenles
mil servicios.—Creen haber venido del cielo.—Vino
mucha más gente con el marido de la mujer.—Vieron tierras
felicísimas.—Induce el autor á cierta consideracion.—Tuvo
el Almirante cierta experiencia, etc. | [369] |
| Cap. LIV.—Salió dos veces del puerto de la Concepcion y tornóse
á él por el viento contrario.—Visto junto con él la isla
de la Tortuga, fué con las barcas á ver un rio y subió por él
hácia las poblaciones.—Vido el valle maravilloso, llamóle valle
de Paraíso, y al rio, Guadalquivir.—Vino mucha gente y un
Rey á ver los cristianos.—Entró en la mar el Rey.—Pasaron
cosas.—Encarece el Almirante en gran manera la bondad,
mansedumbre y hermosura de los indios, hombres y mujeres,
la fertilidad y hermosura de las tierras.—No podian creer
que los cristianos fuesen terrestres, sino del cielo.—Dice el
Almirante cosas de notar.—Apunta el autor la causa de la
destruicion y perdicion destas gentes, conviene á saber, su
mucha simplicidad, humildad y buena naturaleza. | [374] |
| Cap. LV.—En el cual se tracta como trujeron oro los indios.—Vino
una canoa con 40 hombres, de la Tortuga, á ver los
cristianos.—Lo que allí pasó cerca della.—No creia el Almirante
quel oro fuese natural desta isla, aunque despues luego
supo el contrario.—Dia de Sancta María hizo ataviar los navíos
de banderas y tirar tiros, y hacer gran fiesta.—Estando
comiendo el Almirante, llegó á la nao un Rey con mucha
gente.—Pasaron allí cosas de oir.—Dió joyas de oro al Almirante.—No
podian creer sino que eran venidos del cielo.—Despues
vino á la nao un hermano del Rey.—Diéronle nuevas
que en otras muchas islas ó tierras habia mucha copia de
oro.—Dice al cabo el Almirante, que espera en Dios que
todas las gentes destas islas han de ser cristianos. | [378] |
| Cap. LVI.—Hízose á la vela.—Descubrió muchas tierras graciosísimas,
valles y campiñas labradas.—Entró en un puerto
que dice ser el mejor del mundo.—Vido más puertos y poblaciones.—Dice
haber andado veinte años por la mar.—Vinieron
indios sin número; con grandísima alegría traian de
comer á los cristianos y cuanto tenian.—Da testimonio admirable,
y repítelo el Almirante muchas veces y con grande
encarecimiento, de la bondad y mansedumbre, humildad
y liberalidad de los indios.—Envió seis cristianos á un pueblo
donde les hicieron mil servicios.—Vinieron canoas de un
Rey á rogar al Almirante que fuese á cierta punta de tierra
donde lo esperaba.—Fué allá el Almirante.—Dióle con mucha
alegría de las cosas que tenia.—Cuando se iban daban voces
los indios, chicos y grandes, rogándoles que no se fuesen.—Vinieron
muchos más indios á los navíos.—Loa la hermosura
y templanza de la tierra.—Llamó aquel puerto admirable de
Sancto Tomás. | [383] |
| Cap. LVII.—El rey Guacanagarí, que fué uno de los cinco
Grandes de la Española, tenia sus pueblos y casa cerca de
allí, envióle á rogar que fuese á su casa por verlo, con un
Embajador suyo y con él un presente con oro.—Respondió el
Almirante que le placia.—Envió seis cristianos á un pueblo.—Hicieron
gran recibimiento y dieron cosas y algunos
pedacitos de oro.—Vinieron aqueste dia más de 120 canoas,
llenas de gente, á los navíos.—Todas traian que dar y ofrecer
á los cristianos, etc. | [389] |
| Cap. LVIII.—Estaban esperando la ida del Almirante allí tres
Embajadores del rey Guacanagarí.—No pudiendo partir el Almirante,
envióle las barcas con ciertos cristianos para que le
desculpasen.—Fué extraño el recibimiento que Guacanagarí
con toda su gente les hizo.—Dióles dádivas de cosas de oro
y otras.—Tornadas las barcas, levantó las velas para ir allá.—Supo
nuevas, ántes que partiese, de las minas de Cibao.—Repite
maravillas de la bondad de los indios y de la gravedad
y cordura de los señores entre ellos, etc. | [392] |
| Cap. LIX.—Noche de Navidad, echóse á dormir de muy cansado.—Descuidóse
el que gobernaba, da en un bajo la nao,
cerca del puerto del rey Guacanagarí.—Huyeron con la barca
los marineros, desmamparando la nao.—No los quisieron los
de la otra carabela recibir, y, sabido por el Rey la pérdida de
la nao, fué extraña y admirable la humanidad y virtud que
mostró al Almirante y á los cristianos, y el socorro que mandó
dar y poner para descargarla toda, y la guarda que hizo poner
en todas las cosas, que no faltó agujeta.—Certifica el Almirante
á los Reyes, que en el mundo no puede haber mejor
gente ni mejor tierra, etc. | [396] |
| Cap. LX.—Visitó el Rey al Almirante con gran tristeza.—Consolólo
mucho, diciéndole que su hacienda estaba á buen recaudo,
que todo lo demas se desembarcaría luego.—Vinieron
canoas de otros pueblos, que traian muchos pedazos de oro
para que les diesen cascabeles y cabos de agujetas.—Como
vido el Rey que el Almirante se alegraba mucho, le dijo que
ahí estaba Cibao, que le daria mucho.—En oyendo Cibao,
creia que era Cipango.—Rogóle el Rey que saliese á tierra,
veria sus casas.—Hízole hacer gran recibimiento.—Pónele
una gran carátula de oro, como corona, en la cabeza,
y otras joyas al pescuezo, y á los cristianos reparte pedazos
de oro.—Determinó el Almirante hacer allí fortaleza, etc. | [400] |
| Cap. LXI.—Tornó el Rey otro dia á la carabela á visitar al Almirante;
comió allí con él.—Pónense argumentos claros de
la bondad natural destas gentes.—Asígnanse razones porqué
quiso el Almirante dejar en esta isla Española algunos cristianos.—Tuvo
nuevas de Martin Alonso.—Envió el Rey una
canoa, y el Almirante un cristiano, á buscarle.—Torna sin
hallarle.—Dió priesa en hacer la fortaleza, y acabóla en diez
dias, por la mucha gente que le ayudó; púsole nombre, La
Navidad.—Vido el marinero un Rey que traia unas plastas de
oro en la cabeza. | [405] |
| Cap. LXII.—Salió en tierra el Almirante.—Hízosele gran mesura
y comedimientos por un hermano del Rey que lo llevó
al aposento del Almirante.—Vino luego el Rey apriesa á ver
al Almirante, y con grande alegría pónele al pescuezo una
gran plasta de oro que traia en la mano.—Comió con él.—Tornado
á la carabela, invióle el Rey una gran carátula de
oro, rogándole que le enviase una bacineta y un jarro de
laton.—Otro dia salió en tierra el Almirante, y halló cinco
Reyes vasallos de aquel Guacanagarí, cada uno con su corona
de oro en la cabeza, mostrando gran autoridad.—Llevó del
brazo el Rey al Almirante á su aposento, y quitóse su corona
de oro de la cabeza y púsola al Almirante en la suya.—El Almirante
se quitó del pescuezo un collar de cuentas de vidro
y púsoselo á él, y un capuz.—Tornándose á la carabela, dos
de aquellos Reyes acompañaron al Almirante al embarcadero,
y cada uno dió una gran plasta de oro al Almirante, etc. | [409] |
| Cap. LXIII.—Dándose priesa para partirse á dar nuevas á los
Reyes de su felice viaje, aunque quisiera descubrir más, determinó
dejar 39 hombres allí con su Capitan, y señalados
otros dos para si aquel muriese.—Háceles una muynotable
plática, que contenia muy necesarios avisos para lo que les
convenia, prometiéndoles su vuelta hacerla presto, y traerles
mercedes de los Reyes.—Dejóles mucho bizcocho y vino, y
todos los rescates, y todo cuanto pudo.—El Rey le mandó
proveer para su viaje de todo cuanto él quiso y él pudo darle,
etc. | [413] |
| Cap. LXIV.—Salió, miércoles, en tierra para se despedir del
Rey.—Comieron juntos.—Encomendóle mucho los cristianos
que allí dejaba.—Prométeselo con señales de mucho amor,
mostrando tristeza porque se iba.—Hizo hacer el Almirante
una escaramuza y tirar tiros de artillería.—Abrazó al Rey y á
los 39 cristianos que dejaba, y todos, llorando, se despartieron.—Hízose
á la vela, viernes, á 4 de Enero de 1493.—Descubrió
el cerro que puso por nombre Monte-Christi.—Llegó
á la isleta que está cabe él; halló fuego.—Vido por allí grandes
y graciosas sierras y descubria mucha tierra, la tierra dentro.—Está
frontero de las minas de Cibao. | [418] |
| Cap. LXV.—Salió del Monte-Christi é vieron venir la carabela
de Martin Alonso.—Tornóse al puerto.—Vino en la
barca Martin Alonso á se desculpar.—Disimuló el Almirante
por la necesidad que tenia.—Muéstrase la falsedad de los que
quisieron detraer de la gloria y merecimiento del Almirante
por el descubrimiento destas islas y aplicarlos á sólo Martin
Alonso, por el mismo proceso que se hizo entre el Fiscal del
Rey y el Almirante, para lo cual se ponen á la letra algunas
preguntas y dichos de los testigos. | [423] |
| Cap. LXVI.—De un poderoso rio que sale al Monte-Christi;
entró en él con la barca; halló mucho oro en el arena, á su
parecer.—Partió de Monte-Christi.—Vido tres serenas.—Llegó
al rio donde Martin Alonso habia estado y rescatado oro, y
habia tomado por fuerza cuatro indios y dos mozas.—Mandólas
restituir todas el Almirante. | [428] |
| Cap. LXVII.—Descubrió el monte y puerto que se llamó de
Plata.—Vido muchas campiñas y Cabos muy hermosos.—Pónese
argumento aquí de ser el Almirante astrólogo.—Llegó á
una gran bahía; surgió en ella.—Fueron á tierra con la barca,
hallaron indios, vino uno á la carabela.—Trata de las gentes
que llamaron Ciguayos.—Tuvo nuevas de isla poblada de solas
mujeres.—Qué cosa es macana.—Pelearon con los indios y fué
la primera pelea de las indias.—Nótase esto.—Vinieron muchos
de paz y un Rey prometió de enviar y envió una corona
de oro.—Tomó el Almirante cuatro mancebos para llevar á
Castilla.—Hízolo muy mal. | [432] |
| Cap. LXVIII.—Llamó aquella bahía el Golfo de las Flechas.—Partió
de allí para Castilla, y, de camino, descubrir islas.—Estimaba
prudentemente haber gran renclero de islas,
y no estar léjos de las Canarias.—Porque hacian mucha agua
las carabelas, determina de tomar su camino derecho para
Castilla y no descubrir más islas, etc. | [439] |
| Cap. LXIX.—Hallábanse los pilotos 150 leguas delanteros quel
Almirante, pero el Almirante andaba más cierto.—Comenzó
á tener malos tiempos y tormentas terribles, donde muchas
veces pensó perecer.—Desapareció la Pinta, donde iba Pinzon.—Vido
señales de mayor tormenta. | [443] |
| Cap. LXX. | [449] |
| Cap. LXXI. | [451] |
| Cap. LXXII. | [455] |
| Cap. LXXIII. | [458] |
| Cap. LXXIV. | [462] |
| Cap. LXXV. | [468] |
| Cap. LXXVI. | [470] |
| Cap. LXXVII. | [475] |
| Cap. LXXVIII. | [477] |
| Cap. LXXIX. | [482] |
| Cap. LXXX. | [487] |
| Cap. LXXXI. | [492] |
| Cap. LXXXII. | [496] |