ESCENA V

EL CONDE, NELL y DOLLY, EL CURA; después D. PÍO

EL CURA

La paz sea en esta casa.

EL CONDE

Curiambro, buenos días... Yo bien, ¿y tú?

EL CURA

Pasando... Ya me enteré... Venancio y Gregoria se han llevado un mediano réspice. No se repetirá el disgusto; yo se lo aseguro al noble león de Albrit.

EL CONDE

El león de Albrit, que no teme las fieras, pero siente repugnancia de las alimañas inferiores, tendrá que buscar otra cueva.

EL CURA

A propósito de cuevas, el Prior de Zaratán, que, entre paréntesis, quedó ayer encantadísimo de la exquisita cordialidad con que usted le recibió, nos invita hoy a tomar un bocadillo en su Monasterio.

EL CONDE

¿A mí también?

EL CURA

A usted principalmente. Iremos Monedero, Angulo y yo, en calidad de séquito, de cortesanos o chambelanes de Vuestra Señoría, por no decir Majestad.

EL CONDE

Gracias... Pues no me opongo. A cortesía nadie me gana. Visitaré gustoso el Monasterio.

EL CURA, a Nell, que le hace señas.

No, si vosotras no vais. No queremos estorbos. Además, Vicenta Monedero, por mi conducto, os invita a comer en su casa, y a pasar allá la tarde.

EL CONDE

¿La Alcaldesa?

EL CURA

Celebra su fiesta onomástica... Allí tendréis a toda la juventud florida de Jerusa.

DOLLY

Lo siento... Mejor me estaba yo todo el día en mi cocinita.

NELL

¡Tonta, si el abuelo no ha de comer aquí!

EL CONDE

¿Cómo no?

EL CURA

Seguramente, los señores frailes no nos soltarán a dos tirones. Me figuro el convitazo que habrán dispuesto, algo así como las bodas de Camacho, o los festines de Lúculo. Ea, chiquillas; hoy secuestro al león. Yo cuidaré de que no se aburra lejos de vosotras.

DOLLY

Malditas ganas tengo yo de festejo.

NELL, gozosa.

Sí que iremos. Nos divertiremos mucho.

EL CURA

Nell es más sociable que Dolly... (A Dolly.) Pero, tonta, ¿no te avergüenzas de que te vean tiznada?... ¡Uy! ¡cómo apestas a cebolla!

DOLLY

Mejor. Pues a usted bien le gusta que le den comiditas buenas... y bien se regodea y se relame.

EL CURA

Veremos lo que te dura esa ventolera de los afanes domésticos... (Mira al Conde como pidiéndole su parecer; pero D. Rodrigo, profundamente abstraído, no atiende a la conversación.)

EL CONDE, con una idea fija.

Cada cual, según es...

D. PÍO, con timidez, desde la puerta.

¿Dan permiso?

EL CURA

Adelante, gran Coronado.

DOLLY

Hoy no hay lección, Piito. Tengo mucho que hacer.

NELL

¡Qué gracia! El juego de las comiditas. (Al Cura.) Pues hoy me da a mí por estudiar de firme, ea.

EL CURA

¡Bravísimo!

NELL, con estímulo de amor propio.

Quiero aprender, quiero instruirme. La ignorancia me avergüenza, y empieza a estorbarme. Hoy estudiaré por las dos. ¿Te gusta, abuelito?

EL CONDE, divagando.

Cada una, según su natural...

D. PÍO, a Nell.

¿Vamos?

DOLLY

Yo, a mis cacerolas.

NELL

Y yo, a darle la jaqueca a D. Pío.

EL CURA

Y yo, a ponerme de acuerdo con el Alcalde sobre la hora a que hemos de salir. (Dando su mano al Conde.) Vendremos por usted.

EL CONDE

Hasta luego, hijo.

EL CURA, a las niñas.

Cuando terminen, la una sus lecciones, la otra su trajín, prepárense para la fiesta de Vicenta. Que os pongáis bien guapas, ¿eh?... Cuidado, chiquillas, que representáis en el mundo la gloria, la nobleza, la tradicional elegancia de Albrit.

DOLLY

Bueno, bueno. Estamos enteradas. (Se detiene, esperando que el abuelo le diga algo.)

EL CONDE

Dolly...

DOLLY, presentando su mejilla.

Abuelito...

EL CONDE, besándola.

No estoy enfadado contigo. ¿Y tú conmigo?

DOLLY

Lo estuve... pero ya pasó... (Vase gozosa.)

EL CONDE, tomando el brazo de Nell.

Nell, aguarda... Quiero asistir a tu lección. Llévame, hija mía.

(Entran en la casa, seguidos de D. Pío.)