DOCUMENTO NÚM. 2

Protesta de los señores que eran capitulares de Manila en la fecha á que se refiere este folleto.

Los que por un sentimiento vivo de honor, por un deber imperioso de justicia y por obedecer á los dictados ineludibles de la conciencia, tenemos el honor de suscribir este documento, habiendo sido individuos del Cabildo Metropolitano de Manila, y testigos presenciales de todos los actos del Excelentísimo é Ilmo. Dr. D. Fr. Bernardino Nozaleda en el Gobierno de la Archidiócesis de Manila antes de la insurrección, durante la insurrección, y algún tiempo después de arriada la bandera española en Manila, nos hemos visto sorprendidos dolorosamente por la campaña de difamación, de injurias y calumnias iniciada por los periódicos anticlericales de Madrid, y continuada por los periódicos de igual criterio de provincias. Nos parecía imposible una conjuración tan sañuda y tenaz contra la verdad flagrante de los hechos y contra la justicia de la historia.

Ante esa imposición brutal de los que pretenden monopolizar, no sólo la opinión, sino también la definición de la verdad y de la justicia en lo que se refiere á la conducta pública y privada de los ciudadanos, tenemos que protestar enérgicamente primero, y después contribuir, en cuanto esté de nuestra parte, á la reivindicación de esa misma verdad y de esa misma justicia, innoblemente corrompidas y ultrajadas en todo lo que han fallado los periódicos anticlericales en la causa del Arzobispo dimisionario de Manila.

Nosotros negamos en absoluto todas las imputaciones que los periódicos han formulado ó insinuado contra el P. Nozaleda, y las negamos no sólo porque han sido presentadas destituídas de todo fundamento, porque ninguno han aportado los difamadores, sino también y principalmente porque sabemos que no presentarán, que no pueden presentar esas pruebas, porque tenemos certeza, porque tenemos evidencia de que la realidad de los hechos son la negación victoriosa de todo cuanto han acumulado contra el dignísimo Prelado sus detractores.

Nosotros hemos admirado siempre y en todas las ocasiones la sabiduría, la prudencia y el celo pastoral que el Prelado demostró en el gobierno de su grey. Nosotros hemos visto con sincera aprobación las sabias iniciativas, las difíciles empresas y las provechosas medidas que, para el fomento de la piedad en el pueblo fiel, para la honestidad y brillo de las costumbres del clero, y para la cultura científica y educación religiosa de la juventud que se preparaba para el sacerdocio, llevó á cabo el venerable Prelado. Nosotros hemos contemplado su desprendimiento y su largueza con todos los necesitados, á quienes repartía, como verdadero padre de los pobres, su fortuna, sin reservarse más que lo indispensable para la subsistencia. Nosotros hemos alabado y bendecido desde el fondo de nuestra alma española su noble y esforzado patriotismo que no se encerraba en deseos estériles y en vacías declamaciones, sino que se manifestaba vibrante y victorioso en toda obra que tendiera á la defensa, al fomento, al triunfo y sostenimiento de los intereses de España. Nosotros no lo hemos visto jamás tibio ni falto de heroicas esperanzas en las empresas que se relacionaran con el buen nombre ó con la prosperidad de España. Nosotros no le hemos visto jamás que pactara ni transigiera en lo más mínimo con los enemigos de nuestra religión ó de nuestra patria. Nosotros hemos admirado igualmente su prudencia y espíritu conciliador con las Autoridades civiles y militares españolas, y su firmeza en mantenerse siempre al lado de lo que significara algún interés positivo de la religión y de la patria. Nosotros sabemos, nosotros estamos ciertos de que todos sus actos se inspiraban en el más puro patriotismo y se ordenaban al triunfo de este noble sentimiento, desde que en Filipinas se puso en litigio la soberanía española. Nosotros tenemos la evidencia de que son completamente falsos los cargos que en forma de acusaciones ó de insinuaciones le ha hecho la prensa anticlerical, ya eludiendo la responsabilidad personal con el anónimo, ya cubriéndose con la irresponsabilidad de su despotismo, el más odioso de cuantos se conocen.

Tarragona á 15 de Enero de 1904.==Tomás G. Feijóo, Canónigo de esta Metropolitana.==Antonino Laguía, Beneficiado de la misma.

Gerona 16 de Enero.==Faustino Sánchez de Luna, Arcipreste de esta S. I. Catedral.

Ciudadela de Menorca 22 de Enero.==Manuel Acuña y Bayón, Deán de esta S. I. Catedral.

Sevilla 26 de Enero.==Pedro Ayerve, Arcipreste de esta Metropolitana.

Granada 28 de Enero.==Norberto Nebrera, Beneficiado de esta Metropolitana.

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Como estos señores, han publicado terminantes declaraciones, negando en absoluto los hechos deshonrosos que gratuítamente se me achacan, muchos otros testigos presenciales, entre los cuales merecen citarse los Sres. D. Antonio Domínguez Alonso, D. Lorenzo Moncada, D. Manuel Sastrón, D. Antonio de Santistéban, D. Bernardo Cabañas, D. Francisco Masip, D. Faustino Pérez, D. José María Fuentes, D. Benito Perdiguero y D. Angel Tapia y Aragonés, quienes lo hicieron en el semanario ilustrado El Nuevo Mundo; D. Camilo Millán, D. José Alvarez Navia, D. Francisco Montalvo, D. S. de Segundo, y otros en varios periódicos de Madrid y provincias, aparte las muchas cartas particulares en que manifiestan lo mismo personas residentes en Manila por aquella época.==Un dato, sumamente significativo, puede añadirse. Al iniciarse esta campaña, hallábase en Barcelona un peninsular del comercio de Manila, muy respetado allí y de larga residencia en el archipiélago, quien se creyó en el caso de dirigir á uno de los diarios de Madrid, que más sañudamente me han combatido, el siguiente telegrama.==Barcelona 3 de Enero.—Para demostrar cuán injusta es campaña contra P. Nozaleda, basta solo recordar espontánea, patriótica y respetuosa despedida Colonia Española al salir de Filipinas dicho Prelado. Deseo haga pública esta manifestación, que ampliaré por carta.==Matias García.

Excusado es decir que ese telegrama no apareció en las columnas del aludido periódico.