DOCUMENTO NÚM. 8

Cartas del P. Fr. Agustín Fernández, Prior de Guadalupe, al Sr. Arzobispo de Manila, denunciándole la organización del «Katipunan» y sus relaciones con las logias masónicas.

Excmo. é Ilmo. Sr. Arzobispo de Manila.—Guadalupe, y Julio 7 de 1896.—Muy respetable y amado Prelado: Se me ha denunciado en secreto, y con miedo de que le sobrevenga algo nada bueno, que desde hace dos meses hay una propaganda horrible en favor de un Katipunan,[4] que en tan poco tiempo cuenta de 17 á 20.000 afiliados en los pueblos de San Juan del Monte, San Felipe Neri, San Pedro Macati, Pasig y Cainta; en las herrerías de estos pueblos, dicen, se hacen puñales ó bolos para estos cofrades; les llevan un peso de entrada y un real al mes, á cada socio. En San Felipe Neri hay muchos que usan revólver, que guardan para cuando venga la guerra que vamos á tener, y que entonces no quedará ni un chino ni un español. Clero, sólo será el secular.—De todo esto deduzco que las logias de Manila alcanzan aquí; se reúnen y hacen sus juramentos de ritual, ó en el monte, ó con el pretexto de bautizos, casamientos ó entierros.—Vea V. E. I. si esto merece la pena de ponerlo en conocimiento de las Autoridades; tengo algunos nombres de los llamados jefes y cajeros.—Dispénseme esta molestia V. E. I., y mande al último de sus subordinados afectísimo y S. S. Q. H. B. S. A. P., Fr. Agustín Fernández.

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Del mismo, en 13 de Julio de 1896.—Sr. D. Tomás G. Feijóo, Secretario del Arzobispo.—Muy señor mío y estimado amigo P. Tomás:—Hace unos días dí parte al Sr. Arzobispo del gran núcleo de masones que se iban formando por estos montes, sumando un total de diez y siete á veinte mil hermanos.—Por si mi carta no le desagradó, le enseña V. ese periodicucho, sucesor de la Solidaridad, que desde Yokoama manda aquí el mismo que desde Madrid mandaba, formaba y dirigía «La Solidaridad», y á quien por desgracia conozco personalmente.—Es de V. afmo., etc., Fr. Agustín Fernández.

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Del mismo.—Agosto 13, 1896.—Sr. D. Tomás G. Feijóo.—Estimado amigo:—De masonismo, como quiera que el Sr. Arzobispo recibirá con gusto cuantos datos le envíe, según me decía V., hoy le mando uno bastante desagradable.—Estamos avocados á una desgracia, y para que no suceda lo he comunicado al Capitán de la Guardia civil de Santa Ana.—Que el Arzobispo apriete por ahí á las autoridades; si no, los masones harán de las suyas, si ven que no se hace nada en contra.—Han sabido estos del mandil que yo estoy enterado de sus agios y que conseguí un número del «Kalayaan».—Sospechan que quien me entera de todo es el lavandero de este Convento, y en una reunión que tuvieron han resuelto matarlo y ya han sorteado quién ha de ser el ejecutor.—Esto dije al Capitán de la Guardia civil el domingo pasado.—El lunes y á muy altas horas de la noche, algunos desconocidos rodearon la casa del lavandero con intención de subir; por su suerte no estaba en casa, y la mujer dijo á los desconocidos que había salido por la mañana á Mariquina.—Suyo afmo., Fr. Agustín Fernández.