Avisos a los comensales
Nadie ha de apoyarse en el respaldo de la silla, sino tener el cuerpo erguido.
Si el espacio es poco holgado, cada cual debe cuidar de no molestar a sus vecinos.
Las señoras procurarán que sus faldas no estorben a los que se sientan a su lado.
Un caballero atiende a las señoras inmediatas con cortesía y sin afectación.
Al criado no se le dan las gracias cuando sirve.
Si uno tiene que pedirle algo, no debe llamarle, sino hacerle una seña en el momento en que aquel mire hacia su lado.
Si un convidado, amigo del dueño, ha llevado a petición de este uno de sus criados, no debe darle órdenes ni reconvenirle, pues a la sazón no es servidor suyo, sino del anfitrión.
Los cuchillos y los tenedores no se colocan en el sentido longitudinal de la mesa, sino siempre a los lados del espacio que ha de ocupar el plato.
Es ocioso decir que el cuchillo no ha de llevarse jamás a la boca: eso sería tan inconveniente como recargar el tenedor con carne y vegetales que deben tomarse por separado.
A medida que se corta, se va comiendo, sin precipitación y sin sobrada lentitud.
El pan, que ya al desplegar la servilleta debe colocarse a la izquierda del plato, se parte sobre este con los dedos.
La sal se toma con la cucharilla.
Evítese el ruido de la masticación, así como el que resulta del choque del cuchillo y tenedor entre sí o con el plato.
No se sopla nunca la comida, ni se tocan los huesos con los dedos, ni se limpia la salsa de los platos.
El cuchillo y el tenedor, concluido cada plato, se dejarán sobre el mismo.
La cuchara debe quedar también en el plato para que sirvió.
El pescado debe comerse con tenedor y cuchillo de plata especiales; no con dos tenedores, como antiguamente, y mucho menos con un tenedor y una costra de pan.
Al comer espárragos se cortan las puntas con el cuchillo y se llevan a la boca con el tenedor, como se hace con los demás vegetales.
La pastelería se come siempre con el tenedor.
Los huesos de las cerezas, ciruelas, albaricoques, etc., se recogerán con la cucharilla o tenedor que se acerca a los labios para recibirlos y depositarlos luego en el borde del plato, cuidando de que esta operación pase desapercibida.
Cuando la fruta es de tamaño regular, es preferible separar en el plato la pulpa del hueso.
Deben comerse con tenedor las jaleas, los pudings, y, en general, todos los dulces cuya consistencia permita prescindir de la cuchara.
El queso se corta en pedacitos que se colocan con el cuchillo sobre otros de pan, que se llevan a la boca con los dedos.
Los convidados no se han de servir ellos mismos los postres, aunque se hallen puestos en la mesa, porque se colocan especialmente como adorno.
Los criados van presentándolos a los convidados en el mismo orden con que sirvieron la comida: si queda algún dulce en las fuentes, vuelven a dejarlas en la mesa.
No está bien hacer observaciones acerca de los platos que se sirven. Debe aceptarse todo cuanto ofrezca el anfitrión.
No es de buen tono señalar lo que guste más, ni repetir de un plato sino a instancias de la dueña de la casa.
Una señora no ofrecerá de beber a un caballero, ni este a aquella la mitad de una fruta.
No es costumbre mondar la fruta entera, sino cortarla a pedazos antes de quitar la piel separando esta en el plato, con tenedor y cuchillo.
Cuando la fruta es de gran tamaño puede ofrecerse la mitad, pasándola sin mondar y no con el tenedor, sino puesta en un platito.
Una señora que cumpla con las vigilias y haya aceptado un convite que se celebra en día en que quiera observar ciertas limitaciones, puede comer de lo que tenga por conveniente, sin hacer ostentación de que se abstiene de determinados platos.
Si uno tiene hipo o cualquier otro accidente, se retirará sin llamar la atención para evitar molestia a los demás, volviendo a la mesa cuando haya pasado la indisposición.