ESCENA III

DON MARIANO y PACO EL MALUENDA

Mariano

Bueno, Paco, y hablando de otro asunto, ¿qué te parece de mi recomendao?

Paco

Chico, yo no tengo vista una cosa semejante en lo que llevo en estos negocios, que ya va pa fecha.

Mariano

Me paece que hemos acertao con el don Antoñito.

Paco

¿Que si hemos acertao?... ¡Eso es un tío de temple!

Mariano

Sereno, duro, frío...

Paco

Y al mismo tiempo bien educao de verdá, que es lo que me cautiva; porque no tie naa que ver el chascarle a uno la nuez pa decirle le bésole a usté la mano. ¡Ese me limpia la sala de pillos en cuatro días!

Mariano

¿Y has visto su sistema?... Too lo arregla sin voces, sin palabrotas, sin ruidos...

Paco

Pero chico, ¿habré yo visto tíos valientes?... Pues este es que pone una mirá, y se le desencaja la cara de una forma, que costerna. Ya ves, conmigo no pue estar más cariñoso; pues hay noches que viene a decirme: «Usté descanse», y me da miedo.

Mariano

Y hay que verlo cuando se arma la más ligera bronca, en la sala. Va muy menudito, muy atildao; se para delante del promotor, se pone un poco pálido, un poco tembloroso, y muy bajito y con la mejor educación del mundo le dice, al que sea, su frase sacramental: «O la calle o la peritonitis», y les apunta al vientre. Y, claro, la cosa no es pa dudar...

Paco

En fin, si será atento, que el otro día me dijo que le trajesen jabón de sublimao, porque quería desinfectarse las manos por si tenía que dar algunas bofetás. ¡Cómo pensará darlas!...

Mariano

Ya te dije que era un hallazgo.

Paco

¡Menuda arquisición!

(Se escucha en la sala rumor de inquietud. Voces que van creciendo. Se suspende el juego. Algunos se ponen de pie increpando a alguien.)

Voces

¡Ese señor! ¿Yo? ¡Sí! ¡Fuera! ¡Echarlo! ¡No hay quién! ¡Granuja! ¡Canalla! ¡Don Antonio! (Crecen las voces hasta convertirse en gritos y el jaleo en bronca.)

Mariano

¿Qué es eso?

Paco

¿Qué pasará?

Mariano

(Yendo hacia la sala.) ¿Qué ha sido?

Paco

¿Quién es?

Voces

¡Que le echen!... ¡A la calle!... ¡Fuera!...

(Violentamente, y como echado de la sala de un formidable empujón, sale a trompicones el Jugador 1.º, que queda apoyado contra una mesa en actitud airada.)

Jugador 1.º

¡A mí no hay quién! ¡Que salga a echarme el que quiera!...