ESCENA XV

PEPE OJEDA, ALFREDO.

Alfredo

¡Ay, tío! Estoy que no respiro.

Pepe

¡Por Dios, Alfredo, cálmate, que tienes una cara de asustado que va a comprometernos!

Alfredo

Es que si esto nos sale mal...

Pepe

¡Qué va a salirnos!

Alfredo

Estoy temblando.

Pepe

Confía en mí. Ya no es hora de retroceder. ¡Adelante! Audaces fortuna juvat.

Alfredo

Sí, pero ahora que me veo aquí, tengo un pánico...

Pepe

Además, ¿tú no me has asegurado que la chica te quiere?

Alfredo

Hombre, yo creo que sí...

Pepe

¿Entonces?...

Alfredo

Pero es que tengo entendido que ese don Acisclo es una mala bestia, y en cuanto averigüe que soy un pelafustán sin dos reales, que vengo con la pretensión de casarme con su sobrina, que es muy rica, según mis referencias... ¡Yo creo que nos mete en la cárcel!...

Pepe

¡En la cárcel!... ¡No cabemos!... Ya te he dicho que confíes en mí. Para algo te acompaño. Conque que la chica te quiera, que si ella te quiere, tuya ha de ser, haga el tío cuanto se le antoje.

Alfredo

Es que a mí, se lo juro a usted, me molesta sobre todas las cosas la idea de que nadie pudiera imaginar que es una codicia vergonzosa la que me impulsa a esta aventura. Yo quiero a esa muchacha porque es bonita, porque es sencilla, porque es buena. Su recuerdo es una alegría de mi corazón. Nada me importa lo que tenga ni para nada pensé en su dinero, hasta el punto que lo único que me aflige y me asusta ahora es que alguien —y aun quizá ella misma—, pudiera creer que soy un señorito tramposo que viene a explotar la candidez y el amor de una muchacha de pueblo, para salvarse con su fortuna. No, eso no, tío, ¡eso no lo quiero!

Pepe

¡Poco a poco, Alfredito!... Es que esa indignidad tampoco la apadrinaría yo. Tu limpio linaje no cede al mío en limpieza; que si la Cerda fue tu familia, la Cerda fue la mía. ¡Quieres nada más limpio! Ahora, que yo he venido aquí acompañándote, porque considero necesario subrayar tu romántico amor con una línea sutil de practicismo; porque yo entiendo que tú eres tan rico como la muchacha.

Alfredo

¿Yo?

Pepe

Sí, señor, tú. Porque en los tiempos que corremos todo hay que capitalizarlo. Y a la fortuna de la chica yo opongo la tuya no menos grande.

Alfredo

¿Pero qué está usted diciendo?

Pepe

Una realidad como un rascacielos; porque si don Acisclo administra a esa bella joven, fincas urbanas, predios rústicos y sumas en metálico, es decir una fortuna sustantiva, yo en cambio administro lo que pudiera llamarse tu fortuna estética, es decir, tu figura arrogante, tu belleza masculina...

Alfredo

¡Tío!

Pepe

Tu belleza masculina, que estamos solos; aunque esto te lo digo yo a ti en la plaza de toros, si se tercia. Tus atractivos personales, tu juventud, tu simpatía, tu elegancia.

Alfredo

¡Pero tío!...

Pepe

Elegancia. Porque no tiene nada que ver que no hayas pagado el traje. Y todas estas prendas que se manifiestan en ti, constituyendo un tesoro interno, externo y aun medio pensionista, ¿no son nada?

Alfredo

Por Dios, tío, ¡eso son fantasías!...

Pepe

¡Cómo fantasías! Tu fortuna es tan positiva como la de ella y más privilegiada. ¡La belleza es la gloria de los dioses! Veinticinco mil pesetas las tiene cualquiera. Una mirada dulce, horadante y revoloteadora, es privilegio de los elegidos... El bello Narciso, Paris, Ulises, tú, La Cierva, y dos o tres más... ¡De modo que estamos a ellas!

Alfredo

Bueno, pero si tú le dices al tío todo eso...

Pepe

¡Ah, no, eso no! No soy tan indiscreto. Al tío le diré lo que nos dijo Menéndez: Que venimos a adquirir una gran finca rústica, para la implantación de un enorme negocio de avicultura, ideado por mí, y que consiste en la cruza de loros con palomas mensajeras, con el fin de que estas puedan dar los recados de palabra.

Alfredo

Eso es.

Pepe

Y que queremos establecer aquí grandes criaderos lorocolombófilos. Mientras, tú te pones al habla con la chica... y veremos lo que se presenta.

Alfredo

Bueno, es que yo pienso que, como no tenemos un real, si no podemos pagar la fonda, pues dentro de dos días...

Pepe

Chist... no te importe. Todo se resolverá. El acaso no desatiende a los bien intencionados.

Alfredo

¿Y diga usted, tío, no hubiese sido mejor lo que yo me proponía? Haber solicitado una ocupación, tener trabajo y luego haber venido...

Pepe

¡Por Dios, Alfredo!... ¡Trabajar!... ¡No insistas, caramba! No me hables a mí de trabajo. Nada de propósitos antiprogresivos. Fíjate en las aspiraciones del proletariado universal. Ahí tienes los trade unions de Inglaterra, los sein feiner, los forein besteblat, L’internationel y todas las grandes colectividades societarias, todas las grandes masas obreras uniéndose para no hacer nada o para hacer lo menos posible... ¿Y vamos ahora nosotros —hombres cultos— a volver la cara a las corrientes modernas?... ¡de ningún modo!... ¡Trabajo, no!

Alfredo

Sí, bueno, tío, pero es que si no trabajamos...

Pepe

Tú observa cómo a medida que la gente es más progresiva y más culta, ¡quiere trabajar menos y ganar más!... Pues bien, yo, absolutamente identificado con este noble propósito societario, pretendo ir de un salto a su absoluta consecución. Yo no trabajaré ni tanto así, hasta que se logre la triplicación de los sueldos y la supresión total del trabajo. Porque si te dan mucho dinero y no te dan tiempo para gastártelo, ¡qué haces! ¡Viene el desequilibrio anunciado por los marxianistas... y eso no! Yo no quiero la grave responsabilidad de volver la cara a los grandes ideales humanos. ¡Nada de trabajo!... De modo que... (Se escucha rumor de voces femeninas en el huerto.)

Alfredo

¡Calle usted, por Dios!

Pepe

¿Pues?...

Alfredo

¡Ella... parece su voz!... (Va a mirar.) ¡Sí, es ella!... Viene, se acerca...

Cristina

(Dentro.) ¡Por aquí, venga usted por aquí!... (Entra y queda muda de estupor al ver a Alfredo,) ¡¡Ah!! ¡¡Alfredo!!

Alfredo

¡Cristina! (La abraza apasionadamente.)

Cristina

¡¡Tú!!

Alfredo

¡Chist!

Eduarda

(Entrando.) ¿Pero con quién hablas?

Cristina

¡¡Él!!

Eduarda

¡¡Oh!!

Pepe

(A Eduarda.) ¡Señora!...

Eduarda

(Mirándole con fijeza y estupor que se resuelve en una tremenda exclamación de sorpresa.) ¡¡Ah!!... ¡¡Tú!!

Pepe

¡Eduarda!

Eduarda

¡¡El ordenado!!... (Quedan juntas. Ellos se separan.)