EN EL INTERIOR

Los Collas ó Aymarás, que después de haber arrojado de la altaplanicie del Titicaca á los Quechuas del Imperio Teocrático de Tiahuanaco, se establecieron en la meseta del Collao, extendiéndose á los valles inmediatos del Cuzco y de la actual Bolivia, desde el nudo de Porco hasta el nudo del Cuzco, entre las cordilleras oriental y occidental, en una extensión de 300 millas de largo sobre 50 á 116 de ancho: se dividian en dos fracciones, gobernadas, la una, por el Cacique Carí de Chucuito, y la otra, por el Zapana de Antuncolla. Además, se hallaban sometidos á los Collas, las tribus de los Canchis, Coras, Chumpihuillpas, Cushunas y Collaguas, que, respectivamente, habitaban las actuales provincias de Canchis, Chumbivilcas y Cailloma.

Los Quechuas, que después de ser arrojados del Collao, se refugiaron en los valles de Urubamba y Pachachaca: ellos constituían la tribu más numerosa, y su cultura se había extendido por toda la Sierra y la Costa, durante el período del Imperio de Tiahuanaco, del que fueron ellos, dicen algunos, los constructores de los grandiosos monumentos de esa ciudad: más tarde, algunas de estas parcialidades fueron los fundadores del nuevo Imperio de los Incas. Según opinión de ciertos autores, no es aventurado afirmar el hecho de que ellos fueron los constructores de los ciclópeos monumentos de Tiahuanaco, cuando en Urubamba, donde se refugiaron después de ser arrojados de la altiplanicie del Titicaca por los Collas, se han descubierto también, últimamente, monumentos semejantes á los de Tiahuanaco, como la maravillosa ciudad de Macchu-Picchu y otras.

Los Uros ó Urus, que ocupaban parte de la altaplanicie y la región de los lagos, desde Titicaca hasta Lipez, y aunque vecinos de los Aymarás, eran distintos de éstos, tanto en sus costumbres como en su lengua.[109]

Los Pocras, que habitaban la comarca de Quinua ó Huamanguillo y el valle de Huanchuy y alturas de Pumacahuanca, tenían la credulidad de haber nacidos en el lago de Castrovirreyna.

Los Canas, que moraban en el extremo territorio que se extiende desde el Collasuyo al río Pachachaca, y desde la Montaña á las cabeceras de Areqquepay.

Los Cahuinas, que vivían en el Collasuyo, al Mediodía del Cuzco: acostumbraban horadarse las orejas y traer enormes pendientes, antes que eso fuese un distintivo de los nobles Incas. Creían que sus almas habían salido del gran lago de Titicaca, al que volverían después de su muerte, para animar de nuevo á otros cuerpos.

Los Canchis ó Tintas, que eran sometidos á los Collas, y se extendían desde el Cuzco hasta las cabeceras de Areqquepay.

Los Coras, que habitaban la actual provincia de Canchis.

Los Huallas ó Guallas, los Guanaypatas y los Sausaseros, que formaban un pequeño curacazgo del territorio de Huaráz.

Los Huanucuyos, que se extendían en las márgenes de los ríos Pozuzo, Huancabamba y Mayro, en la parte alta del Marañón y del Huallaga, vivían dispersos, y solo se reunían para celebrar sus fiestas en templos que tenían erigidos en las alturas: eran indios más blancos y más robustos que los demás.

Los Atacamas ó Cunzas, que habitaban la puna de Atacama en la Cordillera, y el valle de Huasco, eran especialmente de raza cazadora. Posteriormente, las regiones que ocupaban los Atacamas, fueron invadidas por razas intrusas, llamadas Llipes ó Olipes.

Los Tarmas, que ocupaban los valles de su mismo nombre, es decir, el de Tarma y sus inmediatos.

Los Yungas, Mochicas y Tallangas, que formaban una especie de confederación, habitaban desde los linderos de Tumbes y se extendían por las orillas del Huancabamba y valles de Jequetepeque y Huailas, hasta cerca de las riberas del Marañón.

Los Huancas ó Guancas, que vivían en las comarcas situadas al Norte del Pachachaca hasta los orígenes del Marañón, y la quebrada de Jauja hasta la meseta de Junín; sostenían contínuas luchas con las tribus limítrofes, y aun entre ellos mismos, pues vivían en la mayor anarquía, sin reconocer jefe alguno.

Los Caxamallcas, curacazgo que extendía su dominio en casi toda la Sierra del Norte, en Cajamarca, Hualgayoc, Celendín, Pataz, Cajabamba y Contumazá: como todo ese territorio era muy fragoso, no pudieron congregarse en pueblos concentrados, por cuya razón su cultura no fué tan marcada como la de las tribus de la costa y del centro.

Los Chachapuyas ó Llavantus, que constituían un cacicazgo aislado, y residían en las riberas y valles del Huallaga y del Marañón, en la hoy provincia de Luya: su capital era Quelap, y apesar de que su cultura era algo adelantada, no llegó á ensancharse á otras regiones.

Los Huaccrachucos, que vivían en el valle de Pátaz, entre el Huallaga y el Marañón.

Los Chotas, que residían en la comarca de su propio nombre, en las márgenes del Jequetepeque, hasta el Marañón y cabeceras de la costa.

Los Conchucos, que moraban en la provincia de Pallasca, también hasta el Marañón y cabeceras de la costa.

Los Pimpús ó Pimpás, que vivían en la falda de la helada meseta de Junín.

Algunas otras tribus habitadoras de los bosques de la Montaña, y conocidas con el nombre de Chunchos, son también de la época pre-incáica, cuya descendencia subsiste aún, refractaria á los adelantos de la civilización actual.

Casi todas estas razas distintas, que se adueñaron sucesivamente del territorio del Perú, con intérvalos entre unas de otras, gobernaron cada cual, en sus respectivos dominios, durante un largo período de tiempo. Algunas de ellas empleaban, como escritura, los geroglíficos, cuyo uso se perdió durante el período de los Incas.

Lo que dá márgen para creer en la larga estancia de esas diversas razas en el Perú, en aquellos lejanos tiempos, es la diferencia que se observa en los estilos arquitectónicos de los monumentos que han dejado, pues por dichos estilos se comprueba que los edificios levantados en la costa, como los de Chan-Chan (Chimú), Huaca del Sol (Mocha), y Pachakamacc (Lurín), son de carácter diverso á los de Huánuco-Viejo (Sierra), no teniendo éstos tampoco semejanza con los ciclópeos de Tiahuanaco y Urubamba, cuyo estilo arquitéctico es muy distinto y especial.

Es opinión admitida por los historiadores, que el desarrollo de la antigua civilización pre-incáica ha tenido cuatro períodos bien marcados.

En el primer período, los pobladores fueron hombres salvajes, nómades, que llevaron una existencia miserable, pues su ignorancia no les permitió hacer uso de las cosas útiles á la vida, y, por eso, andaban desnudos, sin abrigo, sin fuego y sin alimento conveniente, en fin, sin leyes y sin gobierno.

En el segundo período, los indígenas diseminados y errantes, se reunieron en tribus ó pueblos, gobernados por jefes y caciques que mantuvieron su independencia y autonomía, y en cuyo tiempo se perfeccionaron los instrumentos de silex y útiles de alfarería y se inició la extracción y fundición de metales.

El tercer y cuarto períodos se distinguen por la civilización de la costa, por el Sur, descollando los indios Nazquenses é Iqueños, y por el Norte, los indígenas Chimús; civilizaciones sorprendentes, que, en ninguna otra tribu se hallaban tan desarrolladas. Empero, creemos que desde los referidos tercer y cuarto períodos, hasta la fundación del Imperio Incáica, trascurrió un largo espacio de tiempo, quizá unas larga serie de siglos, durante los cuales las antiguas civilizaciones se perdieron del todo, pues la mayoría de los historiadores están de acuerdo en que, al fundar Manco-Capacc la dinastía de los Incas, en compañía de su muger Mama-Oklla[110], el país estaba habitado por algunas tribus salvajes sumidas en la última condición del hombre en el estado social, ignorando el origen de los portentosos monumentos monolíticos dejados por sus antecesores, y sin poder descifrar sus inscripciones geroglíficas, ni tener idea, ni recuerdo, de la pasada grandeza y explendor de sus ascendientes.

Más tarde, cuando los Españoles verificaron la conquista del extenso Imperio de los Incas, esos mismos indios no tenían ningún recuerdo de sus antepasados, pues unos se suponían descendientes de las fuentes, de los ríos ó de las lagunas; otros creían que sus padres habían salido de las cuevas ó de los cerros; no faltando algunos que se preciaban de ser nietos de leones, de cóndores ó de otras fieras ó aves.

III
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Diversas opiniones se han formulado tocante á las primeras invasiones ó inmigraciones al territorio del Perú.

Varios autores opinan que los primeros inmigrantes á este país fueron los Fenicios, intrépidos navegantes, que, en época muy remota, visitaron las costas peruanas y fueron los fundadores de su civilización. Para ello, se fundan en la semejanza que hay entre éstos y los Aymarás, en las inscripciones encontradas en las ruinas de Tiahuanaco y en las identidades fisiológicas.

Algunos etnógrafos son de parecer, que los Egipcios fueron los primeros colonos venidos al Perú, fijándose en la misma configuración de los cráneos de ambas razas, en la semejanza de las construcciones ciclópeas de Egipto y del Perú, en el mismo orden artístico manifestado en las figuras cerámicas de ambos pueblos, y, por fin, en sus ideas sobre la existencia futura, que los incitaba á dar tanta importancia á la conservación de los cuerpos.

Otros doctos escritores discurren que los indios del Perú descienden del Hindostan, por inclinarse á creer que la religión de los Peruanos ha debido tener su nacimiento en la Asia Meridional, y atendiendo á su división en castas, su adoración á los cuerpos celestes y á los elementos de la Naturaleza, y su conocimiento de los principios científicos de la agricultura, que reputan otros tantos puntos de contacto entre ambas razas.

Para otros escritores, entre ellos Fernando Montesinos, el Perú ha sido el país de Ophir, la morada del oro, de que habla la Biblia y de donde, se dice, que Salomón sacó el oro y las piedras preciosas con que adornó su soberbio templo de Jerusalém, buscando así, esos autores, como descubrir relaciones entre los Hebreos y los Peruanos.

No faltan opiniones que dan por cierto, el que los Toltecos, raza mexicana, huyendo de la peste que asolaba su país, vinieran al Perú.

Tampoco han escaseado historiadores que aseveraran que los indios Peruanos son descendientes de Suecos, Noruegos, Gaulos é Iberos, suponiendo que estas naciones habían enviado á las costas del Perú, colonias, en varias circunstancias y en distintas épocas.

Muchos escritores pretenden que los indios Peruanos derivan de los Chinos y Tártaros, entre ellos el sabio Alejandro de Humboldt y Juan Ranking, por el notable parecido de fisionomías y cuerpos, y por las similitudes filológicas que permiten que éstos puedan entenderse con los indios de Eten y los del Huallaga, como lo asevera Vicente F. López, en su obra Las Razas Arianas del Perú, siendo los Chinos, á juicio de varias otras notabilidades científicas, los que tienen más títulos á ser considerados como los progenitores de los Peruanos.

Veamos, tocante á los Chinos, la opinión de algunas de esas notabilidades científicas.

Mac Carthy, en el tom. II de su Historia de los Indios Occidentales, dice: «La civilización del Perú viene de la China, por dos analogías de costumbres. La primera, que los Peruanos, en tiempo de los Incas, tenían cuatro grandes fiestas en las épocas de los equinoxios y solsticios, en una de las cuales el Inca, en persona, araba un campo sagrado; observándose en la China las mismas fiestas, y en una de ellas el Emperador con un arado de plata abre surcos en un campo sagrado, ejemplo que es imitado por los demás mandarines en sus respectivas provincias[111]. La segunda analogía, en la China lo mismo que en el Perú, es que se acostumbraban el uso de los quipus, llamados allá "Koua". Agrega el mismo autor: "Se cree que á consecuencia de una convulsión política surgida en la China en tiempos muy remotos, el partido arrojado de aquel país fué el que vino á América y fundó los imperios de México, Perú, etc.

El doctor Hyde Clarke, en su excelente obra Researches in prehistoric and protohistoric comparative phylology, mythology, in connection with the origin of culture in America, pag. 36, trae también á colación estas analogías entre los Peruanos y los Chinos: el mismo despotismo que usaban los Incas y los Emperadores del Celeste Imperio; el uso del parasol en señal de dignidad; la costumbre de los Peruanos de mascar hojas de coca mezcladas con ceniza, igual á la de los Asiáticos de mascar una mezcla de cal con hojas de betel[112]; el empleo de los quipus en ambos países; el uso de la trenza, peculiar á los Aymarás y á los Chinos.

Vater, en sus Archivos generales de etnografía, y Humboldt en su obra Los monumentos de América, opinan, también, que la prolongada lucha de los Brahmanas y Budhistas terminó con la emigración de los Chamanes del Tibet en la Mongolia, la China y el Japón, siendo posible que éstos pasaran al Perú. Según las inquisiciones etimológicas de tan autorizados autores, esas inmigraciones al suelo peruano tuvieron lugar quinientos años antes de la era cristiana.

Prescott, en su Conquista del Perú, hace notar, igualmente, ciertas analogías entre Chinos y Peruanos, afirmando: "Los Chinos se parecían á los Peruanos en su obediencia implícita á la autoridad, en su carácter suave aunque algo tanto terco, en la cuidadosa observancia de las formas, en su respeto á los usos antiguos, en su destreza en los pequeños trabajos, en su tendencia más bien á la imitación que á la invención, y en su invencible paciencia que suplia en ellos la falta de un espíritu más audaz para la ejecución de grandes empresas".

El conde Carli, en sus Lettres Américaines, señala, también, diferentes puntos de semejanza que existen entre los Chinos y los Peruanos, precisando, entre otros, que el Emperador de la China se llama hijo del Cielo ó del Sol, y que los Chinos señalaban, como los Peruanos, los solsticios y equinoxios para determinar los períodos de las festividades religiosas, agregando "que son muy curiosas esas coincidencias."

Además, positivo es, que en el territorio peruano han sido desenterrados, en estos últimos años, algunos objetos que evidentemente prueban que los Chinos habitaron la costa meridional de la América del Sud en una época remota, descollando, entre esos objetos, uno de un valor histórico inestimable, encontrado en una huaca de la costa del Norte: es un ídolo de plata maciza, de diezinueve centímetros de alto por trece de ancho, que representa una figura humana desnuda, sentada con las piernas cruzadas sobre un conjunto de culebras, y los brazos abiertos; sostiene, en cada mano, una placa paralelogramática, siendo ambas placas iguales en tamaño, teniendo trazados, en relieve, gruesos caracteres ó letras chinas, también iguales de ambas placas: sobre la parte posterior de la cabeza, lleva un sol en forma de diadema con siete rayos de luz, sostenidos, los dos últimos, sobre los homóplatos del ídolo. Este raro ídolo se ha hecho reconocer por persona ilustrada de la China, y, según su parecer, es una divinidad que pertenece á la antigua teogonía de las Indias, introducida en la China hace más de mil quinientos años.

Otro ídolo, en su conjunto algo semejante al anterior, se encontró, en 1885 en Trujillo, en un pozo, junto con otros objetos interesantes, ídolo que representa una figura humana con las piernas cruzadas, sentada sobre una tortuga enroscada con una culebra: lleva en la cabeza un sol también con siete rayos, y adornado el cuello con un collar del que penden tres dijes en forma de huevo: sostiene, en cada mano, una tabla con caracteres chinos, al parecer, pues son muy mal trazados, siendo ambas tablas de igual hechura, aunque la sostenida por la mano derecha es un poco menos alta que la sostenida por la mano izquierda: el conjunto de esta figura tiene una fisonomía que no se asemeja á los ídolos peruanos.

En la hacienda "Las Trancas", en el distrito de Nazca, (Ica) se ha encontrado un vaso de arcilla muy fina y de pulido esmalte, de 12 centímetros de alto por 14 de ancho; la cara exterior está dividida en tres fajas; en la superior, que es la más ancha, se halla una especie de figura polícroma, llevando en la entrepierna la letra china Tien; la segunda faja, que está separada de la superior por una línea ancha, presenta un cerro con escalas que tiene en su centro un paralelógramo; la tercera faja, es uniforme y lleva cerca de su borde superior una línea blanca.

En la misma región de Nazca se ha encontrado otra vasija en forma de taza, con el asiento redondeado, y cuya cara exterior está dividida en dos fajas: la primera figura, al parecer, una serie de especie de animales con rabo corto, entrelazados unos con otros; en la segunda, se vé una cara que tiene los ojos pretillados, oblícuos, parecidos á los peculiares de los Chinos.

Para apoyar aún más la opinión de que los Peruanos derivan de raza asiática, según se cree, reproduciremos los juicios que, al intento, emiten algunos escritores.

El conde Carli, en sus Lettres Américaines ya citadas, tom. II, carta XIV, asevera que "los primeros habitantes del Perú habían venido del Asia por las grandes continuadas islas que hubo en el Mar Pacífico, las que después han desaparecido, muchas de ellas, por cataclismos provenientes de los volcanes, terremotos y otras causas"[113].

Bravo Sarabia, en sus Antigüedades del Perú, después de prolijas investigaciones sobre las tradicciones de los indígenas, asegura ser "cierto que los Peruanos eran ultramarinos, que vinieron á establecerse en las costas de la América Meridional."

Cieza de León, en su Crónica del Perú, cap. LII, también dice: "He oído referir á muchos indios la uniforme tradición de la navegación que sus antecesores habían efectuado, desembarcando cerca de Guayaquil."

El P. Acosta, en su Historia natural general de las Indias, lib. I, cap. XVI, fundándose igualmente en varias tradiciones de los indios de Pisco y de Arica, dice "que solían navegar á unas islas hacia el poniente, muy lejos y la navegación era en unos cueros de lobos marinos hinchados."

IV
Continúa la materia antecedente

Seguiremos expresando las opiniones de otros escritores, relativas á los habitantes de las primeras épocas postdiluvianas del Perú.

Algunos autores son de parecer que los Peruanos serían directamente originarios de la Mesopotamia y de Babilonia, por las analogías sorprendentes que existen entre las lenguas de algunas del Perú y las del Armeno-Caucaso Paropamiso.

El Dr. Schmidt de Gerelsberg, en una Memoria que leyó en la sesión del Congreso Internacional de Orientalistas, habido en San Petersburgo, en 1876, dice que "estas analogías son demasiadamente íntimas, numerosas y características, para pretender explicarlas por la hipótesis de una similitud accidental."

El sabio Mr. Beaumont afirma, en el periódico de Londres The Times, que la costa occidental de la América del Sud fué habitada, en tiempos muy remotos, por una raza estrechamente emparentada con los primeros Babilonios, y que "los hombres hiperbóreos, moradores del Norte, al ser obligados, por el intenso frío, á emigrar hasta el Sud, en una época en que todavía era inhabitable el territorio actualmente ocupado por los Estados Unidos, al llegar á Centro y Sud América, encontraron que los Turanios del Perú habían pasado ya el cenit de su grandeza." Y prosigue Mr. Beaumont preguntando: "¿Cuántos milenarios han necesitado estos Turanios para perfeccionar la civilización cuyos restos se hallan todavía en el Perú? La gloriosa civilización—agrega—que fué la primera en desarrollarse sobre la faz de la Tierra, dejó sus huellas indelebles en el Perú."

El Dr. Hyde Clarke, considera "que las lenguas egipcia, china, tibetina, accadiana y peguana, son estrechamente ligadas á las de México y del Perú, teniendo todas estas lenguas un centro común en la Alta Asia, que es la cuna de la primitiva Humanidad. El idioma madre, del que derivan todas aquellas lenguas, se llama Súmero, y el pueblo que lo hablaba se denomina también Súmero (ó Accadio ó Babilonio)." El Dr. Hyde Clarke divide los Súmeros en dos grupos, y los supone emigrados á un centro común: el primer grupo comprende los Accadios, Monses, Cambogianos, Aymarás, Mayas (y Toltecos?); el segundo grupo se compone de los Georginos, Etruscos, Siameses, Quechuas y Aztecas.

Posteriormente, el Dr. Pablo Patrón (peruano) hizo también un prolijo estudio del origen del idioma Quechua, llegando á la deducción de haber descubierto la perfecta analogía que existe entre este idioma y el Súmero de los Caldeos, é infiriendo de esa misma analogía, que una parte de los primeros pobladores postdiluvianos del Perú fueron originarios de Mesopotamia de Babilonia. En apoyo de su aserto, expone que "los Quechas y Aymarás, pobladores principales del Tahuantinsuyo, vinieron en época remota de los reinos del Eufrates y del Tigris. Esta afirmación descansa en un hecho científico: los idiomas Quechua y Aymará provienen del Súmero y del Asirio. Patentizado el estrecho parentesco de ambos grupos lingüísticos, el asiático y el americano, un reguero de luz disipa las obscuras brumas del pasado."

No ponemos en duda la teoría sostenida por los etnógrafos citados, y talvez no sería aventurado el conjeturar que en tiempo de la célebre Semiramis, tuvieran lugar algunas inmigraciones al Perú provenientes de la Caldea, pues es un hecho histórico, que esta reina de Asiria extendió sus conquistas á la Arabia, al Egipto, á parte de la Etiopía y la Lidia, á la Mesopotamia, á la Babilonia y á casi toda la Asia hasta el Indo, siendo tanto más lógica esta suposición, si se tiene en cuenta que esta reina gobernó la Asiria y sus dependencias desde 1916 á 1874 años antes de la Era Cristiana; fechas que concuerdan, más ó menos, con la época en que, según Montesinos, tuvo lugar la primera invasión que asoló las costas del Perú.

Por consiguiente, admitiendo que una parte de las primeras inmigraciones al Perú hayan sido de Caldeos, como lo deducen el Dr. Hyde Clarke y el Dr. Pablo Patrón, (que no citan, con precisión, la fecha en que esa invasión pudo efectuarse), de suponer es, que esta inmigración se realizara en el siglo XIX antes de la Era Cristiana, ó sea, durante el reinado de la célebre Semiramis, cuando las guerras de la Asiria contra la Caldea y demás comarcas limítrofes obligaron á muchos habitantes de esas comarcas, á abandonar sus países natales, huyendo de la persecución de los vencedores. En tal hipótesis, los emigrantes de esa sección de la Asia Menor habrían llegado á América siete siglos antes que los Chinos y Tártaros, que, según Ranking y otros escritores, aportaron á las playas americanas en el siglo XII antes de la Era Vulgar.

Y quizá, también, esos mismos Caldeos fueron los que fundaron el antiquísimo Imperio de los Pirhuas, del que nos habla Montesinos, cuya dinastía, según él, duró cerca de dos mil años, desde el año 2145 antes de la Era Cristiana hasta el año 83 de la Era actual. Pero hay que tener en cuenta, que, por la cronología establecida por el mismo Montesinos, la fundación de ese Imperio dataría de tres siglos anteriores á la pretendida invasión de los Caldeos al Perú, lo que haría presumir que ese mismo Imperio habría sido fundado por habitantes originarios de América.

Si, por otra parte, se admite que los Caldeos fueron los primeros inmigrantes que pisaron las playas peruanas, sería, quizá, admisible también, que ellos hayan sido los hábiles artífices que construyeron algunos de los soberbios monumentos muy anteriores á la fundación del Imperio Incáico, ruinas que dan evidentemente una idea de la alta cultura de las razas anteriores á las de las conquistas de los Incas, y que aún permanecen mudas para la etnografía. Estas ruinas, que todavía perduran, causan la admiración de los arqueólogos que las visitan.

Condensando las opiniones de los autores citados en los párrafos anteriores, es un hecho positivo é incontestable, que, en vista de las antiguas ruinas que aún subsisten, diseminadas en el territorio, del Perú, han existido, en ese mismo territorio, razas que formaron brillantes centros de civilización, los mismos que, con el trascurso del tiempo, han ido desapareciendo totalmente.

V
Civilizaciones y Dinastías antiguas del Perú

Muchas son las opiniones emitidas sobre las invasiones al Perú por los pueblos de los antiguos Continentes, que lograron formar, en este territorio, en los tiempos preincáicos, no solamente centros de civilización, sino, algunos, grandes imperios.

Según una leyenda antiquísima, se refiere de un legendario Imperio llamado Inin, que limitaba al Sud con los ríos Beni y Parú, al Este con el río Cayari ó Madera, y al Oeste con el río Apú-Parú; Imperio del que no se sabe, con fijeza, el tiempo que subsistió, suponiéndose tan sólo que duró una larga serie de años.

Fray Buenaventura Salinas, en su Memorial de las historias del Nuevo Mundo, dice que "han habido en el Perú dinastías más antiguas que el Imperio Pirhua." A este respecto, refiere la tradición de cuatro épocas ó dinastías antiquísimas, en las que gobernaron insignes Caciques, y fueron:

1a Epoca, que duró más de mil años, en la que gobernó la dinastía de Huari-Huiraccocha Runa.

2a Epoca, que duró más de quinientos años, en la que gobernó la dinastía de Huari Runa.

3a Epoca, que duró mil años, en la que gobernó la dinastía de Purum-Runa.

4a Epoca, que duró mil y cien años, en la que gobernó la dinastía de Auka-Runa.

Como se vé, estas cuatro épocas forman, en conjunto, un largo período de más de tres mil seiscientos años. Si se ha de dar crédito á lo opinado á este respecto por Fray Buenaventura Salinas, estas dinastías habrían tenido su origen en el siglo XLI, ó más ó menos tres mil y tantos años antes de la Era Cristiana, que correspondería, aproximadamente, á la época en que, ateniéndonos á la Sagrada Escritura, vivían Cain y Abel, hijos de Adán y Eva, ó sea, según ese mismo texto bíblico, más de mil quinientos años anteriores al Diluvio; prolongándose esas mismas dinastías hasta el siglo XIX antes de la Era Vulgar.

El licenciado Fernando Montesinos, en su Estudio general de las Colonias Españolas en Occidente, dice que "el Perú fué poblado por Armenios seiscientos años después del Diluvio Universal, (fecha precisamente que corresponde al siglo XIX, antes de J. C., ó sea, después haber caducado la dinastía citada por Fray Buenaventura Salinas), cuando quizá esta nación fué avasallada por la Asiria." Esta fecha correspondería, á no dudarlo, al interregno de la dinastía citada anteriormente y la de Tiahuanaco. Tal vez, sea algo verosímil esta opinión de Montesinos, porque la Armenia[114], región asiática, es una de las naciones más antiguas del Mundo, y los Armenios creen ser descendientes de Haig, biznieto de Noé. Estos Armenios, según Montesinos, vinieron á las costas del Perú, unos por la vía de Chile, otros trasmontando los Andes, y otros por la vía de Tierra Firme y la Mar del Sud.

El mismo Montesinos, en sus Memorias historiales y políticas del Perú, cita también varias invasiones realizadas, algunas, siglos antes de la Era Cristiana: la primera, en el siglo XIX (que debe ser la de los Armenios); la segunda, en el XVI; la tercera, en el XII; la cuarta, en el II; la quinta, en el año 55 de la Era de Cristo; y la sexta, en el siglo VIII de la misma, que concluyó con el decadente Imperio Pirhua, anterior al de los Incas, pues Montesinos hace subir su origen cerca de dos mil años antes de Jesucristo.

Pero haciendo abstracción de tradiciones y leyendas, que pueden ser ciertas ó inciertas, veamos lo que algunos investigadores establecen tocante las civilizaciones proto y prehistórica del Perú.

Según las estudios practicados por esos investigadores, se infiere que, de las civilizaciones que florecían en el Perú durante la larga serie de centurias que forma las épocas proto y prehistórica, cinco fueron las principales: 1a la de Nazca é Ica; 2a, la del Imperio de Tiahuanaco; 3a, la del Señorío de los Chimús; 4a, la de los Emperadores Pirhuas; y 5a, la del Imperio Incáico, cuya época final se considera ya como período histórico.