INTRODUCCIÓN

El origen de los aborígenes del Nuevo Mundo ha sido cuestión, desde hace más de cuatro siglos, de múltiples y profundos estudios de los etnógrafos, arqueólogos y língüistas, que se han propuesto escudriñar los tiempos prehistóricos mediante las tradiciones seculares de los indios, la arqueología y la lingüística; pero este punto histórico no ha sido aún resuelto de una manera clara, terminante y decisiva.

Hubert Bancroft en su obra The native races of the Pacific States of North America, y, con él Brasseur de Bourbourg, en la Revue d'Édimbourg (1876), opinan que sería quimérico el pretender determinar con precisión la manera como el Hombre ha hecho su aparición en América. Aunque el primero de estos escritores cree que el Hombre ha sido creado sobre diversos puntos del globo, y que la América habría sido uno de esos centros de creación, muchos sociólogos opinan que la especie humana desciende de una pareja única, fundándose en que las tradiciones están de acuerdo sobre este punto, y, sobre todo, que es un hecho revelado en la Sagrada Escritura y un dogma de fe recibido por la Iglesia.

Pero antes que Bancroft, Lord Kames, en el "Discurso preliminar" de su obra Sketches of the history of Man, impresa en Edimburgo en 1788, expone su parecer al respecto de esta manera: "Dios ha creado varias parejas de seres humanos diferentes las unas de las otras, interior y exteriormente; cada una de estas parejas fué colocada en el clima apropiado á su organización. El carácter original se conservó intacto entre sus descendientes, los que, no teniendo otra asistencia que sus medios naturales, por experiencia han debido adquirir progresivamente ciertos conocimientos y formarse cada tribu un idioma particular......... Para creer que todas las razas, tal como existen hoy, descienden de una pareja única, sería preciso admitir la idea del milagro."

Voltaire, en apoyo de lo opinado por Lord Kames, en su Essai sur les mœurs et l'esprit des nations, dice: "Si se pregunta dónde han venido los Americanos, se debe también preguntar dónde han venido los habitantes de las tierras australes, y se debe contestar, que la Providencia que ha poblado la Noruega ha poblado también la América.

Al mismo respecto, Bernardo Romans, en las págs. 38-39 de su obra A concise natural History of east and west Floride, expone: "No creo absolutamente que los hombres de raza roja de América desciendan de pueblos situados en las partes orientales ú occidentales de Asia. Creo firmemente que Dios ha creado una raza de hombres originarios de este país, diferentes de los otros pueblos."

También Isaac de La Peyrère, monje francés, en su obra titulada Prædamitas, publicada en 1655, (la que fué condenada al fuego por el Parlamento de París), afirma que "Dios, el sexto día de la Creación del Mundo, formó varones y hembras en diversas regiones del Orbe, como también muchas plantas y animales de cada especie en varios parajes de la Tierra; que después creó á Adán y Eva, cuya creación es la que expresa el segundo capítulo del Génesis; y, por último, que Adán no es cabeza ó progenitor de todos los hombres, sino tan sólo del pueblo judáico."

El sabio antropólogo Burmeister, tratando de esta misma cuestión, se expresa así: "Basta fijarse con alguna atención en el color de los individuos que constituyen las diferentes naciones, para comprender que las actuales razas humanas descienden de varias y distintas parejas...... Para sostener el aserto bíblico de que todos los hombres descienden de una sola pareja, es preciso dar explicación cumplida á los milagrosos hechos y portentosos acontecimientos que indispensablemente debieron tener lugar para que, en sólo 4,000 años mil millones de hombres procedentes de un mismo punto y descendientes de una sola pareja, poblaran toda la Tierra."

El célebre anatómico Alejo Littré, en sus Memorias relativas á la anatomía patológica, opina que: "Diversas preocupaciones teológicas y la tendencia á la inquisición absoluta de las causas primeras, son las que han hecho admitir la derivación de todas las especies de una pareja única, rechazando las diferencias específicas de los hombres, en vez de recibirlas tales como la observación las demuestra."

Finalmente, el ilustre general colombiano D. Tomás C. de Mosquera, en su Cosmogonía ó Estudio sobre los diversos sistemas de la Creación del Universo, asienta que: "El Hombre lo crió Dios en varios puntos de la Tierra á un tiempo, cuando las condiciones necesarias á su nacimiento aparecieron en los medios físicos de toda especie, que obraron determinando y produciendo ese nacimiento, es decir, cuando la fuerza general que se llama vida animal, que ha obrado y obra perpétuamente sobre nuestro planeta, llegó á una época en que aparecieron en juego las varias influencias y condiciones que obrando necesariamente, debieron producir por modo inevitable esta manifiestación de la vida, de la cual hizo Dios al Hombre."

No obstante, desde la iniciación de los estudios arqueológicos americanos, los etnógrafos se han dividido en dos grupos. El uno, de los poliphiletes ó poligenistas, formado por los que sostienen que la adelantada civilización de los antiguos habitantes de América es debida al desenvolvimiento natural y sucesivo de una raza aborígene ó autóctona, afirmando que los antiguos pueblos del Nuevo Mundo tienen su origen en este Continente, y que las civilizaciones cuyas antiguas grandezas se admiran hoy, son resultado del desenvolvimiento gradual de esa raza primitiva. El otro grupo, de los monophyletes ó monogenistas, es compuesto por los que creen que las civilizaciones de los antiguos pueblos americanos tienen su origen en las numerosas emigraciones posteriores al Diluvio Universal, estableciendo que la población primitiva se componía de varias razas diferentes las unas de las otras; que la forma del Continente americano no siempre ha sido la que es actualmente, pudiendo, con las trasformaciones sucesivas de la Tierra, haber hecho parte ó haber sido próximo á otro Continente; concluyendo, en resumen, que esas emigraciones á América han sido diversas: de Asia, los Hebreos, Fenicios, Troyanos, Chinos y Tártaros; de Africa, los Egipcios, Cartagineses y Etiopes; y de Europa, los Griegos, Frisios, Romanos, Curlandeses, Noruegos, Dinamarqueses, é Islandeses. En esta hipótesis, los aborígenes americanos pertenecerían á razas diversas venidas de distintos puntos de Asia, de Africa y de Europa.

Sin detenernos, por ahora, en la teoría sostenida por ambos grupos, veremos más adelante las opiniones formuladas por los etnógrafos y paleontógrafos.

Acudiendo á las fuentes de consulta que tenemos á nuestro alcance, vemos que todos los pueblos de la antigüedad, ó sea de la época postdiluviana, han sido considerados por sabios americanistas, como los progenitores de la raza americana, principalmente los asiáticos, no solamente porque estos pueblos han tenido más probable comunicación con la América, por el antiguo estrecho de Annian, (hoy Behring, que tiene ochenta kilómetros en la parte más ancha y sirve de canal de comunicación entre el Mar Glacial y el Mar Pacífico); sino, también, porque los usos, carácter, instituciones, costumbres y hasta el lenguaje de algunos americanos con otros de la raza asiática, guardan algunas analogías.

El objetivo primordial de los estudios llevados á cabo en este sentido por dichos sabios, ha sido indagar si los indígenas americanos son descendientes de una sola ó de varias razas; investigaciones que hasta ahora no han tenido completa solución, prevaleciendo, sin embargo, las opiniones á favor de la pluralidad de razas, basadas en que las muchas y diversas tribus aborígenes esparcidas por todo el Continente americano difieren en sus usos, creencias, lenguajes, costumbres y demás condiciones etnogenéticas.

Luis Moreri, en su Grand Dictionnaire Historique, tomo I, pág. 353 (París, 1732), sin determinar con fijeza su parecer al respecto, observa: "Los Americanos deben su origen á los europeos ó á los asiáticos, y quizá la deben á los unos y los otros." Francisco Javier Clavijero, en la "Disertación primera" de su Historia antigua de México, tomo II, pág. 138, es algo más explícito, pues formula su opinión en este sentido: "Los americanos descienden de diversas naciones, ó, más bien, de diferentes familias dispersas después de la confusión de las lenguas;" y en apoyo de su aserto trae á colación, en primer lugar, la variedad y diferencia de las lenguas americanas; y prosigue: "Puedo asegurar, sin riesgo de engañarme, que entre las lenguas vivas y muertas de Europa, no se hallan dos más diferentes entre sí, que lo son la Otomita, la Tarasca, la Maya y la Misteca, que son las dominantes en diversas provincias de México;" agregando nosotros, la Puquina y la Quechua, en el Perú.

Pero, tratándose de averiguar á qué raza ó razas pertenecen los habitantes de América, el abate Juan Andrés opina en su obra, en lengua toscana, titulada Origen, progresos y estado actual de toda la Literatura, que "la Geografía y la Cronología se llaman, y son realmente, los dos ojos de la Historia; porque valiéndose de la tradición constante de la historia y del estudio de los lugares, esos trabajos propenderían, talvez, á resolver, en gran parte, el problema de la población del Nuevo Mundo."

También el Sr. Tulio Febres Cordero, en su selecto Estudio sobre Etnografía americana, que presentó en 1892 al Congreso Internacional de Americanistas, reunido en el histórico convento de la Rábida, para conmemorar el cuarto centenario del descubrimiento del Nuevo Mundo, asienta juiciosas observaciones sobre la onomatología geográfica de América, probando la semejanza de muchas voces, en varias lenguas indígenas, correspondientes á pueblos ó comarcas de distintos Continentes, para lo cual llama, en apoyo de su teoría, las opiniones de los notables publicistas Humboldt, Prescott, Restrepo, Rojas, Castro, Calcaño y Graty.

A las opiniones que al respecto emiten el abate Andrés y el señor Febres Cordero, podemos agregar, que también la antropología, la etnografía y aún la craneología, son las ciencias que con igual acierto podrían conducir al conocimiento de las antiguas razas indígenas que primitivamente han habitado el Continente del Nuevo Mundo.

Finalmente, haciendo abstracción de las opiniones de los etnógrafos que están, unos por la autoctonia de una sola raza, y otros por la pluralidad de ellas, creemos que la tan debatida cuestión de la población de América está por resolverse, pues aún no se ha podido dar una explicación satisfactoria de su origen.

En el presente trabajo no pretendemos solucionar este problema tan árduo, tan intrincado y de tan difícil investigación, sobre el cual, desde la época del descubrimiento de Colón hasta nuestras días, se han escrito muchísimas disertaciones; pero, sí, trataremos de exponer los diversos juicios de los autores que han tratado esta materia, y del cotejo de esas opiniones diversas y aún contradictorias, trasluciremos, talvez, alguna conclusión, sino definitiva, á lo menos algo problemática. Suplicamos, por tanto, al lector, que disculpe cualquiera deficiencia que notare en este trabajo, en gracia del propósito que nos anima.

Habríamos podido darle mayor extensión de la que tiene, contemplando la importancia de este asunto; pero una obra en estas condiciones, aunque de mucha utilidad é interés científico, sería leída tan sólo por hombres consagrados al estudio, no por la generalidad, y no habría llenado el propósito que tenemos en mira, cual es, que nuestra obra sea leída por un público extenso.

Escritores españoles[41] han tratado ya este asunto con más amplitud que nosotros y, más tarde, vendrán otros que llenen el vacío que hemos dejado, llevando más adelante sus investigaciones sobre materia de tanta entraña que ahora imperfectamente diseñamos.

Por último, debemos confesar ingénuamente, que no tenemos la pretensión de titularnos etnogenítico, ni paleontógrafo, ni etnógrafo, ni arqueólogo, sino simplemente nos consideramos como un humilde factor para la formación de la historia antigua, pues que comprobamos, identificamos y valorizamos los hechos del pasado: en una palabra, somos un auxiliar modesto que hace el paciente trabajo de la hormiga, acumulando con prolijidad el material histórico adecuado á la presente obra, porque en el Perú poco se conoce el pasado, y mucho menos algo de las épocas pre-incáica y pre-hispánica, ó sea de las grandes y heróicas civilizaciones indianas de esas mismas épocas.


ORIGEN DE LOS INDIOS
DE
AMÉRICA