CARIB.

Hemos dicho que don Martín Fernández de Navarrete, el año 1825, anotando el Diario de navegación del Almirante, conservado por las Casas, fué el que aplicó, por vez primera, el vocablo CARIB[[279]] á la isla de Puerto-Rico; pero con documentos auténticos de cronistas y cartógrafos hemos probado ser BORIQUÉN el verdadero nombre indígena de la Isla.

Con esta palabra, CARIB, designaban los indo-antillanos al pueblo indígena de la América, que habitaba las Antillas menores y las costas de Tierra-firme, de donde, navegando en sus piraguas, marchaban estos belicosos indios á piratear en las grandes islas y regiones comarcanas.

Pueblo guerrero y antropófago, terror de sus convecinos, aunque no eran los caribes los indios más sanguinarios de América. Cerca del Orinoco dominaban los corpulentos OTOMACOS “la quinta esencia de los bárbaros, barbarísimos entre todos los bárbaros”[[280]]. Eran éstos, á su vez, el terror de sus vecinos los Jiraras, Caribes, Maypures y Maypoyas[[281]]. Los ACHAGUAS, indígenas colombianos, decían ser los Caribes descendientes de los tigres, de quienes habían heredado la crueldad que los distinguía. A los tigres los llamaban CHABÍ y á los caribes, CHABÍ-NABÍ, oriundo de tigre.

A la llegada de los españoles al Archipiélago antillano, capitaneados por Cristóbal Colón, dos razas americanas[[282]] se disputaban el imperio de estas islas. Una raza procedente del Norte y originaria de la desembocadura del Mississipí[[283]], adueñada de la península de la Florida, salvó fácilmente en sus amplias canoas, que daban cabida á ciento y ciento cincuenta hombres, las treinta leguas, que la separan de la isla de Cuba. Además, posteriormente, hubo el fácil acceso por el grupo de las Lucayas[[284]]. Esta raza, llamada por algunos, de los GUAICURE, fué arrojada de sus posesiones del Continente americano por la belicosa de los SEMINOLAS, valientes indios guerreros, que tan tenazmente combatieron, en 1512, al Adelantado Juan Ponce de León, descubridor del país de CANSIO[[285]]. La otra raza, procedente del Sur, alejándose de las margenes del Orinoco[[286]], su cuna, fué domeñando las costas de Venezuela y Colombia, y en son de conquistadora y en virtud de sus condiciones guerreras entró en el Archipiélago antillano, apoderándose de las pequeñas islas, cercanas á Tierra-firme, de donde extendió sus correrías á las mayores.

Al poner el Almirante el pié en GUANAHANÍ, una de las Lucayas, la lucha de estas razas continuaba á muerte, siendo los campos situados al este de BORIQUÉN la marca invasora de la raza dominante, aunque los caribes no habían podido aún apoderarse del territorio. Si el descubrimiento del Nuevo Mundo se hubiera retardado algún tiempo, los españoles hubieran encontrado todo el Archipiélago antillano en poder de la raza caribeña; pues los GUAYCURE eran más dados al AREYTO, ó bailar cantando, y al BATO ó juego de pelota, que á los ejercicios guerreros; preferían el alimento vegetal al animal, y sabemos por el Diario de Colón, que los indios de las Lucayas ni tenían siquiera los aprestos guerreros del salvaje. En cambio, los caribes desde niños se educaban, en el manejo del arco, se nutrían con carne humana[[287]], salían de continuo en sus almadías á sus terribles aventuras de pillaje, por lo cual eran más potentes para el combate que los BORIQUEÑOS y HAITIANOS[[288]]; y ya desde Sibuqueira (Guadalupe) y Ay-ay (Santa Cruz) organizaban á diario, sus correrías á Boriquén, acantonándose en las desiertas islillas situadas al este de la isla, principalmente en BIEQUE.

El padre Labat opinaba (1724), que los caribes habían emigrado desde la Florida á las Antillas y Tierra-firme; y algunos escritores de nota, entre ellos Alejandro de Humboldt, le han seguido en esta opinión; haciendo proceder el pueblo caribeño de los APALACHES de la América del Norte; pero después de la obra de D’Orbigny[[289]] las razas de la América del Sur han sido mejor conocidas. El sabio D’Orbigny, que empleó ocho años en recorrer el Continente sur-americano en una extensión de 775 leguas de Norte á Sur y de 900 leguas de Este á Oeste y que al regresar á Francia en 1834 obtuvo el gran premio anual de la Sociedad de Geografía, opina que la raza caribe procedía de la gran familia BRASILIO-GUARANIANA. Estos indios cubrían toda la parte oriental de la América del Sur desde las Antillas hasta cerca del río de la Plata. Además, D’Orbigny ha sentado, que los caribes que poblaban las islas de Barlovento y Sotavento, eran idénticos á los GUARANÍS, del Brasil, pertenecientes al tronco BRASILIO-GUARANIANA. Según el erudito venezolano Arístides Rojas[[290]], los jeroglíficos, ya en las llanuras y orillas de los ríos, ya en las alturas de la cordillera costanera de Venezuela, marcan el itinerario del pueblo Caribe y de sus diversas tribus de Este á Oeste. El padre Raymond y el padre Dutertre, misioneros que vivieron largo tiempo entre los caribes antillanos, conformes á las tradiciones caribeñas, los hacen provenir de los GALIBIS del Continente sur-americano; rama, según D’Orbigny, procedente, á su vez, de la gran familia BRASILIO-GUARANIANA.

Además de marcarnos la Antropología la diferencia de tipo y naturaleza del indio del Norte y el del Sur[[291]], sabemos por los cronistas que las costumbres y los usos de los indígenas de una y otra de estas razas que estudiamos eran bien diversos; pues, mientras los indios de las grandes Antillas y grupo de las Lucayas eran hospitalarios y pacíficos, los caribes eran crueles y sanguinarios.—Los guaycures apelaban únicamente á las armas para combatir tan sólo la agresión de sus feroces vecinos; éstos, por el contrario, hacían de la guerra un uso cuotidiano y se entregaban en sus débiles embarcaciones á atrevidas empresas. A Cuba la conquistó Velázquez, sin pérdida de un solo hombre.—Juan de Esquivel no tuvo que hacer sacrificio alguno para adueñarse de Jamayca. En Haytí inició la guerra contra los españoles el cacique Caonabó, que era de raza caribe; los demás régulos siguieron el movimiento con tibieza, aceptando prontamente la coyunda castellana. En Boriquén, cuyos indígenas eran más flecheros, al decir de Oviedo, y se explica, por tener sus naturales que contrarrestar, muy á menudo, el empuje de la invasión caribeña, que venía por el Este, recibióse á los cristianos cordialmente, y fué la servidumbre la que provocó después el alzamiento. Y los indios de las Lucayas eran tan inocentes, que se herían las manos palpando el filo de las espadas de los compañeros de Colón. En cambio, los caribes de Santa Cruz recibieron con flechas envenenadas, diestramente arrojadas por hombres y mujeres, á los compañeros del Almirante, que fueron á tomar lengua y hacer aguada. En Guadalupe no ocurrió lo mismo, porque todos los hombres dispuestos para la guerra se habían ido á piratear por las islas vecinas. Y ya nos dice Oviedo, que los buques hacían aguada en la Domínica á fuerza de armas. Cuando Ponce de León hizo recalada, expresamente, en la isla de Guadalupe para castigar á sus naturales, tuvo que retirarse bien descalabrado. Y las crónicas de Puerto-Rico están bien nutridas con la narración de las terribles invasiones de los caribes de las islas de Barlovento[[292]]. Eran, pues, los GUAYCURES y los CARIBES dos pueblos de diversa procedencia genealógica, y cuya lucha á muerte tenía que terminar, por ley antropológica, con el triunfo de la raza caribeña, más viril y más apta para la guerra, y la completa absorción y desaparición de nuestros pacíficos indígenas.

No podía, por lo tanto, corresponder el vocablo CARIB á los hospitalarios BORIQUEÑOS, que tan sólo empuñaban el arco y la macana para defender el terruño; y, por lógica deducción, tampoco á su país, y sí, ÚNICAMENTE, á los naturales de las islas de Barlovento.