El mapa de Juan de la Cosa.
Examinemos ahora la importancia de la carta de marear del ilustre cartógrafo y capitán descubridor. Y para que no se nos considere apasionados al ameritar la obra del compañero del inmortal genovés, compilaremos las frases de un perito, las del capitán de navío don Cesáreo Fernández Duro, que fué uno de los miembros del Jurado Académico, constituido en Madrid, para examinar el mejor libro sobre el Descubrimiento de América y adjudicar el premio de 30 mil pesetas. He aquí el comentario del señor Fernández Duro:
“Ni la carta existente en el monasterio de Viladestes, fechada en 1413; ni el Atlas catalán del siglo XV, el más antiguo que se conoce, publicado en París por Duchón; ni los mapas hidrográficos que componen una colección de diez, formada por Andrés Bianco en 1436, existente en la Biblioteca de San Marcos de Venecia; ni el mapa de Fra Mauro, 1459; ni el de San Juan Ruyschio, citado por Humboldt; ni el del cosmógrafo catalán Jayme Ferrer, 1494–1495; ninguno de estos antiguos documentos llega en exactitud ni en extensión de tierras descubiertas y situadas á la Carta de Juan de la Cosa, que desde su hallazgo eclipsó á los anteriores, conquistando el primer puesto en la historia de la cartografía universal.”
Este mapa desapareció de España cuando la invasión francesa y la guerra de la Independencia. En 1832 lo compró á un agiotista prendero el Barón de Valckenaer. Al fallecimiento de este noble (1852) sus testamentarios pusieron en venta sus libros y papeles, y entre ellos la carta marítima de Juan de la Cosa. La puja fué sostenida por varias bibliotecas, y en un arranque de patriotismo, y en nombre del Gobierno español, el general Zarco del Valle aseguró que daría por él cien francos más que el que ofreciese mayor precio, adquiriendo la preciosa joya en 4200 francos[[211]].
Hoy se conserva el mapa mundi de Juan de la Cosa en el Museo Naval, en el gabinete de descubridores y sabios marinos, anotado en el Catálogo con el número 553 y las siguientes palabras:
“553.—Carta de la parte correspondiente á la América, que levantó el piloto Juan de la Cosa en el segundo viaje del Descubridor genovés, en 1493, y en la expedición de Alonso de Ojeda. Sustraída de España, la poseía el Barón de Valckenaer, cuyos testamentarios la vendieron en pública almoneda, y la adquirió el Depósito Hidrográfico. Su Director, que fué el señor don Jorge Lasso de la Vega, tuvo la condescendencia de que se depositase en este Museo, para que el público pueda ver un documento tan curioso y de mérito, con relación á la época en que se hizo”[[212]].
Hemos dicho que Juan de la Cosa acompañó á Colón en el primer viaje como dueño de la nao Santa María. En el mapa están las tierras descubiertas en esta empresa, GUANAHANÍ, la primera al oriente, por ser la SAN SALVADOR del Almirante. No tiene ninguna banderola con castillos y leones, por la misma razón que no la tiene Cuba, en el puerto de San Salvador, ni la Española en Navidad é Isabela, ni Domínica, ni Marigalante, etc. Estas banderolas están puestas en distintas tierras sin marcar puntos de desembarco. En Cuba está colocada precisamente en la región inexplorada.
En el segundo viaje de don Cristóbal Colón venía Juan de la Cosa en la carabela Niña, como Maestre de hacer cartas. En el interesante mapa están trazadas las islas avistadas y visitadas por los viajeros: la Deseada, Domínica, Santa María Galante, Santa María de Guadalupe, Santa María de Monserrat, San Martín, la Gorda, San Cristóbal, Santa Cruz, Boriquén y la Española. Vése por la investigación de este viaje, que Colón visitó á Santa Cruz, negado por el padre Nazario[[213]], y que Puerto-Rico se llamaba BORIQUÉN y no CARIB. Además, al trazar el entendido cartógrafo la isla de Puerto-Rico, delineó con perfección—y es lo más exacto que hay en la configuración que le da á la isla—el último ángulo de occidente, que comprende hoy los puertos de Aguada y Aguadilla. Llama la atención, sobre manera, esa exactitud del dibujo en lo que corresponde á la bahía limitada por los cabos San Francisco y Boriquén. La costa norte de Puerto-Rico está trazada de imaginación, es defectuosísima, y ha sido delineada calculando la acción violenta de los mares del septentrión, que siempre hacen grandes cortaduras en las costas nortes. Como el crucero recorrió la banda meridional, bien retirado de tierra[[214]] por temor á las restingas y escollos, el piloto de la NIÑA, al terminar la jornada del día 17 de Noviembre, en cuyo día corrieron 30 leguas por aquella costa, le consagra una línea, pudiendo trazar el día 18 la parte occidental de Boriquén; y sobre todo, con mayor perfección, el último ángulo de occidente, donde permaneció la armada dos días.
Entre Boriquén y la Española no traza Juan de la Cosa ninguna isla; por lo que nos inclinamos á creer que los viajeros no vieron la Mona. La islilla que llamó la atención del doctor Chanca fué indudablemente CICHEO, hoy Desecheo. Fernando Colón tampoco menciona la Mona al referir este viaje del Almirante. D. Martín Fernández de Navarrete, al anotar la Relación de Diego Alvarez Chanca, es quien pone, por vez primera, en una llamada á la isla MONA como la divisada. Error acogido por don José Julián de Acosta al glosar la obra de Fray Iñigo Abbad, y seguido después por Vizcarrondo, Janer y otros al redactar sus Epítomes de Geografía de Puerto-Rico.
Al partir la armada el 22 de noviembre, por la mañana, con rumbo al noroeste, en demanda de la Española, la islilla divisada fué de tan escasa importancia, y llamó tan poco la atención, que el hábil Maestre de hacer cartas no juzgó necesario delinearla en su mapa. Y téngase en cuenta que el cartógrafo traza la DESEADA, avistada únicamente, y delinea dos isletas frente á SANTA CRUZ, como cerrando el paso al norte.
Basta una ojeada al mapa de Juan de la Cosa para ver palpablemente, que el crucero se corrió al norte de la Española, ruta negada por el párroco de Guayanilla[[215]]. Toda la costa septentrional está anotada en el mapa, sobresaliendo los conocidos nombres de SAMANÁ é ISABELA.
En la carta náutica de Juan de la Cosa está también el viaje del Almirante, cuando fué en demanda de Cuba. Sabemos, por la historia, que Colón, una vez constituida la incipiente colonia en la Isabela, entregó el mando á su hermano don Diego, y en una escuadrilla, formada de la NIÑA, la SAN JUAN y la CARDERA costeó la parte boreal de la Española, vía recta á Monte Christi[[216]] y al lugar que ocupó el fuerte de Navidad[[217]]; de allí siguió hasta la isla Tortuga[[218]]; luego volvió á tocar en la Española[[219]], pasando á Cuba, cuya tierra avistada llamó ALFA. Los indios llamaban aquel sitio BAITIQUIRÍ, y hoy tiene el nombre, también indio, de MAISÍ[[220]]. Navegó 20 leguas el crucero, costeando el sur de la isla de Cuba, y reconoció la gran bahía de Guantánamo, donde los indígenas agasajaron á los viajeros con pescado, iguanas, hutías y casabe. Diego, el indio de Guanahaní, hizo de intérprete. Prosiguió el Almirante su derrotero, y el 3 de Mayo (1494) modificó el rumbo hacia el sur descubriendo la isla de Jamaica. Corrió la costa[[221]] y fué el crucero á un puerto, que el Almirante llamó PUERTO BUENO[[222]]. El 14 de Mayo hizo rumbo de nuevo á Cuba, resuelto el marino genovés á navegar quinientas ó seiscientas leguas adentro á ver si era tierra firme. Llegó á un cabo, que denominó CABO DE LA CRUZ[[223]]; hubo tronadas, y el crucero tuvo que evitar innumerables isletas[[224]] y bajos. Siguió navegando hacia Occidente, siempre evitando las islillas y restingas, y después de recorridas 335 leguas se detuvo en la isla de Pinos, la cual Colón llamó SAN JUAN EVANGELISTA[[225]]. Retornó el Almirante, levantando por fin aquella Información en que opinaba, y hacía opinar á la tripulación de las tres carabelas, que la isla de Cuba era tierra firme. En el mapa de Juan de la Cosa se ve terminar al cartógrafo su dibujo sin trazar el resto de la isla de Cuba[[226]], y dejando marcadas en aquellos sitios un sin número de islillas é islas, diseminadas en el mar[[227]]. A la vez coloca, en el lado opuesto á la región de Cuba explorada, una banderola castellana como señal de dominación sobre aquellas tierras. Volviendo atrás el crucero, tocó de nuevo en cabo Cruz, donde se dijo una misa solemne bajo un árbol. De cabo de la Cruz, por no tener vientos favorables, volvió la escuadrilla á Jamaica, y de aquí á cabo Tiburón de la Española, que llamó el Almirante, cabo de San Miguel[[228]]. No conoció Colón el sitio á que había arribado, hasta que los indios le sacaron de dudas, llamándole un cacique por su nombre. Entonces empezó el Almirante á costear, por primera vez, el sur de la Española. A fines de Agosto surgió la NIÑA en una isla, que llamó Colón ALTOVELO[[229]], y allí esperó á las otras dos carabelas. Reunidas las tres naves fueron á otra isla[[230]], y costeando de nuevo la banda meridional de la Española pasaron por delante de la boca del río Neyba[[231]] avistando un llano amenísimo lleno de caseríos tan contiguos, que por espacio de una legua parecía un solo pueblo. Envió Colón correos á la Isabela dando cuenta de su llegada, y prosiguió su derrotero llegando al antiguo cacicazgo del HIGÜEY, donde le impidieron los indios de CAYACOA hacer aguada. Este espíritu guerrero encontrado en esta comarca marítima se explica por su inmediación á la isla ADAMANAY (Saona), ya en poder de los terribles caribes. Al llegar á este punto, las fuerzas físicas del gran marino genovés estaban agotadas; las carabelas permanecieron seis días resguardadas á la entrada[[232]] del canal de Saona por el mal tiempo que hacía; y habiéndose agravado la enfermedad del Almirante, hizo rumbo la escuadrilla á la Isabela. Si el Almirante hubiera en su segundo viaje recorrido la Española por el sur para ir al fuerte de Navidad, como pretende el padre Nazario[[233]], al llegar al cabo Tiburón, á su regreso de Cuba y Jamaica, hubiera conocido inmediatamente aquella costa, y no sucedió tal cosa, sino que necesitó oírse llamar[[234]] por los indígenas para cerciorarse que había arribado á la Española. Además, después del largo viaje efectuado, se hubiera Colón dirigido inmediatamente á la Isabela, no volviendo á costear la parte sur ya conocida, y vemos todo lo contrario, que enfermo y rendido prosigue el bojeo de la banda meridional de la Española para explorarla personalmente, pues sabía únicamente que era una isla por haber enviado antes una carabela á voltearla.