ÍNDICE.

PÁGINAS.
Proemio[V].
Segundo viaje de Colón[1].
Fuentes históricas[18].
Diego Alvarez Chanca[29].
Carta del doctor Chanca[38].
Cómputo de fechas y escalas[89].
Mapa de las Antillas[90].
Juan de la Cosa[91].
El mapa de Juan de la Cosa[99].
No es apócrifa[107].
Boriquén[118].
Qué significa Boriquén?[128].
Carib[139].
Qué significa Carib?[149].
Archipiélago antillano[151].
La cuestión puerto ó bahía[154].
Aguada y Aguadilla[158].
Mayagüez[165].
Guayanilla[179].

[1]. Iñigo Abbad y Lasierra.—Historia de Puerto-Rico.—1866.

[2]. Dr. A. Stahl.—Los indios borinqueños.—1889.

[3]. Salvador Brau.—Puerto-Rico y su historia.—1892.

[4]. Patricio Montojo, general de la Armada y Comandante Principal de Marina de la Provincia.—Periódico: Clamor del País: dos cartas dirigidas al señor Brau—Octubre de 1893.

[5]. El Diario popular.—Colección del mes de Octubre.—1893.

[6]. Pbro. D. José Nazario y Causel.—Guayanilla y la Historia de Puerto-Rico.—1893.

[7]. Gomara.—Historia de las Indias.

[8]. Víctor Balaguer.—Historia de Cataluña.—Tomo sexto. 1886.

[9]. Emilio Castelar.—Historia del descubrimiento de América.—1892.

[10]. El Rey é la Reina: Caballeros, Escuderos y otras personas que por nuestro mandado estais en las Indias: allá vos enviamos á Juan de Aguado, nuestro Repostero, el cual de nuestra parte vos hablará. De Madrid á nueve de Abril de mil cuatrocientos noventa y cinco.—Yo el Rey.—Yo la Reina.

[11]. E. Castelar.—Ob. cit.

[12]. Fernando Colón.—Historia del Almirante.—1892.

[13]. El historiador Oviedo le llamó praderas de hierba. Sabemos por Maury (Geografía física del mar) que en medio del Atlántico hay un espacio triangular, comprendido entre las Canarias, las Azores y las islas de Cabo Verde, el cual está cubierto por la vegetación de la alga flotante fucus natans: debido este fenómeno á que los circuitos de las dos grandes arterias del Gulf-Stream (corriente del Golfo) producen en ese espacio triangular la inmovilidad de las aguas marinas.

[14]. Fernando Colón.—Ob. cit.

[15]. Juan de la Cosa.—Carta náutica del 2º viaje.—1500.

[16]. Alvarez Chanca y Fernando Colón, dicen que el Almirante saltó en tierra, en esta isla, pero no refieren el hecho de poner cruces, ni anotan si desembarcara en Boriquén. Pero á los incrédulos, que exijen la repetición de estos detalles en los Cronistas, les probaremos con una cita del mismo don Cristóbal Colón la realidad, de que el piadoso marino, en las tierras que descubría, era el primero en entrar y ordenar la erección del símbolo cristiano. Dice el Diario del Almirante en su primer viaje: “Viernes 16 de Noviembre.—Porque en todas las partes, islas y tierras donde entraba dejaba siempre puesta una cruz, entró en la barca y fué á la boca de aquellos puertos, y en una punta de la tierra halló dos maderos muy grandes, uno más largo que el otro, y el uno sobre el otro hechos una cruz, que diz que un carpintero no los pudiera poner más proporcionados; y adorada aquella cruz mandó hacer de los mismos maderos una muy grande”.—Habiendo estado en Puerto-Rico dos dias, lógico es suponer, por deducción analógica, el desembarco del pío Almirante, la erección del emblema de la Redención cristiana, las salvas de bombarda y arcabuz, y el Salve Regina de la piadosa tripulación en la playa boriquense, la que, á pesar de los anhelos del gran Navegante por llegar al fuerte de Navidad, le fascinó y retuvo dos jornadas más, en su florida comarca.

[17]. Todus hipochondriacus. Bryant. Papagayo.

[18]. Chrysotis vittatus. Boddaest. Cotorra.

[19]. Auyama de los indígenas, distinta de la de Castilla.

[20]. Bromelia ananas. L. Según Oviedo el nombre indígena de la piña es yayamá.

[21]. Colón traía carta náutica de su primer viaje.—Lo prueba lo dicho en su Diario de navegación, remitido á los Reyes: “También, señores Príncipes, allende de escribir cada noche lo que el día pasare, y el día lo que la noche navegare, tengo propósito de hacer carta nueva de navegar, en la cual situaré toda la mar y tierras del mar Océano en sus propios lugares debajo su viento, y más, componer un libro, y poner todo por el semejante por pintura, por latitud del equinocial y longitud del Occidente, y sobre todo, cumple mucho que yo olvide el sueño y tiente mucho el navegar, porque así cumplo, las cuales serán gran trabajo.”

[22]. Fernando Colón.—Ob. cit.

[23]. Fernando Colón.—Ob. cit.

[24]. El erudito cubano don Juan Ignacio de Armas en su obra La fábula de los Caribes (1884), niega que los naturales de Guadalupe fueran antropófagos, y afirma, que “la fábula de los caribes fué al principio un error geográfico; luego una alucinación; después una calumnia.”—“No había, al llegar Colón, un solo estómago en las Antillas, ni aun en toda la América, fisiológicamente organizado para digerir la carne.” El señor Armas rompe lanzas con los Cronistas y con la filosofía de la Historia.—Los Cronistas aseveran, que fueron los caribes antropófagos.—Dice Gomara (Historia de las Indias) hablando de los caribes, con motivo de la conquista de Santa Marta por Rodrigo de Bastidas: “Caponan los niños, porque enternezcan para comer; comen carne humana fresca y cecinada, hincan las cabezas de los que matan y sacrifican á las puertas por memoria y traen los dientes al cuello por bravosidad, y cierto, ellos son bravos, bélicos y crueles.”—Dice Pedro Mártir de Anglería al conde de Borromeo, carta CXLII: “Encontró (Colón) hombres que se alimentan de carne humana: sus vecinos les llaman caníbales, y van desnudos como toda aquella gente.” Y en la Década tercera, libro V. cap. II dice: “dijimos que la isla de San Juan está próxima á la Española, y que los indígenas la llamaban Boriquén. Cuéntase, que en nuestros tiempos se han llevado de ella, para comérselos, más de cinco mil hombres, sólo desde las islas próximas que ellos habitan, como Santa Cruz, que se llamaba Ay-ay, y Guadalupe, que le decían Sibuqueira.”

[25]. Fernando Colón.—Ob. cit.

[26]. El Almirante rectificaba las singladuras en sus viajes, sin haber terminado su navegación, aprovechando para verificarlo cuando fondeaba ó se ponía á la corda temporejando, es decir, al pairo. Pruébase este aserto con esta anotación del cuaderno de bitácora de su primer viaje: “Miércoles 19 de Noviembre.—Aquí descubrieron sus puntos los Pilotos: el de la Niña se hallaba de las Canarias, cuatrocientas cuarenta leguas; el de la Pinta, cuatrocientas veinte; el de la donde iba el Almirante, cuatrocientas justas.”—Basta esta nota, justificativa de la costumbre establecida por el previsor marino en su primer viaje, para asegurar, que en la noche del 17 de noviembre de 1493, al poner al pairo la escuadra, después de haber corrido la costa meridional de Puerto-Rico, anotó el Almirante en su cuaderno de bitácora las treinta leguas recorridas en el singlar de aquel día; de donde las tomó Chanca. Y esto prueba, además, que á la terminación de haber corrido tal distancia no fué que tomó puerto el crucero.

[27]. Pedro Mártir de Anglería.—Primera Década oceánica, libro II, cap. IV.—Traducción de Torres Asensio.—1892.

[28]. Este rio al cual puso el Almirante el nombre de Rio del oro, por las muchas pepitas de este metal encontradas en sus arenas, ha variado su cauce al entrar en el mar, corriéndose al oeste de la antigua boca.

[29]. Nazario y Causel.—Ob. cit.

[30]. Fuentes históricas sobre Colón y América. Pedro Mártir Anglería. Traducción del Dr. D. Joaquín Torres Asensio.—1892.

[31]. Historia del Almirante D. Cristóbal Colón, escrita por D. Fernando Colón, su hijo.—Nueva edición.—1892.

[32]. Muñoz.—Historia del Nuevo Mundo—tomo 1º Prólogo.—1793.

[33]. Navarrete.—Colección de los viajes y descubrimiento que hicieron por mar los españoles.—1825.

[34]. Washington Irving.—Vida y Viajes de Cristóbal Colón.—1828.

[35]. Oviedo.—Historia general y natural de las Indias, islas y tierra-firme del mar Océano.—Edición de la Academia. 1851.

[36]. Las Casas.—Historia general de las Indias.—1552.

[37]. Muñoz.—ob. cit.

[38]. Bernáldez.—Historia del reinado de Fernando é Isabel.—Edición de 1869.

[39]. Herrera.—Crónica general de las Indias.—1622.

[40]. Navarrete.—Ob. cit.

[41]. Gómara.—Historia de las Indias.—1852.

[42]. Tapia.—Biblioteca histórica de Puerto-Rico.—1854.

[43]. Iñigo Abbad.—Ob. cit.

[44]. Washington Irving.—Ob. cit.

[45]. William H. Prescott—Historia del reinado de los Reyes Católicos.—1845.

[46]. Robertson.—Historia de América.—1787.

[47]. A. F. Dutroulau.—Les Antilles.—1866.

[48]. Rochefort.—Histoire naturelle et moral des Antilles. 1658.

[49]. P. Dutertre.—Histoire générale des Antilles.—1671.

[50]. P. Labat.—Nouveau voyage aux Antilles.—1722.

[51]. Le Pére Charlevoix.—Histoire de l’isle Espagnole ou de Saint-Domingue, écrite sur les mémoires manuscrits de P. J. B. Lepers, jésuite missionnaire de Saint-Domingue, et sur les pièces originales qui se trouvent au dépôt de la Marine.—1731.

[52]. Le Blond.—Voyage aux Antilles.—1813.

[53]. Moreau de Jonnés.—Histoire physique des Antilles. 1817.

[54]. Alex. de Humboldt et Bompland.—Voyage en Amérique.—1825.

[55]. Sir Charles Lyell.—L’ancienneté de l’homme.—1864.

[56]. Rodolfo Cronau.—América, historia de su descubrimiento.—1892.

[57]. José Dahlmann. S. J.—Estudio de las lenguas y las misiones.—1892.

[58]. Paul Jozon.—Des principes de la écriture phonétique et des moyens d’arriver a une orthographe rationelle et a une écriture universelle.—1877.

[59]. Estanislao Sanchez Calvo.—Los nombres de los dioses: estudios filológicos.—1884.

[60]. Sir John Lubbock.—Los orígenes de la civilización y la condición primitiva del hombre.—1888.

[61]. Federico Ratzel.—Las razas humanas.—1888.

[62]. Gregorio Chil y Naranjo.—Las islas Canarias.—1889.

[63]. Herminio C. Leyva y Aguilera.—Estudio acerca del primer punto visitado por Colón en la isla de Cuba.—Habana, 1890.

[64]. E. Castelar.—Ob. cit.

[65]. Patricio Montojo.—Las primeras tierras descubiertas por Colón.—1892.

[66]. Restrepo.—Estudio sobre los aborígenes de Colombia.—1892.

[67]. Periódico: Unión ibero-americana.—De 1885 á 1892.

[68]. Ad. Bertillon, Coudereau; Hovelacque, etc.—Dictionnaire des sciences anthropologiques.—1893.

[69]. Nazario y Causel.—Ob. cit.

[70]. Nazario Causel.—Ob. cit.

[71]. Navarrete.—Biblioteca marítima española.—1851.

[72]. Nazario y Causel.—Ob. cit.

[73]. Esta carta fué copiada por Navarrete de un códice, que poseía la real Academia de la Historia, escrito á mediados del siglo XVI. La carta ocupaba desde la página 17 hasta la 31 del mismo códice.

[74]. Navarrete.—Ob. cit.

[75]. Las Casas.—Ob. cit.

[76]. Castelar.—Ob. cit. pág. 371.

[77]. Había cocoteros en la costa del mar del Sur, en la provincia del cacique Chimán, pero en las Antillas eran desconocidos.

[78]. Dice Oviedo: “Estos plátanos los hay en todo tiempo del año; pero no son por su origen naturales de aquellas partes, porque de España fueron llevados los primeros, y hanse multiplicado tanto, que es cosa de maravilla ver la abundancia que hay dellos en las islas y en Tierra-firme.” Pedro Mártir de Anglería (Década sexta, libro IX, cap. I) dice: “Ahora contemos de donde les fué esta fruta (el plátano) á los españoles que habitan en aquellas tierras. Cuentan que primero la llevaron de aquella parte de Etiopía que se dice vulgarmente Guinea, donde es común y nace espontáneamente.” Fray Tomás Berlanga, el año 1516, fué el primero que llevó el plátano de Canarias á la Española.—El vocablo plátano es de orígen griego, de plátanos, derivado de platós, extenso, ancho. En latín, platanus y en provensal platani. Banana es voz indo-antillana como anana, guanana etc. Los criollos de Haity decían antiguamente banana.

[79]. Estévanez.—Geografía universal.—1889.

[80]. Patricio Montojo.—Ob. cit.

[81]. Varnhagen.—La verdadera Guanahaní de Colón.—1864.

[82]. Leyva.—Ob. cit.

[83]. Montojo.—Ob. cit.

[84]. Esta frase ha hecho suponer á algunos—El Diario popular de Mayagüez: Segundo viaje de Colón por Euskal-Erria—que la carta iba dirigida al Monarca. Magnífico Señor es un título de honor y de dignidad que desde el siglo V fué otorgado exclusivamente á los patricios. Colón al dirigirse á los Monarcas les decía: Cristianísimos, y muy altos, y muy excelentes, y muy poderosos Príncipes, Rey é Reina de las Españas y de las islas de la mar, nuestros Señores etc. También se estila decir simplemente, Señor.

[85]. Esta palabra escritura no está usada en sentido de testimonio público de Escribano. Equivale en esta carta al efecto de escribir, á la obra escrita; hoy en este sentido es anticuada.

[86]. Si esta carta hubiera ido dirigida al Monarca, Chanca diría vuestra Alteza; hoy decimos vuestra Magestad. La frase vuestra Señoría ha quedado hoy sincopada en usía, así como vuestra merced en el familiar usted.

[87]. Si la carta hubiera ido dirigida al Monarca diría aquí: que vuestra Alteza.

[88]. Igual vacío en el original. Debe decir, del año de 1493 (Navarrete).

[89]. De esta frase se deduce que Chanca venía en la nao Marigalante.

[90]. El 3 de noviembre.

[91]. La Domínica, que llamó así por haberla descubierto en día Domingo. (Nav.)

[92]. La Marigalante, que llamó así porque la nao en que iba Colón tenía este nombre. (Nav.)—Era de extrañar que dada la religiosidad y amor á los Reyes, que tenía el Almirante, pusiera á la segunda isla invenida el nombre de su barco. El mapa de Juan de la Cosa nos saca de esta duda. Colón aprovechó el epíteto galante, que portaba la nao capitana, y lo unió al dulce de María, para dedicárselo á la Reina de los Cielos; y le puso á la isla Santa María galante, como está trazado con hermosa letra gótica en la carta náutica del famoso piloto de la Niña. Queda, pues, en harmonía la verdad histórica con la piedad del genovés marino. ¡Primera utilidad que nos reporta el mapa imperfecto y viejo, como le han llamado algunos, del maestre Juan de la Cosa!

[93]. Viniendo el crucero con rumbo de este á oeste la segunda isla que vió quedando á mano derecha fué Marigalante.

[94]. En la Marigalante.—(Nav.).

[95]. Pimienta malagueta.—Caryophyllus pimienta.

[96]. De esto se infiere que sería la fruta del Manzanillo que produce efectos semejantes. (Nav.)—El fruto del Manzanillo (Hippomane mancenilla) contiene una pulpa blanda esponjosa, que puede muy bien causar la muerte del imprudente que se deje seducir por sus pérfidas apariencias y agradable perfume; al principio cuando se prueba, apenas tiene gusto alguno; luego se va percibiendo un sabor dulzaino muy cáustico, manifestándose pronto una irritación violenta en los labios, lengua y paladar.—Codina Langlin.

[97]. El 4 de noviembre.

[98]. La Guadalupe.—(Nav.)

[99]. Arribaron á la parte de Guadalupe títulada, Baja tierra, sobre cuya cordillera central se destaca el volcán llamado del Azufre; cuyo cráter despide contínuamente humo y á veces materias inflamadas.

[100]. Juan Ignacío de Armas.—Ob. cit.—niega esta antropofagía: lo cual es ir contra la narración de todos los cronistas de los primeros tiempos de la conquista y colonización de América.

[101]. En el primer viaje del Almirante, los indios de Guanahaní, le indicaron hacia donde quedaban las islas de los Caribes. Colón indudablemente las trazaría en su carta, que venía formando, y por eso en su segunda empresa modificó el derrotero en busca de ellas. Con tal motivo dice el padre Nazario (ob. cit.) “¿Conocía Colón las corrientes que le llevarían al mar Caribe en el segundo viaje y las que le alejaban de él en el primero?”—Pues no las conocía, y no hay derecho á exigirle al gran Navegante tales conocimientos, ni interpolar una revelación. Y prueba de ello, que cuando marchó á España, en 1496, con las carabelas Niña y Santa Cruz, las corrientes y los vientos le retuvieron en las islas de Barlovento, llegando á escasear las provisiones de boca y teniendo que arribar á Guadalupe para adquirir casabe y otros frutos con resistencia de los indios. El ilustre cosmógrafo conocía las mareas; y este fenómeno del flujo y reflujo reveló á los pensadores de la antigüedad la atracción universal, muchos siglos antes que Newton descubriese las leyes de la gravitación. Aristóteles dijo en su libro del Mundo, que las mareas siguen el movimiento de la luna; y en 1687 echó Newton las bases de la teoría científica de las mareas en su obra: De los principios. La Academia de Ciencias de París abrió un concurso en 1738. Y por fin, Laplace dió una teoría completa de las mareas.—Pero las corrientes del Océano, que supone el presbítero Nazario conociese Colón “por conocimientos profundísimos ó una revelación luminosa” es casi estudio de nuestros días. Franklin indicó la conveniencia de utilizar el termómetro para reconocer las corrientes y su origen. Humphry Davy y Alejandro de Humboldt utilizaron el termómetro en este sentido con brillantes resultados, y por fin, el ilustre comandante Maury, de la marina norte-americana, ha penetrado con una admirable sagacidad en los misterios del Gulf-stream. Colón, aunque era un gran marino, no podía conocer, en su 1º y 2º viaje, la circulación de estas arterias, cuyo corazón estaba en el golfo mexicano, para esa época inexplorado.

[102]. Fué Diego Márquez, el veedor, que iba por Capitán de un navío, quien con ocho hombres más desembarcó y se internó en la isla, sin licencia del Almirante, el cual con cuadrillas de gente y trompetas los hizo buscar en vano. Uno de los que se comisionaron con este objeto fué á Alonso de Hojeda con 40 hombres: y dijeron á la vuelta haber encontrado muchas plantas y cosas aromáticas, variedad de aves y caudalosos ríos. Los extraviados no pudieron regresar á sus navíos hasta el día 8 de Noviembre.—Las Casas.—Historia general de Indias.

[103]. Esta frase de Chanca no se puede tomar ad pedem littiræ. Habiendo llegado á Guadalupe el día 4, bien tarde, los ocho días se cumplen el 12 también por la tarde; y á tales horas del día es inadmisible emprendiera el previsor Almirante viaje por entre un archipiélago desconocido. Zarpar el 13 por la mañana, es retener el crucero en aquella isla hasta una fecha que no guarda harmonía con las demás. Lo lógico es aceptar, que á causa del extravío de Márquez y sus compañeros, se perdió la semana esperándolos.—Las Casas fija el regreso de los perdidos viajeros el día 8 de noviembre, y Fernando Colón anota que el domingo 10 levaron anclas, lo cual confirma nuestro aserto de que se perdió la semana en Guadalupe.—El día 11 de noviembre, día de S. Martín, estaba la armada frente á la isla que lleva el nombre del santo obispo.

[104]. En el Instituto Smithsonian de Washington, se conservan esculturas de madera de las islas Caribes con las señales de estas ligaduras de algodón en brazos y piernas.

[105]. Pedro Mártir de Anglería la llama Carucueria; pero tanto Mártir como Chanca en cuestión de nombres indígenas sufren sensibles equivocaciones. Los autores extranjeros escriben Karukera. Oviedo, que tuvo oportunidad en La Española, donde escribió su Historia de las Indias, de tratar á la mayor parte de los compañeros de Colón del segundo viaje, anota Cibuqueyra. No existe la radical turu en ninguna de las palabras que se conservan del lenguaje indo-antillano; y por el contrario, hay muchas que proceden de la raíz ciba ó siba, piedra. Los cronistas al recibir las nuevas voces de los indígenas las escribían poco más ó menos como les sonaban al oido y adaptándolas al alfabeto romano. Sibuqueyra, es el vocablo más afine con las etimologías: siba, piedra; que, tierra; i, agua; ra, corrupción de ri, valiente, es decir: piedra, tierra y agua del valiente.

[106]. Esta es Santa Cruz.—Chanca la llama la tercera, refiriéndose á la tercera en que desembarcaron.

[107]. Todos los indios de las islas de Barlovento pertenecían á la raza caribe, procedentes de Costa-firme; los de las grandes Antillas á la rama guaycure, procedentes de la Florida.

[108]. La Casas fija la vuelta de Márquez el 8.—El padre Nazario supone que el obispo de Chiapa no pudo estar asesorado por su padre Francisco de Casaus ó de las Casas, que vino en este viaje.—No necesitó el ilustrado Fray Bartolomé, que su padre le refiriera esta empresa del Almirante. Las Casas vino á América con el comendador Ovando y conoció á la mayor parte de los viajeros de la segunda expedición. Además, su cita está de acuerdo, perfectamente, con la de don Fernando Colón, que anota, que los extraviados regresaron á las naves el viernes 8 de Noviembre.

[109]. Partieron el Domingo 10 de Noviembre (Nav.). Fernando Colón opina también que partieron el Domingo 10.—El padre Nazario opina que el 12. Si tomamos la frase de Chanca al pié de la letra, y le suponemos casi infalible, tenemos, que habiendo llegado á Guadalupe el día 4 bien tarde, el día 12 bien tarde se cumplen los ocho días, y no es admisible que el previsor Almirante ordenara levar anclas de noche, y menos que lo efectuara el día 13; por lo que opinamos que el crucero siguió el bojéo del Archipiélago, abandonando á Guadalupe, el domingo 10 por la mañana.

[110]. La isla Monserrate. (Nav.) Juan de la Cosa la anota en su carta: Santa María de Monserrat.

[111]. El Almirante la nombró Santa María la Redonda. (Nav).

[112]. El domingo 10 por la noche.

[113]. Santa María la Antigua (Nav.).

[114]. Este párrafo de la carta de Chanca, algo obscuro, ha sido el que ha desorientado á don Martín Fernández Navarrete y al Pbro. Nazario.—La armada, después de costear á Antigua el día 11, llegó el mismo día á San Martín, y el Almirante bautizó dicha isla con el nombre del santo obispo que se venera ese día, ordenando el anclaje del crucero. Al otro día 12, al partir, sacaban las áncoras pedazos de coral, como reza la obra de don Fernando, el hijo de Colón. El padre Nazario supone el crucero frente á San Martín, el 15: lo cual es inadmisible. Nace este error de retener la armada en Guadalupe hasta el 12, ceñido á la frase de Chanca, de ocho días perdidos: frase que no se puede tomar al pié de la letra, sino como una semana perdida, ó error del narrante. Al padre Nazario no le falta tiempo en el derrotero que traza, porque suprime la arribada á Santa Cruz, plenamente justificada con el mapa de Juan de la Cosa. Dice el párroco de Guayanilla, pág. 34: “Tengo delante un mapa general de los derroteros en los cuatro viajes de Colón, y en él está descifrado el enigma de esta intercalación. Colón estuvo en Santa Cruz en su cuarto viaje. Para colocar su descubrimiento en el segundo, es necesario violentar las expresiones, contexto y construcción de lo dicho por el narrador.—Vamos á probar lo equivocado que anda el investigador presbítero en estos conceptos. El mapa de Juan de la Cosa está trazado en 1500 y trae á Santa Cruz delineada en el 2º viaje del Almirante: y el 4º viaje lo verificó Colón saliendo de Cádiz el 9 de Mayo de 1502; el 15 de Junio llegaron á Matinino (Martinica) y el 24 á Santa Cruz. La cronología echa por tierra los cómputos del señor Nazario y Causel.

[115]. La de San Martín. (Nav.) Error craso.—Esta es Santa Cruz: es Ay-ay: la tercera en que desembarcaron: lo dice el mismo Chanca al hablar de Guadalupe. Dice Fernando Colón: “por violencia del tiempo surgió el jueves 14 de noviembre en una isla, en la cual mandó coger algún indio para saber dónde se hallaba; y mientras el batel volvía á la armada trayendo cuatro indias y tres niños que habían preso, encontró una canoa, en que iban cuatro indios y una india, los cuales viendo que no podían huir bogando, se previnieron para defenderse, é hirieron á dos cristianos con las flechas, tirándolas con tanta fuerza y destreza, que la india pasó de parte á parte un broquel.” Concuerdan la relación de Fernando Colón y Chanca. El crucero al levar anclas, frente á San Martín, el doce por la mañana, hizo rumbo al noroeste en busca de la Española y vientos contrarios le obligaron á recalar el jueves 14, á medio día, á Santa Cruz, por abatimiento ó caida de sotavento como dicen los pilotos. El padre Nazario niega que la armada tocara en Santa Cruz en este viaje. En el mapa de Juan de la Cosa, está perfectamente señalada Santa Cruz. Y conste que esta carta corresponde, respecto á las Antillas, únicamente al primero y segundo viaje del Almirante y al bojeo de Cuba cuando Juan de la Cosa acompañó á Colón en la Niña.

[116]. La Guadalupe.

[117]. Domínica; Cayrí, de los indígenas.

[118]. Esta aseveración es falsa. En Domínica no había tal oro, como le dijo el indio á Chanca. Lo que se comprobó, después, en esa isla fué un buen lugar para tomar agua las naves que venían de España mientras usaron ese derrotero. Oviedo en su Historia general de las Indias, lib. VI, cap. XIII, dice: “Dicho tengo en otras partes que la isla Domínica es una de las islas de los indios caribes, la qual dista de la equinocial catorce grados desta parte de la línea hacia nuestro polo ártico y en la parte del poniente della tiene una bahía buena y un muy buen rio, que llaman el Aguada, donde los más navíos que á esta Isla Española vienen de Castilla, quando allí tocan, toman agua; más muy sobre aviso é con las armas en la mano, por los indios bravos caribes que en aquella isla hay.”—Este párrafo de Oviedo prueba también la costumbre de los marinos españoles de aquella época, de poner el nombre de aguada, á ciertos lugares útiles para surtirse de buena agua; justificando el calificativo que hoy lleva la villa de la Aguada, en Puerto-Rico.

[119]. El mismo jueves 14 de noviembre.

[120]. Isla de Santa Cruz donde surgieron el jueves 14 de noviembre (Nav.) Error craso.—El crucero al zarpar de Santa Cruz, á quien marcó nuestro académico Navarrete equivocadamente, con el nombre de San Martín, hizo rumbo al norte para corregir la caida de sotavento y fijar después el derrotero al noroeste como venía haciéndolo el Almirante al bojear el Archipiélago. Llegó de noche frente á Virgen Gorda. El día 15, de mañana, la costeó, y dándose con el archipiélago de islas Las Vírgenes envió cuarenta y seis hombres con naves ligeras á explorarlas y el crucero se mantuvo en alta mar por temor á los escollos, según refiere Pedro Mártir de Anglería.

[121]. El día 15 de noviembre.

[122]. A la mayor de estas islas llamó el Almirante Santa Ursula: y á todas las otras las once mil Vírgenes. (Nav.)

[123]. El día 16 de noviembre.—El padre Nazario se inclina á que Colón “pondría á buen recaudo la flota en la isla de Vieques”.—La flota se mantuvo esa noche en alta mar á la corda temporejando ó sea al pairo. No perdió 12 horas en ningún sentido, como pretende el padre Nazario; al contrario, la corriente ecuatorial le era favorable en el derrotero que llevaba; de manera, que en la mañana del 17 en lugar de perder tiempo, al pairo, lo ganó por la corriente de retorno del Gulf-stream.

[124]. Isla de Puerto-Rico, á la que llamó el Almirante San Juan Bautista. (Nav.)—Aquí rompe el padre Nazario con Chanca, pues, asevera se llamaba la isla Carib. El verdadero nombre indígena de la isla era Boriquén.

[125]. El día 17 de noviembre.—Hay que tener en cuenta que el precavido Colón no costeó la banda meridional de nuestra Isla como acostumbran á hacerlo hoy nuestros marinos, conocedores del derrotero que llevan. La pérdida de la Santa María en las costas de Haity, durante el primer viaje, era una enseñanza que obligaba al ilustre marino á ser más previsor aún en su segunda expedición, por llevar diez y siete velas, y tres de ellas de gran trasporte, que le hacían temer las escolleras y restingas, dirigiéndose, como dice Pedro Mártir de Anglería, por alta mar por temor á los escollos. Por lo tanto, lógico es suponer que la armada corrió el sur de Boriquén, lo más alejada posible de tierra, y al notar frente á la punta Parguera el oleaje más grueso, que le acusaba la peligrosa costa de los Morrillos de Cabo-rojo, se echara más fuera aún, recurvando después, y volviendo su rumbo al norte en busca del fuerte de Navidad, en la Española, constante aspiración del Almirante.

[126]. Este es un error.—Los boriqueños sabían navegar en canoas como los haitianos, con quienes mantenían tráfico; especialmente con los indios del Higüey. Con estas mutuas relaciones, fué que tuvo conocimiento Juan Ponce de León, de las fértiles tierras y condiciones auríferas de Boriquén. Dice Oviedo, que la madre de Guaybaná, el cacique principal boriquense, “era buena mujer, é como era de edad, tenía noticia de las cosas acaeçidas en la conquista é paçificación de la Isla Española, é como prudente continuamente deçía é aconsejaba á su hijo é á los indios que fuesen buenos amigos de los chripstianos, si no querían todos morir á sus manos.”

[127]. Esta nota de antropofagía en los boriquenses es errónea; pues no la confirmó después la conquista, como sucedió con los indios de las islas de Barlovento y costas de Tierra-firme. Oviedo dice: “Estos flecheros destas islas, que tiran con hierva, comen carne humana, excepto los de la isla de Boriquén.”

[128]. Ensenada de Mayagües. (Nav.) Esta nota la puso don Martín Fernandez de Navarrete, el año de 1825, como opinión propia, equivocándose como lo verificó respecto á Cuba y Santo Domingo. Don José Julián de Acosta, al anotar, en 1866, la nueva edición de la Historia de Puerto-Rico de Fray Iñigo Abbad, siguió á Navarrete, como él mismo lo confiesa, pág. 20. Lo mismo Vizcarrondo en sus Elementos de Historia y Geografía de Puerto-Rico (1863); y Janer en sus Elementos de cosmografía y geografía de Puerto-Rico.—(1890). Cabe la honra á Brau, en su obra, Puerto-Rico y su historia (1892), de haber vuelto por los fueros de la verdad oscurecida; y á la par, sostener la tradición oral, robustecer la opinión de Iñigo Abbad en su Historia de Puerto-Rico y de Stahl en Los indios borinqueños (1889), devolviendo á la villa de la Aguada la gloria que le pertenece, de haber sido el sitio electo por el Almirante para pisar la tierra de Boriquén, y tomar agua la escuadra.

[129]. Puerto-Rico. (Nav.)

[130]. El Viernes 22 de Noviembre tomo el Almirante la primera. tierra de la isla Española. (Nav.)

[131]. La Mona y Monito. (Nav.)—Juan de la Cosa en su carta náutica no traza estas islas, que indica Navarrete. Brau es de parecer que antes de dar anclaje, en una bordada del crucero, subiendo el canal, divisaron los viajeros la Mona. La isleta divisada no tenía importancia alguna, cuando el Maestre de hacer cartas no la signó en su mapa. Creemos se refiere Chanca á Ciçheo (hoy Desecheo), “distante 11 ó 12 millas de la punta de San Francisco, é isla de bastante altura”. (Antonio Cordero, piloto de la Armada.—1831). Ningún cronista habla de la isla Mona en este viaje; únicamente aparece en la nota de Navarrete en 1825, y en los historiadores, que han seguido al académico compilador.

[132]. Cabo Engaño.

[133]. Esta palabra ha inducido al padre Nazario (Ob. cit.) á creer que Colón desembarcó en la costa sur de la Española, lo cual es un gran error. Haytí no era provincia en los tiempos primitivos, como supone el párroco de Guayanilla. Haytí, que significa tierra alta ó montañosa, era el nombre primitivo de toda la isla; en la parte oriental la llamaban Quisqueya (madre de la tierra); y en la septentrional Bohío (lugar de señor). El doctor Chanca no tuvo tiempo hábil, entre su llegada á la Española y la redacción de su carta, para adquirir estas noticias geográficas, completamente dilucidadas en tiempos de Ovando, el comendador de Alcántara. Haytí estaba dividido antiguamente en cinco grandes cacicazgos, que los españoles les aplicaron el nombre de provincias; y correspondían esos cinco territorios llamados: Maguá, Marién, Maguana, Jaragua é Higüey ó Iguayagua, respectivamente á los caciques principales: Guarionex, Guacanagarí, Caonabó, Bohechio, y Cotubanamá. Sus límites son muy conocidos. (Geografía físico-histórica, antigua y moderna de la isla de Santo Domingo, por Javier A. Guridi (1871).) El 22 por la mañana salió el crucero de la bahía comprendida entre los cabos San Francisco y Boriquén de Puerto-Rico, y con ruta al noroeste, rumbo siempre preferido por Colón, en este su segundo viaje, avistó por la tarde cabo Engaño, tierra baja y muy llana, como dice Chanca y como asevera el ilustrado comodoro inglés Sir Robert H. Schomburk en su Tratado sobre puertos y anclaje de la isla de S. Domingo (1881).

[134]. Según Guridi, Ob. cit., tiene de superficie la isla 6,000 leguas cuadradas; y de circunferencia 400, aumentando más de 200 si se cuentan las cortaduras de las costas. Según A. Borius (Haití.—1886) corresponden á la actual República de Haity 23,911 kilómetros cuadrados.

[135]. El Cronista Herrera dice que estos perrillos que no ladraban los llamaban los indios guaniquinajes. Este es un error del cronista de Indias, de Felipe II. Los perros gozques que no ladraban existían también en Cuba donde no hubo guaniquinajes ó mejor como dice Oviedo guabiniquinar. Las Casas anota guaminiquinaces. Estos perros mudos y pequeños les llamaban los indios, josibí y los utilizaban en la caza de animales salvajes, como el corí, quemí, mohuí y jutía.

[136]. Esta descripción de Chanca corresponde á la jutía. Aún se conserva en las serranías de Bahoruco. En Cuba hay muchas variedades, la conga es la más grande y la de figura más parecida á la rata. (Capromys Furnieri). Hay una variedad llamada Capromys Poey, en honor al naturalista cubano don Felipe Poey.

[137]. Isla de Cabra, (Nav.)—Al N. O. del Puerto de Puerto-Plata.

[138]. La higuana. Existen de más de una vara de largo en Santo Domingo, según Guridi. El señor Noda distingue la higuana de mar y la de tierra. Clavigero dice que hay dos especies, terrestre y anfibia. Oviedo escribe: Yuana; Don Fernando Colón: Jiguana. Herrera: Higuana; aceptado por el Diccionario de la Academia. El vocablo indígena es jiguana, como dice el hijo del Almirante, por proceder de la radical jigua, que tenemos en muchas voces indias, como jiguagua, mayajigua, jiguaní, y otras.

[139]. Sibuqueira.—Chanca en cuestión de nombres indígenas está muy desacertado.

[140]. Especie de ganso, que procede del Norte de América y viene á invernar á las Antillas. Anser hyperboreus. La especie negruzca se intitula: Anser Gambelii.—El indio la llamaba guanana, y la domesticaba.

[141]. Este Rey fulano, á que se refiere Chanca, era el cacique Guarionex, frente á cuyos dominios estaba la armada del Almirante. Samaná pertenecía al cacicazgo de Maguá, cuyo régulo Guarionex residía en la actual La Vega. Comprendía este cacicazgo desde cabo Rafael, línea recta al centro del Cibao por sobre la cadena de montañas que la rodean: de allí otra línea recta á la punta Isabelina, en la cual fundaron los españoles la ciudad Isabela: límites, al norte y este el mar; al sur el cacicazgo de Iguayagua; al oeste, el cacicazgo de Marién, del cual era régulo Guacanagarí.

[142]. Guacanagarí, según Fernando Colón y Oviedo.

[143]. Rio de Santiago. (Nav.) Este es el rio que el Almirante en su primer viaje, y el martes 8 de Enero, puso el nombre de Rio del oro y hoy se llama Yaque, cuya desembocadura sufre variantes, habiéndose corrido á la bahía de Manzanillo, y los ribereños le han querido dirigir de nuevo por su antiguo cauce con trabajos de zanjeo y drenaje.

[144]. Según Fernando Colón el 25 de Noviembre.—El padre Nazario, ob. cit. pág. 78, dice: que fué “error en que estuvo don Juan Bautista Muñoz, al asegurar que, dejada la isla de San Juan, Colón llegó á Monte Christi el 25 de Noviembre.” Muñoz sigue al hijo del Almirante, y no hay tal error. El 22 por la tarde llegaron los expedicionarios á cabo Engaño y siguiendo costeando, de este á oeste, pasaron frente á Samaná y el 25 llegaron á Monte Christi, donde permanecieron dos días. Tampoco incurre Navarrete en equivocación, como pretende el párroco de Guayanilla, al hacer llegar la flota al puerto de Navidad el 27. Está en ésto don Martín de acuerdo con don Fernando Colón.

[145]. Son 7 leguas solamente. (Nav.)—Son más de diez leguas.

[146]. Guacanagarí.

[147]. Surgió el Almirante á la entrada del Puerto de la Navidad, miércoles 27 de Noviembre, hacia la media noche, y al día siguiente, á la tarde, entró en lo interior del puerto. (Nav.)

[148]. Debe decir, el otro viaje; porque hace referencia á la pérdida de la Santa María, cuyo naufragio tuvo efecto en el primer viaje.

[149]. Esta palabra desfondase es error de copista ó de imprenta. En esta arribada no hubo naufragio de ninguna nave. Desfondar, es quitar á la nave el fondo. Tampoco creemos la usara Chanca en sentido de desahogar el buque de alguna parte de la carga, pues en tal concepto usan los marinos el verbo desabarrotar. Creemos que algún pendolista puso una f por una s.—Antiguamente se usaba mucho en la escritura la doble s; de modo que debe decir, dessondase. No hemos encontrado en los diccionarios modernos el verbo dessondar; pero la etimología nos ha dado la luz que necesitábamos para aclarar esta frase de Chanca. Dessondar es des-sondar: des, partícula prepositiva, que entra en la composición de muchas voces; unas veces destruye la significación de su simple y otras la aumenta: del latín des, dis Sondar, verbo que procede del vocablo sonda, y éste del latín sub, bajo, y unda, onda: sub-unda, su-unda, sunda, sonda. Es decir, que no osaron tomar el puerto hasta que se sondase bien á la siguiente mañana.

[150]. La del miércoles 27.

[151]. Bahía de Caracol. (Nav.) En esta elección se equivocó el académico don Martín Fernandez de Navarrete, como al señalar la de Mayagüez, en Puerto-Rico, y la de Nipe, en Cuba. En la tarde del miércoles 27 se detuvo la escuadra frente á la entrada de la bahía de Punta Santa, hoy Cabo Haitiano. Allí cerca está un gran banco de arena sobre madrepórica base, donde encayó la Santa María, en el primer viaje, y que en la actualidad hace peligrosa la entrada en esta espaciosa bahía, como cuando la visitó Colón. El previsor Almirante empleó todo el dia 28 en dar anclaje á su escuadra, porque hizo preceder la toma de surgidero del continuo uso de la sondaleza y el escandallo, que en la carta del médico sevillano está tan desfigurado ese acto con la palabra se desfondase. El viajero é historiador alemán Cronau, Ob. cit., ha hecho un croquis, trazado sobre el terreno, de esta bahía, del lugar que ocupara el fuerte de Navidad, aldehuela de Guacanagarí, situación del rio Guarico, hoy Haut du Cap, bancos madrepóricos, y lugares de anclaje de la Niña y del naufragio de la Santa María; y en esta bahía fué que entró el Almirante en su segundo viaje y no en la de Caracol, como equivocadamente anota el señor Navarrete.

[152]. Guacanagarí.

[153]. Fuegos ó fogatas.

[154]. Guacanagarí.

[155]. Este cacique era, según los historiadores, de raza caribe; turbulento y desconfiado de los indios que ocupaban los inmediatos cacicazgos; era soberano de Maguana; su residencia estaba en la actual San Juan de la Maguana; su territorio comprendía: al este, el curso del río Jaina hasta el Cibao; al norte los cacicazgos de Maguá y Marién; al oeste el cacicazgo de Jaragua; y al sur, el mar. Caonabó, era marido de la célebre Anacaona. Sabedor de que Guacanagarí había hecho amistades con los venidos del turey (el cielo) y les indicaba el Cibao como la comarca más aurífera, citó al cacique Mairení, su dependiente, y con sus vasallos sorprendieron el fuerte de Navidad y dieron muerte á Diego de Arana y su gente. Castigó á Guacanagarí incendiándole su ranchería. El 24 de Marzo de 1495 peleó con tenacidad y valor con los conquistadores. Sabedor el capitán Alonso de Ojeda, de que el cacique se había acercado de noche á la Isabela para oir el toque de las campanas, le envió un parlamento, proponiéndole una visita al Almirante. Aceptada la visita, fué Ojeda con algunos valientes al encuentro del temible Cacique; al pasar el rio Yaque le invitó á que se bañara y le ofreció después un par de grillos, como presente de Colón; caído el indio en el ardid, le arrancó Ojeda de entre su acompañamiento y le llevó á la Isabela montado en el arzón de su cabalgadura. Mientras estuvo en prisión se ponía de pié siempre que le visitaba Ojeda y miraba con indiferencia la entrada del Almirante y los demás jefes. Interrogado el por qué de este proceder, contestó: porque era el más valiente de ellos, que se había atrevido á ir á prenderle personalmente.—Al regresar Colón á España se llevó á Caonabó, que murió en la navegación.

[156]. El 30 de Noviembre. El dia anterior 29, fué la visita del primo de Guacanagarí.

[157]. Bernia, s. f. capa de abrigo hecha de un tegido basto de lana, semejante al de las mantas y de varios colores. (Nav.)

[158]. 2 de Diciembre.

[159]. Manto moruno que cubre todo el cuerpo.

[160]. 3 de Diciembre.

[161]. 4 de Diciembre.

[162]. Guacanagarí, con motivo de haberle incendiado su ranchería el terrible Caonabó, ocupaba otro lugar distinto del que tenía al este del río Guarico.

[163]. Cirujano.

[164]. Ciba ó siba, significaba piedra en el lenguaje indo-antillano. Conservamos algunos vocablos procedentes de esta raiz.—Cibao: de ciba, piedra, y ó montaña, montaña de piedra. Sibuqueira de Sibaqueirí: de siba, piedra; que, tierra; i, agua; , valiente; es decir, piedra, tierra y agua del valiente. Fray Roman Pane habla de la cueva Cacibagiagua. En la parte occidental de Santo Domingo hay un lugar llamado Sibaguara. Y entre nuestros campesinos aún existe el vocablo seboruco, corrupción de sibaoruco. Todavía se conservan en Santo Domingo dos palabras topográficas afines á ésta: Cibao y Baoruco, aplicadas á terrenos elevados. Los Diccionarios nos aplican la voz arcabuco como para designar en América, lugar fragoso y lleno de maleza. Además el cronista Bernal Díaz del Castillo al narrar el naufragio frente á Trinidad, en la isla de Cuba, dice: “todos salimos descalabrados de los golpes de los ceborucos y desnudos en carnes. Ya escapados con vidas de entre aquellos ceborucos para ir á la villa de la Trinidad no había camino por la costa, sino malos países y ceborucos, que así se dicen, que son las piedras con unas puntas que salen dellas que pasan las plantas de los piés.” Vése por esta relación del cronista Bernal Díaz del Castillo conservado aún el valor de la palabra seboruco á su radical siba, piedra, y aplicada á los peñascos y terrenos pedregosos de la costa del mar.

[165]. Esta apreciación de Chanca, considerando al cacique Guacanagarí como falso, astuto ó solapado, es gratuita. La conducta del régulo indígena cuando el naufragio de la Santa María le abonó en los juicios del Almirante, que se opuso á las pretensiones del padre Boil. Una contusión, ocasionada por una pedrada, apareja á veces dolor intenso sin herida alguna. El tiempo se encargó de justificar á Guacanagarí, pues siempre fué amigo de los españoles, y les auxilió con sus huestes en las insurrecciones de los otros caciques.

[166]. 5 de Diciembre

[167]. 6 de Diciembre.

[168]. El 7 de Diciembre.

[169]. El 8 de Diciembre.

[170]. Puerto Delfin ó Bahiajá. (Nav). El Almirante mandó á Melchor Maldonado con 300 soldados á recorrer la costa. Exploró este capitán la tierra hasta la boca del Yaque sin encontrar paraje á propósito para fundar la nueva ciudad. Reconoció á Bayajá, que llamó Puerto Real, y visitó allí un cacique dependiente de Guacanagarí. Regresó Maldonado con estas noticias y Colón ordenó levar anclas.

[171]. De esta frase de Chanca se desprende claramente que llegaron al fuerte de Navidad por la costa norte, y no por el sur, como pretende el padre Nazario; pues de tener que desandar lo andado, con arreglo al derrotero del presbítero de Guayanilla, hubieran fijado el rumbo al oeste, y vemos, por el contrario, fijar la ruta al este.

[172]. Con el derrotero al este, que la armada emprendió, tenía en contra los vientos alisios: lo que justifica la pesadumbre de Chanca en ir de Navidad al puerto de la Isabela; concordando perfectamente las 30 leguas, que anota el médico sevillano, con la distancia que hay de un punto á otro de los signados por nosotros, si se tiene en cuenta las cortaduras de la costa. Exactitud que no se obtendría, metiendo la armada en bahía de Caracol como pretende Navarrete.

[173]. El día 9 de Diciembre abandonaron el puerto de Navidad—Guarico—y ya el mismo físico de la armada manifiesta haber sido penosa la navegación. La primera vez que dieron anclaje al crucero, en la bahía de Monte Christi, fué el 25 de Noviembre; el 27 siguieron viaje, pernoctando á la entrada del puerto de Navidad, y emplearon el 28 en tomar surgidero—Ahora bien, al abandonar Navidad y recorrer 30 leguas, con vientos contrarios, emplearían cuatro ó cinco días hasta fondear en el puerto de Isabela. Habiendo salido el 9 de Diciembre llegarían el 14. Desde este día hasta el 25 que desembarcaron, ó 1.º de Enero que durmió en tierra Chanca, pregunta el padre Nazario: ¿Qué hizo la armada? Pues, nada, estarse en el puerto de la Isabela esas dos ó tres semanas necesarias mientras se levantaban las rancherías, que constituyeron la incipiente ciudad de Isabela, antes de ordenarse el desembarco de los colonizadores, viniéndose á celebrar misa en la nueva capilla el día 6 de Enero de 1493.

[174]. La Isabela, distante 10 leguas al Este de Monte Christi. (Nav).

[175]. Los documentos oficiales, referentes á esa primera ciudad, dicen siempre Isabela y no Marta.

[176]. Colón los llamó ñame, niame ó iñame, porque así los oyó nombrar en Guinea; pero el vocablo indio es aje. En el Diario del primer viaje, 4 de Noviembre, se lee también mames. Las Casas confunde los ajes y las batatas. Oviedo sabe distinguirlos. En el Diario de Colón, 16 de Diciembre, se les llama ajes, y se hace una descripción de ellos. Pedro Mártir de Anglería—Década tercera, libro V. cap III—dice: “También dicen que hay varias especies de ages y batatas; pero los ages y las batatas las usan más como viandas ó frutas que para hacer pan, y como nuestra gente los rapos, rábanos, criadillas, nabos zanahorias y cosas semejantes; pero principalmente las batatas, que aventajan á las mejores criadillas de tierra, con cierta dulzura y suavidad maravillosa, principalmente si se dan con las mejores.”

[177]. Niti era una población indígena, que correspondía al cacicazgo de Maguana.

[178]. Población, como Niti, perteneciente al cacicazgo de Maguana, además de Corohai, Guaraguano y Guaba. Según Guridi, el Cibao contiene minas abundantísimas de oro, sobre todo á la parte de Janico, en San José de las Matas.

[179]. El ilustrado doctor don Agustín Stahl, en su interesante obra Los indios borinqueños, sintetiza su artículo Religión con las siguientes conclusiones: “1ª Las narraciones de Oviedo y algunos otros cronistas no son el resultado de observaciones auténticas y bien comprobadas.—2ª Sus afirmaciones carecen de crédito, porque no podría existir inteligencia cabal entre dos pueblos incapaces de entenderse por medio del lenguaje.—3ª Las apreciaciones de estos cronistas son meras conjeturas, deducidas del conocimiento que pretendían poseer de los pueblos del Asia, poco conocidos aún en aquella época.—4ª No hay pruebas evidentes en los monumentos arqueológicos, ni de otra clase, que justifiquen la existencia de culto alguno religioso entre nuestros indios.—5ª Todo inclina á creer que los indios borinqueños carecían en absoluto de ideas religiosas.”—Estas conclusiones fueron combatidas en la Revista puertorriqueña, por el erudito doctor don Calixto Romero, en una serie de artículos.—Ninguno de los contendientes ha hecho referencia á esta frase interesantísima de Chanca, que revela que los indígenas antillanos tenían su religión. Existe además un documento histórico irrefutable en este sentido, y es la Escritura de Fray Román Pane, heremita de la orden de San Gerónimo; el primer misionero que aprendió la lengua de los indios y cuyos conocimientos lingüísticos le valieron para convertir á la religión cristiana varios caciques. Su escritura es hecha de orden del Almirante y versa sobre la creencia é idolatría de los indios, y cómo observaban sus dioses.

[180]. El Bombax pyramidale, vulgarmente guano, es el único cuyos frutos maduros contienen una especie de lanilla color casi castaño, que se aprovecha, en Inglaterra, en la fabricación de sombreros llamados de castor, y en Puerto-Rico sirve para hacer almohadas; pero la descripción que dá Chanca no se refiere á este árbol.

[181]. Ceroxilon andicola. Cera de palma. Esta primorosa palmera suministra una especie de cera, que puede reemplazar á la de abejas: brota de las hojas y especialmente de la base de su peciolo.

[182]. Habiéndose fundado La Isabela en la costa norte dominicana, esta abundante terebintácea, á que se refiere Chanca, es indudablemente el anarcadium occidentale, ó vulgarmente pajuil; árbol común de los terrenos arenosos costeros de las Antillas. La corteza de este árbol deja exhalar una goma particular, llamada por los franceses, gomme d’ acajou; por los ingleses, cashew-gum; y en el país goma del pajuil. Es una materia dura, amarillenta, transparente, análoga por su aspecto al sucino y á ciertas gomas arábigas. Según Pereira, tiene todas las propiedades de la goma arábiga; pero es menos astringente. La hemos usado con ventajosa utilidad para pegar objetos de cristal y porcelana rotos.

[183]. Género de plantas de la familia de las leguminosas, entre ellas la dolichos unguiculutus.

[184]. La nuez moscada legítima (Myristica aromatica) procede de las Indias Orientales y se ha aclimatado en las Antillas, especialmente en Trinidad. Chanca se refiere á la myristica otobea que tiene sabor y olor análogos á la legítima nuez moscada.

[185]. La zábila—Aloe spicata.

[186]. Este es el Laurus montana ó canelero salvaje de las Antillas. La verdadera canela procede del Laurus cinnamomum, natural de las Indias Orientales, siendo preferido el de Ceilán.

[187]. Hay unas cincuenta especies de mirobalanos, originarias todas de países intertropicales. La que puede servir de tipo crece en las Indias Orientales. El heremita Fray Román Pane dice, que los indios llamaban jobos (spondias lutea) á los que ellos denominaban, mirabolanos.

[188]. Almácigo.—Bursera gummifera.

[189]. Basta esta frase de Chanca para echar por tierra la aseveración de Armas, que en Orígenes del lenguaje criollo, pag. 36, dice: “dieron (los conquistadores) el nombre de pan, al que á imitación del de Europa, enseñaron á hacer á los indios con yuca rallada.” Y como don Juan Ignacio de Armas tiene sus prosélitos, en esta escuela de negarlo todo, porque sí, vamos á presentar otra prueba que está de acuerdo con la de Chanca, de que los indios hacían su pan. En el Diario de la primera navegación de Colón se lee: “Miércoles 26 de Diciembre. El Rey (Guacanagarí), comió en la carabela con el Almirante, y después salió con él en tierra, donde hizo al Almirante mucha honra y les dió colación de dos ó tres maneras de ajes, y con camarones, y caza, y otras viandas quellos tenían, y de su pan que llamaban casabí.” Los mexicanos eran los que no hacían casabe. Dice Hernán Cortés en su 1ª Carta al Emperador Carlos V. (10 de Julio de 1579:) “los mantenimientos que tienen es maiz... y yuca, así como la que comen en la isla de Cuba, y cómenla asada, porque no hacen pan della.” Esta anotación de Cortés prueba además, que los indios antillanos, comedores principalmente de casabe, no procedían de los mexicanos, como algunos han pretendido; pues ignoraban los hijos del Anahuac la industria de la confección del pan de casabe.

[190]. La yuca.—Jatropha manihot. Su talle puede elevarse á la altura de un hombre y de ahí la manera de describirla Chanca entre árbol ó yerba. A la tabla cuadrilonga sembrada de piedrecitas silíceas donde se rallaba la yuca, la llamaban los indios, guayo; al jugo resultante de la yuca rallada y esprimida, naiboa; al residuo ó bagazo, catibía; á la especie de hornillo donde ponían la lozeta de barro cocido para hacer las tortas de casabe, burén; á la paleta ó tablilla para volverlas, mientras se estaba haciendo al fuego, cüisa.

[191]. Según Armas, Ob. cit, esta voz es de procedencia arábiga. Don José María Doce en su Diccionario ortográfico etimológico español (1881) le concede procedencia americana. El heremita Fray Román Pane, dice: “Pasados algunos días, mandó el señor de aquel campo sacar el agí”. Pedro Mártir de Anglería—Década quinta, libro IX, cap. III—dice: “Digamos ahora un poco acerca de la pimienta de las islas y del continente. Tienen selvas llenas de frutales que crían pimienta: pimienta digo, aunque no lo es, porque tiene la fortaleza y el aroma de la pimienta, ni vale menos que la pimienta aquel grano; ellos le llaman haxí, con acento en la final: es más alta que la adormidera. Se cojen sus granos como los del enebro ó el abeto, aunque no llegan á ser tan grandes. Hay dos especies de aquel grano, cinco dicen otros; la una es de larga como dedo y medio de nombre, más picante y aguda que la pimienta y la otra es redonda y no menor que la pimienra; pero ésta tiene la película, la pulpa y las pepitas, todas tres cosas con su cálida fortaleza. Otra tercera hay que no es acre, sino solamente aromática, que si la usáramos no necesitaríamos de la pimienta del Cáucaso.”

[192]. Omphalea nucifera.—Avellano de América.

[193]. Envió en efecto 12 navíos al mando de Antonio de Torres, que se hizo á la vela del puerto de la Navidad el día 2 de Febrero de 1494, trayendo relación de lo que había ocurrido. (Nav.) Se hizo á la vela del puerto de la Isabela. El de Navidad lo habían abandonado desde el día 9 de Diciembre.

[194]. Este fué Alonso de Ojeda, que con 15 hombres salió por el mes de Enero de 1494 á buscar las minas de Cibao, y volvió pocos días después con buenas noticias, habiendo sido en todas partes muy bien recibido de los naturales (Nav.). Don Antonio del Monte y Tejada en su Historia de Santo Domingo (1890) considera que este viaje de Ojeda debió ser desde la Isabela hacia el llano de Esperanza, y que atravesado el río Yaque más abajo de Santiago de los Caballeros, cruzaría Ojeda los otros ríos y subiría por la parte de Dicayagua á las sierras y partido de las Matas.

[195]. Juan López Luján, caballero natural de Madrid.

[196]. Diminutivo de hontana, fuente.

[197]. Los indios usaban para cavar la tierra un palo tostado al fuego, que llamaban coa, y que les servía como de azada para labrar los campos.

[198]. Enrique de Leguina.—Hijos ilustres de Santander.—1877.

[199]. Cesáreo Fernández Duro.—Disquisiciones náuticas.—1877.

[200]. Felipe Picatoste y Rodríguez.—Apuntes para una Biblioteca Científica Española del siglo XVI.—1866.

[201]. En la Relación de los individuos que acompañaron á Colón en el primer viaje, hecha por el docto marino don Cesáreo Fernández Duro para el Congreso de americanistas, de 1881, figura Juan de la Cosa en la nao capitana, inmediatamente después del Almirante.

[202]. Don Fernando y Doña Isabel, etc.—Por faser bien y merced á vos Juan de la Cosa, vesino de Santa María del Puerto, acatando algunos buenos servicios que nos habedes fecho, é esperamos que nos fasedes de aquí adelante, especialmente porque en nuestro servicio é nuestro mandado fuistes por maestre de una nao vuestra á las mares del océano, donde en aquel viaje fueron descubiertas las tierras é islas de la parte de las Indias, é vos perdistes la dicha nao; é por vos lo remunerer é satisfacer, por la presente vos damos licencia é facultad para que vos ó quien vuestro poder hobiere, podades sacar de la cibdad de Jerez de la Frontera, ó de otra cualquier cibdad ó villa ó logar de Andalusía, dosientos cahises de trigo, con tanto que no sea de la cibdad de Sevilla é su tierra, é lo podades cargar é levar é levades por las nuestras mares é puertos é abras de la Andalusía á la nuestra provincia de Guipúzcua, é al nuestro condado é señorío de Vizcaya, é no á otra parte alguna, lo cual podades sacar ó cargar desde el día de la data desta nuestra carta fasta nueve meses primeros siguientes, é cuando sacáredes el dicho pan lo registrades ante el dicho nuestro alcalde mayor de las sacas de la cibdad, villa ó logar donda lo sacáredes, ó por ante su lugar-teniente, ó la parte que dellos saquedes porque se sepa lo que sacades fasta el número de los dichos dosientos cahises.—E ningund consejo, nin otra persona alguna de ninguna cibdad, ni villa, ni lugar de la costa de los nuestros regnos é señoríos non vos lo puedan tomar ni descargar todo ni parte dello, como quier que para ello tengan nuestra carta ó privilegio. E queremos é mandamos que de los dichos dosientos cahises de trigo que así sacáredes é cargáredes vos ó el que el dicho vuestro poder hobiere non paguedes derecho de saca, por cuanto dello vos facemos merced ecebto los derechos que dello ha de haber el nuestro almirante mayor de la mar. E por esta nuestra carta, ó su treslado signado de escribano público, mandamos á todos los concejos, corregidores, asistentes, etc. (siguen las fórmulas). Dada en la villa de Medina del Campo á 28 días del mes de Febrero, año del nascimiento de N. S. Jesucristo de mil cuatrocientos é noventa y cuatro años.—Yo el Rey.—Yo la Reina.—Yo Fernando Alvarez, Secretario, etc.—Acordada: Andreas Doctor.—Concuerda literalmente con el registro original que obra en este Real archivo de Simancas en el legajo del año y mes de su expedición, y lo firmo en él á 29 de Agosto de 1828.—Tomás González.

[203]. Vivien de Saint-Martín.—Historia de la geografía y de los descubrimientos.

[204]. Nazario y Causel.—Revista de Puerto-Rico: 19 de Diciembre de 1893.

[205]. Antonio del Monte y Tejada.—Historia de Santo Domingo, 1890.

[206]. Dice Navarrete: “De los descubrimientos que acababa de hacer, formó Colón una carta, que más tarde remitió á los Reyes... Los primeros descubrimientos de Colón habían reanimado el gusto por las expediciones de mar á que los peninsulares se habían manifestado en todos tiempos inclinados... Protegió con todo su poder el gobierno este noble espíritu de empresas... El primero que al intento se aprestó fué Alonso de Ojeda... Hallábase en Castilla cuando llegaron las primeras noticias del descubrimiento de Paria, y favorecido del obispo de Burgos, no solo obtuvo permiso para navegar á los nuevos países, sino una copia de la carta geográfica que el descubridor había formado y remitido á los Reyes.”

[207]. Américo Vespucci ó Vespucio, al regresar á Europa, escribió á petición de uno de los príncipes de la familia de los Médicis, la relación de sus aventuras en la expedición de Ojeda. El relato, en estilo pomposo corrió por Italia, Francia y Alemania. En 1507 el alemán Martín Weltzemüller publicó un libro sobre las navegaciones de Américo Vespucio, intitulado: Cosmographiæ introductio insuper quatuor Americi navigationes, en el cual por primera vez se proponía dar á Orbis Novus el nombre de América. La proposición hizo fortuna, la moda la adoptó y el tiempo la fué sancionando. Contribuyó mucho á este fin el mapa mundi dibujado en 1520 por el célebre cosmógrafo Petrus Appianus y el de Gemma Frisius para el Ptolomeo publicado en Strasburgo, en 1552, que inscribieron el nombre América en las nuevas tierras al sur del mar Caribe, conservando, sin embargo, esta anotación contradictoria: Hæc terra, cum adjacentibus insulis, inventa est per Columbum Januensem, ex mandato regis Castellæ (Esta tierra, con las islas adyacentes, fué descubierta por Colón de Génova, bajo los auspicios del rey de Castilla.)

[208]. Fray Pedro Simón.—Primera noticia histórica de las conquistas de Tierra-firme.

[209]. P. Mártir de Anglería.—Ob. cit. Década segunda, libro I cap. II.

[210]. Leguina.—Ob. cit.

[211]. Picatoste.—Ob. cit.

[212]. Periódico: Unión ibero-americana. Número 82.

[213]. Nazario y Cansel.—Ob. cit.

[214]. Pedro Mártir de Anglería.—Ob. cit.

[215]. Nazario y Cansel.—Ob. cit.—Dice el cronista Oviedo:

“Tornando á nuestro propósito é camino, digo que después que passó esta armada á la isla de Boriquén ó Sanct Joan, vino á esta de Haytí, que llamamos Española, é tomó puerto en ella el mes de deçiembre del mesmo año de mill é quatroçientos é noventa é tres años, en Puerto de Plata, que es de la banda del Norte. E desde allí fué por la costa abajo al Occidente á la Isabela, é de allí pasó á Monte Crispto, donde señoreaba el rey Guacanagarí, que es á donde agora se llama Puerto Real.”

[216]. En el mapa está signado mt. xp.

[217]. Cerca de lo que es hoy Cabo Haitiano; está signado en el mapa C. St. (cabo Santo); y en el mismo sitio está trazado con letra gótica: nabidat. (El fuerte de Navidad).

[218]. En el mapa está signado: y tortuga.

[219]. En el mapa: p. de S. nicul. (San Nicolás).

[220]. En el mapa: punta de Cuba.

[221]. En el mapa están designados varios nombres de esta costa de Jamaica.

[222]. En el mapa: p. bueno.

[223]. En el mapa: C. de Cruz.

[224]. Están signadas en el mapa.

[225]. En el mapa está puesta la palabra abangelista en el último extremo occidental de la figura trazada como isla de Cuba. Los indios la llamaban Guanaja.

[226]. Falta todo el Departamento occidental.

[227]. En el mapa, mar oceanny.

[228]. En el mapa: C. de. S: miguel.

[229]. En el mapa: alto belo.

[230]. En el mapa: beata.

[231]. En el mapa: naiba.

[232]. En el mapa la isla adamanay está unida á la Española, y signado: saona.

[233]. Nazario y Cansel.—Ob. cit.

[234]. Los indios llamaban á Colón Guanimiquení, que significa: el señor de tierra y agua.

[235]. Nazario y Cansel.—Ob. cit.

[236]. No hay que confundir este viaje, que podemos llamar parcial ó inter-colonial, con el tercero de Colón que fué en 1498 y en el cual descubrió á Trinidad y Continente sud-americano. Juan de la Cosa no acompañó al Almirante en su tercera empresa, como equivocadamente dice el padre Nazario en su artículo de la “Revista de Puerto-Rico”.

[237]. “La Correspondencia de Puerto-Rico.”—21 de Noviembre de 1893.

[238]. Periódico: “Revista de Puerto-Rico”.—19 de Diciembre de 1893.

[239]. Montaner y Simón: Editores.—1890. Tomo 5°

[240]. Imp. lith. de Lemercier Benard et Cie.

[241]. Periódico: [Unión ibero americana].—1° de Mayo de 1892.

[242]. Cronau.—Ob cit. Tomo I pág. 358.

[243]. Colón descubrió Tierra-firme en su tercer viaje—1498.—Divisóla, en efecto, el primero de Agosto, y el gran marino, que muchas veces había tomado las islas por tierra-firme, esta vez fué á la inversa y tomó el continente por isla, y le llamó Isla Santa.

[244]. El padre Nazario atribuye á este navegante—núm. de la Revista citado—el descubrimiento que corresponde á Giovanetti Cabotto ó John Cabot, como dicen los ingleses. La patente de autorización dada por el rey Enrique VII es de 5 de Marzo de 1496.

[245]. Así como se supieron inmediatamente los descubrimientos del gran Ligur en las cortes de Europa se tuvo conocimiento en España del descubrimiento de Juan Cabot; máxime, cuando los aprestos marítimos se efectuaron públicamente, en la bahía de Bristol, por una sociedad de comerciantes. Los cuatro navíos equipados en Bristol se dieron á la vela en la primavera de 1498, fondeando el 24 de Junio de ese año en la costa de Labrador. En el estío de ese mismo año emprendió Sebastián Cabot otro viaje, siguiendo el derrotero de su padre, descubriendo la isla de Terranova, que llamó Tierra de los bacalaos y llegando hasta las inmediaciones de la Florida.

[246]. En el mapa de Juan de la Cosa está con letra gótica esta asignación: este cavo fe descubierto en ano de mil cuatrocientos noventa y nueve por castilla syendo descubridor Vicentians.

[247]. Nazario y Cansel.—Número de la Revista citado.

[248]. Dice Cronau, tomo II, pág. 47: “Por más que Cristóbal Colón ya hubiese descubierto á Cuba en el año de 1492, quedó aún por bastante tiempo indeterminado el problema de si era isla ó continente. Ya se sabe que el gran genovés murió en la creencia de que Cuba pertenecía al continente asiático y que era idéntico al país de Mangi.—Mas ya en vida del Almirante había personas que opinaban de distinta manera.”

[249]. Dice el doctor Sophus Ruge—citado por Cronau:—“Como fiaba más en la carta geográfica de Toscanelli y otros, referentes á las discusiones de Cipangu, que en su propia experiencia, creyó que la isla Española era tan grande como toda España, y colocó la costa septentrional de la Gran Antilla (Cuba) bajo el grado 40 de latitud”.

[250]. Mártir de Anglería—Década segunda, lib. X, cap. I. (1516) dice: “Desde que resolví obedecer á los que me pedían que en nombre de Vuestra Santidad escribiera estas cosas en latín, yo, que no soy del Lacio, puse cuidado de no poner nada sin averiguarlo bien. Fuí á verme con el Prelado de Burgos, patrono de estas navegaciones, de quien arriba se hizo amplia moción. Encerrándonos en una habitación, tuvimos en las manos muchos indicadores de estas cosas; una esfera sólida del mundo con estos descubrimientos, y muchos pergaminos, que los marinos llaman cartas de marear, una de las cuales la habían dibujado los portugueses, en la cual dicen que puso mano Américo Vespucio, florentino, hombre perito en este arte, que navegó hacia el Antártico. La otra (carta de marear) la comenzó Colón cuando vivía é iba recorriendo aquellos lugares, y en ella su hermano Bartolomé Colón, Adelantado de la Española añadió lo que juzgaba, pues él también recorrió aquellas costas.—Además, cada uno de los castellanos que, según su propia persuasión, sabía medir tierras y costas, se trazó su pergamino de navegar. De entre todas conservan como más recomendables las que compuso aquel Juan de la Cosa, compañero de Ojeda, que dijimos lo mataron los caramairenses en el puerto de Cartagena, y la de otro piloto llamado Andrés Morales, ya por la mayor experiencia de aquellas cosas (pues el uno y el otro estaban ya no menos familiarizados con aquellas regiones que con las habitaciones de su casa), ya porque estaban reputados por más entendido que los demás en Cosmografía naval.”

[251]. Brau.—Ob. cit.

[252]. Las Casas empezó á escribir de los asuntos de Indias en 1527.

[253]. Nazario y Cansel.—Ob. cit.

[254]. Puerto-Rico (Nav.) Los indios se referían á las islas de Barlovento, ocupadas por los caribes.

[255]. Puerto-Rico. (Nav.).

[256]. Revista puertorriqueña: 19 de Noviembre de 1893.

[257]. El Diario popular de Mayagüez; núm. del 19 de Noviembre de 1893, dedicado á conmemorar el Cuarto Centenario del descubrimiento de Puerto-Rico.—Citamos los dos periódicos porque encontrando los vocablos Burinkem y Burikem, dados á luz en un mismo día y en diversos periódicos, ignoramos cuál es el verdadero del doctor Domínguez, y en cuál pecó el cajista á juicio del erudito escritor de la ciudad del Oeste.

[258]. Téngase en cuenta, que antiguamente se escribía la q ó la ch, indistintamente. En la obra de don Fernando Colón unas veces se lee Borichén y otras Boriquén. Aunque haya error en la manera de escribir Anglería el nombre indígena de la isla de Puerto-Rico, ni interpola la n, ni la denomina Carib.

[259]. En esta fecha fué que se dió á la estampa, por vez primera, el manuscrito del hijo del Almirante.

[260]. Memorial al Cardenal Cisneros, por los Padres Priores de San Gerónimo, en Santo Domingo, á 20 de Enero de 1517.—Colección de documentos inéditos del Archivo de Indias.—Ni hay la intrusa n, ni llaman á la isla Carib.

[261]. Gómara empezó á escribir su Historia de las Indias en 1540, y la publicó en Zaragoza el año de 1552, habiendo sido traducida al latín, al francés y al italiano.

[262]. Otto Neussel toma el vocablo tal como lo trae la carta de Chanca al nombrar por primera vez la isla de Puerto-Rico, y lo traslada al mapa que presenta para ilustrar Los cuatro viajes de Colón. También comete el error de signar á toda la Española Bohío.

[263]. Periódicos citados.

[264]. Barcia: Diccionario general etimológico de la lengua española.—1881.

[265]. Jozón.—Ob. cit.

[266]. Jozón.—Ob. cit.

[267]. M. Max Müller—Leçons sur la science du langage.

[268]. Max Muller.—La Stratification du langage.

[269]. Mr. Julien Vinson, profesor de la Escuela de lenguas orientales vivas de París ha sostenido con brillantes datos que “el oeste y el norte de Europa fueron poblados en los tiempos prehistóricos por razas que hablaban lenguas que se refieren al tipo eúskaro.” Y el filólogo E. Sanchez Calvo—ob. cit.—esplica todo el origen etimológico de los nombres de los dioses de la Mitología por medio de estas dos palabras claves: han y ber. Aquélla onomatopeya de la espiración, y ésta del hervor del agua, cuyo fenómeno al observarlo por vez primera la familia salvaje y contemplar atónita, que del fondo de la vasija llena de agua y aproximada al fuego salía, al poco rato, un rumor y luégo un ruido creciente, se aproximarían todos á admirar la nube de vapor y la multitud de burbujas agitándose y estallando. En el agua hirviente, que murmuraba ber, ber, ber, ber, creerían, los primeros que la observaron, que había un sér animado, un espíritu en movimiento.

[270]. E. Alvarez Pérez.—Gramática filosófica é histórica-comparativa de la lengua castellana. 1893.

[271]. Tomada de la edición que se hizo en Viena en la tipografía imperial y real de la Corte. 1868.

[272]. Había una lengua general en todas las islas, excepción hecha de las islas ocupadas por los Caribes, que constituían otra raza con otros usos y costumbres, Colón tomó en San Salvador varios aborígenes y los retuvo para que le sirvieran de intérpretes. Estos se entendieron perfectamente con los naturales de la 2.ª, 3.ª y 4.ª isla. En Cuba el políglota Luís de Torres, en unión de Rodrigo de Jerez, llevaron una embajada al Cacique y creyéndose que habían llegado al reino del gran Kan le hablaron primero en hebreo, después en caldeo y por último en árabe, teniendo que apelar al intérprete de Guanahaní para que los asombrados siboneyes les entendieran. Por fin pasan á Haití, donde entran en fácil y amistosa correspondencia con los aborígenes, anotando el Almirante en Diciembre 22.—: “... tienen alguna diversidad de vocablos en nombres de cosas.”

[273]. Las Casas reconoció en Haití, además de la lengua general, tres dialectos. En Jamayca se hablaba la lengua general de Cuba y Haití. Refiere Bernal Díaz del Castillo.—Ob. cit.—que al desembarcar con Juan de Grijalva en la isla de Cozumel “vino una india moza, de buen parecer, é comenzó á hablar la lengua de la isla de Jamaica... y como muchos de nuestros soldados é yo entendimos muy bien aquella lengua, que es la de Cuba, nos admiramos y le preguntamos cómo estaba allí”; y resultó que el naufragio de una canoa de pescadores de Jamayca la llevó á la isla de Cozumel.

[274]. El padre Nazario opina—Ob. cit. pág. VIII. Prólogo—que los indios de Puerto-Rico, á quien él llama Carib, tenían una escritura más perfecta que la de México y el Perú.—No es posible comparar el lenguaje indo-antillano, correspondiente á tribus, que estaban en la edad de la piedra pulimentada, y cuyo mayor desarrollo de cultura tuvieran en la Española en la corte del régulo Bohechio, á unas lenguas como la azteca é inca, que tenían ya su escritura entre ideográfica y jeroglífica, y correspondientes á imperios con una civilización análoga á la asiria y caldea.—Fray Román Pane, heremita de la Orden de San Gerónimo, escribiendo sobre los haitianos, dice: “... pero como los indios no tienen escritura, ni letras, no pueden dar buena razón del modo que han sabido ésto (su origen) de sus antepasados, y así no conforman en lo que cuentan, ni aun se puede escribir con orden lo que refieren.”—En cambio los mexicanos fabricaban papel con los filamentos de las hojas del maguey, el cual machacaban en agua, y extraida la fibra, la unían por capas, como las hojas del xiperus de Egipto. Y el arte de trasmitir los hechos, por medio de las pinturas jeroglíficas en este papel, y en pergamino ó lienzo, existía en el Anahuac antes de la llegada de los Aztecas. El mismo Cortés tuvo ocasión de apreciar estos trabajos: habiendo dicho á Moctezuma le indicase sobre la costa oriental un buen fondeadero para sus buques, mandó Moctezuma al momento se le trajese el mapa de toda la costa, desde el punto en donde hoy se eleva Veracruz hasta el río Guazacalco. Los Incas usaron los quipos ó cordones gruesos como nudos, de los cuales pendían cordoncillos de diversos tamaños y colores, y de ellos se valieron para contar el tiempo y las cosas. El blanco significaba la guerra; el amarillo el oro, etc.

[275]. La radical bo, grande, señor, está en contraposición, en el lenguaje indo-antillano, con la radical bi, pequeño; por ejemplo, bibijagua, especie de hormiga; bija, la semilla del achiote, de la en cual hacía el indio una pasta para untarse la piel y defenderla de la picada de los mosquitos; bijirita, pajarito de Cuba; bieque, tierra pequeña; biminí, pequeño lugar de agua, etc.—No debe confundirse la radical bo con el sufijo abon, que lo encontramos en la terminación de muchos nombres de ríos, como Cayrabón, Manatuabón, Mucarabón, Taynabón y Usabón en Puerto-Rico; y Daynabón, Inabón, Macabón, Quiabón y otros en Santo Domingo. Algunos nombres de ríos han perdido la final n, como Gurabo y Guaorabo por Guarabón; Guanajibo por Guanajiabón, y otros han sufrido mayor evolución, como Bayamón por Guayabón, y Cañabón por Caynabón, etc.

[276]. En asirio, señor es belu, en hebreo ba’al; en árabe ba’l. En persa, jefe es bari; en celta, bren; en galo, brenno; en bretón, brenín; en irlandés, barn; y en anglo-sajón, beorn. Derivados de la raíz ber, cuya forma arcáica se conserva mejor en el eúskano bero, que significa calor. “Dos palabras iguales al principio, viajando luégo cada una con su tribu, adquieren tan disfrazadas formas que es difícil reconocerlas por más que guarden siempre su raíz.”

[277]. La n entraña plural de que.

[278]. Los indígenas llamaban á sus ídolos Cemi, evolución de Guamí, equivalente á el que manda, el dueño.

[279]. En el Mapa para ilustrar los viajes de Sir Walter Raleigh, desde la isla de Trinidad hasta el bajo Orinoco, compilado de observaciones personales y del Atlas de Venezuela de Codazzi, por Sir Robert Schombuck, y cuyo mapa se encuentra en la obra de F. Michelena y Rojas: Exploración oficial del Orinoco y Amazonas (1867), se le aplica el nombre de Carí á la isla de Trinidad.

[280]. Padre José Gumilla.—Las naciones de las riberas del Orinoco. 1745.

[281]. Restrepo.—Ob. cit.

[282]. Hemos usado la palabra raza y no pueblo ó nación, por que creemos que la tribu india de los Guaycure, en la costa occidental de la América del Norte, y de la cual se supone procedían los indígenas de las grandes Antillas, no pertenecía á la raza caribe, procedente del Continente Sur.—Está probada la existencia del hombre en el Nuevo Mundo desde los tiempos más remotos, encontrándose sus vestigios en las lejanas épocas del mammut, el mastodonte, el milodonte. el megaterio y otras especies de animales monstruosos; de lo cual resulta insostenible la teoría de que la raza americana se deriva de la mogólica. El problema, pues, del origen del indio americano está por resolver. Pero nosotros tomamos el Archipiélago antillano, para el estudio de sus habitantes, tal como le encontraron los conquistadores, y de sus propias crónicas se destacan las dos razas, con sus usos, costumbres, lenguajes y tipos humanos muy diversos.—Generalmente se acuerda hoy día mirar la especie humana como única; pero esto no impide reconocer, entre las diversas naciones que pueblan nuestro globo, diferencias numerosas más ó menos acentuadas, conformaciones hereditarias más ó menos permanentes. Se ha convenido en designar estas modificaciones particulares bajo el nombre de razas, y admitir así la variedad en la unidad. Estas razas, tan pronto se propagan por generación, tan pronto se combinan y se transforman por crecimiento. La idea de estas modificaciones es muy antigua. Moisés, y más tarde Eforo de Cumes, han dividido los hombres, el uno en tres razas, según los tres hijos de Noé, y el otro en cuatro, según los cuatro puntos cardinales. Linneo reconocía (1766) en su Homo sapiens, cuatro variedades. Blumenbach proponía cinco razas: caucásica, mogola, etiópica, americana y malaya. Dumeril seis, añadiendo la hiperbórea. Bory de Saint-Vincent, que distingue quince especies de hombres, reconoce razas y sub-razas. Cuvier y Moquin Tandon tres razas principales: blanca, amarilla y negra. Isidoro Geoffroy Saint-Hilaire analiza las razas humanas, tomando por punto de partida los cabellos lisos ó crespos, la nariz sobresaliente ó deprimida, la piel blanca, amarilla ó negra y las condiciones de talla, ojos y miembros.—Esta confusión de los sabios en sus clasificaciones ha hecho que algunos admitieran para América una sola raza, otros dos, la colombiana y la americana, y por fin Morton en su Crania americana ha notado las diferencias considerables, y ha ensayado el primero una clasificación de las razas del Nuevo Mundo.

[283]. Los indígenas le llamaron Mímasipí (el padre de los torrentes). Merino (1666) escribió Messippí; Dablon (1671) Mississipí; Hennepin (1680) Meschonipí; Coxe (1698) Micissip; Charlevoix (1731) Mechaseba.

[284]. Las islas Lucayas, de constitución madrepórica, son de más reciente creación que la isla de Cuba, constituida por rocas eruptivas antiguas.—En el Archipiélago antillano es digno de observación una banda de islas al norte, que empezando en San Bartolomé y San Martín continúa por las Vírgenes, Santa Cruz y Puerto-Rico hasta el nudo central de Santo Domingo donde se bifurca, yendo una de las ramas por el cabo Tiburón hasta Jamaica, y la otra pasando á Cuba por el cabo San Nicolás. Estas islas son todas constituidas por rocas eruptivas antiguas, acompañadas de depósitos sedimentarios de diversas edades, desde el terreno silicoso hasta los calcáreos conchíferos y madrepóricos de época reciente, que se continúan por los arrecifes más nuevos aún de las islas Lucayas. La banda del este tiene otro carácter: comprende una docena de pequeñas islas volcánicas, formando dos alineamientos, que vienen á cortarse en la Martinica bajo un ángulo muy obtuso, lo que da al conjunto el aspecto de una curva, cuya convexidad mira al Atlántico. Una segunda hilera de islas, colocadas con menos regularidad, casi exclusivamente compuestas del calcáreo moderno, y en el número de las cuales debe contarse la isla Trinidad, que marca la unión de las islas calcáreas al Continente sub-americano, y la Barbada, arrojada 60 millas de las otras, en pleno Atlántico, constituye una cadena exterior, que al primer golpe de vista parece no tener ninguna relación con la hilera anterior. Un examen atento demuestra, que estas dos cadenas se tocan, y que la isla de Guadalupe es el punto de encuentro. La Guadalupe es, en efecto, la única de estas islas, donde se encuentra una isla calcárea unida á una isla volcánica. Todas las que preceden de sur á norte, la Granada, San Vicente, Santa Lucía, Martinica, Domínica, son exclusivamente volcánicas, sin trazas importantes de depósitos calcáreos. Después de Guadalupe la cadena se desdobla y se continúa, de un lado por las islas volcánicas de San Cristóbal, Monserrat, Santa Cruz, con las Grandes Antillas, y del otro por las islas planas y calcáreas de Antigua, Nieves, etc., á las Lucayas y al continente de la Florida.—(Ch. Sainte-Claire de Deville. E. Rochefort).

[285]. Ponce de León le llamó La Florida, por haberle descubierto el domingo de Resurrección ó de Pascua Florida.

[286]. El antiguo nombre del Orinoco fué Paragua, que hoy lleva un afluente del Caroní, según Rojas. Cuando Ordaz cruzó el Orinoco en 1536, el río era conocido con el nombre de Uríaparia, llamándose así también uno de los caciques de la comarca. En la misma región conocieron el río con el nombre de Urinuco, y por corrupción, Worenoque, Orinoco.

[287]. Hemos dicho en una Nota anterior, que al negar el señor Armas la antropofagia en los Caribes había ido contra los Cronistas y la lógica de los hechos. La Mitología y la Historia nos la presentan en los pueblos primitivos. Saturno, Tántalo, Thyeste, y Lycaón son, en la fábula mitológica, antropófagos como los Lestrigones y los Ciclopes. Y la Historia nos dice, que fueron caníbales, los Scitas, Germanos, Celtas, Fenicios, Tártaros y Etíopes. La esclavitud, que hemos sostenido hasta ayer en nuestros ingenios con los pobres negros, era un canibalismo moral; pues bien, si nosotros hemos creído legal apropiarnos á nuestra satisfacción el beneficio del trabajo del esclavo, el salvaje, el caribe, creía ejercitar un derecho natural disponer de su prisionero, de su conquista, de su propiedad. A la vez, aguijoneado por el hambre en las islas pequeñas, sin rebaños ni animales, y escaso de vegetales, disponía como vencedor del fruto de su victoria, y no sólo celebraba su triunfo comiéndose, en ceremonia religiosa, algunos de sus prisioneros, sino que, como conocedor de la carestía de víveres en sus posesiones, guardaba los garzones para las épocas en que el hambre azotara sus comarcas. La vida del caribe, en la lucha por la existencia, se reducía á esta frase: matar ó ser matado; comer ó ser comido.—Los mexicanos habían reducido ya la antropofagia á festividad religiosa, era una atenuante del proceder caribe y un paso tardo á su desaparición, ya iniciada y acentuada en el Perú. Aquella infeliz víctima, tendida en el ara porfidiana y á la cual el cruento victimario, con silíceo cuchillo de obsidiana arrancaba el corazón, para llevarlo sangriento y humeante, á los labios del ídolo, esperando del terrible dios auspicios favorables, ¡cuánta similitud con el sacrificio de Ifigenia, la hija de Agamenón y de Clitemnesta, ante el altar de Diana en Aulide, para obtener del tremendo é irascible oráculo favorables auspicios en pro del jefe de los ejércitos griegos en la guerra de Troya! Sacrificio por sacrificio, entrambos obedecían á fanatismo religioso; pero eran, sin duda, el reflejo y la reminiscencia de tiempos antropofágios muy posteriores, y los últimos arranques instintivos de una época sanguinaria.

[288]. Dice Pedro Mártir de Anglería.—Primera década, libro I, cap. III:—“Aunque usan saetas de caña muy agudas, caben, sin embargo, que les aprovechan poco para reprimir la violencia y furor de los caribes, pues confiesan todos los indígenas, que en la lucha diez caribes vencerían fácilmente á ciento de ellos.”

[289]. D’Orbigny.—L’Homme américain. 1834.

[290]. A. Rojas.—Los jeroglíficos venezolanos. 1876.

[291]. El doctor Virchou en su Clasificación antropológica de los pueblos salvajes antiguos y modernos de América (1888) demuestra con el estudio de cráneos indios precolombianos, que hay grandes diferencias entre las muchas razas salvajes que poblaron el Nuevo Mundo, bien patentes en la configuración de sus cráneos; pero sin precisar su antigüedad, ni cuáles pudieran ser sus procedencias genealógicas.

[292]. Han dicho nuestros cronistas, y se repite como verídico, que los boriqueños llamaron á los caribes para defenderse de Juan Ponce de León.—Basta fijarse en la condición belicosa y feroz que tenían los caribes para no aceptar su presencia en el encuentro de la boca del río Yauco, ni en la derrota, al replegarse á Yagüeca, donde bastó un tiro de arcabuz aplicado á Guaybaná para terminar la campaña. Vendrían á auxiliar á los de Boriquén los naturales de la isla Mona, muy poblada para aquella época; pero es ilógico inmiscuir entre ellos á los caribes, tiradores de flechas emponzoñadas y diestros arqueros. Para el caribe la caída del jefe ó caudillo no era señal de rendición; peleaban sin contar sus enemigos y con una ferocidad leonina.—Esos caribes de Barlovento fueron el terror de los primeros pobladores de Puerto-Rico hasta el año de 1635, en que los franceses, protegidos por Richelieu, se dedicaron á la conquista de las Antillas menores. Se empezó por San Cristóbal y Guadalupe: se les hizo una guerra de exterminio, y á pesar de ello, fué preciso hacer, en 1660, un tratado de paz, por medio del cual los caribes reducidos á seis mil, se retiraron á Domínica y San Vicente.

[293]. El gua es guaraní y muysca y el hua es quechúa ó peruano. El hua quechúa tiene menos fuerza que el gua caribe, pero se han confundido muchas veces aunque tienen pronunciación y ortografía diferentes.

[294]. Dice Mártir de Anglería, Década tercera, libro VII, cap. IV.: “Gua es entre ellos artículo, y hay pocos nombres, principalmente de reyes, que no comiencen por este artículo gua, como Guarionex, Guacanagarí, y así también muchos nombres de lugares.”

[295]. Ruíz Montoya.—Vocabulario y arte de la lengua Guaraní.

[296]. A. Rojas.—La sílaba gua ó hua, como interjección, sustantivo, artículo, afijo y partícula en las lenguas americanas.

[297]. Esta palabra, según está conservada en el Diario del Almirante trasmitido por Las Casas, tiene una h intermedia: Guana-h-aní. Hoy nosotros al pronunciar el vocablo prescindimos de ella; pero entre los indios la aspiración tenía la fuerza de una consonante, como acontece con los árabes.—En la Carta de Cristóbal Colón escrita en el mar cuando regresaba del primer viaje, y enviada desde Lisboa, en Marzo de 1493, á Barcelona, donde se encontraban los Reyes Católicos, se lee: “A la primera que yo fallé puse nombre San Salvador, á conmemoración de su Alta Magestad, el cual maravillosamente todo esto ha dado: los Indios la llaman Guanayaní.” Vése, pues, que el Almirante le dió á la aspiración el valor de y. Lo cual prueba, que esa h, que nos conservan los cronistas, representa una aspiración del lenguaje indo-antillano con el valor de consonante.

[298]. Colón le puso el nombre de Juana, en obsequio al príncipe don Juan; pero, después del bojeo de la isla por Sebastián de Ocampo, se llamó Fernandina, en honor del Rey Católico.

[299]. Dice Pedro Mártir de Anglería.—Primera década, libro II, cap. III:—“se descubrió otra mayor que todas las demás, la cual, llamada Ay-ay por los indígenas, quisieron ellos (los viajeros) apellidarla con el nombre de Santa Cruz.”

[300]. Nazario y Cansel.—Ob. cit.—pág. 66.

[301]. Dice el Diario del Almirante: “Lunes 26 de Noviembre.—Andaría en todo aquel día treinta y dos millas, que son ocho leguas. Dentro de las cuales notó y marcó nueve puertos muy señalados.” Y glosa Navarrete: Entre los nueve que dice vió y marcó en aquel trozo de costa, deben notarse la ensenada Yamanique y los puertos Jaragua, Taco, Cayaguaneque, Nava y Maraví.

[302]. “Viernes 7 de Diciembre.—Al rendir del cuarto del alba dió las velas y salió de aquel puerto de San Nicolás.”

[303]. Miércoles 19 de Diciembre.

[304]. Jueves 20 de Diciembre.

[305]. Viernes 4 de Enero.

[306]. Viernes 11 de Enero.

[307]. Córdova.—Memorias geográficas, históricas, económicas y estadísticas de la isla de Puerto-Rico. 1831.

[308]. El Diario popular de Mayagüez.—17 de Oct. 1893—acepta el vocablo de Muñoz y dice: “Pero ya que el Sr. Brau concede tanta autoridad á Muñoz, y la tiene indudablemente, ¿cómo no se ha fijado en que éste asegura que las naves de Colón fondearon en una cala, que según el Diccionario es una ensenada pequeña que hace el mar, entrándose en la tierra? ¿Cómo dice el Sr. Brau que en esa bahía que comprende hoy las dos poblaciones de Aguada y Aguadilla ha de fijarse por la investigación crítica el fondeadero de la flota expedicionaria, cuando bahía es entrada de mar en la costa y de gran extensión que resguarda las embarcaciones, y Colón, según Muñoz, llevó sus naves á una cala y no á una bahía?”—No creemos lógico hacer un argumento de la palabra cala, por las mismas razones con que hemos combatido el argumento puerto del padre Nazario.

[309]. Diccionario marítimo español de D. José de Lorenzo, D. Gonzalo de Musga y D. Martín Ferreiro.—1864. Definiciones:

Ancón Ensenada pequeña en que se puede fondear. Bahía Extensión de mar de bastante consideración dentro de las costas ó tierras, que forman su ancha boca ó entrada, y con fondo á propósito para resguardo de las embarcaciones. Diferénciase de puerto en que, á causa de su grande anchura es, por lo regular, menos abrigada de los mares y vientos, y especialmente de estos. Dentro de una bahía pueden encerrarse uno ó más puertos. Cala Pequeña y angosta ensenada que hace el mar internándose bastante en tierra. Caleta Cala pequeña; especie de hendidura en la costa. Canal La parte más profunda y limpia de la entrada de un puerto—Brazo de mar más ó menos largo con salida por ambos extremos, ó sea la porción que media entre dos tierras. Rada Paraje en el mar á corta distancia de la costa, en que pueden dar fondo las naves con resguardo de determinados vientos. Es menos segura que la ensenada y bahía. Ensenada Recodo de tierra en que entra el mar, y haciendo seno, sirve algunas veces de abrigo á las embarcaciones. En ciertos casos puede ser equivalente á golfo y saco. Golfo Brazo de mar internado gran trecho en la tierra y cuyas costas no se descubren todas desde un mismo punto. Puerto Sitio ó lugar seguro y abrigado dentro de la costa, en el interior de una bahía, en la embocadura de un río, en la orilla de éste ó en la de un lago, con fondeadero para anclar las naves y resguardarse de toda borrasca; se diferencia de la bahía en ser más pequeño y de más abrigo.

[310]. El ángulo más occidental de Puerto-Rico está á los 18° 22′ latitud y 60° 56′ 15″ longitud, ó sea el comprendido entre los cabos San Francisco y Boriquén, que constituye la amplia rada donde están los surgideros de Aguada y Aguadilla.

[311]. Ob. cit. pág. 96.

[312]. El “Diario Popular,” de Mayagüez niega la necesidad de proveerse la armada de agua con las siguientes palabras: “Pero Colón no pudo tomar aguada en nuestra isla porque no la necesitaba. Las 17 naves que traía se abastecieron del precioso líquido en Canarias, de cuyo puerto salieron á principios de Octubre, y cuando el 3 de Noviembre divisaron las tierras del Nuevo Mundo, el agua no les había faltado: es decir, que en sus depósitos podían llevar mayor cantidad que la que necesitaban en un mes.—En la Guadalupe, donde permanecieron ocho días, tomaron agua en gran cantidad porque la isla es rica en manantiales. Así lo afirma el conde Roselly de Lorgues en su historia de la vida y viajes de Cristóbal Colón: “Mientras tanto, dice, mandaba el Almirante proveer de leña, hacer aguada y lavar las ropas de las tripulaciones.” Si de la Guadalupe salieron el 10 de Noviembre, tocaron en Santa Cruz el 14 y anclaron el 19 en los mares boriqueños, ¿puede imaginarse que en los pocos días trascurridos tuviesen necesidad de volver á hacer aguada, estando ya á las puertas de la Española—término del viaje—y cuando la que tomaron en Canarias les duró más de un mes?”—Y el señor Brau refutó al escritor mayagüezano, desde El Clamor del País, con este razonamiento: “Si los españoles, que venían con Colón, contaron á Pedro Mártir, en abril de 1494, que habían tomado agua en el último ángulo de la costa occidental de Puerto-Rico, ¿cómo vamos á desmentirlos, porque un conde francés sostenga que ya la habían tomado en la Guadalupe?—Y conste que Roselly de Lorgues no desmiente nada; se limita á decir, que en la Guadalupe hicieron aguada los barcos, cosa llana después de una navegación de más de veinte días. Pero hacer aguada el 10 de Noviembre no implica el no volverla á hacer nueve días después; sobre todo si se tiene en cuenta: 1º—Que el aprovisionamiento en una playa desierta, sin muelle ni facilidades de embarque, debió ser penoso. 2.º—Que los depósitos de á bordo eran muy rudimentarios, como pudo verlo todo el que quiso, en la Santa María que estuvo en nuestro puerto. 3º—Que los tripulantes eran mil quinientos y con ellos venían vacas, yeguas, cabras, ovejas y sus machos, en cantidad proporcionada para la colonia y cerdos y perros, y gallinas y otras aves domésticas, cuyas necesidades de alimentación debieron exigir bastante líquido. 4º—Que los expedicionarios traían naranjos, cañas, camuesos y gran número de plantas vivas, que necesitaban regarse. 5º—Que la provisión de agua no debió revestir la misma importancia en las Canarias, al empezar la navegación, que en la Guadalupe, donde por la altura tomada é indicaciones de los indígenas, pudo calcular Colón próximo el término de su viaje; y 6.º—Que si en Noviembre de 1493 se sentía tanto calor en estas latitudes, como el que sentimos en el momento de escribir estas líneas, hay que compadecer á aquellos argonautas, y convenir en que el consumo de agua para mitigar su sed debió ser, al singlar por el mar caribe, doble del que necesitaron antes de pasar la línea del Trópico.—Y he aquí como se concibe, que hiciera aguada en Puerto-Rico si no toda la flota española, alguno de sus buques en que escaseara el líquido, justificando este análisis crítico la tradición de cuatro siglos y la versión de Antonio de Torres y demás compañeros en Medina del Campo”.

[313]. Periódico: “El Clamor del País” núm. del 25 de Octubre de 1893.—Artículo: Donde fondeó Colón.

[314]. Núm. del 18 de Octubre de 1893.

[315]. “El Clamor del País”. Número del 20 de Octubre de 1893.

[316]. Ob. cit. pág. 104.

[317]. Ob. cit. pág. 112.

[318]. Relación ó descripción de Puerto-Rico, que, de orden de don Felipe II, dispuso formar en 1582 el capitán Melgarejo, gobernador de la isla. Dice el cap. 11: “El descubridor y conquistador de esta isla fue Juan Ponce de León... partió para este efecto de la isla de Santo Domingo del puerto de Xigüey el Viejo, de un lugar que llamaban Salvaleón. La primera vez que vino al dicho efecto tomó puerto en una punta de esta isla que llaman el Aguada... y allí tomó ciertos indios con que hizo amistad.”

[319]. F. Colón.—Ob. cit.—Tomo 1º—Esta descripción ha sido copiada después por Las Casas, Herrera, Muñoz é Iñigo Abbad.

[320]. Pudo ser el Pandion carolinensis, que frecuenta las embocaduras de los ríos, ó el Buteo brocalis (guaraguao) muy común en nuestro país, ó el Falco anatum (halcón de pastos,) habitador de ciénegas.

[321]. Uvero de playa. Cocoloba uvifera.

[322]. Dice Fray Iñigo Abbad—Ob. cit. pág. 54:—“Entre otros, el Cacique Aymamón, que tenía su ranchería en el río Culebrinas, cerca de la población de Sotomayor.”—Y ya sabemos que el caserío de Sotomayor estaba junto á la Aguada.

[323]. No citamos nombres propios, porque los artículos han aparecido en el periódico citado como de Redacción, aunque sabemos, que uno de los campeones en pro de Mayagüez es el culto escritor y dulce poeta don Manuel María Sama.

[324]. Opinión de Varnhagan, Leiva y Montojo.

[325]. Opinión de Navarrete.

[326]. Opinión de Fox.

[327]. Opinión de Humboldt y W. Irving.

[328]. Trazado y publicado por Otto Neussel, geógrafo. Imp. Jul. Palacios. Madrid. 1892.

[329]. Georges Cuvier.—Discours sur les révolutions du globe.—París. 1854.

[330]. Appendice au discours du Cuvier.

[331]. Citado por don Manuel Aranda y San Juan en la obra: Los misterios del mar.—1891.

[332]. Añasco tuvo su declaratoria de pueblo en 1703 y Mayagüez sesenta años después.

[333]. Oviedo.—Ob. cit.

[334]. F. S. de Noda.—Antigüedades Góticas.

[335]. Tampoco debe confundirse esta sílaba con el gua procedente de la raíz arábiga guada, corrupción de wad, que significa río ó valle por donde corren aguas. Como Guadalquivir, wad-al-kebir, río grande; Guadarrama, de wad-al-ramal, río arenoso, etc. Muchos de cuyos nombres han sido traídos á América por los españoles.

[336]. A. Rojas.—Los radicales del agua en las lenguas americanas.

[337]. Es digno de anotarse, con relación á la radical í agua, en las lenguas americanas, que en sánscrito existe la raíz in-du, la gota de agua; y en griego, idor, agua.

[338]. Ob. cit. pág. 137.

[339]. Dice Oviedo “que después de ser partido D. Chripstóbal, salió trás él el mismo caçique (Guaybaná) con gente é alcançóle una legua de allí de su assiento en un río que se dice Cauyo.” Este assiento se refiere á la aldehuela de Guaybaná.

[340]. En los repartimientos se dejaron á los caciques en sus estancias con su gente, citándoles, en época determinada, para que prestaran sus servicios con sus naborias en las minas, ó en las granjas, que empezaron los colonos á fomentar. Los conquistadores que tuvieron cuatro ó seis indios encomendados, pudieron tenerlos directamente á su servicio en sus respectivas casas; pero los que tenían ciento y doscientos les convenía más dejarlos en sus estancias ó especies de conucos, para que ellos se mantuvieran, y aprovechados en tiempos útiles en los trabajos mineros, que fué á lo que los dedicaron en un principio. Posteriormente, se subdividieron las grandes partidas de indios, y se repartieron también sus estancias, conservándose tan sólo las granjerías de los Reyes, que, por fin, las enajenó la Corona.

[341]. Dice Oviedo: “ovieron los chripstianos y los indios la primera batalla en la tierra de Agueybana (Guaybaná) en la boca del río Caoyuco (Yauco).”

[342]. Ob. cit. pág. 154.

[343]. El Rey á Cerón y Díaz: “Sabéis que algunos caciques de San Juan, se rebelaron y mataron á traición á D. Cristóbal de Sotomayor, á D. Diego su sobrino y á algunos criados y amigos, y además á cuantos cristianos pillaron en sus estancias fuera de poblado; que luego se juntaron con otros de la comarca, y fueron al pueblo de Guaydía y peleando mataron algunos cristianos”, etc. Tordesillas, 25 de julio de 1511.—Biblioteca de Puerto-Rico.—Y dice Oviedo: “Y el caçique Agueybana, que también se decía D. Chripstóbal, como más principal de todos, mandó á otro caçique dicho Guarionex, que fuese por capitán é recogiese los caçiques todos é fuesen á quemar el pueblo nuevo llamado Sotomayor.”

[344]. Guaydía no es voz indo-antillana, ni significa jardín. Si gua y guay pueden ser raíces del lenguaje indígena, el sufijo día es castellano puro.

[345]. Nuestros indígenas se encontraban en el período social de la piedra pulimentada, ó hablando con más propiedad paleontológica en el período neolítico de la edad de la piedra. El instrumento cuneiforme característico de esa época es el hacha, que poseían en abundancia nuestros aborígenes. El boriqueño había abandonado la gruta y construido la choza; de cazador y pescador errabundo había pasado á agricultor; en la industria de vasos, además del mortero de sílex para triturar el grano, trabajaba la arcilla y hacía recipientes para la cocción de sus viandas; en escultura, había iniciado el grabado, y había avanzado á la ornamentación de gruta, de la cual se conservan muestras en algunas cuevas; y cincelaba sus collares y aprestos guerreros sin tener la pasión por la escultura decorativa sobre madera, tan desarrollada entre los Papúas de la Nueva Guinea, ni el gusto artístico del modelaje cerámico que tenían los indios mexicanos y peruanos; no tenían sepulturas, ni túmulos, de los cuales el dolmen constituye la última palabra en esa edad; de manera que podemos considerar, que nuestro indígena no había llegado en su civilización al último cuarto del período neolítico.—Ahora bien, encontrándose en este estado de rudimentaria sociedad nuestros aborígenes, los signos que ellos grabaron en sus esculturas humanas ó antroglifitas no pueden considerarse, en lingüística, más que como el albor de la escritura, y nada más.—Para que la idea pueda comunicarse de un individuo á otro, para que un sonido, un gesto, un signo visible pueda recordarle á otro el mismo pensamiento, es necesario desde luego una representación figurada tan perfecta como sea posible, y después, más tarde, una convención recíproca. El primer lenguaje convencional ha debido ser un gesto acompañado de un grito proporcionado al lugar, á la hora, á la distancia; la primera trasmisión, no inmediata, de un pensamiento ha debido ser una fogata en un punto determinado, una marca en una roca, un montón de pedruscos, la cortadura de un árbol ó un árbol caído, etc. A este género de escritura primitiva corresponden los quipos peruanos. Después apareció la escritura ideográfica, más precisa, más analítica, menos abstracta, menos general; y de ésta, como consecuencia natural, directa y lógica, la escritura alfabética. Nuestros aborígenes tenían, pues, que pasar por la escritura jeroglífica antes de llegar á la alfabética; de lo cual estaban muy lejos. Hemos oído la versión de que hay en el país quien tiene el alfabeto del lenguaje indo-antillano, y esto no es más que una ilusión. Los signos grabados en las esculturas de nuestros indígenas tienen un valor igual al de los salvajes de la edad de la piedra de otros países, y por eso consideramos esos signos como el alborear de una escritura, que tiene que llegar á ser ideográfica y por fin alfabética.

[346]. Oviedo.—Ob. cit. Libro XVI.

[347]. Biblioteca histórica de Puerto-Rico; pág. 142.

[348]. En el Archivo de Simancas se conservan cuadernos de fundiciones en San Juan hasta el año 1526.

[349]. En 12 de noviembre de 1509 escribía el Rey á Juan Ponce: “Ví vuestra letra de 16 de Agosto. Poned gran diligencia en buscar minas de oro en la isla de San Juan; sáquese cuanto pueda, y fundido en la Española venga al instante.”

[350]. La palabra indígena Guayana conservada aún por derivación en los vocablos: Guayanés, aplicado á un río de la banda sur de la Isla; Guayama, donde se ha sustituido la n por la m; y Guayanilla, diminutivo castellano de Guayana, no debe confundirse con la voz de orígen árabe Guadiana, de la cual procede la palabra Guadianilla aplicada, según los cronistas, á uno de los pueblos primitivos de San Juan. Indudablemente que el manchego don Miguel del Toro al poblar cerca de la aldehuela del cacique Guaybaná, y oír la palabra indo-antillana Guayana, no pudo menos de dedicar un grato recuerdo al hermoso río Guadiana y darle el nombre de Guadianilla á la población de cristianos que fundaba; encargándose el tiempo y el continuo fermento de los vocablos, de transformarla en la actual Guayanilla.—Guayana, ó Gua-í-ana, de gua, el; í, agua; y ana, flor, equivale á el agua-flor, ó la rica agua ó el agua buena; y Guadiana, ó Wad-al-jana, del árabe wad, agua; al, el; y jana, recreo, equivale á: río, el recreo; ó río del recreo. No deben, pues, confundirse, al estudiarlas, las palabras Guadianilla y Guayanilla, aunque la gente y el tiempo las hayan confundido al aplicárselas al actual pueblo de Guayanilla.

[351]. En el estudio de los gobernadores de la isla de Puerto-Rico hecho por el ilustrado don José Julián de Acosta—Obra de Fray Iñigo, pág. 132—no consta el nombre de don Francisco de Solís como gobernador en 1528, sino Pedro Moreno de 1524 á 1528, y de esta fecha á 1529 el licenciado Antonio de la Gama; pero la cita de Herrera, el cronista de Felipe II, que tuvo los Archivos del reino á su disposición, está terminante. El catálogo presentado por Iñigo Abbad—pág. 502—es completamente oscuro de 1520 á 1581.—Y más adelante está equivocado; por ejemplo, presenta al Teniente Coronel don Matías Abadía gobernando hasta 1731, y nosotros hemos visto un documento histórico en el cual, el mismo gobernador, en 20 de septiembre de 1736, concede permiso á Lorenzo González para fundar la Ermita de la Monserrate en Arecibo.

[352]. Dice Herrera—Ob. cit.—Década 4ª, libro 5°, cap. 3. Año de 1528: “Está en esta isla, San Germán el nuevo, que otro tiempo se llamó la nueva Salamanca; la fundó el gobernador Francisco de Solís, con el despojo de otro pueblo, que se llama Guadianilla, que estaba á la vanda del sur, y la robaron franceses, y la perseguían caribes; está San Germán cuatro leguas de la mar, adonde han llegado franceses, y la han robado; dista de la ciudad de San Juan 30 leguas; los indios tienen mal asiento en una sierra, sin cosa llana, con el agua lejos.”

[353]. En Junio de 1520 estaba aún el primitivo San Germán en la desembocadura del río Añasco; pues los oficiales Reales de San Juan, Antonio Sedeño, Hernando Mogollón, Pedro Moreno y Baltazar de Castro escribían al Emperador noticiándole el envío, desde el puerto de San Germán, de 3940 pesos de oro y 136 marcos de perlas.—Y Blas de Villasante, en 26 de Setiembre de 1528, escribía al Emperador, que una nao francesa de armada con una carabela y un patax habían tomado el puerto de San Germán en 12 de Agosto (1527) y quemado y robado el pueblo, marchándose los franceses á la isla la Mona.—Entonces fundó Solís á Nueva Salamanca, ó San Germán el nuevo, en el puerto de Guayanilla; y el 19 de Noviembre de 1529 escribía el licenciado Gama al Emperador: “En esta villa de San Germán es mayor el peligro de caribes, pues no tiene casa ninguna de piedra, ni armas.” Este nuevo San Germán lo quemaron los franceses en Mayo de 1538. En 7 de Octubre de 1540 se ordenó por el Monarca hacer fortaleza en San Germán. Y en 12 de Marzo de 1541 escribía el tesorero Castellano á Su Magestad: “El puerto de la villa de San Germán es bahía y playa, y las naos surgen á media legua del pueblo do se ha de hacer la fortaleza.” En 1542 se suspendió la fábrica. Y en 1543 escribía el Obispo de San Juan al Emperador: “Los vecinos de San Germán, por el temor han llevado sus mujeres, hijos y haciendas, á los montes. Si tuviesen fortaleza no estarían tan tímidos, ni despoblarían la villa.” Y en 1548 el mismo Obispo al Emperador le dice: “Vine de Santo Domingo á visitar mi obispado, á principio de año. Desembarqué en San Germán y con provisión de la Audiencia hice congregar sus vecinos, que serán poco más de treinta y poblaron á media legua del puerto por evitar los daños pasados de corsarios. Mas no desamparan el importante puerto do siempre debe hacerse fortaleza.” Y el doctor Vallejo en 1550 escribía al Emperador desde la villa de San Germán: “Los pocos vecinos que han quedado se han retirado á vivir al peor sitio del mundo, distante del puerto más de una legua.”


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[VI]pisó Colón el suelo del Nuevo Mundo;el sabio Humbold ypisó Colón el suelo del Nuevo Mundo; el sabio Humboldt y
[VII]á las márgenes de la desembocadura del rio Culebrinas, en lasá las márgenes de la desembocadura del río Culebrinas, en las
[1]intrèpido genovès al puerto de Palos de Moguer, de donde había salido à la conquista del àureo vellocino de las Indias, cual nuevo Jason en la cèlebre empresa de los Argonàutas, y su marcha triunfal à travès de los hispanos pueblos, que le vitorean como à un hèroe legendario de las epopeyas griegas, llegando à la condal ciudad de Barcelona, donde accidentalmente moraban los Católicos Reyes, radiante de justa emoción, y seguido de los capturados indios, que lucen vistosos penachos y cobrizas carnes, y ostentan lindos guacamayos y objetos de oro; tan feliz arribada despertó ràpidamente en la Nación española un entusiasmo general hacia el desconocido navegante, que había regresado victorioso de los últimos confines del tenebroso mar Ocèano. El desconocido en su propia patria, el desdeñado por el rey don Juan de Portugal, el desairado en Francia è Inglaterra, y acogido únicamente por el sabio astrólogo franciscano Fray Juan Pèrez de Marchena en el modesto monasterio de la Ràbida, y despuès por la bondadosa castellana Reina à instancias de su antiguo confesor, se yergue ahora al retorno de su fantàstico viaje, agrupando à su alrededor losintrépido genovés al puerto de Palos de Moguer, de donde había salido á la conquista del áureo vellocino de las Indias, cual nuevo Jasón en la célebre empresa de los Argonáutas, y su marcha triunfal á través de los hispanos pueblos, que le vitorean como á un héroe legendario de las epopeyas griegas, llegando á la condal ciudad de Barcelona, donde accidentalmente moraban los Católicos Reyes, radiante de justa emoción, y seguido de los capturados indios, que lucen vistosos penachos y cobrizas carnes, y ostentan lindos guacamayos y objetos de oro; tan feliz arribada despertó rápidamente en la Nación española un entusiasmo general hacia el desconocido navegante, que había regresado victorioso de los últimos confines del tenebroso mar Océano. El desconocido en su propia patria, el desdeñado por el rey don Juan de Portugal, el desairado en Francia é Inglaterra, y acogido únicamente por el sabio astrólogo franciscano Fray Juan Pérez de Marchena en el modesto monasterio de la Rábida, y después por la bondadosa castellana Reina á instancias de su antiguo confesor, se yergue ahora al retorno de su fantástico viaje, agrupando á su alrededor los
[2]Pontífice Alejandro VI la bula Inter cœteraPontífice Alejandro VI la bula Inter cætera
[12]que se alimentan de carne humana: sus vecinos les llaman canibalesque se alimentan de carne humana: sus vecinos les llaman caníbales
[13]ataud y abandonado de todo el mundo, lo condujeronataúd y abandonado de todo el mundo, lo condujeron
[16]Almirante—que hacía cantar todas las mañanaAlmirante—que hacía cantar todas las mañanas
[19]náutica—sustraida de España y vuelta á recuperar—denáutica—sustraída de España y vuelta á recuperar—de
[20]Don José Amador de los Rios, en la Vida yDon José Amador de los Ríos, en la Vida y
[22]y llevaba también oro, palo de brasil y productosy llevaba también oro, palo de Brasil y productos
[22]“Contino de nuestra Casa.” Cuando caido en“Contino de nuestra Casa.” Cuando caído en
[23]entonces en la banda oriental del rio Ozamaentonces en la banda oriental del río Ozama
[24]Wasington Irving.—Vida y Viajes de Cristóbal Colón.—1828.Washington Irving.—Vida y Viajes de Cristóbal Colón.—1828.
[25]regidor y teniente del Darien en Tierra-firmeregidor y teniente del Darién en Tierra-firme
[25]prinçipales dellos los ví y conosçíprincipales dellos los ví y conoscí
[25]Colom, en el segundo viaje que hizo á estasColón, en el segundo viaje que hizo á estas
[26]padre y tio, vinieron con Colón en el segundopadre y tío, vinieron con Colón en el segundo
[28]y Bertillon en union de una sociedad de sabiosy Bertillon en unión de una sociedad de sabios
[28]Ad. Bertillón, Coudereau; Hovelacque etc.—DictionnaireAd. Bertillon, Coudereau; Hovelacque, etc.—Dictionnaire
[30]que llevaba, sinó también por sus conocimientosque llevaba, sino también por sus conocimientos
[38]su nombre á la circunstancia de haber sido descubiectosu nombre á la circunstancia de haber sido descubierto
[38]ha sufrido don Martín Fernandez Navarrete algunosha sufrido don Martín Fernández Navarrete algunos
[40]estovimos ende todo aquel día, é luego otro dia partimos é fízonos algunas calmerías, de manera que estovimos en llegar al Gomera cuatro ó cinco días, y en la Gomera fué necesario estar algunestuvimos ende todo aquel día, é luego otro día partimos é fízonos algunas calmerías, de manera que estuvimos en llegar al Gomera cuatro ó cinco días, y en la Gomera fué necesario estar algún
[42]Niña. Queda, pues, en harmonía la verdad histórica con la pie-Niña. Queda, pues, en harmonía la verdad histórica con la piedad
[43]del cual se vertían a diversas partes muchasdel cual se vertían á diversas partes muchas
[45]adquirir casabe y otros frutos con resitencia de los indios.adquirir casabe y otros frutos con resistencia de los indios.
[45]de nuestros dias. Franklin indicó la conveniencia de utilizarde nuestros días. Franklin indicó la conveniencia de utilizar
[47]y cosas aromáticas, variedad de aves y caudalosos rios. Losy cosas aromáticas, variedad de aves y caudalosos ríos. Los
[50]miembros. E cabo de cuatro días vino el Capitánmiembros. É cabo de cuatro días vino el Capitán
[60]Entre esta isla y la otra de BURIQUEN parescíaEntre esta isla y la otra de BURIQUÉN parescía
[61]é á la otra BOHÍO, en la cual agoramos estamosé á la otra BOHÍO, en la cual agora estamos
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[69]de Colón; caido el indio en el ardid, le arrancó Ojeda de entrede Colón; caído el indio en el ardid, le arrancó Ojeda de entre
[80]Diario del primer viaje, 4 de Noviembre, se lee tambiém mamesDiario del primer viaje, 4 de Noviembre, se lee también mames
[81]sus vergiienzas, dellas con ropa de algodón quesus vergüenzas, dellas con ropa de algodón que
[89]Ese dia por la tardeEse día por la tarde
[90]El 16 de Nbre. por iaEl 16 de Nbre. por la
[90]en Haití; y luégo costearonen Haití; y luego costearon
[106]sucedió tal cosa, sino que necesitó oirse llamarsucedió tal cosa, sino que necesitó oírse llamar
[107]Ni una sóla vez nombra el presbítero NazarioNi una sola vez nombra el presbítero Nazario
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[108]áun considerándola apócrifa, es de suma extrañeza no la cítase en su obra de referencia, si quieraaun considerándola apócrifa, es de suma extrañeza no la citase en su obra de referencia, siquiera
[110]Portugal; navegó luégo al servicio de la CoronaPortugal; navegó luego al servicio de la Corona
[112]del órden cronológico é histórico, el delineamientodel orden cronológico é histórico, el delineamiento
[113]por que en ese año moría saeteado en Cartajena, es testimonio poderosisímoporque en ese año moría saeteado en Cartajena, es testimonio poderosísimo
[115]questa es la tierra firme, y que estoy, dice él, ante Zayto y Guisayquesta es la tierra firme, y que estoy, dice él, ante Zayto y Guinsay
[120]en la isla de Carib había mucho alambre y en Matininoen la isla de Carib había mucho alambre y en Matinine
[123]P. P. Priores de San Gerónimo 1517 BuriquénP. P. Priores de San Gerónimo 1517 Boriquén
[123]Otto Neussel 1892 BurenquénOtto Neussel 1892 Boriquén
[124]suceptibles de pasar de un sonido á otrosusceptibles de pasar de un sonido á otro
[125]traido la desaparición de la N contra sutraído la desaparición de la N contra su
[127]los nombres en 1521 (Duvotenay, géograío)los nombres en 1521 (Duvotenay, geógrafo)
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[132]hasta el rio Guazacalco. Los Incas usaron los quipos óhasta el río Guazacalco. Los Incas usaron los quipos ó
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[143]Venezuela y Colombia, y en són de conquistadoraVenezuela y Colombia, y en son de conquistadora
[144]de contínuo en sus almadías á sus terriblesde continuo en sus almadías á sus terribles
[144]moral; pues bien, si nosotros hemos creido legal apropiarnos ámoral; pues bien, si nosotros hemos creído legal apropiarnos á
[144]reminiscencia de tiempos antropofágicos muy posteriores, y losreminiscencia de tiempos antropofágios muy posteriores, y los
[146]que contrarestar, muy á menudo, el empujeque contrarrestar, muy á menudo, el empuje
[147]terribes invasiones de los caribes de las islas deterribles invasiones de los caribes de las islas de
[147]inmizcuir entre ellos á los caribes, tiradores de flechas emponzoñadas y diestros arqueros. Para el caribe la caidainmiscuir entre ellos á los caribes, tiradores de flechas emponzoñadas y diestros arqueros. Para el caribe la caída
[156]de las embarcaciones. Diferenciase dede las embarcaciones. Diferénciase de
[157]por ende de exigir el rigorismo técnico, áun en lospor ende de exigir el rigorismo técnico, aun en los
[158]las doce naves, á recorrer el derrotero traido porlas doce naves, á recorrer el derrotero traído por
[159]obligaba á una caida de sotavento rectificabaobligaba á una caída de sotavento rectificaba
[160]perros, y gallinas y otras aves demésticas, cuyas necesidades deperros, y gallinas y otras aves domésticas, cuyas necesidades de
[160]doble del que necesitaron antes de pasar la linea del Trópico.—Ydoble del que necesitaron antes de pasar la línea del Trópico.—Y
[165]cuales huyeron atemorisados á sus bosques alcuales huyeron atemorizados á sus bosques al
[165]por Livingtone á orillas del Zambesis y laspor Livingstone á orillas del Zambesis y las
[166]en que han caido algunos escritores puertorriqueñosen que han caído algunos escritores puertorriqueños
[170]Georges Cuvier.—Discours sur les révolutiones duGeorges Cuvier.—Discours sur les révolutions du
[174]del siglo XVI y XVII, siguiendo los jiros latinosdel siglo XVI y XVII, siguiendo los giros latinos
[175]Ma-boa Arbol silvestre de CubaMa-boa Árbol silvestre de Cuba
[175]Ma-cagua Arbol grande de CubaMa-cagua Árbol grande de Cuba
[177]arenoso, etc. Muchos de cuyos nombres han sido traidos áarenoso, etc. Muchos de cuyos nombres han sido traídos á
[177]en las lenguas americanas, que en sanscrito existe la raíz in-duen las lenguas americanas, que en sánscrito existe la raíz in-du
[178]DE AGUA ó LLARURA ANEGADADE AGUA ó LLANURA ANEGADA
[180]salió trás él el mismo caçique (Guaynabá) con gente ésalió trás él el mismo caçique (Guaybaná) con gente é
[181]granjerías de los Reyes, que, por fin, las enagenó la Coronagranjerías de los Reyes, que, por fin, las enajenó la Corona
[183]primero. Cremos que los cronicones de losprimero. Creemos que los cronicones de los
[183]El Rey á Cerón y Diaz: “Sabéis que algunos caciquesEl Rey á Cerón y Díaz: “Sabéis que algunos caciques
[183]de Sotomayor, á D. Diego su sobrino v á algunos criados yde Sotomayor, á D. Diego su sobrino y á algunos criados y
[184]al trájico fin del poblado de Sotomayoral trágico fin del poblado de Sotomayor
[184]en algunas cuevas; y cinselaba sus collares y aprestos guerrerosen algunas cuevas; y cincelaba sus collares y aprestos guerreros
[184]cuales el dolman constituye la última palabra en esa edadcuales el dolmen constituye la última palabra en esa edad
[185]geroglífica antes de llegar á la alfabética; de lo cual estaban muy lejos. Hemos oidojeroglífica antes de llegar á la alfabética; de lo cual estaban muy lejos. Hemos oído
[189]sus prerogativas, triunfó en el Consejosus prerrogativas, triunfó en el Consejo
[189]de la aldehuela del cacique Guaybaná, y oir la palabra indo-antillanade la aldehuela del cacique Guaybaná, y oír la palabra indo-antillana
[189]y el contínuo fermento de los vocablos, de transformarla en lay el continuo fermento de los vocablos, de transformarla en la
[190]velas hácia la isla de la Monavelas hacia la isla de la Mona
  1. Errores tipográficos palpables corregidos silenciosamente; retuvo ortografía y dialecto no estándar.
  2. Notas a pie de páginas indexadas utilizando números y recopiladas al final del último capítulo.