XXII.

Ex.mo Sr.—Por amor de Dios q. V. Ex.a me perdone. Mas pido, q. no diga a nadie mi atreuimiento, q. el es tal q. V. Ex.a le deue callar por su auctoridad.—Es S.r q. yo veo q. nunca trae V. Ex.a guantes de ambar, sino de los delgadillos de cabrito.—Prueue V. Ex.a le supp.co Essos, que yo hago aderezçar a mi modo antiguo[326], que tienen no se q. de Hidalgo, y con ser limpios conseruan bien las manos, y manos q. se emplean en El bien público, y en el de los q. se le encomiendan con tanta entereza, y limpieza, deuen ser estimadas, y conseruadas por muchos años de vida.

Assy sea amen, amen.

De V. Ex.a sieruo.—Ant. Perez.

(En la cubierta) Al Ex.mo S. El Condestable de Francia mi Señor. Octubre 1599.

Los guantes de piel de perro adobados con ámbar, de fabricación española, debían de ser por entonces artículo muy estimado: Antonio Pérez los ofrecía con encarecimiento, lo mismo en Inglaterra que en Francia, á los más altos personajes, como don estimable, y échase de ver cuánto lo era por la carta 145, parte II de la Colección Ochoa, en que avisa á su mujer el envío de dos docenas desde París, con encargo de distribuirlos, diciendo: que aunque pareciera cosa rara enviar de Francia á España guantes, lo hacía por haberlos fabricado bajo su dirección un guantero llamado Alexandre, tan acreditado ya, que era menester entrarle pidiendo guantes de Antonio Pérez. En otra carta habla de los ensayos que hizo primeramente para el adobo en ámbar de las pieles de perro, cuyas primicias dedicó al Condestable. Introdujo, pues, en Francia una nueva industria que era especial de nuestra Península.

Bibl. Nac. de París, Fr., 3.652, fol. 99. Colección Morel Fatio, núm. XVI.