XXVIII.

Exmo. Sr.—No escriuia yo a V. Ex.a para obligarle a respuesta, q. bien me conozco, sino para consolarme, y regalarme, de que biuo bien necesitado, y mas en absencia de V. Ex.a—Del amigo Lercazo he tenido auiso, aunq. viejo, pero aquella dama mia le queria oyr muy gratamente, de manera q. hallo memoria en absentes, y V. Excelencia no se escandalizará q. yo tenga alguna metresa, q. de la vida passada me quedó no saber biuir sin alguna.

A la vista lo demas.

De V. Ex.a Sieruo.—Ant. Perez.

(En la cubierta.) Al Ex.mo S. mi S.r El Condestable.

Bibl. Nac. de París, Fr., 3.652, fol. 97. Colección Morel Fatio, núm. LI.

Aun á los vicios extendió la vanidad el Peregrino, aludiendo frecuentemente á los favores que tenía recibidos ó recibía de las damas. En las cartas con tanta fruición preparadas para la imprenta, no sentía empacho repitiendo, como en la presente, que ha hecho vida licenciosa. Nunca me miró dama dos veces que no la siguiera y buscase, dice á M. Gondi (Colec. Ochoa, parte I, carta 102), y con el pie en la sepultura, rayando en los setenta años, escribe todavía (idem, parte II, carta 122): «Doña Juana (su esposa) me ha enviado dos manguitos de ambar, encaresciéndome ser de lo muy lindo, y adobados en su presencia. Enviamelos con condicion que yo use del uno en estos frios de Francia, y que el otro no le dé á dama del cuerpo, temiéndose que aun me dura mi mala costumbre

«Una dama y un Rey me lastimaron y perdieron» explica á una señora (idem, parte I, carta 69), hiriendo á la Princesa de Eboli no menos claramente que en la declaración de vivir en París al lado del hotel de Mendoza, sin haber buscado tal posada por la vecindad del nombre (idem, parte I, carta 138), ó en la ya citada (parte II, 98), no quiero más pleitos por Princesas.