De "El Universo":

Las delicadezas del estilo de Concha Espina no son nuevas para nuestros lectores.

Esta escritora, quizás la más espiritual de las de su sexo, ha triunfado en el cuento, en la novela y en el comentario sentimental, con estilo propio, y con triunfos tan rotundos como generales. Sus artículos, gustados por el público y consagrados, como sus novelas, por la crítica, la han granjeado una reputación literaria de las más sólidas.

Pero si como creadora de las más bellas farsas poéticas es estimada por los lectores, quizás las exquisiteces de su estilo, por lo raras y escogidas, por lo depuradas literariamente, la han conquistado, en el mundo de los artistas una personalidad sobre todas original.

Concha Espina, aplaudida y mimada del público por toda su labor anterior, va ahora al teatro con una obra dramática de ambiente rústico.

En declaración autocrítica nos dice la ilustre autora que en su nuevo drama no pretende ni enseñar ni demostrar nada, y que el público está libre de todo intrincado problema moral de complicada solución.

El ensayo dramático de la ilustre autora de La Esfinge Maragata pertenece a lo que pudiéramos llamar teatro poético. El Jayón es la poética exaltación de la maternidad y el canto a las sublimes y misteriosas profundidades y siniestros de las montañas. Allá arriba, en las cimas donde las ventiscas y las tempestades se forjan, la nieve entierra, quitando antes el último suspiro, al jayón.


El diálogo, que es el oro puro de esta narración novelesca, tiene primores poéticos y de estilo verdaderamente espléndidos.

El lenguaje florido de aquellas montañesas toma color con la acción, y nos sabe más a mieles que en las lecturas.

La Srta. Moner, en primer lugar, y Hernández, prestan el calor de su arte sincero y conmovedor a aquellas ternísimas escenas sentimentales.

La Sra. Siria y Ricardo de la Vega, en papeles episódicos, admirables de carácter.

Hidalgo y los demás intérpretes, muy bien.

Concha Espina salió a escena al final de todos los actos a recibir los aplausos numerosos y entusiastas.

Federico Leal.