II
PROCLAMA
Pueblos de la República: Destinado por el general que os dieron los RR. Nacionales a servir de jefe de la segunda división del Ejército de la Nación, ningún sacrificio he omitido por desempeñar tan alta confianza. Los enemigos de las leyes, los asesinos del encargado del Poder nacional, los insurrectos del Ejército y sus vendidos secuaces ningún medio omiten para emponzoñar los corazones y prevenir a los incautos que no me conocen. La perfidia y la detracción es la bandera de ellos, mientras la franqueza y el valor es nuestra divisa.
Argentinos: Os juro por mi espada que ninguna otra aspiración me anima que la de la libertad. A nadie se le oculta que mi fortuna es el patrimonio y el sostén de los bravos que mando, y el día que los pueblos hayan recuperado[{342}] sus derechos será el mismo de mi silencio y mi retiro. Nada más aspira un hombre que no necesita ni cortejar el Poder ni al que manda. Libre por principios y por propensión, mi estado natural es la libertad; por ella verteré mi sangre y mil vidas, y no existirá esclavo donde las lanzas de La Rioja se presenten.
Soldados de mi mando: El que quiera dejar mis filas puede retirarse y hacer uso de mi oferta, que os hago por tercera vez. Mas el que quiera enristrar la lanza contra los opresores y oprimidos (sic), quedad al lado mío. Los enemigos ya saben lo que leéis y os tiemblan.
Opresores y conquistadores de la libertad: Triunfaréis acaso de los bravos riojanos, porque la fortuna es inconstante; pero se legará hasta el fin de los siglos la memoria de mil héroes que no saben recibir heridas por la espalda.
Oprimidos: Los que deseéis la libertad o una muerte honrosa, venid a mezclaros con vuestros compatriotas, con vuestros amigos y con vuestro camarada.—Juan Facundo Quiroga.